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«DELENDUM EST LIMONATO?» Por Pablo Romero Gabella

 

limonesotravez13062015

13/06/2015

[Foto: Guadaíra-Información]

 

   El caso de ACM avanza con la imputación de tres trabajadores de dicha empresa municipal, que acerca el brazo flamígero de la ciega e imparcial Justicia al equipo de gobierno socialista. La reacción de nuestros gobernantes municipales no es otra que la de seguir el guión del caso ERE: la culpa de es de los de abajo, de los “mandaos”, que actuaron por su cuenta sin seguir directriz alguna del alcalde ni de sus delegados.  Responde a una patología del PSOE-A que debe ser tenida en cuenta: la negación de las responsabilidades políticas. El camino lo marcaron Viera, Zarrías, Griñán y Chaves. Se dijo en un principio que el caso ERE era cosa de “cuatro golfos”; ahora se dice que fue “una gran estafa”. La gran estafa andaluza, podemos afirmar. ACM se debió cerrar hace ya años, como pedía en su programa electoral de 2011 UPyD de Alcalá. El tiempo les dio la razón, porque no mucho después, ACM fue clausurada, eso sí en falso, por Gutiérrez Limones y sus trabajadores reubicados en otra parte de la constelación orgánica del mundo paralelo del Limonato.

   Pero la maquinaria propagandística del Limonato (con ello me refiero a una forma de gobernar, no a lo personal) ha respondido con unos grandes vinilos publicitarios en los autobuses urbanos: “Hemos llegado lejos, ahora queremos llegar alto”. Toda una declaración de intenciones…que bien podría  ser la línea de trabajo de la Fiscalía. Delendum est Limonato?

 

JESÚS CONDUCIDO ANTE PILATO (II). Por José Manuel Colubi Falcó

 

Pilato por Duccio maesta (detalle)

Pilato se lava las manos

(detalle)

Duccio di Buoninsegna

(1255-1318/1319)

 

Traduzco el texto griego de las Actas de Pilato, de la B.A.C.:

   2. »Los judíos dicen a Pilato: «Elevamos a Tu Grandeza esta solicitud de suerte que comparezca él en tu tribuna y sea oído.» Y Pilato […] les dice: «¿Decidme cómo puedo yo, que soy gobernador, examinar a un basileo [rey]?» Responden: «Nosotros no decimos que él es basileo, sino que él se dice así.» Pilato, llamado el mensajero, dice: «Sea traído a mí Jesús con equidad.» Salió éste y, habiéndolo reconocido, inclinóse ante él y tomado el manto suyo en la mano lo desplegó en tierra y dice: «Señor, pasa por aquí y entra, te llama el gobernador.» Los judíos […] gritaron contra Pilato: «¿Por qué no le mandaste entrar por voz de pregonero, sino por mensajero? Pues el mensajero, habiéndolo visto, se inclinó, desplegó en tierra su manto y ha hecho que pase por él como un basileo.» 3. »Pilato, llamado el mensajero, dice: «¿Por qué hiciste eso, y extendiste tu manto sobre la tierra y has hecho que Jesús pase sobre él?» El mensajero responde: «Señor gobernador, cuando me enviaste a Jerusalén a casa de Alejandro, lo vi sentado sobre un burro, y los hijos de los hebreos llevaban en sus manos ramos […], otros extendían sus vestidos en el suelo diciendo: “Sálvanos tú, que estás en lo más alto, bendito el que viene en nombre del Señor.” 4. »Los judíos […] dicen al mensajero: «Los hijos de los hebreos clamaban en hebreo, ¿de dónde, pues, te llegó el griego?» Aquél responde: «Pregunté a uno de los judíos y dije: “¿Qué gritan en hebreo?” y él fue mi intérprete.» Pilato dice: «¿Cómo gritaban en hebreo?» Los judíos responden: «Hosanna membromê. Barujammâ. Adonaí». Y Pilato: «Y hosanna y el resto ¿qué significa?» Los judíos responden: «Sálvanos tú, que estás en lo más alto, bendito el que viene en nombre del Señor.» Pilato dice: «Si vosotros dais fe de las voces dichas por los jóvenes, ¿en qué erró el mensajero?» Ellos callaron. El gobernador dice al mensajero: «Introdúcelo como quieras.» […] Aquél se condujo como antes y dice a Jesús: «Señor, entra, el gobernador te llama.»

 

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LA SUERTE DE PILATO. Por José Manuel Colubi Falcó

RELACIÓN DE PILATO SOBRE JESÚS REMITIDA A AUGUSTO. Por José Manuel Colubi Falcó

«ECCE HOMO» (POEMA SACRO) [3]. Por Lauro Gandul Verdún

PRODIGIOS DE LA CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

INJURIAS A JESÚS. Por José Manuel Colubi Falcó

 

LA SANIDAD PÚBLICA: ÚLTIMO CUARTETO. Por Pablo Romero Gabella

 

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La visita al hospital

Luis Jiménez Aranda

1845-1928

 

En el comienzo eran dos: el médico y el paciente. Más adelante por aquello, que algunos seguimos llamando progreso, fueron uniéndose otros integrantes: primero el Estado y más adelante el complejo empresarial-farmacéutico. De dúo a cuarteto. La música comenzaba a sonar bien: sanidad pública «desde la cuna hasta la tumba», en palabras de uno de los creadores del Sistema Nacional de Salud Británico en 1945 (Ken Loach le ha dedicado un interesante documental —al que le sobra la soflama final del «empoderamiento»— titulado El espíritu del 45).

   En la España de la farsa democrática del turnismo de principios del siglo XX, se creó el Instituto Nacional de Previsión (INP). No era más que un remedo del ensayo del Estado del Bienestar que idearía Bismarck en la Alemania del II Reich. Eso sí, un sistema del bienestar con casco prusiano.

