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DOMINICAL: DIÁLOGOS TRAS UN NAUFRAGIO VI. Antonio Luis Albás, 2021

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  • ¡Qué lejos estoy de mí mismo!
  • Llegará a dolerte haber restañado todas tus heridas
  • Una corbata bien anudada es el primer paso al suicidio
  • La poesía no es más que la experiencia del vacío de fondo de toda escritura
  • ¿Por qué es tan certera y clarividente a la hora de la verdad la mentira?
  • Gritan para que no se los oiga
  • Tal como nos sugiere en su crítica Friedrich Nietzsche, el sujeto no es más que el predicado del verbo
  • Todo lo sabe el silencio de la palabra. Nada la palabra del silencio
  • Terminarás vistiendo el disfraz de tu enemigo
  • Y soñé que soñaba en un mundo donde todos los demás estaban dormidos

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DOMINICAL: DIÁLOGOS TRAS UN NAUFRAGIO V. Antonio Luis Albás, 2021

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  • Pobres ciudadanos de Magnesia. Entended lo que os digo: ¡no os fieis nunca de alguien que así os arenga!
  • ¡Siempre igual!, desde Sófocles; o destino sin necesidad, o causalidad sin destino
  • El silencio como el olvido, no es material, sino verbal
  • ¡No porque hayas podido soportar llegar al segundo acto del drama vendrá antes de tiempo a buscarte la muerte!
  • El amor siempre es resultado del desengaño
  • Cuando se están comiendo crustáceos, es imposible leer a Jean-Paul Sartre
  • Se escribe más bien mal que bien
  • Por la cornamenta me ganó el cabrón en la lucha por su hembra
  • El manos libres ha venido a dar la razón a muchas personas que hasta ahora creímos hablaban solas
  • Hallar es errar

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DOMINICAL: DIÁLOGOS TRAS UN NAUFRAGIO IV. Antonio Luis Albás, 2021

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  • Por irreal, la evolución no explica suficientemente el afán irrefrenable de ser sólo error
  • Os lo tengo dicho, dad todo para perder nada
  • Sólo se vuelve allí donde ya no se había estado nunca
  • Llegué a amar el lenguaje a través del conocimiento de una filóloga muda
  • El estrábico sabe muy bien disimular el verdadero objetivo de su falacia
  • Con un vaso de vino en la mano, qué ágil se ve el navío
  • Temo haber sido huésped asiduo y compañero de mi error
  • Conocí un mono que se rascaba como un hombre
  • Muerde la moneda porque no se fía de sí mismo
  • ¡Hasta Astarté está harta de todos vosotros!

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DOMINICAL: DIÁLOGOS TRAS UN NAUFRAGIO III. Antonio Luis Albás, 2021

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  • ¡Ay de mí, infeliz, el anhelo sin tregua me daña y cala el cuerpo un acre dolor que los dioses envidian!
  • Construir es destruir certezas
  • En cierto momento Josef Mengele nos llega a confesar: cada uno es feliz a su modo
  • Bien mirado, qué mal se ignora el mundo
  • La fama, como la muerte, es de naturaleza efímera
  • Me gustan todos los libros aún no escritos
  • A menudo he implorado en la alta mar, de aguas lúgubres y pérdidas igual de hermosas, el dulce y eterno retorno
  • ¿En qué idioma te digo que no hablamos el mismo idioma?
  • A la sordera siempre se anticipa la oreja
  • No tengáis olivos, auguran desastres

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DOMINICAL: DIÁLOGOS TRAS UN NAUFRAGIO II. Antonio Luis Albás, 2021

