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CONSUMISMO POLÍTICO. María del Águila Barrios

 

Dibujos de Xopi 004

La ceguera 4 (Detalle)
(Técnica mixta)
Xopi
2008

 

«Tendencia inmoderada a adquirir, gastar y consumir bienes, no siempre necesarios.» Leemos la acepción de la palabra consumismo en el diccionario de la R.A.E. ¿Cómo habría de denominarse, en el caso del título de este artículo, una definición que parafraseara la anterior? ¿Sería «Tendencia inmoderada a opinar, gastar subvenciones y consumir impúdicamente en público una actividad política realmente innecesaria»?

   Habría de ser un término donde se comprendiera esa múltiple proliferación de personajes políticos y movimientos de toda gama que sólo adquiere hoy en día entidad por mor de la estupidización de las masas acríticas.

   Por un lado están los que nos asaltan habitualmente con su vocación de candidatos y que no son unos pocos sino que forman auténticas troupes. Juntos o por separado debemos saber que se lo pasan pipa y que les entra un cosquilleo al caer en lo poco que tienen que hacer para ganar mucho, y poder ser ellos los más consumistas, políticamente hablando. Porque como les es fácil llenar sus bolsillos con el dinero público, el que fácil lo gana fácil decide gastarlo.

   Otros grupos, más o menos cercanos, más simpatizantes o menos de los anteriores, van creando grupúsculos de pequeñas organizaciones tiranuelas, monocráticas; que acaban formando una tenaza cruel cuyo único fin es divertirse desmembrando palabras, mundos, lazos y vínculos humanos, sólo para pegar el salto a cualquier poltrona donde, por fin, se convertirán en los que ya allí estuvieron,que es su deseo: demostrar al mundo que son capaces de representarnos siendo unos animalistas, feministas, microsindicalistas, asesores de género… Auténticos expertos en atajos de éxito ocupacional, ligeros de curriculum (si algo les hubiera gustado que estuviera en su lista no importa lo incluyen y si los descubren no pasa nada), hacen su carrera entre las lianas de las neorreivindicaciones y tupidamente se extienden borrando los últimos ecos que sobreviven de la democracia con sus dictaduras que imponen invocando aquélla.

   No dejan a la gente en paz. No dejan que la gente escriba en paz. Que haga fotografías en paz. Han llenado todo con el veneno de un puritanismo intragable. Están dando una tabarra injustificada sobre un universo de signos cotidianos que el pueblo ha tardado siglos en tomar una forma justa.

 

[La voz de Alcalá, 15 al 30 de junio de 2017, año XXVI nº 455]

 
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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.
 

DIARIO FOTOGRÁFICO (II). Por Lauro Gandul Verdún (Lisboa, 10 DE FEBRERO A 1 DE MAYO 2017)

 
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18 de febrero

 
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10 de marzo

 

«HORA 0» (FRAGMENTO). Ernesto Cardenal

 

Ernesto Cardenal y Nicolás Guillén 1970

Ernesto Cardenal (1925) y Nicolás Guillén (1902-1989)
Cuba
1970

 

