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FELICES PASCUAS

En estos en estos momentos difíciles; días de celebración de la pascua judía y de la pascua cristiana. Con mis buenos deseos de salud y paz. חג פסח שמח וכשר y Felices Pascuas. A.L. (2020)

A UNOS LEO SEGÚN DONDE. Lauro Gandul Verdún (París, 2009)

 
 
 

Escuela de Meiringen

[Foto: LGV Suiza, 2008]

 
 
 

En París leo a Poe en Madrid

A Kafka en Lisboa

O Amsterdan o Londres

También puedo leer a Poe o a Conrad

En Madrid no a ésos en todas las ciudades

Danubianas puedo leer

A Kafka o a Canetti

A Cortázar en París Madrid o Lisboa

En Buenos Aires por supuesto

También en todas las ciudades danubianas

A Sábato sólo en Buenos Aires

Y en Madrid.

 
 
 

HECHOS DE ACTO. Lauro Gandul Verdún (París, 2008)

 
 
 

Río Aar a poco de nacer en Rosenlaui

[Foto: LGV Suiza, 2008]

 
 
 

El planeta

Sin duda enorme

La dimensión de los lugares

Y de los tiempos

Son realmente imposibles

De medir

Aunque están

Quienes  propician hechos

Con sus actos

 

Al final conquistan

Hasta la derogación

De las leyes geográficas.

 
 
 

TODOS LOS PLACERES SON LOS DEL LENGUAJE. Lauro Gandul Verdún (París, 2008)

 
 
 

[Foto: LGV París, 2009]

 
 
 

Existe el paraíso

                                   ¡El de las palabras!

Los dioses nos las regalaron

Es el mayor don

Escuchar o leer

                                   ¡Cuánto se parecen!

Y ver y tocar

                                   ¡Qué diferentes!

Oler y gustar son soñar

                                  Ver es leer

El tacto es el último

Y el primero

                                   ¡La nada!

                                               ¡Todo!

 
 
 

GEOLÓGICA HERMOSURA. Lauro Gandul Verdún (Rosenlaui, 2008)

 
 
 

Alpes suizos

[Foto: LGV Suiza, 2008]

 
 
 

¡Estos picos brutalmente

Colosales

Tan enormes!

 

No cabe

En mi alma

Esta geológica hermosura.

 
 
 

MANIFESTACIÓN 2050. María del Águila Barrios

 
 
 

La fealdad del mundo

(Foto: LGV Sevilla 2008)

 
 
 

Son las siete de la tarde, me acabo de vestir de color gris como dicen las consignas que hemos de ir a la manifestación. Voy a Sevilla porque la ocasión merece no quedarme en Alcalá pues ésta es una reivindicación que ha de tener mucha repercusión, tanta como tuvieron las manifestaciones allá por 2020 en pro de la igualdad entre mujeres y hombres. Afortunadamente, aquella lucha trajo sus frutos pero lo que no podíamos imaginar entonces es lo que tendríamos que reclamar 30 años después.

   Los principales edificios de las grandes ciudades se han iluminado de gris, así he visto el ayuntamiento de Sevilla, y el de Madrid gracias a la foto que me ha enviado un amigo por ranger el nuevo formato que ha sustituido al canal tan vulgar que fue whatsapp.

   Las máquinas, aquella inteligencia artificial que se anunciaba entonces, han desbancado nuestras propias inteligencias, ya son más del 50% los puestos de trabajo que están ocupados por ellas y nuestra inteligencia, la humana, se ha visto menospreciada, desigualada, hay una brecha salarial enorme entre quienes usan su inteligencia en el trabajo y los trabajos donde se utiliza la artificial. Y no hay ninguna mujer ni ningún hombre en los cargos directivos, todos están en manos de seres neutros que no tienen sexo, ni familias, ni se jubilan. Todos nuestros derechos, por los que hemos luchado durante siglos están en absoluto retroceso.

   Ahora nos encontramos en la Plaza Nueva, que ya es vieja porque la actual Plaza de las Novedades está dentro de un edificio cerrado en un polígono de grandes dimensiones al que no podemos acceder si no llevamos tarjeta de recomendación o nos acompaña un ser artificial.

   No sólo la relación con las personas ha variado, somos una minoría la que aún conserva el contacto con seres iguales a nosotros, que entre nosotros es solidario, pero esas inteligencias artificiales, muchas de ellas de corporeidad metálica, se cruzan con nosotros sin saludar, sin mirar a los ojos, sin atender al peatón, sin celebrar nada porque no tienen historia ni tradiciones. Van invadiendo poco a poco las ciudades y no crean espacios de reunión pues no los necesitan.

   Pero nosotros vamos de gris a la Plaza Nueva de Sevilla a reclamar nuestros derechos históricos como seres humanos, aunque no sepamos a quién le reivindicamos lo que aún llamamos nuestros derechos…

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2019]

 
 
 

Maniquí con calcamonías

(Foto: LGV Sevilla 2009)
 
 
 
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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.

 
 
 

VIENA O LO QUE HA QUEDADO DE EUROPA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 16). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

concierto-de-ano-nuevo-de-vienaConcierto de Año Nuevo en Viena

 
 
 

Leemos la crónica del Concierto de año nuevo celebrado en el Teatro de la Maestranza de Sevilla el 3 de enero de 2020:

   «Austria lo ha sabido vender con tanto éxito que se ha convertido en el más visto y oído del planeta,  gracias a las incontables transmisiones  televisivas y radiofónicas, que nos muestran sonidos, paisajes y danzas de un mundo feliz. Ese mundo que no existe (ni ha existido nunca) ni en Viena ni en ninguna parte.»[1]

   El crítico se refería, ya lo habrán adivinado, al Concierto de año nuevo original, el de la Filarmónica de Viena (Neujanhrskonzert) del cual, por cierto, ya hemos hablado en nuestras Noticias de un imperio[2]. Pero centrémonos en la idea expuesta de vender un mundo feliz pero falso.