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  • Confiad a los dioses en todo: ellos a veces a quien yace en el suelo salvan, levantan y libran del infortunio; y en cambio otras, atacan y lo hacen naufragar, males sin cuento siguen y andamos perdidos, sin ánimo y con la cabeza enajenada
  • Más tropieza la vista que el pie
  • Por el principio de razón suficiente; en lo tullido está el disparo
  • Del tiempo perdido se nutre la eternidad
  • ¡Con qué poco se conforma el rico!
  • Los libros sólo se digieren por rumia
  • La salud es el mal de la enfermedad
  • Un arqueólogo es el notario de todos los fracasos históricos
  • Según avanza la dicha, retrocede el tiempo
  • Toda forma está excedida de su oquedad

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DOMINICAL: DIÁLOGOS TRAS UN NAUFRAGIO I. Antonio Luis Albás, 2021

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  • Zorras todas, siempre fuisteis hijas espléndidas de la memoria
  • Provoqué el silencio de un hombre porque hablando estaba mudo
  • Un mundo totalmente iluminado por el demonio de Laplace, sería un mundo oscuro
  • ¿Pues sabes lo que te digo?, a ti te estranguló un amigo
  • No hay más mundo que el que habría sin una concepción previa
  • Si me hicierais caso y no andáramos amando el daño, ni poniendo el ánimo en la amargura; nos torturaríamos
  • ¡Somos pobres de milagro!
  • Un buen poema pesa siempre menos que la cuartilla que lo sustenta
  • La deconstrucción es el fermento del mundo
  • ¿Será divina o adivina?

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EL TIEMPO. María del Águila Barrios

 
 
 El despertador dormidoRAFAELLUNA

El despertador dormido

Pintura de Rafael Luna

(de la serie «Aquellos niños del río»

un cuento de Olga Duarte Piña)

2005

 
 
 

Último día de agosto. Sumo otro verano a mi vida. En el rostro recibo el fresco de las tardes propio de los finales de este mes. A mí me ocurre, desde niña, que éste es un tiempo en que me da por pensar en el tiempo, pero nunca he estado conforme con que el tiempo huya, sea fugaz, vuele… No. ¿El paso del tiempo es el paso de la vida?, ¿tras el pasar de la vida sólo viene la muerte «tan callando»? Me resisto a aceptar que el tiempo tenga como final la muerte. Hay un esfuerzo de profundización que cabe hacer si pensamos en el tiempo como un fragmento de la eternidad. Los que asumen la muerte como final de todo ya están condenados por su pereza. Aunque yo no tenga en la mano la prueba de esto que digo, ni tal vez nadie, porque el tiempo parece agua que corre, sin freno que detenga la sucesión irreparable de los días… En estos postreros que discurren hasta este último en el que escribo, aun siendo estío todavía, a mí se me anuncia el otoño: los campos empiezan a mudar su color, los pastos han sido segados, los verdes de árboles y maleza ya no son tan intensos, y el cielo a veces presenta veladuras que le rebajan el azul… ¡Fluye el tiempo, no huye! Se enreda, va lejos y vuelve en un flujo y reflujo que no lo somete ninguna línea. A veces está tan cerca que somos nosotros mismos. Y somos nosotros los que cambiamos, no el tiempo.

   Nunca sabremos lo que está por venir. El futuro no existe. Con los hechos que vayan a ocurrir se pretenderá llenar el tiempo y lo acabarán reduciendo hasta negarlo. Reiterarán hasta confundirnos que la Historia será ésta o aquélla. Los hechos ya acontecidos no se van a repetir, que es lo contrario de lo que se piensa generalmente. El tiempo no es uno, es múltiple y diferente, sin principio y sin fin, es eterno y jamás acabará, y lo que está por llegar, cuando llegue, no cambiará la espera humana. Las cosas destruidas no han desaparecido porque el tiempo haya sido su destructor implacable, es el hombre el gran destructor del mundo, aunque nunca repita los mismos hechos destructivos.

   Como en una paradoja, me sorprenden las campanadas de la torre cercana dando la hora. Como ayer, como mañana, y para cuando no esté para escucharlas continuarán para otros, «y seguirán los pájaros cantando».