   En este sentido (y seguimos con señores que usan gorra de plato) en la España del Franquismo se fue urdiendo un cuasi sistema de seguridad social y de sanidad pública de carácter mutualista, que tuvo su mayor expansión en los años del desarrollismo final (y del landismo)  de los años 70. El médico del seguro sería su paradigma.

   La democracia que inauguró Suárez trajo el comienzo de un verdadero Sistema Nacional de Sanidad (SNS) y de los órganos e instituciones sociales públicas que regulaban unos ámbitos antes ignotos a la acción pública en nuestra nación: la asistencia y seguridad sociales. Nacía el Instituto Nacional de Salud (INSALUD).

   El desarrollo del Estado autonómico en las dos décadas finales del siglo XX conllevaría la descentralización de la aún púber sanidad pública española. De este modo fueron naciendo los 17 sistemas de sanidad públicos, los cuales hoy, por desgracia, padecemos (por cierto, buen nombre para un nuevo partido, sindicato o asociación). En esto estábamos cuando llegó la Gran Crisis de 2008. El Estado del Bienestar, que en otros países llevaba funcionando 50 años y en España apenas tres décadas, fue cuestionado muy seriamente por dudarse de su sostenibilidad financiera. Ya ni en la cuna y ni en la tumba. Los españoles nos vimos metidos en el vórtice autonómico y en el de las privatizaciones cada vez que pedíamos un número para nuestro médico, el del seguro. Del cuarteto hemos pasado, de nuevo, al dúo (en forma de copago, forma fina de decir a escote) o de un trío, según se mire el color autonómico que se padezca. Y contra ese mal no hay medicina que valga.

 

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«DE MEDICIS ET PROFESSORIBUS». Por José Manuel Colubi Falcó

¿GALENO, O PODENCO?. Suave diatriba de un (im)paciente dolido. Por Rafael Rodríguez González (2009)

 

EL «TIC» DE MARIANO. Por Pablo Romero Gabella

 

Emilio Castelar y Ripoll

1832-1899

Joaquín Sorolla y Bastida

1863-1923

 

Es cosa común referirse a Emilio Castelar como el mejor orador que pisó la Carrera de San Jerónimo. Tal fue así en su famoso discurso del 2 de enero de 1874 ante las Cortes de la I República. En dicho momento ponía a disposición del legislativo su cargo de Presidente de la República, que durante varios meses había sido investido, por las mismas Cortes, de poderes dictatoriales debido a la situación de caos en la cual vivía España. Como si fuera un Cincinato decimonónico dijo a sus señorías:  «Lo necesario, lo urgente es crear lo estable…, llamar a la eficacia a todos los partidos liberales a su seno, desposeerse del egoísmo que acompaña al poder para tornar la expansión infinita que ha menester la democracia, atraer a todas las clases, demostrando a unas que en ella el progreso es seguro, aunque pacífico, y a otras que en ella la necesidad de la conservación se impone con la más incontrastable de las fuerzas, con las fuerzas de toda la sociedad». Cuán diferentes son estas palabras a las de otro gran orador parlamentario, según palabras de Francisco Umbral, que disfrutando de la mayor mayoría absoluta de las posibles le dice al líder de la oposición: «No vuelva usted aquí a hacer y decir nada. Ha sido patético». El presidente Mariano Rajoy no ha podido evitar que el tic le haya salido, ese tic autoritario y que mira desde las alturas a los contrarios, que de adversarios pasan a ser enemigos, a los cuales se les niega el pan y la sal. Mariano se ha podemizado, ha adquirido ese tono eclesial (de Iglesias, me refiero) que nos recuerda a todo lo peor que se ha parido en la Carrera de San Jerónimo y cercanías.

 
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DE IMPUESTOS Y REYES: ALCALÁ DE GUADAÍRA Y EL EMPRÉSTITO FORZOSO DE 1865. Por Pablo Romero Gabella 2012

 

LOS TRABAJOS DE HÉRCULES: LAS AVES ESTINFÁLIDAS Y EL TORO DE CRETA. Por José Manuel Colubi Falcó

 

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  Los doce trabajos de Hércules

Relieve romano del Siglo III d.C.

 

Aun siendo célebres los doce trabajos expiatorios que Eristeo impuso a Heracles, no son precisamente conocidos o famosos estos que a continuación referiremos, aunque el segundo nos recuerda al toro del rapto de Europa. Y lo haremos siguiendo, como siempre, el texto de Apolodoro, Biblioteca II, v, 6, de la colección inglesa Loeb Classical Library.

 

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Heracles y las aves estinfálidas

Sello griego

(Circa 1970)

 

Las aves estinfálidas

«Como sexto trabajo —cuenta el autor— le impuso expulsar a las aves estinfálidas. Había en la ciudad de Estínfalo de Arcadia una laguna que era llamada Estinfálide, rodeada de espeso bosque. En ésta se habían refugiado unas aves en número extraordinario, temerosas de ser botín de lobos. Pues bien, como no supiera Heracles expulsarlas del bosque, Atenea le da unos crótalos de bronce que había recibido de Hefesto. Y él, haciéndolos chocar en la cumbre de un monte que estaba situado a la vera de la laguna, infundía miedo a las aves, que, no pudiendo soportar el estrépito, levantaron el vuelo presas del temor, y de este modo Heracles con su arco las cazó». Eran, ciertamente, unas aves antropófagas, dotadas de alas, pico y cabeza de hierro y garras retorcidas. De ahí el mérito de Heracles.

 

Hércules lucha contra el toro de Creta Francisco de Zurbarán  1634

Hércules lucha contra el toro de Creta

Francisco de Zurbarán

1598-1664

 

El toro de Creta

«Como séptimo trabajo le impuso traer al toro de Creta. Acusilao dice que éste era el que había transportado a Europa para Zeus, pero algunos afirman que era el donado por Posidón desde el mar cuando Minos dijo que sacrificaría en honor de Posidón lo que apareciera desde el mar. También cuentan que aquél, cuando hubo contemplado la hermosura del toro, lo remitió a sus rebaños y sacrificó otro a Posidón, hechos por los cuales el dios, presa de la ira, hizo salvaje al toro. Habiéndose presentado Heracles en Creta en busca de ese toro, cuando Minos le dijo, al pedirle él que colaborase en su captura, que lo apresara mediante lucha, lo capturó y, presentado y mostrado a Euristeo, lo dejó en libertad».

