Posts categorized “Olga Duarte Piña”.

LA HIPOCRESÍA. María del Águila Barrios

MARIONETAS 17 (LISBOA)

Museu da marioneta de Lisboa
[Foto: LGV 2018]

Bajo la piel blanca de la astucia se oculta la hipocresía. Semejantes a sepulcros blanqueados dice Jesús que son los hipócritas. Afectan modestia, simulan devoción, y aparentan ser escrupulosos. Siempre en su papel para fingir quienes, desde luego, ni son ni nunca alcanzarán a ser. Son la antinomia de la lealtad. Están convencidos de que nadie logrará conocer al que esconden tras el que aparentan ser y, lo más frecuente, es que pronto se les descubre oscuros, porque su claridad está hecha de materiales muertos. Sus habilidades innúmeras para la simulación y el disimulo los hace dueños de todas las estratagemas y artificios. Su doblez los multiplica en ellos mismos y entre ellos se entienden demasiado bien.

   Están por doquier, pero sobre todo están en el poder y son abrumadora mayoría, casi por unanimidad integran todos los gobiernos, y allí donde están no hacen otra cosa que dedicar sus existencias a promover actividades nacionales o multinacionales cuyos fines son la muerte en vida de los más. Estos son los hipócritas, los lisonjeros,  que lloran como cocodrilos cuando saben que su víctima ya no podrá escapar de sus colmillos.

   También todo hipócrita es un parásito. La sangre que corre por sus venas es robada. Donde haya un pálpito, un ángel, que los humanos tenemos dentro cuando nacemos a esta vida, un ángel que es inocente por naturaleza y aspira al aire como lo hacen los árboles de los bosques, allí agazapado detrás de las esquinas, fieros, los hipócritas esperan el momento de asaltar al que pasa y ¡zas! le dan un zarpazo, lo dejan sin sangre, lo robotizan, lo convierten en un zombi, que sólo sabe que no sabe porqué pasa todo su tiempo desperdiciando sus años, que no se llenan de nada, que se acumulan hasta cerrar sus ojos…

   Los hipócritas son horribles, la mayor pesadilla, una auténtica catástrofe planetaria, algo que podríamos combatir armados de arte, música y libros fundamentales y de personas de buena voluntad, amorosas, claras, sinceras, hechas de la carne de las palabras auténticas. De tantas revoluciones que se hablan hasta la saciedad y el hastío, propongo una sencilla: combatir a los hipócritas, a los parásitos, dejándolos solos porque concurrir adonde convocan es entregarles nuestra alma. Así pues, en su lugar dejar un vacío, un silencio, una ausencia de aplauso y reservarnos para los verdaderos actos de una cultura popular recuperada en la acción pública y en la libertad de los responsables.

[La voz de Alcalá, 2022]

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LA LECTURA. María del Águila Barrios

 
 
 
MARIONETAS 15 (LISBOA)

«Museu da Marioneta»

[Foto: LGV, Lisboa 2018]

 
 
 

Para muchos la lectura es alimento para otros puede ser un aburrimiento. Para mí es alimento porque al igual que no puedo vivir sin comer carne, pescado, ensaladas, tomar sopas, o beber agua, cerveza o vino, tampoco podría vivir sin leer. Cuando estoy cansada, leo y así la lectura me sirve de reposo. Aunque cuando estoy activa también leo y la lectura me despierta el deseo, me conecta con fantasías y encuentros, viajo; invento o me inspiro con las lecturas.

   Leer es atender y es escuchar lo que dicen los textos impresos en las páginas de los libros. De tanto escuchar con atención una de pronto nota que el habla se le suelta con facilidad y, a veces, hay otros que escuchan lo que digo cuando escribo. Por esto lo que se escribe o dice, si es verdad, sirve para la transmisión de la cultura y de la educación.

   Un proverbio medieval nos enseña que leer y no comprender es como no leer. Estudiar es leer. La voluntad de aprender nos exige actuar, investigar, buscar, siempre sin saber qué se va a encontrar. Escuchar para distinguir las voces de los maestros o las voces de los ecos. Sólo comprendemos lo que conocemos y para conocer es preciso saber y sólo se puede aprender aquello que se ama por lo que conocer es amar. Y aunque leer es un acto en solitario, nunca estamos solos cuando leemos. Incluso la lectura nos lleva a mundos más allá de los que la escritora o el escritor crean porque son los mundos que nosotros recreamos.