Los campesinos hondureños traían el dinero en el sombrero
cuando los campesinos sembraban sus siembras
y los hondureños eran dueños de su tierra.
Cuando había dinero
y no había empréstitos extranjeros
ni los impuestos eran para Pierpont Morgan & Cía.
y la compañía frutera no competía con el pequeño cosechero.
Pero vino la United Fruit Company
con sus subsidiarias la Tela Railroad Company
y la Trujillo Railroad Company
aliada con la Cuyamel Fruit Company
y Vaccaro Brothers & Company
más tarde Standard Fruit & Steamship Company
de la Standard Fruit & Steamship Corporation:
La United Fruit Company
con sus revoluciones para la obtención de concesiones
y exenciones de millones en impuestos de importaciones
y exportaciones, revisiones de viejas concesiones
y subvenciones para nuevas explotaciones,
violaciones de contratos, violaciones
de la Constitución…
Y todas las condiciones son dictadas por la Compañía
con las obligaciones en caso de confiscación
(obligaciones de la nación, no de la Compañía)
y las condiciones puestas por ésta (la Compañía)
para la devolución de las plantaciones a la nación
(dadas gratis por la nación a la Compañía)
a los 99 años…
«y todas las otras plantaciones pertenecientes
a cualquier otra persona o compañías o empresas
dependientes de los contratantes y en las cuales
esta última tiene o puede tener más adelante
interés de cualquier clase quedarán por lo tanto
incluidas en los anteriores términos y condiciones…»
(Porque la Compañía también corrompía la prosa.)
La condición era que la Compañía construyera el Ferrocarril,
pero la Compañía no lo construía,
porque las mulas en Honduras eran más baratas que el Ferrocarril,
y «un diputado mas barato que una mula»
—como decía Zemurray—
aunque seguía disfrutando de las exenciones de impuestos
y los 175.000 acres de subvenciones para la Compañía,
con la obligación de pagar a la nación por cada milla
que no construyera, pero no pagaba nada a la nación
aunque no construía ninguna milla (Carías es el dictador
que más millas de línea férrea no construyó)
y después de todo el tal ferrocarril de mierda no era
de ningún beneficio para la nación
porque era un ferrocarril entre dos plantaciones
y no entre Trujillo y Tegucigalpa.
Corrompen la prosa y corrompen el Congreso.
El banano es dejado podrir en las plantaciones,
o podrir en los vagones a lo largo de la vía férrea,
o cortado maduro para poder ser rechazado
al llegar al muelle, o ser echado en el mar;
los racimos declarados golpeados, o delgados,
o marchitos, o verdes, o maduros, o enfermos:
para que no haya banano barato.
o para comprar banano barato.
Hasta que haya hambre en la costa Atlántica de Nicaragua.
Y los campesinos son encarcelados por no vender a 30 ctvs
y sus bananos son bayoneteados
y la Mexican Trader Steamship les hunde sus lanchones,
y los huelguistas dominados a tiros.
(Y los diputados nicaragüenses invitados a un garden party).
Pero el negro tiene siete hijos.
Y uno qué va a hacer. Uno tiene que comer.
Y se tienen que aceptar sus condiciones de pago.
24 ctvs el racimo.
Mientras la subsidiaria Tropical Radio cablegrafía a Boston:
«Esperamos que tendrá la aprobación de Boston
la erogación hecha en diputados nicaragüenses de la mayoría
por los incalculables beneficios que para la Compañía representa.»
Y de Boston a Galveston por telégrafo
y de Galveston por cable y telégrafo a México
y de México por cable a San Juan del Sur
y de San Juan del Sur por telégrafo a Puerto Limón
y desde Puerto Limón en canoa hasta adentro en la montaña
llega la orden de la United Fruit Company:
«La iunai no compra más banano.»
Y hay despido de trabajadores en Puerto Limón.
Los pequeños talleres se cierran.
Nadie puede pagar una deuda.
Y los bananos pudriéndose en los vagones del ferrocarril.
Para que no haya banano barato.
Y para que haya banano barato.
19 ctvs el racimo.
Los trabajadores reciben vales en vez de jornales.
En vez de pago, deudas.
Y abandonadas las plantaciones, que ya no sirven para nada,
y dadas a colonias de desocupados.
Y la United Fruit Company en Costa Rica
con sus subsidiarias la Costa Rica Banana Company
y la Northern Railway Company y
la International Radio Telegraph Company
y la Costa Rica Supply Company
pelean en los tribunales contra un huérfano.
El costo de descarrilamiento son 25 dólares de indemnización
(pero hubiera sido más caro componer la línea férrea)
Y los diputados, más baratos que las mulas —decía Zemurray.
Sam Zemurray, el turco vendedor de bananos al menudeo
en Mobile, Alabama, que un día hizo un viaje a Nueva Orleáns
y vio en los muelles de la United echar los bananos al mar
y ofreció comprar toda la fruta para fabricar vinagre,
la compró, y la vendió allí mismo en Nueva Orleáns
y la United tuvo que darle tierras en Honduras
con tal que renunciara a su contrato en Nueva Orleáns,
y así fue como Sam Zemurray buso bresidente en Jonduras.
Provocó disputas fronterizas entre Guatemala y Honduras
(que eran entre la United Fruit Company y su compañía)
proclamando que no debía perder Honduras (su compañía)
«una pulgada de tierra no sólo en la franja disputada
sino también en cualquier otra zona hondureña
(de su compañía) no en disputa …»
mientras la United defendía los derechos de Honduras
en su litigio con Nicaragua Lumber Company
hasta que la disputa cesó porque se alió con la United
y después le vendió todas sus acciones a la United
y con el dinero de la venta compró acciones en la United
y con las acciones cogió por asalto la presidencia de Boston
(juntamente con sus empleados presidentes de Honduras)
y ya fue dueño igualmente de Honduras y Guatemala
y quedó abandonada la disputa de las tierras agotadas
que ya no le servían ni a Guatemala ni a Honduras.

