Posts categorized “«MITOS E HISTORIAS» POR JOSÉ MANUEL COLUBI FALCÓ”.

FOROFOS EN EL CIRCO. Por José Manuel Colubi Falcó

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Alzado de un circo romano
Fuente de la imagen: LOS LUGARES TIENEN MEMORIA (Weblog)

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En el Imperio Romano eran famosas las carreras de carros en el circo, que suscitaban apasionadas discusiones degradadas las más de las veces en reyertas. Las facciones o equipos eran cuatro en un principio, y se distinguían por el color de los vestidos de los aurigas: blancos, rojos, azules y verdes, cada una con sus hinchas, entre los cuales también solían contarse emperadores, al decir del biógrafo Suetonio; pero al final prevalecieron estas dos últimas, con connotaciones políticas y religiosas: azules, equipo de aristócratas terratenientes y ortodoxos en religión, enfrentados a verdes, facción de burgueses, comerciantes e industriales, y monofisitas. Procopio de Cesarea, en Historia de las guerras: Guerra pérsica I xxiv 2-6, describe a esos hinchas así:

…………«Las gentes en cada ciudad, estaban divididas desde antiguo en “azules” y “verdes”, pero no ha pasado mucho tiempo desde que por estos colores y por las gradas sobre las que se sientan para contemplarlos gastan sus dineros, exponen sus cuerpos a las más crueles torturas y no rechazan morir de la más vergonzosa muerte. Combaten a quienes se les enfrentan sin saber por qué razón se ponen en peligro y sí sabedores de que, aunque superen a sus enemigos en el combate, les esperará ser conducidos inmediatamente a la cárcel y luego perecer torturados hasta el extremo. En ellos, ciertamente, existe por naturaleza un odio al vecino que no tiene causa, pero que permanece inflexible toda la vida, que no cede ni al parentesco político ni al de sangre ni a norma de amistad, aunque sean hermanos o algo semejante los que tienen diferencias respecto de esos colores. No les importa lo divino ni lo humano, salvo vencer esos juegos, aunque por uno se cometa una impiedad contra la divinidad o las leyes y la constitución sufran violencia por amigos o por enemigos, puesto que aunque quizás carezcan de lo necesario e incluso estando su patria injustamente en las más grandes angustias, nada hacen si no va a alcanzar la victoria su partido, pues así llaman a sus partidarios. Participan también de esta impiedad sus mujeres, no sólo secundando a los maridos, sino incluso oponiéndoseles, si se da ocasión, aun cuando no vayan en modo alguno a los espectáculos ni sean llevadas por ninguna otra causa. En vista de lo cual, yo, al menos, no puedo llamar a eso de otro modo que enfermedad del alma. Así está la cosa, ciertamente, en las ciudades y en cada demo».

…………Nihil novum sub sole, «nada nuevo bajo el sol».

Foto: ODP Amanecer en París
2010

TRES LECCIONES DE ECONOMÍA. Por José Manuel Colubi Falcó

José interpretando los sueños del faraón
(Grabado)
Julius Schnorr von Carolsfeld
(1794-1872)

Durante la primaria solíamos leer textos de Historia Sagrada y esas breves piezas literarias que son las fábulas. Lecturas fructíferas, pues nos preparaban para la vida en todos los órdenes, incluida la economía, tan de moda hoy. Sirvan de ejemplo este pasaje del Génesis y dos fábulas de Esopo.