   Comencemos por algo ya sabido por nosotros: es ya un lugar común señalar la imagen de Viena como ciudad-relicario de una grandeza imperial perdida. Una ciudad, en el fondo, vacía o vaciada de contenido real y superlativa en el deslumbrante envoltorio. Ya hemos visto aquí algo de esto, en esta ocasión fijémonos en lo que vio el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en 1928.

 
 
 

Manuel Chaves Nogales

(1897-1944)

 
 
 

  En el número anterior de Noticias de un imperio nos referimos a su libro La vuelta a Europa en avión cuando el autor recaló en Praga.  Tras dejar la «república de profesores», donde la germanización sólo quedaba en sus zonas industriales, Chaves Nogales llega a una nueva república, la austríaca, y lo primero que advierte es su tamaño.  «Toda Austria es su capital, toda Austria es ciudad», nos dice. Viena se le aparece como una cabeza a la que le faltara un cuerpo, pero ¿cuál? La solución más evidente sería el ya señalado Anschluss con Alemania. Pero, según el autor, los vieneses prefieren más que a los alemanes a los ingleses, ya que «Austria es hoy una colonia espiritual de Inglaterra». Sorprende esa idea ya que no todos los austríacos fueron fervientes pangermanos como su paisano Hitler. Habría muchas resistencias a formar parte del III Reich y nuestro periodista sevillano advirtió, diez años antes, que lo germano no era lo fetén entre los vieneses (sobre este tema se estrena estos días la última película de ese particular director norteamericano que es Terence Malick y cuyo título es Una vida oculta).

   Al comparar Praga con Viena, nuestro autor señala que la «vida amable de la gran ciudad imperial (…) lo ha perdido todo menos este señoreo de sí misma, este goce sensual de la existencia que Praga, por ejemplo, la vieja capital de provincia, no sabrá sentir jamás».  Ese señorío hace que Viena estuviera «viviendo a costa del pasado», del pasado imperial se entiende.

 
 
 

Viena

 
 
 

   Ese vivir de lo pasado hace que el ritmo de la vida vienesa sea «un ritmo viejo, un ritmo que ya no se usa». Un ritmo de otra época, de la Belle Epoque o si lo prefieren del «mundo de ayer» de Stefan Zweig al que tanto nos referimos. Ese ritmo viejo o anticuado lo podemos percibir en el segundo movimiento de la Sexta Sinfonía de Mahler, toda una crítica a que él vivía y sufría en la Viena de principios del siglo XX.[3]

   La persistencia de este ritmo, según el autor, explica el éxito de los valses y de la opereta en Viena.  Dando a la ciudad un «tono frívolo y sentimental» que tan bien reflejó Zweig en algunas de sus novelas cortas como Carta a una desconocida (1922), que no sabemos si el propio Chaves Nogales ya conocía. Y es que hay algo de esa historia cuando nuestro sevillano nos contrapone a las robustas deportistas alemanas con  «las madamitas vienesas arrebujadas en sedas, con sus coqueterías y sus resabios vagamente sentimentales, son la supervivencia del viejo sentido europeo del amor.»

   Frente al naturismo y nudismos triunfantes, a las ordalías de placer moderno a lo Josefine Baker o al ritmo trepidante del jazz que triunfan en la no muy lejana Babilonia berlinesa, Viena es un lugar extraño…

 
 
 

Palacio imperial de Viena

 
 
 

   «Viena es inexplicable (…) A pesar de la grandeza de los palacios, de la escrupulosa municipalización de los comercios suntuosos, la vida cara, las frivolidades, las joyas, las sedas, las mujeres, se advierte en seguida que todo aquello se mantiene milagrosamente, acaso por la inercia, quien sabe a costa de qué íntimas catástrofes.»

   Una ciudad perdida en el  tiempo como una Shangri-La  romántica y decadente  donde convive la grandeza y la miseria, donde el parque del Práter acoge a una multitud de la cual no sabemos cómo se gana la vida pero que no renuncia a disfrutarla.[4]

   «No hay modo de explicarse lógicamente sus contradicciones, su apariencia fastuosa y su miseria íntima, sus palacios, sus museos, sus porcelanas y su orfebrería al lado de estas gentes mal alimentadas y estas muchachitas graciosas con las piernas desnudas porque no hay medias (…) Viena ciudad imperial y mendicante es hoy el gran enigma de Europa».

   Para Chaves Nogales Viena «es lo único europeo que queda en Europa» tras la guerra mundial, el ascenso del comunismo y la arrolladora cultura y economía consumista norteamericana que es a la vez quien, con sus dólares, reconstruye la maltratada vieja Europa. La misma que fue el reducto de aquella época de seguridades, la misma que buscaba el protagonista de Huida sin fin de Roth y que ya no encontró jamás.[5]

   Parafraseando a otro de los mejores libros de Manuel Chaves Nogales podemos decir que Viena fue lo que había quedado de Europa. Si hoy un periodista hiciera el mismo periplo que nuestro autor, ¿podría decir algo similar? ¿podría decir que algo ha quedado de Europa?

 
 
 [1] José Luis López, “Rapsodias, danzas…y Viena”, ABC Sevilla, 4 de enero de 2020.

[2] Noticias de un imperio, nº 11, “El vals infinito”, http://revistacarmina.es/?p=40239.

[3] Sobre esta sinfonía en Carmina: http://revistacarmina.es/?p=40518.

