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COLOQUIOS (289): «TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS” [Nº 25]». TRILOGÍA (EL LOMITO ANDINO I). Gabi Mendoza Ugalde

 
 

VIVA EL PELO. Julio Romero de Torres

Viva el pelo
Julio Romero de Torrres
(1874-1930)

 
 

—Son viejas porque parecen jóvenes. ¡Córtenles el pelo y verán lo que hay debajo!

—Posiblemente, una cantante retirada.

—Ésta llega ya con el pelo cortado. En la calva lo que vemos es una cremallera.

—Al menos, al abrirla, tendremos la seguridad de que no nos encontraremos una vieja queriendo dar a entender que está en edad fértil.

—A veces, cuando se pretenden cazar dos liebres, puede ocurrir que no sea cazada ninguna (Rf. Akira Kurosawa). Pero prefiero lo que me decías en aquella tasca que también puede ocurrir que, aunque no sea cazada ninguna de las dos liebres, acabes cazando un conejo.

 
 

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«TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS”»
 
 

COLOQUIOS (288): «TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS” [Nº 24]». TRILOGÍA (CI). Gabi Mendoza Ugalde

 
 

1 Lagoa 2003

Molde de la escultura del poeta Alves Redol
en el estudio del Maestro Lagoa Henriques
[Foto: LGV. Lisboa, 2003]

 
 

—Pues aquí estamos, con la fresca.

—Porque es nueva. Mañana veremos.

—Un artista sólo pinta con el color de su ceguera.

—El color de aquello sobre lo que aún no existen sus correspondientes aguijones: el del hombre libre.

—La voz es la piel del lenguaje.

—Su temblor, a veces, la pone como el terciopelo.

 
 

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«TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS”»
 
 

COLOQUIOS (287): «TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS” [Nº 23]». TRILOGÍA (XCIII). Gabi Mendoza Ugalde

 
 

Resultado de imagen de Recogiendo el Centeno. Kazimir Malevich. (1912)

Recogiendo el Centeno
Kazimir Malevich
(1878-1935)

 
 

—Envidia el manco la soriasis del jornalero.

—Si la sarna no es con gusto, el jornalero al manco.

—Tráeme inmediatamente unas zapatillas, me dijo el pie del verso.

—Versos nómadas, cuyos pies hinchados aconsejan descalzarse las botas en la fonda donde pernoctan.

—En la Feria de Recoletos me compré unas gafas de viejo.

—Sí, para que no nos engañen los libros nuevos.

 
 

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«TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS”»
 
 

COLOQUIOS (286): «TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS” [Nº 22]». LA ALCARRIA VI. Gabi Mendoza Ugalde

 
 

aguilar2013M.VERPI 5

Plaza octogonal
[Foto: Manuel Verpi (Aguilar, 2013)]

 
 

A María Antonia López-Berrio

 
 

—Ocurre con frecuencia que una colonia abandone su casa y llegue hasta el bosque donde se aloja en cualquier árbol hueco. Éste es sólo la protección externa de un hogar, mientras su estructura interna, no menos compleja, es obra de ellas mismas.

Semejante a la composición química de la grasa; las abejas segregan la cera con la parte inferior del abdomen que, en pequeñas escamas toman con sus patas y atenazan con su boca formando los pequeños sillares de una construcción que avanza desde arriba hacia abajo.

Del paralelo 40º 14´47″ al 37º 30´53″. En el siglo diecinueve, Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca construye a la inversa su plaza. Lo cercano aproxima lo lejano.

—Somos árboles. Nuestras raíces existen. Pero al tener manos inventamos el hacha. La Historia podría ser también el relato sin fin de un radicidio continuo, en todo lugar y momento, por todos, con ocasión, unas veces de la necesidad y otras, demasiadas, de la locura.

Somos, por tanto, bosques nómadas y los otros. Somos lo previo, lo externo, y las abejas, cada una de ellas y la colonia misma.

También el aire, el peralte, la ascensión, unos caballos o un lago.

Quien desde la altura puede, porque debe, alcanzar la bajura, humano es y así va preparándose, con disciplina vieja, a sobrevivir también en la desconcertada orientación que supondrá la vida cuando nos hayamos muerto.

Que lo abierto nos recluya. En Ti confío.

 
 
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«TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS”»
 
 

COLOQUIOS (285): «TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS” [Nº 21]». Gabi Mendoza Ugalde

 
 

Luz del sol
Vilhelm Hammershøi
(1864-1916)

 
 

—Mi casa (comento a A. enfadado), es un convento castellano en el centro de Andalucía. Y ahí está mi puto escudo que la defiende.

