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EL MAESTRO Y EL NIÑO ALBERT CAMUS. En el aniversario de su nacimiento.

 

albert-camus2Albert Camus

1913-1960

 

«Después venía la clase. Con el señor Bernard era siempre interesante por la sencilla razón de que él amaba apasionadamente su trabajo. Fuera el sol podía aullar en paredes leonadas mientras el calor crepitaba incluso dentro de la sala, a pesar de que estaba sumida en la sombra de unos estores de gruesas rayas amarillas y blancas. También podía caer la lluvia, como suele ocurrir en Argelia, en cataratas interminables, convirtiendo la calle en un pozo sombrío y húmedo: la clase apenas se distraía. (…) Siempre sacaba del armario, en el momento oportuno, los tesoros de la colección de minerales, el herbario, las mariposas y los insectos disecados, los mapas o…que despertaban el interés languideciente de sus alumnos. Era el único en la escuela que había conseguido una linterna mágica y dos veces por mes hacía proyecciones sobre temas de historia natural y geografía. En aritmética había instituido un concurso de cálculo mental que obligaba al alumno a ejercitar su rapidez intelectual. Lanzaba a la clase, donde todos debían de estar con brazos cruzados, los términos de una división, una multiplicación o, a veces, una suma un poco complicada. «¿Cuánto suman 1.267 y 691?» El primero que acertaba con el resultado justo ganaba un punto que lo acreditaba en la clasificación mensual. Para lo demás utilizaba los manuales con competencia y precisión… Los manuales eran los que se empleaban en la metrópoli. Y aquellos niños que sólo conocían el siroco, el polvo, los chaparrones prodigiosos y breves, la arena de las playas y el mar llameante bajo el sol, leían aplicadamente, marcando los puntos y las comas, unos relatos para ellos míticos en que unos niños con gorro y bufanda de lana, calzados con zuecos, volvían a casa con un frío glacial arrastrando haces de leña por caminos cubiertos de nieve, (…).»

[Camus, A. (2009) El primer hombre. Barcelona: Tusquets Editores; págs. 126-127]

«TE ARM HOT TEL». Poema visual de Olga Duarte Piña 2013

 

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POESÍA VISUAL BONAERENSE. Fotos de Lauro Gandul Verdún, 2006

 

INSTANTÁNEAS DESDE EL COCHE. Fotografía de Olga Duarte Piña 2013

 

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VICENTE PIÑA GONZÁLEZ (1906-1989). Por Lauro Gandul Verdún y Olga Duarte Piña

 
Vicente por Oranzman

Vicente Piña González

—Talabartero, entelador de aviones y músico—

(Foto: Oranzman, Sevilla, años veinte)

 

Fue su predilección un instrumento musical de viento, hecho de cobre, de perforación cónica, con llaves y con tres o seis pistones, que si son más de tres se toca con ambas manos, llamado bugle, o bombardino bajo, o bombardón, o tuba. Conocido también como el contrabajo de los metales. Es el más grande de los instrumentos de metal. A veces puede pesar más de veinte kilos. Usado especialmente en las bandas de música, donde va a desempeñar el papel de bajo, por lo que también se le denomina así.

 

Siendo un muchacho aprendió a tocarlo. No sabemos porqué eligió este instrumento, pero sí que los Expedito lo llamaron para formar, a principios de los treinta, la Orquesta Hollywood y la Banda Obrera. Uno de ellos, Rafael Fernández Alba, pudo ser quien lo animase para que se iniciara en la música y quizá quien le aconsejara el bajo como instrumento. Corpulencia y altura no le faltaban para portarlo y manejarlo. Una capacidad natural para la música le permitió aprender solo, aunque en algún momento recibiera ocasionales lecciones de un profesor de música de la Banda Municipal de Sevilla que él mismo se costeara, y sobre todo debió aprender mucha música por su gran amistad con Rafael, Pepe y Expedito Fernández Alba. 