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LOS TRABAJOS DE HÉRCULES: LA HIDRA DE LERNA. Por José Manuel Colubi Falcó

LA LEYENDA DEL LABERINTO DE CRETA: EL MINOTAURO. Por José Manuel Colubi Falcó

LA LEYENDA DEL LABERINTO DE CRETA: DÉDALO E ÍCARO. Por José Manuel Colubi Falcó

 

«TODOS LOS DEMÁS TAMBIEN»: EL CHAV-ISMO O LA POLITICA CHANDALERA. Por Pablo Romero Gabella

 

pompasdejabón M. Verpi (Granada 2013)

Como pompas de jabón

[Foto: Manuel Verpi . Granada 2013]

 

Yo te prometí hacer deporte 

pero era una mentira 

para robarte un tal vez

Andrés Calamaro

[Fragmento de «Todos los demás también»

del disco Honestidad brutal, 1999]

 

El joven historiador británico Owen Jones en su libro Chavs. La demonización de la clase obrera (2011, publicada en España por la Editorial Capitán Swing, Madrid, 2012), ponía en la centralidad de su análisis social a los «chavs». Un término que podríamos asimilar a nuestros «canis» sureños y que algunos engloban dentro del mundo «nini». Jóvenes de extrarradio (aunque también es significativa su rama rural) fácilmente reconocibles por su pelo corto, pendientes de brillantes, sus «oros», tatuajes y sobre todo, por su ropa deportiva, especialmente por sus «chándales» ( a ser posible blancos como los trajes de novias antiguas). Fueron la tropa de choque de las revueltas en los extrarradios parisinos y londinenses de hace unos años. Una especie de «lumpenproletariat» postmoderno, si nos ponemos un poco marxistas. Esta estética «chav» asociada a la sempiterna gorra deportiva de raigambre yankee ha alcanzado su institucionalización en la Venezuela chavista.

   En las elecciones de 2013 los candidatos a la presidencia (el chavista y luego vencedor: Maduro y el opositor Capriles) compitieron con ferocidad  por llevar el chándal donde se viera desde cien kilómetros, al menos, la bandera venezolana. Se trataba de demostrar «quién es más venezolano», o más bien, para demostrar quién era el más cercano al «pueblo», al sacrosanto pueblo. Por ello inundaron las pantallas con la exuberancia caribeña de sus atuendos en una guerra cromática que parecía anunciar el fin y, a la vez, la continuación de la lucha de clases. Porque de lo que se trataba con esta «política chandalera» era desterrar la idea de que la confrontación política era entre ricos y pobres, entre «bienvestidos» y «chandaleros». Parece que la herencia del «socialismo del siglo XXI» de Hugo Chaves, Cristo Redentor de los pobres y líder de la revolución bolivariana,  va a ser la instauración del chándal como prenda nacional. Realmente es sorprendente que no fuera exhibido en su lecho funerario con su chándal y su boina roja. Sin embargo, en España, a sus admiradores de PODEMOS no los hemos visto mucho por la labor de vestir chándal: ni Iglesias, ni Monedero y ni siquiera el púber Errejón ha aparecido con tal guisa.

   Podemos pensar que esta lucha simbólica es una versión tropicalizada del pensamiento orteguiano expuesto en «El origen deportivo del Estado». Un texto publicado en 1966 que decía: «la actividad deportiva como la primaria y creadora, como la más elevada, seria e importante en la vida, y la actividad laboriosa como derivada de aquélla, como su mera decantación y precipitado. Es más, vida propiamente hablando es sólo la de cariz deportivo, lo otro es relativamente mecanización y mero funcionamiento.» No obstante, dudo que tanto Maduro como Capriles partieran de las ideas de nuestro filósofo, más bien se inspiran en la tradición contracultural que nació a finales de los 60 en los campus norteamericanos y que se extendió por Europa Occidental a partir de mayo del 68. La contracultura (fase superior del infantilismo consumista del izquierdismo, si nos ponemos leninistas) enemiga del uniforme como símbolo de opresión capitalista y reaccionaria acabaría sucumbiendo al influjo de la uniformización de la moda cool que comenzó en el uniforme maoísta (hoy representada en la moda retro comunista-monárquica norcoreana), pasando por las guayaberas cubanas, las camisetas del Che Guevara (que todo buen «progre» debe tener como fondo de armario para las «manifas») y terminando en el chandalarerismo de la fase terminal de castrismo que recogió Hugo Chaves en sus periódicas peregrinaciones a La Habana. Los filósofos canadienses Joseph Heath y Andrew Potter en su obra Rebelarse vende. El negocio de la contracultura (2004, publicada en España por Taurus en 2005) ponían de manifiesto las contradicciones de la «pseudorebeldía contracultural» al decir que «paradójicamente, el uniforme es tan democrático como elitista, ya que simultáneamente revela y oculta un determinados estatus. Al resto del mundo le comunica el estatus de una persona dentro de un determinado grupo, pero dentro de dicho grupo suprime todas las indicaciones externas de estatus o posesión».

   Y ya que estamos en la previa a las elecciones andaluzas, esto me recuerda al cambio de indumentaria del líder sureño del PP, Javier Arenas, en las últimas campañas electorales andaluzas, cuando desterró la estética pija de la camisa de manga larga (a lo sumo remangada en sus puños cuando se superara los 40º) por la camisa de manga corta (o «pesquera», como decía mi abuelo). Arenas intentaba de alguna manera hacer lo mismo que Capriles: ganar la batalla simbólica, en ese caso con la camisa de manga corta (que dicho sea de paso es mucho más cómoda para los calores andaluces) patrimonio del sindicalista, del obrero o del maestro progre. Sobra decir que no le surtió los resultados esperados. ¿Hará lo mismo su sucesor Juanma Moreno (Bonilla)?

