Caído se le ha un clavel hoy a la Aurora del seno: ¡qué glorioso que está el heno porque ha caído sobre él!
Cuando el silencio tenía
todas las cosas del suelo,
y coronada del hielo
reinaba la noche fría,
en medio la monarquía
de tiniebla tan cruel.
Caído se le ha un clavel hoy a la Aurora del seno: ¡qué glorioso que está el heno porque ha caído sobre él!
De un sólo clavel ceñida
la Virgen, aurora bella,
al mundo se le dio, y ella
quedó cual antes florida;
a la púrpura caída
sólo fue el heno fiel.
Caído se le ha un clavel hoy a la Aurora del seno: ¡qué glorioso que está el heno porque ha caído sobre él!
El heno, pues, que fue digno,
a pesar de tantas nieves,
de ver en sus brazos leves
este rosicler divino,
para su lecho fue lino,
oro para su dosel.
Caído se le ha un clavel hoy a la Aurora del seno: ¡qué glorioso que está el heno porque ha caído sobre él!
[Poesía de Navidad (antología).
Prólogo y selección de Sinda Pino y Jesús Majada.
Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL).<
Págs. 52 y 53. Madrid, 1990]
Hay gente que con sólo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente, que con sólo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca guirnaldas.
Que con sólo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con sólo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.
Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer
(Detalle)
(1862)
Valeriano Domínguez Bécquer
(Sevilla, 1833-Madrid, 1870)
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No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;
mientras la humanidad, siempre avanzando
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!
Atardecer en Punta Candor núm. 7
[Foto: Olga Duarte Piña (Rota 2009)] PINCHE EN LA FOTO PARA ESCUCHAR LA LECTURA DEL POEMA EN LA VOZ DE LAURO GANDUL VERDÚN
ERA un suspiro lánguido y sonoro
La voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.
Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.
Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,
para mi amarga vida fatigada… ¡el mar amado, el mar apetecido, el mar, el mar, y no pensar en nada!…
Un hombre que parece que dice este poema
[Foto: LGV (Buenos Aires, 2006)] PINCHE EN LA FOTO PARA ESCUCHAR EL POEMA EN LA VOZ DE LAURO GANDUL VERDÚN
SOÑÉ que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!…
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
PADRE NUESTRO [GLOSADO] DE FRANCISCO DE QUEVEDO Y OTROS POEMAS SACROS DE LA LITERATURA ESPAÑOLA
(ACTO POÉTICO Y MUSICAL)
PRESENTACIÓN POR OLGA DUARTE PIÑA
LECTOR: LAURO GANDUL VERDÚN
TRÍO DE CLARINETES: JOSÉ MANUEL IGLESIAS MORENO
PEDRO IGLESIAS BRAVO Y
JOAQUÍN IGLESIAS BRAVO
INTRODUCCIÓN MUSICAL CON SARABANDE (HAENDEL 1685-1759).
PADRE NUESTRO [GLOSADO] DE FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS (1580-1645) CON MÚSICA DE MARCO FRISINA (1954) (ANIMA CHRISTI) Y DE LOWELL MASON (1792-1872) (CERCA DE TI SEÑOR).
CIERRE DEL ACTO CON MÚSICA DE BRUNO COULAIS (1954) (LOS CHICOS DEL CORO).
Mis primeras palabras son para el párroco don Manuel Gómez, en cuya memoria se celebra esta semana cultural, también para don Rafael por dar continuidad a la iniciativa y a todos los que año tras año acuden a la cita que ya celebra su decimotercera convocatoria.
Buenas noches y gracias a vosotros por asistir a este acto poético y musical que se ha preparado con poemas de grandes autores de nuestra tradición literaria, reivindicando también su obra, a veces, olvidada. Escucharán en la voz de Lauro Gandul Verdún poemas de Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Gloria Fuertes y Antonio Machado, cada uno con su particular invocación a Dios.
Como novedad el trío de clarinetes, por primera vez reunido ex profeso para esta ocasión, y formado por José Manuel Iglesias y sus dos hijos Pedro y Joaquín.
Podríamos decir que lo que se ha creado es un ensemble pues se ha combinado al unísono música y poesía, estableciendo un diálogo artístico.
Yo he tenido el encargo de presentaros el acto pero no quiero extenderme más porque prefiero que escuchen el diálogo de verso y música.