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POESÍA ¿INTIMISTA O SOCIAL O POLÍTICA? Por Tomás Valladolid Bueno (a propósito de un poema de Lauro Gandul Verdún)
(Foto: Manuel Verpi 2014)
En 1990, hice un viaje a Granada con un amigo de ayer y de hoy, el letrado y poeta (Derecho y Literatura, ¡letras!) Lauro Gandul Verdún. Conversamos, entre otras cuitas, sobre la manoseada idea de la poesía social. Le aventuré mi impresión de que toda poesía es social, de que en todo poema hay una mediación social. Un poema podrá ser un canto de lágrimas íntimo para el poeta, pero un poema transciende al poeta, lo quiera o no la voluntad de éste. Un poema aparente de amor, y si además no es de amor aparente, puede ser un poema al arte mismo, a la belleza misma, al amor en sí mismo, en el que se recostruyen los sujetos en su hábitat de «esquinas olvidadas» y «avenidas infinitas». ¿Acaso no es social, política o, incluso, poética de lo estético toda reconstrucción poiética del sujeto?
Leáse, pues, sin mojigaterías, desde lo insoslayable de lo social y de lo político, el siguiente poema de Lauro Gandul Verdún:
REQUIEM. Homenaje de «CARMINA» a José Hierro (1922-2002) y a España
Manuel del Río, natural
de España, ha fallecido el sábado
11 de mayo, a consecuencia
de un accidente. Su cadáver
está tendido en D’Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
a las 9,30, en St. Francis.
Es una historia que comienza
con sol y piedra, y que termina
sobre una mesa, en D’Agostino,
con flores y cirios eléctricos.
Es un historia que comienza
en una orilla del Atlántico.
Continúa en un camarote
de tercera, sobre las olas
–sobre las nubes– de las tierras
sumergidas ante Platón.
Halla en América su término
con una grúa y una clínica,
con una esquela y una misa
cantada, en la iglesia de St. Francis.
Al fin y al cabo, cualquier sitio
da lo mismo para morir:
el que se aroma de romero,
el tallado en piedra o en nieve,
el empapado de petróleo.
Da lo mismo que un cuerpo se haga
piedra, petróleo, nieve, aroma.
Lo doloroso no es morir
acá o allá…
Requiem aeternam,
Manuel del Río. Sobre el mármol
en D’Agostino, pastan los toros
de España, Manuel, y las flores
(funeral de segunda, caja
que huele a abetos del invierno),
cuarenta dólares. Y han puesto
unas flores artificiales
entre las otras que arrancaron
al jardín… Liberame Domine
de morte aeterna… Cuando mueran
James o Jacob verán las flores
que pagaron Giulio o Manuel…
Ahora descienden a tus cumbres
garras de águila. Dies irae.
Lo doloroso no es morir
Dies illa acá o allá;
sino sin gloria…
Tus abuelos
fecundaron la tierra toda,
la empaparon de la aventura.
Cuando caía un español
se mutilaba el universo.
Los velaban no en D’Agostino
Funeral Home, sino entre hogueras,
entre caballos y armas. Héroes
para siempre. Estatuas de rostro
borrado. Vestidos aún
sus colores de papagayo,
de poder y de fantasía.
Él no ha caído así. No ha muerto
por ninguna locura hermosa.
(Hace mucho que el español
muere de anónimo y cordura,
o en locuras desgarradoras
entre hermanos: cuando acuchilla
pellejos de vino derrama
sangre fraterna.) Vino un día
porque su tierra es pobre. El mundo
Liberame Domine es patria.
Y ha muerto. No fundó ciudades.
No dio su nombre a un mar. No hizo
más que morir por diecisiete
dólares (él los pensaría
en pesetas) Requiem aeternam.
Y en D’Agostino lo visitan
los polacos, los irlandeses,
los españoles, los que mueren
en el week-end.
Requiem aeternam.
Definitivamente todo
ha terminado. Su cadáver
está tendido en D’Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
por su alma.
Me he limitado
a reflejar aquí una esquela
de un periódico de New York.
