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«RIMA SACRA XVIII» DE LOPE DE VEGA. Un poema de la predilección de Vicente Núñez (y 2)

 

 

   Félix Lope de Vega y Carpio

 

   ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

   ¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

   ¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

   ¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

 

JOSÉ DE ARIMATEA LIBERADO POR JESÚS. Por José Manuel Colubi Falcó

 

José de Arimatea

por Pietro Perugino

1448-1523

 

Un pasaje de las Actas de Pilato (Los evangelios apócrifos, B.A.C. nº 148), que traduzco, cuenta el diálogo de José de Arimatea y los sacerdotes y levitas sobre el encierro y liberación de aquél por Jesús. Dice así:

   «Y le dijeron: «Sentimos gran inquietud porque pediste el cuerpo de Jesús, lo envolviste en una sábana limpia y lo depositaste en el sepulcro. Por esa razón te encerramos en una casa donde no había ventana, pusimos llaves y sellos en las puertas y unos custodios vigilaban (el sitio) donde estabas encerrado. Y cuando la abrimos, en la primera del sábado, no te encontramos y nos afligimos mucho… Y ahora cuéntanos qué ha sido de ti.»

   »Y dijo José: «El viernes, alrededor de la hora décima, me encerrasteis, y permanecí (allí) todo el sábado. Y a medianoche, estando yo de pie rezando, la casa donde me encerrasteis se quedó colgante de los cuatro ángulos y vi como un relámpago de luz ante mis ojos. Presa del miedo caí en tierra, y alguien me cogió de la mano y me sacó del sitio donde yo estaba caído, un reguero de agua corrió desde mi cabeza hasta los pies y una fragancia de ungüento llegó alrededor de mis narices. Y habiéndome secado la cara, me besó y dijo: «No temas, José, abre tus ojos y mira quién es el que te habla.» Yo, habiendo levantado la vista, vi a Jesús; tembloroso, me pareció que era un fantasma y empecé a recitar los mandamientos. Y también él los recitaba conmigo. Y como no ignoráis, un fantasma, si se aparece a uno y oye los mandamientos, huye en fuga, y yo, en habiendo visto que los decía conmigo, le dije: «Rabino Elías.» Él me dijo: «No soy Elías.» Y yo le dije: «¿Quién eres, Señor?» Y él me dijo: «Yo soy Jesús, cuyo cuerpo pediste a Pilato, y me envolviste en una sábana limpia, me pusiste un sudario sobre mi cabeza, y me pusiste en tu cueva nueva, e hiciste correr una piedra grande delante de la puerta de la cueva.» Y dije a quien me hablaba: «Muéstrame el lugar donde te puse.» Y me llevó y señaló el lugar donde yo le puse, y la sábana yacía en él, y el sudario (que estaba) en su cabeza. Yo reconocí que era Jesús. Y me cogió de la mano y me puso en medio de mi casa, aún estando cerradas las puertas; y me llevó mi lecho y dijo: «La paz sea contigo.» Y me besó y dijo: «En cuarenta días no salgas de tu casa; pues he aquí que me voy junto a mis hermanos, a Galilea.»

   »Habiendo oído estas palabras de José, los archisinagogos, sacerdotes y levitas se quedaron como muertos y cayeron en tierra.»

 

NACIMIENTO DE MARÍA. Por José Manuel Colubi Falcó

Nacimiento de María
Ghirlandaio
S. XV 

En el Protoevangelio de Santiago, editado en la B.A.C. nº 148, podemos leer, en su original griego y en versión española (páginas 136 y siguientes), el relato del nacimiento de María. Su madre, Ana, triste por su esterilidad, no deja de implorar al Altísimo la bendición de un hijo, hasta ver atendida su súplica. Traduzco el texto griego que interesa. Dice así:

            «Y he aquí que un ángel del Señor llegó sobre ella diciendo: “Ana, Ana, el Señor escuchó tu súplica y concebirás y parirás, y de tu semilla se hablará en toda la (tierra) habitada.” Y Ana dijo: “Vive el Señor, mi Dios, que si paro, sea macho, sea hembra, lo llevaré como don al Señor mi Dios, y estará sirviéndole todos los días de su vida.”

            »Y he aquí que llegaron dos mensajeros diciéndole: “He aquí que Joaquín, tu marido, viene con sus rebaños. Pues el ángel del Señor bajó junto a él diciéndole: “Joaquín, Joaquín, escuchó tu súplica el Señor Dios, baja de ahí, pues he aquí que Ana, tu mujer, concebirá en su vientre.”

            »Y bajó Joaquín, y llamó a sus pastores diciéndoles: “Traedme aquí diez corderas sin mácula e irreprochables, y serán para el Señor mi Dios; traedme también doce blandas terneras, y serán para los sacerdotes y el sanedrín, y cien cabritos para todo el pueblo.”

            »Y he aquí que Joaquín llegó con sus rebaños, y estaba Ana junto a la puerta y vio que Joaquín venía, y a la carrera se colgó de su cuello diciéndole: “Ahora sé que el Señor Dios me colmó de bendiciones. Porque he aquí que la viuda ya no es viuda, y yo, la estéril, concebiré en mi vientre”. Y pasó descansando Joaquín el primer día en su casa.

             »Y sus meses fueron cumplidos; en el noveno mes parió Ana. Y preguntó a la comadrona: “¿Qué he parido?” Ésta dijo: “Hembra”. Y dijo Ana: “Mi alma fue engrandecida en este día”, y la reclinó (en el lecho). Cumplidos los días, Ana se purificó, dio el pecho a la niña y por nombre la llamó Mariam.

            »Día a día se hacía fuerte la niña. Llegada a los seis meses, su madre la puso en tierra, para probar si se tenía firme. Y habiendo dado siete pasos fue al regazo de aquélla. Y la cogió diciendo: “Vive el Señor mi Dios, que no pasearás en esta tierra hasta que te haya llevado al templo del Señor. Y le hizo un santuario en su habitación, y no dejaba que nada común e impuro pasara por ella. Y llamó a las hijas de los hebreos, las inmaculadas, y la entretenían.» 

PALIQUES DE LA VIRGEN EN LA MAÑANA DEL NIÑO (AÑO DE 1954). Vicente Núñez

 

Vicente Núñez
Aguilar 1989
Foto: LGV

NATIVIDAD. Vicente Núñez