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2021]

 
 
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VERANO. María del Águila Barrios

 

Carrera del Darro

[Foto: LGV Granada 2021]

 

Es el tiempo de los jazmines, de su perfume finísimo, blanco y leve. Olores a higuera, a mirto, a rosas, a lantana. Las tapias encaladas refulgen en la mañana ardiente. Se escuchan susurros en los interiores umbríos. Cotidianeidad sonora que sólo es en el verano. En una calle desierta un gato pasa. Tanto esplendor y derroche luminoso para nadie. Más tarde, por la noche, se atreven a salir buscando el fresco. Se forman algunos pequeños corros en las aceras, sonríen, y se han de estar diciendo cosas agradables. Tejidos ligeros de colores alegres y camisas blancas. La juventud es acariciada, al fin, por la brisa que viene del río. Los vecinos se citan a las puertas de sus casas para charlar sobre cómo ha ido el día mientras aprovechan esa brisa que viene del río. Algunas familias sacan sillas a la acera. Los niños corretean por la calle y juegan. En las casas se han abierto las ventanas para refrescar los cuartos. Suena el eco de una radio. El campo no queda muy lejos, pero está muy oscuro, es otro su verano, allí hay otra vida. En el pueblo se está viviendo como en la víspera de un día festivo. Las voces se levantan para hacerse oír sobre las risas. Aunque alguien prefiere el silencio del que contempla. Silencio y calma, risas y brisas, palabras fraternales. Las campanas anuncian desde una torre la madrugada. Las despedidas y el regreso, las calles poco a poco otra vez desiertas, ahora nocturnas.

   Pensando en el verano, he encontrado unos versos del poeta cordobés Pablo García Baena (1923-2018) dedicados a esta estación. Los ofrezco aquí para que los lean, demorándose en las palabras. Recorran con sus ojos las certeras líneas que los versos trazan, sus quiebras cuando los encabalgamientos. La escena que el poema presenta es bellamente simple: una mujer desnuda, una playa, un anciano, unos gemelos, un amanecer de verano y una conclusión dichosa para todos.

 

   Una mujer pasea desnuda por la playa

Solitaria. Amanece.

Su cabello rojizo, al grana de la aurora

Dora y despierta al paso oleajes dormidos.

Desde la residencia, en alto mechinal,

El anciano acogido la acerca y la vigila

Con los viejos gemelos de teatro y de nácar

-tal vez vieron a Xirgu-

Y algo que ya no siente, le engaña

En el recuerdo.

El nuevo día vibra como un violín de luz

En el pulso de la arritmia.

Hasta para el que mira, encerrado en sus años,

El verano será el tiempo de la dicha.

[La voz de Alcalá, 2021]

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DÍGAME EN QUÉ PUEDO SERVIRLE. María del Águila Barrios

 

Limpiabotas de Estambul

[Foto: LGV Estambul 2007]

 

Con esta frase comienzo hoy. Servir a los demás. Darnos como servidores. Ser servidos por otros. Servir. «¿Qué puedo hacer por ti?» Escuchar esto de otro, ¡cómo me consuela! O más bien, ¡cómo me concilia con el mundo del otro! El que se me ofrece para servirme, sin ser servil, sin servidumbre, sino todo lo contrario: en libertad me sirve, me dedica su tiempo, sus habilidades, su asistencia… me enseña a servir a los demás.

   Lo mejor que llevamos dentro aflora. Si se quiere, por cualquiera se puede ver cómo luce en el gesto, en la mirada, lo misterioso y profundo de un ser cuando aloja la bondad, que es siempre humildad. No sentirse más que nadie. Y lo contrario: qué triste aquel que lleva en ristre su soberbia, su vanidad. Éste piensa poco en servir, porque, sobre todo, se dedica a servirse de los demás, a arrancarles a los demás una esclavitud, una servidumbre.

