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LAS COSAS. María del Águila Barrios

 
 
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Assilah

[Foto: LGV Marruecos 2009]

 
 
 

En 2017 asistí a un acto literario que celebraba el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes en la librería Término. Como no debía ser de otra manera, aquel homenaje consistió en una lectura de algunos poemas de la gran escritora y artista madrileña, que nos dejó en 1998.

   Uno de los poemas leídos me impresionó entonces. Hoy cobra una trascendencia añadida, una plusvalía vital y semántica, que se ha hecho tangible, existencial, en estos días sin paisaje, en silencio, confinada, con la culpa a cuestas… Quiero compartir este hermoso texto con ustedes, los lectores de las cosas que escribo. El poema así se titula, «Las cosas». Es éste:

 
 
 

   Las cosas, nuestras cosas,

les gustan que las quieran;

a mi mesa le gusta que yo apoye los codos,

a la silla le gusta que me siente en la silla,

a la puerta le gusta que la abra y la cierre

como al vino le gusta que lo compre y lo beba,

mi lápiz se deshace si lo cojo y escribo,

mi armario se estremece si lo abro y me asomo,

las sábanas, son sábanas cuando me echo sobre ellas

y la cama se queja cuando yo me levanto.

¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?

Como perros las cosas no existen sin el amo.

 
 
 

   Todos los objetos  son elevados a la cabalgadura de las metáforas que los acogen en cada verso. La mesa, la silla, la puerta, el vino, el lápiz, el armario, las sábanas y la cama. De todo, dueña es la autora. Nuestros objetos, nuestras cosas, cuya existencia es debida a nosotros, sus amos, quienes les damos vida.

   Es un poema que me ha ayudado de manera iluminadora en los días que he pasado en mi casa, encerrada, sin nadie con quien compartir o encontrarme. Pero estaban ellas, mis cosas, que cada día se alegraban de verme en mi casa, de no abandonarlas y de estar siempre a su lado. Yo también les agradecía su presencia, su compañía…

   Y todas tienen una luz. No de foco y fanal, sino una luz íntima, de interior, abarcable, pausada. La luz de los que no pueden salir a la calle, la luz de las cosas en las casas, la luz que nos alumbra más por dentro que por fuera.

   Me han sido tan gratas, que sin ellas no habría soportado la soledad y las ausencias. Gracias al recuerdo de aquel poema escuchado hace tres años, cada día me animaban, me esperaban, me sorprendían. Sí, mis cosas, ¡las que están siempre conmigo!

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2020]

 
 
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LA CULPA. María del Águila Barrios

 
 
 

Tras la pelota el muchacho

[Foto: LGV París 2010]

 
 
 

¿Quiénes en algún momento han sido culpables para que nos haya invadido esta peste? ¿Cuál fue el recorrido de los hechos que promovieron la actual caída? Y nuestros coetáneos, ¿qué están haciendo para combatirla? ¿No están con sus decretos y mil normas sanitarias trayéndonos una peste tal vez mayor, y no sólo de salud pública, sino de ruina de la sociedad, de la economía de millones de españoles? Ha de tenerse en cuenta que no quiero poner el dinero por encima de la salud, sino hablar de enfermedad cuando no se tiene dinero para vivir.

   Y nosotros, los de abajo, el pueblo, ¿qué estamos haciendo? De momento aguantar las prohibiciones de todo tipo, acatar las mutilaciones a las libertades -deambulatoria, de reunión, de expresión, etc- y las suspensiones de la Justicia, de la municipalidad, de la Seguridad Social… También venimos contemplando con pasmo cómo dejaron a los españoles con dos palmos de narices cuando se trataba de avituallarse de mascarillas, geles, guantes o aparatitos para las pruebas del coronavirus.

   Cuando todo esto pase, si es que pasa, porque aún no lo sabemos y, en verdad, resulta evidente que quienes han cogido el mando no saben mucho más que nosotros, aunque pongan cara de mandones, ¿quién va a responder por esta calamidad planetaria?, ¿quién va a pagar por ella?, ¿quién va a compensarnos a todos y cada uno de nosotros en todos los lugares y por todos los daños ocasionados y por las secuelas, acaso terribles, que se derivarán de tanto destrozo y perjuicio?

