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COLOQUIOS (16): «BARÇA VERSUS 15-M» (1). Gabi Mendoza Ugalde

 

– ¿Ejecuta obras la policía catalana?

– No. Son órdenes del Consejero de Interior.

– Entonces, no los conoceremos por sus obras, sino por sus órdenes.

– Pero a los apaleados…, los conoceremos por sus cardenales.

 

TORERÍA. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

Rafael Gómez Ortega

apodado El gallo o el Divino Calvo

1882-1960

 

Han sido varias las veces en que mi calvicie ha servido para que se mofen unos cuantos tarados. En todas las ocasiones ha sido mientras transitaba por la calle, o sea, que aún no ha habido alguien tan imbécil como para llamarme por teléfono y desollarme a cuento o a cuenta de la relativa falta de pelo que ostento en la parte superior del cráneo.

            La última por ahora fue mientras me dirigía a la calle Mairena vía Callejuela del Carmen. En la puerta del bar Garvi, tres hombres jóvenes, altos y muy fornidos, algo colocados, pareciéndome no ser de Alcalá, fumaban y bebían, mientras soltaban grandes risotadas. No húbeles rebasado tres metros cuando uno de ellos dijo, estentóreamente: «¡Calvo Sotelo!». Di, indignado por tamaña necedad, unos pocos pasos más, pero volvíme. Mientras acercábame al grupo refrendéme en la apreciación de que cualquiera de ellos, con un solo pellizco que diérame, causaríame una lesión bastante considerable. Los tres mantuvieron, mientras hablábales, las tristes sonrisas propias de tontos que no saben que lo son (véase www@losquelosomos.com).

            «¿Ustedes saben a quién me parezco yo?», inquirí con mi mejor voz varonil, e incluso pronunciando como si no fuera de aquí, sino vasco o por lo menos alto castellano. Uno negó con la cabeza, otro frunció la casi babeante boca y el tercero encogió los hombros. («Vaya, no son iguales», me dije). «Yo me parezco a Rafael el Gallo —proseguí—; ¿saben ustedes quién era Rafael el Gallo?, ¿no?, sí, hombre, el hermano de Joselito el Gallo. Ese hombre, que era igual de calvo que yo, fue un gran torero. Mató muchos toros, pero no mató ningún cabestro. Pues gracias a ese parecido vais a seguir con vida».

            Cuando franqueé la esquina me dieron ganas de saludar al público. (El rebufo todavía lo siento en la espalda).

 

 

MANOLITO. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

 LORENZO Y EL SALTO. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

EL TUFO. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

PATRAÑAS. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

LA PISTOLA DE BELTRÁN. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO») 

LUSITÂNIA E PORTUGAL, LUSOS E PORTUGUESES. Luis Jorge Rodrigues Gonçalves (pág. 78 de «CARMINA LUSITANA» 2007)

 

 

Foi André de Resende, em Erasmi Encomium, de 1531, que desenhou o carácter honorífico que identificou Portugal como a Lusitânia. Mas é na poesia de Luís de Camões que devemos encontrar a força da assimilação entre a Lusitânia e Portugal e entre lusos e portugueses. Desde logo no título da sua principal obra Os Lusíadas, onde cantou: «As armas e os barões assinalados/ Que, da Ocidental praia Lusitana,/ Por mares nunca dantes navegados/ Passaram ainda além da Taprobana.» (I, 1, 1-4)

            Ou ainda «Que eu canto o peito ilustre Lusitano…» (I, 3, 5). Mas também quando situa Portugal na Europa: «Eis aqui, quase cume da cabeça/ De Europa toda, o Reino Lusitano,/ Onde a terra se acaba e o mar começa/ E onde Febo repousa no Oceano.» (III, 20, 1-4)

            Quando procurou a origem do nome Lusitânia, como estando associado a Baco: «Esta foi Lusitânia, derivada/ De Luso ou Lisa, que de Baco antigo/ Filhos foram, parece, ou companheiros,/ E nela antam os íncolas primeiros.» (III, 21, 5-8)

            Ou quando viu Viriato como um precursor líder português: «Desta o Pastor nasceu que o seu nome/ Se vê que de homem forte os feitos teve,/ Cuja fama ninguém virá que dome,/ Pois a grande de Roma não se atreve.» (III, 22,1-4)

            Este entusiasmo camoniano, que identificou Portugal como sucessor da Lusitânia, não podia cair no esquecimento e o conceito passou a designar Portugal, embora o conceito poético não correspondesse à realidade histórica, por não ter existido uma coincidência de territórios entre Portugal e a província da Lusitânia. Desde logo Portugal, como Estado, nasceu em Guimarães, na região de Entre-o-Douro-e-Minho, uma parte do território que não fez parte da Lusitânia. Por outro lado, a capital da Lusitânia, «Augusta Emerita», e toda a parte oriental da província, não incorporaram o território português.

