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LESBOS. Por José Manuel Colubi Falcó

 

Safo (Charles-Auguste Mengin, 1867)

Safo

Charles-Auguste Mengin

1853-1933

 

Amigo de Safo fue Alceo, y en nada más se parecen, pues si en la poesía de aquélla el varón apenas halla lugar, en la de éste es la mujer la excluida; si Safo canta el amor, su compañero, la política, la conspiración, la revuelta. Aristócrata, dado a la Asamblea y al Consejo, desterrado, en el banquete canta a la nobleza para animarla, a esa nobleza superior a los demás, desposeída, y con malas artes, de un poder que le corresponde. Aunque no es suya, sino de Arquíloco, él consagra la metáfora de la nave del Estado.

         No hay completo ni un solo poema suyo; innovador, no por ello desdeña la tradición: Homero, Hesíodo, Arquíloco… pero él da siempre un tono propio a sus creaciones. Formal en los himnos, lo suyo es el canto del banquete, la filosofía del carpe diem (goza el día), el vino quitapenas, la alegría por la muerte del tirano: «Ahora hay que emborracharse y beber sin tino, pues Mírsilo ha muerto»; «Vino, querido muchacho, y verdad»; «Bebamos. ¿Por qué esperar las antorchas de la noche? El día es un dedo.» ¿El día o la vida? Y la melancolía: «El hombre es su dinero: ningún pobre es honrado ni estimado.»

         En Las pastorales o Dafnis y Cloe (s. III d.C.), bellísima novela muy bellamente traducida por don Juan Valera, hallamos la vida rural, el paisaje bucólico y sus dioses (Pan, Ninfas, Eros), la historia de amor de dos jóvenes «que curará el enfermo, consolará al triste, recordará su amor al que amó. Pues nadie escapó nunca de Eros, ni escapará mientras exista la belleza y los ojos vean.» Así dice Longo, su autor.

         Safo, Alceo, Longo, los tres nos eran conocidos, desde muy pronto, por nuestros estudios de bachillerato (siete cursos). Estudiábamos todos Historia y Geografía, Literatura, Filosofía universales y de España, lenguas también universales (latina, griega, española, inglesa, francesa; se echaba de menos el estudio de nuestra lengua vernácula). Dibujo técnico y artístico, y las Ciencias, tan universales: Matemática, Física y Química, Ciencias Naturales. Ello nos inculcaba la idea de la universalidad del Hombre y del Saber (así con mayúsculas). ¿Qué vemos hoy? Un montón de parcelitas, localismo puro.

 

CARTA A LADY LAURA. Por María del Águila Barrios

Lady Laura, abrázame fuerte / Lady Laura, y cuéntame un cuento / Lady Laura, un beso otra vez / Lady Laura / Lady Laura, abrázame fuerte / Lady Laura hazme dormir / Lady Laura, un beso otra vez / Lady Laura. Sí, este estribillo de la popular canción del brasileño Roberto Carlos lo he tenido sonando en mi interior durante todo este paripé de Laura, la Concejal. Y es que la canción viene que ni pintiparada a este caso, no sólo esta parte de la letra sino otras, como cuando se dice que A pesar de la distancia y el tiempo / No puedo olvidar (…) que tú has sido la parte que ponía el sexo femenino del régimen, la delicada porcelana del Limonato, la Teniente de Alcalde, la Delegada de Patrimonio y otras cosas…

         ¿Cómo que para seguir en el partido manifiestas en público que has de apreciar cambios sustanciales en eso, tu partido? ¡Qué exigente y súbita! ¿Que habrá verdaderamente acontecido para que la Concejal, así y de pronto, se nos vuelva tan insumisa…? Creo que como persona habituada a excusar a su Alcalde en todos los actos públicos a los que el invitado supremo nunca acudía, por tener ocupaciones más importantes, no debe serle difícil desenvolverse en su nueva actividad como autocolocada en un limbo político de fabricación propia. Y no digamos de su demostrada capacidad de improvisación puesta de manifiesto en infinidad de ocasiones cuando ella, sucinta y robóticamente, comunicaba al público, en uno y otro acto, una y otra vez, las vicisitudes del holograma de don Antonio. ¡Ay, Laura, quien no te conozca que te compre!