   En lugar de esclarecer los hechos e identificar a los culpables han puesto a la gente a aplaudir en los balcones, y la gente ha aplaudido o ha batido las cacerolas, para entretenerlas cada día después de largas horas de reclusión. Si esto es lo que se alcanza con el movimiento ciudadano, una se queda desolada porque las preguntas que se formula le llevan a verse sola y sin respuestas. Para premio el gobierno se dedica con sus ministros a sesiones informativamente interminables. Unas sesiones donde se está fraguando un nuevo lenguaje para organizar la reconstrucción del país y la vuelta a la nueva normalidad. ¿Qué será esto? Ruegos y exhortos en parlamentos vacíos y telepredicadores que simulan la irritación del inocente ante su verdad oficial que es la única; pero es una verdad confinada.

   Si nadie asume la culpa, los vecinos acaban sintiéndose culpables y como nadie quiere asumirla se la largan a otro y ahí empieza el juego del pin-pon acusador.

 
 
 [La voz de Alcalá, 2020]

 
 
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EL CONFINAMIENTO. María del Águila Barrios

 
 
 

Rejas

[Foto: LGV Alcalá (2008)]

 
 
 

Es el nombre de un tipo de castigo, una pena aflictiva. ¿Qué habremos hecho? El confinado es un condenado a vivir en un lugar en libertad, pero vigilado. En una isla, en una ciudad de frontera, en una montaña, en un bosque remoto…, o en una casa. Es quien sufre el confinamiento y el espacio acotado es el confín, donde su linde, el último término del espacio que le es dado como ¿libre?, está bajo el ojo de la Autoridad. El ojo que está en la cabeza que ha declarado la Alarma. Su cara no sabe ocultar lo muy alarmada que está por no saber del todo cuánto mando tiene para ser o no la Autoridad.

   Ahora ya no es importante lo que antes lo era tanto. Así que lo que se imponía como importante, ha dejado de serlo. Hoy mismo, ¿dónde está la brecha? Ahora sí que se han hecho evidentes las infinitas brechas que la Autoridad apartaba ayer mismo del catálogo de las oficiales.

   Los discursos de los que miran torvamente a los otros, los debates acres y agresivos, ¡y tan inútiles!, con los que nos atosigaban día tras día se han evaporado. Ahora parece que lo importante es lo público, que antes se denostó a favor de los beneficios de su privatización, y que se repartió arbitrariamente como se hace tras el saqueo con el botín de la invasión.

   Esta nueva peste ha descorrido el vergonzoso telón con el que se ocultaba lo mezquino y ruin. Lo que los canallas del Poder habían hecho a nuestras espaldas, con traición continuada y alevosa, dejando el país hecho unos zorros. Infelizmente verificamos que nos han desalmado, que nos lo han arrebatado. Sin embargo, compruebo que no han podido con los paisanos, los míos, los tuyos, aunque os confiese que siento que es muy triste contemplar esta vasta realidad deteriorada, y que me siento cansada, pero… ¡Que esté todo ocurriendo en primavera! La estación florida que cada año llega, deseada, tras los fríos del invierno. La primavera que nos desata pasiones, que se han quedado confinadas.

   Les dejo con un soneto de Rafael Alberti, titulado «Abril 1938», como despedida, con esperanza:

 
 
 

   ¿Otra vez tú, si esta venida

más que imposible me parece,

puesto que sube y reverdece

en tan tremenda sacudida?

 

   ¿Otra vez tú, tan sin medida

tu corazón, que estalla y crece,

mientras la tierra se enriquece

de vida muerta y nueva vida?

 

   ¿Otra vez tú poniendo flores

sobre la tumba improvisada,

sobre el terrón de la trinchera

 

      y esa apariencia de colores

en esta patria desangrada?

¿Otra vez tú, la Primavera?

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2020]

 
 
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MANIFESTACIÓN 2050. María del Águila Barrios

 
 
 

La fealdad del mundo

(Foto: LGV Sevilla 2008)

 
 
 

Son las siete de la tarde, me acabo de vestir de color gris como dicen las consignas que hemos de ir a la manifestación. Voy a Sevilla porque la ocasión merece no quedarme en Alcalá pues ésta es una reivindicación que ha de tener mucha repercusión, tanta como tuvieron las manifestaciones allá por 2020 en pro de la igualdad entre mujeres y hombres. Afortunadamente, aquella lucha trajo sus frutos pero lo que no podíamos imaginar entonces es lo que tendríamos que reclamar 30 años después.

   Los principales edificios de las grandes ciudades se han iluminado de gris, así he visto el ayuntamiento de Sevilla, y el de Madrid gracias a la foto que me ha enviado un amigo por ranger el nuevo formato que ha sustituido al canal tan vulgar que fue whatsapp.