[4] Recordemos lo que el escritor norteamericano John Dos Passos escribió: “Viena es una vieja reina de la comedia musical que agoniza en un asilo de pobres…» (Cita que aparece en Noticias de un imperio, nº 12, “Requiem alemán o algo huele a podrido en Viena”, http://revistacarmina.es/?p=40583)

[5] Noticias de un imperio, nº 10, “Huida sin fin o el judío errante”, http://revistacarmina.es/?p=40095

 
 
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 EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

SIEMPRE NOS QUEDARÁ VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 8). Por Pablo Romero Gabella

GEORG TRAKL: LA DECADENCIA DE UN IMPERIO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 9). Por José Miguel Ridao

«FUGA SIN FIN» O EL JUDÍO ERRANTE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 10). Por Pablo Romero Gabella

EL VALS INFINITO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 11). Por Pablo Romero Gabella

«RÉQUIEM ALEMÁN» O ALGO HUELE A PODRIDO EN VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 12). Por Pablo Romero Gabella

LA SAGA DE LOS TROTTA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 13 – 1ª Parte). Por José Miguel Ridao

«EL TENIENTE GUSTL» O LOOR A LA MUERTE Y A LA CARNE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 14). Por Pablo Romero Gabella

PRAGA, DONDE LOS CONDENADOS PAGAN CARA SU REDENCIÓN. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 15). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

PRAGA, DONDE LOS CONDENADOS PAGAN CARA SU REDENCIÓN. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 15). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

Manuel Chaves Nogales

(1897-1944)      

 
 
 

«Yo era eso que los sociólogos llaman un pequeño burgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria». De esta manera se describía a sí mismo el periodista y escritor sevillano Manuel Chaves Nogales (1877-1944) en 1937, en su prólogo a a su libro A sangre y fuego. En su breve autorretrato vemos su estilo: directo, sin las florituras que pudiéramos prever de su ascendiente andaluz.

   Descubierto desde no hace mucho por el público lector, Chaves Nogales es uno de los principales periodistas españoles del siglo XX. De su mano salieron además de multitud de artículos y reportajes, libros tales como Juan Belmonte, matador de toros, su vida y sus hazañas (1934), El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934) y la obra que hoy referimos: La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja (1929).

   Este libro recogía y ampliaba una serie de reportajes, escritos en 1928 para el  periódico madrileño Heraldo de Madrid,  que supusieron una gran novedad para la época ya que el medio de transporte utilizado fue el aéreo. Nuestro autor recorrió más de 16.000 kilómetros por toda Europa, destacando su periplo por la URSS que estaba moldeando Stalin. La importancia de su experiencia soviética, explica el subtítulo que le dio a su libro en 1929.

 
 
 kafka (pared) Praga 1991

Kafka

(Pintura sobre un muro en una calle de Praga)

[Foto: LGV Checoslovaquia 1991]

 
 
 

   Pero pasemos a lo que nos interesa.  A su vuelta a España tuvo dos breves paradas en tierras del extinto imperio austro-húngaro: Praga y Viena. En este artículo nos dedicaremos a la primera, y la ciudad imperial la dejaremos para otro siguiente.

   Lo primero que le llama la atención al sevillano es el contraste entre las tierras checas y las alemanas, donde dominaba un paisaje imperialista e industrial. Ya en 1929, Chaves Nogales intuía algo que él mismo corroboraría en sus espléndidas crónicas sobre los primeros meses de la Alemania nazi cuatro años después.

   Frente a lo alemán se encontró, al cruzar la frontera, el localismo y el ruralismo de la joven Checoslovaquia, esa república creada por honrados profesores. A nuestro paisano les eran simpáticos estos democráticos y pequeñoburgueses eslavos, pero no ocultaba su escepticismo frente a la ideología en la cual se basaba la nueva república: el nacionalismo checo, de un «irredentismo rencoroso y cerril». No obstante este nacionalismo eslavo se contrapesaba por «las minorías nacionales, que a su vez se contienen unas a otras, dando este feliz resultado de un estado democrático, liberal, culto y europeo, a pesar de que en el fondo no hay más que unos fermentos nacionalistas, unas primitivas e inciviles diferencias étnicas».

 
 
 

Músicos en el puente de Carlos(1)

[Foto: LGV Checoslovaquia 1991]

 
 
 

   El mal del nacionalismo, que destruyó al imperio Habsburgo, estaba en el acervo de las nuevas repúblicas que salieron de las nuevas naciones austro-húngaras.  El autor siempre se declaró contrario al nacionalismo bárbaro, que como un veneno destruiría desde dentro a las nuevas naciones. Aunque aparentemente en Checoslovaquia se respiraba todo lo contrario. Leamos como describía una de las plazas de Praga donde… «una muchedumbre abigarrada de campesinos, provincianos y pequeños comerciantes de todas las razas, checos, eslovacos, alemanes, magyares, ruthenos, judíos y polacos (…) discuten y regatean cada cual en su lengua, todos pobres, todos laboriosos, todos buenos ciudadanos».

   Una imagen que nos recuerda la que vimos en la obrita de Sandor Marai cuando éste describe la vida de una ciudad de provincias, donde bajo el aparente multiculturalismo, como hoy lo llamaríamos, se amasaba el rencor tribal.

   Pero para Chaves Nogales, aun aceptando el trasfondo cerril, Checoslovaquia representaba, de alguna manera, esa herencia integradora y diletante del viejo imperio. Como una especie de mini-imperio-austrohúngaro, la valiente república era todo lo contrario al modelo austroalemán del Anschluss (que llegaría nueve años después). Nuestro autor hace hincapié en que el estado checoslovaco «postulaba la unión económica de todos los pueblos de la antigua monarquía austro-húngara sin daño de su independencia política». Muestra de ello fue la implantación en su sistema educativo (recodemos que fueron profesores los padres de la patria) del plurilinguismo. Los niños estudiaban además del checo, el eslovaco, el alemán y el inglés o el francés.

