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CASI MEDIO SIGLO ANTES DE LA CAÍDA DE ESE MURO DE BERLÍN, ALEMANES DE ENTONCES LEVANTARON ESTOS OTROS EN TEREZIN. Fotografías de Lauro Gandul Verdún (Chequia, 1994).

 

 

 

 

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BERLÍN, 2004. Fotografías de Lauro Gandul Verdún

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BERLÍN EN «CARMINA»:

EL MURO DE BERLÍN NO SE CAYÓ, SE DERRUMBÓ A MAZAZOS. Antonio Luis Albás
MERKEL ACERCA BERLIN A RUSIA. Antonio Luis Albás, (2012)

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LA TRAMPA ESLOVENA: LOS DIEZ DÍAS QUE CONMOVIERON AL SECESIONISMO CATALÁN

 
 
 

Estación Central desde el Hotel Beograd
(Foto: LGV Belgrado 1988)

 
 
 

SABIDO, CONOCIDO, PRESENTIDO

 
 
 

Escribió el filósofo alemán F.W.J. Schelling que «lo pasado es sabido, lo presente conocido, lo futuro es presentido». Para el mundo del separatismo catalán, comenzando por el presidente de la Generalidad de Cataluña Joaquim Torra, estos conceptos no parecen estar del todo claros. Presienten algo que creen saber y que apenas conocen. Me estoy refiriendo al modelo que han decidido seguir para lograr la tierra prometida de la independencia, y que no es otro que el modelo esloveno.

   Actualmente  Eslovenia es una pequeña república con apenas 2 millones de habitantes y que desde 2004 pertenece a la UE.  En las guías de viaje se nos la presenta como un país de montañas y valles, apacible, próspero y moderno. Una especie de principado de Zenda que no parece compartir la sangrienta historia de sus antiguos compatriotas yugoslavos de Serbia, Croacia y Bosnia. Sin embargo, Eslovenia fue la primera república de Yugoslavia en independizarse en el verano de 1991 tras una breve guerra de diez días con el Ejército yugoslavo donde murieron menos de 70 personas (44 soldados yugoeslavos y 18 milicianos eslovenos). Si la comparamos con las posteriores guerras de Croacia, Bosnia y Kosovo (1991-1999), donde murieron más de 200.000 personas y donde volvió el horror del genocidio, esta guerrita (que en su época se le llamó «Vídeo Wargame») parece insignificante. Sin embargo, lo que muchos no saben, más allá de ciertos círculos académicos, es su importancia en el desencadenamiento de la brutal destrucción de Yugoslavia. Generalmente se cita como al agente desencadenador dicha destrucción al agresivo nacionalismo serbio de Milosevic (seguido del croata), pero lo que no se conoce es que igual papel jugaría el nacionalismo esloveno. Pocos autores lo han señalado y entre ellos destaca Francisco Veiga, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, que tiene una obra fundamental: La trampa balcánica (Ed. Grijalbo, Barcelona ,2001). En este sentido la analista política Mira Milosevic ha escrito recientemente que «la propuesta eslovena de Torra es un punto sin retorno en la táctica de los separatistas…una llamada a la destrucción del Estado» («El síndrome esloveno de Quim Torra», El Mundo, 12 diciembre de 2018).

 
 
 

Joven yugoslava en el compartimento del tren
[Foto: LGV Yugoslavia 1988]

 
 
 

CARCOMA EN EL MODELO YUGOESLAVO DE TITO

 
 
 

Eslovenia era la república más homogénea étnicamente y más desarrollada económicamente de la República Federativa Socialista de Yugoslavia. Nacida en 1945 tras la victoria de los partisanos comunistas en la Segunda Guerra Mundial, Yugoslavia fue una mixtura entre el bloque occidental y el bloque soviético. Bajo el férreo control de su creador e indiscutible líder, el comunista croata Josef Broz Tito, fue inspiradora del grupo de los países no alineados. Su particular sistema de autogestión socialista supuso su ruptura con Moscú en 1948 y esto le hizo ser un país simpático al bloque capitalista. No obstante, era una dictadura comunista de partido único (la Liga de los Comunistas Yugoslavos) que tenía la originalidad de recoger, en su Constitución de 1974, el derecho de autodeterminación de sus repúblicas federativas: Eslovenia, Serbia, Montenegro, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia. En su seno existían profundas desigualdades económicas, sociales y culturales. Dicha Constitución en vez de atenuarlas las hizo más profundas. Esto se agravó tras la muerte de Tito en 1980. Desaparecido el líder que mantenía la frágil unidad, las diversas elites comunistas de las repúblicas se aprestaron a perpetuar su poder. En palabras del profesor Veiga se formó un  «caciquismo republicano» dentro de un «federalismo caótico». Las oligarquías republicanas se preocuparon más de sí mismas que de salvar el sistema federal. Se asentó el clientelismo y la corrupción. Cada república hizo leyes que estrangularon el comercio interior y con ello el boyante sector privado que era más multiétnico que el propio régimen. Las élites regionales no atendieron a razonamientos económicos: preferían la autarquía a la economía de mercado.