   Las máquinas, aquella inteligencia artificial que se anunciaba entonces, han desbancado nuestras propias inteligencias, ya son más del 50% los puestos de trabajo que están ocupados por ellas y nuestra inteligencia, la humana, se ha visto menospreciada, desigualada, hay una brecha salarial enorme entre quienes usan su inteligencia en el trabajo y los trabajos donde se utiliza la artificial. Y no hay ninguna mujer ni ningún hombre en los cargos directivos, todos están en manos de seres neutros que no tienen sexo, ni familias, ni se jubilan. Todos nuestros derechos, por los que hemos luchado durante siglos están en absoluto retroceso.

   Ahora nos encontramos en la Plaza Nueva, que ya es vieja porque la actual Plaza de las Novedades está dentro de un edificio cerrado en un polígono de grandes dimensiones al que no podemos acceder si no llevamos tarjeta de recomendación o nos acompaña un ser artificial.

   No sólo la relación con las personas ha variado, somos una minoría la que aún conserva el contacto con seres iguales a nosotros, que entre nosotros es solidario, pero esas inteligencias artificiales, muchas de ellas de corporeidad metálica, se cruzan con nosotros sin saludar, sin mirar a los ojos, sin atender al peatón, sin celebrar nada porque no tienen historia ni tradiciones. Van invadiendo poco a poco las ciudades y no crean espacios de reunión pues no los necesitan.

   Pero nosotros vamos de gris a la Plaza Nueva de Sevilla a reclamar nuestros derechos históricos como seres humanos, aunque no sepamos a quién le reivindicamos lo que aún llamamos nuestros derechos…

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2019]

 
 
 

Maniquí con calcamonías

(Foto: LGV Sevilla 2009)
 
 
 
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EL SILENCIO. María del Águila Barrios

 
 
 

Seráfica Arrábida [Foto: ODP Portugal 2016]

 
 
 

Unos versos del portugués Cristovam Pavia (1933-1968) para empezar a tratar el tema de hoy: Canción del silencio / En las gotas de rocío / Dentro de la neblina… / Un balido, a lo lejos, /  Viene en la brisa fría… / El día termina… Casi estaría todo dicho. Tal vez habría que callar después de esta canción del poeta. Pero continúo, porque este pequeño artículo tiene que escribirse. Continuo con tres frases o expresiones latinas. La primera de Séneca: «El silencio parece una confesión». La segunda de Cicerón: «Mientras dura la guerra callan las leyes». Y la última es un dicho romano: «El silencio contiene todo lo bueno, la charlatanería todo lo malo».

   Callo y hago elocuente mi silencio. Mi queja es de silencio. No me guardo nada cuando callo porque ya he dicho lo que tenía que decir. ¡Qué elegancia la del que sabe guardar silencio y qué humano saber cuándo, dónde y ante quién! La voz cierra su chorro para que fluya el silencio. Éste en la quietud de la noche se significa. También nos es arrancado por la belleza, la muerte o el dolor. En el reposo, en la calma, se hace fuerte. Es también luz que nos protege con su aura en la oscuridad. Dejo suelto al silencio para que me ampare. Más palabras se contienen en lo que callo que en lo que digo. Es expresión pura mi silencio conquistado con un sacrificio infinito.

   El verdadero sabe a firmamento. Su color se me antoja como el de una acuarela sobre papel del alcalareño Luis Contreras Muñoz (1879-1938) donde vemos la Ermita de Nuestra Señora del Águila pintada hace un siglo. Es visible y ¡audible! Silenciosamente la semilla se abre y al cabo de los decenios un silencioso bosque abriga las laderas de los cerros de Oromana.

   El poeta español Vicente Núñez (1926-2002), que nació, vivió y escribió en la misma tierra que el Séneca que antes cité, fue un hombre de silencios. Como nadie supo callar durante lustros. Por lo que era capaz de escribir que «El silencio se impone como un paréntesis olvidado.». Y nos explica que «Ese paréntesis no está vacío, está lleno de un texto. Y hay un paréntesis sin duda, y de qué calibre; quizá irrepetible…»

   Quisiera ser capaz de seguir en la vida la verdadera propuesta de la auténtica Literatura. Habrá que ir madurando. Sí: madurar es callar sin reservas de ninguna naturaleza. Tal vez no exista una manera más eficaz de adentrarnos en nosotros mismos para llegar a los demás con la plenitud que merecen, que merecemos. Silenciosamente. Chssssss.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2020]