Desde el aparato local de su organización la tienen devaluadísima, bien tachada de todo, enfilada, en el punto de mira de afiliados y afines al pesebre…

Querida Laura, creo que no estarás muy desorientada ante tus compañeros, porque, al menos, haber experimentado como usuaria de los pesebres, donde durante lustros has pastado, te habrá inoculado frente a las vejaciones que los nuevos concejales, y los seguidores de éstos, han pretendido con sus pancartas en los plenos, donde ya andas con la Hornillo y el de izquierdahundida, al que no le cae bien el Rey, y tal vez otros.

¡Dime, Lady! ¿Quién se encargará del patrimonio de Alcalá ahora que te has ido? ¿A quién le preocupará el castillo, la casa de Ibarra, la antigua comisaría, las pocas casas de interés que quedan en el centro, Gandul…? ¡Dime Lady! ¿Qué tenemos que hacer para que cambien las formas de todos tus excompañeros? ¡Dime Lady! ¿Cómo los vamos a echar, si han convertido en feudo lo que es ayuntamiento?

Mientras tanto don Antonio tiene a ocho mil alcalareños contra las cuerdas del Boletín Oficial de la Provincia…

 


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Laura Ballesteros

(Foto: Alberto Mallado 2013)

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PABLO Y NÉSTOR. Por Rafael Rodríguez González

 

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Pablo Neruda

12 de julio de 1904-23 de septiembre de 1973

Hace cuarenta años, por estas fechas, Nixon y Kissinger —por citar sólo a dos de los sobresalientes— seguían los mensajes que sus agentes enviaban desde Santiago de Chile. Lo hacían con más avidez que algunos a los pilotos de carreras, o que los futboleros fanáticos a sus astros peloteros, esos que hacen pelotas con el dinero como los escarabajos con la mierda. Pero allí sucedían cosas muy distintas. Se aplastaba la experiencia encabezada por Salvador Allende, e incluso lograban después, con la formidable y continuada ayuda de quienes tendrían que haber hecho lo contrario, que las verdaderas enseñanzas de aquella experiencia y su aplastamiento fueran ignoradas casi por completo.

         Por aquellos días se encontraba muy enfermo Pablo Neruda, el poeta más total que haya conocido mi menesterosa sesera. Ya se apuntó entonces, y se ha confirmado ahora, que, aun siendo grave, no lo mató la enfermedad, sino que la muerte fue ayudada, inoculadamente ayudada, por quienes no podían consentir ni un día más que aquella conciencia permaneciera alerta, creativa, concitadora de adhesión y bienquerencia. Qué otra cosa podían hacer las alimañas que lo tenían entre sus garras, sino asesinarlo.

        De él decían algunos: «Es comunista, pero es bueno». Otros, esto: «Es bueno, pero es comunista». Con el orden de las palabras no pasa como con los factores en la aritmética.

         Estas líneas son simple recordación de aquel septiembre, y la obra de Pablo Neruda nos sirve para, entre otras muchas cosas de altura, insistir en que la verdadera libertad, es decir, no la de unos pocos, necesariamente ha de ir de la mano de la justicia. Lo demás son milongas de rasa estofa. Y, hablando de libertad, me tomo la de reproducir unos versos de un amigo venezolano, Néstor Flavio —que tanto me enseñó de Neruda—, dictados por teléfono meses antes de morir en los sucesos de 1992. Néstor era un hombre íntegro y valiente. Hacen falta muchos así, a qué dudarlo:

 

El primer pecho

que horade una bala

que sea el mío.

Las primeras piernas

que espachurren,

y la primera cabeza

que revienten,

que sean las mías.

Me halagará,

aunque no lo vea,

que en alguna noticia

se diga:

fulanito fue

la primera víctima mortal

en la revolución que acabó

por fin

con la ignominia.

Nadie me quite

el privilegio.

Sé que hay miles

anhelando el título.