—¡Ay del día en que el centro de Andalucía no lo ocupe un convento castellano!
 
 
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«TRAS EL NAUFRAGIO DE “DIÁLOGOS”»
 
 

LA LEYENDA DEL LABERINTO DE CRETA. MINOS. Por José Manuel Colubi Falcó

 
 

Minos mordido por una serpiente. MIGUEL ÁNGEL

Minos mordido por una serpiente
(Detalle del Juicio Final en la Capilla Sixtina)
Miguel Ángel
(1475-1564)

 
 

Es ya verano y los viajes, en acto o en proyecto, abundan; el Mediterráneo, mar de las civilizaciones eternas, ofrece al viajero destinos que en otro tiempo pudieron ser fantasías o quimeras, pero que hoy son realidades al alcance de la mano. Uno de ellos es Creta, cuna de nuestra cultura –recuérdese la cretense o minoica-, escuela jurídica de la Hélade, isla a la que arriba el toro blanco -Zeus metamorfoseado- con Europa sobre su lomo y en donde -en Gortina, célebre por sus leyes- aquél se une a la joven, cabe una fuente, en un platanar. Frutos de estos amores serán Minos, Radamantis y Sarpedón; los dos primeros, junto con Éaco, formarán el tribunal que juzgue a los muertos en los infiernos o moradas subterráneas.

   Criado por el rey Asterión, Minos fue su sucesor gracias a un prodigio de los cielos. Pretendía serlo porque, según decía, así lo habían decidido los dioses, y para demostrarlo hizo una promesa a Posidón: si desde los mares la deidad le enviaba un toro –siempre presente este animal en la cultura cretense-, se lo ofrecería en sacrificio. Y así sucedió, y Minos sentóse en el trono sin que sus hermanos se opusieran, pero, incumpliendo su promesa, quiso hacer a la bestia semental de la vacada. Y ése fue el origen de sus desdichas. Casado Minos con Pasífae, ésta se enamoró del toro y la maldición empezó a cumplirse. Monarca mujeriego, se le atribuyen innumerables aventuras amorosas que provocaron las iras de Pasífae, maga ella, quien con sus artes consiguió que todas las mujeres que con él yacían murieran comidas por las serpientes y escorpiones que salían de su cuerpo, hasta que Procris le hizo libre. Y también civilizador, dicta a los cretenses unas leyes que le son inspiradas por Zeus en el monte Ida cada nueve años (nótese el paralelismo con las de tantos pueblos de la Antigüedad). E igualmente conquistador, que extendió sus dominios por todo el Mediterráneo, especialmente el oriental, la llamada talasocracia (dominio de los mares) cretense: Atenas, Mégara, Sicilia y otras islas, y numerosas ciudades que en su honor llevan el nombre de Minoa. Y también fue él quien ordenó a Dédalo construir el famoso laberinto.

 
 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de julio de 2007, año XVI nº 227]

 
 

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LA LEYENDA DEL LABERINTO DE CRETA: DÉDALO E ÍCARO. Por José Manuel Colubi Falcó

LA LEYENDA DEL LABERINTO DE CRETA: EL MINOTAURO. Por José Manuel Colubi Falcó

 
 

«FUGA SIN FIN» O EL JUDÍO ERRANTE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 10). Por Pablo Romero Gabella

 
 

Joseph Roth, Autorretrato

Joseph Roth
(Autorretrato)
3 de noviembre de 1938
París

 
 

Joseph Roth (1894-1939) es uno de los escritores fundamentales del «mito habsbúrgico»; si se hiciera un panteón literario del águila bicéfala él ocuparía el lugar de honor debido a dos de sus obras: La marcha de Radetzky (1932) y su continuación, La cripta de los Capuchinos (1938).

   Roth nació en la Galitzia austrohúngara (hoy repartida entre Polonia y Ucrania) en una familia judía que le permitió terminar sus estudios universitarios de Humanidades en Viena. Durante la 1ª Guerra Mundial estuvo alistado en el ejército austro-húngaro y tras la contienda comenzó una notabilísima carrera de periodista, primero en Viena y luego en Berlín. La llegada de la peste del nazismo le hizo huir a París, donde continuó sus trabajos periodísticos  y literarios. Sin embargo, las penurias personales, económicas y el alcoholismo le llevarían a una degradación que acabaría con su vida el mismo año en que comenzara la Segunda Guerra Mundial y que se publicara su novela La leyenda del santo bebedor.