…………El sueño del faraón, interpretado por José (Génesis XLI-57). La Vulgata lo cuenta así: «Creía (el faraón) hallarse sobre el río, del que subían siete vacas, hermosas y gordas por demás, y pacían en lugares pantanosos. También emergían del río otras siete, feas y arruinadas por su flacura, y pacían en la misma orilla del río, en lugares que verdeaban; y devoraron a aquellas cuyo aspecto y hábito corporal era admirable […] Y José respondió (al faraón): […] Las siete vacas hermosas […] son siete años de abundancia […] y las siete flacas y macilentas que subieron después de aquéllas son siete años de hambre venidera […] He aquí que vendrán siete años de gran fertilidad en toda la tierra de Egipto, a los que seguirán otros siete años de tanta esterilidad, que dará al olvido toda la abundancia anterior y el hambre habrá de consumir toda la tierra […] Ahora provea el rey un varón sapiente e industrioso y póngalo al frente de la tierra de Egipto, el cual constituya intendentes en todas las regiones, y almacene en los hórreos una quinta parte de los frutos de los siete años de fertilidad […] y sea guardada en las urbes. Y prepárese (el trigo) para el hambre futura de siete años […] y la tierra no será consumida por la carestía.»

…………La cigarra y las hormigas. «En invierno, cuando la mies está baja, las hormigas tenían aliento, mas la cigarra, hambrienta, les pedía comida. Las hormigas le dijeron: “¿Por qué, en verano, no reunías alimentos?”. Y ella dijo: “No tenía tiempo, pues cantaba al son de la música”. Ellas, entre risas, contestaron: “Pues si en verano cantabas, en invierno baila.”» La fábula enseña que no hay que descuidarse en ningún asunto, para no sufrir penas ni peligros.

…………El labrador y sus hijos. «Un labrador que estaba a punto de desatar su vida, queriendo obtener de sus hijos una prueba de agricultura, los llamó y dijo: “Hijos míos, yo ya estoy a punto de desatar mi vida, pero vosotros, si buscáis, hallaréis todo lo que hay en la viña”. Ellos, pensando que allí había un tesoro oculto, después de la muerte del padre cavan toda la tierra de la viña, no hallan el tesoro, pero la viña, excelentemente cavada, producía una cosecha mucho mayor.» La fábula enseña que el esfuerzo es un tesoro para los hombres.

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OTRAS LECCIONES DE ECONOMÍA EN «CARMINA»

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LA SUERTE DE PILATO. Por José Manuel Colubi Falcó

Primera estación del Vía Crucis
Gebhard Fugel
1863-1939

Entre las obras de carácter novelesco y dadas a la fantasía que se leen en los Evangelios apócrifos (ed. de Aurelio de Santos, nº 148 de la B.A.C.), cuéntase la de la muerte de Pilato. El hombre que no quería responsabilidades poco consiguió lavándose las manos. Vean, si no, cuál dicen que fue su suerte.

Enterado Tiberio, gravemente enfermo, de que en Jerusalén hay un médico, Jesús, que cura sólo con la palabra, manda a Volusiano a aquella tierra para que Pilato envíe a Roma a dicho médico y éste sane al emperador. Personado el mensajero ante el gobernador, se entera por él de la muerte de Jesús, un malhechor que fue crucificado por orden suya. La suerte de Pilato está echada, pero por si poco faltara entra en escena la Verónica, que colma de elogios a Jesús y acompaña a Volusiano en su regreso, llevando consigo el lienzo con la imagen que el propio Jesús le había dado. Llegados ambos ante Tiberio, éste sana con sólo una mirada devota a la imagen y, agradecido, hace venir a Roma a Pilato, lo juzga y condena a muerte ignominiosa, pero el ex gobernador se suicida con un cuchillo. He aquí el relato de la suerte que tuvo su cadáver:

«Atáronle, pues, a una ingente mole y le arrojaron a lo profundo del Tíber. Mas sucedió que ciertos espíritus inmundos y malignos, gozándose con un cuerpo de su misma condición, se movían en las aguas y traían en los aires rayos y tempestades, truenos y granizo, hasta el punto de que todos estaban sobrecogidos de un terrible temor. Por lo cual los romanos lo sacaron del río Tíber y lo llevaron en son de burla a Viena y lo arrojaron a lo profundo del Ródano, pues Viena suena algo así como camino de la gehenna (infierno), por ser en aquel tiempo un lugar maldito. Pero también allí se presentaron los malos espíritus, haciendo las mismas cosas. No aguantando, pues, aquellos habitantes tan gran invasión de demonios, echaron lejos de sí aquel vaso maldito y encargaron que recibiera sepultura en el territorio de Lausana. Los habitantes de esta región, sintiéndose excesivamente oprimidos por las susodichas invasiones, lo echaron lejos de sí y lo arrojaron a un pozo rodeado de montañas, donde, de dar crédito a la relación de algunos, se dicen que andan bullendo todavía algunas maquinaciones diabólicas.»

