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DISPERSÃO. Mário de Sá-Carneiro (1890-1916)

 

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Lisboa 2016-1

[Foto: Manuel Verpi]

 

Perdi-me dentro de mim
Porque eu era labirinto,
E hoje, quando me sinto,
É com saudades de mim.

Passei pela minha vida
Um astro doido a sonhar.
Na ânsia de ultrapassar,
Nem dei pela minha vida…

Para mim é sempre ontem,
Não tenho amanhã nem hoje:
O tempo que aos outros foge
Cai sobre mim feito ontem.

(O Domingo de Paris
Lembra-me o desaparecido
Que sentía comovido
Os Domingos de Paris:

Porque um domingo é familia,
É bem-estar, é singeleza,
E os que olham a beleza
Não têm bem-estar nem familia)

O pobre moço das ânsias…
Tu, sim, tu eres alguém!
E foi por isso também
Que te abismaste nas ânsias.

A grande ave doirada
Bateu asas para os céus,
Mas fechou-as saciada
Ao ver que ganhava os céus.

Como se chora um amante,
Assim me choro a mim mesmo:
Eu fui amante inconstante
Que se traiu a si mesmo.

Não sinto o espaço que encerro
Nem as linhas que projecto:
Se me olho a um espelho, erro —
Não me acho no que projecto.

Regresso dentro de mim
Mas nada me fala, nada!
Tenho a alma amortalhada.
Sequinha, dentro de mim.

Não perdi a minha alma,
Fiquei con ela, perdida.
Assim eu choro, da vida,
A morte da minha alma.

Saudosamente recordo
Uma gentil companheira
Que na minha vida inteira
Eu nunca vi… mas recordo

A sua boca doirada
E o seu corpo esmaecido,
Em um hálito perdido
Que vem na tarde doirada.

(As minhas grandes saudades
São do que nunca enlacei.
Ai, como eu tenho saudades
Dos sonhos que não sonhei!…)

E sinto que a minha morte —
Minha dispersão total —
Existe lá longe, ao norte,
Numa grande capital.

Vejo o meu último dia
Pintado em rolos de fumo,
E todo azul-de-agonia
Em sombra e além me sumo.

Ternura feita saudade,
Eu beijo as minhas mãos brancas…
Sou amor e piedade
Em face dessas mãos brancas…

Tristes mãos longas e lindas
Que eran feitas pra se dar…
Ninguém mas quis apertar…
Tristes mãos longas e lindas…

Eu tenho pena de mim,
Pobre menino ideal…
Que me faltou afinal?
Um elo? Um rastro?… Ai de mim!…

Desceu-me n’alma o crepúsculo;
Eu fui alguém que passou.
Serei, mas já não me sou;
Não vivo, durmo o crepúsculo.

Álcool dum sono outonal
Me penetrou vagamente
A difundir-me dormente
Em uma bruma outonal.

Perdi a morte e a vida,
E, louco, não enlouqueço…
A hora foge vivida
Eu sigo-a, mas permaneço…

… … … … … … … … … … …

Castelos desmantelados,
Leões alados sem juba…

… … … … … … … … … … …

 

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Lisboa 2016-2

[Foto: Manuel Verpi]

 

[MÁRIO DE SÁ-CARNEIRO (1890-1916)

Poesías.

Editorial Nova Ática. Lisboa 2004.

Págs. 61 a 65.]

 

LISBOA EN DICIEMBRE CON EL MARQUÉS DE POMBAL AL FONDO. Foto de Lorenzo del Término (2015)

 

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DESDE EL SAGRADO CORAZÓN DE LISBOA REGRESO A ESPAÑA ATRAVESANDO EL PUENTE 25 DE ABRIL. Fotografía de Olga Duarte Piña (11 de octubre de 2015)

 

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COLOQUIOS (278) E INSTANTÁNEAS DE LISBOA UNA MAÑANA OTOÑAL. Texto de Gabi Mendoza Ugalde con Luis de Sesimbra Gonçalves-Rodrigues [5 fotografías de Lauro Gandul Verdún]

 

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Pesas de telar romanas

Museo do Carmo

Lisboa 2015

 

—Todo desafino es un desatino.

—No: Un destino.

—Vale. Entonces, todo el amor es poco en estos tiempos de Pluto.

—El error no es culpa, sino escultor de nuestro amor universal. Ésta, de suyo, torna nuestra vida en pura miseria, y el culpable desprecia a aquél.

—Sin amor no hay destino.