 

[Las mejores poesías de la lengua castellana.
Editorial M. E. EDITORES, S.L.
Madrid 1995.
Págs. 755-758]

 

DIARIO FOTOGRÁFICO (I). Por Lauro Gandul Verdún (Lisboa, 10 DE FEBRERO A 1 DE MAYO 2017)

 
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10 de febrero

 

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12 de febrero

 

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17 de febrero

 

LA GALLINA DE HONORIO. Por José Manuel Colubi Falcó

 

EL EMPERADOR HONORIO por Jean-Paul Laurens 1880

El emperador bizantino Honorio
(384-423)
Jean-Paul Laurens
(1838-1921)

 

«Después de haber engrandecido tan brillantemente a la iglesia, moría Teodosio Máximo dejando como sucesores a sus dos hijos. Y determinaba que el mayor de los cuales [i. e. Arcadio] ejerciera el mando sobre los pueblos que miran a la Aurora, y en manos del menor, Honorio, puso el imperio de los de los del Véspero. Ambos fueron concordes con el padre por lo que toca a la religión, pues éste, al morir, no les hacía otra exhortación que la de guardar cumplidamente la piedad, por medio de la cual —les exponía— sobreviene la paz, se pone fin a la guerra, se levantan trofeos y preside la victoria, todo de parte de Dios.»

   Así resume Nicéforo, historiador de la iglesia (floruit 1320), la última voluntad de Teodosio. Sus hijos heredan, pues, un Imperio Romano dividido definitivamente en dos, mas sin méritos; del mayor se ha escrito que era un auténtico zote, y del menor nos da una idea la historia que cuentan el cronista bizantino Cedreno (siglo XI) y el historiador Zonaras (fl. 1130).

   Cedreno dice: «… y la tan grande Roma, que había abundado en fuerza y en la mayores delicias, y esclavizado, por así decir, a toda la ecúmene, […] había quedado desierta. Sufrió tal conquista en el mes de agosto, día vigesimosexto, indicción novena, en el año de la fundación del mundo cinco mil novecientos sesenta y cinco. Habiéndose oído esto en Ravena, uno dio la noticia a Honorio, entre lágrimas y suplicante: “Oh, señor, Roma ha sido tomada por Alarico, el caudillo de los vándalos.” Éste, contraído por el dolor y dándose golpes con las manos, dijo: “Aquí estaba esta mañana, ¿cómo pudo ser capturada por los godos?” Mas aquél, entre lamentos, añadió: “No digo el ave, señor, sino la ciudad.” Y éste, a su vez, contestó: “Hombre, me pusiste fuera de mí. ¡Yo creía que decías el ave!” Y es que tenía una gallina de la que estaba muy orgulloso y a la que precisamente llamaba «Roma». Tanta necedad había, a rebosar, en él, por no decir indicio de imbecilidad. Y no es extraño que, siendo así, fuera basileo, pues también otros tales estuvieron al frente de Roma, cuyas prácticas e impulsos irracionales es imposible ofrecer al oído; piensa en los nerones, los avitos, los galbas y todo el enjambre de esa ralea.» Y Honorio muere de hidropesía, después de haber vivido cuarenta años y sido basileo treinta y uno, dejando una memoria infame e indecorosa (Zonaras).