RELACIÓN DE PILATO SOBRE JESÚS REMITIDA A AUGUSTO. Por José Manuel Colubi Falcó

Descendimiento de la cruz
Roger van der Weyden
1399-1464

Forma parte de los apócrifos de la pasión y resurrección (cf. B.A.C. nº 148) y en ella el gobernador refiere al César los milagros de Jesús, su condena y acontecimientos posteriores a la crucifixión. Dice así:

«En aquellos días, después de haber sido crucificado nuestro Señor Jesús Cristo, siendo gobernador de Palestina y de Fenicia Poncio Pilato, se hicieron en Jerusalén estas memorias sobre los hechos realizados por los judíos contra el Señor. Pues bien, Pilato las remitió, junto con su relación particular, al César, en Roma, escribiendo así:

»Al poderosísimo, divinísimo y terribilísimo Augusto César, Pilato, gobernador de la provincia oriental:

»Poderosísimo Señor: Os hago una notificación por la cual me encuentro presa del temor y del temblor. En efecto, en esta provincia que gobierno, la que es Jerusalén, la única de sus ciudades, la multitud de judíos me entregaron un hombre que era llamado Jesús, profiriendo contra él muchas acusaciones que no pudieron demostrar con concurso de razones. Contra él aducían una herejía: que Jesús les decía que el sábado no era (día de) descanso ni fiesta de guardar. En efecto, en ese día realizó numerosas curaciones, hizo que los ciegos vieran, que los cojos pasearan, resucitó a muertos, limpió a leprosos, curó a paralíticos, que no podían tener impulso de cuerpo ni estabilidad de nervios, sino solamente voz y carácter, y les dio fuerza para pasear y correr, eliminando la debilidad con una sola palabra. Y nuevamente, otro hecho de mayor poder aún, hecho que es ajeno a nuestros dioses: resucitó a un muerto de cuatro días, llamándolo con una sola palabra, y eso que el muerto ya tenía pus, y (estaba) corrompido por los gusanos que nacían de su cuerpo y tenía el hedor de un perro. En habiéndole visto yacente en la tumba, le mandó que echara a correr, (y éste) como si no tuviera nada en absoluto de muerto, como un novio de la alcoba nupcial, también así salió él de la tumba, lleno de infinito perfume.

»Y a unos forasteros, claramente endemoniados, que tenían su morada en los desiertos, comían sus propias carnes y vivían igual que bestias y reptiles, también a éstos los hizo habitantes de ciudades, con su palabra los mostró prudentes y los preparó para ser sabios, poderosos e ilustres, comensales de todos los enemigos de los espíritus impuros, funestos, que había en ellos, a los que arrojó al fondo del mar.»

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MUERTE Y RESURRECCIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

MUERTE Y RESURRECCIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

Lamentación de Cristo muerto
Andrea Mantegna
1431-1506

De los «Evangelios apócrifos» (BAC nº 148), el de Pedro nos ofrece esta versión de la muerte y resurrección de Jesus (versículos 15-42, que traduzco):

