Posts categorized “Pintura”.

SIN TÍTULO (TÉCNICA MIXTA SOBRE TABLA). Pintura de Rafael Luna

 

sintítulotécnicamixtasobretablaFAFI
_____________________

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

COCHE DE CUERDA. Pintura de Rafael Luna (acrílico sobre lienzo)

 

cochedecuerdaacrílicosobrelienzoFAFI
_____________________

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

MANUEL FERNÁNDEZ GARCÍA, SEMBLANZA DE UN PINTOR. Por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún

 

Retrato 2

El pintor en su estudio

Foto: ODP 2013

 

Y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas;

y a la luz llamó día, y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero.

 (Gén. 1, 4-5)

 

 

A ti, temblor y halo del paisaje,

recortadora del perfil y ciega

para el pincel abierto que disgrega

la mancha de la mar y del celaje.

 

Rafael Alberti

 

M. FDEZ. GARCÍA 1

 Puerta de Sevilla en Carmona

(Acuarela)

 

Tanta historia en tus calizas entrañas, hojaldrada Carmona. Viejo recinto recio contenido por tu devenida templanza dentro de la majestad de tu cerca, que amuralla el tiempo acumulado, todo el tiempo de los milenios que ya no provocan el vértigo de su inexorable transcurso, porque el miedo se lo tragó el olvido, y tú ya eres el ámbito de la luz. Carmona, eres Roma en el alcor. Una Roma de foro, de voces antiguas como la tierra o la piedra cuyos ecos aún resuenan en cualquiera de tus rincones, y todavía pueden verse los resplandores que asombraron a ignotas miradas. Carmona, donde los veneros acostumbran a florecer en los fontanales de los escarpes, o en el corazón de las plazuelas. Aguas diáfanas para saciar un afán de luz de un hijo tuyo, Manuel Fernández García. Hijo de tu tiempo, de tu historia plena y de un cielo filtrado por las copas de unos pinos.

         Árcade en Carmona, Arcadia del pintor, donde anudado a la fluencia densa de lo mítico en su ciudad y protegido por el abrazo de las edades, lleva desenvolviendo un arte que sólo se hace evidente en los lugares eternos, entre otros merecidos herederos de tan opulenta memoria. Y vienen siendo para todos nosotros una suerte su retina y su mano derecha; su dibujo; sus pinceles y su paleta, con los que ha fecundado lienzos, tablas o papeles; y suerte para Carmona, donde acrisolado se vierte y vive, entrañado en la caliza, consistiendo ya en una capa de colorida pintura, una capa más en el hojaldre milenario del sereno fulgor de un lucero, cuna y morada del artista.

 

M. FDEZ. GARCÍA 4

Plaza de abastos de Carmona (s. XIX)

(Óleo sobre lienzo)

 

Manuel Fernández García nace en la calle Bogas del barrio de San Felipe, el 29 de diciembre de 1927. En sus primeros recuerdos están su única hermana, Dolores, y sus padres. En 1922 el padre había abierto una tienda de tejidos en un inmueble adosado a la Puerta de Sevilla. Él se crió en la tienda, aunque de los vecinos de San Felipe se acuerda  con cariño, como si fueran parte de su familia. Recuerda también la feria con su padre, y haciendo la primera comunión. Del barrio de San Felipe era también Miliki (Emilio Alberto Aragón Bermúdez, Carmona 1929-Madrid 2012), que había nacido en la casa de enfrente, aunque apenas lo recuerda porque al quedar huérfano de padre, un tío suyo, que era payaso lo acogió y se lo llevó con su circo.

 

plazueladelpintor M.V. 29013 carmona

Plazuela del pintor en la judería de Carmona

(Foto: M. V. 2013)

 

Su bisabuelo paterno fue un pintor decimonónico de temas religiosos, aunque se le conoce un paisaje de desierto en un cuadro sobre Los Reyes Magos. Firmaba sus obras con el apellido Pérez. Es el autor del cuadro de la virgen de Gracia que cuelga de una de las paredes de su casa, que fue un regalo para la hija, abuela de Manuel, cuando se casó. Tuvo un hijo que también fue pintor y firmaba Pérez Hurtado. Hay un debate en la familia sobre los cuadros que han heredado, algunos creen que eran del bisabuelo y otros del tío abuelo. En la casa familiar una puerta tenía pintada una cesta con unas flores y sus tías lo mismo le decían que la había pintado el bisabuelo, que el hermano de la abuela, tío Antonio. Todo viene porque muchas veces no ponían las fechas y otras ni siquiera firmaban los cuadros. Entre estos ascendientes artistas hay otro pintor en la  familia, llamado Juan de la Cruz, que murió en el manicomio de Sevilla, donde al parecer había cuadros de él. Su abuelo materno se apellidaba Canelo, y aunque actualmente se ha perdido como apellido en Carmona, en el siglo XVI los Canelo tenían derecho a «bastón de mando». Fue un gran herrero en cuyo taller se forjaron herrajes de gran valor artístico. 