 

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MESTRE LAGOA HENRIQUES (1923-2009). Transladação das ossadas no Cemitério dos Prazeres (Lisboa, 27 de mayo de 2015)

 

LAGOA HENRIQUES POR Vitor Serrão

[Foto: Vitor Serrão]

 

MESTRE LAGOA HENRIQUES. A toda a comunidade escolar, o Presidente da Faculdade de Belas-Artes informa que no dia 27 de Maio, quarta-feira, pelas 10h15, decorrerá no Cemitério dos Prazeres a cerimónia de transladação das ossadas do Mestre Lagoa Henriques (1923-2009). Os restos mortais serão transferidos do Cemitério da Ajuda, de onde partem às 10h, para o Cemitério dos Prazeres onde serão depositados em sepultura perpétua. O transporte será efectuado pela Câmara Municipal de Lisboa, entidade que oferece também a respectiva urna. O acto, para o qual se convida a comunidade escolar, não substitui a cerimónia de homenagem à memória do artista e pedagogo, que se realizará em data a anunciar.

 

«SUBIU O CLAMOR DA LIBERDADE / FLORIU ABRIL». Homenaje de «CARMINA» a la revolución portuguesa del 25 de abril de 1974 y 2ª edición de un poema de Alberto González Cáceres

.

(Fuente: Blog del fotógrafo Manuel Sonseca)

.

Lo sabe todo el mundo.

Nada permanece para siempre.

Todo el mundo sabe, sí,

que no hay mal que cien años dure,

ni cuerpo que lo resista.

Pero nada ha cambiado por sí solo.

Ninguna fuerza ha dimitido.

Ningún opresor se tiró del carro.

Ningún vampiro suelta su presa.

También se sabe

que aunque la amabilidad

no caracteriza al infame,

a veces intenta y logra

seducir a la víctima,

que confíe y ceda

para mejor despojarla.

El infame es una rata,

es miles de ratas

que no pueden, es que no pueden

dejar de roer: les va la vida en ello.

Hay que comprender al infame, sí.

Incluso, según algunos, compadecerle.

¿Significa eso

que hayamos de entregarle

nuestros órganos,

que le otorguemos el derecho

a pacer sobre nosotros

cual ovejas sanguinarias?

(Ayer vi un tulipán

en la tele, naturalmente)

(Vi también un adorable niñito negro,

de la mano de su adorable madre rubia,

aunque no sé

qué será de ellos mañana.

Ni de mí)

Ya lo dijo un sabio:

la violencia es

la partera de la Historia:

la sociedad vieja,

preñada de la nueva,

no la reconoce

y procura ahogarla

con cruel ferocidad.

(Cuánto me gustó ver claveles

en cañones de fusiles,

aunque unos y otros fueron traicionados)

(Por el contrario, nunca me gustaron

rosas falsas en falsos puños,

inútiles para empuñar

las herramientas del futuro)

Las cosas, por desgracia,

son dolorosamente complicadas.

.

…………(*) Esta composición de Alberto la he hallado recientemente ¡debajo del frigorífico! Y eso gracias a que el mulato Afonso se prestó, por fin, a retirar el aparato para limpiar. Data del año 2008. Mario Cortés

 

.DUna placa de mármol en Lisboa
(Foto: Lorenzo del Término 2012)

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POR DESGRACIA… (*). Alberto González Cáceres (Alcalá, 1953-Monsaraz, 2009)

 

UNA BUSCA EN LISBOA. Fotografía de Manuel Verpi 2013

 

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LISBOA 2013 M. VERPI 10

 

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El fotógrafo Manuel Verpi en «CARMINA»

 

LISBOA DURANTE LOS PRIMEROS DÍAS DEL VERANO. Fotografía de Manuel Verpi 2013

 

LISBOA 2013 M. VERPI 2

 

LISBOA 2013 M. VERPI 1

 

LISBOA 2013 M. VERPI 4

 

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TESE E ANTITESE/TESIS Y ANTÍTESIS. Soneto de Antero de Quental (1842-1891) traducido al español, con licencias, por Lauro Gandul Verdún en 2013

 

Já não sei o que vale a nova ideia,
quando a vejo nas ruas desgrenhada,
torva no aspecto, à luz da barricada,
como bacante após lúbrica ceia…

Sanguinolento o olhar se lhe incendeia;
respira fumo e fogo, embriagada:
a deusa de alma vasta e sossegada
ei-la presa das furias de Medea!

Um seculo irritado e truculento
chama à epilepsia pensamento,
verbo ao estampido de pelouro e obus…

Mas a ideia é num mundo inalterável,
num cristalino céu, que vive estável…
Tu, pensamento, não és fogo, és luz!

 

Antero_de_Quental_(ca._1887)Antero de Quental en una foto realizada por autor anónimo hacia 1887

 

Ya no sé lo que vale la nueva idea,
cuando la veo en las calles desgreñada,
terrible de aspecto, a la luz de la barricada,
o como bacante después de lúbrica cena…

Sanguinolenta la mirada se le incendia;
respira humo y fuego, embriagada:
¡La diosa de alma vasta y sosegada
presa es de las furias de Medea!

