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MINISTROS Y ENCUESTAS. Por Parco Lacónico

La Paz , BoliviaLa Paz

(Bolivia)

En aras de fomentar las buenas relaciones entre España y Bolivia —y en general con las Américas— el ministro español de Exteriores ha dicho que «cada vez que en Bolivia hay algún problema interno se expropian empresas españolas». Y así, con tan contundente como vacía explicación, se queda tan campante este ancianete miembro del Gobierno de España. (Yo sé que andan temblando en los hogares de pensionistas, no vaya a ser que les coloquen de presidentes a este García-Margallo y a Fernández Díaz, el actual de Interior). ¡Ay, si los sucesivos gobiernos de esta sedicente democracia no hubiesen privatizado las compañías españolas más rentables, muchas de las cuales andan ahora por ahí expoliando todo lo que pueden y le dejan, además de hacerlo en el territorio original! Y no digamos si hubiesen nacionalizado las extranjeras que tanto han extraído y siguen extrayendo de nuestras riquezas naturales, incluidas las humanas. Venga ya, García Margallo, que estáis todos más vistos que Blancanieves, Escarlata O’Hara y Duran i  Lleida.

            Cada vez que interesa a alguna empresa periodística y a cuantos viven del rollo de la politiquería, sale por ahí tal o cual encuesta sobre valoración de los políticos y, sobre todo, acerca de la intención de voto. ¿Quién y cómo hace las encuestas? ¿Qué grado de veracidad tienen en todos los sentidos y aspectos? Por otra parte, ¿a quién le interesa verdaderamente «lo que nos revelan» las encuestas? Pues a nadie, salvo a quienes tienen necesidad de creérselas y a quienes tienen la psiquis bollada.

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EL SUEÑO DE DON ANTONIO. Por María del Águila Barrios

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Casa de Ibarra

Alcalá de Guadaira

(Foto: Manuel Verpi 2013)

El chófer llegó en el coche oficial a la puerta de la casa de don Antonio. Llamó al porterillo. Tardaron en contestar. Una voz excusaba al señor, por no estar aún preparado. El chófer esbozó una sonrisa. Decidió fumarse un cigarrillo mientras esperaba. Desde luego la mañana no era muy agradable, hacía frío y la niebla lo confundía todo.

            Así, como el día, se despertó don Antonio, confundido, porque  no daba crédito a la hora que indicaban las agujas del reloj. La manta sólo le dejaba al descubierto la cara y sus ojos miraban y veían que era tarde, aunque ya le había avisado la empleada de que su chófer le esperaba. Dejó de mirar el reloj y dirigió sus ojos a la ventana. Fuera un gris lechoso y deprimente. No se atrevía a abandonar la calidez de la cama. Otra vez Madrid, otra vez. Otro AVE, se lamentaba. 

            Con el tiempo justo para coger el tren llegó a Santa Justa. Mientras le verificaban su billete de clase club le advertían que un minuto más tarde y no lo habrían dejado pasar. En el andén apuró presuroso un pitillo mañanero y amargo, y tuvo que ser requerido por la azafata con un dése prisa que sale el tren…

            En su asiento notó algo raro. No sabría decir qué. Era una cuestión de matices, pero era incapaz de concretar cuáles. Luego el taxi lo dejó en la Carrera de San Jerónimo. Don Antonio se bajó del coche y le extrañó que el pavimento no fuera el que normalmente reconocía como el granito gris madrileño, sino que caminaba por una pendiente escalonada de ladrillos de taco. A un lado y a otro de la cuesta casi todas las casas estaban arruinadas, los matojos y los desperdicios invadían los jardines, las altas farolas de diseño rotas a pedradas, las viejas tapias pintarrajeadas con obscenidades…

