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JESÚS CONDUCIDO ANTE PILATO (IV). Por José Manuel Colubi Falcó

 
El sueño de la esposa de Pilato. Alphonse François

El Sueño de la esposa de Pilato
(Grabado)
Alphonse François
(1814-1888)

 

Las Actas de Pilato (parte primera, II, 1-2) dicen así:

   «1. Habiéndolo visto Pilato, lleno de temor trató de levantarse de la tribuna, pero mientras él todavía se hallaba pensando en levantarse, su mujer le envió un mensaje diciéndole: “Nada tengas que ver con éste, que es un hombre justo, pues mucho he sufrido por su causa esta noche.” Y Pilato, habiendo llamado a su presencia a todos los judíos, les dice: “Sabéis que mi mujer es piadosa y que más bien tiende a seguir los ritos judíos junto con vosotros.” Le dicen: “Sí, lo sabemos.” Pilato sigue diciéndoles: “He aquí que mi mujer me ha enviado un mensaje diciendo: Nada tengas que ver con éste, que es un hombre justo, pues mucho he sufrido por su causa esta noche.” Como respuesta los judíos dicen a Pilato: “¿No te hemos dicho que es un impostor? Mira, él le ha enviado un sueño fantástico a tu mujer.”

   »2. Pilato, habiendo mandado llamar a Jesús, le dice: “¿Qué es eso que testimonian contra ti? ¿Nada dices?” Jesús dijo: “Si no hubieran tenido posibilidad, nada hubiesen dicho, pues cada uno tiene poder sobre su boca para decir cosas buenas y cosas malas. Ellos verán.”

   »3. Respondiendo, los ancianos de los judíos dicen a Jesús: “¿Qué es lo que hemos de ver nosotros? Primero, que has nacido de adulterio; segundo, que tu nacimiento en Belén se tornó en una matanza de niños; tercero, que tu padre, José, y tu madre, María, huyeron a Egipto por no tener libertad para expresarse entre el pueblo.”

   »4. Algunos de los que se hallaban presentes, temerosos de Dios, del grupo de los judíos, dicen: “Nosotros no decimos que él es fruto de adulterio, sino que sabemos que José desposó a María, y que no ha nacido de adulterio.” Y Pilato dice a los judíos que decían ser aquél fruto de un adulterio: “Ese relato vuestro no es verdad, porque hubo donaciones esponsalicias, según dicen vuestros congéneres.” Responden a Pilato Anás y Caifás: “Toda esta multitud a gritos decimos, y no se nos cree, que ha nacido de adulterio. Ésos son prosélitos y discípulos suyos.”»
 

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JESUS CONDUCIDO ANTE PILATO (I). Por José Manuel Colubi Falcó

JESÚS CONDUCIDO ANTE PILATO (II). Por José Manuel Colubi Falcó

LA SUERTE DE PILATO. Por José Manuel Colubi Falcó

RELACIÓN DE PILATO SOBRE JESÚS REMITIDA A AUGUSTO. Por José Manuel Colubi Falcó

«ECCE HOMO» (POEMA SACRO) [3]. Por Lauro Gandul Verdún

PRODIGIOS DE LA CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

INJURIAS A JESÚS. Por José Manuel Colubi Falcó

 

ELOY VILLALBA RAMÍREZ, LANCERO DE LA JUDEA («HISTORIAS DE VIDAS»). Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2009

 

Eloy por Miguel Hermosín Martínez

Eloy Villalba Ramírez
[Foto: Miguel Hermosín Martínez]

 

Hace casi cuarenta años, en El Derribo se juntaban más de veinte chiquillos por las tardes, después del colegio, o los sábados. Se dedicaban a las tareas más diversas: ayudaban a llevar las cántaras de leche a Enrique el lechero por casas del barrio, subían algún que otro ataúd de Joaquín Bono cuando tenía la funeraria en la calle San Miguel, empujaban el carrito del repartidor de la confitería «San Mateo» por la cuesta Fernán Gutiérrez, cobrándose con los dulces que conseguían coger por la ventanilla. También colaboraban con el de las bombonas y el de la fruta aquellos niños tan dispuestos. Poco antes de la Semana Santa, por dos o tres duros que les daba José Luis Olías, muchos de ellos limpiaban los faroles y acarreaban todos los enseres de la cofradía que hubiera que ordenar y colocar en vísperas de la procesión. Los que eran monaguillos, además, cuando llegaba el Quinario subían a repicar las campanas de la torre de la iglesia de Santiago, al principio y al final del mismo.