   En su novela Fuga sin fin, publicada en 1927, vemos un anticipo de la que sería su propia vida de judío errante por una Europa que aún con las heridas abiertas de la Gran Guerra se precipitaba a otra guerra, la cual se ahorraría sufrir. Al final de su vida se convertiría al catolicismo, según dicen, como último homenaje al Imperio austro-húngaro al que sirvió como combatiente y como rapsoda en una Europa de las naciones donde no acababa de encajar. Como otros de nuestros héroes postimperiales literarios, su alter ego literario en esta novela, el teniente austríaco Joseph Tunda, se sentía como un muerto en vida, como un «hombre joven sin nombre, sin importancia, sin título, sin dinero y sin profesión, apátrida y sin derechos».

   La novela es una Odisea de entreguerras que llevará al joven Tunda desde un campo de prisioneros en Siberia hasta el mismo París que vio morir al autor, pasando por la primigenia Unión Soviética, la Alemania de Weimar y la insulsa Viena republicana. Como el Odiseo homérico iba en busca de su patria que tenía nombre de mujer, en este caso Irene Hartman. Buscaba reencontrarse con su prometida («bonita, inteligente, rica y rubia») pero ésta, al contrario que Penélope, terminó casándose con un rico pariente propietario de una fábrica de figuras de yeso. Buscaba el imposible de retomar el que parecía ser su futuro si la guerra y el imperio no se hubieran perdido: reencontrarse con Irene y desfilar por la Ringstrasse «todo rodeado por el suave toque de tambores de la marcha de Radetzky».

   Sin embargo, el único desfile que encontró fue el de «hombres jóvenes, armados con bastones [que] marchaban en doble fila detrás de pífanos y tambores[…] Los jóvenes marchaban con rostros serios, nadie decía una palabra, marchan hacia un ideal». Ese ideal de cruces gamadas no era el suyo, es más, no sabía realmente si lo que buscaba era un ideal. Era un héroe perdido que lo que se encontró fue una Europa burguesa que miraba asustada a la Revolución. Una palabra que asociaba a «débiles imágenes de barricadas, populacho y [al] profesor de historia de la escuela militar». Y bien que vivió la Revolución, ya que llegaría participar en la sangrienta Guerra Civil rusa (1919-1920) por el amor a la camarada Natacha, una bolchevique fanática que lo llevó por los campos de batalla de Ucrania, el Cáucaso, el Volga y los Urales. Sin embargo, pronto descubrió que el amor de su Circe era un espejismo que acabó en hartazgo por la revolución y el nuevo orden soviético, donde «no existía la vida privada», en palabras de Strelnikov, otro fanático bolchevique, que era uno de los personajes de la película Doctor Zhivago (1965). Tunda acabaría descubriendo que la Revolución no se hacía contra la pérfida burguesía sino «contra los panaderos, contra los camareros, contra los pequeño vendedores, los ínfimos carniceros y los criados de hotel sin ningún poder».

   El autor nos dice que Tunda descubrió que ante todo era un hombre libre, «en el fondo era un europeo, un “individualista”, como dice la gente culta. Para vivir plenamente, necesitaba situaciones complicadas». Un europeo como su amigo Zweig, otro judío errante que sólo le sobreviviría unos años más.

   Tunda era un héroe crepuscular que sin pretenderlo buscaba a una mujer que simbolizaba todo lo que él entendía por hogar. Era como el personaje que interpretaba John Wayne en la película de John Ford Centauros del desierto (The Searchers, 1956). Como el austríaco, era un excombatiente de una causa derrotada que buscaba a su sobrina, la joven Natalie Wood, que había sido raptada por los indios. Esta búsqueda de lo femenino es la misma que retrataría el novelista Charles Freizer en Could Montain (1997) y que el cine también hizo popular en una película homónima.

   Pero en nuestro caso, el joven Tunda se dio cuenta que su mundo no estaba en aquella Europa de superviviente. «En ese mundo no se sentía en su lugar. ¿Dónde estaba su lugar? En las fosas comunes». Si recuerdan, es lo mismo que pensaba otro héroe postimperial, el exoficial Menis (El Estandarte, 1934). Frente a la tumba al soldado desconocido en París, bajo el Arco del Triunfo, se dio cuenta que ésta no se hizo para honrar a los muertos sino para tranquilizar a los supervivientes. Roth anticiparía el que sería su estado de ánimo alcoholizado en el París que le vio morir al decir que su personaje se sentía como «si todos estuviéramos allí abajo, todos los que salimos un día de nuestra tierra, los que cayeron y fueron enterrados y los que volvimos pero nunca regresamos a ella, pues da lo mismo que estemos vivos o enterrados. Somos extraños a este mundo, venimos del reino de las sombras».