   En gran medida, todo lo anterior potenció la crisis económica que vivió Yugoslavia en los años 80 y que demostraba la inoperancia tanto de su economía mixta como de su régimen federal. La celebración de los Juegos Olímpicos de invierno de Sarajevo en 1984 fue un espejismo. Se llegó a una inflación anual de 10.000%. El desempleo se disparó, las huelgas se sucedieron y con ello la amenaza de bancarrota que hizo que el FMI controlara las finanzas del estado por la exorbitada deuda externa. La respuesta a la crisis económica no fue la unión, sino todo lo contrario: se recurrió a la cada vez más agresiva retórica nacionalista. Los primeros que acudieron a ella no fueron los serbios sino los eslovenos (que recordemos eran los más ricos) con su eslogan de «Yugoslavia nos roba». Esta idea suponía que los recursos de la región más industrializada iban a parar las regiones más pobres, como Serbia, con lo que lastraban su futuro. Para los nacionalistas eslovenos su futuro no era otro que su ingreso en la CEE, y por ello siempre quisieron atraerse las simpatías de los europeos occidentales.

 
 
 

Vestíbulo de la Estación Central de Belgrado
[Foto: LGV 1988]

 
 
 

EL BÁLSAMO NACIONALISTA

 
 
 

El nacionalismo esloveno fue más desarrollista que etnicista, ya que históricamente las relaciones con sus vecinos y especialmente con los serbios, siempre fueron pacíficas. No obstante se impuso un discurso elaborado por intelectuales en los medios de comunicación eslovenos que comenzaron una campaña de ridiculización continua de Yugoslavia y del legado de Tito. Yugoslavia representaba un estado opresor, dictatorial y rapaz que impedía el desarrollo de la nación eslovena que, sin embargo, nunca había formado un estado independiente. Sólo dentro de la república yugoslava disfrutó de autogobierno. Especialmente fue objeto de burlas y menosprecios el Ejército Popular yugoslavo que era la única institución verdaderamente leal con el régimen federal, aunque gran parte de sus mandos eran serbios. Esto llegaría a su cenit cuando colaboradores de la  revista satírica Mladina acabaron siendo juzgados en 1988 por injurias al ejército. Esto provocaría una reacción popular con grandes manifestaciones en apoyo de los libelistas que se llegaría a conocer como la «primavera eslovena». El ambiente les era favorable ya que en esos años algo parecía moverse en el bloque comunista con las medidas reformistas en la vecina Hungría y que anticiparían la caída de dicho bloque un año después.

   En Eslovenia el proceso secesionista parecía imparable. En el verano de 1989 el Parlamento esloveno comenzó una serie de reformas legales, una verdadera revolución jurídica, que suponían la preeminencia de las leyes eslovenas sobre las federales. Toda la clase política eslovena desde  comunistas a liberales  e incluso ecologistas apoyaron estas medidas que tuvieron como colofón la aprobación de la ley de secesión por su Parlamento el 27 de septiembre de 1989. Suponía el paso previo a la declaración unilateral de independencia.

   En un ambiente de entusiasmo patriótico, las élites buscaron su legitimidad en la apelación al «somos un solo pueblo». La solución nacionalista para el profesor Veiga  «era un vehículo muy eficaz: no exigía complejos razonamientos, podía aprovechar las acciones del contrario para realimentar sus pasiones». Casi medio siglo de comunismo estaba siendo desbancado por un nacionalismo que se alimentaba de su némesis: el nacionalismo serbio.  Los primeros historiadores españoles que se acercaron a este tema (por ejemplo, el caso de Carlos Taibo y J.C. Lechado en Los conflictos yugoslavos. Una introducción, 1994) incidieron en la importancia de la «revolución cultural» nacionalista de Milosevic a partir de 1986, cuando se fue haciendo con el control tanto de la república serbia como de la LCY. No obstante Veiga afirma que el nacionalismo esloveno «manifestó un forma menos vociferante y agresiva que el serbio, pero no menos virulento y ambos terminaron entablando un duelo devastador».

  El nacionalismo serbio de Milosevic optó, al contrario que los eslovenos, por continuar con el régimen comunista como mero instrumento de poder, vaciándolo de ideología socialista y llenándolo de ideología nacionalista. Asentado sobre burócratas y militares, Milosevic lanzaría el 28 de junio de 1989 su famoso «Discurso del campo de los mirlos» en Kosovo, hito que para muchos es el comienzo de la guerra civil que destruyó Yugoslavia. Sin embargo, no podemos olvidar que en esos mismos días los eslovenos estaban desmontando parlamentariamente el régimen federal. En el otoño de ese mismo, el 9 de noviembre de 1989, caía el Muro de Berlín y con él comenzaría el desmoronamiento del bloque comunista.

