—Lo que participa lo hace siempre en grados diversos. El simulacro escapa de continuo a la identidad de la idea. Es su imagen demoníaca.
—Si es preciso que la identidad de la idea se vaya al carajo, perdamos la una y la otra. No quiero ideas si no son suceptibles de sobrevivir a los simulacros. En la metamorfosis, en las máscaras, la diversidad dentro de uno mismo hacia los demás contribuye a salvarnos de la puta ciudadanía y del propio ordenamiento jurídico, e incluso de los malditos derechos humanos, defendidos hoy principalmente por las compañías de seguros y los bancos.
—La emoción traería su causa de que la verdad está, porque una vez fue, por eso luego de ser fue olvidada. La búsqueda puede fracasar, porque el sujeto no encuentra la verdad, pero incluso muriendo sabe que existió, y esa circunstancia le emocionó casi toda su vida.
—La emoción es un proceso provisional destinado a llenar la distancia que nos separa del objeto. Un afuera que creemos ha estado siempre en el fondo de nuestros corazones. Me emociono luego soy Poeta. Encontrar no es reconocer, es la dura prueba de lo no reconocible, no un simple acierto o desacierto. Eso era Diálogos. Los que se llevaron emoción, no entendieron nada
—Descartes me ha dejado, en un café de Aguilar, su Discurso del Método. Cómo podré darle mi opinión, si en el ergo me pierdo y ni siquiera sé lo que significa yo, pensar o ser.
—Preferimos, en todo caso, ese yo cuyo significado ignoramos, al yo de Freud: explicable. Pensar o ser, ya no sé… Pero soñar, sí. Metáforas o proposiciones, para los poemas o los discursos, mas nunca diagnósticos. La metafísica ha sobrevivido al psicoanálisis y a la psicología misma. Con Descartes no pudo Freud, ni nadie.
—Más que allí, es aquí y ahora cuando, contra efectuado y libre ya del presente, aparece lo incorporal. Lo consistente de cualquier Ceguera es su evaporación.
—La lluvia es agua que ve mientras cae, y antes de caer desde ciertas nubes. La evaporación es agua ciega, caída en cierto lugar, muerta, que sube al cielo.
—Lo mejor de sí son sus protecciones. Aunque debajo del blindaje sólo encontremos un vacío enervante. Para hacer reir no tiene quien le haga sombra. Con sus maquillajes, potingues y oropel siempre aparece como iluminada.
—El sí es un espejismo, un efecto de máscara. Tal es así, que el hecho de que debajo de ellas encontremos el vacío no sólo me gusta, sino que me parece la mejor definición de un ser humano. Amo sus máscaras.
—Hay piedras por el campo, el trazado de algunas calles, unos edificios en ruinas, libros, textos sueltos, leyendas… Sí, muchos objetos prueban que por aquí también estaba Roma. Pero Roma cayó aquí hace mucho tiempo. Ni las legiones, ni la retórica, ni el derecho, han podido con la televisión y los bancos.
—Sólo pueden escribir quienes se propusieron hace mucho tiempo leer hasta llegar a no entender nada.
—¿Y el que se atreve a concluir que todo es nada, y que es ésta, finalmente, la que podemos mostrar no a todos o algunos, sino a nadie, es sólo porque ha procurado cumplir con las verdaderas exigencias de la literatura?
—Ya sé que no necesito una moto o un coche para la alegría, que otros, erróneamente llaman felicidad; y no es poco. Pero tal vez no pueda decir lo mismo respecto de los camiones. Son los únicos que sirven para algo en las carreteras: transportan el correo, los tomates, libros, cuadros, escenarios… Las personas deben viajar en tren, en barco, y, si no queda más remedio, en avión. Deben quedar prohibidos los coches particulares..
—«La mesa puesta» no es impuesta. Es pura disposición: derecho civil plástico. —Es un cuadro donde todo parece que ha sido comido y bebido. —No. Es de antes. La mesa puesta y nada servido. —Bueno, vale.