 

TRISAGIO. Por José Manuel Colubi Falcó

 

Teófanes el Confesor

758-818

 

Todo tiene su historia justificativa o acreditativa. Sirva de ejemplo trisagio —de tris (tres veces) y hágios (santo)— que nos refiere Teófanes (Cronografía (A. M. 5930):

   «En este tiempo de Proclo […], hubo en Constantinopla grandes seísmos durante cuatro meses, de tal suerte que los bizantinos, aterrados, huyeron de la ciudad al llamado Campo, y pasaban allí los días elevando letanías con su obispo en sus súplicas a Dios. Pues bien, en una ocasión, cuando la tierra se movía como las olas y el pueblo todo clamaba “Señor, ten piedad” fervorosamente, de pronto, a la vista de todos, sucedió que un joven fue elevado a los aires por una fuerza divina y oyó una voz divina que le exhortaba a anunciar al obispo y al pueblo que suplicaran de este modo y dijeran: “Santo Dios, santo fuerte, santo inmortal, apiádate de nosotros.” Y Proclo […], habiendo recibido esta sentencia, encomendó al pueblo cantar así, e inmediatamente paró el seísmo. La beata Pulqueria y su hermano [i.e. Teodosio II], muy admirados por la maravilla, decretaron que en toda la ecúmene se cantara este himno divino, y desde entonces todas las iglesias recibieron orden de cantarlo a Dios a diario.»

   Y también el Menologio: «El día 25 de septiembre, durante el reinado de Teodosio el Joven, se produjo un seísmo terrible, y […] hallándose todo el pueblo, con el basileo Teodosio y el patriarca Proclo […] fuera de la ciudad elevando súplicas a Dios en el Campo […] de repente un chiquillo era […] elevado hacia los aires mientras todos, sumidos en el estupor y el miedo, cantaban durante muchas horas el “Señor, ten piedad.” Mas de nuevo el chico fue bajado como sentado en una nube y con voz potente les exhortó diciendo que los coros de los arcángeles […] elevan a Dios el himno trisagio “Santo Dios, santo fuerte, santo inmortal, apiádate de nosotros.” […] Y al punto entregó su alma a Dios y la agitación del seísmo cesó.»

 

YA ESTÁN EN LA HISTORIA. Por Joaquín de Grado

Que viene el coco (Los Caprichos) Goya

De Los Caprichos

Goya

1746-1828

 

Serán generaciones enteras de españoles (y de por ahí afuera también) las que tendrán que estar agradecidas al fenómeno PODEMOS. ¿Es que hay algo que concite fobias y filias como ese partido? ¿Es que se hacen y se harán análisis y pseudoanálisis más pretendidamente concienzudos que sobre PODEMOS? ¿Es que se podrán lanzar más miles de calumnias e infundios que sobre los dirigentes de PODEMOS? ¿Se podrán crear más esperanzas sobre esto, aquello y lo otro que sobre el programa en elaboración de PODEMOS? PODEMOS llegará a ser objeto de estudio en las universidades, claro que sí, en la asignatura de historia política, y a no tardar mucho.

   Pero ya lo dijo alguien en estas mismas páginas: el ascenso de PODEMOS que muchos presentan como meteórico puede encontrarse con el freno probablemente en seco del voto de muchísima gente que no quiere «aventuras», que no se fía, que piensa, o no piensa, que son lo mismo y harán lo mismo, que es imposible que logren lo que dicen quieren lograr. Cuando, en realidad, todo lo que dicen que hay que hacer es tender hacia eso: hacia la jubilación voluntaria a los sesenta y hacia la jubilación forzosa de los poderes que tienen España en la ruina; o sea, a los españoles, desde Reus hasta Ayamonte, desde Almería a Vigo, desde Melilla a Irún, desde Alicante a Almendralejo.

   Los atacan desde todos lados. Entre otros, esos indecentes de nacimiento político que se llaman Felipe González y Alfonso Guerra, que los llaman de todo, incluso tontos (también a sus votantes, pasados y posibles). Desde luego, los de PODEMOS podrán decir aquello de «ladran, luego cabalgamos». Sí, pero que muerden no tengamos ninguna clase de dudas.

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COLOQUIOS (187). Gabi Mendoza Ugalde

PRA NÃO DIZER QUE NÃO FALEI DAS FLORES (CAMINHANDO). Geraldo Vandré (1968)

COLOQUIOS (185). Gabi Mendoza Ugalde

«OBSERVAD AL CIERVO: SABE». Anónimo del s. XXI encontrado en las escalinatas de las Setas de La Encarnación (Compilaciones de Rafael Rodríguez González —Sevilla 2012—)

COLOQUIOS (177): «MALA CALIDAD [DE INTERIOR]». Gabi Mendoza Ugalde

COLOQUIOS (171): «¡HE DICHO QUE SOY COMPAÑERO, COÑO!». Gabi Mendoza Ugalde

CUANDO ACIERTO LO ADMITO. Por Rafael Rodríguez González

COLOQUIOS (144). Gabi Mendoza Ugalde

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Si quiere leer más del escritor  Joaquín de Grado en «CARMINA» pinche en su nombre

 

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO AL PARLAMENTO EUROPEO. Estrasburgo, Francia (martes 25 de noviembre de 2014)

 

francisco-en-estrasburgo

 

Señor Presidente, Señoras y Señores Vicepresidentes,

Señoras y Señores Eurodiputados,
Trabajadores en los distintos ámbitos de este hemiciclo,
Queridos amigos

Les agradezco que me hayan invitado a tomar la palabra ante esta institución fundamental de la vida de la Unión Europea, y por la oportunidad que me ofrecen de dirigirme, a través de ustedes, a los más de quinientos millones de ciudadanos de los 28 Estados miembros a quienes representan. Agradezco particularmente a usted, Señor Presidente del Parlamento, las cordiales palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre de todos los miembros de la Asamblea.

