– No. No me refiero a edificios viejos, porque lo viejo se quedó sin tiempo. Mi gusto es por una suerte de vigencia, de vida oculta superviviente al abandono.
– Tú no crees en el progreso.
– Sí que creo, pero nunca olvido mi condición mortal.
-Si no hay políticos, ni, desde luego, los profesionales que usurpan los gobiernos por doquier lo son; ni se hace política, ni éstos, de ninguna de las maneras la van a permitir; ¿cómo, cuando tratas de la cosa pública te atreves a hablar de progresismo?
-Si te hablo de progresismo es porque ya no sabría hablarte de otra cosa.
-El problema es que estás alucinado. Te dejas drogar demasiado.