 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de mayo de 2017, año XXVI nº 453]

 

É PROIBIDO AFIXAR ANÚNCIOS NESTA PROPRIEDADE. Fotografía de Lauro Gandul Verdún (Lisboa, 2017)

 
AZULEJOS LISBOA 22
 

SIEMPRE NOS QUEDARÁ VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 8). Por Pablo Romero Gabella

 
El tercer hombre (cartel de la película)

Cartel de la película El tercer hombre
Carol Reed
(1906-1976)

 

Viena: zona cero del mito habsbúrgico. El lugar de los lugares, el santuario para los peregrinos creyentes en lo imposible y también para los turistas del paquete Viena-Praga-Budapest («¡por favor, sigan a la señorita del paraguas rojo!»). La ciudad imperial de deseos confesos de vals y kitsch, tal como el mundo pudo ver por tv el pasado concierto de año nuevo, en ese plano contra plano de la bella actriz española y el joven director venezolano;  mientras, tomaban acta de todo ello señoras orientales con kimono a juego.

   El jurista y político Francisco Sosa Wagner en la introducción de una obra de la cual ya sabrán en esta sección, escribe que «las ciudades, como los hombres, son alegres, tristes, lujuriosas o continentes, apacibles o levantiscas…Y desde luego, elegantes y chabacanas. Viena es la elegancia». ¿Y cuál es la razón de esta elegancia vienesa que a todos parece atraparnos?  Dejemos que el profesor Sosa Wagner nos ilustre:

   «Estoy aludiendo a la elegancia como sencillez y, sobre todo, a la elegancia de la generosidad. Porque Viena dejó de ser la capital de un imperio con más de cincuenta millones de habitantes al finalizar la Gran Guerra para convertirse en la capital de un país pequeño con poco más de ocho. Esta amputación verdaderamente drástica y dramática, hubiera enojado de manera irreversible a cualquier otra ciudad, la hubiera amargado… A Viena, no. Viena aceptó esa mutilación y…salió fortalecida…dispuesta a seguir siendo la gran ciudad que fue, a no dejarse arrebatar el cetro del arte y del buen gusto. Sólo una ciudad elegante puede comportarse de esta forma…»

   El Imperio le dio la elegancia y ésta jamás se perdió. Para el profesor y para toda la cofradía de la Cripta de los Capuchinos, la  esencia de la ciudad de los aristócratas, de los burgueses judíos, de los pintores en bata, y de psicoanalistas y músicos que los necesitaban, no ha muerto del todo, a pesar de que en 1938 los nazis extirparan con su brutalidad habitual a toda su influyente comunidad judía, y muestra de ello son los dos cadáveres dormidos de Petrópolis.

   Del mismo modo he encontrado una referencia curiosa en  Doce cuentos peregrinos (1992), la colección de relatos que García Márquez dedicó a su visión de Europa y de los europeos. Y no es baladí que en relato titulado «Me alquilo para soñar», haga la siguiente referencia a Viena, la elegante:

   «Viena era todavía una antigua ciudad imperial, cuya posición geográfica entre los dos mundos irreconciliables que dejó la Segunda Guerra había acabado de convertirla en un paraíso del mercado negro y el espionaje mundial. No hubiera podido imaginar un ámbito más adecuado para aquella compatriota fugitiva…»

   Viena, la ciudad imperial donde una señora logra un trabajo que consiste en contar sus sueños: toda una declaración de intenciones. Pero a la vez, es la Viena de postguerra, de la verdadera, de la del 45. Mercado negro, espías y una fugitiva. Unos ingredientes que nos son conocidos a todos (bueno, a todos los que aún pensamos que el blanco y negro no es el nuevo naranja guantanamero de la incultura). Me estoy refiriendo a El tercer hombre, la película dirigida por Carol Reed en 1949 con un guión del escritor británico Graham Greene. Y también con la inolvidable música de Anton Karas, con el sonido inconfundible de su cítara que  tiene algo de fado porque es un lamento irónico.