En el colegio del convento de las dominicas de Madre de Dios dibujaba. Sus compañeros de párvulos le servían de modelos. Dibujaba a los niños cuando los castigaban a estar de rodillas o contra la pared. Es el recuerdo más remoto del artista con la pintura. Sor Patrocinio, que era la maestra de los niños en el parvulario, le tenía mucho cariño porque era menudo y bueno. Fue ella quien lo llamó por primera vez Manolín, que es el nombre por el que todo el mundo conoce al pintor en Carmona. Aún conserva una estampa dedicada por la monja donde ésta dejó escrito: «A mi querido y monísimo Manolín de su tía Sor Patrocinio.» Como compañeros de pupitre tuvo a Manuel  Losada Villasante (1929), que andando el tiempo llega a ser discípulo de Severo Ochoa y premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica; y a José María Requena (1925-1998) el escritor, poeta y periodista, premio Eugenio Nadal en 1971 por su primera novela, titulada El cuajaron, cuya portada precisamente dibujó Manuel, que también colaboró con el escritor en otras ediciones de sus libros. Requena, cuando eran jóvenes, exhortaba al pintor para que se fuera con él a Bilbao, le decía que allí estaba su porvenir, pero a éste nunca se le hubiera pasado por la cabeza marcharse de Carmona.

 

portada1ªed.1971Portada de la 1ª edición

 

Empezó el bachillerato como alumno interno en el colegio de San Hermenegildo de Dos Hermanas, que regían los terciarios capuchinos. El colegio había sido correccional antes de la guerra: todavía conservaba las puertas con las postiguillos por donde les metían los platos de la comida a los niños recluidos, estaba rodeado de unas tapias altas para que, entonces, no se escapara nadie. Pero cuando él estuvo en San Hermenegildo, aunque había disciplina, sabía, por algunos de sus amigos, que el colegio de San Hermenegildo era una gloria comparado con los salesianos de Alcalá o de Utrera, donde eran mucho más duros que allí. Los frailes, por ejemplo, los llevaban a dar buenos paseos al Tomillar e, incluso, a Alcalá; a los que estaban en quinto y sexto, con permiso de sus padres, les dejaban fumar, aunque los curas no fumasen. Después estuvo, también interno, en los Escolapios de Sevilla, donde los curas fumaban y a ellos no los dejaban fumar. En los Escolapios había demasiada disciplina. No llegó a terminar el bachillerato porque le hizo falta a su padre en la tienda.

En San Hermenegildo, entre las asignaturas que se impartían estaban el dibujo artístico y el dibujo técnico. El tiralíneas no le gustaba; dibujar tuercas, tornillos o pernos, no era lo suyo. Orondo, barbudo y grande, el padre Jaime era el profesor de dibujo artístico. Como la clase de dibujo estaba en la planta alta del edificio, para subir y bajar las escaleras el padre Jaime se apoyaba en su bastón con una mano y con la otra en el hombro de Manuel, aunque no tanto para ayudarse —la corpulencia de Manolín era la antípoda de la del fraile— como porque tenía predilección por el bachiller, apreciaba mucho sus dibujos y no había exposición escolar a la que no mandara sus trabajos. En una carpeta conservó Manuel todas las láminas con los dibujos de piezas de escayola (bustos, hojarasca, capiteles…) que hizo mientras fue alumno del Padre Jaime.

 

Molino de San Juan M.F.G.

Molino de San Juan de Alcalá de Guadaíra

Molino de Benarosa M.F.G.

Molino de Benarosa de Alcalá de Guadaíra

Esos dibujos, precisamente, son los que pudo mostrar a José Arpa Perea (Carmona 1858-Sevilla 1952) cuando lo conoció con catorce años. Después de pasar una gran parte de su vida en Roma, Méjico o San Antonio de Tejas, don José había regresado a España con setenta años, a Sevilla, donde tenía su casa en la calle Jáuregui y su estudio en la calle Feria, pero pasaba los veranos en Carmona. Venía con un sobrino que le acompañaba y se hospedaban en una fresca habitación del Hotel Comercio. Uno de esos veranos Arpa pretendía pintar la calle y la torre de San Pedro desde la Puerta de Sevilla, que era paso obligado para ir al mercado de toda la gente del Arrabal, cuando todavía todo el tránsito de personas y vehículos se hacía a través del arco romano, lo que supuso que fuera grande la dificultad que tenía el pintor para tal empeño —le pusieron hasta un guardia municipal—.Un día su padre le ofreció el balcón del piso superior de la tienda. Desde allí José Arpa pintó muchas veces la calle y la torre de San Pedro. Manuel ya se había incorporado al negocio familiar y no perdía ocasión de estar junto al maestro cuando éste trabajaba en el almacén de la tienda, muy atento a lo que hacía y en silencio los dos.