 

Tocó en veladas y fiestas en el Hotel Oromana o en el cine del Pere-Gil; en pasacalles y conciertos en Alcalá de Guadaíra, y en pueblos a los que viajaba con la Orquesta o con la Banda. En el reverso de una de las postales de La Voz de Alcalá de octubre de 1998, García Rivero escribe que «en los primeros años treinta, el baile “fino o agarrao”, como se le llamó entonces, llegó con gran fuerza a nuestro Alcalá: los pasodobles, tangos, valses y “foxtro”, se fueron introduciendo con entusiasmo entre la juventud y un grupo de jóvenes y muy buenos músicos del pueblo organizaron la Orquesta Hollywood(…) Constituyeron una buena muestra de entusiasmo y buena música en aquellos ilusionantes primeros años de la República.» Publicamos en este reportaje la foto que a Curro García Rivero le cedió Pepe, hijo de Expedito, que también nos ha dado permiso para incluirla en nuestro artículo. Aprovechamos para reproducir la relación de nombres de quienes aparecen en la misma identificados todos por García Rivero: de izquierda a derecha Pepe Fernández Alba con la trompeta, su hermano Rafael con el saxo tenor, Antonio Gutiérrez Medina con un banyo, Pepito Hoys a la batería, Expedito Fernández Alba tocando el saxo bajo, Enrique Valverde con el trombón y Vicente Piña González al bajo. También nos llegó de manos de Carmeli, la hija de Alfredo Aragón, una segunda fotografía de la Orquesta Hollywood donde por la izquierda se añade un músico que creemos que es Eulogio Montero Espillaque, padre de Eulogio el de Los Bombines, y en el centro, entre Antonio Gutiérrez Medina y Expedito Fernández Alba está, muy joven, Alfredo Aragón, el gran percusionista y guitarrista alcalareño. La foto probablemente la hiciera Pepito Hoys.

 

2. Orquesta Hollywood por Hoys

 Orquesta Hollywood

Foto: Pepito Hoys

1932

 

La Orquesta y la Banda se disolvieron durante la Guerra Civil. La Banda Obrera fue tachada y calumniada injustamente de hechos atroces y falsos, quizá porque triunfaban como banda de música y no soportaran sus verdugos su éxito y su reconocimiento popular. Metieron tres años en la cárcel a Rafael y a Pepe. A Expedito lo despidieron del ayuntamiento. Pero nunca dejaron de ser músicos y de hacer música. Vicente tampoco dejó su bajo. Años después ingresó en la Banda Municipal de Morón de la Frontera, pueblo vecino al que se fue a vivir con su mujer Aurora Aragón, hermana de su amigo Alfredo. En esta Banda estuvo como bajo durante los más de cuarenta años que vivió allí. Su sobrino, Curro Piña, nos cuenta que ya muy viejo seguía en la Banda portando su bajo y tocándolo, pero a duras penas sus piernas soportaban el peso de ese instrumento tan pesado y de tanto años por calles, plazas, entre la gente, en formación, haciendo música.    

 

Vicente Piña González nació en una accesoria en la calle La Mina, de una casa de vecinos cuya fachada daba al desaparecido mercado de abastos de la verdura, hoy plaza del Cabildo. Su madre era sastra y su padre guarnicionero. Fueron cinco hermanos y una hermana. La hermana ayudaba a la madre como planchadora y los varones aprendieron el oficio del padre. Panaderos y arrieros sabían muy bien dónde quedaba aquella accesoria de los Piño, porque era un conocido taller donde se hacían arreos y colleras para las bestias de carga, serones, angarillas, espuertas, jardas… Todo lo necesario para el acarreo y el reparto del pan, de la harina, del  trigo. Vicente nació en una familia de artesanos. Trabajaban el cuero, el esparto y la lona. Tenían una reputación enorme y no daban abasto a tanta demanda por parte de las muchas panaderías que entonces había en Alcalá. Como sus cuatro hermanos, sus únicos estudios fueron los de primaria en los Salesianos. Como él, dos de ellos, Manolo y Juan, también entraron en la Banda Obrera como saxofón y trombón respectivamente, aunque después de la desaparición de ésta sólo continuó con la música Vicente. Artesanos fueron la mayoría de los que formaron parte de la Banda. Siguiendo a García Rivero en sus Orígenes e Historias de Alcalá de Guadaíra (1997), salvo un empleado del ayuntamiento, otro de banco, otro de Eléctrica del Águila y un comerciante, el resto eran zapateros, carpinteros, panaderos, caleros, horneros, guarnicioneros, toneleros,… y todos músicos. Rafael Fernández Alba con veintipocos años fue el Maestro de la Banda. Nos dice Pepe de Expedito que Rafael enseñó desde su banquilla de zapatero a casi todos los músicos de la Banda Obrera.