   Uno de aquellos chiquillos ha nacido en el número 5 de la calle José Lafita, en una casa de vecinos donde va a vivir hasta que su familia se traslade a la calle Herreros, a otra casa de vecinos, cuando él tiene once años. Tras su matrimonio con María del Águila Ballesteros se instala en Alcalá y Ortí donde hoy vive. Siempre cerca de El Derribo, El Duque, la calle La Mina, la placita de El Cabildo, La Plazuela…, los lugares por donde durante catorce años va a desfilar como uno de los lanceros de La Judea.

   Su padre, Joaquín Villalba, le inculcó una intensa afición por los judíos de la Semana Santa alcalareña, le educó desde muy niño en el rito de La Judea. La mañana del Jueves Santo se levantaba muy temprano para ir al castillo a ver el primer recorrido que hacían los judíos. No olvida los revoleos frente al grifo de agua de la calle San Miguel (del que se abastecían los vecinos del barrio), tampoco olvida la parada en el bar del Chipiona, en la confluencia de las calles José Lafita y Sánchez Perrier. Con su padre más tarde llegaba hasta La Plazuela, siguiéndolos. El Capitán de aquellos judíos era el mítico Ferrera; el Cachucho era el bandera y el Latero el tambor.

   Por el mes de diciembre de 1991 muchos pensaban que para la Semana Santa próxima iba a ser difícil que los judíos salieran a la calle. Fue José Luis Fernández quien aseguró en una reunión que tenía una lista de nombres para formar una nueva Judea. Le tomaron la palabra, tal vez pensando bastantes que José Luis no iba a poder realizar su compromiso. Parece que de aquella relación de candidatos casi ninguno se presentó. El Beni sí acudió a la llamada de su amigo y fue quien le preguntó una mañana a Eloy Villalba si quería vestirse de judío. Esa misma tarde Eloy se acercó a la cafetería de José Luis para apuntarse a La Judea que se estaba creando. Por la noche fue a decirle a su padre: «Que sepas que este año salgo de judío». Para su sorpresa no lo vio demasiado asombrado por la noticia, pero no tuvo tiempo para que la extrañeza se alargara pues éste, sin decir palabra, con gesto sonriente y algo socarrón, lo condujo a un cuarto en el que él ya tenía preparado su traje de lancero. Joaquín se había enterado por Jesús Benítez Recacha que lo sabía por su cuñado José Luis. En la Semana Santa de 1992 José Luis Fernández será el Capitán, el Beni el tambor, Jesús Benítez el calamillo, Salvador García el bandera, el Caña el Spor y como lanceros Joaquín y Eloy Villalba, Leo Benítez, Manolín Redondo, Félix García, el Pana, el Porti, Luis el de «El rincón del estudiante» y Víctor el hijo de Salvador sería el pajineta.

   Aquellos judíos tenían que reconstruir una tradición, que casi había llegado a fracturarse irreversiblemente, en una decadencia que desde mediados de los ochenta se sufría por quienes, todavía, guardaban memoria de la riqueza del rito y querencia por su conservación. El Capitán sabía que había que recuperar el centro de Alcalá como espacio de los recorridos de La Judea. Donde debía desfilar la soldadesca era entre El Derribo y el Kiosco del Matadero, donde debían sonar el toque de mañana del tambor y el son del calamillo, donde el bandera se convirtiera en viento en un revoleo, donde la danza antigua del pajineta y el palilleo sobre la sentencia.