            De pronto se hizo de noche. Iba sin guardaespaldas y se sintió sobresaltado. Le vino a la cabeza el fenómeno de los viajes astrales, que le asustaba desde que le hablaron por primera vez de tal fenómeno cuando sólo era un adolescente. ¡Y estaba en un auténtico viaje astral a su pueblo! Efectivamente, subía por la cuesta de El Águila con su maletín, abrigo largo, traje y zapatos de salón, entre todo aquel abandono. Y en el sueño el miedo empezó a convertírsele en vergüenza, una enorme vergüenza ante la íntima convicción de que toda aquella inmundicia urbana tenía algo que ver con él. Cuando había remontado toda la cuesta, soltó el maletín en el suelo y se puso a contemplar el panorama de su pueblo que desde allí se tiene.

            En el ajuste de vías para entrar en Atocha, traqueteó y cimbreó el tren. En Madrid lucía un sol radiante. Se despertó aturdido y descubrió que todo había sido una pesadilla. Excitado y despreocupado bajó.

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Vista de Alcalá desde El Águila

(Foto: Manuel Verpi 2013)

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«CVRSVS PVBLICVS». Por José Manuel Colubi Falcó

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Buzones de Arad

Rumanía

(Foto: LGV 2004)

A los funcionarios de Correos

O correo público organizado, cuyo origen se halla en la Persia del rey Darío, en el siglo V, tiene, en Roma, una larga historia, que va desde una prestación de la forma más elemental, hasta su desarrollo continuo en época de Augusto y su perfeccionamiento en la de Constantino. Es por vez primera regulado en su conjunto, dentro de un corpus legislativo, en el segundo código romano, el Teodosiano (438 d. C.), cuyo libro VIII, título V, De la posta pública, de las angarias y de las parangarias, consta de 66 leyes.

            En la jerarquía de autoridades administrativas que dirigen este servicio, ostenta la primacía el prefecto del Pretorio en las prefecturas, seguido del vicario en las diócesis y, en las provincias, del gobernador o presidente, de quien depende el prefecto del correo o praefectus vetriculorum. A éste están subordinados, para la prestación del servicio, otros magistrados inferiores y subalternos: el mancipe, jefe del distrito postal (cargo que a veces era un castigo), que ejercía su función directiva sobre los stationarii, encargados de cambiar los tiros en la casa de postas (statio, estación) o en la mansio (mesón, posada), los stratores (servidores de los establos), los muliones (conductores, muleros), los mulomedici o veterinarios, los carpentarii (carpinteros reparadores de los carpenta, carros). Los animales, protegidos por ley de los abusos de sus conductores (v. gr., prohibición del uso del bastón) eran bueyes, mulos, asnos y, naturalmente, caballos, que recibían nombres diversos según su función: veredos (reglamentarios de la posta), parhipos, paraveredos (excepcionales), avertarios, agminales, (bagajeros); tiraban de vehículos de tipos diversos denominados según sus funciones: angarias (reglamentarios de la posta), parangarias (los suplementarios o excepcionales), birotae (birruedas), redas (de cuatro ruedas), carretas, etc. Y, naturalmente, el emperador, por sí o por delegado, era quien daba licencia (evectio) al particular para el uso de la posta.

            El particular, en cambio, había de recurrir a medios propios para su correspondencia; los tabellarii atendían al servicio epistolar, los cursores si era urgente; y también los mercaderes o amigos cuando marchaban a otros lugares lejanos podían portar las cartas, plegadas y selladas, a su destino.

GOBIERNO DE SALVACIÓN. Por Rafael Rodríguez González

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Existen hombres y mujeres capaces y valientes. No voy a dar nombres (hay que protegerles). ¿Pero cómo investirlos de poder? Más importante aún: ¿se sostendrían?

