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«CIELOS» DE AUXILIADORA LÓPEZ. Por Olga Duarte Piña 2011

COMO perfil del horizonte, un castillo; unos pinos. Como espejo de un azul invertido, unos molinos; unos peces. Como lecho del cielo, una ciudad que titila. Crepúsculos en espacios sin fin, donde se adentra la imaginación dejándose envolver por amarillas nubes, vientos anaranjados, vapores violetas. Y allá, en las espesuras, en los eucaliptales, entre la piedra, el viento. En esta inmensidad donde se estiran los cielos, más allá de lo perceptible, la realidad surge de nuevo. Pienso en lo eterno, en las estaciones que van y vienen, en su rumor. La inmensidad llena el pensamiento, lo hace vivo, se renueva contemplando estos cielos.

Auxiliadora López ha sabido ver lo infinito de los cielos, lo infinito de sus reflejos, su sobrehumano silencio. Generosamente entrega a nuestras miradas sus emociones. Ahí están su asombro, su predilección, su sobrecogimiento, la dulzura, la quietud, el misterio.

Siento ante estas acuarelas que Auxiliadora López ha tenido en sus manos los instantes últimos del día, mas en sus pinceles dejó guardados los destellos de cualquier tarde alcalareña.

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25 DE FEBRERO DE 2011, INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN «CIELOS» DE AUXILIADORA LÓPEZ, A LAS OCHO DE LA TARDE EN LA CASA DE LA CULTURA DE ALCALÁ DE GUADAÍRA

ANACARSIS ESCITA. Por José Manuel Colubi Falcó

 

Xilografía de los Siete Sabios de Grecia

realizada por Hartmann Schedel para el «Liber Chronicarum»,

impreso en Núremberg

en 1493

 

Dice Diógenes Laercio, en sus Vidas de Filósofos, que Pitágoras fue quien acuñó el término filosofía, que se llamó a sí mismo filósofo y dijo que ningún hombre es sabio, sino que sólo Dios lo es. Y añade que pronto aquélla llamóse sabiduría, y sabio el profesante que habría laborado con esmero en la excelencia del espíritu; que filósofo es el que ama la sabiduría, y que los sabios eran llamados sofistas, pero no ellos solos, sino también los poetas.

   Con ello entramos en la historia de los «Siete sabios de Grecia», que, según se nos contaba antaño en la escuela, eran hombres amantes del saber, gobernantes o legisladores, y fueron: Tales de Mileto, Solón de Atenas, Periandro de Corinto, Cleobulo de Lindos, Quilón de Esparta, Bías de Priene y Pítaco de Mitilene. Siete en total, pero en la repesca se añaden otros: Anacarsis escita, Misón queneo, Ferecides de Siros y Epiménides de Creta. Algunos pretenden incluir a Pisístrato, tirano de Atenas.

   Veamos que nos dice de Anacarsis la historia: Escita de sangre real y madre griega, conocía ambas lenguas y le fue fácil visitar Grecia. En Atenas gozó de la hospitalidad, amistad y doctrina de Solón, y luego, helenizado, regresó a su tierra, donde murió «asesinado –dice él- por la envidia».

   El mar no le inspira confianza, pues, habiéndose enterado de que el grosor de las naves es de cuatro dedos, dice: «Tanto distan de la muerte los que navegan»; o cuando uno le pregunta si son más los vivos o los muertos, demándale él en qué lugar sitúa a los navegantes; y, en fin, consultado sobre qué naves considera más seguras, responde: «Las varadas en la orilla».

   Contado entre los legisladores, de sus dichos se deduce que en el vino no veía –como los más de aquéllos- atenuante. Así, dice que en la cepa hay tres racimos: el primero, del placer, el segundo, de la embriaguez, y el tercero, del desplacer; que en las tabernas mienten incluso quienes prohíben mentir, y que el único medio de no ser borracho es tener ante los ojos las indecencias de los borrachos.

