LAS ESTACIONES Y EL RÍO-OTOÑO. Lauro Gandul Verdún, 1995.
OTOÑO
Oro derramado en la luz,
Niebla como humo melancólico,
Eco de cañas y cardos,
Húmedo zaguán de enero.

OTOÑO
Oro derramado en la luz,
Niebla como humo melancólico,
Eco de cañas y cardos,
Húmedo zaguán de enero.


VERANO
Ahí, en la fronda ebria de luz,
En lo más espeso,
Lo más oculto, lo más hondo
Bajo los ramajes, los cardos, los juncos.
Sobre la superficie plana
Del agua quieta
Otra anarquía vegetal,
Otro cielo
Y otra ribera.

LLORA el libro primero
Abierto
Sobre el pecho quieto
Ahora
Sin su dueño
Sus gafas
Sin su mirada
La de sus ojos
Llora
Dos páginas
Por las yemas de unos dedos
Tocadas
En el último segundo
Ahora
Como dos brazos abiertos
Sobre el pecho quieto
Lloran
Palabras
Frases
Textos
Adiós
Lo que contaban le dijo:
Adiós
Aquí la casa
Donde nació
El patio
El gabinete
El comedor
Aquí
Donde por primera vez
Le llamaron Juan
Donde cumplió todos sus años
Donde fue un niño
Un muchacho
Un hombre
Ahí le veis soñando en los trasteros
En Oromana junto al río
Con gorra y bufanda
Juan pasea
Un día bello
Entre hermosos árboles
En cuyas copas silban los mirlos
Seducido por la frescura del aire
El temblor de las hojas
Los colores de una tarde como ésta
Ahí le veis
Simplemente feliz
Contemplando
En Oromana junto al río
Aferrado a los crepúsculos
Oh sabio
Oh coleccionista
Oh necesario
Ahí le véis
Hecho de sueños
Convertido en nube.

HE ahí la pequeña mesa
La gastada tapa de viejo mármol veteado
Bebieron los poetas sus copas
Celebraron su locura elevada
Las altas bóvedas atesoran
El eco del discurso de sus profundas lágrimas
Rieron por el brillante dolor
De tanta hermosura que supieron rescatar de los escondrijos de la vida
Y no con dinero sino con sus versos
Pagaron
Sobre la vieja y gastada tapa de mármol
En el Nueva York de Budapest.

ABAJO al Danubio lo surcan los barcos
De orilla a orilla atrevidos puentes
Sobre los que la muchedumbre transita
En el castillo las voces son susurros
Suenan músicas
Alguien canta
Hora de paz en Buda.

El Danubio es, después del Volga, el mayor río del continente europeo. Nace en la Selva Negra (Alemania) y va a fluir 2860 kms. hasta su desembocadura en el mar Negro (Rumanía). Atraviesa ciudades como Viena, Bratislava, Budapest o Belgrado. El primer poema en español que canta al gran río fue escrito durante el verano de 1532 por Garcilaso de la Vega. El poema supone también, según Tomás Navarro Tomás, el primero del autor en que el sentimiento de la naturaleza se manifiesta «francamente». Por orden del emperador Carlos V el poeta soportará ese verano pena de confinacíón en una incierta isla que
Con un manso ruido
de agua corriente y clara,
cerca el Danubio (…)
Donde va a escribir su «Canción III» como alabanza al río, y dejará claro, además, que no es mayor la desgracia de estar «preso y forzado y sólo en tierra ajena» que el sufrimiento de saberse en la definitiva desesperanza de conquistar el corazón de D.ª Isabel Freyre, quien se había casado con D. Antonio de Fonseca, algún tiempo antes del destierro del caballero renacentista:
Sepan que ya no puedo
morir sino sin miedo;
que aun nunca qué temer quiso dejarme
la desventura mía,
que el bien y el miedo me quitó en un día.
Sin su amada el poeta español sólo tiene al Danubio. Personifica al río al invocarlo por su nombre propio, de esta suerte le entona un canto, que es también un exhorto o una oración que se lee así:
Danubio, río divino,
que por fieras naciones
vas con tus claras ondas discurriendo,
pues no hay otro camino
por donde mis razones
vayan fuera de aquí, sino corriendo
por tus aguas y siendo
en ellas anegadas;
si en tierra tan ajena
en la desierta arena
fueren de alguno acaso en fin halladas,
entiérrelas, siquiera,
porque su error se acabe en tu ribera.
Aunque en el agua mueras,
canción, no has de quejarte;
que yo he mirado bien lo que te toca.
Menos vida tuvieras
si hubieras de igualarte
con otras que se me han muerto en la boca.
Quién tiene culpa desto,
allá lo entenderás de mí muy presto.