 

ANTÍGONA. Por José Manuel Colubi Falcó

AntígonayPolinices

Antígona delante del cadáver de Polinices

Nikiphoros Lytras

1832-1904

 

Hace casi un año y en estas mismas páginas describíamos el mito de Edipo, plasmado en el Edipo rey, la más conocida de las tragedias de Sófocles y la que más influencia ha ejercido en las literaturas europeas. Tragedia inmortal ésta, sí, pero no menos ha inmortalizado a su autor la Antígona, cuya representación (422-441 a.C.) le dio gran prestigio ya entonces, tanto que sus paisanos lo eligieron estratego o general. La obra, al igual que aquélla, ha inspirado a dramaturgos modernos, que han sabido recrear un tema siempre de actualidad: Alfieri (1783), J. Anouilh (1944), S. Espriu (1959).

         El drama tiene por escenario Tebas, donde dos hermanos, Etéocles y Polinices, se han dado muerte mutuamente en combate singular, el uno en defensa de la ciudad, que gobierna desde que su padre, Edipo, la abandonara, y el otro, mientras la ataca para alcanzar un poder que, por pacto entre hermanos, le corresponde. El regente y tío de ambos, Creonte, publica un bando por el que otorga honras fúnebres al primero, defensor de la patria, y niega, so pena de lapidación, sepultura al segundo, cuyo cuerpo será presa de perros y aves de rapiña. La orden es un ataque a la humanidad y a la piedad, pues impide que el muerto acceda al Hades, al mundo de los muertos, ya que el entierro no es más que la entrega del cuerpo a los dioses de abajo, lo que se les niega, y, a su vez, ofende a los de arriba, pues deshonra su reino con el cadáver. Y Antígona, hermana de ambos, quebranta esa prohibición.

         Llevada ante su tío, en acalorada discusión, el déspota, convencido de que encarna el poder sin límites del Estado y es su ley, ciego de una soberbia que pretende ser autoridad, no atiende a las razones que la heroína, enérgica, opone: «Las leyes no escritas y firmes de los dioses, que no son de hoy ni de ayer, sino que viven siempre y nadie sabe cuándo aparecieron». Y Antígona, que nació «no para compartir odio, sino para compartir amor (verso 523), hace frente a su destino «sin bodas, sin hijos», el mayor anhelo de una mujer; encerrada en una caverna hasta que los dioses decidan su suerte, se ahorca, y su suicidio arrastra el de su prometido, Hemón, hijo de Creonte, y el de la madre, Eurídice; tres cadáveres que caen, a una, sobre el tirano.

 

EDIPO. Por José Manuel Colubi Falcó

Edipoylaesfinge GustavoMoreau

Edipo y la esfinge

Gustave Moreau

1826-1898

 

No creo equivocarme si afirmo que no hay mito griego que haya alcanzado tanta fortuna como el de Edipo. Desde que Sófocles compusiera sus dos inmortales tragedias (Edipo rey, Edipo en Colono) está presente en las literaturas europeas: latina (Séneca), francesa (Corneille, Voltaire, Gide, Cocteau), inglesa, italiana, española (Martínez de la Rosa); además, el psicoanálisis recurre a él para explicar la tesis de la atracción erótica que el niño siente por la madre y la repulsión por el padre (complejo de Edipo).

         El mito es muy conocido: Layo, rey de Tebas, ha desoído el mandato del oráculo: «No engendres un hijo, cuyo destino será matarte y casarse con tu mujer y madre suya, de la que obtendrá descendencia», y, para obviar el vaticinio, ordena matar al niño. Mas el criado, compasivo, lo expone colgado por los pies de un árbol (de ahí su nombre, Edipo, «de pies hinchados») a la vista de un pastor, que lo lleva a los reyes de Corinto. Educado allí y obsesionado porque un compañero le ha llamado expósito, marcha a Delfos, donde el oráculo le revela su destino. Edipo emprende la ruta contraria y, en una disputa, mata a un viejo —Layo, su padre, a quien no conoce— y su cortejo, salvo un servidor, que escapa, y libera a Tebas de la Esfinge descifrando su enigma (es el hombre el animal de cuatro, dos y tres patas); sube al trono y con la reina, Yocasta, su madre, tiene cuatro hijos. Luego, durante la peste, prorrumpe, ignorante, en imprecaciones contra el asesinato de Layo y proclama su búsqueda hasta que, en una sucesión de escenas de gran dramatismo, es desvelado el secreto: un emisario corintio le revela que es expósito y que fue recogido por él en Tebas, y también el siervo que le expuso y que logró huir cuando mató a Layo. Yocasta se suicida, Edipo vacía sus ojos con un broche y sale de Tebas para errar por el mundo hasta su muerte en Colono. ¿Es Edipo símbolo del hombre juguete del Hado? ¿Dónde está la libertad, dónde la responsabilidad? ¿Lo es de la eterna e inmerecida infelicidad humana? «Lo mejor —dice el coro— es no haber nacido, o volver cuanto antes allá de donde uno ha venido». Idea muy cara a la lírica: así Teognis. Y recordemos también a Calderón: «Pues el delito mayor/ del hombre es haber nacido».