 
 
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CÓMO VAN A QUERER LA CULTURA SI NO AMAN LA VIDA. María del Águila Barrios

     

Parque de San Francisco
[Foto: LGV Alcalá 2014]

     

Gobernar es conocer y no se conoce lo que no se ama. Para amar hay que tener corazón y no se tiene corazón si éste ha sido sustituido por un sillón. Así, es muy difícil conservar un corazón. Los niños lo tienen radiante y tan natural como las montañas en el paisaje. Los años, con todo lo que viene con ellos, suelen acabar con el pálpito del corazón de muchos al poco de dejar de ser un niño. No en todos. En aquellos que tiraron su corazón a la cuneta en la primera curva se produjo un hecho curioso, de consecuencias terribles, como veremos: comprobaron que en el lugar donde tenían el corazón les cabía un sillón. No un sillón cualquiera, sino un sillón para que en él se siente quien manda. ¿Y para qué quiere mandar quien se quedó sin corazón y ahora está bien apoltronado en el sillón? ¿A qué aspira? ¿Qué respira? Pero estas preguntas no se las hace quien gobierna. Sobre todo en los pueblos donde ha surgido una forma de ganarse la vida sin hacer nada y sin saber en absoluto qué es lo que hacer con tanto gobierno. Sus mentores les dicen que tienen que mandar y gastar el presupuesto. Y como saben ser agradecidos se dedican a la molicie y a los medios de propaganda que para ellos trabajan. Pero, volvamos al corazón. ¿Por qué vengo hoy a escribir sobre el amor? La respuesta está en los árboles. Un huracán arboricida sopla desde el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra y tiene ya arrancados los árboles de muchos lugares donde ofrecían grata sombra y cobijo al que a ellos se acercaba para pararse o para pasearse entre sus generosos troncos. Quitaron los árboles, los únicos que callan y aguantan, pero no se callaron los vecinos. En unos y otros hay un corazón que palpita, un corazón herido para el que no tienen misericordia quien en el lugar del corazón pusieron un enorme sillón. Pero, ¡ah!, ¡qué desvencijados están esos sillones! Y no se sonrían los ediles que han denunciado las talas porque es una farsa que pone la cara de tragedia en el teatro que día a día representan.

   Señoras y señores ediles, ¡paren de talar y mutilar árboles en nuestro pueblo! ¡Tenéis el corazón hecho de estacas secas y muertas! ¡Cómo le vais a hablar a nadie de libertad y democracia si nos estáis arrebatando la vida, el frescor, el color, la umbría de nuestros árboles! ¡Convertid vuestro teatro diario en verdadera cultura!, que es lo que falta, desde hace años, por parte de vosotros que regís un municipio que habéis convertido en un barco a la deriva.

     

[La voz de Alcalá, 2019]

     

 
 
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DESDE LOS ÁRBOLES. María del Águila Barrios

 
 
 

Parque de San Francisco
[Foto: LGV Alcalá 2014]

 
 
 

Cada primavera se me muestra con el florecimiento de dos jacarandas que hay en la Plaza de España, delante del colegio Pedro Gutiérrez. Este año ha sido imposible recibir ese regalo de la naturaleza, porque la tala a la que las sometieron en febrero ha mutilado su crecimiento natural, las flores han tenido que nacer en la corteza porque no había ramas que las sostuvieran. Yo diría que este año más que poda en el arbolado urbano se ha cometido un auténtico arboricidio.

   Los árboles de esta antigua plaza son una muestra del abandono de muchos elementos de nuestro pueblo, se han perdido palmeras, otras afortunadamente se han conseguido salvar in extremis, hay un olmo que creció desmesuradamente sin que nadie lo atendiera y este año han recibido un descomunal castigo, al igual que las jacarandas que recibieron la tala inmerecida. Este parque muestra los vaivenes, los altibajos, la desidia y, cuando no queda más remedio, la actuación de última hora de nuestro ayuntamiento. Mirándolo bien, se ha convertido en un observatorio municipal.

   El patrimonio también es un buen observatorio ya no sólo de los vaivenes sino de la propaganda porque se pueden servir de él para mostrar la hipócrita preocupación por Alcalá. ¡Cuántas campañas! Hasta en 2011 llegó a aparecer nuestro castillo en Fitur como una Alhambra por descubrir. Ahora llegan las gafas 3D para ver los molinos en su actividad de molienda cuando ni si quiera se puede acceder para visitarlos. Todo muy impactante y visual pero nunca con proyectos estructurales.