   Mi visita tiene lugar más de un cuarto de siglo después de la del Papa Juan Pablo II. Muchas cosas han cambiado desde entonces, en Europa y en todo el mundo. No existen los bloques contrapuestos que antes dividían el Continente en dos, y se está cumpliendo lentamente el deseo de que «Europa, dándose soberanamente instituciones libres, pueda un día ampliarse a las dimensiones que le han dado la geografía y aún más la historia».[1]

   Junto a una Unión Europea más amplia, existe un mundo más complejo y en rápido movimiento. Un mundo cada vez más interconectado y global, y, por eso, siempre menos «eurocéntrico». Sin embargo, una Unión más amplia, más influyente, parece ir acompañada de la imagen de una Europa un poco envejecida y reducida, que tiende a sentirse menos protagonista en un contexto que la contempla a menudo con distancia, desconfianza y, tal vez, con sospecha.

   Al dirigirme hoy a ustedes desde mi vocación de Pastor, deseo enviar a todos los ciudadanos europeos un mensaje de esperanza y de aliento.

   Un mensaje de esperanza basado en la confianza de que las dificultades puedan convertirse en fuertes promotoras de unidad, para vencer todos los miedos que Europa – junto a todo el mundo – está atravesando. Esperanza en el Señor, que transforma el mal en bien y la muerte en vida.

   Un mensaje de aliento para volver a la firme convicción de los Padres fundadores de la Unión Europea, los cuales deseaban un futuro basado en la capacidad de trabajar juntos para superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión entre todos los pueblos del Continente. En el centro de este ambicioso proyecto político se encontraba la confianza en el hombre, no tanto como ciudadano o sujeto económico, sino en el hombre como persona dotada de una dignidad trascendente.

   Quisiera subrayar, ante todo, el estrecho vínculo que existe entre estas dos palabras: «dignidad» y «trascendente».

   La «dignidad» es una palabra clave que ha caracterizado el proceso de recuperación en la segunda postguerra. Nuestra historia reciente se distingue por la indudable centralidad de la promoción de la dignidad humana contra las múltiples violencias y discriminaciones, que no han faltado, tampoco en Europa, a lo largo de los siglos. La percepción de la importancia de los derechos humanos nace precisamente como resultado de un largo camino, hecho también de muchos sufrimientos y sacrificios, que ha contribuido a formar la conciencia del valor de cada persona humana, única e irrepetible. Esta conciencia cultural encuentra su fundamento no sólo en los eventos históricos, sino, sobre todo, en el pensamiento europeo, caracterizado por un rico encuentro, cuyas múltiples y lejanas fuentes provienen de Grecia y Roma, de los ambientes celtas, germánicos y eslavos, y del cristianismo que los marcó profundamente,[2] dando lugar al concepto de «persona».

   Hoy, la promoción de los derechos humanos desempeña un papel central en el compromiso de la Unión Europea, con el fin de favorecer la dignidad de la persona, tanto en su seno como en las relaciones con los otros países. Se trata de un compromiso importante y admirable, pues persisten demasiadas situaciones en las que los seres humanos son tratados como objetos, de los cuales se puede programar la concepción, la configuración y la utilidad, y que después pueden ser desechados cuando ya no sirven, por ser débiles, enfermos o ancianos.

   Efectivamente, ¿qué dignidad existe cuando falta la posibilidad de expresar libremente el propio pensamiento o de profesar sin constricción la propia fe religiosa? ¿Qué dignidad es posible sin un marco jurídico claro, que limite el dominio de la fuerza y haga prevalecer la ley sobre la tiranía del poder? ¿Qué dignidad puede tener un hombre o una mujer cuando es objeto de todo tipo de discriminación? ¿Qué dignidad podrá encontrar una persona que no tiene qué comer o el mínimo necesario para vivir o, todavía peor, que no tiene el trabajo que le otorga dignidad?

   Promover la dignidad de la persona significa reconocer que posee derechos inalienables, de los cuales no puede ser privada arbitrariamente por nadie y, menos aún, en beneficio de intereses económicos.

   Es necesario prestar atención para no caer en algunos errores que pueden nacer de una mala comprensión de los derechos humanos y de un paradójico mal uso de los mismos. Existe hoy, en efecto, la tendencia hacia una reivindicación siempre más amplia de los derechos individuales – estoy tentado de decir individualistas –, que esconde una concepción de persona humana desligada de todo contexto social y antropológico, casi como una «mónada» (μονάς), cada vez más insensible a las otras «mónadas» de su alrededor. Parece que el concepto de derecho ya no se asocia al de deber, igualmente esencial y complementario, de modo que se afirman los derechos del individuo sin tener en cuenta que cada ser humano está unido a un contexto social, en el cual sus derechos y deberes están conectados a los de los demás y al bien común de la sociedad misma.

   Considero por esto que es vital profundizar hoy en una cultura de los derechos humanos que pueda unir sabiamente la dimensión individual, o mejor, personal, con la del bien común, con ese «todos nosotros» formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social.[3] En efecto, si el derecho de cada uno no está armónicamente ordenado al bien más grande, termina por concebirse sin limitaciones y, consecuentemente, se transforma en fuente de conflictos y de violencias.

   Así, hablar de la dignidad trascendente del hombre, significa apelarse a su naturaleza, a su innata capacidad de distinguir el bien del mal, a esa «brújula» inscrita en nuestros corazones y que Dios ha impreso en el universo creado;[4] significa sobre todo mirar al hombre no como un absoluto, sino como un ser relacional. Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor.

   Esta soledad se ha agudizado por la crisis económica, cuyos efectos perduran todavía con consecuencias dramáticas desde el punto de vista social. Se puede constatar que, en el curso de los últimos años, junto al proceso de ampliación de la Unión Europea, ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas. Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio, de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones.

   A eso se asocian algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres. Se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica.[5] El ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que – lamentablemente lo percibimos a menudo –, cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como en el caso de los enfermos, los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados antes de nacer.