    «Esto no hay quien lo arregle». Es lo más oído en la calle, en las fábricas que quedan, en las universidades, en las colas del paro. ¿Entonces? ¿Seguiremos instalados en la hiperestafa, en el macrodesfalco, en la superfarsa, sin conservar derecho alguno, es decir, inertes e inermes bajo la dictadura? ¿Hay que seguir alimentando la sensación de impotencia, la realidad de ser siervos y de ser nulos en política? Es muy probable, sí, hay que admitirlo. De hecho, nos aproximamos a la oscuridad más absoluta a la velocidad de la luz. Si así sucede no será porque los que dominan el cotarro no estén dando pie a que se origine la revuelta, pero… Veamos algunas cuestiones.

    Dejemos sentado que los banqueros alemanes y de otros países, incluida España (y en consecuencia sus respectivos Estados), son los principales dominadores, a los que acompañan, como la caspa al pelo, los encumbrados políticos (muchos son lombrices intestinales, o sanguijuelas sin fines curativos). Pero no nos equivoquemos: eso del 99% frente al 1% es una ilusión; como mucho, una visión teórica basada en potencialidades teóricas. Y en deseos explicables. El análisis concreto de la realidad concreta nos indica que al servicio, directo o indirecto, de esos dominadores, hay un conjunto de personas, individual o colectivamente tomadas, que constituyen una fortificación, muy sólida por lo general, del orden establecido.

    Por otra parte, téngase en cuenta que los siameses sindicales no paran de exigir (en realidad de suplicar) pactos, como si a estas alturas tuviesen algún resto de poder y los pactos alguna vez hubiesen servido para algo (a los de abajo, digo). Y que tanto Rubalcaba como Cayo Lara, en sus apariciones televisivas, exhiben su complicidad con lo que hay: si un Gobierno no es directamente corrupto tiene derecho a imponer a la población cuantos sacrificios considere. ¡Eso es lo que en realidad dicen! Del PSOE, ¡qué decir!, y lo de IU suena a lo que es: claudicación total y definitiva. En los dos: verborrea pura y simple. ¡Qué panorama! Y, para colmo, la corrupción más encandalosa centrándolo todo, cuando la corrupción está en el ADN del Sistema, impregnándolo de arriba a abajo y siempre.

    Hasta es posible que existan conspiraciones en más de una dirección, tendentes a una «solución» aparentemente «tranquilizadora».

    De modo que no hay forma de lograr un Gobierno de Salvación como no sea que la mayor parte del pueblo haga que los poderes se plieguen a la apertura de un proceso constituyente que ponga los problemas sobre el tapete a la vista de todos. Y, luego, que ese pueblo verdadero sostenga a ese Gobierno si se sostiene en su cometido. Pero, ¿cómo y a costa de qué sacrificios?

    Contaba Manuel Sacristán, uno de esos sabios que la Humanidad produce de tarde en tarde, que Hugo de San Víctor, hace ochocientos años, abría su Dialéctica recordando a los lectores que la gente hablaba antes de que hubiera gramática, y que razonaba antes de que existieran tratados de lógica. Metáforas como esa están hechas para aplicarse.

DISCIPLINA ESPARTANA. Por José Manuel Colubi Falcó

Caesar van Everdingen - Licurgo demuestra los beneficios de la educación - h1660

Licurgo legisla en Esparta

Caesar van Everdingen

1616/17-1678

Frente al ideal ateniense, Esparta representa la visión totalitaria del Estado. No era, propiamente, una ciudad, sino un campamento en el que un ejército —el conjunto de los ciudadanos, que sólo podían ser soldados— se adiestraba para mantener el orden constituido ante cualquier amenaza. Y con toda lógica, pues desde antiguo es verdad incontrovertible que todo gobierno se mantiene sólo si persevera en el uso de los mismos medios que le dieron el poder. Y de ahí su disciplina férrea frente a gentes cruelmente sojuzgadas.