Manuel se sentaba en una silla mientras don José trabajaba, sin molestar. Arpa se extrañaba de que el muchacho estuviera allí viéndolo pintar y sin levantarse durante tantas horas. Y hablaron:

 —¿A ti te gusta la pintura?

 —Sí a mí me gusta mucho.

 —¿Tú has hecho algo?

 —Yo tengo del colegio de los hermanos de San Hermenegildo, algunas láminas de las que hacía.

 —Tráelas, tráelas…

 —Ah!, tú dibujas muy bien, ¿por qué no pruebas?— dijo el maestro cuando vio su carpeta de dibujos.

 El almacén de la tienda, situado en la parte superior, se convirtió en el lugar donde Arpa guardaba sus caballetes, lienzos, óleos, pinceles y otros enseres. Allí trabajaba todos los días menos los domingos. Uno de éstos, Manuel, sin licencia de aquél, cogió algunos tubos de óleo y una tablita que había quedado preparada y sobre ella pintó un cuadrito desde su azotea de la Torre de San Felipe, ese domingo. Así realizó su primera pintura al óleo. Ya no era un dibujo. Y a Arpa le gustó, y no tuvo que reprocharle nada por su atrevimiento, sino todo lo contrario. Manuel salió una infinidad de veces con Arpa a pintar, porque entonces se pintaba todo del natural, unas veces buscando vistas de la vega o desde ésta de los escarpes del alcor, y otras buscando patios o plazuelas. Arpa le pedía permiso a su padre para aquellas excursiones que éste educadamente otorgaba, aunque a don Fernando le hacía muy poca gracia, pues no le veía mucho futuro a la pintura como trabajo o profesión de su hijo, a quien prefería preocupándose más de la tienda como porvenir; aunque ya la suerte estaba echada y el futuro sólo podría ser visto desde pinceles y perspectivas. Poco tiempo después no tuvo inconveniente el padre de Manuel para que el almacén, que estaba vacío de géneros en aquellos años cuarenta de escasez y posguerra, sirviera como primer estudio del hijo, durante muchas temporadas compartido con Arpa. Como don José y Manuel pasaban mucho tiempo juntos, Rafael, el farmacéutico, les decía: «ya vienen el maestro y el discípulo» y Arpa, que tenía 90 años, contestaba: «No, no; somos amigos». Con esa edad tenía una salud envidiable. Era capaz de ir desde la fonda hasta el Alcázar, donde está hoy el parador,  andando con su bastón y llevándolos con la lengua fuera al sobrino, que portaba el maletín y el caballete,  y a él, mientras les decía: «La mano derecha que vaya libre; la caja de pintura  y el caballete en la izquierda». Porque había que cuidar el pulso de la mano derecha.

 

joséarpapereaautorretrato

Autorretrato

José Arpa Perea

1858-1952

 

 El discípulo recuerda que el maestro le daba muchos consejos. Cuando ponía a su vista algún trabajo él nunca decía «Esto no es así», sino «Yo lo hubiera interpretado de esta forma». Lo evoca como un ser estupendo, generoso y muy ameno que le obligaba, le corregía sin dejar de ser grato lo que provocaba en Manuel que creciera su entusiasmo por la percepción pictórica de la realidad de José Arpa, por esa concreta mirada del mundo: una tradición plástica a la que Manuel Fernández García se anudó de manera sencillamente natural y que ha continuado con una obra que en calidad y cantidad le acredita como legatario cimero y leal, y como representante indiscutible, del paisajismo andaluz desde el último tercio del siglo XIX.

En su recuerdo están también los escultores Francisco Buiza Fernández (Carmona 1922-Sevilla 1983) y Antonio Eslava Rubio (Carmona 1909-1983). Frecuentaba sus talleres en la calle Feria y en la Plaza de Mengíbar, respectivamente. La forma de hacer, de trabajar de estos escultores le influyeron en su forma de hacer y trabajar con la pintura.