   Este es el gran equívoco que se produce «cuando prevalece la absolutización de la técnica»,[6] que termina por causar «una confusión entre los fines y los medios».[7] Es el resultado inevitable de la «cultura del descarte» y del «consumismo exasperado». Al contrario, afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana, que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o de comercio. Ustedes, en su vocación de parlamentarios, están llamados también a una gran misión, aunque pueda parecer inútil: Preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la «cultura del descarte». Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad.[8]

   Por lo tanto, ¿cómo devolver la esperanza al futuro, de manera que, partiendo de las jóvenes generaciones, se encuentre la confianza para perseguir el gran ideal de una Europa unida y en paz, creativa y emprendedora, respetuosa de los derechos y consciente de los propios deberes?

   Para responder a esta pregunta, permítanme recurrir a una imagen. Uno de los más célebres frescos de Rafael que se encuentra en el Vaticano representa la Escuela de Atenas. En el centro están Platón y Aristóteles. El primero con el dedo apunta hacia lo alto, hacia el mundo de las ideas, podríamos decir hacia el cielo; el segundo tiende la mano hacia delante, hacia el observador, hacia la tierra, la realidad concreta. Me parece una imagen que describe bien a Europa en su historia, hecha de un permanente encuentro entre el cielo y la tierra, donde el cielo indica la apertura a lo trascendente, a Dios, que ha caracterizado desde siempre al hombre europeo, y la tierra representa su capacidad práctica y concreta de afrontar las situaciones y los problemas.

   El futuro de Europa depende del redescubrimiento del nexo vital e inseparable entre estos dos elementos. Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión trascendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de perder lentamente la propia alma y también aquel «espíritu humanista» que, sin embargo, ama y defiende.

   Precisamente a partir  de la necesidad de una apertura a la trascendencia, deseo afirmar la centralidad de la persona humana, que de otro modo estaría en manos de las modas y poderes del momento. En este sentido, considero fundamental no sólo el patrimonio que el cristianismo ha dejado en el pasado para la formación cultural del continente, sino, sobre todo, la contribución que pretende dar hoy y en el futuro para su crecimiento. Dicha contribución no constituye un peligro para la laicidad de los Estados y para la independencia de las instituciones de la Unión, sino que es un enriquecimiento. Nos lo indican los ideales que la han formado desde el principio, como son: la paz, la subsidiariedad, la solidaridad recíproca y un humanismo centrado sobre el respeto de la dignidad de la persona.

   Por ello, quisiera renovar la disponibilidad de la Santa Sede y de la Iglesia Católica, a través de la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas (COMECE), para mantener un diálogo provechoso, abierto y trasparente con las instituciones de la Unión Europea. Estoy igualmente convencido de que una Europa capaz de apreciar las propias raíces religiosas, sabiendo aprovechar su riqueza y potencialidad, puede ser también más fácilmente inmune a tantos extremismos que se expanden en el mundo actual, también por el gran vacío en el ámbito de los ideales, como lo vemos en el así llamado Occidente, porque «es precisamente este olvido de Dios, en lugar de su glorificación, lo que engendra la violencia».[9]

   A este respecto, no podemos olvidar aquí las numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, y particularmente cristianas, en diversas partes del mundo. Comunidades y personas que son objeto de crueles violencias: expulsadas de sus propias casas y patrias; vendidas como esclavas; asesinadas, decapitadas, crucificadas y quemadas vivas, bajo el vergonzoso y cómplice silencio de tantos.

   El lema de la Unión Europea es Unidad en la diversidad, pero la unidad no significa uniformidad política, económica, cultural, o de pensamiento. En realidad, toda auténtica unidad vive de la riqueza de la diversidad que la compone: como una familia, que está tanto más unida cuanto cada uno de sus miembros puede ser más plenamente sí mismo sin temor. En este sentido, considero que Europa es una familia de pueblos, que podrán sentir cercanas las instituciones de la Unión si estas saben conjugar sabiamente el anhelado ideal de la unidad, con la diversidad propia de cada uno, valorando todas las tradiciones; tomando conciencia de su historia y de sus raíces; liberándose de tantas manipulaciones y fobias. Poner en el centro la persona humana significa sobre todo dejar que muestre libremente el propio rostro y la propia creatividad, sea en el ámbito particular que como pueblo.

   Por otra parte, las peculiaridades de cada uno constituyen una auténtica riqueza en la medida en que se ponen al servicio de todos. Es preciso recordar siempre la arquitectura propia de la Unión Europea, construida sobre los principios de solidaridad y subsidiariedad, de modo que prevalezca la ayuda mutua y se pueda caminar, animados por la confianza recíproca.

   En esta dinámica de unidad-particularidad, se les plantea también, Señores y Señoras Eurodiputados, la exigencia de hacerse cargo de mantener viva la democracia, la democracia de los pueblos de Europa. No se nos oculta que una concepción uniformadora de la globalidad daña la vitalidad del sistema democrático, debilitando el contraste rico, fecundo y constructivo, de las organizaciones y de los partidos políticos entre sí. De esta manera se corre el riesgo de vivir en el reino de la idea, de la mera palabra, de la imagen, del sofisma… y se termina por confundir la realidad de la democracia con un nuevo nominalismo político. Mantener viva la democracia en Europa exige evitar tantas «maneras globalizantes» de diluir la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría.[10]

   Mantener viva la realidad de las democracias es un reto de este momento históri co, evitando que su fuerza real – fuerza política expresiva de los pueblos – sea desplazada ante las presiones de intereses multinacionales no universales, que las hacen más débiles y las trasforman en sistemas uniformadores de poder financiero al servicio de imperios desconocidos. Este es un reto que hoy la historia nos ofrece.