   He encontrado, buscando pretextos para este texto que ofrezco a vuestra lectura, un adagio de origen escolástico: «Los libros hacen los labios». ¡Qué hermosura de frase! Los labios por donde se cuelan los susurros, las palabras, ¿qué seríamos sin ellas? ¿Y sin los libros? También buscando encontré este poema de Rubén Darío con el que me despido:

 
 
 

El libro es fuerza, es valor,

es poder, es alimento

y manantial del amor.

El libro es llama, es ardor,

es sublimidad, consuelo,

fuente de vigor y celo

que en sí condensa y encierra

lo que hay de grande en la tierra,

lo que hay de hermoso en el cielo.

El libro males destierra,

da al espíritu solaz

y demandando la paz

va destruyendo la guerra.

Él nos pinta en lontananza

albas de dulce bonanza

que nos llenan de consuelo

y nos muestra, allá en el cielo,

el iris de la esperanza.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2022]

 
 
 
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LA PALABRA. María del Águila Barrios

 
 
 

Exlibris de Miguel Romero Martínez

 (Filólogo sevillano, 1888-1957)

 
 
 

Pienso, cuando releo algunos de estos textos que os escribo en mi pequeño recuadro mensual, que las palabras con las que los escribí pareciera que hubieran volado, no sé adónde. Están impresas en el papel de La Voz, con apariencia de fijeza, con su tinta ya seca y adherida a la superficie de la página… Precisamente por ello, pienso que en ellas confluyen nido y vuelo, aunque cuando vuelvo a mis palabras, las visito, no las encuentro, están volando, con sus alas y todo, haciendo piruetas en el aire o planeando, siguiendo los vientos hacia el horizonte. Sabido es que las palabras una vez escritas y, sobre todo, después de publicadas ya no pertenecen a la escritora que las eligió para expresar conceptos, pensamientos, historias, o reflexiones…, sino al lector. A ti mismo que lees estas palabras sobre la palabra.

   Buscándolas en la lengua para conocer, me encuentro con la sabiduría que se incorpora al escribir por el que doy a conocer la sabiduría misma que me llega alojada en las palabras que descubro o reconozco. Sirven para guiar nuestros pasos por este mundo. Puedo llegar con ellas a París o a Roma. Si las tengo no hay lugar que no pueda acabar pisando. No sin sacrificio. Buscar y caminar, escalar o sumergirse, obliga a esforzarse, y con método. Las palabras nos lo enseñan todo. Nos sirven para engalanar el conocimiento y nos alejan de la lengua embustera, llena de falsas palabras, de maledicencia y de malvados que las llevan en sus bocas. Las de verdad se dejan dominar, son dúctiles, suaves, y llegan certeras al núcleo de la acción. Las palabras son el movimiento y están hechas de la materia de los astros. También son el tiempo, y están hechas con la materia de los milenios, como las montañas o las catedrales.

   «En el principio» es el segundo poema de Pido la paz y la palabra de Blas de Otero (1916-1979), y lo traigo entero a colación:

                        Si he perdido la vida, el tiempo, todo

                        lo que tiré, como un anillo, al agua,

                        si he perdido la voz en la maleza,

                        me queda la palabra.

 

                        Si he sufrido la sed, el hambre, todo

                        lo que era mío y resultó ser nada,

                        si he segado las sombras en silencio,

                        me queda la palabra.

 

                        Si abrí los labios para ver el rostro

                        puro y terrible de mi patria,

                        si abrí los labios hasta desgarrármelos,

                        me queda la palabra.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2021]

 
 
 
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EL TIEMPO. María del Águila Barrios

 
 
 El despertador dormidoRAFAELLUNA

El despertador dormido

Pintura de Rafael Luna

(de la serie «Aquellos niños del río»

un cuento de Olga Duarte Piña)

2005

 
 
 

