—En el pasado ya somos inmortales. El presente es pura supervivencia. Evocar es recorrer los cielos. Cada cual según de los que haya caído a sus propios infiernos. En mi caso, haber vivido es lo que siento cada vez que viajo en mis tiempos. El espacio es surcado siempre en presente, pero viajando todo espacio sólo es tiempo, en tanto que memoria. Viajar es soñar. El futuro sólo es final, y entonces muerta estaré.
—He de reconocerte que acojo dudas al respecto. Pero si me dejas añadir a tu poema que evocación es ebriedad, o mejor, la lucidez que emana de una determinada fase de esta ebriedad a la que me refiero: un don que supo poemar Claudio Rodríguez y que para mí facilita aprehender ese ámbito de disolución, da igual implosiva que explosiva, que supone toda evocación.
—Vale. Por tanto no es una boutade afirmar que Platón ha muerto. En todo caso, ya era hora y, además, prefiero asegurar la muerte del gran filósofo que la del Arte o la Poesía, como hacen otros para que la poltrona del sepulturero ilustre no se la arrebaten. Tales idiotas vienen estercolando el desierto del puritanismo.
—En el devenir de los milenios unas manos sólo pueden atrapar el tiempo de un remoto meteorito cuya gloria dura muy poco. Para ser en mi hacer nada debo necesitar que implique el afán de robar o matar. Corta es la vida pero al viajero de verdad nunca le faltarán días para contemplar unas nubes al crepúsculo desde la cima de una gran montaña.
—Sí, aunque donde hayan transcurrido sus tiempos lo contemplado abarcara estrictamente la importancia de los desconchados, de los charcos en las calles de tierra, del descascarillamiento general, del deterioro o la impura intemperie…
—Puedes escribir un librito beat o el guión de una peli tipo road móvil. Esperar un autobús no es cualquier cosa: sería como esperar a Godot.
—Y comprobar que todos los nombres, los propios y los comunes, además, a todos nos abrazan, a vivos y muertos, y a las cosas, las que se ven y las que se sueñan.
—La cuestión consistiría en la elección como predilección y una vida coherente con las palabras y las frases, y los textos.
—La vida de un poeta sólo podría ser la de las palabras que deja que le abracen y las que encuentra abrazando lo que fuera de él es.
—Pensar, escribir, sentir es… Pero de lo que se trata es de algo mucho más inquietante. Mantenerse en el seno mismo de la pregunta y, engendrar un pensamiento nunca detenido.
—Conquistada la fórmula de la pregunta ¿para qué queremos respuestas? Responder es clausurar. No podemos vivir en lo cerrado.
—¡Que nos dejen el aire que corre sin límites por los campos de la pregunta! Propaguemos y propugnemos la abolición de las respuestas.