 

6. Foto de la Banda Municipal años 20
Banda Municipal de Alcalá de Guadaíra

(años veinte)

 

 5. La Banda Obrera 1935

La Banda Obrera

Plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda

1935

 

LabandadeMorónaños50

 Banda Municipal de Morón de la Frontera

1947

 

Coincidiendo con los últimos momentos de la Banda, Vicente Piña entró en Tablada como entelador de aviones. Se manejó desde que era aprendiz en el taller de su padre con las lonas con las que forraban los aperos que hacían. El desarrollo de esa habilidad le sirvió para aplicarla a ese trabajo suyo, necesario en una época en la que el fuselaje de muchos aviones aún no era metálico, sino de una especie de tela rígida, parecida a la lona, con la que se forraba el esqueleto de la nave. En Tablada conoce a un verdadero artista de la tapicería, un gitano del que se hace amigo y del que aprende las primeras técnicas de dicho oficio por el que se entusiasma más que por la propia guarnicionería. En Tablada estuvo durante diez años. De allí lo trasladaron a la base española de Morón donde entró con el mismo trabajo de entelador que hacía en Sevilla. Cuando ya dejaron los aviones de fabricarse con el entelado de sus fuselajes, Vicente tuvo que hacer unos cursos para luego colocarse en un puesto de plegador de paracaídas en el que se mantuvo hasta su jubilación en los setenta.

 

Vicente en su taller Morón

 Vicente Piña en la tapicería de Morón de la Frontera

 

sillónvicentemorón
Sillón tapizado en el taller de la calle Arquillo

Morón de la Frontera

 

En Morón vivió muchos años en la calle Arquillo en una casa de vecinos donde además montó un pequeño taller de tapicero. Hacía sofás, sillones, cortinas, galerías, colchas, forraba con telas marcos para cuadros, espejos, y destacaba en la técnica del capitoné o acolchado. Su trabajo en la base lo simultaneaba con su condición de artesano. Toda su vida lo fue también. Pareciera como si no lo hiciera por dinero, quizá porque es cierto que no necesitaba hacerlo para vivir, pues se mantenía de su trabajo en la base. Su artesanía era realmente voluntaria y en su ejecución Vicente disfrutaba de lo que hacía. Con el dinero que ganaba se compraba todos los discos de música clásica que se iban editando. Era muy aficionado a pasar horas escuchando esta música. También era muy aficionado a la fotografía, en la que le inició su gran amigo Pepito Hoys, y llegó a tener su propio laboratorio de revelado y un puñado de buenas cámaras. Fue un hombre al que le interesaba sobremanera hacer lo que hacía y hacerlo bien hecho. Los sofás de Vicente Piña en Morón están como el primer día en las casas donde los han conservado. Tenía una selecta clientela que no le metía prisa y cuyos encargos él se tomaba con tanta seriedad como la destreza que había desarrollado desde que su padre lo enseñara en la talabartería alcalareña. Se podría decir que ponía cariño y técnica en los trabajos que aceptaba. Como artesano y músico fue un hombre paciente e ingenioso. Decía el director de la Banda Municipal de Morón, Francisco Martínez Quesada, que, cuando a fines de los cuarenta, conoció a Vicente como bajo nunca antes había visto soplar la boquilla de la tuba con un primor como el que Vicente ponía, que parecía que no tocaba el instrumento, porque apenas se le inflaban los carrillos. Su sobrina Salud Piña recuerda que, siendo ella muy niña, Vicente pasaba horas y horas ensayando frente a un espejo en una habitación apartada de la casa de la calle La Mina. Curro Piña con dieciséis años se fue a vivir con sus tíos Vicente y Aurora a Morón. El primer día que llegó a la casa de la calle Arquillo su tío le indicó dónde estaba su cuarto. Cuando Curro entró en la habitación se asustó porque le pareció que en la cama había alguien: tapado estaba el bajo de su tío Vicente. Curro también nos refiere una comparación: su tío tocaba el bajo como si besara a una mujer. 

