PATRAÑAS. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

 

La película era de tomo y lomo. De irse a poco de empezar. De ponerse a charlar con el vecino o recostarse en el asiento para echar una siestecita. Nadie podía saberlo antes de haber comprado la entrada y entrar en la sala del Salón Gutiérrez de Alba. Los que sí estaban al corriente eran la taquillera, el portero, el acomodador y el encargado de la proyección. «El Titán de Creta», se llamaba el spaghetti antiquitas.

            El público, a las cinco de la tarde del sábado, era mayoritariamente infantil. Más tarde, en la sesión numerada, a la que acudían parejas y personas mayores, la película sería otra. Y según de qué tratara tendría cortes o no. «El Titán de Creta» se proyectaba en su insufrible integridad.

            Los mozalbetes que ocupaban el gallinero estaban deseando, como cada sábado y cada domingo, la más mínima ocasión para la gran pataleta: la llegada de los buenos para salvar de los malos a otros buenos, la paliza final del justiciero al pérfido… Pero en «El Titán de Creta» no había opción: la película mostraba, de principio a fin, a un musculoso cretense que propinaba mamporros a diestro y siniestro sin que ni él ni otras criaturas inocentes (la guapa de turno, el padre de la guapa, el siervo simpático) se vieran en peligro en ningún momento del metraje. El colmo de los despropósitos cinematográficos. La ausencia de emoción. El tedio.

            De repente, un rumor, creciente por momentos, contagiosamente perturbador, recorrió la sala. Nadie sabía lo que pasaba. No era sino que por el pasillo central rodaba una sandía. Pero como en la oscuridad no se podía distinguir qué causaba el runrún, la mayoría de la gente, fuese joven o vieja, se levantó de los asientos, alarmados algunos, curiosos todos.

            De repente, la luz se encendió y todo el mundo pudo ver al acomodador, al fondo de la sala, bajo las imágenes ininterrumpidas de «El Titán de Creta», levantando la sandía sobre su cabeza. El patio y el gallinero estallaron en un aplauso que ya hubieran querido para sí la Callas o la Caballé.

            Quedamos en que eso fue el sábado. El martes, porque los lunes sólo salía «La Hoja del Lunes» (¡qué descanso más añorado!), en el «Sevilla» —diario de la tarde— se pudo leer una reseña en la que se aseguraba que la película «El Titán de Creta» había obtenido un éxito clamoroso, hasta el punto de haber prorrumpido el público en entusiasta ovación mucho antes de finalizar la película. La información no precisaba en ningún renglón en qué cine, ni en qué pueblo o ciudad, había ocurrido el acontecimiento. Entonces, como ahora, los periódicos mentían a tope, pero en aquel tiempo eran más graciosos los embustes. Menos sofisticados.

            El «Sevilla» era lo peor de lo peor en todos los órdenes. Un día recibió la visita del máximo responsable de la Prensa del Movimiento, a la que pertenecía el periódico. El jerarca preguntó al director: «¿Ustedes cuántos tiran?». «¿Nosotros?, casi todos», fue la respuesta.  

            Añadamos, por abundar un poco en lo que antes decía sobre los embustes, lo que sucedió en el bar que tenía Vicente-No-Me-Pegues frente al Ayuntamiento. Un viajante repasaba el periódico —en este caso no era el «Sevilla»— mientras decía en voz audible y un tanto airada que él había estado en tal sitio y no había visto tal cosa, que lo mismo en tal otro, que en la zona en que se decía que se había arreglado la carretera ésta seguía siendo un camino de cabras… Hasta que un jefecillo local, harto de oír a tan revelador testigo viajero, le dijo, seca y amenazadoramente: «¡Usted lo que tiene que hacer es viajar menos y leer más la prensa, cojones!». 

 

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TORERÍA. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

MANOLITO. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

LORENZO Y EL SALTO. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

EL TUFO. Por Rafael Rodríguez González (De la serie «SUCESOS», Homenaje tardío a «EL CASO»)

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