 
 
 

Músicos en el puente de Carlos(3)

[Foto: LGV Checoslovaquia 1991]

 
 
 

   Diez años después de lo escrito por Chaves Nogales todo esto quedó en nada, en cenizas de la historia, y la amable república de profesores ya no existiría. En sus plazas ya no se respiraría jamás el espíritu imperial y a la vez republicano. En 1939 gobernaría con brutalidad el Reichprotektor de Bohemia y Moravia,  Heinrich Heydrich, el segundo al mando de las SS. Desde el castillo de Praga, el mismo en que vivieron los alquimista del emperador Rodolfo, se impondría otro imperio, el imperio racial e industrial nazi que aplastaría a sangre y fuego a la que Chaves Nogales llamó como «la patria de los trotamundos».

 
 
 

Músicos en el puente de Carlos(6)

[Foto: LGV Checoslovaquia 1991]

 
 
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 EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

SIEMPRE NOS QUEDARÁ VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 8). Por Pablo Romero Gabella

GEORG TRAKL: LA DECADENCIA DE UN IMPERIO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 9). Por José Miguel Ridao

«FUGA SIN FIN» O EL JUDÍO ERRANTE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 10). Por Pablo Romero Gabella

EL VALS INFINITO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 11). Por Pablo Romero Gabella

«RÉQUIEM ALEMÁN» O ALGO HUELE A PODRIDO EN VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 12). Por Pablo Romero Gabella

LA SAGA DE LOS TROTTA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 13 – 1ª Parte). Por José Miguel Ridao

«EL TENIENTE GUSTL» O LOOR A LA MUERTE Y A LA CARNE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 14). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

UN PULSO A ESPAÑA (SILVELA, MALLADA, MAEZTU Y AZAÑA). De la serie «APUNTES HISTÓRICOS PARA LA INTERINIDAD POLÍTICA ESPAÑOLA» (V). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

Francisco Silvela y de Le Vielleuze 
(1845-1905)

 
 
 

Siete de enero del año 2020. La interinidad política española ha terminado y con ella estos Apuntes. El sanchismo deja de ser interinidad para pasar a un estadio superior: Gobierno de coalición  PSOE-Unidas Podemos, pero con la espada damocliana que empuña el independentismo vasco-catalán. En este contexto de transfiguración del Monte Tabor por parte del sanchismo progresista-redentor, apareció en el ABC de Sevilla un artículo del Catedrático emérito de Literatura española Rogelio Reyes titulado «Una lección de Historia: el pulso del país» (5 de enero de 2020). En él se refiere al famoso artículo titulado «España sin pulso» escrito por el político conservador Francisco Silvela en el periódico El Tiempo el 16 de agosto de 1898; a esta referencia histórica une la literaria representada por El árbol de la ciencia de Pío Baroja, a la que dedica más atención y de la que extrae varias citas muy pertinentes. Esta es la excusa que me hace volver al texto original de Silvela, al que ya hemos citado en un anterior Apunte histórico[1], para extraer de este texto de un tiempo pasado analogías con el nuestro.

   Francisco Silvela y de Le Vielleuze (1845-1905) fue un político liberal conservador que fue dos veces, por breve tiempo, Presidente del Consejo de Ministros durante la Regencia de María Cristina y los primeros años del reinado de Alfonso XIII.  También sería varias veces ministro de varias carteras, como era común en aquellos años. Le tocó vivir un tiempo muy convulso de nuestra historia marcado por el Desastre del 98, cuyas consecuencias políticas sobrellevó como heredero de Cánovas del Castillo, asesinado por un anarquista en 1897. Aunque político, era también un hombre de ideas, un intelectual podríamos decir, que intentó, a su manera, regenerar el sistema de la Restauración desde dentro. Obviamente fracasó en su empeño y esto le hizo abandonar tempranamente la política en 1903 cuando tenía 48 años. Un hito en su preocupación regeneracionista fue el citado artículo, escrito cuatro días después de la firma del armisticio entre España y EEUU que ponía fin a la Segunda Guerra de Cuba (1895-1898). Silvela escribía bajo la decepción de la derrota y a la vez bajo el estupor de la indiferencia del pueblo español.

   Comenzaba su artículo con una cita bíblica, en concreto el Salmo IV de Isaías: «Varones Ilustres, ¿hasta cuándo seréis de corazón duro? ¿Por qué amáis la vanidad y vais tras la mentira?». El autor continúa con su deseo: «quisiéramos oír esas o parecidas palabras brotando de los labios del pueblo; pero no se oye nada».

   Ante las mentiras del Gobierno de Sagasta y con la anuencia de ambos partidos dinásticos (no fue el caso del PSOE y del republicanismo pimargallista) se fue a una guerra que se sabía perdida y que sólo la sufrieron, hermanados en la desgracia, los hijos de las clases populares y los militares con honra. El resto del país seguía a lo suyo, a sus verbenas, a sus corridas de toros, a sus bares, a su terruño. Mientras, la anomia del pueblo hacía que la mentira gubernamental campara a sus anchas. Ante eso se rebelaba Silvela:

   «Hay que dejar la mentira y desposarse con la verdad; hay que abandonar las vanidades y sujetarse a la realidad, reconstituyendo todos los organismos de la vida nacional sobre los cimentos, modestos, pero firmes, que nuestros medios nos consienten, no sobre las formas huecas de un convencionalismo que, como a nadie engaña, a todos desalienta y burla»

   Las consecuencias, para Silvela, de esta indiferencia del pueblo ante lo que se cocía en las altas instancias era grave:

   «El efecto inevitable del menosprecio de un país respecto de su Poder central es el mismo que en todos los cuerpos vivos produce la anemia y la decadencia cerebral: primero, la atonía, y después, la disgregación y la muerte (…) la misma corrupción y endeblez del avance de las extremidades a los organismos más nobles y preciosos del tronco, y ello vendrá sin remedio si no se reconstituye y dignifica la acción del Estado».