 

4 Tuba

Dibujo de una tuba

                 (Enciclopedia Larousse)

 

Fue gran amigo del guitarrista Diego el del Gastor, del que cuentan que no le tocaba a los señoritos ni a nadie al que no quisiera tocarle. Les unía un sentido íntimo del uso de la música, su surgir entre muy pocos que se entienden muy bien, la comunicación con las palabras cabales y los silencios sólo explicables desde esa discreta magia que suscitan los hechos del arte. Aunque Vicente no fuera un hombre especialmente relacionado con el flamenco, cultivó esta amistad con Diego, del que además fue vecino en la calle Arquillo. Vecino de la calle también era Andújar el zapatero, bombista de la Banda Municipal de Morón. En la banquilla de Andújar se juntaban los tres a tratar de música y allí dicen que el del Gastor llegó a dar los sones que no había dado en su vida, nunca, en ninguna reunión flamenca.

 

En aquella otra banquilla de Rafael Fernández Alba en las Corachas de Alcalá, muchos años antes, también trataron de música aquellos que entonces eran unos muchachos.  

 

Una vez en el Casino de Morón, sobre el año setenta y tres, tocaron y cantaron Los Bombines. Curro Piña llevó a su tío Vicente al concierto. En el grupo estaba el hijo de Eulogio Montero Espillaque, uno de los miembros de la Banda Obrera. En algún momento tocaron por Los Beatles. Vicente se emocionó, quizá porque le vinieran a la memoria aquellos años de la Orquesta Hollywood.

 

MANUEL FERNÁNDEZ GARCÍA, SEMBLANZA DE UN PINTOR. Por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún

 

Retrato 2

El pintor en su estudio

Foto: ODP 2013

 

Y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas;

y a la luz llamó día, y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero.

 (Gén. 1, 4-5)

 

 

A ti, temblor y halo del paisaje,

recortadora del perfil y ciega

para el pincel abierto que disgrega

la mancha de la mar y del celaje.

 

Rafael Alberti

 

M. FDEZ. GARCÍA 1

 Puerta de Sevilla en Carmona

(Acuarela)

 

Tanta historia en tus calizas entrañas, hojaldrada Carmona. Viejo recinto recio contenido por tu devenida templanza dentro de la majestad de tu cerca, que amuralla el tiempo acumulado, todo el tiempo de los milenios que ya no provocan el vértigo de su inexorable transcurso, porque el miedo se lo tragó el olvido, y tú ya eres el ámbito de la luz. Carmona, eres Roma en el alcor. Una Roma de foro, de voces antiguas como la tierra o la piedra cuyos ecos aún resuenan en cualquiera de tus rincones, y todavía pueden verse los resplandores que asombraron a ignotas miradas. Carmona, donde los veneros acostumbran a florecer en los fontanales de los escarpes, o en el corazón de las plazuelas. Aguas diáfanas para saciar un afán de luz de un hijo tuyo, Manuel Fernández García. Hijo de tu tiempo, de tu historia plena y de un cielo filtrado por las copas de unos pinos.

         Árcade en Carmona, Arcadia del pintor, donde anudado a la fluencia densa de lo mítico en su ciudad y protegido por el abrazo de las edades, lleva desenvolviendo un arte que sólo se hace evidente en los lugares eternos, entre otros merecidos herederos de tan opulenta memoria. Y vienen siendo para todos nosotros una suerte su retina y su mano derecha; su dibujo; sus pinceles y su paleta, con los que ha fecundado lienzos, tablas o papeles; y suerte para Carmona, donde acrisolado se vierte y vive, entrañado en la caliza, consistiendo ya en una capa de colorida pintura, una capa más en el hojaldre milenario del sereno fulgor de un lucero, cuna y morada del artista.