 
 
 

El río Sava desde la muralla
[Foto: LGV Belgrado 1988]

 
 
 

LOS MUROS CAEN, TAMBIÉN LOS ESTADOS

 
 
 

En este contexto de fin de una era,  en Yugoslavia, tras la autodisolución del partido único (LCY), se celebraron elecciones pluripartidistas  en las diferentes repúblicas entre marzo y diciembre de 1990 En ellas las élites comunistas se reconvirtieron sin tapujos en nacionalistas y se pusieron manos a la obra en la senda marcada por los eslovenos:  construir sus propios estados y sus propias fuerzas armadas a partir de sus milicias territoriales que fueron creadas en 1969 en previsión de una posible invasión soviética. En el caso de Eslovenia la Territorialna Odbrana (Defensa Territorial) se armó de forma clandestina y comenzó a organizarse.  Del mismo modo el gobierno nacionalista croata de Tudjman (otro comunista reconvertido en patriota) armaba a su Guardia Nacional. Volviendo al caso que nos ocupa, el poder quedó en una alianza entre el partido vencedor de las elecciones legislativas: DEMOS (una confluencia nacionalista de variadas tendencias políticas) y el nuevo presidente electo, el comunista Milan Kukan.  Bajo el manto de la unidad nacional el 23 de diciembre de 1990 el gobierno esloveno dio un paso irreversible al celebrar un referéndum  donde el 95% de electorado apoyó la independencia.  Con ello fracasaba el proyecto de mantener unida Yugoslavia por parte del reformista  Ante Markovic, su último presidente federal y el único político no nacionalista  que defendió sinceramente la federación.  Junto a él sólo los presidentes de Bosnia y Macedonia (las repúblicas más heterogéneas étnicamente y potencialmente más conflictivas) intentaron en vano mantener la unidad. Sus llamamientos fueron inútiles porque croatas, eslovenios y serbios ya tenían otros planes. Los dos primeros ya actuaban de forma coordinada cuando en junio de 1991 sus presidentes Kukan y Tudjman decidieron sus respectivas independencias, aunque formalmente presentaron un farisaico proyecto de nueva confederación que sabían que iba a ser rechazado. Los serbios por su parte, contaban con el control de las fuerzas policiales y militares federales y se preparaban para defender a los serbios que vivían en Bosnia y, sobre todo, en Croacia.  Con ello se abrían de nuevo las viejas heridas de la Segunda Guerra mundial entre partisanos serbios y ustachas fascistas croatas.

 
 
 

Hombre del andén sentado 
[Foto: LGV Belgrado 1988]

 
 
 

DIEZ DÍAS QUE CONMOVIERON A…

 
 
 

El 25 de junio de 1991 Eslovenia y Croacia proclamaron su independencia tal como lo habían pactado un año antes. La respuesta del Gobierno federal fue mandar sus blindados a la frontera con Eslovenia (pasando por  Croacia). Pero iban sin una estrategia definida y sus mandos, infiltrados por oficiales serbios, mandaron al matadero a sus reclutas que hacían la mili frente a los preparados milicianos eslovenos. Las imágenes de los cuerpos calcinados de los jóvenes soldados en sus vehículos coparon las pantallas de la televisión de todo el mundo. Ahora todos conocíamos con horror una realidad que no sabíamos pero  que llevaba años larvándose. Los eslovenos «ganaron la batalla de la imagen, pues aparecieron como el heroico David enfrentado con el Goliat serbio» (J. Álvarez Junco, «El modelo esloveno», El País, 11 diciembre de 2018). La televisión eslovena, utilizando también las imágenes de los tanques soviéticos en la Praga de 1968, presentaba al mundo a los serbios como la potencia agresora y defensora de un comunismo que se hundía en Europa. Pero la realidad no era exactamente así. Antes de la intervención del ejército federal, Milosevic había pactado con Kukan la independencia eslovena, demostrando que ya no creía en la Yugoslavia de Tito y que su Yugoslavia era bien distinta: la Gran Serbia que se aprestaba a aplastar a sus seculares enemigos croatas. Por otro lado, tampoco fue públicamente conocida la consulta que hizo el alto mando del ejército federal a Moscú antes de la intervención militar. La respuesta fue que la URSS  no movería un dedo por defender a sus hermanos socialistas tal como hicieron con la RDA tras la caída del Muro. Gorbachov no estaba dispuesto a contrariar el clima de entendimiento con los EEUU e incluso les advirtió que si había una guerra las potencias occidentales podrían intervenir militarmente como habían hecho contra el Irak de Sadam Hussein meses antes (Primera Guerra del Golfo, agosto 1990-febrero 1991). El contexto internacional del final de la Guerra Fría era favorable al modelo esloveno. La guerra de los diez días fue «una guerra planeada para ser perdida», dijo un analista militar.

   Esos diez días de mini-guerra que siguen conmoviendo a los independentistas catalanes, fueron modélicos para las posteriores guerras en Croacia, Bosnia y Kosovo. Todas ellas tuvieron algo en común: la implicación de los occidentales, lo que el profesor Veiga ha conceptuado como «la trampa balcánica». Los líderes eslovenos planearon un ambiente de tensión bélica que obligó a los europeos (especialmente a sus vecinos alemanes y austríacos, sus históricos aliados) a apoyarles en su deseos independentistas para así evitar una guerra en su patio trasero. En el planteamiento del modelo esloveno destacaron como ideólogos los ministros de Defensa e Interior  Janez Jansa e Igor Baucar. El primero era un intelectual que participó en la revista satírica Mladina y que pasó del pacifismo al militarismo; el segundo fue un izquierdista radical seguidor de las Brigadas Rojas italianas. Un hecho significativo fue que la primera víctima de la guerra fuera el piloto (que casualmente era esloveno) de un helicóptero del ejército federal (desarmado) abatido por la DT eslovena cuando sobrevolaba la capital, Ljubljana. Sin embargo el relato de la agresión serbia fue el que quedó marcado con éxito en la opinión pública occidental.

