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JOSÉ VA A EMPADRONAR A SU FAMILIA. Por José Manuel Colubi Falcó

Sagrada Familia de Murillo

 Sagrada Familia

 Bartolomé Esteban Murillo

1617-1682

 

En el «Protoevangelio de Santiago» (Los Evangelios apócrifos, B.A.C., nº 148), se transmite, en griego, que traduzco, la siguiente historia:

            «Hubo orden del emperador Augusto de que fueran censados todos los que habitaban en Belén de Judea. Y dijo José: “Yo empadroné a mis hijos, pero ¿qué haré con esta muchacha? ¿Cómo la empadronaré? ¿Como mujer mía? Me da vergüenza. ¿Como hija? Todos los hijos de Israel saben que no es hija mía.”

           »…Puso una manta sobre la burra, la sentó encima, su hijo tiraba del ronzal y José acompañaba. Y llegaron a unas tres millas, José se volvió y la encontró triste, y dijo para sí: “Quizá lo que en ella hay la turba.” Y de nuevo se volvió José y la vio sonriente. Y le dijo: “María, ¿qué te pasa que veo tu cara unas veces sonriente y otras triste?” María dijo a José: “Es que con mis ojos estoy viendo dos pueblos, uno lloroso y abatido, y el otro, alegre y jubiloso.” Llegaron a mitad del camino, y María le dijo: “Bájame de la burra, porque lo que hay en mí me empuja para venir.” Y él la bajó de la burra y le dijo: “¿A dónde te llevaré y dónde protegeré tu pudor? Porque el lugar es desierto.” Halló una cueva allí, la introdujo en ella, puso a su lado a sus hijos y, habiendo salido, iba buscando una partera hebrea en tierra de Belén.

            »He aquí que una mujer… me dijo: “¿A dónde vas?”,y dije: “Busco una partera hebrea…”Ella dijo: “¿Quién es la que está dando a luz en la cueva?” Yo dije: “La desposada conmigo.” Y me dijo: “¿No es tu mujer?” Le dije: “Es María, la que fue criada en el templo del Señor; yo la obtuve en suerte como mujer y no es mi mujer, sino que ha concebido por el Espíritu Santo.” Le dijo la partera: “¿Es eso verdad?” José le dijo: “Ven y ve.” La partera marchó con él… y una nube luminosa sombreaba la cueva. Y dijo la partera: “Mi alma hoy se ha hecho grande porque mis ojos han visto cosas increíbles: que ha sido dada a luz la salvación de Israel.” Y de pronto la nube comenzaba a retirarse de la cueva y brilló en la cueva una luz grande, tanto que nuestros ojos no la soportaban.

            »Y al poco aquella luz retirábase, apareció la criatura, llegó y tomó la teta de su madre, María. Gritó la partera y dijo: “Grande es para mí este día, pues he visto con mis ojos este nuevo milagro.”»

 

LA PALMA DE LA VICTORIA. Por José Manuel Colubi Falcó

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Palmeras en el Jardín Botánico
Lisboa
2012
(Foto: LGV)

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El Evangelio del Pseudo Mateo (Evangelios apócrifos, B.A.C. 148) cuenta un episodio de la huida a Egipto que ofrece una curiosa explicación del porqué la palma simboliza la victoria. He aquí nuestra traducción del texto latino:

…………«Sucedió que en el día tercero de su marcha María se fatigara con el excesivo ardor del sol en el desierto; y, viendo un árbol de palmera, dijo a José: “Descansaré un poquito bajo su sombra”. Y José, apresurándose, la llevó hasta la palmera y la hizo bajar del jumento. Y cuando María se hubo sentado, mirando la copa de la palmera, la vio llena de frutos, y dijo a José: “Desearía, si pudiese ser, tomar de esos frutos de esta palmera”. Y José le dijo: “Me admira que digas eso cuando de cuán gran altura es esta palmera, y que pienses tú comer de los frutos de ella. Más pienso yo en la penuria del agua, pues ya nos faltó en los odres, y no tenemos de dónde podamos reponernos nosotros y los jumentos”.