            Recién nacido un niño, el anciano de la tribu decidía sobre su vida: si de complexión débil, era despeñado desde la cumbre del Taigeto; si no, se le declaraba apto para el servicio. Hasta los siete años vivía con la madre, y a partir de esa edad ingresaba en un batallón y hacía vida de cuartel: entrenamiento deportivo hasta los doce, en que ya era sometido a la agogá, disciplina rigurosa que comprendía ejercicios físicos duros, pobre vestido, alimentación deficiente, abstinencias diversas, y descanso escaso sobre lecho de juncos y sin cubierta. Anualmente se sometía a la diamastígosis ante el altar de Ártemis Orthia, flagelación que el muchacho había de soportar sin queja. El objetivo perseguido era claro: endurecerlo, física y anímicamente, para vencer toda suerte de adversidades. No obstante, se fomentaba también entre los jóvenes la astucia para que resolvieran sus problemas; por ejemplo, los de alimentación mediante el robo, impune siempre que no fuesen sorprendidos; si no, sufrían pena de flagelación. A los diecinueve años se les consideraba soldados —y lo serían hasta los sesenta—, a los veinticuatro combatían —la guerra fue mal endémico entre los griegos— en primera línea, y a los treinta ingresaban en la Asamblea y podían vivir en sus casas, pero con la obligación de ir a comer la sopa negra a diario con los conmilitones. El rapto era la forma sólita de contraer matrimonio, que se mantenía secreto y sólo se hacía público cuando sobrevenía el embarazo.

            Lo que entendemos —o entendíamos— por enseñanza era secundario; allí se fomentaba sólo la parquedad verbal, el laconismo, el aprendizaje memorístico de los poemas homéricos, los cantos de marchas militares y de guerra…

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BULIS Y ESPERQUIS. Por José Manuel Colubi Falcó

ESPARTA. Por José Manuel Colubi Falcó

LOS TRILEROS. Por Parco Lacónico

El prestidigitador EL BOSCO

El prestidigitador

El Bosco

1450-1516

Total, que un montón de españoles está deseando que el desempleo no baje del 20%. Cosa más lógica no la hay, porque pasar de recibir cuatrocientos euros a no percibir ni uno es algo de notar. Eso, en el caso de que recibiera el subsidio, pero ya me dirán del que se quede parado justo en el momento de rozar ese 20% y, al cabo de unos meses, sin subsidio ni prestación de los cuatrocientos. Cada vez que se asiste a las ruedas de prensa (cada viernes, no se las pierdan) de eso autotitulado Gobierno de España, y que en realidad no es sino una oficina de malhechores, a uno le entra la duda de si está o no estancado en un perenne 28 de diciembre. Es así que Fátima Báñez, esa clon de un ser que aún no se ha descubierto, pero que existe, porque, señores, esa señora no puede ser más que un clon de algo o de alguien, amenaza de nuevo: «Trabajamos para cambiar las cosas». No, mi alma, si lo que queremos es que no hagáis nada, como aquel del chiste, cuando iba terraplén abajo, precisamente en Fátima: «¡Virgencita, por lo menos como estaba!»

            Sin embargo, a la calorina de los cuatrocientos, y sin sufrir ningún bochorno, ha habido más gente que ha querido parecer que defiende al pueblo: el PSOE puso el grito en el cielo, tomando a esa limosna como el fundamento de la «política social». O sea, que esa birria de subsidio, ese ridículo auxilio, ese ofensivo donativo, es a lo que tienen que aspirar los parados presentes y futuros, pero ¡sólo y exclusivamente hasta que el paro sea del 20%! ¿O qué se cree la gente?