 
 
 

Triángulo taurómaco
[Foto: LGV Sevilla 2003]

 
 
 

¿ESAS «CHUNGAS MOVIDAS DE CROATAS Y SERBIOS»?

 
 
 

El 7 de julio de 1991 en la isla croata de Brioni se firmaron los acuerdos, auspiciados por las potencias occidentales, entre Eslovenia y lo que quedaba de Yugoslavia y que supuso de facto el nacimiento como estado de la primera y la muerte de la segunda. A los eslovenos se les pidió que suspendieran su independencia por tres meses para seguir negociando, pero no a desistir de su objetivo final. Humillado  el ejército federal y dejado en manos de los serbios, los dirigentes eslovenos hicieron lo que quisieron y  poco después lograrían el reconocimiento oficial de algunos países occidentales encabezados por Alemania. El 15 de enero de 1992, mientras Sevilla y Barcelona se preparaban para la Expo y las Olimpiadas, Eslovenia fue reconocido como estado independiente por la CEE. El 22 de mayo se incorporó como miembro de la ONU. En medio de ese proceso, en agosto de 1991, desaparecía también la URSS. Mientras, ya se mataban salvajemente serbios y croatas a los que unirían más tarde los bosnios, y en 1999 los albano kosovares. La mecha prendida en Ljbljana y Belgrado años antes había estallado con la connivencia de un mundo que vivía el final de la Guerra Fría.[1]

   En aquellos diez días del verano de 1991 se produjo la tormenta perfecta que presentó  a los eslovenos como pacíficos y europeos frente a los salvajes y orientales serbios. Meses más tarde, Sabina cantaba aquello de «esas chungas movidas de croatas y serbios».

 
 
 

Arrastrado el toro muerto
[Foto: LGV Sevilla 2003]

 
 
 

DOBLE CODA FINAL

 
 
 

Sobre este tema existe una tesis de Carlos González Villa titulada Un nuevo estado para un nuevo orden mundial: una (re)lectura del proceso soberanista esloveno. Fue defendida en 2014 en la ya famosa Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, siendo uno de sus directores el profesor Francisco Veiga. A petición del autor fue retirada del acceso libre por internet el 15 de enero de 2015 y solo está disponible para personal autorizado.[2]

  Ese mismo año de 2015 los partidos y entidades independentistas catalanas redactaron el documento Enfo CATs: Reenfocant el procés d’independència per un resultat exitós. En dicho documento se establecía la hoja de ruta para el subsiguiente proceso de independencia. Éste reconocía que era necesario algo que ya sabemos: «generar conflicto y desconexión forzosa»[3]. Este documento intervenido por orden del Juzgado de Instrucción Central nº 3, a cargo del magistrado Pablo Llanera, el 20 de septiembre de 2017, fue incorporado al Auto de la Causa Especial 20907/2017 del 4 de diciembre de 2017.[4]

 
 
 [1] Sobre la desintegración de Yugoslavia sigue siendo imprescindible el documental de la BBC La muerte de Yugoslavia (1996). Accesible en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=m_mH9cOf07I&list=PLjqHlcDc20koaGSL-_g6UIzqfUsLg6Moc

[2] https://eprints.ucm.es/29467/

[3] El País, 12 de octubre de 2017. https://elpais.com/politica/2017/10/09/actualidad/1507569660_552707.html

[4] Auto completo en:  https://e00-elmundo.uecdn.es/documentos/2017/12/04/llarena.pdf

 
 
 

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

 

Pte. Erzsebet, Budapest 2003El Puente de Erzsebet
Budapest
[Foto: LGV 2003]

 

Como dicen la mayoría de sus biografías, el escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989) se suicidó en su residencia californiana meses antes de que cayera el Muro de Berlín en noviembre de 1989. Y esto se reitera porque su biografía es un resumen biológico de ese «corto siglo XX» al que se refería el historiador Eric Hobsbawm. Un siglo que otro húngaro, el poeta Imre Kertész, llamó «ese pelotón de fusilamiento en servicio permanente». Huyendo de esto, Márai abandonaría para siempre su país en 1948 y no vería el fin del régimen comunista por muy poco. Todo en Márai parece una apoteosis del adiós, de la nostalgia. Por ello no es casual que tratara en su obra la nostalgia por excelencia: la del imperio austro-húngaro. Su obra más representativa en este aspecto es una pequeña novela titulada El último encuentro, escrita en 1942, cuando Hungría estaba luchando al lado de Hitler en la guerra mundial. Cuando el humo de los crematorios del exterminio nazi comenzaban a oscurecer el centro y este europeo, Márai creaba una pequeña obra nostálgica con un argumento imposible. Éste era el reencuentro de dos amigos y camaradas de armas durante el Imperio en una mansión aristocrática y decadente («donde se desmoronan los restos de varias generaciones»), al cuidado de una vieja ama de llaves y donde reside uno de estos amigos, al que solo conocemos como «el general». El otro amigo, Konrad,  que se ha nacionalizado británico tras 40 años de estancia en Malasia, realiza algo poco creíble: entrar en un país enemigo en plena guerra.