 

M. FDEZ. GARCÍA 4

Plaza de abastos de Carmona (s. XIX)

(Óleo sobre lienzo)

 

Manuel Fernández García nace en la calle Bogas del barrio de San Felipe, el 29 de diciembre de 1927. En sus primeros recuerdos están su única hermana, Dolores, y sus padres. En 1922 el padre había abierto una tienda de tejidos en un inmueble adosado a la Puerta de Sevilla. Él se crió en la tienda, aunque de los vecinos de San Felipe se acuerda  con cariño, como si fueran parte de su familia. Recuerda también la feria con su padre, y haciendo la primera comunión. Del barrio de San Felipe era también Miliki (Emilio Alberto Aragón Bermúdez, Carmona 1929-Madrid 2012), que había nacido en la casa de enfrente, aunque apenas lo recuerda porque al quedar huérfano de padre, un tío suyo, que era payaso lo acogió y se lo llevó con su circo.

 

plazueladelpintor M.V. 29013 carmona

Plazuela del pintor en la judería de Carmona

(Foto: M. V. 2013)

 

Su bisabuelo paterno fue un pintor decimonónico de temas religiosos, aunque se le conoce un paisaje de desierto en un cuadro sobre Los Reyes Magos. Firmaba sus obras con el apellido Pérez. Es el autor del cuadro de la virgen de Gracia que cuelga de una de las paredes de su casa, que fue un regalo para la hija, abuela de Manuel, cuando se casó. Tuvo un hijo que también fue pintor y firmaba Pérez Hurtado. Hay un debate en la familia sobre los cuadros que han heredado, algunos creen que eran del bisabuelo y otros del tío abuelo. En la casa familiar una puerta tenía pintada una cesta con unas flores y sus tías lo mismo le decían que la había pintado el bisabuelo, que el hermano de la abuela, tío Antonio. Todo viene porque muchas veces no ponían las fechas y otras ni siquiera firmaban los cuadros. Entre estos ascendientes artistas hay otro pintor en la  familia, llamado Juan de la Cruz, que murió en el manicomio de Sevilla, donde al parecer había cuadros de él. Su abuelo materno se apellidaba Canelo, y aunque actualmente se ha perdido como apellido en Carmona, en el siglo XVI los Canelo tenían derecho a «bastón de mando». Fue un gran herrero en cuyo taller se forjaron herrajes de gran valor artístico. 

En el colegio del convento de las dominicas de Madre de Dios dibujaba. Sus compañeros de párvulos le servían de modelos. Dibujaba a los niños cuando los castigaban a estar de rodillas o contra la pared. Es el recuerdo más remoto del artista con la pintura. Sor Patrocinio, que era la maestra de los niños en el parvulario, le tenía mucho cariño porque era menudo y bueno. Fue ella quien lo llamó por primera vez Manolín, que es el nombre por el que todo el mundo conoce al pintor en Carmona. Aún conserva una estampa dedicada por la monja donde ésta dejó escrito: «A mi querido y monísimo Manolín de su tía Sor Patrocinio.» Como compañeros de pupitre tuvo a Manuel  Losada Villasante (1929), que andando el tiempo llega a ser discípulo de Severo Ochoa y premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica; y a José María Requena (1925-1998) el escritor, poeta y periodista, premio Eugenio Nadal en 1971 por su primera novela, titulada El cuajaron, cuya portada precisamente dibujó Manuel, que también colaboró con el escritor en otras ediciones de sus libros. Requena, cuando eran jóvenes, exhortaba al pintor para que se fuera con él a Bilbao, le decía que allí estaba su porvenir, pero a éste nunca se le hubiera pasado por la cabeza marcharse de Carmona.

 

portada1ªed.1971Portada de la 1ª edición

 

Empezó el bachillerato como alumno interno en el colegio de San Hermenegildo de Dos Hermanas, que regían los terciarios capuchinos. El colegio había sido correccional antes de la guerra: todavía conservaba las puertas con las postiguillos por donde les metían los platos de la comida a los niños recluidos, estaba rodeado de unas tapias altas para que, entonces, no se escapara nadie. Pero cuando él estuvo en San Hermenegildo, aunque había disciplina, sabía, por algunos de sus amigos, que el colegio de San Hermenegildo era una gloria comparado con los salesianos de Alcalá o de Utrera, donde eran mucho más duros que allí. Los frailes, por ejemplo, los llevaban a dar buenos paseos al Tomillar e, incluso, a Alcalá; a los que estaban en quinto y sexto, con permiso de sus padres, les dejaban fumar, aunque los curas no fumasen. Después estuvo, también interno, en los Escolapios de Sevilla, donde los curas fumaban y a ellos no los dejaban fumar. En los Escolapios había demasiada disciplina. No llegó a terminar el bachillerato porque le hizo falta a su padre en la tienda.