   Un año después se publicó el guión en forma de novela debido a que Greene pensaba que «es imposible escribir el guión de una película sin antes escribir un relato. Una película no depende sólo de una trama argumental, sino también de unos personajes, un talante y un clima, que me parecen imposibles de captar por primera vez en el insípido esbozo de un guión convencional«.

   Para documentarse visitó, junto al director, la Viena horadada por las bombas soviéticas, empobrecida y humillada por la ocupación de las cuatro potencias y donde ya se podía sentir el olor a guerra fría. Para Greene nada quedaba de su supuesta grandeza y mucho menos de la elegancia a la cual se refiere Sosa Wagner. En la Viena postmítica, una vez retirados los oropeles del imperio y de su imitación malnacida del Reich nazi, solo quedaba la desnudez de la geografía urbana. Viena quedó desnuda a sus ojos y allí puso a sus personajes, todos perdedores y que magníficamente interpretaron Joseph Cotten, Orson Welles y Alida Valli.  La geografía vienesa nos quedó marcada en la noria del Práter y en sus enormes alcantarillas, que de tan ordenadas que eran no parecían albergar ninguna pestilencia. ¿Podría ser esto la elegancia de una ciudad?

   Pero volvamos a Greene. Al comienzo de su novela, nos relata la historia —«una historia fea, siniestra, triste y monótona»— el oficial británico Colloway (en la película, lo interpretaba el siempre eficaz Trevor Howard) y nos ofrece el siguiente retrato de Viena:

   «No conocí la Viena de entreguerras y soy demasiado joven para recordar la Viena de entreguerras con su música de Strauss y su encanto fácil y falso; para mí era sencillamente una ciudad cubierta de ruinas sin dignidad…No tengo suficiente imaginación para visualizar cómo fue antes…»

   Sin embargo, muchos —al contrario que el flemáticamente pesimista Colloway— aún seguimos  teniendo la suficiente imaginación para pensar que siempre nos quedará Viena.

 
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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

 

LISBOA. Por Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001)

 

Parque Florestal de Monsanto

Monsanto

 

Aquí dejamos otro fragmento del diario de Sandra Dugan. Cuenta su estadía en Lisboa que sería durante los primeros meses de 1971. Dentro del diario hemos encontrado una foto con la pintura del puerto de Macao que según nos cuenta colgaba del salón de la pensión de Castelo Branco. Aprovechando un reciente viaje a Lisboa hemos visitado el parque de Monsanto y localizado la pensión, ahora en estado de abandono. Hemos fotografiado los lugares mencionados en este fragmento para que el lector tenga viva imagen de lo que se relata. 

Olga Duarte y Lauro Gandul

 

Muchas veces me había perdido, queriendo, en Monsanto. Pero a partir de que me contaran que aquella sierra no había criado durante siglos sino pastos y matojos hasta que hace unos treinta años, semilla a semilla, fueron sembrados los árboles que forman el espeso bosque que la cubre, ya no me era posible visitar el lugar desde las perspectivas, más o menos bucólicas, más o menos impresionistas, que me habían servido para abordar aquel majestuoso espacio. Las colinas que habían sido calvarios, por la mano del hombre venían a ser suelo de una intrincada y extensa espesura. Ya no iba a ser nunca igual. Ahora que vuelvo a Monsanto y que llevo un tiempo largo caminando bajo lo que parece una única copa, un techo vegetal interminable, me paro a descansar un poco sentándome bajo una  encina y vuelvo a considerar que esta selva no ha venido a ser aquí por el azar de la naturaleza, sino por la tenaz voluntad humana. Ésta es la doble cuestión, entrecruzada, por la que ahora vengo a escribir sobre Monsanto: la voluntad humana como azar de la naturaleza.