   Dar esperanza a Europa no significa sólo reconocer la centralidad de la persona humana, sino que implica también favorecer sus cualidades. Se trata por eso de invertir en ella y en todos los ámbitos en los que sus talentos se forman y dan fruto. El primer ámbito es seguramente el de la educación, a partir de la familia, célula fundamental y elemento precioso de toda sociedad. La familia unida, fértil e indisoluble trae consigo los elementos fundamentales para dar esperanza al futuro. Sin esta solidez se acaba construyendo sobre arena, con graves consecuencias sociales. Por otra parte, subrayar la importancia de la familia, no sólo ayuda a dar prospectivas y esperanza a las nuevas generaciones, sino también a los numerosos ancianos, muchas veces obligados a vivir en condiciones de soledad y de abandono porque no existe el calor de un hogar familiar capaz de acompañarles y sostenerles.

   Junto a la familia están las instituciones educativas: las escuelas y universidades. La educación no puede limitarse a ofrecer un conjunto de conocimientos técnicos, sino que debe favorecer un proceso más complejo de crecimiento de la persona humana en su totalidad. Los jóvenes de hoy piden poder tener una formación adecuada y completa para mirar al futuro con esperanza, y no con desilusión. Numerosas son las potencialidades creativas de Europa en varios campos de la investigación científica, algunos de los cuales no están explorados todavía completamente. Baste pensar, por ejemplo, en las fuentes alternativas de energía, cuyo desarrollo contribuiría mucho a la defensa del ambiente.

   Europa ha estado siempre en primera línea de un loable compromiso en favor de la ecología. En efecto, esta tierra nuestra necesita de continuos cuidados y atenciones, y cada uno tiene una responsabilidad personal en la custodia de la creación, don precioso que Dios ha puesto en las manos de los hombres. Esto significa, por una parte, que la naturaleza está a nuestra disposición, podemos disfrutarla y hacer buen uso de ella; por otra parte, significa que no somos los dueños. Custodios, pero no dueños. Por eso la debemos amar y respetar. «Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la “custodiamos”, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar».[11] Respetar el ambiente no significa sólo limitarse a evitar estropearlo, sino también utilizarlo para el bien. Pienso sobre todo en el sector agrícola, llamado a dar sustento y alimento al hombre. No se puede tolerar que millones de personas en el mundo mueran de hambre, mientras toneladas de restos de alimentos se desechan cada día de nuestras mesas. Además, el respeto por la naturaleza nos recuerda que el hombre mismo es parte fundamental de ella. Junto a una ecología ambiental, se necesita una ecología humana, hecha del respeto de la persona, que hoy he querido recordar dirigiéndome a ustedes.

   El segundo ámbito en el que florecen los talentos de la persona humana es el trabajo. Es hora de favorecer las políticas de empleo, pero es necesario sobre todo volver a dar dignidad al trabajo, garantizando también las condiciones adecuadas para su desarrollo. Esto implica, por un lado, buscar nuevos modos para conjugar la flexibilidad del mercado con la necesaria estabilidad y seguridad de las perspectivas laborales, indispensables para el desarrollo humano de los trabajadores; por otro lado, significa favorecer un adecuado contexto social, que no apunte a la explotación de las personas, sino a garantizar, a través del trabajo, la posibilidad de construir una familia y de educar los hijos.

   Es igualmente necesario afrontar juntos la cuestión migratoria. No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda. La ausencia de un apoyo recíproco dentro de la Unión Europea corre el riesgo de incentivar soluciones particularistas del problema, que no tienen en cuenta la dignidad humana de los inmigrantes, favoreciendo el trabajo esclavo y continuas tensiones sociales. Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración si es capaz de proponer con claridad su propia identidad cultural y poner en práctica legislaciones adecuadas que sean capaces de tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes; si es capaz de adoptar políticas correctas, valientes y concretas que ayuden a los países de origen en su desarrollo sociopolítico y a la superación de sus conflictos internos – causa principal de este fenómeno –, en lugar de políticas de interés, que aumentan y alimentan estos conflictos. Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos.

Señor Presidente, Excelencias, Señoras y Señores Diputados:

Ser conscientes de la propia identidad es necesario también para dialogar en modo propositivo con los Estados que han solicitado entrar a formar parte de la Unión en el futuro. Pienso sobre todo en los del área balcánica, para los que el ingreso en la Unión Europea puede responder al ideal de paz en una región que ha sufrido mucho por los conflictos del pasado. Por último, la conciencia de la propia identidad es indispensable en las relaciones con los otros países vecinos, particularmente con aquellos de la cuenca mediterránea, muchos de los cuales sufren a causa de conflictos internos y por la presión del fundamentalismo religioso y del terrorismo internacional.

   A ustedes, legisladores, les corresponde la tarea de custodiar y hacer crecer la identidad europea, de modo que los ciudadanos encuentren de nuevo la confianza en las instituciones de la Unión y en el proyecto de paz y de amistad en el que se fundamentan. Sabiendo que «cuanto más se acrecienta el poder del hombre, más amplia es su responsabilidad individual y colectiva».[12] Les exhorto, pues, a trabajar para que Europa redescubra su alma buena.

   Un autor anónimo del s. II escribió que «los cristianos representan en el mundo lo que el alma al cuerpo».[13] La función del alma es la de sostener el cuerpo, ser su conciencia y la memoria histórica. Y dos mil años de historia unen a Europa y al cristianismo. Una historia en la que no han faltado conflictos y errores, también pecados, pero siempre animada por el deseo de construir para el bien. Lo vemos en la belleza de nuestras ciudades, y más aún, en la de múltiples obras de caridad y de edificación humana común que constelan el Continente. Esta historia, en gran parte, debe ser todavía escrita. Es nuestro presente y también nuestro futuro. Es nuestra identidad. Europa tiene una gran necesidad de redescubrir su rostro para crecer, según el espíritu de sus Padres fundadores, en la paz y en la concordia, porque ella misma no está todavía libre de conflictos.