   Hombre universal, templado, amante de la verdad, a un ateniense que se le mofa por ser escita, responde: «Mi patria es mi vergüenza, pero tú eres el deshonor de la tuya»; le sorprende que compitan los artistas y que sus críticos no sean artistas, y predica la moderación en el vientre, el sexo, la lengua. En fin, profundo conocedor de esa lengua, que es lo mejor y lo peor que hay en el hombre, dice que el ágora (donde se celebran asambleas, mercados y se administra justicia) es lugar definido para mutuos engaños y fraudes.

 

JEAN RIEN Y LOS DOS FABRIZIO (PARTE PRIMERA). Por Rafael Rodríguez González

 

 A usted, si es que leyó en ESCAPARATE (1) este verano pasado lo que se publicó sobre Fabrizio Cobertori Ilmanta «Un italiano en la corte de Joaquín el de la Paula»), puede que le interese lo que viene a continuación, donde se relatan hechos ciertos, comprobados y comprobables, que alguna relación guardan con aquello.

 

 

 Andrés Asido fue funcionario de Correos entre 1901 y 1926. Era Andrés persona de grandes inquietudes, gran aficionado a la lectura, a las ciencias, a todo, en fin, lo que supusiera ejercicio intelectual. No obstante, en lo que más destacaba era en el celo que ponía en sus funciones. Ni una carta extraviada, ni un despacho sin arribar a su destino, ni un encargo irrealizado, ni un usuario desatendido. Amaba su trabajo (la comunicación humana, decía él) y lo demostraba día a día. Asido estaba considerado por los vecinos como una de las tres personas imprescindibles del municipio. Decir que las otras eran los enterradores no es desmerecer la figura de Andrés, más bien lo contrario. Dos lo eran para despachar a los muertos, Asido para atender a los vivos.

 

Un paquete para Fabrizio Cobertori

 Un día, pasados ya dos meses desde la partida de nuestro italiano, quiero decir del que vivió en Alcalá durante tanto tiempo, y cuando ya se conocían las irreparables consecuencias del naufragio del Until Here, llegó a la oficina de Correos, sita entonces en la calle de Juan Abad (2), un paquete dirigido a Fabrizio Cobertori Ilmanta. Andrés observó que el envío procedía de Barcelona y que el remitente era un tal Jean Rien de Colombey-les-Deux-Églises, indicando como lugar de residencia una casa de huéspedes en el número 17 de la calle del Bisbe, llamada «Pensión Corbacho».

            Asido dudó qué hacer con el paquete. ¿Devolverlo al remitente?, ¿abrirlo por si contenía algo de interés sobre el difunto Fabrizio o su señora, en el sentido de tener que realizar algún trámite o comunicar con alguien? Andrés optó por lo segundo. Asido era hombre curioso, pero de ningún modo por estar afectado de propensión al fisgoneo. Su interés era movido por el ansia de servir, de ser útil a quien lo necesitara, porque Andrés no era un simple y acomodadizo funcionario, sino un verdadero servidor público. Todo el mundo sabe que ejemplos de ese tipo nunca han abundado (véase la nota 2).

            Abrió por fin el probo funcionario el atadijo y se encontró con dos libros y una carta. Como estaba escrita en italiano (los libros en francés), y aunque le resultara en gran parte inteligible, decidió ponerla en manos de su amigo Jaume Lluis Traster de Forniqué y Pons, profesor en la Universidad de Sevilla (este hombre veraneaba cada año en Alcalá, de ahí su amistad con Asido). Andrés quedó confuso tras la lectura de lo traducido, porque… pero leamos la carta de Jean Rien y seguiremos después.

 

«Barcelona, 29 de Febrero de 1920

 

Admirado amigo:

 

            Después de casi dos años sin noticias suyas, he sabido de su estancia en Alcalá de Guadaíra. Se lo debo a un viajero que subía al tren en Barcelona, muy apresuradamente, para dirigirse creo que a Madrid. Oí de labios de ese señor, al despedirse de otro que desapareció entre el gentío del andén antes de poder dirigirme a él, que Fabrizio Cobertori residía en tan pintoresco lugar de Sevilla, recomendándole encendidamente, o al menos así me pareció, que le frecuentara. Ni que decir tiene que albergo todas las esperanzas de que se encuentre bien de salud y a seguro resguardo de sus pérfidos perseguidores, que tan ridícula pero gravemente han estado haciéndole a usted la vida poco menos que imposible.