 

EL PERRO. Por José Manuel Colubi Falcó


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Diógenes buscando hombres honestos

Johann Heinrich Wilhelm Tischbein

1751-1829

 

Diógenes, apodado Perro, es el más famoso de la secta de los cínicos o perrunos, de aquellos filósofos que predican con la palabra y el ejemplo una existencia acorde con la naturaleza, semejante a la que vive el perro —de ahí su nombre, cínicos, derivado de kyon, perro—, sin necesidades, que no hacen sino atar al hombre y mermar o anular su más preciado don: la libertad.

         La libertad preside su vida y, según él, se alcanza mediante la virtud, en la que distingue la voluntad y su realización por la acción. En la misma ve una función doble, en cuanto que afecta al interior y al exterior; por la primera, el hombre llega a la apátheia, apatía, liberación de los impulsos y pasiones; por la segunda, a la autarquía, autosuficiencia frente a tantas necesidades que se le crean o lo esclavizan. Todo ello lo conseguirá mediante el ejercicio o ascesis. Es la libertad absoluta, a la que no afecta ni siquiera la Fortuna. Ocioso es decir que no admite el Estado y que, consecuente con sus ideas, se siente cosmopolita, ciudadano del mundo.

         Irónico, pugnaz, sobrio, Diógenes es héroe de infinitas leyendas. Sin Estado, sin casa, sin patria, mendigo, vagabundo, con un vivir de cada día, cuando Alejandro Magno le visita, él, tumbado delante del tonel que le sirve de vivienda, dice al rey: «Apártate, que me tapas el sol»; si ve a un niño beber formando un cuenco con sus manos, arroja de la mochila su escudilla y exclama: «Un niño me ha ganado en sobriedad»; puesto a la venta como esclavo, llama la atención del vocero y le dice: «Di: “¿quién quiere comprar un amo?”, no: “¿quién quiere comprar un esclavo?”»; y añade: «Véndeme a éste, que necesita un amo». Así fue, para bien de los hijos del comprador, cuyo preceptor sería. Cuando se le pregunta qué animal muerde más perniciosamente, responde: «De los salvajes, el calumniador; de los domésticos, el adulador»; si se le dice que muchos se burlan de él, no se siente burlado —así la burla es ineficaz—, como tampoco molesto porque los hombres socorran a los mendigos y no a los filósofos: «Porque ser mendigos bien lo esperan, pero no hacerse filósofos».Y la más célebre: a mediodía, en una plaza concurrida, con un candil en la mano busca un hombre: hay gente, pero no hombres, porque no son libres.

 

ADONIS. Por José Manuel Colubi Falcó

Luca_Giordano_Muerte de Adonis

Muerte de Adonis

Luca Giordano

1634-1705

 

«Ése se cree un adonis» es frase que he oído o leído más de una vez de boca de alguna chica o de un personaje de novela, sin que su interpretación, habida cuenta del contexto, planteara dificultades. No obstante, ¿qué es ser un adonis? El DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) da la respuesta: «Joven hermoso», y añade el porqué: «Por alusión a la hermosura de Adonis, personaje mitológico». Y a continuación, dentro de la misma familia, otra entrada: Adonizarse: «Embellecerse como un adonis». Antes, en otras, Adónico, Adonio, ya nos ha remitido a Verso adónico, el último de la estrofa sáfica. Y ¿quién fue este jovencito tan hermoso y atractivo? Sobre su origen e historia hay tesis diversas (griego de Chipre o sirio), mas lo sustancias de su leyenda —con alguna variación en los personajes— es lo que sigue:

 