…………»Entonces el pequeño Jesús dijo a la palmera: “Dóblate, árbol, y de tus frutos repón a mi madre.” Y al punto, a esta voz, inclinó la palmera su copa hasta las plantas de María, y recogieron de ella frutos con los que todos se repusieron. Después que fueron recogidos todos sus frutos, permanecía inclinada, esperando levantarse al mandato de aquel por cuya orden habíase inclinado. Entonces Jesús le dijo: “Yérguete y confórtate, y sé consorte de los árboles míos que están en el paraíso de mi Padre. Mas de tus raíces abre la vena que está escondida en la tierra, y fluyan de ella aguas para saciedad nuestra.” Y al punto se irguió la palmera, y en sus raíces comenzaron a brotar fuentes de aguas limpísimas, frescas y sumamente dulces. Y ellos, viendo las fuentes de aguas, sintieron un gran gozo y se saciaron, con todos los jumentos y los hombres, dando gracias a Dios.

…………»Al día siguiente partieron de allí y a la hora en que comenzaron a marchar, Jesús, vuelto hacia la palmera, dijo: “Este privilegio te doy, palmera: que una de tus raíces sea llevada por mis ángeles y plantada en el paraíso de mi Padre. Y te daré esta bendición: que a todos los que vencieren en algún certamen se les diga: Habéis llegado a la palma de la victoria.”»

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ATAHUALPA YUPANQUI (31 de enero de 1908-23 de mayo de 1992). Homenaje de «CARMINA» en la víspera del vigésimo aniversario de la muerte del poeta y músico argentino

VASIJA DE BARRO

Yo quiero que a mí me entierren

Como a mis antepasados

En el vientre oscuro y fresco

De una vasija de barro.


Cuando la vida se cubra

Tras una cortina de años

Vivirán a flor de tiempo

Amores y desengaños.


Arcilla cocida y dura

Alma de verdes collados

Sangre y sueño de mis hombres

Sol de mis antepasados.


De ti nací y a ti vuelvo

Arcilla, vaso de barro

Y en mi muerte yazgo en ti

Y en tu polvo enamorado.


Yo quiero que a mí me entierren

Como a mis antepasados

En el vientre oscuro y fresco

De una vasija de barro.

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LA SUERTE DE PILATO. Por José Manuel Colubi Falcó

Primera estación del Vía Crucis
Gebhard Fugel
1863-1939

Entre las obras de carácter novelesco y dadas a la fantasía que se leen en los Evangelios apócrifos (ed. de Aurelio de Santos, nº 148 de la B.A.C.), cuéntase la de la muerte de Pilato. El hombre que no quería responsabilidades poco consiguió lavándose las manos. Vean, si no, cuál dicen que fue su suerte.

Enterado Tiberio, gravemente enfermo, de que en Jerusalén hay un médico, Jesús, que cura sólo con la palabra, manda a Volusiano a aquella tierra para que Pilato envíe a Roma a dicho médico y éste sane al emperador. Personado el mensajero ante el gobernador, se entera por él de la muerte de Jesús, un malhechor que fue crucificado por orden suya. La suerte de Pilato está echada, pero por si poco faltara entra en escena la Verónica, que colma de elogios a Jesús y acompaña a Volusiano en su regreso, llevando consigo el lienzo con la imagen que el propio Jesús le había dado. Llegados ambos ante Tiberio, éste sana con sólo una mirada devota a la imagen y, agradecido, hace venir a Roma a Pilato, lo juzga y condena a muerte ignominiosa, pero el ex gobernador se suicida con un cuchillo. He aquí el relato de la suerte que tuvo su cadáver:

«Atáronle, pues, a una ingente mole y le arrojaron a lo profundo del Tíber. Mas sucedió que ciertos espíritus inmundos y malignos, gozándose con un cuerpo de su misma condición, se movían en las aguas y traían en los aires rayos y tempestades, truenos y granizo, hasta el punto de que todos estaban sobrecogidos de un terrible temor. Por lo cual los romanos lo sacaron del río Tíber y lo llevaron en son de burla a Viena y lo arrojaron a lo profundo del Ródano, pues Viena suena algo así como camino de la gehenna (infierno), por ser en aquel tiempo un lugar maldito. Pero también allí se presentaron los malos espíritus, haciendo las mismas cosas. No aguantando, pues, aquellos habitantes tan gran invasión de demonios, echaron lejos de sí aquel vaso maldito y encargaron que recibiera sepultura en el territorio de Lausana. Los habitantes de esta región, sintiéndose excesivamente oprimidos por las susodichas invasiones, lo echaron lejos de sí y lo arrojaron a un pozo rodeado de montañas, donde, de dar crédito a la relación de algunos, se dicen que andan bullendo todavía algunas maquinaciones diabólicas.»