Un siglo irritado y atroz
que llama a la epilepsia pensamiento,
y verbo al estampido de bala y obús…

Mas la idea está en un mundo inalterable,
en un cristalino cielo, donde permanente existe…
¡Tú, pensamiento, no eres fuego, sino fulgor!

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ACCORDANDO/DESPERTANDO. Soneto de Antero de Quental traducido al español por José Pardo en 1940

 

LA ESCRITURA O LA VIDA: PESSOA Y KAFKA «IN LOVE». Por Enrique Martín Ferrera (enero 2013)

KAFKA Y FELICE BAUER, 1917

 Franz Kafka con Felice Bauer

 (1917)

En el frío papiro de turbios editores
volqué yo aquellas ansias de una pasión sin límites
¿Era eso mi vida? Asco me dio de ella.
Con qué clarividencia sentí que estaba muerto.

Vicente Núñez
Ocaso en Poley (1982)

«Escribir es como la droga que me repugna y tomo, el vicio que desprecio y en el que vivo» —dejó escrito Pessoa a través de su desasosegado Bernardo Soares.

             Por su parte, Kafka se dirigía así a su amigo Max Brod en carta de Julio de 1922:
            «¿Por qué no cesan los remordimientos? La última palabra sigue siendo: podría vivir y no vivo. […] La escritura es una recompensa dulce y maravillosa, pero ¿de qué? Por la noche se me presentó con la claridad propia con que se enseña a los niños de la escuela que era la recompensa de servicios prestados al demonio.»

            ¿Habrían escrito las mismas páginas Pessoa y Kafka en otras circunstancias: feliz o infelizmente casados, con hijos, perro, vivienda en propiedad…, dedicando buena parte de su tiempo y esfuerzos a obtener el dinero preciso para mantener esa vida familiar, plegándose al gregarismo, alejándose de la soledad que ellos insistían en considerar su única amante posible? La correspondencia amorosa de Fernando PESSOA con Ophelia Queiroz y las cartas que dirigiera Franz KAFKA a Felice Bauer —testimonios que guardan entre sí una extraordinaria y estremecedora similitud— no dejan lugar para muchas dudas. El repliegue final de los escritores haría que ambas mujeres acabaran casándose con otros.

Fernando Pessoa en 1915Ophelia con 19 años, en el tiempo en que la conoció Pessoa.

Fernando Pessoa en 1915 y Ophelia Queiroz en 1919 con 19 años, cuando conoció al poeta

 

PESSOA IN LOVE

La joven se llamaba Ophelia Queiroz y pertenecía a una familia de la burguesía lisboeta. Tenía diecinueve años cuando Pessoa la conoció, como mecanógrafa en la oficina donde también trabajaba él mismo como traductor de correspondencia comercial. En ese lugar se le declaró abruptamente el enamorado poeta una tarde en la que se quedaron a solas, sin molestos testigos. En la correspondencia que mantuvieron, publicada a finales de los setenta en Lisboa por la editorial Ática, ella siempre le exigía un mayor grado de compromiso. La primera carta es de Marzo de 1920, seguida de muchas otras en meses sucesivos. Pero la relación fue interrumpida aquel año y retomada, inútilmente, nueve después. De ese último periodo hay una carta que Pessoa dirige a Ophelia el 29 de Septiembre de 1929 y que firma «su muy devoto Fernando», donde leemos:

            «He alcanzado la edad en la que se tiene pleno control de las cualidades propias, y la inteligencia ha adquirido la fuerza y destreza que puede lograr. Así pues, es el momento de hacer mi obra literaria, completando un par de cosas, agrupando otras, escribiendo las que están por escribir. Para llevar a cabo este trabajo, necesito un poco de paz y aislamiento. No puedo, por desgracia, abandonar la oficina donde trabajo (no puedo, claro está, porque no tengo rentas), pero sí puedo, reservando para la oficina dos días de la semana (miércoles y sábados), tener como míos y para mí los cinco días restantes. Ahí tienes la famosa historia de Cascaes. Toda mi vida futura depende de que pueda o no hacer esto, y pronto. Por otro lado, mi vida gira en torno a mi obra literaria – buena o mala, que sea, o podría ser. Todo lo demás en la vida tiene un interés secundario para mí: hay cosas que, por supuesto, estimaría tener, y otras que da igual vengan o no vengan. Es necesario que todos los que me tratan se convenzan de que estoy bien así, y que requerir de mí sentimientos, de hecho muy dignos, propios de un hombre ordinario y trivial, es como exigirme tener los ojos azules y el pelo rubio. Y tratarme como si fuera otra persona no es la mejor manera de conservar mi afecto. Mejor tratar así a quien sea así, pero en este caso es «dirigirse a otra persona», o algo parecido. Me gustas mucho -mucho- Ophelinha. Aprecio mucho -muchísimo- tu carácter y tus sentimientos. Si me caso, no me casaré más que contigo. La cuestión es saber si el matrimonio, el hogar (o como se le quiera llamar) son cosas compatibles con mi vida y pensamientos. Yo lo dudo. Por ahora, y en breve, quiero organizar esta vida mía de pensamiento y trabajo. Si no puedo organizarla, está claro que ni siquiera podría pensar en el matrimonio.»