         Mirra (o Esmirna) es hija de un rey (Tías o Cíniras), de quien ella, por maldición de Afrodita, está enamorada; con la ayuda del aya Hipólita logra satisfacer su incestuoso deseo y yace durante once noches con aquél. Mas en la duodécima, el rey y padre suyo se da cuenta del engaño y, enfurecido, quiere matar a la hija, pero Afrodita la protege metamorfoseándola en árbol (el árbol de la mirra). De este árbol, cuya corteza se abre a los diez meses, nace un niño sumamente hermoso y atractivo, Adonis, de quien la diosa del amor queda prendada. Y encomienda su crianza, ¡grave error!, a Perséfone o Proserpina, que, enamorada también del joven, se niega a devolverlo cuando aquélla lo reclama. La contienda, por fin, es zanjada por Zeus: Adonis pasaría un tercio del año con Perséfone, otro tercio con Afrodita y el tercero con la que él quisiera (recuérdese el mito de Deméter). Y él elige a la diosa del amor, la Venus romana. Devoto de la caza y amorosamente cuidado por su divina amante, muere herido por un jabalí en una cacería, sin que la diosa, que acude a socorrerlo y se pincha un pie, pueda evitarlo. De las lágrimas de la diosa nacerán las rosas, coloreadas por la sangre causada por la espina clavada en su pie; de las gotas de sangre de Adonis, las anémonas, y del llanto de Mirra, las lágrimas de mirra, tan apreciadas por los antiguos, no en vano fue uno de los presentes que los Magos ofrecieron al recién nacido Jesús.

 

VICENTE PIÑA GONZÁLEZ (1906-1989). Por Lauro Gandul Verdún y Olga Duarte Piña

 
Vicente por Oranzman

Vicente Piña González

—Talabartero, entelador de aviones y músico—

(Foto: Oranzman, Sevilla, años veinte)

 

Fue su predilección un instrumento musical de viento, hecho de cobre, de perforación cónica, con llaves y con tres o seis pistones, que si son más de tres se toca con ambas manos, llamado bugle, o bombardino bajo, o bombardón, o tuba. Conocido también como el contrabajo de los metales. Es el más grande de los instrumentos de metal. A veces puede pesar más de veinte kilos. Usado especialmente en las bandas de música, donde va a desempeñar el papel de bajo, por lo que también se le denomina así.

 

Siendo un muchacho aprendió a tocarlo. No sabemos porqué eligió este instrumento, pero sí que los Expedito lo llamaron para formar, a principios de los treinta, la Orquesta Hollywood y la Banda Obrera. Uno de ellos, Rafael Fernández Alba, pudo ser quien lo animase para que se iniciara en la música y quizá quien le aconsejara el bajo como instrumento. Corpulencia y altura no le faltaban para portarlo y manejarlo. Una capacidad natural para la música le permitió aprender solo, aunque en algún momento recibiera ocasionales lecciones de un profesor de música de la Banda Municipal de Sevilla que él mismo se costeara, y sobre todo debió aprender mucha música por su gran amistad con Rafael, Pepe y Expedito Fernández Alba. 

 

Tocó en veladas y fiestas en el Hotel Oromana o en el cine del Pere-Gil; en pasacalles y conciertos en Alcalá de Guadaíra, y en pueblos a los que viajaba con la Orquesta o con la Banda. En el reverso de una de las postales de La Voz de Alcalá de octubre de 1998, García Rivero escribe que «en los primeros años treinta, el baile “fino o agarrao”, como se le llamó entonces, llegó con gran fuerza a nuestro Alcalá: los pasodobles, tangos, valses y “foxtro”, se fueron introduciendo con entusiasmo entre la juventud y un grupo de jóvenes y muy buenos músicos del pueblo organizaron la Orquesta Hollywood(…) Constituyeron una buena muestra de entusiasmo y buena música en aquellos ilusionantes primeros años de la República.» Publicamos en este reportaje la foto que a Curro García Rivero le cedió Pepe, hijo de Expedito, que también nos ha dado permiso para incluirla en nuestro artículo. Aprovechamos para reproducir la relación de nombres de quienes aparecen en la misma identificados todos por García Rivero: de izquierda a derecha Pepe Fernández Alba con la trompeta, su hermano Rafael con el saxo tenor, Antonio Gutiérrez Medina con un banyo, Pepito Hoys a la batería, Expedito Fernández Alba tocando el saxo bajo, Enrique Valverde con el trombón y Vicente Piña González al bajo. También nos llegó de manos de Carmeli, la hija de Alfredo Aragón, una segunda fotografía de la Orquesta Hollywood donde por la izquierda se añade un músico que creemos que es Eulogio Montero Espillaque, padre de Eulogio el de Los Bombines, y en el centro, entre Antonio Gutiérrez Medina y Expedito Fernández Alba está, muy joven, Alfredo Aragón, el gran percusionista y guitarrista alcalareño. La foto probablemente la hiciera Pepito Hoys.