 Cuando en 1992 la nueva Judea desfila por las calles de Alcalá quiere hacerse visible al pueblo, con el que se venía desencontrando en el último lustro. Se llegó a decir popularmente «Estás más perdío que los judíos un jueves santo», porque sin orden ni concierto ni sentido los judíos acababan diluyéndose por los barrios alejados del centro ya que la población del Castillo se había ido desplazando a Pablo VI o la barriada de San Agustín. Eloy siempre ha querido, al igual que su padre, ser lancero, formar parte de la tropa, hacer el prendimiento de Jesús Nazareno. Durante los catorce años que ha estado en La Judea, al menos diez, ha participado en este momento del rito. Nos cuenta que tanto la Burla en el Perejil como escuchar el llamado del tambor, cuando ha terminado el sermón en El Calvario, no deja de emocionarle profundamente aunque ya no forme parte de la soldadesca de La Judea.

   La Judea es el pueblo y La Judea es la de Jesús Nazareno, esto ha creado una dialéctica que siempre ha tensado las relaciones entre los judíos y la Hermandad desde 1992. Una tradición unida a una cofradía pero que «lenta e inexorablemente está perdiendo el carisma que cogimos cuando nosotros empezamos. Nosotros éramos todos muy conocidos. Siempre nos han invitado a entrar a las casas en las que la gente nos espera y eso forma parte de La Judea en la mañana del Jueves Santo. Si sólo nos limitamos a cumplir con los elementos del rito, pasar por delante de quienes nos esperan, éste se queda sin su significación hacia el pueblo».

[La voz de Alcalá, 1 al 14 de abril de 2009, año XVII nº 266]

 
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EL RITO DE LA JUDEA DE ALCALÁ EN «CARMINA»
 

SEMANA SANTA DE 2017 EN ALCALÁ DE GUADAÍRA. Fotos de Lauro Gandul Verdún

 
semana santa 2 2017

Nuevo árbol victorioso 
[Sábado de Pasión en Gandul]
 
semana santa 3 2017

San Juan Evangelista y el órgano
[Mañana de Jueves Santo en la Iglesia de Santiago, el Mayor]

 
semana santa 4 2017

Ante la Virgen de la Amargura
[Mañana de Jueves Santo en la Iglesia del Mártir San Sebastián]

 
semana santa 6 2017

El discípulo amado y Santa María del Socorro
[Mañana de Viernes Santo en San Roque]

 
semana santa 8 2017

Costalero, con aura, entre nazarenos negros
[Mañana de Viernes Santo en San Roque]

 
semana santa 9 2017

Regreso desde la muerte a la vida
[Mañana de Viernes Santo en San Roque]

 
semana santa 10 2017

Angelito del paso de San Juan Evangelista
[Mañana de Viernes Santo en el Puente Carlos III]

 
semana santa 13 2017

María en el Santo Entierro
[Tarde de Viernes Santo en la calle Mairena]

 

FERNANDO PESSOA, AUTOR DEL AUTOR: FRAGMENTO 1 DE «LIVRO DO DESASSOSSEGO (COMPOSTO POR BERNARDO SOARES, AJUDANTE DE GUARDA-LIVROS NA CIDADE DE LISBOA)». Con fotos de Lorenzo del Término

 

LISBOA (2008) 1

Alrededores de Lisboa
2008

 

Nasci em um tempo em que a maioria dos jovens haviam perdido a crença em Deus, pela mesma razão que os seus maiores a haviam tido —sem saber porquê. E então, porque o espírito humano tende naturalmente para criticar porque sente, e não porque pensa, a maioria desses jovens escolheu a Humanidade para sucedâneo de Deus. Pertenço, porém, àquela espécie de homens que estão sempre na margem daquilo a que pertencem, nem veem só a multidão de que são, senão também os grandes espaços que há ao lado. Por isso nem abandonei Deus tão amplamente como eles, nem aceitei nunca a Humanidade. Considerei que Deus, sendo improvável, poderia ser, podendo pois dever ser adorado; mas que a Humanidade, sendo uma mera ideia biológica, e não significado mais que a espécie animal humana, não era mais digna de adoração do que qualquer outra espécie animal. Este culto da Humanidade, com seus ritos de Liberdade e Igualdade, pareceu-me sempre uma revivesçência dos cultos antigos, em que animais eram como deuses, ou os deuses tinham cabeças de animais.