Último día de agosto. Sumo otro verano a mi vida. En el rostro recibo el fresco de las tardes propio de los finales de este mes. A mí me ocurre, desde niña, que éste es un tiempo en que me da por pensar en el tiempo, pero nunca he estado conforme con que el tiempo huya, sea fugaz, vuele… No. ¿El paso del tiempo es el paso de la vida?, ¿tras el pasar de la vida sólo viene la muerte «tan callando»? Me resisto a aceptar que el tiempo tenga como final la muerte. Hay un esfuerzo de profundización que cabe hacer si pensamos en el tiempo como un fragmento de la eternidad. Los que asumen la muerte como final de todo ya están condenados por su pereza. Aunque yo no tenga en la mano la prueba de esto que digo, ni tal vez nadie, porque el tiempo parece agua que corre, sin freno que detenga la sucesión irreparable de los días… En estos postreros que discurren hasta este último en el que escribo, aun siendo estío todavía, a mí se me anuncia el otoño: los campos empiezan a mudar su color, los pastos han sido segados, los verdes de árboles y maleza ya no son tan intensos, y el cielo a veces presenta veladuras que le rebajan el azul… ¡Fluye el tiempo, no huye! Se enreda, va lejos y vuelve en un flujo y reflujo que no lo somete ninguna línea. A veces está tan cerca que somos nosotros mismos. Y somos nosotros los que cambiamos, no el tiempo.

   Nunca sabremos lo que está por venir. El futuro no existe. Con los hechos que vayan a ocurrir se pretenderá llenar el tiempo y lo acabarán reduciendo hasta negarlo. Reiterarán hasta confundirnos que la Historia será ésta o aquélla. Los hechos ya acontecidos no se van a repetir, que es lo contrario de lo que se piensa generalmente. El tiempo no es uno, es múltiple y diferente, sin principio y sin fin, es eterno y jamás acabará, y lo que está por llegar, cuando llegue, no cambiará la espera humana. Las cosas destruidas no han desaparecido porque el tiempo haya sido su destructor implacable, es el hombre el gran destructor del mundo, aunque nunca repita los mismos hechos destructivos.

   Como en una paradoja, me sorprenden las campanadas de la torre cercana dando la hora. Como ayer, como mañana, y para cuando no esté para escucharlas continuarán para otros, «y seguirán los pájaros cantando».

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2021]

 
 
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VERANO. María del Águila Barrios

 

Carrera del Darro

[Foto: LGV Granada 2021]

 

Es el tiempo de los jazmines, de su perfume finísimo, blanco y leve. Olores a higuera, a mirto, a rosas, a lantana. Las tapias encaladas refulgen en la mañana ardiente. Se escuchan susurros en los interiores umbríos. Cotidianeidad sonora que sólo es en el verano. En una calle desierta un gato pasa. Tanto esplendor y derroche luminoso para nadie. Más tarde, por la noche, se atreven a salir buscando el fresco. Se forman algunos pequeños corros en las aceras, sonríen, y se han de estar diciendo cosas agradables. Tejidos ligeros de colores alegres y camisas blancas. La juventud es acariciada, al fin, por la brisa que viene del río. Los vecinos se citan a las puertas de sus casas para charlar sobre cómo ha ido el día mientras aprovechan esa brisa que viene del río. Algunas familias sacan sillas a la acera. Los niños corretean por la calle y juegan. En las casas se han abierto las ventanas para refrescar los cuartos. Suena el eco de una radio. El campo no queda muy lejos, pero está muy oscuro, es otro su verano, allí hay otra vida. En el pueblo se está viviendo como en la víspera de un día festivo. Las voces se levantan para hacerse oír sobre las risas. Aunque alguien prefiere el silencio del que contempla. Silencio y calma, risas y brisas, palabras fraternales. Las campanas anuncian desde una torre la madrugada. Las despedidas y el regreso, las calles poco a poco otra vez desiertas, ahora nocturnas.

   Pensando en el verano, he encontrado unos versos del poeta cordobés Pablo García Baena (1923-2018) dedicados a esta estación. Los ofrezco aquí para que los lean, demorándose en las palabras. Recorran con sus ojos las certeras líneas que los versos trazan, sus quiebras cuando los encabalgamientos. La escena que el poema presenta es bellamente simple: una mujer desnuda, una playa, un anciano, unos gemelos, un amanecer de verano y una conclusión dichosa para todos.

 

   Una mujer pasea desnuda por la playa

Solitaria. Amanece.

Su cabello rojizo, al grana de la aurora

Dora y despierta al paso oleajes dormidos.

Desde la residencia, en alto mechinal,

El anciano acogido la acerca y la vigila

Con los viejos gemelos de teatro y de nácar

-tal vez vieron a Xirgu-

Y algo que ya no siente, le engaña

En el recuerdo.