 

2. Orquesta Hollywood por Hoys

 Orquesta Hollywood

Foto: Pepito Hoys

1932

 

La Orquesta y la Banda se disolvieron durante la Guerra Civil. La Banda Obrera fue tachada y calumniada injustamente de hechos atroces y falsos, quizá porque triunfaban como banda de música y no soportaran sus verdugos su éxito y su reconocimiento popular. Metieron tres años en la cárcel a Rafael y a Pepe. A Expedito lo despidieron del ayuntamiento. Pero nunca dejaron de ser músicos y de hacer música. Vicente tampoco dejó su bajo. Años después ingresó en la Banda Municipal de Morón de la Frontera, pueblo vecino al que se fue a vivir con su mujer Aurora Aragón, hermana de su amigo Alfredo. En esta Banda estuvo como bajo durante los más de cuarenta años que vivió allí. Su sobrino, Curro Piña, nos cuenta que ya muy viejo seguía en la Banda portando su bajo y tocándolo, pero a duras penas sus piernas soportaban el peso de ese instrumento tan pesado y de tanto años por calles, plazas, entre la gente, en formación, haciendo música.    

 

Vicente Piña González nació en una accesoria en la calle La Mina, de una casa de vecinos cuya fachada daba al desaparecido mercado de abastos de la verdura, hoy plaza del Cabildo. Su madre era sastra y su padre guarnicionero. Fueron cinco hermanos y una hermana. La hermana ayudaba a la madre como planchadora y los varones aprendieron el oficio del padre. Panaderos y arrieros sabían muy bien dónde quedaba aquella accesoria de los Piño, porque era un conocido taller donde se hacían arreos y colleras para las bestias de carga, serones, angarillas, espuertas, jardas… Todo lo necesario para el acarreo y el reparto del pan, de la harina, del  trigo. Vicente nació en una familia de artesanos. Trabajaban el cuero, el esparto y la lona. Tenían una reputación enorme y no daban abasto a tanta demanda por parte de las muchas panaderías que entonces había en Alcalá. Como sus cuatro hermanos, sus únicos estudios fueron los de primaria en los Salesianos. Como él, dos de ellos, Manolo y Juan, también entraron en la Banda Obrera como saxofón y trombón respectivamente, aunque después de la desaparición de ésta sólo continuó con la música Vicente. Artesanos fueron la mayoría de los que formaron parte de la Banda. Siguiendo a García Rivero en sus Orígenes e Historias de Alcalá de Guadaíra (1997), salvo un empleado del ayuntamiento, otro de banco, otro de Eléctrica del Águila y un comerciante, el resto eran zapateros, carpinteros, panaderos, caleros, horneros, guarnicioneros, toneleros,… y todos músicos. Rafael Fernández Alba con veintipocos años fue el Maestro de la Banda. Nos dice Pepe de Expedito que Rafael enseñó desde su banquilla de zapatero a casi todos los músicos de la Banda Obrera.

 

6. Foto de la Banda Municipal años 20
Banda Municipal de Alcalá de Guadaíra

(años veinte)

 

 5. La Banda Obrera 1935

La Banda Obrera

Plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda

1935

 

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 Banda Municipal de Morón de la Frontera

1947

 