 

paletadelpintor LGV camona(Foto:  M. Verpi)

 

Estudio del artista 2

(Foto ODP 2013)

 

A lo largo de toda su larga vida no ha tenido necesidad de salir mucho de Carmona, y aunque en el estudio de su centenaria casa haya sido donde ha aplicado su colorido y ejecutado sus cuadros sobre su ciudad y sobre cualquier otro paisaje, donde también ha dado vida a los pueblos blancos de la sierra gaditana, a Cádiz, a Jerez de la Frontera, a Sanlúcar de Barrameda… Y hasta ha pintado a los indios del Orinoco o los morros de San Juan para coleccionistas de Venezuela. Su obra está repartida por toda España y por otros países como Alemania, Méjico, Estados Unidos o Japón. Nunca ha conducido un coche, nunca tuvo que sacarse el carné. Antonio Franco, un marchante de Jerez de la Frontera que le vendía muchos cuadros, cuando quería cuadros de Grazalema, donde tenía una casa, lo recogía de Carmona en su vehículo y se lo llevaba por la sierra de Cádiz para que pudiera tomar apuntes o hacer fotos de Benaocaz, Ubrique o Villaluenga del Rosario. El pintor guarda una intensa memoria de su relación pictórica con Grazalema, representada en multitud de sus obras. También los rincones de los paisajes rondeños o los pueblecitos de la Alpujarra han sido llevados a su lienzos, tablas o papeles, al óleo o a la acuarela. Nunca ha viajado al extranjero por razón de la pintura, aunque en los viajes que ha hecho dedicara gran parte del tiempo a visitar museos. En Venecia quedó cautivado por la belleza de la ciudad y hechizado por los palacios y los canales, por San Marcos y por La Academia. A su regreso empezó a pintar cuadros sobre la Serenísima para una exposición que nunca pudo inaugurarse porque los visitantes del taller que iban descubriéndolos los adquirían. Quedaron algunos que sacó del gabinete y los conserva en su colección particular. Nunca se ha quejado de su suerte. Lo ha vendido todo porque ha tenido muchos clientes. Jamás ha organizado una exposición y siempre los galeristas que han expuesto obra suya, previamente le han comprado las pinturas. Ha vivido de la pintura desde fines de los sesenta. Con su siempre recordada y amada Antonia Goncer ha criado y educado a siete hijos. Si tuviera que repetir lo ya vivido desearía dedicarse a la misma tradición pictórica a la que se ha consagrado y en la que sustenta una vida gozosa y creativa.

 

M. FDEZ. GARCÍA 2

Grazalema

(óleo sobre lienzo)

 

…Y todo en ti, Carmona, por ti, poso hojaldrado del tiempo y Arcadia del pintor. Donde la mano, la retina, la paleta, el lienzo, la línea, la perspectiva, la composición, el pincel y el color se aúnan para darte existencia otra vez más allá de ti misma.

 

«PAIDEIA» Y «PAIDIA». De la serie «RECORTES», Nº 74. Por Pablo Romero Gabella (con pintura de Rafael Luna)

 

sintítuloRAFAEL LUNA

 

«A Madam Frucha no se le daba muy bien la disciplina, razón por la cual tal vez había inventado el Método, que no requería ninguna. Lo que solía hacer es hablar con los demás en tono pizpireto hasta que la gente se rendía por pura vergüenza ajena.La señorita Susan nunca parecía tener vergüenza ajena.

            —La razón de que te haga venir, Susan, es que ejem, la razón es…, la señorita Smith me ha contado que los niños… su capacidad lectora es, según dice, desafortunadamente avanzada…

           —La señorita Smith piensa que un buen libro trata sobre un niño y su perro persiguiendo una pelota roja y grande- dijo la señorita Susan- Mis niños han aprendido a esperar una trama. Ahora estamos leyendo Cuentos de hadas grimosos.

           —¡Pero es horroro…! ¡No tendrías que estar enseñándoles a leer nada todavía!…Quiero decir que la infancia es una época para jugar y…

            —Aprender –dijo la señorita Susan.

      —Aprender jugando –comentó Madam Frucha, agradecida de encontrar un territorio familiar-. Al fin y al cabo, los gatitos y los cachorrillos…

            —Crecen para convertirse en gatos y perros, que son todavía menos interesantes –continuó la señorita Susan-. Mientras que los niños deberían crecer para convertirse en adultos. Aprender es un juego, pero un juego muy exigente. Lo que sucede en la enseñanza, como en la mayoría de los juegos, es que el juego se complica, se hace más sofisticado y cada vez más difícil, exige un esfuerzo mayor, pero esa complicación crecientes van o deberían ir unidas a una también creciente destreza en el dominio de sus rudimentos, mecanismos, procedimientos… No se deja de jugar a medida que se crece y se aprende. De hecho, ni siquiera los adultos dejan de jugar; sólo van cambiando de juegos, y eso sí, van olvidando que son juegos.