   Pero obviando este aspecto, la novela es como una gota de ámbar prehistórico que ha guardado algo del pasado imperial; un «Parque Jurásico» de una época tan pasada como el Precámbrico: la del esplendor de la civilización burguesa que tanto fascistas como comunistas llamaban, con desprecio, «mundo decadente». Un mundo donde, en pensamientos del protagonista, «la sensación de que la vida era una fiesta desesperada, una fiesta trágica y majestuosa, cuyo final se proclamaría con el sonido de las trompetas y con el anuncio de alguna orden nefasta». De nuevo el pasado como una fiesta, tal como ya hemos visto en las obras de Banffy y Lernet-Holenia. Pero además de la fiesta ese viejo «mundo de ayer», tal como lo veremos en Zweig, era un mundo ordenado donde cada cual sabía cuál era su sitio: «todo era demasiado hermoso, demasiado redondo, demasiado perfecto. Uno siempre teme tanta felicidad odenada».

   Ese mundo feliz y ordenado se rompió para los tres protagonistas de la novela, -y digo tres porque a los dos amigos se une el fantasmal recuerdo de Krisztina, la mujer del general-  un día de octubre de 1900 cuando algo ocurrió entre ellos. Cuarenta y dos años después, los dos antiguos camaradas intentan comprender lo que verdaderamente pasó.

   La novela se divide en dos partes claramente diferenciables: la primera es el recuerdo de la época de esplendor del Imperio que el general nos relata; la segunda es la del encuentro que más que un diálogo es un monólogo por parte del general y que bajo mi opinión es la parte más decepcionante de la novela. Es una parte donde abundan sentencias tales como «la amistad es la relación más noble que puede haber entre los seres humanos». Por tanto, para nuestros propósitos lo más interesante de la novela es la primera parte, donde vemos reflejados los principales tópicos de la literatura sobre el fin del Imperio. Así vemos que el Imperio se nos presenta como un estado multiétnico pero en cuyo seno incuba el mal futuro de los nacionalismos. Esto lo advertimos en la descripción de la ciudad natural de Konrad, en la Galitzia : «sus habitantes –ucranianos, alemanes, judíos y rusos- vivían en un bullicio oficialmente controlado, como si existiera en la ciudad, en las casas oscuras de aire viciado, una corriente cada vez más fuerte, una especie de revelación o simplemente una insatisfacción mezquina y murmuradora». Este presagio se cumpliría en 1918 cuando implosionó  el viejo imperio de manos de una masa provinciana bien lejana del cosmopolitismo vienés, que «para volver a pronto a sus pueblos polacos, estaban destruyendo un imperio» (Alexander Lernet-Holenia, El Estandarte, 1934).

   Frente al anuncio de destrucción ambos amigos, a finales del siglo XIX, representaban, como jóvenes oficiales, el papel de guardianes del imperio, que velaban «por los sueños y por la seguridad del emperador y de sus cincuenta millones de súbditos, aunque no hicieron otra cosa que llevar su uniforme con dignidad y frecuentar la alta sociedad, oír valses, beber tintos franceses, charlar con las señoras…»

   Otro elemento prototípico es la figura del emperador, clave de la bóveda imperial, y el único que «era capaz de mantener el orden: el emperador, que era a la vez un sargento jubilado y Su Majestad, un simple funcionario y un grande seigneur, un rústico y un soberano». A él le debían fidelidad absoluta que es otro de los tópicos de esta literatura finisecular, como ya hemos podido comprobar en otras obras aquí reseñadas. Una fidelidad, una obediencia, que «era algo más profundo que el respeto a unas cuantas reglas. Había que llevar la obediencia en el corazón: esto era lo más importante. Había que tener la convicción de que todo estaba en su sitio».

   Unida a la fidelidad estaba su némesis: la traición, un tema que impregna toda la novela. Aquí es donde observamos el conflicto entre dos hombres hermanados en el deber y en el espíritu. Konrad es un desengañado del imperio, que incluso ha cambiado de nacionalidad y que nos dice (en uno de sus pocos parlamentos en la novela): «¿qué queda de todo aquello? Lo que mantenía todo unido, esa argamasa secreta, ya no existe. Todo se ha deshecho, se cayó a pedazos. Mi patria era un sentimiento. Ese sentimiento resultado herido…lo que juramos ya no existe…Todos han muerto…todos han traicionado lo que juramos. Hubo un mundo por el cual valió la pena vivir y morir. Aquel mundo murió…» Como en los personajes que ya nos son familiares (Menis, Bagge…) el general le responde: «para mí, aquel mundo sigue vivo aunque en realidad haya dejado de existir. Sigue vivo por el juramento».

   Esta lucha de caracteres sobre el significado de una época, de un mundo por el que mereció luchar, lo encontramos en la obra de otro nacionalizado británico, que como el personaje de Konrad, recorrió los mares del Sur; nos referimos a Joseph Conrad, que en esa pequeña joya romántica que es Los duelistas trata el mismo conflicto que nos relata Márai, pero centrado en otro imperio mítico-decimonónico: el napoleónico.