            He tenido el atrevimiento de enviarle mis dos últimos libros. En Lo desmedido de lo transcendental en la cotidianeidad incesante he querido mostrar (usted en su sabiduría juzgará si acertadamente o de frustrada manera) la enorme distancia existente en todas las épocas entre la entrega del hombre a una causa, en el caso de ser noble, y las posibilidades reales del éxito de esa dedicación. En el más reciente, obra sobre todo divulgativa, De la pretensión generalizada de la sabiduría, me refiero a una presunción común a todos los seres humanos, a saber: sabemos de todo, aun sin saber lo que es saber, tampoco lo que es todo y mucho menos de qué se compone ese todo ni cada una de sus partes en sí y en relación al todo en su conjunto y a las demás. 

            ¡Cuántos de sus admiradores, diría que todos si no hubiera algunos que le creen sin vida, esperamos un  nuevo libro de usted! El último que llegamos a conocer, La impronta contingentista en el pensamiento relativista alemán del primer lustro del siglo XVIII, nos dejó a todos tan admirados que leerlo una y otra vez se ha convertido en un placer del que gozamos a diario. Permítame la osadía de considerar esa obra incluso superior, si es que tal cosa fuese posible, a la que de entre las suyas siempre se ha tenido por cimera: Historia de la relación entre iguales subjetivos a través de condicionamientos preestablecidos en el curso de la Reforma.

            En estos momentos, por motivos que me resultaría muy enojoso contarle, me es imposible desplazarme hasta Sevilla, de modo que espero poder mantener la correspondencia que siempre me ha resultado tan grata y necesaria. Le agradeceré que en su primera carta me indique su domicilio, para no tener que recurrir nuevamente a la fórmula que en esta ocasión he empleado, y que no es otra que confiarse a la suerte de que en la oficina de correos haya alguna persona que se preocupe de hacerle llegar el envío.

            Le expreso mi más ferviente deseo de que cuanto antes pueda reintegrarse a la luz pública y seguir así aportando a la Humanidad todo su saber, libre ya de ser objeto de odios absurdos. Por si en algo le sirviere de consuelo, me place comunicarle que el general Encabritiatto, según me han informado algunos amigos de fiar, está gravemente enfermo. No obstante, algunos de sus catorce hijos siguen en sus trece y no cejan en sus lamentables propósitos.

            Le reitero mis más sinceros saludos y el más exaltado deseo de bienestar.»

 

 

 

1. También puede encontrarlo en este mismo blog.

 

2. El conocimiento de que la oficina de Correos se hallaba entonces en dicha calle se lo debemos a nuestro paisano Juan Manuel Benítez Díaz, que fue hasta hace unos años eximio cartero, uno de los pocos que ha destacado a gran altura en el desempeño de la labor funcionarial, heredero o continuador, por tanto, de Andrés Asido en ese aspecto. En la memoria de muchas personas ha quedado la elevación y el relieve que alcanzó Juan Manuel Benítez durante los fecundos años de su desempeño en cargo de tanta talla y envergadura..

 

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JEAN RIEN Y LOS DOS FABRIZIO (PARTE SEGUNDA). Por Rafael Rodríguez González

POBLACIONES (POEMA III, con dibujo de Zsolt Tibor y traducción al francés de Claude Dubois). Vicente Núñez

POEMA III DE POBLACIONES. Vicente Núñez

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«CARMINA» Nº 2

FLORIDO FLUJO DE ODIO. Tomás Valladolid Bueno

Foto: ODP

ABRACADABRA. «VOCABULARIO DE LA FÁBULA» 1845. Por Don Santos López Pelegrín (1801-1846)

 

ABRACADABRA. Nombre que servía para formar una figura supersticiosa, a la cual atribuían la virtud de evitar enfermedades y curarlas. Las letras de este nombre debían estar dispuestas del siguiente modo:

 

 

            Estando compuesta esta figura principalmente del nombre ABRACA, lo mismo que Abracax o Abraxas, que se creía ser el más antiguo de los dioses, era reverenciada como una deidad.

 

CLEOBIS Y BITÓN. De «Vocabulario de la fábula» 1845 (por Don Santos L. P.)