            Assim, não sabendo crer em Deus, e não podendo crer numa soma de animais, fiquei, como outros da orla das gentes, naquela distância de tudo a que comummente se chama a Decadência. A Decadência é a perda total da inconsciência; porque a inconsciência é o fundamento da vida. O coração, se pudesse pensar, pararia.

 

[Fernando Pessoa (1888-1935).
Fragmento de Livro do desassossego (composto por Bernardo Soares, ajudante de guarda-livros na cidade de Lisboa).
Edición de Richard Zenith.
Editorial Assírio & Alvim.
Lisboa 2011.
Pág. 39]

 

LISBOA 2008

Cabo del Espichel
2008

 

Nací en un tiempo en el que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que sus mayores la habían tenido —sin saber por qué—. Y entonces, porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de esos jóvenes escogió la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, no obstante, a aquella especie de hombres que están siempre en el margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no abandoné a Dios tan ampliamente como ellos, ni acepté nunca la Humanidad. Consideré que Dios, siendo improbable, podría ser, pudiendo pues ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración de la que cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una reviviscencia de los cultos antiguos, en los que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales.

            Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales, quedé, como otros de la orla de las gentes, en aquella distancia de todo lo que, comúnmente, se llama Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiese pensar, pararía.

 

[Traducción al español por Lauro Gandul Verdún
para «CARMINA» Blog Literario.
Alcalá de Guadaira

2017]

 

LISBOA (2008)

 

8 DE MARZO DE 2017. María del Águila Barrios

 

 Lisboa es sueño

[Foto: LGV Portugal 2012]

 

Hoy es 8 de marzo y he esperado esta fecha para escribir mi particular colaboración en este periódico. Hoy es nuestro día, el de nosotras, nuestro y sólo nuestro. Lo digo porque soy mujer y tengo trabajo, pero no celebro este día porque me siento inventada, como cuando se celebra el día de los enamorados o de la madre. No hay diferencia, son distintas formas de mercadotecnia. Por cierto, ¿hay un día de los hombres trabajadores y de la lucha por su igualdad? ¡Cuánta gente está montándoselo de lo lindo a costa de las mujeres y de la tan cacareada igualdad! ¡Pero si yo no soy igual que un hombre! ¡Ni tampoco diferente! Lo mismo que no soy igual que un niño, ni tampoco diferente. Y siendo blanca, tampoco soy igual que una negra, ni diferente. Con todos coincido en que somos personas. ¿Cuándo vamos a celebrar el día de las PERSONAS? Por las personas sí procuro celebrar todos los días y celebro la vida.

   Esa obstinación por dividirnos y enfrentarnos que el poder practica. Hay que luchar por los derechos, pero de las personas, del pueblo, de los pobres que tantos somos. Hemos de amarnos, y con este verbo debiera estar dicho casi todo. Un ámbito comunitario de ternura y de proximidad. Sería la formulación que, de seguirse, haría innecesarias todas las reglamentaciones, tan interminables como incumplidas y, además, incomprensibles. Amándonos hasta el tráfico infernal parecería que lo es menos (…). 

   Bueno, empecé escribiendo sobre esta efeméride de género. Así que retomaré la idea. Algún día hasta las mujeres acabarán hartas de tanta congénere que las reivindica, hasta con violencia feminista. Yo estoy contra las injusticias, las desigualdades, las vejaciones, las humillaciones de unos contra otros, es decir, de los poderosos contra los débiles, en los momentos en que unos u otros están en tal o cual situación. Y celebraré cada vez que me encuentre con quien esté arrimando su hombro al del compañero o alargando su mano al caído. Y me entrará una alegría inmensa cada vez que la bondad tumbe a tanta estupidez.

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de marzo de 2017, año XXV nº 449]

 
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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.
 

PACIFISTA DE VERDAD. UN POEMA DE GLORIA FUERTES. Homenaje (2017-1) en «CARMINA» a una poeta universal en el año del Centenario de su nacimiento (1917-1998)

 

Gloria Fuertes por Carlos Miralles

Gloria Fuertes
[Foto: Carlos Miralles]
Fuente: El Mundo

(una que quiere llegar)

 

No matemos al vecino
invitémosle a tocino.
No levantad barricadas
besad a vuestras amadas.
No pensad en los difuntos,
¡dormid juntos!