 
 
 

Lucas Mallada y Pueyo
(1841-1921)

 
 
 

   La analogía con la enfermedad es un tema recurrente en la literatura del 98; España como un cuerpo enfermo que no quiere o que no sabe curarse y que marcha a su degeneración o a su muerte como nación. Años antes, en 1890, esta idea la expuso el ingeniero de caminos Lucas Mallada (1841-1921) en su obra Los males de la patria y la futura revolución española.

   Mallada, de ideas republicanas  al igual que su paisano Joaquín Costa, se refería casi en los mismos términos que el político monárquico. Así, hablaba de la “masa inerte” que formaba el conjunto de la sociedad española que se dejaba manejar por los chalaneos de políticos indignos:

   «¿No podemos afirmar, que puede estar seguro el país que los políticos españoles han perdido completamente el buen sentido, el sano juicio y la conciencia de la dignidad y del decoro que sus cargos les imponen? ¿Se divertirían de esa manera en un país más inteligente y más enérgico?»

   Mallada observaba que la política española había degenerado de tal manera que los políticos cambiaban sin pudor ni vergüenza sus convicciones, solo buscando el cargo y sus prebendas. De tal forma decía que:

   «(…) en política a nadie se llama traidor, pues generalmente más traidor sería quien se lo llamase, y de ningún modo maravillan ni sorprenden los equilibrios de titiritero de muchos personajes políticos (…) Muy decadente debe encontrarse un país que concede respetabilidad y decoro a tales hombres, que mal pueden encubrir tanta vanidad y tanta codicia con la gasa sutil y transparente de tantas veleidades».[2]

   Esta situación casa con la que años después expresaría Silvela, que al final de su artículo lanzaba su advertencia para el futuro:

   «Si pronto no se cambia radicalmente de rumbo, el riesgo es infinitamente mayor, por lo mismo que es más hondo y de remedio imposible, si se acude tarde; el riesgo es el total quebranto de los vínculos nacionales y la condenación por nosotros mismos de nuestro destino como pueblo europeo…»

 
 
 

Ramiro de Maeztu y Whitney
(1874-1936)

 
 
 

   Algunos le llamarían seguramente apocalíptico o antipatriota, pero la advertencia era clara, había que fortalecer los vínculos nacionales, hacer posible que gobernantes y gobernados aceptaran la realidad y partiendo de ella intentaran reorientar la situación de la nación.  Pero en el 98 y en la actualidad esta idea se veía lastrada por la fuerza de las banderías políticas, por la aceptación borreguil de los dictados de los respectivos jefes de las mesnadas. En ese mismo año en el que Silvela escribía lo anteriormente expuesto, otro intelectual, Ramiro de Maeztu (1875-1936) hacía referencia a este punto: al partidismo irracional pero que era buscado interesadamente por las élites políticas[3]. Para él, tras el Desastre del 98 :

   «Aquí y allá álzanse grandes grupos de gentes que levantan los puntos y se miran con aire sombrío. Los de la izquierda exclaman: “¡Esos oscurantistas!»; replican los de la derecha: “¡Esos liberales!»

   Es interesante resaltar la paradoja española de  que dentro de la general indiferencia de la sociedad haya grupos ideologizados que se acusan mutuamente de ser los causantes de los males de la nación (o naciones). Esto ocurría entonces, en el 98, y ocurre, por desgracia, en nuestros días. Aunque los epítetos cambien la esencia es la misma.

   Pero Maeztu no pierde la esperanza y afirmaba que había «un grupo diminuto, entre la multitud que vocifera, tiende las manos en símbolo de paz y dice con su actitud:

«No es hora de disputas, sino de dolorosa contrición. ¡Paz para todos! Pensemos, estudiemos, trabajemos unidos y constantes. Ésa es la redención…»

   Y Maeztu se pregunta:

«¿Se impondrá este grupo diminuto a la multitud exasperada? Si triunfan fatalmente en la historia los principios de vida sobre los de la muerte, la victoria de esos pocos no es dudosa».

 
 
 

Manuel Azaña Díaz
(1880-1940)

 
 
 

   Hoy, en enero de 2020, cuando acaba una interinidad política y comienza algo nuevo, más que nunca quiero creer en que al final, desmontadas y demostradas las mentiras de unos y de otros, podamos decir lo mismo que Manuel Azaña (por cierto citado en el último debate de la investidura de Sánchez) expresó en Barcelona el 18 de julio de 1938:

   «A pesar de cuanto se hace para destruirla, España subsiste. España no está dividida en dos zonas delimitadas por la línea de fuego. Donde haya un pensamiento español, que se angustia pensando en el país, allí hay una voluntad que entra en cuenta.»[4]

 
 
 [1] http://revistacarmina.es/?p=41773

[2] El subrayado es mío.

[3] El sí a la vida en España y Europa, Madrid, 1959.

[4] El subrayado vuelve a ser mío.

 
 
 

LA TRAMPA ESLOVENA: LOS DIEZ DÍAS QUE CONMOVIERON AL SECESIONISMO CATALÁN

 
 
 

Estación Central desde el Hotel Beograd
(Foto: LGV Belgrado 1988)

 
 
 

SABIDO, CONOCIDO, PRESENTIDO

 
 
 

Escribió el filósofo alemán F.W.J. Schelling que «lo pasado es sabido, lo presente conocido, lo futuro es presentido». Para el mundo del separatismo catalán, comenzando por el presidente de la Generalidad de Cataluña Joaquim Torra, estos conceptos no parecen estar del todo claros. Presienten algo que creen saber y que apenas conocen. Me estoy refiriendo al modelo que han decidido seguir para lograr la tierra prometida de la independencia, y que no es otro que el modelo esloveno.