            A linha camoniana, ainda no final do século XVI, teve como seguidor frei Bernardo de Brito, um monge de Alcobaça, da ordem de Cister, que concebeu uma história de Portugal que intitulou de Monarquia Lusitana, cuja primeira parte saiu em 1597 e a segunda em 1609. Se na primeira parte contém as «histórias de Portugal desde a criação do mundo até o nascimento de nosso senhor Jesús», na segunda parte continuou «as histórias de Portugal desde o nascimento do nosso salvador Iesu Christo até ser dado em dote ao Conde Dom Henrique.» Em 1614, o rei Filipe II nomeou-o «Cronista Mor do Reino» e frei Bernardo de Brito abandonou o projecto da obra Monarquia Lusitana, continuada por frei António Brandão, que na terceira parte tratou da História de Portugal, «desde o Conde Dom Henrique, até todo o reinado de el rei D. Afonso Henriques.» A oitava e última parte da Monarquia Lusitana, publicada, em 1727, por frei Manuel dos Santos, «a história e sucessos memoráveis do reino de Portugal no tempo de el rei D. Fernando, a eleição de el rei D. João I», consolidou, na historiografia, depois da poesia, a assimilação da Lusitânia a Portugal.

            Este conceito e esta obra foram importantes, particularmente no período de união da monarquia portuguesa e espanhola, entre 1580 e 1640, por fundamentar a ancestralidade histórica dos portugueses, cujas raízes estavam nos lusitanos, mesmo que não correspondesse a um rigor histórico.

            No mundo da poesia a Lusitânia transformou-se em bandeira de pensamento, como na célebre academia literária «Arcádia Lusitana», fundada em 1757, por Cruz e Silva, Teotónio Gomes de Carvalho e Estêvão Negrão, aos quais se juntou Correia Garção. Estes poetas procuraram sintetizar em «Arcádia» a adesão uma estética neoclássica, com fundo na Razão e no culto do Natural, e em «Lusitana» realçar o seu carácter português.

            Nas ciências a «Sociedade Arqueológica Lusitana» (1849-1857), promoveu trabalhos arqueológicos em Tróia, de procura da ancestralidade. 

            Em 1822, António Feliciano de Castilho, em A Primavera, introduziu a noção lusitanismo, como o modo de falar ou escrever da língua portuguesa, fazendo deste modo entrar conceito de Lusitânia na identificação do idioma português. Ricardo Jorge, em Brasil Brasil! (1880-1939), criou o conceito de lusitanista, como o que estuda a língua e cultura portuguesa.

            O século XX trouxe esta adjectivação para a política, como os Lusitos, jovens da Mocidade Portuguesa entre os 7 e os 10 anos, ou os Viriatos, grupo de voluntários portugueses que participaram na Guerra Civil de Espanha (1936-1939).

            Hoje a Lusitânia, recuperada por humanistas, cantada por poetas é sinónimo de lusofonia, de portugueses, unindo uma vasta comunidade. Mas foi a Lusitânia, província romana, origem de dois povos que estão próximos.

 

«CARMINA» Nº 3

 

OLHÃO, VILA CUBISTA. Lagoa Henriques (1923-2009)

 

 

 

EN SEVILLA. Mayo de 2011

                     

COLOQUIOS (14). Gabi Mendoza Ugalde

 

– Me enteré del 15-M el 18.

– Parece que no es ninguna farsa ni repetición historicista.

– Decapitar sin guillotina en la Puerta del Sol.

 

¡AY, ESE NOMBRE DEL SUEÑO SOÑADO EN LA PUERTA DEL SOL!. Tomás Valladolid Bueno

 

 

Ayer por la noche, las televisiones ofrecían imágenes de personas reunidas en La Puerta del Sol de Madrid, congregadas como si convergieran en el kilómetro cero de eso que otras, antes que ellas, han bautizado con el nombre de democracia real.

            Me llamó la atención lo escrito en una pancarta de papel que estaba pegada en una de las construcciones de cristal. También me alertó el hecho de que el viento la arrancase, pues esto parecía una premonición de lo que podría perdurar el movimiento o energía moral allí concentrados. El lema o eslogan escrito en la pancarta decía: Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir. Todo, casi todo en él, evocaba un aroma del 68 francés; y digo casi todo porque había en esas palabras una pequeña grieta por la que se colaban algunos versos de un bellísimo poema, cuya lectura gocé por primera vez en mis años de juvenil nihilismo:

 El sueño no es dormir: quien sueña vive

y duerme quien tropieza

con bultos al no ver lo transparente

del árbol, del silencio…

Voy hablando de ti en este hacerme,

activamente, con trabajo y gracia,

como quien no comprende lo profundo.