   Como en El último encuentro, dos oficiales de caballería  acaban enfrentándose (esta vez de forma cruenta) por una razón que también reviste forma femenina pero que acaba siendo secundaria. Así encontramos a dos caracteres completamente diferentes (pero complementarios); por un lado, el racionalista y «realista» D`Hubert, y por otro, Feraud apasionado y adicto hasta el tuétano al emperador. Como el general de Márai, el Feraud de Conrad le responde a su antiguo camarada que «jamás amó al Emperador. La imagen de aquel héroe sublime, encadenado a una roca en medio del océano, resta a tal punto valor a mi vida que recibiría con placer su oden de volarme los sesos».

   Con esta analogía literaria decimos un adiós a esta obra que como en la novela de Conrad «empezó en el misterio, se desarrolló en el misterio, y al parecer ha de terminar en la misma forma».
 

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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

 

BIENVENIDOS AL MUNDO D.M. (DESPUÉS DEL MURICIDIO): LOS ESTADOS FALLIDOS Y LA CRISIS FINANCIERA DE POSTGUERRA. Por Pablo Romero Gabella (2010)

De izquierda a derecha, y de arriba hacia abajo: Pol Pot, Mobutu Sese Seko, Mengistu Haile Mariam, Mapa hecho con cráneos de las víctimas del régimen de Pol Pot en Camboya, Nueva York, Combatientes de la guerra entre 1954 y 1975 (Laos), el Muro de Berlín en Bethaniendamm (1986), los Balcanes, Thomas Hobbes, Mao Zedong, Océano Índico, Sudamérica, Asia, África, Francis Fukuyama, Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, Montañas de Kabul y Luis Edgar Devia Silva alias Raúl Reyes (líder de las FARC). (Fuente de las imágenes: Wikipedia)

Mientras vivimos en la resaca del muricidio de Berlín sufrimos sus efectos históricos colaterales en España: marineros apresados por piratas somalíes en el Índico, cooperantes rehenes de terroristas islámicos en el Sahel y soldados  que mueren en Agfanistán.   Con la caída del muro comenzó un nuevo mundo, el de la sociedad del riesgo según U. Beck. Durante la Guerra Fría (1945-1991) vivíamos seguros de saber dónde estábamos y a quién o quiénes nos enfrentábamos. Los dos mundos, el capitalista y el comunista, se miraban de reojo pero también se relacionaban como si jugaran una gélida partida de mus. El fin del bloque comunista significó el fin de estas seguridades, pero no el fin de la Historia que profetizara el efímero Fukuyama. La Historia renació de forma inesperada y brutal en los Balcanes, en Asia Central, Somalia, Irán, Oriente Medio y Nueva York.

En este nuevo escenario de riesgo global, uno de sus elementos esenciales son los llamados estados fallidos, geografías donde la ley, el orden, el Estado de Derecho en suma, no existen. El único estado que existe en estos lugares es  algo parecido al estado de naturaleza al que se refería Thomas Hobbes,  donde la fuerza  es la ley.  Lugares donde la vida es pobre, solitaria, desagradable, brutal y corta.

Pero volvamos al mundo a.m. (antes del muro). Bajo el paraguas de los bloques en la Guerra Fría existieron regímenes dictatoriales y guerrillas subversivas de un signo y de otro.  En África, por ejemplo, existieron dictaduras apoyadas por los EEUU y sus aliados como el Zaire de Mobutu y también dictaduras marxistas tan terribles como la de Mengistu  en Etiopía.  Por otro lado, los soviéticos armaron diversas guerrillas marxistas por todo el continente africano: Angola, Mozambique, Congo,…,  mientras que occidentales en comandita con el régimen surafricano del apartheid, ayudaban a la guerrilla de UNITA que luchaba contra el gobierno comunista angoleño. En América, el bloque capitalista apoyó a dictaduras como la de Pinochet en Chile y a la guerrilla de la contra nicaragüense que intentaba derrocar al régimen sandinista; mientras  los soviéticos surtían de petróleo y misiles al régimen castrista y daban cobertura a diversos grupos guerrilleros como las FARC colombianas.  Y en Asia, toda una mitología contemporánea nació de la guerra del Vietnam, donde un gobierno corrupto (Vietnam del Sur) que era apoyado por los EEUU, acabaría derrotado por la guerrilla comunista del Vietcong, apoyada por la URSS y la China de Mao. Un caso contrario fue Laos, donde los norteamericanos financiaron una guerrilla antimarxista (el ejército secreto) frente a un gobierno comunista, la cual, al acabar el conflicto, sería cruelmente abandonada a su suerte. Camboya fue la suma de los horrores de la aquella Guerra Fría asiática, ya que ante la formación de un gobierno militar pronorteamericano, se formó una guerrilla maoísta, los infames jemeres rojos de Pol Pot, que ocuparían el poder en 1975, e instaurarían un régimen de terror que supuso el exterminio de dos millones camboyanos.