«15. Era mediodía y la oscuridad invadió toda la Judea. Ellos estaban turbados y angustiados, no fuera que se pusiera el sol, dado que (Jesús) aún vivía, pues para ellos está escrito que «el sol no se ponga sobre un ejecutado». 16. Uno de ellos dijo: «Dadle de beber hiel con vinagre.» Y, haciendo la mezcla, le dieron de beber. 18. Muchos iban de un lado para otro con antorchas, creyendo que era noche, y caían. 19. Y el Señor gritó diciendo: «¡Mi fuerza, mi fuerza, me abandonaste!» Y, habiéndolo dicho, fue acogido (en el cielo). 20. Y a la misma hora se rasgó en dos el velo del templo de Jerusalén. 21. Y entonces arrancaron los clavos de la manos del Señor y lo pusieron sobre la tierra. Y toda la tierra sufrió un seísmo y se hizo un gran miedo. 22. Entonces brilló el sol y se halló que era la hora nona. 23. Los judíos se alegraron y dieron su cuerpo a José para que lo sepultara, puesto que habían visto cuántos bienes había hecho (Jesús). 24. Habiendo tomado al Señor, lo lavó y envolvió en una sábana, y lo introdujo en un sepulcro propio llamado «Jardín de José». 33. Le pusieron siete sellos y, habiendo levantado una tienda, se pusieron a hacer guardia. 34. Muy temprano, cuando comenzaba a clarear el sábado, vino una multitud desde Jerusalén y las cercanías, para ver el sepulcro sellado. 35. Pero en la noche en que alumbraba el día del Señor, hallándose de guardia los soldados de dos en dos por puesto, una gran voz hízose en el cielo. 36. Y vieron abiertos los cielos y que dos varones bajaban de allí llenos de mucha luz y se acercaban a la tumba. 37. La piedra aquella que habían arrojado sobre la puerta, rodando por sí misma cedió a una parte y el sepulcro se abrió y ambos jóvenes entraron. 38. Habiéndolos visto los soldados, despertaron al centurión y a los ancianos, pues también ellos estaban de guardia. 39. Y mientras explicaban lo que vieron, de nuevo ven que han salido del sepulcro tres varones, que dos sostenían a uno y que una cruz acompañaba. (40) y que la cabeza de los dos llegaba al cielo, mas la del conducido sobrepasaba los cielos. 41. Y oyeron una voz desde los cielos que decía: «¿Lo anunciaste a los durmientes?» 42. Y se oyó una respuesta obediente desde la cruz: «Sí»»

ESPARTA. Por José Manuel Colubi Falcó

Leónidas en las Termópilas
Jacques-Louis David
1748.1825

Esparta y Atenas son los símbolos de dos concepciones antagónicas del individuo y del Estado aún hoy vigentes. Repárese, si no, en el siglo XX y en sus dos grandes guerras: ¿cuáles fueron los ideales y modelos de uno y otro bando? En esencia, la idea liberal y los derechos del hombre, por un lado, y, por otro, el totalitarismo –representados aquéllos por las democracias (caso aparte es la U.R.S.S.), y éste por Alemania- son los combatientes: el presidente francés, Clemenceau, lo da a entender cuando publica su monografía sobre el ateniense Demóstenes, el último defensor de la libertad griega.

Socialmente, en Esparta hay tres clases de hombres: los espartiatas, ciudadanos, jurídicamente iguales, hijos de padres espartanos, educados por el Estado y sometidos a su disciplina, participan en las comidas comunitarias, sólo pueden ser soldados y viven de las rentas de un lote de tierra estatal cultivado por los hilotas; los periecos o habitantes de los alrededores, libres no ciudadanos, dedicados a la escasa industria y comercio –las relaciones comerciales traen intercambios de ideas- del país; y los hilotas, siervos de la gleba, propiedad del Estado, sin derechos, tanto que pueden servir de blanco a los primeros en sus entrenamientos para la guerra.