   Y las nuevas obras también nos muestran la despreocupación urbanística y estética. En ninguna ciudad francesa se hubiera consentido la construcción de una mole que, en nuestro pueblo, ha herido definitivamente el espacio de Beca donde antaño hermoseaba un almacén de aceitunas y el edificio de la empresa Radio Luz. Muchas empresas locales han sido sustituidas por firmas extranjeras sin ningún complejo ni reconocimiento de lo que aquí se crea y se ha creado. Quienes nos han gobernado y gobiernan van vendiendo el alma de nuestro pueblo al primero que aparece y poco importa el daño estético, urbanístico y patrimonial.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2018]

 
 
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EL PAISAJE. María del Águila Barrios

 
 
 

anónimo rumano (s XX)

El bosque sin hojas
Grabado rumano de autor anónimo
(S. XX)

 
 
 

Mirar por el agujero de la cerradura de un viejo portalón y en un punto de fuga que inmediatamente aparece, se ve el campo, como si lo viera entrecerrando los ojos. No es un campo cualquiera, parece ya un sueño de lejanía, es el campo abierto siempre misterioso. El paisaje no es un espacio cualquiera porque se nos aparece siempre como un descubrimiento que no es un hallazgo de la Geografía o de la Geología, sino de lo escondido del espíritu humano. El paisaje es siempre limpio, claro y alto, que es como sólo el alma puede contemplarlo.

   Con las lluvias de enero se ha puesto verde la Vega. La naturaleza renace. El Guadaíra más salvajemente caudaloso. Bastan unas gotas para que el río que cruza Alcalá se torne bravío y brame.

   Es el paisaje línea tenue pero llena de significado, historia y sensibilidad. Línea ondulada del alcor por Gandul, línea recta en la Vega, línea quebrada de San Roque, el Águila y el Castillo. El paisaje es tiempo inmortal hecho de lo mortal humano, es nostalgia y deseo, alegría y afecto. Como escribe Azorín: «El paisaje somos nosotros; el paisaje es nuestro espíritu, sus melancolías, sus placideces, sus anhelos». Es frágil como el cristal y acoge en su seno la sensibilidad humana. Cuando ésta estalla, estalla la línea del paisaje.

   Hay muchas maneras de matar la belleza. En nombre del progreso se han perpetrado ignominiosas acciones contra nuestro paisaje. Lo que hondamente me preocupa es la ignorancia de los que tienen el poder de actuar sobre el paisaje porque, en su simplicidad, sólo ven él un espacio cualquiera y no precaven el daño, ni el peligro que causan ni tienen la capacidad de evitar luego la destrucción que sigue y que es irreversible. Éstos, que quizá me lean, quien sabe siquiera si piensan en lo perdido porque nunca lo aprehendieron, nunca lo vivieron ni lo vieron, pero se lo voy a poner fácil esta vez, ahora me refiero a las placas solares que ya son plaga en la Vega.

   Vengo a tratar hoy del paisaje porque siendo Alcalá también conocida como la de los paisajes no es tema baladí para mí. A veces, tal vez demasiadas, me encuentro con el paisaje que vi y, que encontrándome con él ahora, no lo reconozco. Recuerdo, hace años, una viñeta de Máximo San Juan en El País donde un personaje decía a otro: «Nos han robado hasta la línea del paisaje».

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2020]

 
 
 

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ES LA MODA DE LA DESUNIÓN. María del Águila Barrios

 
 
 

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Macaco
(Foto: LGV Lisboa 2019)

 
 
 

Nos desunimos, es evidentísimo. Nos desunimos de los que no comparten lo nuestro, los que comparten se desunen también, en todo lugar y hora hay una discrepancia, todo aparece en las redes y los medios como una gran parranda de verborrea acompañada de los anuncios correspondientes, como neones que brillan para deslumbrar, y todo atruena para acallar.

   Es la hora de las manifestaciones, es la moda de salir a la calle a protestar, es la hora de la desunión, es la moda de estar enfrentado. Es el cabreo perenne sin autocrítica, sin conocimiento de causa, sólo de sumarse a la causa que mejor venga para no quedarse fuera, que está muy mal visto.