   Creo que pocas actitudes en la vida son más revolucionarias que ponerse a disposición de los demás. Cambiaría todo. Para muchos sería el cataclismo de sus dictaduras. Los explotadores de toda laya se suicidarían o, tal vez, se convirtieran al talante del servicio. Quien con esta manera se levanta por la mañana no concibe dañar a los demás. ¿Cómo voy a herir al vecino si lo que quiero es servirle? Es imposible. Una en la calle escucha a alguien que dice: «Fui a verle porque tenía un problema enorme que me tenía angustiada. Nunca le agradeceré lo suficiente el servicio que me prestó entonces.» Pienso que si el servidor de esta señora escuchara lo que le dice a la otra le daría tal soplo de ilusión y esperanza que procuraría en el futuro hacer con todos lo que hizo con ella.

   No soporto a quien trata mal a los que trabajan para él. No soporto la arrogancia, la suficiencia. Sé que hay muchos trabajadores que no son bien tratados, y ocurre que a pesar de ello son capaces de mantener la sonrisa verdadera mientras me dicen: «¿en qué puedo servirle?»

   Como ningún otro, la política sería el ámbito del servicio a los demás, pero hoy en día, y desde hace demasiados días o décadas, no encontramos políticos servidores. No son serviciales. Antes y sobre todo son serviles ante sus mandos y mandones ante los débiles que andan sometidos a su imperio. ¡Pobrecitos, esclavos del capitalismo salvaje, que desgracian sus existencias cotidianas y se llevan por delante a los desgraciados de la vida!

 

[La voz de Alcalá, 2021]

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«DIÁLOGOS», HOMENAJE A VICENTE NÚÑEZ EN «COSMOPOÉTICA». Declama: Lauro Gandul; a la guitarra: Niño Elías; al Cante: Tina Pavón; bajo la Coordinación de Olga Duarte Piña, sobre una Idea original de Antonio Luis Albás. Córdoba, 2006: Presentación.

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LECTIO

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La idea del recital flamenco que hoy nos reúne surgió en el camerino de la Peña Flamenca Manolo Caracol de Montalbán, ante la lectura improvisada de unos versos de Vicente por parte de Lauro Gandul, a los que contestó la guitarra de Niño Elías y el arranque de Tina Pavón.

A menudo se ha incidido en la relación que podría existir entre el flamenco y la poesía, desde Federico García Lorca con sus Poemas de Cante Jondo a, en un movimiento inverso, la incorporación de poemas de Juan Ramón Jiménez por parte de José Mercé.

Decía Vicente que la «ultimidad del ser es ser voz». Nuestra propuesta por tanto, va a partir de una base humilde y es la de confrontar, simplemente como experimentación que propone la Fundación Vicente Núñez, tres expresiones fónicas, de ahí la elección del título Diálogos que en griego significa a través del Logos, es decir, de la Palabra en sentido amplio.

La poesía no está poblada de sueños, de fantasmas ni objetivos, sino sencillamente de encuentros (segundo título propuesto para este acto). Descubrimos poemas como imaginamos canciones, pero lo que encontramos en ellos son ideas-movimiento y acontecimientos, y aunque todos esos actos tengan nombres propios, no designan una persona, un sustantivo o un sujeto, sino un zig-zag, algo que pasa, que sucede al menos entre dos, como una diferencia de potencial.

Es muy posible que la poesía y el flamenco tengan una relación muy especial con las líneas de fuga. En el caso del acto que nos ocupa, esta línea será la trazada por este dialogo, en el que paisajes melódicos y personajes rítmicos no cesaran de enriquecer esa misma relación a medida que se avance, hasta adquirir su propio plano de consistencia en esa estructura hojaldrada que tanto gustaba nombrar a Vicente y que no existía, ni existirá fuera de ese mismo dialogo.

En tocar la guitarra, declamar o cantar como ahora lo hará Niño Elías, Lauro Gandul y Tina Pavón, pero también en escuchar, como nosotros lo haremos hoy; hay ya, sin duda, mucho de arte y producción de vida.

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