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AMNISTÍA Y LIBERTAD. Por Joaquín de Grado

torosenlamaestranza LGV 2011

Estoque del matador al toro
Sevilla 2011
Foto: LGV

Era lo que gritaban en algunas de aquellas manifestaciones tan rápidas que se hacían en 1976 quienes las integraban y en seguida se desintegraban (y si no, que se quedaran). Amnistía sí hubo, y libertad, ya lo sabemos, también. Pero a la libertad le pasa como a las estocadas: está el metesaca, el estoconazo, la media, la entera, la caída, la trasera, la desprendida, la baja, la delantera, la de puño, la tendida, la honda… ¿Es que la libertad es como un estoque?, dirá algún lector, temeroso de que incurramos en sacrilegio. Pues claro que sí, contesto yo, ¿o es que el ejercicio de determinada libertad de determinados individuos no puede ser una puñalada para otros? ¿No es una estocada entera en el cuerpo del pobre el ejercicio de la libertad del banquero? ¿No es la libertad de los ejecutivos de las eléctricas otro profundo estoconazo en el cableado tronco del consumidor? No es una hasta el puño la libertad para cerrar empresas? ¿No es la libertad del representante del pueblo de hacer lo contrario de lo que dice una hendidura sangrienta en la sustancia del pueblo? ¿A qué se reduce, por el revés, la libertad para el estoqueado? Hasta ahora, a la de poder elegir a los mozos de espada de los distintos matadores. Algunos de éstos hacen faenas muy vistosas; los hay que hasta salen a hombros por la puerta grande, según lo abultado de sus resultados. Incluso los hay que ¡rarísimas veces!, llegan a indultar a algún toro, aunque ya hace muchísimo tiempo que un hecho así no se produce.

            ¡Ah!, estábamos también con lo de la amnistía. La fiscal, claro, la fiscal. Otro ejercicio de libertad.

EL TÚNEL [fragmento]. Ernesto Sabato (1911-2011)

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Firma-sabato«Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.»

«Volví a casa con la sensación de una absoluta soledad.

            Generalmente, esa sensación de estar solo en el mundo aparece mezclada a un orgulloso sentimiento de superioridad: desprecio a los hombres, los veo sucios, feos, incapaces, ávidos, groseros, mezquinos; mi soledad no me asusta, es casi olímpica.

            Pero en aquel momento, como en otros semejantes, me encontraba solo como consecuencia de mis peores atributos, de mis bajas acciones. En esos casos siento que el mundo es despreciable, pero comprendo que yo también formo parte de él; en esos instantes me invade una furia de aniquilación, me dejo acariciar por la tentación del suicidio, me emborracho, busco a las prostitutas. Y siento cierta satisfacción en probar mi propia bajeza y en verificar que no soy mejor que los sucios monstruos que me rodean.»

«(…) Y suele resultar, también, que cuando hemos llegado hasta ese borde de la desesperación que precede al suicidio, por haber agotado el inventario de todo lo que es malo y haber llegado al punto en que el mal es insuperable, cualquier elemento bueno, por pequeño que sea, adquiere un desproporcionado valor, termina por hacerse decisivo y nos aferramos a él como nos agarraríamos desesperadamente de cualquier hierba ante el peligro de rodar en un abismo.»

 

           [Ernesto Sabato, El túnel, 1948.

Editorial Seix Barral, S.A. Págs. 11, 80 y 81. Barcelona, 1980]

ALCALDES, O ZOQUETES. Por Rafael Rodríguez González

En Paraguay llaman zoquete al cargo público. Ignoro si con la misma exactitud guasona que aquí lo haríamos.

            El alcalde de Sabadell, el de X, el de Y, el de K —nos faltarían letras en el alfabeto—, están imputados como presuntos culpables de prevaricación en distintos grados, siendo la sirvengonzonería en grado superlativo el denominador común. Enjuiciados judicialmente no están todos los alcaldes de España, es cierto, pero en el discernimiento popular se salvan poquísimos.

            El de Sabadell, uno de los alcaldes más cursis de España, dijo, al dejar en suspenso su cargo: «Me aparto unos centímetros», como el que va a freír un huevo y no quiere que le manche el aceite. El que no manchó su honor fue un antecesor suyo, que echó a empujones de su despacho a un empresario que intentó sobornarlo. «Me aparto unos centímetros», dice el relamido. Lo que tienes que hacer es irte al infierno, mamarracho.