   Sombrío final que le llevaría a vivir en hoteles ya que su hogar  desapareció un 28 de junio de 1914 y fue enterrado definitivamente un 30 de enero de 1933. En palabras del Antonio Muñoz Molina, Roth-Tunda «perteneció a la primera generación sometida a la burocracia patriótica de las fronteras, y por eso añoró más la benévola libertad de movimientos del imperio austro-húngaro. Perdido aquel país, ya no se asentó en ningún otro. Decía que ya solo los hoteles despertaban su lealtad patriótica».

 
 
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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

SIEMPRE NOS QUEDARÁ VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 8). Por Pablo Romero Gabella

GEORG TRAKL: LA DECADENCIA DE UN IMPERIO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 9). Por José Miguel Ridao

 
 

VENUS DE ÉBANO [POEMA DE «VIAJE» (1979-2017)]. Lauro Gandul Verdún

 
 

matisse-desnudo-azul

Desnudo azul III
Matisse
1952
(Pinche en la pintura para escuchar la declamación del poema por su autor)

 
 

La desnuda zaireña de ébano, venus africana,
se recoge coqueta el rizadísimo cabello.
Sobre las nalgas el dorso huesudo de la mano.
Así se contonea
mientras con abiertos ojos mira el suelo.
Policromada la faz de barros,
bosques afilados sus cejas,
sus carnosos labios son ya un beso.
Ahí está desde abril junto a sirenas y tritones,
magos y violinistas.
En la algarabía de un mercado
a la sombra de una alameda,
evidentemente distinta de todas,
se hizo la encontradiza
para regalo definitivo de mis brazos.

 
 
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1ª edición en CARMINA del poema el 6 de octubre de 2011:

VENUS AFRICANA. Poema de Lauro Gandul Verdún

 
 

BIBLIOTECA. [POEMA DE «VIAJE» (1979-2017)]. Lauro Gandul Verdún

 
 
Shakespeare & Company 4

Shakespeare & Company Library
[Foto: (donde se ha de pinchar para escuchar la declamación del poema por su autor):
LGV París 2006]

 
 

1

 

   Entre las manos
Sometido e indolente
El viejo libro
Frente a unos ojos
Acostumbrados al deseo
Que así miran
Como al mundo
Las líneas de signos
Aparentemente monótonas

Como la hojarasca se quiebra
Con las pisadas del paseante
Y canta
Así suena el paso de las hojas
Ésa es su música
Cuando tocado con la yema de los dedos
El papel
Que comunica su textura
Se deja llevar ceñido
Sólo cuando le tocan
Acariciando

Como fondo la biblioteca
Allí lee el bibliotecario
Su dueño y su siervo

 
 

2

 

Huelen las bibliotecas a tierra y a templo
A mirada y a tacto
A vida y a silencio
Huelen las bibliotecas a sueño y a idea

Los anaqueles y los libros
Se transmiten
Su origen de bosque
Por donde las palabras exhalan su bruma
De selva y ciudad
De huerta y rascacielo
De paz y de guerra

Además tienen un nombre
Las bibliotecas
De persona
Que mira
Toca
Vive
Calla
Sueña
Concibe
Huele
Explora
Sufre
Siembra
Construye
Ama.

 
 

SOBRE EL MAR EL MISMO CIELO QUE SOBRE EL CAMPO [POEMA DE «VIAJE» (1979-2017)]. Lauro Gandul Verdún

 
 
ROTA LGV 2011 2

Los Corrales
[Foto
(donde se ha de pinchar para escuchar la declamación del poema por su autor):
LGV Rota 2011]
 
 

   Sobre el mar el mismo cielo que sobre el campo
Cielo de mañana azul
Puro
Celeste
Y vasto

   Toda la bóveda sin una nube sobre el mar
Sobre el campo
Basta para un universo

   Abro y cierro los ojos
Los pies siempre pisan arena cierta

   Cierro los ojos no importa cuánto
Y sin embargo ni es la noche ni la ceguera

   Abro los ojos el mismo día infinito
Azul
Puro celeste
Y vasto.

 
 

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1ª edición en CARMINA del poema el 16 de abril de 2011:

SOBRE EL MAR EL MISMO CIELO QUE SOBRE EL CAMPO. Lauro Gandul Verdún