Coincidiendo con los últimos momentos de la Banda, Vicente Piña entró en Tablada como entelador de aviones. Se manejó desde que era aprendiz en el taller de su padre con las lonas con las que forraban los aperos que hacían. El desarrollo de esa habilidad le sirvió para aplicarla a ese trabajo suyo, necesario en una época en la que el fuselaje de muchos aviones aún no era metálico, sino de una especie de tela rígida, parecida a la lona, con la que se forraba el esqueleto de la nave. En Tablada conoce a un verdadero artista de la tapicería, un gitano del que se hace amigo y del que aprende las primeras técnicas de dicho oficio por el que se entusiasma más que por la propia guarnicionería. En Tablada estuvo durante diez años. De allí lo trasladaron a la base española de Morón donde entró con el mismo trabajo de entelador que hacía en Sevilla. Cuando ya dejaron los aviones de fabricarse con el entelado de sus fuselajes, Vicente tuvo que hacer unos cursos para luego colocarse en un puesto de plegador de paracaídas en el que se mantuvo hasta su jubilación en los setenta.

 

Vicente en su taller Morón

 Vicente Piña en la tapicería de Morón de la Frontera

 

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Sillón tapizado en el taller de la calle Arquillo

Morón de la Frontera

 

En Morón vivió muchos años en la calle Arquillo en una casa de vecinos donde además montó un pequeño taller de tapicero. Hacía sofás, sillones, cortinas, galerías, colchas, forraba con telas marcos para cuadros, espejos, y destacaba en la técnica del capitoné o acolchado. Su trabajo en la base lo simultaneaba con su condición de artesano. Toda su vida lo fue también. Pareciera como si no lo hiciera por dinero, quizá porque es cierto que no necesitaba hacerlo para vivir, pues se mantenía de su trabajo en la base. Su artesanía era realmente voluntaria y en su ejecución Vicente disfrutaba de lo que hacía. Con el dinero que ganaba se compraba todos los discos de música clásica que se iban editando. Era muy aficionado a pasar horas escuchando esta música. También era muy aficionado a la fotografía, en la que le inició su gran amigo Pepito Hoys, y llegó a tener su propio laboratorio de revelado y un puñado de buenas cámaras. Fue un hombre al que le interesaba sobremanera hacer lo que hacía y hacerlo bien hecho. Los sofás de Vicente Piña en Morón están como el primer día en las casas donde los han conservado. Tenía una selecta clientela que no le metía prisa y cuyos encargos él se tomaba con tanta seriedad como la destreza que había desarrollado desde que su padre lo enseñara en la talabartería alcalareña. Se podría decir que ponía cariño y técnica en los trabajos que aceptaba. Como artesano y músico fue un hombre paciente e ingenioso. Decía el director de la Banda Municipal de Morón, Francisco Martínez Quesada, que, cuando a fines de los cuarenta, conoció a Vicente como bajo nunca antes había visto soplar la boquilla de la tuba con un primor como el que Vicente ponía, que parecía que no tocaba el instrumento, porque apenas se le inflaban los carrillos. Su sobrina Salud Piña recuerda que, siendo ella muy niña, Vicente pasaba horas y horas ensayando frente a un espejo en una habitación apartada de la casa de la calle La Mina. Curro Piña con dieciséis años se fue a vivir con sus tíos Vicente y Aurora a Morón. El primer día que llegó a la casa de la calle Arquillo su tío le indicó dónde estaba su cuarto. Cuando Curro entró en la habitación se asustó porque le pareció que en la cama había alguien: tapado estaba el bajo de su tío Vicente. Curro también nos refiere una comparación: su tío tocaba el bajo como si besara a una mujer. 

 

4 Tuba

Dibujo de una tuba

                 (Enciclopedia Larousse)

 

Fue gran amigo del guitarrista Diego el del Gastor, del que cuentan que no le tocaba a los señoritos ni a nadie al que no quisiera tocarle. Les unía un sentido íntimo del uso de la música, su surgir entre muy pocos que se entienden muy bien, la comunicación con las palabras cabales y los silencios sólo explicables desde esa discreta magia que suscitan los hechos del arte. Aunque Vicente no fuera un hombre especialmente relacionado con el flamenco, cultivó esta amistad con Diego, del que además fue vecino en la calle Arquillo. Vecino de la calle también era Andújar el zapatero, bombista de la Banda Municipal de Morón. En la banquilla de Andújar se juntaban los tres a tratar de música y allí dicen que el del Gastor llegó a dar los sones que no había dado en su vida, nunca, en ninguna reunión flamenca.