   Actualmente  Eslovenia es una pequeña república con apenas 2 millones de habitantes y que desde 2004 pertenece a la UE.  En las guías de viaje se nos la presenta como un país de montañas y valles, apacible, próspero y moderno. Una especie de principado de Zenda que no parece compartir la sangrienta historia de sus antiguos compatriotas yugoslavos de Serbia, Croacia y Bosnia. Sin embargo, Eslovenia fue la primera república de Yugoslavia en independizarse en el verano de 1991 tras una breve guerra de diez días con el Ejército yugoslavo donde murieron menos de 70 personas (44 soldados yugoeslavos y 18 milicianos eslovenos). Si la comparamos con las posteriores guerras de Croacia, Bosnia y Kosovo (1991-1999), donde murieron más de 200.000 personas y donde volvió el horror del genocidio, esta guerrita (que en su época se le llamó «Vídeo Wargame») parece insignificante. Sin embargo, lo que muchos no saben, más allá de ciertos círculos académicos, es su importancia en el desencadenamiento de la brutal destrucción de Yugoslavia. Generalmente se cita como al agente desencadenador dicha destrucción al agresivo nacionalismo serbio de Milosevic (seguido del croata), pero lo que no se conoce es que igual papel jugaría el nacionalismo esloveno. Pocos autores lo han señalado y entre ellos destaca Francisco Veiga, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, que tiene una obra fundamental: La trampa balcánica (Ed. Grijalbo, Barcelona ,2001). En este sentido la analista política Mira Milosevic ha escrito recientemente que «la propuesta eslovena de Torra es un punto sin retorno en la táctica de los separatistas…una llamada a la destrucción del Estado» («El síndrome esloveno de Quim Torra», El Mundo, 12 diciembre de 2018).

 
 
 

Joven yugoslava en el compartimento del tren
[Foto: LGV Yugoslavia 1988]

 
 
 

CARCOMA EN EL MODELO YUGOESLAVO DE TITO

 
 
 

Eslovenia era la república más homogénea étnicamente y más desarrollada económicamente de la República Federativa Socialista de Yugoslavia. Nacida en 1945 tras la victoria de los partisanos comunistas en la Segunda Guerra Mundial, Yugoslavia fue una mixtura entre el bloque occidental y el bloque soviético. Bajo el férreo control de su creador e indiscutible líder, el comunista croata Josef Broz Tito, fue inspiradora del grupo de los países no alineados. Su particular sistema de autogestión socialista supuso su ruptura con Moscú en 1948 y esto le hizo ser un país simpático al bloque capitalista. No obstante, era una dictadura comunista de partido único (la Liga de los Comunistas Yugoslavos) que tenía la originalidad de recoger, en su Constitución de 1974, el derecho de autodeterminación de sus repúblicas federativas: Eslovenia, Serbia, Montenegro, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia. En su seno existían profundas desigualdades económicas, sociales y culturales. Dicha Constitución en vez de atenuarlas las hizo más profundas. Esto se agravó tras la muerte de Tito en 1980. Desaparecido el líder que mantenía la frágil unidad, las diversas elites comunistas de las repúblicas se aprestaron a perpetuar su poder. En palabras del profesor Veiga se formó un  «caciquismo republicano» dentro de un «federalismo caótico». Las oligarquías republicanas se preocuparon más de sí mismas que de salvar el sistema federal. Se asentó el clientelismo y la corrupción. Cada república hizo leyes que estrangularon el comercio interior y con ello el boyante sector privado que era más multiétnico que el propio régimen. Las élites regionales no atendieron a razonamientos económicos: preferían la autarquía a la economía de mercado.

   En gran medida, todo lo anterior potenció la crisis económica que vivió Yugoslavia en los años 80 y que demostraba la inoperancia tanto de su economía mixta como de su régimen federal. La celebración de los Juegos Olímpicos de invierno de Sarajevo en 1984 fue un espejismo. Se llegó a una inflación anual de 10.000%. El desempleo se disparó, las huelgas se sucedieron y con ello la amenaza de bancarrota que hizo que el FMI controlara las finanzas del estado por la exorbitada deuda externa. La respuesta a la crisis económica no fue la unión, sino todo lo contrario: se recurrió a la cada vez más agresiva retórica nacionalista. Los primeros que acudieron a ella no fueron los serbios sino los eslovenos (que recordemos eran los más ricos) con su eslogan de «Yugoslavia nos roba». Esta idea suponía que los recursos de la región más industrializada iban a parar las regiones más pobres, como Serbia, con lo que lastraban su futuro. Para los nacionalistas eslovenos su futuro no era otro que su ingreso en la CEE, y por ello siempre quisieron atraerse las simpatías de los europeos occidentales.

 
 
 

Vestíbulo de la Estación Central de Belgrado
[Foto: LGV 1988]

 
 
 

EL BÁLSAMO NACIONALISTA

 
 
 

El nacionalismo esloveno fue más desarrollista que etnicista, ya que históricamente las relaciones con sus vecinos y especialmente con los serbios, siempre fueron pacíficas. No obstante se impuso un discurso elaborado por intelectuales en los medios de comunicación eslovenos que comenzaron una campaña de ridiculización continua de Yugoslavia y del legado de Tito. Yugoslavia representaba un estado opresor, dictatorial y rapaz que impedía el desarrollo de la nación eslovena que, sin embargo, nunca había formado un estado independiente. Sólo dentro de la república yugoslava disfrutó de autogobierno. Especialmente fue objeto de burlas y menosprecios el Ejército Popular yugoslavo que era la única institución verdaderamente leal con el régimen federal, aunque gran parte de sus mandos eran serbios. Esto llegaría a su cenit cuando colaboradores de la  revista satírica Mladina acabaron siendo juzgados en 1988 por injurias al ejército. Esto provocaría una reacción popular con grandes manifestaciones en apoyo de los libelistas que se llegaría a conocer como la «primavera eslovena». El ambiente les era favorable ya que en esos años algo parecía moverse en el bloque comunista con las medidas reformistas en la vecina Hungría y que anticiparían la caída de dicho bloque un año después.