El arduo juego

de crearte es mi ocio y mi manera

de crearme a mí misma reflejando

en acción esas horas

que llaman solitarias los que duermen.

Y la imagen de ti que yo modelo

es tu propia materia acariciada

-tu rebelde materia- que responde

poniendo en marcha mi mejor imagen.

Oh, no, no duermo. Tengo el cuerpo en tierra.

Me vive un sueño. Sé cual es su nombre.

            (Julia Uceda, de Me vive un sueño)

            Me pregunto, con inquietud, si las personas concentradas en esa plaza madrileña sabrán de verdad el nombre de su sueño; pues, en puridad, todo asunto políticamente grave es una cuestión de nombre, del nombre verdadero.

 

«VOLVER A LOS 17». MERCEDES SOSA, CAETANO VELOSO, GAL COSTA, CHICO BUARQUE Y MILTON NASCIMENTO. Músicas que le gustan a María Raquel Andrade (1)

A VIDA. Miguel Torga (1907-1995)

 

 

Cavaban como possessos

Semeavam como loucos:

Mas à noite eram regressos

Com frutos magros e poucos.

 

Furavam serras inteiras

Atrás duma gota de água:

Cegas, teimosas, toupeiras,

Encontravam pedra e mágoa.

 

Faziam vinho do pranto

E pão da melancolia;

E cobriam-se do manto

Que a neve branca tecia.

 

 

Cavaban como posesos

Y sembraban como locos:

Mas, de noche, eran regresos

Con frutos magros y pocos.

 

Por la sed espoleados,

Altas sierras horadaban:

Ciegos topos obstinados,

Piedra y dolor encontraban.

 

Hacían vino del llanto,

Pan de la melancolía;

Y les arropaba el manto

Que la nevada tejía.

 

Traductor: Ángel Crespo (1926-1995)

 

PILLAJE CULTURAL. Tomás Valladolid Bueno (30 de abril de 2011)

 

 

Ayer visité a Honoré

en las ruinas de un páramo claustral

con espíritu triste, monótono y sombrío

lo abandoné en la nuda desnudez del silencio

en las puertas de su melancólica casa

ayer lo saqueé.

 

Leí El túnel de Ernesto Sábato cuando yo todavía estaba, si es posible, más presionado por la influencia de la estupidez, sobre todo moral, de lo que sigo estándolo hoy en día. El libro vino a caer en mis manos al igual que un gran número de otros que, con el paso de los años, he ido leyendo: por puro azar que sólo es tal porque es buscado. Me atrapó, de modo que cada día volvía a leer todo lo ya leído en los días anteriores, sólo que en cada relectura subrayaba lo que mi perspectiva existencial, entre poética y filosófica, bien me daba a sentir y entender. Al acabar la lectura de toda la novela, compré un cuaderno para anotar, de forma concatenada, todas aquellas partes del texto que había ido resaltando. El resultado fue una extracción o enajenación de sentido que para bien o para mal transmutó en la construcción de un nuevo y muy breve texto; reconstrucción textual como resultante de haber hilvanado todas aquellas frases del libro de Sábato con el hilo de mis vivencias primordiales. A alguien a quien amaba le leí en voz alta aquel texto mío, que lo fue a causa del pillaje, y lo hice como si en su contenido estuviese incluido el quid de nuestra existencia. El ejemplar del libro lo regalé y el cuaderno de anotaciones desapareció de mi fondo de papeles. Compré, bastante más tarde, un nuevo ejemplar de la novela, pero ya no he vuelto a releerla ni a rapiñarle frases y sentidos. Y no es porque no haya amado como amé, ni vivido el amor como entonces lo viví. Es, simplemente, que los libros también compiten entre sí. Y sin embargo, este de Sábato, junto al Yo acuso de Émile Zola, el Lobo estepario de Hermann Hesse y el Del sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno, ocupan un sitio tan prominente en la estantería de mi alma  que muchas veces pienso no estar haciendo otra cosa sino robarles y robarles lo que por ser suyo es ya también nuestro. Algún día, tal vez cuando …, podré dilucidar qué encontró mi espíritu de alimento en dichas obras. Para ayudarme me serviría, además, de ese magnífico estudio que Foucault realizó sobre la parresía. Pero para ello tendría que volver también sobre los profetas de Israel, y para entonces… no sé, no sé. De todos modos, si esta clase de pillaje no es para pedir perdón, sí debe uno hacerlo por las veces que se dejó vencer por la estupidez moral, aunque no se fuese ni tonto ni imbécil moral o inmoral.