RELACIÓN DE PILATO SOBRE JESÚS REMITIDA A AUGUSTO. Por José Manuel Colubi Falcó

Descendimiento de la cruz
Roger van der Weyden
1399-1464

Forma parte de los apócrifos de la pasión y resurrección (cf. B.A.C. nº 148) y en ella el gobernador refiere al César los milagros de Jesús, su condena y acontecimientos posteriores a la crucifixión. Dice así:

«En aquellos días, después de haber sido crucificado nuestro Señor Jesús Cristo, siendo gobernador de Palestina y de Fenicia Poncio Pilato, se hicieron en Jerusalén estas memorias sobre los hechos realizados por los judíos contra el Señor. Pues bien, Pilato las remitió, junto con su relación particular, al César, en Roma, escribiendo así:

»Al poderosísimo, divinísimo y terribilísimo Augusto César, Pilato, gobernador de la provincia oriental:

»Poderosísimo Señor: Os hago una notificación por la cual me encuentro presa del temor y del temblor. En efecto, en esta provincia que gobierno, la que es Jerusalén, la única de sus ciudades, la multitud de judíos me entregaron un hombre que era llamado Jesús, profiriendo contra él muchas acusaciones que no pudieron demostrar con concurso de razones. Contra él aducían una herejía: que Jesús les decía que el sábado no era (día de) descanso ni fiesta de guardar. En efecto, en ese día realizó numerosas curaciones, hizo que los ciegos vieran, que los cojos pasearan, resucitó a muertos, limpió a leprosos, curó a paralíticos, que no podían tener impulso de cuerpo ni estabilidad de nervios, sino solamente voz y carácter, y les dio fuerza para pasear y correr, eliminando la debilidad con una sola palabra. Y nuevamente, otro hecho de mayor poder aún, hecho que es ajeno a nuestros dioses: resucitó a un muerto de cuatro días, llamándolo con una sola palabra, y eso que el muerto ya tenía pus, y (estaba) corrompido por los gusanos que nacían de su cuerpo y tenía el hedor de un perro. En habiéndole visto yacente en la tumba, le mandó que echara a correr, (y éste) como si no tuviera nada en absoluto de muerto, como un novio de la alcoba nupcial, también así salió él de la tumba, lleno de infinito perfume.

»Y a unos forasteros, claramente endemoniados, que tenían su morada en los desiertos, comían sus propias carnes y vivían igual que bestias y reptiles, también a éstos los hizo habitantes de ciudades, con su palabra los mostró prudentes y los preparó para ser sabios, poderosos e ilustres, comensales de todos los enemigos de los espíritus impuros, funestos, que había en ellos, a los que arrojó al fondo del mar.»

MUERTE Y RESURRECCIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

MUERTE Y RESURRECCIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

Lamentación de Cristo muerto
Andrea Mantegna
1431-1506

De los «Evangelios apócrifos» (BAC nº 148), el de Pedro nos ofrece esta versión de la muerte y resurrección de Jesus (versículos 15-42, que traduzco):

«15. Era mediodía y la oscuridad invadió toda la Judea. Ellos estaban turbados y angustiados, no fuera que se pusiera el sol, dado que (Jesús) aún vivía, pues para ellos está escrito que «el sol no se ponga sobre un ejecutado». 16. Uno de ellos dijo: «Dadle de beber hiel con vinagre.» Y, haciendo la mezcla, le dieron de beber. 18. Muchos iban de un lado para otro con antorchas, creyendo que era noche, y caían. 19. Y el Señor gritó diciendo: «¡Mi fuerza, mi fuerza, me abandonaste!» Y, habiéndolo dicho, fue acogido (en el cielo). 20. Y a la misma hora se rasgó en dos el velo del templo de Jerusalén. 21. Y entonces arrancaron los clavos de la manos del Señor y lo pusieron sobre la tierra. Y toda la tierra sufrió un seísmo y se hizo un gran miedo. 22. Entonces brilló el sol y se halló que era la hora nona. 23. Los judíos se alegraron y dieron su cuerpo a José para que lo sepultara, puesto que habían visto cuántos bienes había hecho (Jesús). 24. Habiendo tomado al Señor, lo lavó y envolvió en una sábana, y lo introdujo en un sepulcro propio llamado «Jardín de José». 33. Le pusieron siete sellos y, habiendo levantado una tienda, se pusieron a hacer guardia. 34. Muy temprano, cuando comenzaba a clarear el sábado, vino una multitud desde Jerusalén y las cercanías, para ver el sepulcro sellado. 35. Pero en la noche en que alumbraba el día del Señor, hallándose de guardia los soldados de dos en dos por puesto, una gran voz hízose en el cielo. 36. Y vieron abiertos los cielos y que dos varones bajaban de allí llenos de mucha luz y se acercaban a la tumba. 37. La piedra aquella que habían arrojado sobre la puerta, rodando por sí misma cedió a una parte y el sepulcro se abrió y ambos jóvenes entraron. 38. Habiéndolos visto los soldados, despertaron al centurión y a los ancianos, pues también ellos estaban de guardia. 39. Y mientras explicaban lo que vieron, de nuevo ven que han salido del sepulcro tres varones, que dos sostenían a uno y que una cruz acompañaba. (40) y que la cabeza de los dos llegaba al cielo, mas la del conducido sobrepasaba los cielos. 41. Y oyeron una voz desde los cielos que decía: «¿Lo anunciaste a los durmientes?» 42. Y se oyó una respuesta obediente desde la cruz: «Sí»»