 

En aquella otra banquilla de Rafael Fernández Alba en las Corachas de Alcalá, muchos años antes, también trataron de música aquellos que entonces eran unos muchachos.  

 

Una vez en el Casino de Morón, sobre el año setenta y tres, tocaron y cantaron Los Bombines. Curro Piña llevó a su tío Vicente al concierto. En el grupo estaba el hijo de Eulogio Montero Espillaque, uno de los miembros de la Banda Obrera. En algún momento tocaron por Los Beatles. Vicente se emocionó, quizá porque le vinieran a la memoria aquellos años de la Orquesta Hollywood.

 

ASÍ NO HAY SALIDA. Joaquín de Grado

 

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Tendedero con sombra

(Foto: M. Verpi)

Rota 2013

 

 Aherrojar. Miro en el diccionario y veo sus dos acepciones. 1. Poner a alguien prisiones de hierro. 2. Oprimir, subyugar. Es literalmente lo que sucede en España. Rajoy recibe a los grandes empresarios (¿o es al revés?) y éstos manifiestan su total adhesión a los Principios Fundamentales del Gobierno, a las prácticas exitosas para ellos y a los propósitos de aherrojar más. Juan Carlos I, por su parte, parte para Marruecos para merendar mortadela y pan duro con su hijo Mohamed (que ya está viejo y feo, y gordo), como hemos podido ver en televisión. Lo que pasa es que de paso se han acordado ventas de armas destinadas a seguir aplastando a los saharauis. (Se dice que los dos amigotes estuvieron riéndose al recordar lo que dijo Juan Carlos cuando la invasión marroquí de 1975: «Seré el primer soldado español en defender…»). Ay, qué risa, María Luisa. También nuestro monarca de la triple arca tuvo tiempo, entre un bocadillo y otro de chóped (los mahometanos miraban para otro lado), de invitar a los empresarios españoles a que inviertan aún más en Marruecos, a ver si los españoles se tienen que ir en pateras al paraíso alauí.

 

         Pues de esas cosas, y de tantas otras, como la incesante subida de los precios de la energía, así como de las infames disposiciones nacionales y europeas en tantos segmentos y aspectos, ningún politiquero de los que piden la dimisión del Gobierno dice una palabra. ¿Debe haber elecciones sólo por las sisas de Bárcenas y compañía? ¿Es que todo lo demás vale? ¿Quítate tú para ponerme yo? Las perspectivas son para cagarse. ¿Que en qué? Elija, hay dónde.

 

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VA A PASAR. Por Joaquín de Grado

 
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Allende la Retama

(Foto: Manuel Verpi 2012)

 

Podría escribir explicando un acontecimiento que va a producirse y que afectará a toda Europa y mucho más allá por lo menos durante cien años, pero como no puedo desvelar absolutamente nada sobre el suceso, ni siquiera (o mucho menos) la fecha en que comenzará a realizarse, tengo que limitarme a dejar noticia de ello. Insisto, eso que viene reviste una importancia en nada comparable a tantas cosas a las que se la damos, porque, ya digo, marcará la existencia de varias generaciones. Ni siquiera puedo decir si lo hará en un sentido favorable o adverso, ni, en uno o en otro, para quiénes. Etcétera. Esto de saber una cosa importante, más que importante verdaderamente decisiva, y no poder decir nada resulta agobiante. Ni duermes bien ni puedes concentrarte en las tareas cotidianas. Andas abajo y arriba, dándole vueltas al asunto, queriendo imaginar alguna posibilidad de quebrar el silencio. Pero, no, no es posible, no hay remedio. Y conste que desde que conocí el caso y todos sus extremos me pareció inadecuado no revelar aunque fuese su parte más esencial. Consideraba yo que no hacerlo sobre detalles y accesorios era fundamental, porque en los detalles está la mayor parte de las veces el secreto del éxito, pero que la esencia tenía que ser conocida. Me equivocaba. Tenía y tienen razón: nada, no se debe conocer nada.

         Así que ya se enterarán. Mejor dicho, se irán enterando. He dicho que lo sé todo. Mentí. Lo que no sé son los resultados totales y algunos de sus detalles, porque eso se le escapa hasta al más lúcido de los estrategas de la Historia. Será una historia digna de ser contada.

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