            Madam Frucha suspiró.»

 

[Pratchett, Ladrones del tiempo, Barcelona, 2011, págs. 73-74, traducción de Javier Calvo (1ª ed. inglesa, 2001) /José Sánchez Tortosa, El profesor en la trinchera, Madrid, 2008, pág. 59-60]

_____________________

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

RETRATO IMAGINARIO Y A VECES TE MIRO CUANDO ESTÁS TRISTE. Pintura de Rafael Luna (acrílico sobre lienzo 1987) y poema de Lauro Gandul Verdún (1984)

 

retrato 1987 fafiavecestemiro

Otra edición de este poema en «CARMINA» (2008) sobre la de POEMAR Nº 3 (1984)

________________

 

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

CARDENAL (ACRÍLICO SOBRE PAPEL). Pintura de Rafael Luna

 

cardenalacrílicosobrepapelfafi

________________

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

MENINA DE CUADROS (ACRÍLICO SOBRE TABLA 2005). Pintura de Rafael Luna

 

meninadecuadros2005acrílicosobretablafafi

 

________________

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

MENINAS EN «CARMINA»:
MENINA POR MANUEL DOMÍNGUEZ GUERRA
LAS MENINAS DE RAMÓN GAYA
«LAS MENINAS» DE VELÁZQUEZ (1656) POR RAFAEL LUNA (1993). Homenaje de «CARMINA» un año después (17 de octubre de 2011)
MENINA DEL CALABOZO. Rafael Luna
MENINA JAPONESA. Rafael Luna
MENINA-CÓMODA CON RELOJES. Rafael Luna

 

LA FAMILIA DE CARLOS IV EN DOS ACUARELAS SOBRE PAPEL. Pintura de Rafael Luna

 

lafamiliadecarlosivacuarelasobrepapel1fafi

 

lafamiliadecarlosivacuarelasobrepapel2fafi

 

_____________________

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

«LA FAMILIA DE CARLOS IV» DE GOYA (1800) POR RAFAEL LUNA (1988). Homenaje de «CARMINA» un año después (17 de octubre de 2011)

 

RETRATO IMAGINARIO Y MIENTRAS MIS UÑAS EN LA NEGRA ALFOMBRA DEL SUEÑO. Pintura de Rafael Luna (acrílico sobre lienzo 1988) con poema de Lauro Gandul Verdún 1985

 

retratoimaginarioacrílicosobrelienzo1988FAFImientrasmisuñas

_________________________

Edición de este poema en CARMINA 2008

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

PRINCIPIO Y FIN. Poema de Tomás Valladolid Torres con pintura de Rafael Luna (acrílico sobre lienzo)

 

sintítuloacrílicosobrelienzoFAFI

 

No existe furia en las estrellas

 que explotan reduciéndose a polvo

 en la oscuridad del espacio infinito.

 Ni emoción contenida en una amapola

 que se abre lentamente  en primavera,

 ni dolor en la fría escarcha

 de una apagada mañana de invierno.

 

No hay rastro de ilusión

 en ninguno de los rayos de luz

 que acompañan a los niños

 mientras juegan y pelean en la calle,

 ni venganza en las riadas que arrasan

 con todo lo que encuentran a su alcance:

 edificios, árboles, hombres,

 sueños de un futuro que se ahoga

 sumergido en el espesor de la nada.

 
No hay espíritu en el viento que agita la tarde,

 o bajo la tierra en la que se pudren los cuerpos

 descomponiéndose hasta olvidar su memoria.

 

 No hay victoria ni derrota

 en la ola que avanza y retrocede

 para volver a ser parte de lo que había sido

 antes de su efímera huida hacia la orilla.

 Ni hay Pintor en un bello amanecer,

 ni grito en la peor de las tormentas,

 ni mirada en el ojo del huracán.

.

No hay perdón, porque no hay culpa.

 Ni agonía, ni paz, ni redención.

 Sólo hay mundo, y tiempo, y azar.

 Mujeres y hombres que nacen,

 que enferman, que matan y mueren,

 que existen sin que el universo

 repare en su invisible presencia.

.

Y algún día, tal como todo empezó,

 sin furia, emoción, dolor, ilusión,

 venganza, espíritu, victoria, derrota,

 Pintor, grito, mirada, perdón o culpa,

 sin agonía, sin paz, sin redención,

 se apagará todo y quedará el Silencio.

 Y entonces no existirá un porqué,

 pues ya no habrá voz que se lo pregunte.

.

___________________

El poeta Tomás Valladolid Torres en CARMINA

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)