Objetivamente. Sin vuelo
en el verso. Objetivamente.
Un español como millones
de españoles. No he dicho a nadie
que estuve a punto de llorar.
[De Cuanto sé de mí (1957),
incluido por Aurora de Albornoz, en su José Hierro.
Ediciones Júcar (Colección los poetas).
Págs. 167 a 169.
Madrid, 1982]
AMOR ONÍRICO. Poema de Al-Mu‘tāmid Ibn‘Abbād (traducido del árabe por María Jesús Rubiera Mata)
Sobre una foto de Vicente Núñez por Ángel Márquez
(Foto: ODP Aguilar de la Frontera 2013)
Te he visto en sueños en mi lecho,
y era como si tu brazo mullido fuese mi almohada;
era como si me abrazases, y sintieses
el amor y el desvelo que yo siento;
era como si te besase los labios, la nuca,
las mejillas y lograse mi deseo.
¡Por tu amor! si no me visitase tu imagen,
en sueños, a intervalos, no dormiría más.
Kāmil. Dīwān, Suyssī, 41
[Al-Mu‘tāmid Ibn‘Abbād, Poesías.
Antología bilingüe por María Jesús Rubiera Mata
Instituto Hispano-Árabe de Cultura.
Págs. 90-91.
Madrid, 1982]
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CARTA. Poema de Al-Mu‘tāmid Ibn‘Abbād (traducido del árabe por María Jesús Rubiera Mata)
SÉ QUE ESTÁS MUY LEJOS (1ª VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE AL-MUTAMID). Poema de Lauro Gandul Verdún
UN MUSGO (2ª VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE AL-MUTAMID). Poema de Lauro Gandul Verdún
SÉ QUE ESTÁS MUY LEJOS (1ª VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE AL-MUTAMID). Poema de Lauro Gandul Verdún
CARTA. Poema de Al-Mu‘tāmid Ibn‘Abbād (traducido del árabe por María Jesús Rubiera Mata)
(Foto: Manuel Verpi 28/12/2013)
Te escribo consciente de que estás lejos de mí,
y en mi corazón, la congoja de la tristeza;
no escriben los cálamos sino mis lágrimas
que trazan un escrito de amor sobre la página de la [mejilla;
si no lo impidiera la gloria, te visitaría apasionado
y a escondidas, como visita el rocío los pétalos de la rosa;
Te besaría los labios rojos bajo el velo
y te abrazaría del cinturón al collar;
¡Ausente de mi lado, estás junto a mí!
Si de mis ojos estás ausente, no de mi corazón.
¡Cumple la promesa que nos hicimos, pues yo,
tú lo sabes, cumplo mi parte!
Ţawīl. Dīwān, Suyssī, 30.
[Al-Mu‘tāmid Ibn‘Abbād, Poesías.
Antología bilingüe por María Jesús Rubiera Mata
Instituto Hispano-Árabe de Cultura.
Págs. 124-125.
Madrid, 1982]
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SÉ QUE ESTÁS MUY LEJOS (1ª VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE AL-MUTAMID). Poema de Lauro Gandul Verdún
UN MUSGO (2ª VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE AL-MUTAMID). Poema de Lauro Gandul Verdún
AMOR ONÍRICO. Poema de Al-Mu‘tāmid Ibn‘Abbād (traducido del árabe por María Jesús Rubiera Mata)
UN MUSGO (2ª VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE AL-MUTAMID). Poema de Lauro Gandul Verdún
EL CAMELLO. Por Gloria Fuertes
El camello se pinchó
con un cardo del camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar
fue a reportar,
más allá
del quinto pino…
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su «Longinos».
—¡No llegamos,
no llegamos
y el santo Parto ha venido!
—son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido—
El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.
Acercándose a Gaspar
Melchor le dijo al oído
—Vaya birria de camello
que en oriente te han vendido.
A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay que tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!
Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.
Y a las tantas ya del alba
—ya cantaban pajarillos—
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
—No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero —repitió el Niño.
A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.
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