 

[GLORIA FUERTES. Obras incompletas.
Editorial Cátedra, S.A.
Madrid 1980.
Pág. 222]

 

MOMENTOS FELICES. POEMA DE GABRIEL CELAYA. Homenaje (2017-2) en «CARMINA» a un poeta universal (1911-1991)

 
lamesapuestaporXOPI 2006

La mesa puesta
(Técnica mixta)
Xopi
2006

 

   Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

   Cuando salgo a la calle silbando alegremente
—el pitillo en los labios, el alma disponible—
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?

   Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro —sé que todo es fiado—,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es la felicidad lo que trasciende?

   Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente;
y debo levantarme, pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es felicidad lo que amanece?

   Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda,
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

   Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio, y, pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

   Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
“Estaba justamente pensando en ir a verte.”
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

   Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o, bien, callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz, pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

 

GABRIEL CELAYA
GABRIEL CELAYA
Selección y notas por María de Gracia Ifach.
Cuatro poetas de hoy
(José Luis Hidalgo, Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hierro).
Editorial Taurus Ediciones, S.A. Madrid 1975.
Págs. 124 á 126.

 

DESESPERADAMENTE. POEMA DE GABRIEL CELAYA. Homenaje (2017-1) en «CARMINA» a un poeta universal (1911-1991)

 
GABRIEL CELAYA (PLACA)

Gabriel Celaya

1911-1991
(Detalle de una placa en Madrid con variaciones)

 

   La luz desesperada,
la más honda luz del alma…
¿O es acaso alegría?
Los nombres ya no sirven. Rebotan en hueco.

   Exaltado, pregunto.
La vida, entre los dedos, se me vuelve impalpable
y me arrebato, canto
desesperadamente.

   No sé de qué estoy ebrio,
de sentir disponible
mi corazón, el mundo,
las mil pequeñas cosas que hasta ayer me encerraban.

   De pronto todo vibra
para nada -o es brillo-,
o es música -suspiro-,
o bien vuela en espumas efímeras y bellas.

   ¡Oh mía, vida mía,
toda mía con sus párpados lentos,
sólo para mí toda mía, entregada,
toda de mí mía, pero siempre escapando!

   Olas cruzadas de sombras,
nubes silenciosas, resbalar en iris,
y vosotras, muchachas,
que me fingís a veces un amor sin remedio.

   No sabéis -yo os lo digo-,
no sabéis mis tinieblas,
lo que abrasa este anhelo con sus labios intactos.
Estoy desesperado-. Os lo digo.

   Mis manos adivinan cuando tiemblan un cuerpo
tan suave como el agua,
como el aire, la nada.
(Desesperar a fondo.)

   Y me siento de pronto, levantado, gritando:
Os amo, os odio, os muerdo,
os desprecio, os abrazo
con asco, con nostalgia. No sé más. Perdonadme.

 

[GABRIEL CELAYA (1911-1991). Selección y notas por María de Gracia Ifach.
Cuatro poetas de hoy
 (José Luis Hidalgo, Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hierro).
Editorial Taurus Ediciones, S.A. Madrid 1975.
Págs. 84 y 85]

 

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

 

Pte. Erzsebet, Budapest 2003El Puente de Erzsebet
Budapest
[Foto: LGV 2003]

 