MILAGROS DE JESÚS NIÑO. Por José Manuel Colubi Falcó

San José con el Niño Jesús
Vicente Berdusán y Osorio
(1632–1697)

En los Evangelios apócrifos (B.A.C. 148), entre los apócrifos de la infancia se cuenta el llamado Libro sobre la infancia del Salvador, en latín, cuyos parágrafos 1 y 2 traduzco:

            «Sucedió en un tiempo que muchos niños seguían a Jesús y jugaban con él. Pero cierto padre de familia, muy airado porque su hijo corría con Jesús, lo encarceló para que no siguiera más a Jesús, en una torre muy fuerte y sólida, donde no había una sola abertura ni entrada alguna salvo la puerta y una ventana solamente, estrechísima, para que entrara un tantito de luz, y la puerta, escondida y además sellada. Y sucedió al padre de familia y se hizo que uno de los días retrocedió allí Jesús con los niños que con él jugaban. Al oírlo el chico encarcelado, llamó por la ventana diciendo: “Jesús, compañero queridísimo, he oído tu voz, mi alma ha aplaudido y me he sentido reconfortado. ¿Por qué me dejas encerrado?”. Vuelto hacia él, Jesús dijo: “Extiéndeme una mano o un dedo tuyo por el agujero.” Y habiéndolo hecho, Jesús aprehendió su mano y por la muy estrecha ventana extrajo al niño, que le siguió. Y Jesús le dijo: “Reconoce el poder de Dios y cuenta en tu vejez lo que Dios te hizo en tu puericia.” Habiéndolo visto el padre de familia, primero él se acercó a la puerta y lo vio todo escondido y sellado y a gritos protestó diciendo que era un fantasma; y sus ojos estaban cerrados para que no reconociera el poder divino.

            »El mismo padre de familia, el sumo entre los magistrados de la sinagoga y los fariseos, escribas y doctores, se quejó a José de Jesús, de que hizo nuevas maravillas entre el pueblo, de suerte que ya era venerado como Dios, y exaltándose dijo: “He aquí que nuestros niños, de los que uno es hijo mío, siguen a Jesús hasta el campo de Sicar”. Y airado cogió una fusta para golpear a Jesús, y persiguió a Jesús hasta un monte al que subyace de un lado una planicie de habas. Y Jesús esquivó su furor y dio un salto desde los montes, desde la cresta, hasta un lugar que dista del monte cuanto el arco arroja la saeta. Y queriendo los otros niños seguirle con un salto similar, al precipitarse en seguida se rompieron las piernas, los brazos, los cuellos. Y, habiéndose producido por eso una grave queja ante María y José, Jesús los sanó a todos y los devolvió más validos. Cuando lo hubo visto el archisinagogo, el padre, ciertamente, del niño encarcelado, a una con todos los que estaban presentes viéndolo, a un tiempo adoraron a Dios Adonay. Y el lugar en el que Jesús dio el salto hasta hoy se llama “Salto del Señor”.»

LA TRAICIÓN DE JUDAS. Por José Manuel Colubi Falcó

La última cena
Leonardo da Vinci
1452.1519

Nos lo cuenta la Declaración de José de Arimatea (cf. «Evangelios apócrifos», B.A.C. nº 148), en I, 3-4 y II, 2-4, textos que traduzco.