En San Hermenegildo, entre las asignaturas que se impartían estaban el dibujo artístico y el dibujo técnico. El tiralíneas no le gustaba; dibujar tuercas, tornillos o pernos, no era lo suyo. Orondo, barbudo y grande, el padre Jaime era el profesor de dibujo artístico. Como la clase de dibujo estaba en la planta alta del edificio, para subir y bajar las escaleras el padre Jaime se apoyaba en su bastón con una mano y con la otra en el hombro de Manuel, aunque no tanto para ayudarse —la corpulencia de Manolín era la antípoda de la del fraile— como porque tenía predilección por el bachiller, apreciaba mucho sus dibujos y no había exposición escolar a la que no mandara sus trabajos. En una carpeta conservó Manuel todas las láminas con los dibujos de piezas de escayola (bustos, hojarasca, capiteles…) que hizo mientras fue alumno del Padre Jaime.

 

Molino de San Juan M.F.G.

Molino de San Juan de Alcalá de Guadaíra

Molino de Benarosa M.F.G.

Molino de Benarosa de Alcalá de Guadaíra

Esos dibujos, precisamente, son los que pudo mostrar a José Arpa Perea (Carmona 1858-Sevilla 1952) cuando lo conoció con catorce años. Después de pasar una gran parte de su vida en Roma, Méjico o San Antonio de Tejas, don José había regresado a España con setenta años, a Sevilla, donde tenía su casa en la calle Jáuregui y su estudio en la calle Feria, pero pasaba los veranos en Carmona. Venía con un sobrino que le acompañaba y se hospedaban en una fresca habitación del Hotel Comercio. Uno de esos veranos Arpa pretendía pintar la calle y la torre de San Pedro desde la Puerta de Sevilla, que era paso obligado para ir al mercado de toda la gente del Arrabal, cuando todavía todo el tránsito de personas y vehículos se hacía a través del arco romano, lo que supuso que fuera grande la dificultad que tenía el pintor para tal empeño —le pusieron hasta un guardia municipal—.Un día su padre le ofreció el balcón del piso superior de la tienda. Desde allí José Arpa pintó muchas veces la calle y la torre de San Pedro. Manuel ya se había incorporado al negocio familiar y no perdía ocasión de estar junto al maestro cuando éste trabajaba en el almacén de la tienda, muy atento a lo que hacía y en silencio los dos.

Manuel se sentaba en una silla mientras don José trabajaba, sin molestar. Arpa se extrañaba de que el muchacho estuviera allí viéndolo pintar y sin levantarse durante tantas horas. Y hablaron:

 —¿A ti te gusta la pintura?

 —Sí a mí me gusta mucho.

 —¿Tú has hecho algo?

 —Yo tengo del colegio de los hermanos de San Hermenegildo, algunas láminas de las que hacía.

 —Tráelas, tráelas…

 —Ah!, tú dibujas muy bien, ¿por qué no pruebas?— dijo el maestro cuando vio su carpeta de dibujos.