En resumen, un mundo de seguridades según la teoría del efecto dominó que pontificaba que si un país amigo caía en manos del bloque enemigo toda su zona geoestratégica corría riesgo de infección.  Guerrillas y gobiernos afines tenían líneas de crédito de ambas superpotencias con el objetivo que amagar y amargar al adversario sine die. Así las cosas en 1989, cuando cayó el muro de Berlín, dichas líneas de crédito desaparecieron entrando en crisis hipotecaria todo un sistema de poder y subversión en el llamado Tercer Mundo. Para muchos politólogos ésta, la pérdida de la financiación externa, es una de las razones principales de las atroces guerras civiles de la postguerra fría, donde los bandos se lanzan al pillaje, a la búsqueda del botín de los recursos naturales para sobrevivir: diamantes en Sierra Leona, coltán en el Congo, petróleo en Sudán, cocaína en Colombia y en Perú, opio en Afganistán… En Somalia acabarían optando por la piratería como fuente de ingresos, una vez que sus caladeros acabaran esquilmados por las flotas pesqueras del Primer Mundo, que aprovechando el desgobierno del país desde 1991 (Año 2 d.m.), actuaron con impunidad corsaria.

En resumen, la crisis financiera ya comenzó para muchos antes de que quebrara Lehman Brothers.

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EL MURO DE BERLÍN NO SE CAYÓ, SE DERRUMBÓ A MAZAZOS. Antonio Luis Albás

ARLÉS 2009. ‘LES RENCONTRES PHOTOGRAPHIE’. 40 AÑOS DE RUPTURAS. Por Rodrigo Gómez Reina.

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Cartel de «Les rencontres photographie»
Arles
2009

Refugiados de la lluvia mortecina de una tarde de sábado, bajo los toldos del Café Van Gogh, pintado por él como de la Nuit, esperamos con paciencia el pase gratuito de un desfile de modas de Cristian Lacroix y las fotos de la primavera de Praga 68 de Kudelka. Despedimos, con ese enorme contraste y una última perrier en el Voies Off, les Rencontres 2008. Este año, nada más llegar, tenemos que pagar 27 euros para asistir al pase de Nan Goldin. Parece que si que habrá ruptura de la de verdad, la del bolsillo.

…………Para lo malo y para lo bueno, Francia es Francia, así que, después de sólo dos minutos, tenemos nuestra acreditación, y nos ahorramos rellenar veinte folios de datos como suele ser habitual en nuestro país para cualquier cosa. Una de las 66 exposiciones oficiales, se dedica a hacer un repaso visual de estos 40 años años de rencontres. Desde el tono asambleario sesentayochista de las iniciales, a las últimas, con algunos toques excesivamente glamurosos. La amenaza de un Cannes-photo existe, pero la esencia del festival resiste en la Place du Forum, llena de cordialidad y posible acceso a las figuras. Este año, el lunes, se descubre una estatua paródica a Lucien Clergue por su dedicación de tantos años.

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Nan Goldin

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lucien-clergueLucien Clergue

…………Sevicias de la amistad me someten a ver, en primer lugar, el pequeño espacio dedicado a la exposición de Nozolino. Siempre branco e preto. Far Cry, libro de los importantes de la historia de la fotografía y que condensa su trabajo de más de tres décadas, se muestra en versión de diaporama con música original. Uno sabe que tiene el privilegio de asistir a algo único, insólito, exclusivo. Pero eso no te libra de un gancho a la boca del estómago, seguido de un crochet a la cabeza, que te dejan KO. Sólo un corazón dolorido en nuestra mano resiste hasta el final. Y en ese estado, pobre Bernardo Soares, uno todavía tiene que contemplar Bone Lonely. Su último trabajo, una serie de fotos de pequeño formato, todas verticales, sin cristal que nos las distancie, pero que duelen como puñales. Herir así, sólo está al alcance de los grandes poetas. Artistas que son capaces de hacerte ver, avant la lettre, hasta las pirámides de Egipto de un modo diferente.

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Nozolino

…………Ensimismados y con los ojos límpios, desintoxicados de tanta contaminación visual, nos esperan las que, se nos antojan, miles de hectáreas llenas de chafarrinones de color, dedicadas a reflejar hasta el coño de la madre que te parió. Y no digo esto en sentido figurado sino literal, pues a eso se dedica enterita una de las salas. Y así una tras otra, llenas a rebosar de autoretratos de artistas que confunden el diario íntimo con mirarse en el espejo, como si el Ulises de Joyce sólo tuviese el primer capítulo. Bienaventurados mis ojos, pués ellos se resisten a ver. Se salvan de la quema las muestras dedicadas a los desheredados de Occidente. Vistos en primeras persona, por un D’Agata, en clara de necesidad de transición tras agotar su melodioso discurso sobre mala noche, o a distancia, por un Petersen, siempre con su vaso solidario en medio del vacío trascendente. MiKhailov, fotógrafo tan interesante como desconocido, muestra su interesante serie de tomas panorámicas, una especie de ensoñación confusa entre los recuerdos bélicos de su infancia y la Rusia actual. Resultan de interés las propuestas de Jin Golberg de cosificación de la fotografía, aspecto que muchas veces se olvida. Una foto puede tener más o menos interés visual, pero siempre fueron objetos, algo que se llevaba en la cartera, se guardaba en una caja, o se mostraba sobre un mueble. Algo sobre, o tras, lo que se escribía, reformulando así el discurso de aquel instante fugitivo que se había decidido perpetuar. Concluimos el paseo matinal con la última propuesta de Laurence Leblanc, de la que no acertamos a adivinar el motivo de su paso al color, y en la que mezcla imágenes fruto de su innato instinto poético con otras cuya inclusión no entendemos. El resto de propuestas, mostradas en la zona de les ateliers SNCF, o nos resultan realmente inefables, o demasiado evidentes, y, en cualquier caso eludibles. Nos sentimos dispensados de lo contingente cuando nuestros dedos tocaron lo sublime.