(I, 3-4): “Fue detenido también Jesús antes del tercer día de la Pascua, cuando era la tarde. No había Pascua para Caifás ni para la multitud de los judíos, sino que tenían una gran pena por el robo del ladrón que había tenido lugar en el santuario. Y habiendo llamado a Judas el Iscariote, hablan con él; era, en efecto, descendiente del hermano del sacerdote Caifás. No era por su aspecto discípulo de Jesús, sino que toda la multitud de los judíos habíanle impelido mediante engaño a que siguiera a Jesús, no para que fuera obediente a los portentos hechos por él ni para que lo reconociera, sino para que se le entregara a ellos, queriendo sorprenderle en alguna mentira. Al mismo tiempo le habían dado regalos por una acción de tal virtud, y un didracma de oro cada día. Hacía ya dos años que estaba con Jesús, según cuenta uno de los discípulos llamado Juan. Y en el tercer día antes de que fuera detenido Jesús, Judas dice a los judíos: «Venga, pongamos como pretexto que el ladrón no robó la ley, sino el mismo Jesús, y yo lo convenzo.»”

(II, 2-4): “Anás y Caifás dieron ocultamente bastante dinero a Judas el Iscariote, diciéndole: «Di, según nos dijiste anteriormente, (que) Yo sé que la ley ha sido robada por Jesús, a fin de que la acusación vuelva contra él y no contra esta muchacha irreprochable.» Y habiendo convenido en esto Judas, les dijo: «No sepa toda la multitud que yo he sido instruido por vosotros para hacer esto contra Jesús, sino soltad a Jesús, que yo persuado a la multitud de que eso es así.» Y con el engaño soltaron a Jesús. Judas, habiendo entrado en el santuario cuando empezaba a brillar el día quinto, dice a todo el pueblo: «¿Qué queréis darme y yo os entregaré al destructor de la ley y expoliador de los profetas?» Los judíos le responden: «Si nos lo entregas, te daremos treinta piezas (de plata, sic) de oro.» […] Y Judas tomó las treinta piezas (de plata, sic) de oro. Y habiendo salido a la hora cuarta, ya a la quinta halla a Jesús, que paseaba en la plaza. Cuando ya estaba a punto de ser la tarde, dice a los judíos Judas: «Dadme una fuerza auxiliar de sol, dados con cuchillos y palos y yo os lo entregaré.» Le dieron, así, auxiliares para prenderlo. Mientras marchaban Judas les dice: «Al que yo haya besado prendedlo, pues él expolió la ley y los profetas.» Llegado, pues, a Jesús, lo besó diciendo: «Salve, rabí.», cuando era el atardecer del día quinto.”

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI. Con Ocasión del Viaje Apostólico a Alemania 2011. Visita al Parlamento Alemán. Antonio Luis Albás

VIAJE APOSTÓLICO A ALEMANIA
22-25 DE SEPTIEMBRE DE 2011
VISITA AL PARLAMENTO FEDERAL
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Reichstagsgebäude, Berlín
Jueves 22 de septiembre de 2011

 

Ilustre Señor Presidente
Señor Presidente del Bundestag
Señora Canciller Federal
Señor Presidente del Bundesrat
Señoras y Señores

Es para mí un honor y una alegría hablar ante esta Cámara alta, ante el Parlamento de mi Patria alemana, que se reúne aquí como representación del pueblo, elegido democráticamente, para trabajar por el bien común de la República Federal de Alemania. Agradezco al Señor Presidente del Bundestag su invitación a tener este discurso, así como sus gentiles palabras de bienvenida y aprecio con las que me ha acogido. Me dirijo en este momento a ustedes, estimados señoras y señores, también como un connacional que por sus orígenes está vinculado de por vida y sigue con particular atención los acontecimientos de la Patria alemana. Pero la invitación a tener este discurso se me ha hecho en cuanto Papa, en cuanto Obispo de Roma, que tiene la suprema responsabilidad sobre los cristianos católicos. De este modo, ustedes reconocen el papel que le corresponde a la Santa Sede como miembro dentro de la Comunidad de los Pueblos y de los Estados. Desde mi responsabilidad internacional, quisiera proponerles algunas consideraciones sobre los fundamentos del estado liberal de derecho.

Permítanme que comience mis reflexiones sobre los fundamentos del derecho con un breve relato tomado de la Sagrada Escritura. En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que en definitiva debe ser importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín. Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra él; cómo se pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y llevarlo hasta el borde del abismo. Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo.

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OBSERVO TU CIELO, DIOS. Poema de Lauro Gandul Verdún