   Están los independentistas y dentro de ellos una amplia gama de variedades para dar su particular espectáculo, están los patrioteros sin idea de la patria, están los antipatriotas, los desarraigados que hacen gala de ello, los afines al Padre Mas, los afines a los Mossos, los antisistema, los antipartidos, los anticristianos, los nostálgicos de Felipe y Adolfo, los nostálgicos de Padre Paco, los continuadores, los hablemos, los buenistas, los de mala leche, los oportunistas que sacan tajada propia de cada uno de los clasificados anteriormente, están, están… ¿pero dónde nos ubicamos los que no estamos? Lo tenemos muy difícil pues parece que no existimos. ¿Qué podemos hacer: callarnos, manifestarnos, ocultarnos? ¡Uff, qué difícil panorama…!

   Lo que vivimos es el resultado de años y años de democracia traicionada, de vida pública intervenida, de cultura vampirizada, de educación condicionada, de economía dependiente, en definitiva, de falta de verdadera libertad democrática, una libertad con la que respire el pueblo en las escuelas, en los oficios, en las profesiones, en los comercios, en las calles, en los teatros…, pero esto no podía ser, es demasiada libertad.

   Hace mucho que dejó de vivir la libertad porque apareció el vasallaje político, económico, cultural… Y el esperpento de esta situación lo estamos viviendo estos días. Los vasallos de la CUP piden la independencia y a los señores del gobierno catalán se les ha ido de las manos la farsa que han creado. Han desatado todos los demonios, pasados y presentes, y esto está que arde. Y encima el 12 de octubre a la vuelta de la esquina.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2017]

 
 
 
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CULTURAR. María del Águila Barrios

 
 
 

Árbol de Lisboa
(7 de diciembre de 2017)
[Foto: LGV]

 
 
 

Culturar significa cultivar, en el sentido de «Dar las labores necesarias», para que algo y alguien fructifiquen, según leemos en el DRAE. Cuando esas labores necesarias se realizan sobre la tierra y las plantas para que den frutos, cultivamos y colmamos los campos de vida, y la vida nos colma a nosotros. Cuando la tierra que se cultiva es nuestra propia alma humana ahondamos en ella, y la esclarecemos, y procuramos que sea lámpara de los otros cuando vamos allegando la ciencia, los conocimientos que nos abren el espíritu a la capacidad de enjuiciar críticamente las realidades entre las que transcurre nuestra existencia. Ese alumbrar a los otros resulta sencillamente porque llegar a uno mismo sólo tiene sentido pleno si así, cultivándonos, culturándonos, somos capaces de llegar a los demás.

   La pintura, la literatura, la música, las matemáticas, la física, la industria, la lengua, la religión…, son las moradas de la cultura en una época, en un país, cuando y donde quienes siguen unos modos de vida, unas normas, y aspiran al sencillo goce de descubrir, verifican que la cultura dota sus biografías de un rebullir de versos, sinfonías, películas, acueductos o trenes, o cancioncillas, o romances, o letras que se cantan y recitan…, y que hay mucho en común entre el sonreír de una persona, cuando hay algo que ocurre como causa de alegría, y los inventos del genio humano. Un entusiasmo viene a penetrarnos y ensartarnos a unos con otros y nos conforma en metáforas de constelaciones.

   La cultura, la que es verdadera cultura, se filtra entre las innumerables capas que la intemperie colocó sobre los seres. En el fondo del valle llega al pueblo que la convierte también en su acervo de tradiciones, que devinieron en tales porque sirvieron para estrechar las distancias que el desconocimiento marca. Culturar es cultivar la amistad. Los que se ignoran sólo perciben enemigos. Los ignorantes tratan a los demás desde sus deformantes lentes y sólo se satisfacen si ven a los más sometidos a sus delirios.

   Sí, desgraciada e infelizmente acontece que los ignorantes son hoy los que han usurpado las riendas. Las de unos caballos: ¡el Pueblo! Un pueblo se encarna en animales dóciles y fieros a un tiempo, que en su ser limitado tiende a no distinguir los matices delicados que caracterizan a los que creen en la cultura, y que a pesar de ser de él, de pertenecerle, sin embargo acaba siendo conducido al absurdo por los farsantes, ilegítimos detentadores ocasionales del poder, y no atiende a los que le aman, a los agricultores del campo del pueblo. En vez de caminar con la vista alta, agacha la cerviz y sucumbe a la estafa. La diabólica combinación de las normas que rigen la actual democracia le da cabalgadura a los gerifaltes falaces que nos estafan, que engañan al pueblo.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2019]

 
 
 
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