   Hubo que arar y en los surcos, en los lomos, sembrar. Agricultura efímera, mas como puerta sólo concebida para abrirse. Cultivar el tiempo justo para que los troncos fueran ascendiendo y engordando hasta anular lo rugoso provocado por el arado, por la roturación de miles de jóvenes entusiasmados por conquistar la generación de una masa forestal. Y así fue. Las multitudes soñaron los árboles y por ello pudieron sembrarlos. Ahora la sierra es además un bosque.

   Caminar y escribir. Bajo una encina, como venía diciendo, estaba sentada descansando de un largo paseo. Llevaba conmigo una libreta que abrí al azar y encontré este apunte:

   «En un extremo ella. A su derecha dos hermanos. El marido de la hermana a la derecha del hermano. Y a la derecha de éste y en el otro extremo él. A su izquierda la mujer del hermano y más a la izquierda los niños de todos. He aquí una reunión.

   »Los niños beben refrescos y abandonan con sus vasos de colores la mesa. El marido de la hermana habla con su cuñado. La hermana con ella. Con la mujer del hermano él. Vamos a saber de qué charlan. ¿Vamos a saberlo?

   —No es tiempo de alúas.

   —No. A las hormigas con alas sólo se las ve por noviembre. Éstos son otros bichos.

   —Uno ha caído en mi caña.

   »Esto los dos hombres se dicen. Las mujeres otros temas tratan…»

   No deja de ser curioso que la lectura de este fragmento me evoque el lugar donde estoy. Una fuerza atractiva del espacio que me rodea transmuta el escenario donde transcurre la escena del texto. Aunque tengo que reconocer que es una opinión demasiado personal. Lo he puesto para constancia de este trozo de vida inventado. El lector puede desechar las líneas precedentes, sin merma para la lectura de lo que escribo, e incluso desechar leer que la escena familiar me resulta perfectamente posible incrustarla frente a mí ahora mismo, con toda su realidad bien perfilada, más como cine u holograma que como pintura o fotografía. Por tanto, tridimensional como los hechos protagonizados, aparentemente casuales, causados por las palabras que la correspondiente página de la libreta contiene. Realidad pura aquí mismo. Me ha bastado leer.

 

Perspectiva de la fachada de la casona de los Texeira y pensión de doña Mariana

Perspectiva de la fachada de la casona de los Teixeira y pensión de doña Mariana

 