Políticamente, Esparta era una diarquía. A su frente había dos reyes, de dos grandes familias, con más prestigio que poder, jefes del ejército durante la guerra –bajo la vigilancia de los éforos– y, en la paz, jueces de las cuestiones familiares y religiosas. Junto a éstos, el Senado, compuesto por ancianos sexagenarios, director de la política, irresponsable, que prepara las sesiones de la Asamblea y no está obligado a obedecer sus decisiones, aunque poco a poco irá perdiendo poder en beneficio de los cinco éforos. Éstos constituyen una magistratura anual, depositaria del poder fundamental, que ejerce funciones judiciales, de vigilancia de finanzas, magistrados, de costumbres y educación y bajo cuya dirección está la criptia o policía secreta, que no repara en propagar el terror. Por último, la Asamblea de todos los ciudadanos mayores de treinta años, sin derecho a debate: sólo escucha, y se expresa por aclamación, interpretable por los pocos que ejercen el poder.

LAS HIJAS DE PANDIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

Filomela y Progne
Elizabeth Jane Gardner
1837-1922

«Una sola golondrina no hace primavera», dice un refrán griego que, entre otros, nos ha transmitido Aristóteles. Una, no, pero más, sí: siempre se ha tenido a estos simpáticos pajarillos por nuncios o mensajeros de aquélla. Lo son, ciertamente, y a menudo los poetas los han saludado llamándolos «hijas de Pandión». Poético nombre, sí, pero fruto de una trágica historia que Ovidio (Metamorfosis VI, 426 s.) relata con tintes sombríos.

El tracio Tereo, hijo de Ares, dios de la guerra, se casa con Progne, hija de Pandión, rey de Atenas. En mala hora, porque, según nos cuenta, ni Juno, protectora del matrimonio, ni Himeneo ni Gracia prestan asistencia a su lecho, y las Euménides –también Erinias o Furias- lo preparan portando antorchas robadas de un entierro; además, un nefasto búho pone sus reales en el techo del tálamo nupcial. Pésimos presagios, pues, para esas bodas.

Pasados cinco años y nacido ya un hijo, Itys, Progne suplica al marido que le permita visitar a su hermana Filomela o que éste se llegue a su corte. Tereo accede y, tras dura navegación, a vela y a remo, toca por fin las playas del Pireo. Llegado a palacio, cuando está exponiendo al suegro el motivo de su viaje llega a presencia de ambos Filomela, rica por su atavío y más aún por su belleza, que cautiva a Tereo. Presa de irresistible pasión, ardiente como cuando «se pone fuego bajo las canas espigas o se quema el follaje y las yerbas almacenadas en los heniles», éste consigue, con vanas promesas, el viaje de aquélla. Mas una vez llegado a sus playas, el rey viola a la joven y la encierra en un caserío, no sin haberle cortado la lengua para impedir que contara su suerte a Progne. Pero la astucia femenina no cesa: Filomela teje una tela con marcas que son la denuncia del hecho y por medio de su sierva la envía a Progne, entonces abatida por la desgracia que, según Tereo, acabó con la vida de su hermana. Sabedora ya de lo sucedido, ésta, como bacante en las fiestas de Baco, va en busca de Filomela y junto con las demás ménades la libera. Y se urde la venganza: matan a Itys y en una cena se lo sirven al rey, quien, una vez saciado, pide que le traigan al hijo. «Dentro tienes a quien pides», responde la madre y Filomela muéstrale la cabeza del niño. Enfurecido, Tereo quiere matarlas pero los dioses las metamorfosean, a una, Filomela, en ruiseñor, que en el bosque llora su desgracia con triste canto, y a Progne en golondrina, de plumas manchadas del sangre; también a Tereo, en abubilla, cuya cresta parece el casco de un guerrero y el pico su lanza.

Banquete de Tereo
Peter Paul Rubens
1577-1640

LA ENCUADERNACIÓN DE LOS MANUSCRITOS*. Por José Manuel Colubi Falcó

A don José García Madroñal

Ars ligatoria es el arte ligatorio, arte de ligar cuadernos y protegerlos con cubiertas para formar lo que hoy entendemos por libro. O sea, el arte de encuadernar, que nace cuando se hace necesario, es decir, cuando el volumen o rollo es paulatinamente desplazado por el codex, códice, que, frente al carácter unitario del primero, está compuesto de varios cuadernos faltos de unión. Con precedentes en Marcial XIV, 84 y en las tablillas de Herculano, el arte de la encuadernación evoluciona con el tiempo y se bifurca en dos tipos principales: el bizantino y el occidental.