antoine-d-agataAntoine D’ Agata

…………Si Nozolino te vapulea, te purifica y te atrapa con su nuevo Eclesiastés, también con fotitos diminutas y en B/N, no menos mala ostia visual tiene la muestra de Duane Michals. Pionero en la introducción de texto sobre sus fotos, como objetos que son, ya lo dijimos, muestra lo mejor de sus series, a veces llenas de resonancias metafísicas como cuentos de Borges o pinturas de su maestro Magritte. Y se despacha luego, dedicando una sala a parodiar a pseudomitos como Gurski, un pepino de un metro, la omniomnipresente Sherman, o Serrano, al que describe como una mierda pinchada en un palo, pintada de rojo y con un crucifijo encima. Desde St. Trofimo seguimos riendo hasta la plaza del foro, donde al encontrar a Paulo, charlamos sobre la necesidad de que la fotografía se alimente de algo más que de fotografía; pues ese crecimiento endogámico produce enfermedades congénitas de difícil cura. Y, sobre todo, de la necesidad básica de diferenciar conceptos que deberían resultar elementales, no para cualquier artista o crítico, sino para los estudiantes preuniversitarios. Lo tragico, y por ello lúcido, de la mera atracción por lo fatal, ya sea de primera mano, de imitación, de ocasión, o casi para el desguace. Lo melodramático, decadente y burgués; lo meramente exhibicionista, u otras perversiones sexuales, de légitima práctica en la intimidad pero de escaso interés artístico por lo habitual. Lo sólo cruel, o, lo, al final y únicamente, patético pero sin pathos. Una época sin ideales, sin valores, sin conceptos claros, acalla sus oidos a golpe de rock &roll, y generalmente del malo, u, otras veces, por lo general por intereses crematísticos, se obsesiona con variaciones jazzisticas sobre el mismo tema hasta confundir el infinito con la nada, y, así, es difícil distinguir los acordes de un cuarteto de cuerda.

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Anders Petersen

…………Para ver uno de los trabajos de la Goldin, es necesaria la inscripción en un turno con varios días de antelación. Vemos su colección privada de fotos y la instalación que ha preparado, y empezamos a intuir que nos puede parecer una pantragruélica muestra de casi una hora, y más 700 fotos, de su balada de la adicción sexual; después de verla un gran artista nos lo describe en dos palabras, prima hermana de Serrano. Vencemos nuestra resistencia a pagar por ver fotos, en sesiones que siempre se pasaron gratis, incluso hasta el punto de hacer llorar de emoción, como nuestro García-Alix hace dos años. Un grupo, muy en la línea Ton Waits, ameniza el diaporama; así que, soportamos el chaparrón de imágenes, como una noche de cabaret. Desgraciadamente no de un Berlin de entreguerras, sino poblado de niñatos neoyorkinos, que pueden haber tenido unas vidas muy sufridas los pobres, pero que nos dejan totalmente indiferentes. Y, desde luego, nos negamos en rotundo a participar encima en una fiesterita con vino barato y macrotarta. Vanitas vanitatis, así que huimos rápido a la Place, y encontramos a Nestan Nizharadze, embarcada en la santa locura de fundar una revista de fotos en la maltrecha Georgia. El cambio nos hace suspirar de alivio, y luego suspirar sin más.

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Boris Milkhailov

…………Otro, tercero y último, golpe o bombona de oxigeno visual, es la salita Weston en el Museo Reatu, una foto de un Adans íntimo a lo Frank de los últimos años y que desconocíamos, y tres diminutas fotos de aquel mejor Plossu. En Arles existen demasiadas iglesias desacralizadas ávidas de llenarse del nuevo Dios “Culture”, cuyo Vaticano fundó Malraux a mayor gloria de De Gaulle, y ello se puede constatar viendo las muestras dedicadas a Delpire o a Agence-Vu. Se salva la dedicada a Willy Ronis, único superviviente, a sus 99 años, de aquella Francia que se gustaba ver en la foto humanista de una postguerra de autoengaño posiblemente necesario.

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Nan Goldin

…………Noches con Antoine en el bar del Hotel Forum, contemplando la magnífica colección de fotos que alberga, entre partidas de billar y salidas a fumar a la rue; Francia camina, cada vez más deprisa, de paraíso de la libertad a infierno de la ley. Excelente el último trabajo de Tendence Foue “Mad in France”. Algún porfolio revisado en el simpático Festival Off, amenazado con ser engullido, por su éxito, por el oficial, aquejado de cierta elefantiasis. El, para nosotros, desafortunado, pese al éxito de público, cambio de la viva Nuit de la Roquette por una, demasiado oficializada y mortecina, noche en les ateliers. El recuerdo de las inquietantes fotos del Prix Découverte Rimaldas Viksritis. Una carrera limpia de este San Fermín sangriento y mortal, después de pasar la noche caminando por las bellas calles de un Arles desierto. Nuevas amistades y el deseo de poder volver el año que viene.

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Alberto García Alix

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