            «El mejor alcalde, el rey». Pues ya ni eso.

            Un amigo, tan exagerado como casi todos los que tengo, jura que iría a comer con un alcalde sólo si este devolviera todo lo que se haya comido. Y puntualiza: «Antes, antes».

            Otro dice que, en un futuro, la sociedad habrá alcanzado tal nivel de equidad y conciencia que los encargados de ejercer el mínimo control necesario lo serán por rotación. Vale, pero no creo que a la Humanidad le quede tanto tiempo.

            A Pepe Isbert y a Manolo Morán, alcalde y conseguidor, respectivamente, en Bienvenido Míster Marshall, no se les puede achacar haber creado escuela de alcaldes y conseguidores (pobrecitos míos; digo Isbert y Morán). Además, éstos de ahora ni tienen gracia ni son buenos actores.

            Hay alcaldes a quienes les pierde el ego; a otros, la ambición pecuniaria; los hay que ambas cosas y otras más. Lo que es seguro es que para entonces el ego y la ambición ya habrán echado a perder sus municipios.

            «La gente es tonta, ¡un hombre honrado no puede ser alcalde!». Esto se lo oí, siendo yo un pollo, a un viejo que hablaba con otro acerca de la conveniencia de que fuese nombrada alcalde determinada persona (a la que conocí y traté muchísimo). Es una verdad que nunca tomé como absoluta.

            «¿De dónde vienes?», le pregunta un paisano a otro. «De pedir cita con el alcalde, ¡y vaya lo que me han dicho!». «¿El qué?». «Esto: ¿pero usted quién se ha creído que es?». Tal hecho, no se confundan, sucedió en Zamarra de Enmedio.

            Hay alcaldes que son muy sonados; otros hay que están más sonados que los rivales que le buscaban a Urtain. Se puede pertenecer a ambos grupos simultáneamente.

            Los zoquetes demostradamente corruptos, y también los sospechosos de serlo, son votados elección tras elección. La mayoría de esos votantes considera que hacen bien (los alcaldes), porque «yo haría los mismo». ¿No es para sentirse orgullosos de esos votos? En la democracia de los piratas, es decir, en la realmente existente, sí.

1000 KILOS DE HACHÍS «ES-FUMADOS». Por Parco Lacónico

Jorge Fernández Díaz

 Jorge Fernández Díaz

ministro del Interior de España

 

Tengo un amigo que a su vez tiene otro cuyo hijo es muy amigo de Leo Messi, ese excelente practicante del balompié tantas veces premiado con el Balón de Oro. Pues bien, enterado de estas circunstancias, un conocido joyero de Alcalá me ha pedido que lo pusiera en contacto con ese mi amigo que a su vez…, de forma que pudiera entablar negociación con el futbolista para adquirir uno o dos de esos balones. Ese joyero razona así: si ya tiene cuatro y seguramente ganará algunos más, ¿por qué no va a venderme a mí uno o dos, si se lo pagaré bien? Dice todo eso mientras coloca otro letrero más grande en la puerta, con la consabida leyenda: «Se compra oro. Pago de escándalo».

            En un país en el que se oyen las explicaciones del ministro del Interior sobre el robo de 1000 quilos de hachís de una dependencia policial (ya conoce el lector las circunstancias), sin que nadie se ría en sus barbas ni exija su destitución, es que la vergüenza y la dignidad no habitan en esos seres que circulan por el Parlamento: diputados y ministros. Además, lo que tienen que hacer es legalizar el hachís; ahora bien, que sea cuando haya un Gobierno en el que todos los ministros, y el primero el de Interior, no anden siempre tan colocados.

            No sale en ningún medio, pero un tal Sebastián Sastre ha sido nombrado magistrado de la Sala de lo Civil del Supremo, la misma que habrá de decidir sobre las estafas de las preferentes. No pasaría nada si este Sastre no fuera el mismo que ha cortado los trajes a medida de la Banca española durante años.

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