En la encuadernación de estilo bizantino, «a la griega», las tapas son de madera, de la misma dimensión que los cuadernos –o sea, sin ceja- , están protegidas por piel, tela u otro material y a menudo ofrecen como recuerdo histórico una ranura propia de los tiempos en que dos «planchas» iguales de papiro se yuxtaponían y pegaban para servir de cubierta. Estas tapas protegen el cuerpo del manuscrito, formado por varios cuadernos cosidos con un bramante o dos, es decir, a una hilada o dos, y son fijadas mediante hilos cuyos cabos se incrustan en la parte interior o exterior de las mismas. A continuación, sobre el lomo y parte de las tapas se aplica una tela encolada, que las une también y además disimula parcialmente las desigualdades derivadas del cosido y, a su vez, se le practica otro de refuerzo en los extremos del lomo.

Dispuesto así el libro, en los cortes –las tres caras formadas por dos bordes no cosidos e igualados mediante algún instrumento afilado a modo de guillotina- puede haber algún adorno, por lo regular el título en el inferior. El acabado consiste en el revestimiento de la cubierta mediante piel de cabra, aplicación de cierres para tener el libro cerrado –al principio muy rudimentarios: correas que lo ceñían- en los diversos cortes, y de clavos metálicos –los bullones- que, evitando el contacto con la superficie en que se halla –el libro se colocaba horizontalmente-, protegen la cubierta, y la decoración. Ésta distingue los códices de lujo, con labor de orfebrería, de los corrientes, decorados mediante la técnica del gofrado, estampado en relieve o en hueco, con formas geométricas: rombos o rectángulos concéntricos.

(*) Véase para más detalle, la Introducción a la codicología, de Elisa Ruiz García, que ha sido nuestra fuente de información.

QUINTO FABIO MÁXIMO. Por José Manuel Colubi Falcó

Quinto Fabio Máximo es, sin duda, personaje grande de la segunda guerra púnica, la de Aníbal, por haber salvado a su patria de una derrota segura que hubiese sido definitiva para Roma y también (sic) para nuestra civilización.

Elegido dictador para enfrentarse al cartaginés, que amenazaba Roma después de haber vencido a tres cónsules junto a los ríos Tesino y Trebia y al lago Trasimeno, Fabio Máximo –alias Verrucoso, por una verruga que tenía en el labio- fue apodado el Demorador por su táctica guerrera: hostigar siempre, desde las alturas, al enemigo, sin presentar jamás batalla, sin encomendarse nunca a la Fortuna. Táctica prudente la de dejar que la fuerza del cartaginés se fuera consumiendo por sí misma, con ella exasperó no sólo a Aníbal, sino también a sus conciudadanos, que no le entendían. Impopular, tachado de cobarde por todos salvo por Aníbal, quien sí comprendía la habilidad de aquél y los efectos perniciosos que causaba en su ejército, éste continuamente recurría a toda suerte de artimañas para que se decidiera a dar batalla, mas siempre en vano, pues el romano se mantenía firme en su decisión. Cuentan que cierta vez el cartaginés, hastiado, exclamó: «Si Fabio fuera tan buen general como cree ser, me presentaría batalla», a lo que éste replicó: «Si Aníbal fuera tan buen general como cree ser, sabría obligarme a presentarla». Lo acertado de su táctica lo puso en claro el tiempo, y primero a su maestre de caballería Minucio Rufo, quien, indignado por lo que creía un proceder cobarde, ardía en deseos de enfrentarse a Aníbal. Lo hizo, cayendo en una celada que le había tendido el cartaginés, y el combate hubiera sido desastroso para los romanos de no ser por la rápida intervención del dictador.