El nuevo día vibra como un violín de luz

En el pulso de la arritmia.

Hasta para el que mira, encerrado en sus años,

El verano será el tiempo de la dicha.

[La voz de Alcalá, 2021]

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DÍGAME EN QUÉ PUEDO SERVIRLE. María del Águila Barrios

 

Limpiabotas de Estambul

[Foto: LGV Estambul 2007]

 

Con esta frase comienzo hoy. Servir a los demás. Darnos como servidores. Ser servidos por otros. Servir. «¿Qué puedo hacer por ti?» Escuchar esto de otro, ¡cómo me consuela! O más bien, ¡cómo me concilia con el mundo del otro! El que se me ofrece para servirme, sin ser servil, sin servidumbre, sino todo lo contrario: en libertad me sirve, me dedica su tiempo, sus habilidades, su asistencia… me enseña a servir a los demás.

   Lo mejor que llevamos dentro aflora. Si se quiere, por cualquiera se puede ver cómo luce en el gesto, en la mirada, lo misterioso y profundo de un ser cuando aloja la bondad, que es siempre humildad. No sentirse más que nadie. Y lo contrario: qué triste aquel que lleva en ristre su soberbia, su vanidad. Éste piensa poco en servir, porque, sobre todo, se dedica a servirse de los demás, a arrancarles a los demás una esclavitud, una servidumbre.

   Creo que pocas actitudes en la vida son más revolucionarias que ponerse a disposición de los demás. Cambiaría todo. Para muchos sería el cataclismo de sus dictaduras. Los explotadores de toda laya se suicidarían o, tal vez, se convirtieran al talante del servicio. Quien con esta manera se levanta por la mañana no concibe dañar a los demás. ¿Cómo voy a herir al vecino si lo que quiero es servirle? Es imposible. Una en la calle escucha a alguien que dice: «Fui a verle porque tenía un problema enorme que me tenía angustiada. Nunca le agradeceré lo suficiente el servicio que me prestó entonces.» Pienso que si el servidor de esta señora escuchara lo que le dice a la otra le daría tal soplo de ilusión y esperanza que procuraría en el futuro hacer con todos lo que hizo con ella.

   No soporto a quien trata mal a los que trabajan para él. No soporto la arrogancia, la suficiencia. Sé que hay muchos trabajadores que no son bien tratados, y ocurre que a pesar de ello son capaces de mantener la sonrisa verdadera mientras me dicen: «¿en qué puedo servirle?»

   Como ningún otro, la política sería el ámbito del servicio a los demás, pero hoy en día, y desde hace demasiados días o décadas, no encontramos políticos servidores. No son serviciales. Antes y sobre todo son serviles ante sus mandos y mandones ante los débiles que andan sometidos a su imperio. ¡Pobrecitos, esclavos del capitalismo salvaje, que desgracian sus existencias cotidianas y se llevan por delante a los desgraciados de la vida!

 

[La voz de Alcalá, 2021]

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CLAUSTROPOÉTICA 2021 (POEMAS EN DIÁLOGO). HOMENAJE AL GRUPO CÁNTICO DE CÓRDOBA. Lectura de poemas de Juan Bernier, Julio Aumente, Ricardo Molina, Pablo García Baena y Vicente Núñez por Olga Duarte, Lauro Gandul, Chus Gómez, Antonio de la Torre, Elvira Calleja, Manuel Portillo y las niñas Martina de la Torre y Leonor Ruiz. Creación musical de Rafael Marín. Alcalá de Guadaíra, 17 de junio de 2021

CONCEJALÍA DE MEDIO AMBIENTE: EL TERROR DE LOS ÁRBOLES. María del Águila Barrios

 
 
 

Pinos de Oromana

[Foto: LGV Alcalá, invierno de 2021]

 
 
 

¿Qué ocurriría si a un concejal le cortaran la cabeza? Al de medio ambiente habría que cortarlo por la mitad, por aquello de medio… Decapitado el edil, desmochado o tronchado, tal vez la suerte de nuestros árboles singulares no sería la que cada primavera toca a sus copas, antaño frondosas y generosas, de sombra fresca con la que conjurábamos el calor espeso de la canícula. Convierten no sólo los ejemplares de árboles singulares, sino todos los árboles, en estacas, en verticales pilares viejos y más aquellos árboles grandes del Albatán, del Parque o de la Plaza de España…

   Poca cabeza tendrá, o más bien ninguna, el que manda en los podadores municipales, sea concejal decapitado o no, su cabeza es una pura ilusión óptica, un holograma de cabeza de concejal de medio ambiente.