 

 

LA LENGUA. Por José Manuel Colubi Falcó

 

Esopo

Por Velázquez

(1599-1660)

 

Hace muchos años leí, en la Vida de Esopo, una historia cuyo protagonista era él, a la sazón esclavo de confianza de Janto. En cierta ocasión, éste le encargó que preparase una cena con lo mejor que hallara en el mercado, pues había invitado a unos amigos. El fabulista lo hizo y sirvió unos platos a base de lenguas guisadas de mil maneras. Y preguntado el porqué, respondió que la lengua es lo mejor que hay en el mundo: por ella se ordena el saber, la cultura, el Estado, se fijan las leyes, las normas, etc. El amo hízole el mismo encargo para el día siguiente, pero con lo peor que pudiera haber en el mercado, dado que los convidados eran antipáticos, y Esopo, obediente, volvió a servir una cena con lenguas condimentadas muy variamente. Y a la pertinente pregunta dio sabia respuesta: la lengua es también lo peor que existe, porque por ella hay odios, engaños, rivalidades, guerras, etc.

 

Fotograma de Ciudadano Kane

película que trata sobre 

William Randolph Hearst

por Orson Welles

(1915-1985)

 

   La metáfora del fabulista es clara, y el mensaje, implícito, más. En griego están escritas sus fábulas, y sabido es que entre los griegos la lengua pasaba por ser el mayor don que los dioses hicieron a los hombres: el lógos, la palabra –y las palabras constituyen la lengua-, es la sede, el templo, la morada, el hogar del concepto, de la idea que transmitimos al prójimo o recibimos del mismo, y de ahí el culto que siempre le rindieron, y el afán de precisión, exactitud y elegancia en la expresión que culminaron en sus creaciones de oratoria y retórica, en su investigación filosófico-científica, en sus excelsas obras literarias; espíritu, actitud, afán que continuaron luego sus hijos y discípulos, padres nuestros, los romanos, y hoy, entre nosotros, hállanse quintaesenciados en la plegaria que Juan Ramón eleva a la Inteligencia: «¡Dame el nombre exacto de las cosas!… Que mi palabra sea la cosa misma, creada por mi alma nuevamente. Que por mí vayan todos los que no las conocen, a las cosas».

   Y de ahí también que denunciaran, unos y otros, el peligro de su manipulación, el de su corrupción con fines espurios. Ya Tucidides, en su búsqueda de la objetividad y con ese estilo suyo seco y desapasionado, nos dice que, en situaciones convulsas o de riesgo, tanto los pueblos como los individuos recurren a la tergiversación de las palabras, a la alteración del significado propio de las mismas con objeto de justificar actos que de otro modo serían reprobables. Y, entre los romanos, Cicerón, orador célebre universalmente y quincenalmente recordado en estas páginas ( de La Voz de Alcalá), en su De re publica, pone en boca de otro personaje universal, Escipión, unas palabras que son tanto del ayer como del hoy y denuncian unos hechos que no por antiguos dejan de ser menos actuales; en un coloquio en el que se habla del voto o sufragio y de la sentencia del juez, y de su corrupción, es decir, del soborno y del engaño, el Africano dice: «Y pues en el Estado nada debe haber tan incorrupto como el sufragio, como la sentencia, no entiendo por qué el que ha corrompido con dinero es digno de un castigo, mientras que el que lo ha hecho con la elocuencia encima se lleva alabanzas. A mí, ciertamente, me parece que hace más daño el que corrompe a un juez con su discurso que el que lo corrompe con dinero,  porque nadie puede corromper con dinero a un hombre honrado, mas con la palabra puede».