   La pensión es una vieja casona de estilo arte nova construida en 1904. Está en el número 25 de la calle Camilo Castelo Branco frente a una iglesia en construcción y al lado de una estación de bomberos. La casa tiene su historia. Cuando se había decidido levantarla allí todavía la estatua del Marqués de Pombal desde su alto pedestal no contemplaba la avenida de la Libertad. Una gran laguna ocupaba lo que luego sería el Parque Eduardo VII, y el aroma de las huertas cercanas llegaba con el aire. El matrimonio que la mandó construir se había conocido en Macao aunque ambos eran de Lisboa. Ella había viajado a Macao para estudiar los diseños de los estampados de la seda. La familia de él llevaba instalada en la colonia casi cuarenta años dedicada al comercio de tejidos, aunque en cada uno de esos años habían residido en la metrópoli no menos de tres meses. Eran de la Baixa. En una esquina con la calle Áurea frente a la Plaza de D. Pedro IV los bisabuelos de él compraron un edificio de dos plantas y sótano y lo adecuaron para servir como almacén de ventas al por mayor y menor de tejidos. Sólo entre el sótano y la planta baja disponían de casi mil metros cuadrados de almacén. La planta alta suponía otros quinientos metros más pero estaba repartida entre una parte dedicada a tienda y otra, especialmente iluminada por ventanales, la reservaron para vivienda. Allí se había fundado la empresa familiar en 1837 a la que dieron el nombre comercial de Companhia Teixeira de Tecidos. El comercio fue próspero desde el principio y muy reputado por sus sedas exclusivas. Fue precisamente la seda lo que llevó a la familia de él a Macao. Y fue su padre, quien nació en el mismo año de fundación de la empresa, el que decide instalar en Macao un negocio para la compra y la fabricación de sedas lisas y estampadas. A Macao se traslada en 1863 con esa continua discontinuidad de nueve meses en China y tres en Portugal. Sus dos hijos nacen en la Baixa pombalina. José nació en 1867 y llevaba toda su vida entre Lisboa y Macao. Inés Catarina era la primera vez que viajaba tan lejos y conoció a José cuando estaba a punto de concluir sus investigaciones, con ocasión de una visita que como parte de su trabajo realizó a los talleres de estampado de sedas. Él fue muy atento con ella y estaba encantado de poderle explicar lo que sabía y le presentó a los maestros y empleados chinos que realizaban el trabajo. Ella no se iba a imaginar nunca que, meses después, lo volvería a ver una tarde que bajaba del Chiado por el Largo do Carmo. Se casaron pronto. José se hizo cargo del almacén en la Baixa y el resto de la familia siguió en Macao. Ella logró entrar como profesora asistente en la Facultad de Bellas Artes donde había estudiado. Vivieron en el piso de la planta alta habilitada como vivienda por la familia Teixeira hasta que decidieron construir su propia casa.

   Por doña Mariana he sabido la historia de la casa y que la profesora diseñó toda la herrería: el hierro forjado del atrio de entrada a la vivienda, del pórtico elevado sobre el piso de la calle, del balcón principal y de la terraza sobre el pórtico… Esta herrería repintada de blanco llamó mi atención desde el primer momento que pasé por allí y pregunté a la señora que se asomaba por una ventana, en el gallego que mi madre me enseñó siendo niña. No olvidaré la graciosa reacción de doña Mariana al escucharme preguntar: ¿Dónde hay un alojamiento en este barrio? Y con una agradable sonrisa dijo: ¡Aquí mismo!

   Aquella casa del matrimonio Teixeira era ahora la pensión de Castelo Branco donde me iba a alojar por un tiempo indefinido. Era sencilla pero muy luminosa y con solo seis habitaciones. En ese momento tenía disponibilidad. Doña Mariana, menuda y de ojos vivaces, me mostró cuatro de las habitaciones libres. Elegí una en la planta superior sobre el espacio del atrio pues desde esa habitación veía toda la fachada de la casa, las copas de los árboles y el largo de la calle.

 
Macao_fines s. XVIII

Macao a fines del siglo XVIII

 

   Me parece hermoso que doña Mariana haya conservado el mobiliario originario de la casa así que me encuentro durmiendo en una habitación modernista. En el salón y comedor quedan tres grandes cuadros y uno pequeño con una vista del puerto de Macao que pertenecieron al taller de Inés Catarina.

   Con mucha curiosidad por este contraste sorpresivo en mi vida, no dejo de preguntar a doña Mariana en cada momento del día que la encuentro disponible. Me ha enseñado, las tiene guardadas en un arcón, las antiguas cortinas de brocados de seda que habían adornado los ventanales.

   ―Pero, doña Mariana, ¿por qué ha conservado usted todo esto?

   ―Mi madre fue muy amiga de la señora Inés. Vivía aquí al lado y siendo niña se venía a esta casa a verla dibujar. Decía mi madre que el primer círculo que hizo se lo enseñó ella.

   Como doña Mariana no quiere que me vaya sola hacia Monsanto, la iglesia del Sagrado Corazón se ha convertido en otro de mis espacios de observación. Por las mañanas me acerco a ver la gran obra. Así pasan mis días en Lisboa.
 