   Y hablando de cabeza, ¿cómo nadie ha pedido ya la del edil? De ese de medio ambiente, o de parques y jardines, o de patrimonio natural, o como quiera denominársele desde una alcaldía descabezada que manda en el descabezado que manda en los podadores, que descabezan los árboles todos, los desmochan a troche y moche. ¡Menos mal que no se han atrevido todavía con los pinos de Oromana!

   Podar no es eliminar sino fortalecer, quitar aquello que le sobra a un árbol, pero no toda su copa. Antes de podar se deben tener en cuenta las características de la especie y la etapa de desarrollo en que se encuentra el árbol y no podar al tuntún y a todos por igual. No es lo mismo actuar sobre árboles nuevos que sobre los antiguos. Éstos son los heredados. Han hecho falta muchas generaciones de humanos para que los viejos árboles hayan llegado a nosotros copudos, oferentes de ramas vigorosas, colmados de infinitas hojas que nos alivian la vida en nuestro pueblo cuando pasamos por sus calles o estamos en sus plazas, cuando los contemplamos durante un alto en el camino, y nos da por disfrutar de sus colores. Pero los de medio ambiente en Alcalá de Guadaíra deben ser unos extraterrestres, o unos robots, que no sudan cuando aplasta el calor, que no necesitan la sombra de los árboles, ni el aroma, ni sus flores en primavera, ni el canto de los pájaros que han anidado en las copas, ¡estos de medio ambiente no tienen ni el ambiente de por medio!

   ¡Árboles y alcalareños compartimos raíces! Por ello, no quiero despedirme sin invocar algunos versos del «Himno X» de Himno a los árboles de Vicente Núñez.

 
 
 

Moveos, ¡aéreos!

Y que se note bien que somos llamas

futuras. ¿Pero qué más danza

que la de nuestra inmóvil invasión,

alzada contra la iniquidad de los mortales?

(…)

   Los taladores dejaron en nosotros

estigmas de ultraje y llagas,

y como higueras silvestres

arrasamos los campos de miel y alegría.

(…)

   Ya han transcurrido los siglos

y han fenecido los hombres.

Somos el pedestal del mundo.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2021]

 
 
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CARMEN TRONCOSO DE ARCE (DE TU CORAZÓN A OTRO CORAZÓN). Olga Duarte y Lauro Gandul (autores de la autora María del Águila Barrios)

Carmen en el otro lado

[Foto: Miguel Hermosín, 1991]

En 2004 entrevistamos a Carmen para este periódico y, cómo es el destino, que ha muerto en los últimos días de un invierno como aquél en que nos recibió en su chalet de Oromana. Así comenzábamos el texto:

   Colado se ha la primavera por entre estos días primeros de febrero y de qué manera se ha colado mayo por entre estos días invernales. Florecido ha el almendro y con qué esplendor tanto pétalo en cada flor, tanta flor en tanta rama, que llenan este almendro con un estar que es un puro ser en el jardín de esta casa, distinta y profunda, donde Carmen nos recibe, de noche, para conversar.

   Nos dejó dichos estos pensamientos, estas enseñanzas, que recogemos otra vez para los lectores:

   «La palabra es un acto de amor. Humanismo, qué buena palabra. A los niños hay que contarles cuentos, historias. Luego querrán que se las repitan. Necesitan lo que cuentan los cuentos, la voz del que los cuenta. Aunque hay que ser un poco Sherezade. Hay que dejar un poco de la historia para después. Hay que ser artesanales, yo lo soy. La vida hay que tocarla con las manos. Manipularla. Yo no pienso en el arte sino en la vida».

   «Con cuatro o cinco años yo ya estaba haciendo teatro con las monjas. La experiencia de un niño cuando se sube a un escenario es buena aunque no sea bueno el teatro. Una vez me vestí de fantasma en el cuarto de mi madre, me miré al espejo y me asusté, y lloré. Salí corriendo, llorando como una Magdalena. Mi madre me dijo: -Si eres tú, boba-. Para mí eso era el teatro».