   Nunca me apenará haber comenzado mis estudios de latín a los diez años y los de griego a los catorce, como era normal entonces. Son dos lenguas ricas y rigurosas, universales, vivas y muy vivas, que, madres de las nuestras y nodrizas de todas, nos hacen penetrar en las profundidades de las palabras, adentrarnos en sus arcanos y hallar ese nombre exacto de las cosas que suplica Juan Ramón en su plegaria. Y también expresarnos con rigor, sencillez y belleza, que, contra lo que se cree, no están reñidos, aunque, eso sí, exigen esfuerzo. En mi actividad profesional –y los institutos Cristóbal de Monroy y Albero han sido escenarios de casi dos tercios de la misma- he insistido siempre en la necesidad de ser filólogos –amantes de la palabra- para que ella nos sirva, es decir, sea nuestra sierva. Y cuantas más siervas de éstas tengamos, mejor, pues mayor será nuestra riqueza intelectual, de conceptos, de ideas, de conocimientos, o sea, de sabiduría. Y ese amor implica respeto a su significado. ¿Hoy se dan aquél y éste? Sinceramente, yo no los veo, sino auge de sus contrarios, fenómeno que algunos llaman babelización y yo misología (de misos, odio, aversión, de misein, odiar); (ab)usos impropios, significaciones disparatadas, confusión de elocuencia y charlatanería, imprecisión incluso en disposiciones que regulan nuestra convivencia, alternancia de significados contrarios según corren los días –y las conveniencias-, desconsideración interesada de cláusulas dentro de los períodos, todo contra la transmisión del conocimiento, contra la persona, en suma. Porque, como ha demostrado repetidas veces la Historia, esa actitud respecto de la lengua, si se lleva a las leyes –cuyos preceptos son expresados mediante palabras- , conduce a la inseguridad jurídica, indeseable por demás, pues del individuo hace un súbdito aunque bajo la apariencia de ciudadano. ¿Catastrofismo? ¿Visión trágica de las cosas? El lector juzgará. Yo sólo quiero terminar invitándole a que vea la viñeta del maestro de nuestros humoristas –son éstos, los humoristas, quienes mejor retratan los tiempos que viven las sociedades-, don Antonio Mingote, aparecida en el ABC del miércoles 21 de diciembre de 2005; en ella, una manifestación multitudinaria porta una pancarta cuya leyenda dice: «Al pan, pan, y al vino, vino», y un progre que la contempla con cara de pocos amigos exclama despectivamente: «Reaccionarios». Intelligenti pauca, en latín, que los españoles han traducido: «Al buen entendedor, pocas palabras».

   P. s. Durante el curso académico 1958-1959, los alumnos de Letras de Preuniversitario, cuyas edades oscilaban entre los dieciséis y los dieciocho años, tradujeron, entre las obras de Cicerón, el tratado De re publica, «Del Estado», y entre las de Juan Crisóstomo, la Homilía en defensa de Eutropio, cuyo estudio, además de hacerlos ahondar en el conocimiento de las lenguas latina, griega, española y otras muchas, romances y no romances, y en la adquisición de una base lingüística muy amplia y profunda, los enriquecía en principios éticos.

 

LA CURVILÍNEA VOZ. Poema de Lauro Gandul Verdún

 

 

La curvilínea voz

Donde palabras tiernas designan rocas

Los bosques

Exige palabras duras

Cuando vientos vespertinos

Todo lo transforman en pura sombra

O luz soñada

La del canto

Oh indeleble curva de una línea

Infinita. 

 

JORGE BONSOR: EL COLECCIONISTA DE PINTURAS. Del «Morales» a los «Valdés Leal» del Convento de Santa Clara de Carmona (Fragmento 1). Por Enrique González Arias

 

CUANDO se aborda la vida, obras y milagros de Jorge Bonsor, no hay términos medios. Se le canoniza y se le sube a los altares, o, se le condena sin remisión a lo más profundo de los  infiernos del Dante. No importa si afrontamos su faceta de arqueólogo o coleccionista. Siempre aparecerá esa dualidad.

            Hoy acometeremos, uno de los episodios mas controvertidos en la vida del propietario del Castillo de Luna de Mairena del Alcor y que no es otro, que la de comprador y vendedor de pinturas.

            Desarrollaremos en estas líneas, las adquisiciones llevadas a cabo por nuestro personaje en materia pictórica, las formas de conseguir los cuadros, los precios pagados y  por los que fueron vendidos, las operaciones fallidas y hasta los engaños de los que fue objeto, que de todo hubo en la viña del Señor.