Como dicen la mayoría de sus biografías, el escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989) se suicidó en su residencia californiana meses antes de que cayera el Muro de Berlín en noviembre de 1989. Y esto se reitera porque su biografía es un resumen biológico de ese «corto siglo XX» al que se refería el historiador Eric Hobsbawm. Un siglo que otro húngaro, el poeta Imre Kertész, llamó «ese pelotón de fusilamiento en servicio permanente». Huyendo de esto, Márai abandonaría para siempre su país en 1948 y no vería el fin del régimen comunista por muy poco. Todo en Márai parece una apoteosis del adiós, de la nostalgia. Por ello no es casual que tratara en su obra la nostalgia por excelencia: la del imperio austro-húngaro. Su obra más representativa en este aspecto es una pequeña novela titulada El último encuentro, escrita en 1942, cuando Hungría estaba luchando al lado de Hitler en la guerra mundial. Cuando el humo de los crematorios del exterminio nazi comenzaban a oscurecer el centro y este europeo, Márai creaba una pequeña obra nostálgica con un argumento imposible. Éste era el reencuentro de dos amigos y camaradas de armas durante el Imperio en una mansión aristocrática y decadente («donde se desmoronan los restos de varias generaciones»), al cuidado de una vieja ama de llaves y donde reside uno de estos amigos, al que solo conocemos como «el general». El otro amigo, Konrad,  que se ha nacionalizado británico tras 40 años de estancia en Malasia, realiza algo poco creíble: entrar en un país enemigo en plena guerra.

   Pero obviando este aspecto, la novela es como una gota de ámbar prehistórico que ha guardado algo del pasado imperial; un «Parque Jurásico» de una época tan pasada como el Precámbrico: la del esplendor de la civilización burguesa que tanto fascistas como comunistas llamaban, con desprecio, «mundo decadente». Un mundo donde, en pensamientos del protagonista, «la sensación de que la vida era una fiesta desesperada, una fiesta trágica y majestuosa, cuyo final se proclamaría con el sonido de las trompetas y con el anuncio de alguna orden nefasta». De nuevo el pasado como una fiesta, tal como ya hemos visto en las obras de Banffy y Lernet-Holenia. Pero además de la fiesta ese viejo «mundo de ayer», tal como lo veremos en Zweig, era un mundo ordenado donde cada cual sabía cuál era su sitio: «todo era demasiado hermoso, demasiado redondo, demasiado perfecto. Uno siempre teme tanta felicidad odenada».

   Ese mundo feliz y ordenado se rompió para los tres protagonistas de la novela, -y digo tres porque a los dos amigos se une el fantasmal recuerdo de Krisztina, la mujer del general-  un día de octubre de 1900 cuando algo ocurrió entre ellos. Cuarenta y dos años después, los dos antiguos camaradas intentan comprender lo que verdaderamente pasó.

   La novela se divide en dos partes claramente diferenciables: la primera es el recuerdo de la época de esplendor del Imperio que el general nos relata; la segunda es la del encuentro que más que un diálogo es un monólogo por parte del general y que bajo mi opinión es la parte más decepcionante de la novela. Es una parte donde abundan sentencias tales como «la amistad es la relación más noble que puede haber entre los seres humanos». Por tanto, para nuestros propósitos lo más interesante de la novela es la primera parte, donde vemos reflejados los principales tópicos de la literatura sobre el fin del Imperio. Así vemos que el Imperio se nos presenta como un estado multiétnico pero en cuyo seno incuba el mal futuro de los nacionalismos. Esto lo advertimos en la descripción de la ciudad natural de Konrad, en la Galitzia : «sus habitantes –ucranianos, alemanes, judíos y rusos- vivían en un bullicio oficialmente controlado, como si existiera en la ciudad, en las casas oscuras de aire viciado, una corriente cada vez más fuerte, una especie de revelación o simplemente una insatisfacción mezquina y murmuradora». Este presagio se cumpliría en 1918 cuando implosionó  el viejo imperio de manos de una masa provinciana bien lejana del cosmopolitismo vienés, que «para volver a pronto a sus pueblos polacos, estaban destruyendo un imperio» (Alexander Lernet-Holenia, El Estandarte, 1934).

   Frente al anuncio de destrucción ambos amigos, a finales del siglo XIX, representaban, como jóvenes oficiales, el papel de guardianes del imperio, que velaban «por los sueños y por la seguridad del emperador y de sus cincuenta millones de súbditos, aunque no hicieron otra cosa que llevar su uniforme con dignidad y frecuentar la alta sociedad, oír valses, beber tintos franceses, charlar con las señoras…»

   Otro elemento prototípico es la figura del emperador, clave de la bóveda imperial, y el único que «era capaz de mantener el orden: el emperador, que era a la vez un sargento jubilado y Su Majestad, un simple funcionario y un grande seigneur, un rústico y un soberano». A él le debían fidelidad absoluta que es otro de los tópicos de esta literatura finisecular, como ya hemos podido comprobar en otras obras aquí reseñadas. Una fidelidad, una obediencia, que «era algo más profundo que el respeto a unas cuantas reglas. Había que llevar la obediencia en el corazón: esto era lo más importante. Había que tener la convicción de que todo estaba en su sitio».