   «El primer día que yo llegué a la Universidad, no quería saber dónde estaban el aula magna ni dónde la lección inaugural, ni los departamentos, ni nada; yo ya quería saber dónde estaba el T.E.U. Con el T.E.U. de Filosofía me enganché y me puse a hacer teatro. A partir de ahí el teatro se ligó totalmente a mi vida».

   «Cuando recito están mi voz y la maravilla de un poema muy bien construido. Es como cantar: manejo mi voz, los sentimientos, las pausas, las miradas… Pero el teatro es un grupo. Es solidario. Trabajas con el otro, te emociones con el otro. Piel con piel. Estás con el otro, y el público se mete ahí, también, en ese lío».

   «A mí lo que me interesa es lo que yo siento con el teatro. Yo no sé si es mi ser artístico. Yo no sé si es mi ego. Yo no sé si es mi desdoblamiento… No lo puedo decir. Acaso tenga más que ver con mi ser espiritual, aunque si entendemos lo artístico como lo sublime, que es lo que hacían los griegos, sí a ese ser artístico, sí a llegar de tu corazón a otro corazón».

[La voz de Alcalá, 2021]

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MÁSCARAS, MASCARILLAS, MASCARADAS Y CARETAS. María del Águila Barrios

     

1 Lagoa 2003

Molde de la escultura del poeta Alves Redol
en el estudio del Maestro Lagoa Henriques
[Foto: LGV. Lisboa, 2003]

     

¿Son sólo mascarillas, o son algo más? ¿son máscaras en toda regla, o su diminutivo? Desde luego hay que ponérselas por imperativos de la Salud Pública… Pero, ¿nos sirve para protegernos y proteger? Resulta evidente que no sólo las empleamos por creer así que no vamos a infectar a otras personas y para no ser infectados, sino que también con ellas nos embozamos, y nos disfrazamos. Basta destacar la variedad de signos que se imprimen en ellas, y los variadísimos colores, escudos, emblemas, etc., para comprender a qué me vengo refiriendo.

   Las caras se han trocado en caretas, aunque muchos no pretendan burlarse de nadie, algunos pueden burlarse de otros, o ejercer de bufón para divertirlos. Al mismo tiempo, nos desnudan, en lugar de arroparnos, aunque sean parte de la ropa, del vestido, y nos simplifican, en lugar de añadir variedad a nosotros mismos, con lo que es muy fácil para tantos creer que se expresa mucho sin tener que decir una sola palabra ahorrándoselas todas.

   Lo que me preocupa es que no sólo nos colocamos las mascarillas en la cara sino que también se han trocado en fantasmales los procedimientos para poder vivir. Una sociedad como la nuestra donde la Seguridad Social desempeña funciones capitales para la subsistencia cotidiana ha cerrado sus puertas…, no sin colocarse las correspondientes mascarillas telemáticas. Y así la mayoría de las instituciones. Ha sido la excusa perfecta para la desidia y la incomunicación.

   Pareciera que la pandemia del coronavirus hubiera supuesto una oportunidad histórica de apartar todo lo bueno de la convivencia, el contacto humano que conlleva la comunicación y la fraternidad, dejando vivo y coleando el fiestorro vacuo. No debería dudarse que la multitud anda desorientada en un mundo mucho más lleno de disimulo y de simulación.

   Vivimos cada vez más como espectros, obligados no sólo por las normas sanitarias sino por una variedad de otras nuevas normas casi incompresibles y que nada tienen que ver con la salud sino más bien con la incapacidad de gestionar dignas alternativas que salvaguarden las capacidades de todas las personas y las posibilidades materiales de la gente.

   También se ha conseguido fácilmente, en este tiempo, que quienes quieran puedan crearse máscaras nuevas. Casi sin darnos cuenta, como en una pesadilla. No sólo nos topamos con que la realidad ya es irreal y que la biografía, de los padres y madres de la patria de cada cual, se reescribe por los herederos de los sucesivos regímenes políticos y culturales. Es curioso cómo se autovampirizan y nos hacen ver nueva su más rancia historia.

   Lo que llevo escrito lleva algo de espanto y de honda preocupación. Lo cotidiano, de lo público y de lo íntimo, en todo el planeta se ha metamorfoseado en una quimera.

[La voz de Alcalá, 2021]

     

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