KAFKA IN LOVE

Franz Kafka llegó incluso a estar prometido oficialmente con Felice Bauer, pero, conociendo al novio, cómo podrían llegar a buen puerto aquellos planes de boda. La relación se prolongó —con altibajos y con contados encuentros personales— durante cinco años, de 1912 a 1917; cinco años de lucha interior para el escritor: la escritura o la vida, terrible disyuntiva. La conoció en casa de Max Brod, donde ella estaba de paso, y, tras su marcha, comenzó pronto a escribirle una carta al día, y luego dos o tres diarias. «Nariz casi aplastada, pelo rubio, algo tieso y sin encanto, mandíbula fuerte», así la describe físicamente en su Diario, al anotar aquel primer encuentro de Agosto de 1912. En otra anotación distante en el tiempo, ya rota la promesa de matrimonio, llega a considerar a Felice como «una inocente condenada a un grave tormento». Y es en ese mismo Diario donde encontramos, en una entrada de 13-8-1913, el borrador de una carta dirigida al padre de Felice, que nunca llegó a su destinatario, con el autorretrato menos complaciente y atractivo que cabe imaginar para un futuro yerno, donde Kafka confiesa: «Mi empleo me resulta insoportable, porque contradice mi único anhelo y mi única profesión, que es la literatura. Puesto que no soy otra cosa que literatura, y no puedo ni quiero ser otra cosa, mi empleo no podrá nunca atraerme, pudiendo en cambio destrozarme totalmente. […] No sólo por mis circunstancias externas, sino mucho más por mi propia manera de ser; soy una persona reservada, silenciosa, insociable, insatisfecha; sin que pueda definirlo para mí como una desgracia, puesto que sólo se trata del reflejo de mis objetivos.»

            El 14 de Enero de 1913 escribe a Felice Bauer: «En cierta ocasión me escribiste que querías estar a mi lado mientras yo escribía; pero, imagínate, no sería capaz de escribir en tales condiciones. Escribir significa entregarse por completo […] Así que uno no puede estar lo suficientemente solo, no puede haber suficiente silencio en torno a uno cuando escribe, la noche es incluso demasiado poco noche. […] A menudo he pensado que la mejor vida para mí consistiría en recluirme con una lámpara y lo necesario para escribir en el recinto más profundo de un amplio sótano cerrado. Me traerían la comida desde fuera y la depositarían lejos, tras la puerta más externa del sótano. El ir a buscar esta comida, vestido sólo con una bata, a través de los pasillos del sótano, sería mi único paseo. Luego regresaría junto a mi mesa, comería lentamente, reflexionando, y de inmediato volvería a escribir. ¡Y qué cosas escribiría entonces! ¡De qué abismos las arrancaría!»  

            «Una lámpara y lo necesario para escribir…» Ya había hablado antes Kafka a Felice Bauer de esa lámpara, y de lo que podría suponer de exigencia y forzado cambio de costumbres el matrimonio, en carta dirigida el 24 de noviembre de 1912 a su aspirante a esposa. En ella —qué manera tan sutil de apartar a alguien de tu lado— Kafka incluye, copiado expresamente para ella, este poema de Jan Tsen-Tsai, el poeta chino del XVIII:

En la noche profunda
En la noche fría, absorto en mi libro
olvidé la hora de ir a la cama.
El perfume de mi colcha bordada en oro
se ha disipado y el fuego se ha apagado ya.
Mi hermosa amiga, que hasta entonces su ira
ha dominado con esfuerzo, me arrebata la lámpara
y me pregunta: ¿Sabes la hora que es?

            ¿La literatura o la vida?  Hay quien sostiene que es un absurdo apartarse de la vida para escribir sobre ella, y también son muchos quienes advierten que sólo escriben aquellos desdichados que están incapacitados para vivir. Pero, aun sin la certeza de lo sensato de esa opción, de ese sacrificio, ¿no puede verse acaso al hombre consagrado por completo al sacerdocio de la escritura como el titánico protagonista de una deliberada renuncia en favor de un fin más alto? La literatura o la vida… Para Pessoa y para Kafka —salvando tentaciones, zozobras y puntuales remordimientos— sólo cabía una respuesta ante semejante disyuntiva. ¡Qué ingenuidad la de soñar siquiera con poder arrebatarle su lámpara!

carta DE KAFKA A FELICE BAUER  Carta de Franz Kafka a Felice Bauer