De Fabio se cuentan hermosas anécdotas: que, en un canje de prisioneros, como Aníbal retuviera doscientos cuarenta romanos y el Senado se negara a pagar el rescate, vendió sus campos y los redimió; que, viejo ya, fue legado de un hijo suyo cónsul y que montado a caballo esperaba la llegada de éste hasta que, advertido, desmontó: «Hijo, no he despreciado tu autoridad –le dijo- sino que he querido experimentar si sabías comportarte como un cónsul». Pero ninguna tanto como su respuesta a las acusaciones de cobardía: «No es, ciertamente, vergonzoso temer por la patria, mas el miedo a la opinión de la gente, a sus calumnias y censuras no es propio de un varón digno de tan alta magistratura, sino del que es esclavo de aquellos a quienes debe gobernar y tener a raya cuando piensan insensatamente».

MILAGROS DE JESÚS NIÑO. Por José Manuel Colubi Falcó

San José con el Niño Jesús
Vicente Berdusán y Osorio
(1632–1697)

En los Evangelios apócrifos (B.A.C. 148), entre los apócrifos de la infancia se cuenta el llamado Libro sobre la infancia del Salvador, en latín, cuyos parágrafos 1 y 2 traduzco:

            «Sucedió en un tiempo que muchos niños seguían a Jesús y jugaban con él. Pero cierto padre de familia, muy airado porque su hijo corría con Jesús, lo encarceló para que no siguiera más a Jesús, en una torre muy fuerte y sólida, donde no había una sola abertura ni entrada alguna salvo la puerta y una ventana solamente, estrechísima, para que entrara un tantito de luz, y la puerta, escondida y además sellada. Y sucedió al padre de familia y se hizo que uno de los días retrocedió allí Jesús con los niños que con él jugaban. Al oírlo el chico encarcelado, llamó por la ventana diciendo: “Jesús, compañero queridísimo, he oído tu voz, mi alma ha aplaudido y me he sentido reconfortado. ¿Por qué me dejas encerrado?”. Vuelto hacia él, Jesús dijo: “Extiéndeme una mano o un dedo tuyo por el agujero.” Y habiéndolo hecho, Jesús aprehendió su mano y por la muy estrecha ventana extrajo al niño, que le siguió. Y Jesús le dijo: “Reconoce el poder de Dios y cuenta en tu vejez lo que Dios te hizo en tu puericia.” Habiéndolo visto el padre de familia, primero él se acercó a la puerta y lo vio todo escondido y sellado y a gritos protestó diciendo que era un fantasma; y sus ojos estaban cerrados para que no reconociera el poder divino.

            »El mismo padre de familia, el sumo entre los magistrados de la sinagoga y los fariseos, escribas y doctores, se quejó a José de Jesús, de que hizo nuevas maravillas entre el pueblo, de suerte que ya era venerado como Dios, y exaltándose dijo: “He aquí que nuestros niños, de los que uno es hijo mío, siguen a Jesús hasta el campo de Sicar”. Y airado cogió una fusta para golpear a Jesús, y persiguió a Jesús hasta un monte al que subyace de un lado una planicie de habas. Y Jesús esquivó su furor y dio un salto desde los montes, desde la cresta, hasta un lugar que dista del monte cuanto el arco arroja la saeta. Y queriendo los otros niños seguirle con un salto similar, al precipitarse en seguida se rompieron las piernas, los brazos, los cuellos. Y, habiéndose producido por eso una grave queja ante María y José, Jesús los sanó a todos y los devolvió más validos. Cuando lo hubo visto el archisinagogo, el padre, ciertamente, del niño encarcelado, a una con todos los que estaban presentes viéndolo, a un tiempo adoraron a Dios Adonay. Y el lugar en el que Jesús dio el salto hasta hoy se llama “Salto del Señor”.»