«Nada. Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir.»
[Luis XVI, entrada del 14 de julio de 1798 en su Diario de caza / Declaraciones de S.M. recogidas en todos los periódicos españoles del 19 de abril de 2012]
– Las Diputaciones Provinciales, eliminadas. Las Comunidades Autónomas, también eliminadas (su estructura administrativa conservada como administración periférica). Los Tribunales Superiores de Justicia y los Parlamentos regionales, por supuesto también eliminados, ya tenemos un Congreso y nos sobra un Senado. En cualquier país debe bastar con un Tribunal Supremo, competente en hermenéutica constitucional que, además, hace innecesario un Tribunal Constitucional, que también hay que eliminar.
– ¡Cuánto ahorraríamos! Además de mejorar el ejercicio de los Derechos Civiles y Políticos, nos permitiría fácilmente no recortar ni en Sanidad, ni en Educación, ni en Justicia.
– ¿Dónde está en esto que decimos la demagogia o el populismo?
A ver para qué necesitamos tantos analistas y tantos aparatos de partidos, cuando con Sarkozy tenemos de sobra: ¡Mirad, mirad a lo que conducen siete años de socialismo! ¡Fijaos cómo ha quedado España! Esto es lo que dice el napoleoncito este a los electores franceses, preso de miedo a que lo echen del Elíseo. ¡Lo que se va a perder Francia si eso ocurre! ¡Qué catástrofe para Europa! También mencionó a Grecia, dado que en ese sufrido país gobernó «el socialismo» unos cuantos años. Aunque allí debe seguir habiendo «socialismo», dado que el PASOK sigue gobernando, aunque sea con los declaradamente nazi-fascistas del LAOS.
Sarkozy, como buen bellaco, quiere suplir su nulidad intelectual con una especie de inventiva rebosante de sinvergüencería. Llamar socialismo a lo que ha habido en España durante estos años es como decirle guapa a Belén Esteban o enano a Pau Gasol. Es decir, que la culpa de cómo está España, y Grecia (¿y Italia, napoleoncito?) la tiene «el socialismo», no el Tratado de Maastricht, ni el euro, ni el sistema usurario que lo domina y desgobierna todo, ni la privatización de todo, ni como lo tienen todo organizado para el robo y el saqueo de los que trabajan. La culpa no la tienen los gobiernos que, encantados de hacerlo, han hecho y hacen todo lo posible para servir a los poderosos, es decir, a los ladrones. No, la tiene «el socialismo». Ni usted ni yo, monsieur Sarkozy, lo vamos a conocer, pero la Humanidad habrá de hacerlo, si es que quiere seguir adelante. Y además le digo: ¡Ea, pues vaya usted a la merde, monsieur!.
«De pronto resonaron las notas de La Marseillaise. Hussonnet y Fréderic se asomaron a la rampa. Era el pueblo. Todas las caras estaban rojas, chorreando de sudor; Hussonnet hizo esta observación:
-¡ Los héroes no huelen bien!
-¡Ah!, está usted provocador – replicó Frédéric.
-¡Qué mito! –dijo Hussonnet-. Ahí tenemos al pueblo soberano.
– El de los indignados es un movimiento interesante. No son revolucionarios, son rebeldes que representan una contestación, una protesta.
-¡Vámonos de aquí! –dijo Hussonnet- este pueblo me da asco.
-¡No importa! – dijo Frédréric- yo encuentro al pueblo sublime.
– El problema es que carecen de un pensamiento, de una vía para el momento inmediatamente posterior. Es lo mismo que ha sucedido en España y otros lugares. Los indignados hacen críticas justas, denuncian pero no pueden enunciar.»
[Gustave Flaubert, La educación sentimental, Madrid, 2007, pág. 368-370 (traducción de Germán Palacios), 1ª edición, 1869/Entrevista de J.M. Ridao al filósofo Edar Morin, El País, 14 de marzo de 2012, pág. 37]
– De los casi seis millones de parados cuya culpa el PP imputa al PSOE, cuando éste califica la reforma laboral decretada por aquél como retrógrada, en verdad, más o menos la mitad de esa culpa, es decir, la responsabilidad sobre casi tres millones de desempleados, son claramente imputables al PP de Aznar.
– ¿De dónde sacas esos tres millones del PP?
– Estuvieron en el gobierno desde 1996 a 2004 con el modelo de economía del ladrillo como modelo único; y llegaron a ser maestros de los que ahora ya no están.