   En Eslovenia el proceso secesionista parecía imparable. En el verano de 1989 el Parlamento esloveno comenzó una serie de reformas legales, una verdadera revolución jurídica, que suponían la preeminencia de las leyes eslovenas sobre las federales. Toda la clase política eslovena desde  comunistas a liberales  e incluso ecologistas apoyaron estas medidas que tuvieron como colofón la aprobación de la ley de secesión por su Parlamento el 27 de septiembre de 1989. Suponía el paso previo a la declaración unilateral de independencia.

   En un ambiente de entusiasmo patriótico, las élites buscaron su legitimidad en la apelación al «somos un solo pueblo». La solución nacionalista para el profesor Veiga  «era un vehículo muy eficaz: no exigía complejos razonamientos, podía aprovechar las acciones del contrario para realimentar sus pasiones». Casi medio siglo de comunismo estaba siendo desbancado por un nacionalismo que se alimentaba de su némesis: el nacionalismo serbio.  Los primeros historiadores españoles que se acercaron a este tema (por ejemplo, el caso de Carlos Taibo y J.C. Lechado en Los conflictos yugoslavos. Una introducción, 1994) incidieron en la importancia de la «revolución cultural» nacionalista de Milosevic a partir de 1986, cuando se fue haciendo con el control tanto de la república serbia como de la LCY. No obstante Veiga afirma que el nacionalismo esloveno «manifestó un forma menos vociferante y agresiva que el serbio, pero no menos virulento y ambos terminaron entablando un duelo devastador».

  El nacionalismo serbio de Milosevic optó, al contrario que los eslovenos, por continuar con el régimen comunista como mero instrumento de poder, vaciándolo de ideología socialista y llenándolo de ideología nacionalista. Asentado sobre burócratas y militares, Milosevic lanzaría el 28 de junio de 1989 su famoso «Discurso del campo de los mirlos» en Kosovo, hito que para muchos es el comienzo de la guerra civil que destruyó Yugoslavia. Sin embargo, no podemos olvidar que en esos mismos días los eslovenos estaban desmontando parlamentariamente el régimen federal. En el otoño de ese mismo, el 9 de noviembre de 1989, caía el Muro de Berlín y con él comenzaría el desmoronamiento del bloque comunista.

 
 
 

El río Sava desde la muralla
[Foto: LGV Belgrado 1988]

 
 
 

LOS MUROS CAEN, TAMBIÉN LOS ESTADOS

 
 
 

En este contexto de fin de una era,  en Yugoslavia, tras la autodisolución del partido único (LCY), se celebraron elecciones pluripartidistas  en las diferentes repúblicas entre marzo y diciembre de 1990 En ellas las élites comunistas se reconvirtieron sin tapujos en nacionalistas y se pusieron manos a la obra en la senda marcada por los eslovenos:  construir sus propios estados y sus propias fuerzas armadas a partir de sus milicias territoriales que fueron creadas en 1969 en previsión de una posible invasión soviética. En el caso de Eslovenia la Territorialna Odbrana (Defensa Territorial) se armó de forma clandestina y comenzó a organizarse.  Del mismo modo el gobierno nacionalista croata de Tudjman (otro comunista reconvertido en patriota) armaba a su Guardia Nacional. Volviendo al caso que nos ocupa, el poder quedó en una alianza entre el partido vencedor de las elecciones legislativas: DEMOS (una confluencia nacionalista de variadas tendencias políticas) y el nuevo presidente electo, el comunista Milan Kukan.  Bajo el manto de la unidad nacional el 23 de diciembre de 1990 el gobierno esloveno dio un paso irreversible al celebrar un referéndum  donde el 95% de electorado apoyó la independencia.  Con ello fracasaba el proyecto de mantener unida Yugoslavia por parte del reformista  Ante Markovic, su último presidente federal y el único político no nacionalista  que defendió sinceramente la federación.  Junto a él sólo los presidentes de Bosnia y Macedonia (las repúblicas más heterogéneas étnicamente y potencialmente más conflictivas) intentaron en vano mantener la unidad. Sus llamamientos fueron inútiles porque croatas, eslovenios y serbios ya tenían otros planes. Los dos primeros ya actuaban de forma coordinada cuando en junio de 1991 sus presidentes Kukan y Tudjman decidieron sus respectivas independencias, aunque formalmente presentaron un farisaico proyecto de nueva confederación que sabían que iba a ser rechazado. Los serbios por su parte, contaban con el control de las fuerzas policiales y militares federales y se preparaban para defender a los serbios que vivían en Bosnia y, sobre todo, en Croacia.  Con ello se abrían de nuevo las viejas heridas de la Segunda Guerra mundial entre partisanos serbios y ustachas fascistas croatas.

 
 
 

Hombre del andén sentado 
[Foto: LGV Belgrado 1988]

 
 
 

DIEZ DÍAS QUE CONMOVIERON A…

 
 
 

