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CLAUSTROPOÉTICA 2026 homenaje a la poesía de Juan Ramón Jiménez

PESSOA Y SUS OUTROS. «CLAUSTROPOÉTICA» POEMAS EN DIÁLOGO (2025)

CLAUSTROPOÉTICA 2025

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EPÍLOGO: PASCUA DE RESURRECCIÓN. Antonio Luis Albás, (2025)

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VICENTE NÚÑEZ (2002-2024)

Vicente 10 (2362002)

TEXTO: (NATURALEZA MUERTA). Antonio Luis Albás y de Langa

naturalezamuerta

Naturaleza Muerta, 1949. V.N. (tinta sobre papel, 20×14,99). Texto Publicado en Revista Renacimiento)

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Vicente Núñez repasa e incide el mundo y sus «corbeilles», como ríos de añiles se infunden a manera de prismas en composiciones de una grave y grande atracción.

Si en los dibujos que él inicia en la década de los cuarenta se apunta a alguna expuesta diana, ésta sería la de insinuar en el bloque mismo de sus maclas el atroz estado de desamparo y sospecha que establece sobre todo lenguaje constituido.

Del andamiaje o predela, refinado y brutal, Vicente desustenta la forma; y su campo óptico se justifica en los agudos, secos y acerados cristales cubistas donde las vanguardias europeas habían ya de antemano advertido su Imagen y plectro.

Discípulo mudo del cine, lo que fascina a Vicente del arte de los grandes maestros es lo que Eisenstein había explicitado como montaje: la sistematización de los distintos e intangibles puntos de fuga, la deriva afásica por la que todos los discursos se teselan, abandonan y concitan por siempre en los conflictos múltiples e íntimos de su sintaxis.

Cruje la palabra y sus venas arden en un holocausto final para la oscuridad y la muerte.

A.L.

«CLAUSTROPOÉTICA» POEMAS EN DIÁLOGO (2024). Poesía arábigoandaluza (con homenaje a sus traductores)

VICENTE NÚÑEZ, I: Primera Epístola a los Ipagrenses. Antonio Luis Albás (2014)

 

   COMO el campo de extenso,

pero, ay, como él, tan infecundo,

subsiste el corazón.

Oh infausto fruto, oh rota

caña que te coronas

en el desvalimiento

y cedes al envite

del efímero aire,

¿quién es aquél que a izarte y a segarte

se atrevería, dime,

si no es el trono mismo

de la aridez perpetua y su impostura?

 

   El atavío de la

vecindad aparente,

el falaz aleteo de las altas

estrellas inasibles

son protección que arrasa

las cepas y los vástagos

en el incendio atroz de la ruina,

en la gruesa gusana de la plaga.

 

   ¿A qué seguir entonces en la escala

de lo nudoso? ¿A qué rozar el alma

como si en la ceniza se atrojaran

recolección y amparo?

¿En qué silos —alero

que se desagua en lluvias

y rebasa el aljibe—

está enterrada y casi amortajada

la careta del grano,

el sucio faenar y el andamiaje

de lo manco del ser,

como en la floja zanca de un tullido?

El voraz harapiento, el que huronea

y se alebrona y urde la patraña

otoñal; los alardes

de la incierta esperanza,

de la endeblez altiva,

del saco cosechero y la arpillera

soez del correteo,

¡cómo escarban denarios

en lo gredoso y huero de la cáscara!

Parto ya arado y seco

de faenas y aperos,

qué ausentes de las sendas

del alto caserío de la vida

estás, qué enteco y yermo,

qué atrapado de andrajos y lisonjas.

Ese comercio de lo real es muerte,

y su albarán se arruga

entre las bagatelas de la siembra

del ser, que se dispersa

como frágil vilano,

como semilla errante,

disfrazada y artera,

veraz en lo pausado

de la escasez; taimada

podredumbre y verdura

que se degrada y ata a germinales

encarnaciones lóbregas.

 

   Más durable es el llanto.

Más durable es que el mundo.

Porque, en la tarde, esparce,

tras los balcones de las rojas nubes,

lo que sería amar y abrirse luego

al don sin siembra, al fruto

que se incendia y deshace,

al estallido inmune

del ser en su hermosura,

sin límite en la luz ni en las fronteras.

Desnudo y solo como un dios futuro.

 

 [Vicente Núñez, Cinco epístolas a los ipagrenses.

Edita Excma. Diputación Provincial de Córdoba.

 Págs. 11 á 14. Córdoba 1984]

VICENTE NÚÑEZ, II: Plaza Octogonal, I y Homenaje a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca y Fernández de Córdoba. Antonio Luis Albás, (2014)

V.N.II from revistacarmina on Vimeo.

 

                             I

 

A Carmen Romero

       NO definen sus formaciones

   sotabancos ni pináculos;

   no abarcan en la cal lo estricto.

   Se deliberan en sí mismos

   como inducidos por las tejas:

   última escoda antes de un cielo

   que los conmina a ser más ágiles.

   Surgen ya recurridos; burlan,

   en el carril del friso, un ralo

   jaramago que no se atiene

   al disoluto canon jónico.

   Manchas enfoscan mapas húmedos;

   arqueología y aporía

   en el mental plano de arranque.

   El recorrido se convierte

   ahora en recta y gruesa faja,

   por donde asoman como hebras

   de leve gasa las cornisas:

   ramal que los dispersa y hunde

   hasta los dovelajes bajos.

   ¿Enuncian un patrón, se rinden

   al propio desarrollo entero?

   ¿Saltan a otro despliegue, logran

   cualquier formulación de esquema

   y se entreabren, pugnan, muerden

   el escuadrón de las barandas?

   Ya sólo apuntan a un exceso,

   a una febril idea métrica.

   Ya sólo tienen una insólita

   meta radial: equivocarse.

 

[Vicente Núñez, Poesía (1954-1990).

Edita Excma. Diputación Provincial de Córdoba.

Pág. 244.

Córdoba 1994]

 

VICENTE NÚÑEZ, III: De la Plaza Octogonal; Piedra y Cielo y Homenaje a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca y Fernández de Córdoba. Antonio Luis Albás, (2014)

V.N.III from revistacarmina on Vimeo.

   «Yo le llamo la ventana pero, claro, ten en cuenta que el cielo de la plaza, o la plaza misma, tiene dos cielos: el que está por encima del octógono y ese otro que se ve, que yo llamo la ventana desde el arco largo, que baja. Son dos cielos con dos tonalidades distintas: una en azules, el cielo propiamente dicho, el cielo de la plaza, el cielo plano, el cielo techo; y luego ya lo que se ve a través del arco, ese pedazo curvo de cielo no recortado en ochavas, ese pedazo en medio punto ya es incandescente, la bóveda queda azul como si fuera la magna lente de un observatorio astronómico, que es posible que tenga ese sentido.

»El constructor de esa plaza es posible que tuviera algún sentido esotérico, de una observación estelar, porque ten en cuenta que por el cielo de la plaza —yo lo he visto en múltiples veranos— pasan cosas, objetos incandescentes, nubes con formas extrañas de animales prediluvianos, segmentos de peces rotos, nudos y huesos pasan, pasan, siguen… Grandes melones de luz en agosto con bombardeos de meteoritos, que no lo parecen.

»Es un gran observatorio, es una gran lente. Es un espacio acotado: el espacio no es más espacio hasta tanto no está perfectamente acotado.

»El cielo a campo abierto no es tan cielo como el cielo acotado de la plaza».

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