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LAS ESTACIONES Y EL RÍO-OTOÑO. Lauro Gandul Verdún, 1995.

OTOÑO

Oro derramado en la luz,

Niebla como humo melancólico,

Eco de cañas y cardos,

Húmedo zaguán de enero.

LAS ESTACIONES Y EL RÍO-VERANO. Lauro Gandul Verdún, 1995.

 

VERANO

Ahí, en la fronda ebria de luz,

En lo más espeso,

Lo más oculto, lo más hondo

Bajo los ramajes, los cardos, los juncos.

Sobre la superficie plana

Del agua quieta

Otra anarquía vegetal,

Otro cielo

Y otra ribera.

LA MUERTE SE LO VA A LLEVAR. Lauro Gandul Verdún, 1982

 

EL susurro lóbrego del viento

Me anuncia tu presencia

Noto las yemas de tus dedos

Recorrerme la espalda

En la sombra se repliega

Vestido de tinieblas

Tu cuerpo ausente

Tu olor calcinado

Tapona los huecos de mi pecho

Tu espectro incierto tirita

Cierro los ojos en esta noche

Sólo para morir.

SIN TÍTULO. Lauro Gandul Verdún 1986

 

ES la luz

¿Cantar a los dioses o a los héroes?

Inútil empeño

Rosas de luz

Sí rosas

De luz entre los dedos

Y un viento de luz

En los ojos

Y un fanal de luz

Para los muertos oscuros.

APUNTES PARA UNA ELEGÍA A JUAN PORTILLO (Lauro Gandul verdún, 2003)

LLORA el libro primero

Abierto

Sobre el pecho quieto

Ahora

Sin su dueño

Sus gafas

Sin su mirada

La de sus ojos

Llora

Dos páginas

Por las yemas de unos dedos

Tocadas

En el último segundo

Ahora

Como dos brazos abiertos

Sobre el pecho quieto

Lloran

Palabras

Frases

Textos

Adiós

Lo que contaban le dijo:

Adiós

Aquí la casa

Donde nació

El patio

El gabinete

El comedor

Aquí

Donde por primera vez

Le llamaron Juan

Donde cumplió todos sus años

Donde fue un niño

Un muchacho

Un hombre

Ahí le veis soñando en los trasteros

En Oromana junto al río

Con gorra y bufanda

Juan pasea

Un día bello

Entre hermosos árboles

En cuyas copas silban los mirlos

Seducido por la frescura del aire

El temblor de las hojas

Los colores de una tarde como ésta

Ahí le veis

Simplemente feliz

Contemplando

En Oromana junto al río

Aferrado a los crepúsculos

Oh sabio

Oh coleccionista

Oh necesario

Ahí le véis

Hecho de sueños

Convertido en nube.

 

 

EL NUEVA YORK DE BUDAPEST (Lauro Gandul Verdún, 2000)

 

El Nueva York (2) (2000)

 

HE ahí la pequeña mesa

La gastada tapa de viejo mármol veteado

Bebieron los poetas sus copas

Celebraron su locura elevada

Las altas bóvedas atesoran

El eco del discurso de sus profundas lágrimas

Rieron por el brillante dolor

De tanta hermosura que supieron rescatar de los escondrijos de la vida

Y no con dinero sino con sus versos

Pagaron

Sobre la vieja y gastada tapa de mármol

En el Nueva York de Budapest.

 

 

CREPÚSCULO EN BUDA (Lauro Gandul Verdún, 1994)

 

El puente de la Libertad (Budapest,03)

ABAJO al Danubio lo surcan los barcos

De orilla a orilla atrevidos puentes

Sobre los que la muchedumbre transita

En el castillo las voces son susurros

Suenan músicas

Alguien canta

Hora de paz en Buda.

APROXIMACIONES A LA POESÍA HUNGÁRICA (Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2008)

 

Padre e Hijo en el Danubio, Braila, 2001

Pescadores en el Danubio (Foto L.G.V., Braila, 2001)

 

El Danubio es, después del Volga, el mayor río del continente europeo. Nace en la Selva Negra (Alemania) y va a fluir 2860 kms. hasta su desembocadura en el mar Negro (Rumanía). Atraviesa ciudades como Viena, Bratislava, Budapest o Belgrado. El primer poema en español que canta al gran río fue escrito durante el verano de 1532 por Garcilaso de la Vega. El poema supone también, según Tomás Navarro Tomás, el primero del autor en que el sentimiento de la naturaleza se manifiesta «francamente». Por orden del emperador Carlos V el poeta soportará ese verano pena de confinacíón en una incierta isla que

 

Con un manso ruido

de agua corriente y clara,

cerca el Danubio (…)

 

 

Donde va a escribir su «Canción III» como alabanza al río, y dejará claro, además, que no es mayor la desgracia de estar «preso y forzado y sólo en tierra ajena» que el sufrimiento de saberse en la definitiva desesperanza de conquistar el corazón de D.ª Isabel Freyre, quien se había casado con D. Antonio de Fonseca, algún tiempo antes del destierro del caballero renacentista:

 

Sepan que ya no puedo

morir sino sin miedo;

que aun nunca qué temer quiso dejarme

la desventura mía,

que el bien y el miedo me quitó en un día.

 

Sin su amada el poeta español sólo tiene al Danubio. Personifica al río al invocarlo por su nombre propio, de esta suerte le entona un canto, que es también un exhorto o una oración que se lee así:

 

Danubio, río divino,

que por fieras naciones

vas con tus claras ondas discurriendo,

pues no hay otro camino

por donde mis razones

vayan fuera de aquí, sino corriendo

por tus aguas y siendo

en ellas anegadas;

si en tierra tan ajena

en la desierta arena

fueren de alguno acaso en fin halladas,

entiérrelas, siquiera,

porque su error se acabe en tu ribera.

 

 

Aunque en el agua mueras,

canción, no has de quejarte;

que yo he mirado bien lo que te toca.

Menos vida tuvieras

si hubieras de igualarte

con otras que se me han muerto en la boca.

Quién tiene culpa desto,

allá lo entenderás de mí muy presto.