El 25 de junio de 1991 Eslovenia y Croacia proclamaron su independencia tal como lo habían pactado un año antes. La respuesta del Gobierno federal fue mandar sus blindados a la frontera con Eslovenia (pasando por  Croacia). Pero iban sin una estrategia definida y sus mandos, infiltrados por oficiales serbios, mandaron al matadero a sus reclutas que hacían la mili frente a los preparados milicianos eslovenos. Las imágenes de los cuerpos calcinados de los jóvenes soldados en sus vehículos coparon las pantallas de la televisión de todo el mundo. Ahora todos conocíamos con horror una realidad que no sabíamos pero  que llevaba años larvándose. Los eslovenos «ganaron la batalla de la imagen, pues aparecieron como el heroico David enfrentado con el Goliat serbio» (J. Álvarez Junco, «El modelo esloveno», El País, 11 diciembre de 2018). La televisión eslovena, utilizando también las imágenes de los tanques soviéticos en la Praga de 1968, presentaba al mundo a los serbios como la potencia agresora y defensora de un comunismo que se hundía en Europa. Pero la realidad no era exactamente así. Antes de la intervención del ejército federal, Milosevic había pactado con Kukan la independencia eslovena, demostrando que ya no creía en la Yugoslavia de Tito y que su Yugoslavia era bien distinta: la Gran Serbia que se aprestaba a aplastar a sus seculares enemigos croatas. Por otro lado, tampoco fue públicamente conocida la consulta que hizo el alto mando del ejército federal a Moscú antes de la intervención militar. La respuesta fue que la URSS  no movería un dedo por defender a sus hermanos socialistas tal como hicieron con la RDA tras la caída del Muro. Gorbachov no estaba dispuesto a contrariar el clima de entendimiento con los EEUU e incluso les advirtió que si había una guerra las potencias occidentales podrían intervenir militarmente como habían hecho contra el Irak de Sadam Hussein meses antes (Primera Guerra del Golfo, agosto 1990-febrero 1991). El contexto internacional del final de la Guerra Fría era favorable al modelo esloveno. La guerra de los diez días fue «una guerra planeada para ser perdida», dijo un analista militar.

   Esos diez días de mini-guerra que siguen conmoviendo a los independentistas catalanes, fueron modélicos para las posteriores guerras en Croacia, Bosnia y Kosovo. Todas ellas tuvieron algo en común: la implicación de los occidentales, lo que el profesor Veiga ha conceptuado como «la trampa balcánica». Los líderes eslovenos planearon un ambiente de tensión bélica que obligó a los europeos (especialmente a sus vecinos alemanes y austríacos, sus históricos aliados) a apoyarles en su deseos independentistas para así evitar una guerra en su patio trasero. En el planteamiento del modelo esloveno destacaron como ideólogos los ministros de Defensa e Interior  Janez Jansa e Igor Baucar. El primero era un intelectual que participó en la revista satírica Mladina y que pasó del pacifismo al militarismo; el segundo fue un izquierdista radical seguidor de las Brigadas Rojas italianas. Un hecho significativo fue que la primera víctima de la guerra fuera el piloto (que casualmente era esloveno) de un helicóptero del ejército federal (desarmado) abatido por la DT eslovena cuando sobrevolaba la capital, Ljubljana. Sin embargo el relato de la agresión serbia fue el que quedó marcado con éxito en la opinión pública occidental.

 
 
 

Triángulo taurómaco
[Foto: LGV Sevilla 2003]

 
 
 

¿ESAS «CHUNGAS MOVIDAS DE CROATAS Y SERBIOS»?

 
 
 

El 7 de julio de 1991 en la isla croata de Brioni se firmaron los acuerdos, auspiciados por las potencias occidentales, entre Eslovenia y lo que quedaba de Yugoslavia y que supuso de facto el nacimiento como estado de la primera y la muerte de la segunda. A los eslovenos se les pidió que suspendieran su independencia por tres meses para seguir negociando, pero no a desistir de su objetivo final. Humillado  el ejército federal y dejado en manos de los serbios, los dirigentes eslovenos hicieron lo que quisieron y  poco después lograrían el reconocimiento oficial de algunos países occidentales encabezados por Alemania. El 15 de enero de 1992, mientras Sevilla y Barcelona se preparaban para la Expo y las Olimpiadas, Eslovenia fue reconocido como estado independiente por la CEE. El 22 de mayo se incorporó como miembro de la ONU. En medio de ese proceso, en agosto de 1991, desaparecía también la URSS. Mientras, ya se mataban salvajemente serbios y croatas a los que unirían más tarde los bosnios, y en 1999 los albano kosovares. La mecha prendida en Ljbljana y Belgrado años antes había estallado con la connivencia de un mundo que vivía el final de la Guerra Fría.[1]

   En aquellos diez días del verano de 1991 se produjo la tormenta perfecta que presentó  a los eslovenos como pacíficos y europeos frente a los salvajes y orientales serbios. Meses más tarde, Sabina cantaba aquello de «esas chungas movidas de croatas y serbios».

 
 
 

Arrastrado el toro muerto
[Foto: LGV Sevilla 2003]

 
 
 

DOBLE CODA FINAL

 
 
 

Sobre este tema existe una tesis de Carlos González Villa titulada Un nuevo estado para un nuevo orden mundial: una (re)lectura del proceso soberanista esloveno. Fue defendida en 2014 en la ya famosa Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, siendo uno de sus directores el profesor Francisco Veiga. A petición del autor fue retirada del acceso libre por internet el 15 de enero de 2015 y solo está disponible para personal autorizado.[2]

  Ese mismo año de 2015 los partidos y entidades independentistas catalanas redactaron el documento Enfo CATs: Reenfocant el procés d’independència per un resultat exitós. En dicho documento se establecía la hoja de ruta para el subsiguiente proceso de independencia. Éste reconocía que era necesario algo que ya sabemos: «generar conflicto y desconexión forzosa»[3]. Este documento intervenido por orden del Juzgado de Instrucción Central nº 3, a cargo del magistrado Pablo Llanera, el 20 de septiembre de 2017, fue incorporado al Auto de la Causa Especial 20907/2017 del 4 de diciembre de 2017.[4]

 
 
 [1] Sobre la desintegración de Yugoslavia sigue siendo imprescindible el documental de la BBC La muerte de Yugoslavia (1996). Accesible en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=m_mH9cOf07I&list=PLjqHlcDc20koaGSL-_g6UIzqfUsLg6Moc

[2] https://eprints.ucm.es/29467/

[3] El País, 12 de octubre de 2017. https://elpais.com/politica/2017/10/09/actualidad/1507569660_552707.html

[4] Auto completo en:  https://e00-elmundo.uecdn.es/documentos/2017/12/04/llarena.pdf