   Unida a la fidelidad estaba su némesis: la traición, un tema que impregna toda la novela. Aquí es donde observamos el conflicto entre dos hombres hermanados en el deber y en el espíritu. Konrad es un desengañado del imperio, que incluso ha cambiado de nacionalidad y que nos dice (en uno de sus pocos parlamentos en la novela): «¿qué queda de todo aquello? Lo que mantenía todo unido, esa argamasa secreta, ya no existe. Todo se ha deshecho, se cayó a pedazos. Mi patria era un sentimiento. Ese sentimiento resultado herido…lo que juramos ya no existe…Todos han muerto…todos han traicionado lo que juramos. Hubo un mundo por el cual valió la pena vivir y morir. Aquel mundo murió…» Como en los personajes que ya nos son familiares (Menis, Bagge…) el general le responde: «para mí, aquel mundo sigue vivo aunque en realidad haya dejado de existir. Sigue vivo por el juramento».

   Esta lucha de caracteres sobre el significado de una época, de un mundo por el que mereció luchar, lo encontramos en la obra de otro nacionalizado británico, que como el personaje de Konrad, recorrió los mares del Sur; nos referimos a Joseph Conrad, que en esa pequeña joya romántica que es Los duelistas trata el mismo conflicto que nos relata Márai, pero centrado en otro imperio mítico-decimonónico: el napoleónico.

   Como en El último encuentro, dos oficiales de caballería  acaban enfrentándose (esta vez de forma cruenta) por una razón que también reviste forma femenina pero que acaba siendo secundaria. Así encontramos a dos caracteres completamente diferentes (pero complementarios); por un lado, el racionalista y «realista» D`Hubert, y por otro, Feraud apasionado y adicto hasta el tuétano al emperador. Como el general de Márai, el Feraud de Conrad le responde a su antiguo camarada que «jamás amó al Emperador. La imagen de aquel héroe sublime, encadenado a una roca en medio del océano, resta a tal punto valor a mi vida que recibiría con placer su oden de volarme los sesos».

   Con esta analogía literaria decimos un adiós a esta obra que como en la novela de Conrad «empezó en el misterio, se desarrolló en el misterio, y al parecer ha de terminar en la misma forma».
 

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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

 

LISBOA COM SUAS CASAS DE VÁRIAS CORES. Álvaro de Campos (11-5-1934)

 

LISBOA 19022017 2

Escultura de Fernando Pessoa en el Chiado 
Por Lagoa Henriques
(1923-2009)
[Foto: Lorenzo del Término (Lisboa 2017)]
 

Lisboa com suas casas
De várias cores,
Lisboa com suas casas
De várias cores,
Lisboa com suas casas
De várias cores…
À força de diferente, isto é monótono,
Como à força de sentir, fico só a pensar.

Se, de noite, deitado mas desperto
Na lucidez inútil de não poder dormir,
Quero imaginar qualquer coisa
E surge sempre outra (porque há sono,
E, porque há sono, um bocado de sonho),
Quero alongar a vista com que imagino
Por grandes palmares fantásticos,
Mas não vejo mais,
Contra uma espécie de lado de dentro de pálpebras,
Que Lisboa com suas casas
De várias cores.
Sorrio, porque, aqui, deitado, é outra cousa.
À força de monótono, é diferente.
E, à força de ser eu, durmo e esqueço que existo.

Fico só, sem mim, que esqueci porque durmo,
Lisboa com suas casas
De várias cores.

 

[Obra essencial de Fernando Pessoa (Poesia dos outros eus).
Editorial Assírio & Alvim.
Lisboa 2010.
Págs. 404-405]