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AQUEL RAFAEL QUE CONOCÍ UNA TARDE EN MOSCÚ. Por Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001)

A PROPÓSITO DE SANDRA DUGAN (1942-2001). Por Lauro Gandul Verdún y Olga Duarte Piña

«33». Poema de Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001). Moscú 1994-1997

CACAREAN LAS GALLINAS EN EL CORRAL. Por Sandra Dugan (1942-2001)

 

INTOXICACIÓN POLÍTICA. María del Águila Barrios

 

INCINERADORA 7[Foto: Manuel Verpi (Alcalá 2014)]

 

Padezco intoxicación política con demasiada frecuencia y ya empiezo a preocuparme porque no encuentro remedio posible por ahora. Ni siquiera la desconexión me desintoxicaría, ni ningún exit me serviría para salir de esta dolencia. Desenchufar todos los aparatos no me solucionaría este padecimiento, tampoco dejar de comprar la prensa porque, hoy en día, por cualquier orificio se cuela la política: una frase, una imagen, un rumor, un cotilleo…, desde el más sabio al más necio todo el mundo habla de política. Si no es de la más cercana es de la más lejana pero ¿cómo han conseguido los políticos abducirnos?, ¿cómo han conseguido que lo que más preocupe a los españoles sea la política? Ya decía Aristóteles: anthropos zoon politikón, pero dada esta máxima, no estamos ante seres políticos de una política auténtica, que permita el cambio y la transformación y conduzca a la Justicia sino que el político actual es por esencia injusto y sus resultados son espantosos para las personas. El hombre político actual es sensacionalista y una fuente de pesadillas sensacionales.

   Casualmente, mientras escribo estas líneas llega a mis manos esta cita: «Quien busca una relación justa con la piedra, con al árbol, con el río, es necesariamente llevado, por el espíritu de verdad que lo anima, a procurar una relación justa con el hombre. Aquel que ve el espantoso esplendor del mundo es lógicamente llevado a ver el espantoso sufrimiento del mundo. Aquel que ve el fenómeno quiere ver todo el fenómeno. Es apenas una cuestión de atención, de secuencia y de rigor.» (Sophia de Mello Breyner Andresen, 1964).

   Así que me pregunto porqué no somos bien tratados, si han llegado ahí por nosotros que confiamos en la Democracia. No encuentro que nos traten de igual a igual, ni fraternidad, ni atención ninguna, sólo explotación o desamparo, no encuentro la verdad, sólo el engaño y espanto para tenernos cohibidos y acomodados ante cualquier posible cambio que les perjudique a ellos, a los políticos. De un bando y de otro nos asustan con sus falsarias. Nos quitan el dinero de nuestro trabajo para su propio beneficio y con un descaro políticamente sensacional pues ya no se cohíben por su corrupción. ¿Qué podemos creernos de sus discursos traducidos en noticias? «Es apenas una cuestión de atención, de secuencia y de rigor»…, ahí se desvela todo.

 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de mayo de 2017, año XXVI nº 453]

 
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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.
 

EN LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’ LA REVISTA «CARMINA» CON «CRÓNICA DE PARÍS»: LECTURA DE POEMAS CON SAXO. Por Lauro Gandul Verdún y César Herrera Serrada (Alcalá, 18 de mayo de 2017)

 

(Vídeo: Alberto Mallado)

 

14

 

Yo no quiero morir en París
Pero estos muertos son divinos
Cortázar
Tzara
Morrison
Ionesco
Asturias
Chopin…

 

15

 

A quien no conozco de ti deseo
A tu desconocida amo
A la que tú eres para otros
Labios
A esa quiero yo besar
Muy lentamente
Sin conocerla de nada
Sin saber nada que pese
Sobre mi pulso
Sin saber nada de nada
Ni de nadie
Olvidado de mí
De todo
Y sólo amar
Y todo para amar
Y nada para nadie.

 

[Lauro Gandul Verdún. Crónica de París (2ª edición).
Ed. Padilla Libros Editores & Libreros. Sevilla 2017.
Págs. 43-45]