 

JORGE BONSOR

 UNOS  BREVES DATOS BIOGRÁFICOS

 

GEORGE EDWARD Bonsor Saint Martin,  nació en Lille (Francia) el 30 de Marzo de 1855, hijo de padre inglés y madre francesa, la cual falleció a poco de nacer nuestro protagonista. Por la profesión de su progenitor-ingeniero-, viajó por diferentes países europeos, recibiendo una primera formación escolar muy cosmopolita. Tournair (Bélgica), Moscú (Rusia), Albí y Montauban (Francia) y Yorkshire (Reino Unido) entre otros lugares, conocerán la presencia del púber Bonsor. Dotado para el dibujo, cursa estudios superiores de Bellas Artes en la Escuela de Arte de South Kensington y en la Real Academia de Bellas Artes de Bruselas, finalizando su formación  en 1880. Viaja a España, en donde lo encontramos en Septiembre de ese mismo año, con vista a una larga estancia, que pretende dedicar a pintar.  Burgos, donde contacta por primera vez con la realidad de España (visita una taberna y conoce a un pintor local). Madrid, ciudad que por cierto no le gusta, excepto El Prado. Toledo, en donde permanece aproximadamente cuatro meses y Sevilla serán lugares al abasto de sus pinceles.

            Inducido por su padre visita Carmona, ciudad en la que se establecerá-tras una corta estancia previa- el 04 de Marzo de1881, prolongando su estadía, hasta el 19 de Diciembre del mismo año y en donde mas tarde, se asentará de forma definitiva. En la ciudad palmera se hace pronto famoso el pintor inglés, al mismo tiempo, que establece contactos con lo mas florido y granado de la sociedad del lugar.

            Sebastián Gómez Muñiz, vicario de la iglesia de Santa María, Manuel Delgado y Malvido arquitecto encargado de la restauración del templo antes citado y José Vaga Peláez un aficionado al coleccionismos de antigüedades, serán sus primeros contactos encargados de allanarle el camino, hacia la tertulia de rebotica del farmacéutico Juan Fernández López, en donde se reúnen los ya anteriormente citados junto con, Manuel Fernández López, médico, hermano del oficinal, historiador local y coleccionista, Manuel Calvo Cassini, historiador perteneciente a la Comisión Provincial de Monumentos y correspondientes de la Real Academia de la Historia y Manuel Pelayo del Pozo, cirujano aficionado a la prehistoria y coleccionista, que entre otros y en palabras de Antonio García Baeza, son el paradigma de las tertulias de anticuarios. Centran los coloquios en el análisis numismático, epigráfico y de las piezas que adquieren e invitan a investigadores cercanos del ámbito académico para que les ilustren en sus comentarios. (1)

          Bonsor, que tiene una tendencia innata al coleccionismo rozando muchas veces el Síndrome de Diógenes intelectual, se integra en  de hoz y coz en este grupo y en un corto espacio de tiempo, se llega  a convertir en la figura mas representativa de tan heterogénea  agrupación. De esta relación surgirán proyectos en el campo de la arqueología, que tendrán su resultados mas palmarios, en la excavación de la Necrópolis Romana de Carmona y el la creación de la Sociedad Arqueológica de la ciudad. Con posterioridad, Bonsor volará en solitario, dedicándose explotar el potencial arqueológico  de los Alcores y que dará lugar, a una  mas que notable colección de piezas y en algunos casos, a unos jugosos beneficios.

Comprará el Castillo de Luna en Mairena del Alcor, lo reconstruirá y hará de él, junto con sus esposas,-se casó dos veces-, su base de operaciones, lugar de residencia y depósito de sus colecciones hasta su muerte el día 15 de Agosto de 1930.

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JORGE BONSOR POR ENRIQUE GONZÁLEZ ARIAS EN «CARMINA»:

«JORGE BONSOR Y GANDUL»

«JORGE BONSOR: EL COLECCIONISTA DE PINTURAS. Del «Morales» a los «Valdés Leal» del Convento de Santa Clara de Carmona [fragmentos]»:

            Fragmento 2: El coleccionista. El «Morales».

ES UN PAPEL HALLADO EN CUALQUIER SITIO (Anónimo del s. XXI). Compilaciones de Rafael Rodríguez González