   Queridos Eurodiputados, ha llegado la hora de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana, de los valores inalienables; la Europa que abrace con valentía su pasado, y mire con confianza su futuro para vivir plenamente y con esperanza su presente. Ha llegado el momento de abandonar la idea de una Europa atemorizada y replegada sobre sí misma, para suscitar y promover una Europa protagonista, transmisora de ciencia, arte, música, valores humanos y también de fe. La Europa que contempla el cielo y persigue ideales; la Europa que mira y defiende y tutela al hombre; la Europa que camina sobre la tierra segura y firme, precioso punto de referencia para toda la humanidad.

   Gracias.

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[1] Juan pablo II, Discurso al Parlamento Europeo, 11 octubre 1988, 5.

[2] Cf. Juan pablo II, Discurso a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, 8 octubre 19883.

[3] Cf. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 7; Con. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 26.

[4] Cf. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 37, 37.

[5] Cf. Evangelii gaudium, 55.

[6] Benedicto XVI, Caritas in veritate, 71.

[7] Ibíd.

[8] Cf. Evangelii gaudium, 209.

[9] Benedico XVI, Discurso a los Miembros del Cuerpo diplomático, 7 enero 2013.

[10] Cf. Evangelii gaudium, 231.

[11] Audiencia General, 5 junio 2013.

[12] Gaudium et spes, 34.

[13] Carta a Diogneto, 6.

© Copyright – Libreria Editrice Vaticana

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DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI. Con Ocasión del Viaje Apostólico a Alemania 2011. Visita al Parlamento Alemán. Antonio Luis Albás

 

POSESIÓN MUSICAL O CÓMO FUI INVITADO A UN AQUELARRE. Pablo Romero Gabella

 

DesnudoporRafael  Luna

Desnudo

Rafael Luna

 

El musicólogo británico Raymond Monelle escribió:«la música no es un objeto natural, es fundamentalmente social [no son] solamente sonidos y partituras» (The Sense of Music, 2000). Ese producto social que es la música hace que obras que en su tiempo fueron repudiadas (por críticos, público y/o gobernantes) reaparezcan tiempo después con la fuerza de lo nuevo y seamos seducidos por ellas; como aquella chica que no nos parecía especialmente guapa o atractiva y que más tarde nos produce la sensación de cómo habíamos podido vivir sin ella. La seducción es también un producto social, y la música se compone no solo de sonidos y partituras sino igualmente de sugerencias, turbaciones y obsesiones. Esto mismo creí vivir (porque la vida es en muchas ocasiones un espejismo de lo que creemos sentir) el 24 de octubre pasado en el 4º concierto de la R.O.S.S. en el Teatro de La Maestranza. Y por lo que leo y oigo, no sólo el que esto escribe creyó sentirlo.

   Bajo el título de La fuerza del acero, el director Pedro Halffter propuso tres obras de sendos músicos rusos (Mosólov, Chaikovsky y Prokofiev) que en su origen fueron rechazadas, si no directamente repudiadas.

   Por educación y gustos musicales mi atención se fijó en el famoso Concierto para piano y orquesta nº 1 de Chaikovsky (1874). Sin embargo, no advertí que aquello era sólo el cebo para la celada. Era la puerta de acceso (a través del perturbador romanticismo, para otros simplemente academicismo) a un aquelarre al cual no pensaba estar invitado.

   Como prólogo Halffter recibió al público con tres minutos del apabullante expresionismo futurista-soviético de «La fundición de acero» (1926), único trozo superviviente del espurgo stalinista del ballet El acero de Alexander Mosólov. Algo inquietante y perturbador fue inoculado (tal como hacían los íncubos y súcubos) en el público con aquella recreación del progreso soviético. Aún sobrecogido por los vapores industriales, el Concierto de Chaikovsky me pareció (a mi pesar) algo fláccido, falto de pasión (empero el hacer industrioso de la joven pianista ucraniana Regina Chernychko). Las bellas melodías románticas me parecieron un interludio de algo que iba a acontecer (no sabía exactamente qué).

   Tras el descanso llegó el aquelarre, aquella orgía musical que fue el alfa y omega del concierto: la Sinfonía nº 3 de Sergei Prokofiev, titulada «El ángel de fuego» (1919-1927). Una música inicialmente realizada para una ópera que contaba la historia (nada soviética) de una jovencita poseída por espíritus y que finalmente acabaría en la hoguera, pasando antes por un exorcismo. Lo que pudiera parecer, a ojos del siglo XXI, como una mezcla programática entre El sexto sentido y El exorcista y que le llevó al músico casi un década de trabajo, se basaba en una novela decadente de final de siglo que obviamente no fue muy del gusto de Stalin (el hecho de acero). Pero lo que Prokofiev hizo fue una obra de atmósfera de oscurantismo (como así fue el stalinismo) y de un violento componente erótico (en palabras de Martín Llade en sus certeras notas al programa).

   Los oyentes (como la crítica, por lo que he leído) fueron seducidos por aquel pandemónium de «desquiciantes juegos tímbricos y armonías demoníacas» (Llade dixit). Halffter, tal como si fuera el oficiante de aquel brujeril rito, como aquel macho cabrío de La semilla del diablo, abandonó la luminosidad chaikovskiana y comenzó su particular exorcismo de aquella música antaño repudiada. Nos descubrió el sentido de aquel concierto: adentrarnos en una música de una fuerza arrebatadora, subyugante y a la vez de desasosegadora modernidad. Sus gestos (como si fuera un exorcista) contagiaron a la orquesta (a la sazón en rebeldía profesional con su quehacer como director) y se rindió al aquel vértigo demoníaco. Puro maquiavelismo musical.

   Al finalizar el concierto Pepe Galeote, profesor y compañero al cual debía mi presencia en aquella batahola, nos llevó al grupo de profesores a saludar al director; y éste directamente nos preguntó qué nos había parecido la sinfonía de Prokofiev. La máscara había caído, el exorcismo había tenido éxito, y rendidos sólo pudimos afirmar que nos había encantado. Había caído seducido como Rose Marie al ver su criatura demoniaca en aquel apartamento de los Castevet.

 

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«EL AQUELARRE» DE GOYA (1823) POR RAFAEL LUNA