 El almacén de la tienda, situado en la parte superior, se convirtió en el lugar donde Arpa guardaba sus caballetes, lienzos, óleos, pinceles y otros enseres. Allí trabajaba todos los días menos los domingos. Uno de éstos, Manuel, sin licencia de aquél, cogió algunos tubos de óleo y una tablita que había quedado preparada y sobre ella pintó un cuadrito desde su azotea de la Torre de San Felipe, ese domingo. Así realizó su primera pintura al óleo. Ya no era un dibujo. Y a Arpa le gustó, y no tuvo que reprocharle nada por su atrevimiento, sino todo lo contrario. Manuel salió una infinidad de veces con Arpa a pintar, porque entonces se pintaba todo del natural, unas veces buscando vistas de la vega o desde ésta de los escarpes del alcor, y otras buscando patios o plazuelas. Arpa le pedía permiso a su padre para aquellas excursiones que éste educadamente otorgaba, aunque a don Fernando le hacía muy poca gracia, pues no le veía mucho futuro a la pintura como trabajo o profesión de su hijo, a quien prefería preocupándose más de la tienda como porvenir; aunque ya la suerte estaba echada y el futuro sólo podría ser visto desde pinceles y perspectivas. Poco tiempo después no tuvo inconveniente el padre de Manuel para que el almacén, que estaba vacío de géneros en aquellos años cuarenta de escasez y posguerra, sirviera como primer estudio del hijo, durante muchas temporadas compartido con Arpa. Como don José y Manuel pasaban mucho tiempo juntos, Rafael, el farmacéutico, les decía: «ya vienen el maestro y el discípulo» y Arpa, que tenía 90 años, contestaba: «No, no; somos amigos». Con esa edad tenía una salud envidiable. Era capaz de ir desde la fonda hasta el Alcázar, donde está hoy el parador,  andando con su bastón y llevándolos con la lengua fuera al sobrino, que portaba el maletín y el caballete,  y a él, mientras les decía: «La mano derecha que vaya libre; la caja de pintura  y el caballete en la izquierda». Porque había que cuidar el pulso de la mano derecha.

 

joséarpapereaautorretrato

Autorretrato

José Arpa Perea

1858-1952

 

 El discípulo recuerda que el maestro le daba muchos consejos. Cuando ponía a su vista algún trabajo él nunca decía «Esto no es así», sino «Yo lo hubiera interpretado de esta forma». Lo evoca como un ser estupendo, generoso y muy ameno que le obligaba, le corregía sin dejar de ser grato lo que provocaba en Manuel que creciera su entusiasmo por la percepción pictórica de la realidad de José Arpa, por esa concreta mirada del mundo: una tradición plástica a la que Manuel Fernández García se anudó de manera sencillamente natural y que ha continuado con una obra que en calidad y cantidad le acredita como legatario cimero y leal, y como representante indiscutible, del paisajismo andaluz desde el último tercio del siglo XIX.

En su recuerdo están también los escultores Francisco Buiza Fernández (Carmona 1922-Sevilla 1983) y Antonio Eslava Rubio (Carmona 1909-1983). Frecuentaba sus talleres en la calle Feria y en la Plaza de Mengíbar, respectivamente. La forma de hacer, de trabajar de estos escultores le influyeron en su forma de hacer y trabajar con la pintura.

 

paletadelpintor LGV camona(Foto:  M. Verpi)

 

Estudio del artista 2

(Foto ODP 2013)

 

A lo largo de toda su larga vida no ha tenido necesidad de salir mucho de Carmona, y aunque en el estudio de su centenaria casa haya sido donde ha aplicado su colorido y ejecutado sus cuadros sobre su ciudad y sobre cualquier otro paisaje, donde también ha dado vida a los pueblos blancos de la sierra gaditana, a Cádiz, a Jerez de la Frontera, a Sanlúcar de Barrameda… Y hasta ha pintado a los indios del Orinoco o los morros de San Juan para coleccionistas de Venezuela. Su obra está repartida por toda España y por otros países como Alemania, Méjico, Estados Unidos o Japón. Nunca ha conducido un coche, nunca tuvo que sacarse el carné. Antonio Franco, un marchante de Jerez de la Frontera que le vendía muchos cuadros, cuando quería cuadros de Grazalema, donde tenía una casa, lo recogía de Carmona en su vehículo y se lo llevaba por la sierra de Cádiz para que pudiera tomar apuntes o hacer fotos de Benaocaz, Ubrique o Villaluenga del Rosario. El pintor guarda una intensa memoria de su relación pictórica con Grazalema, representada en multitud de sus obras. También los rincones de los paisajes rondeños o los pueblecitos de la Alpujarra han sido llevados a su lienzos, tablas o papeles, al óleo o a la acuarela. Nunca ha viajado al extranjero por razón de la pintura, aunque en los viajes que ha hecho dedicara gran parte del tiempo a visitar museos. En Venecia quedó cautivado por la belleza de la ciudad y hechizado por los palacios y los canales, por San Marcos y por La Academia. A su regreso empezó a pintar cuadros sobre la Serenísima para una exposición que nunca pudo inaugurarse porque los visitantes del taller que iban descubriéndolos los adquirían. Quedaron algunos que sacó del gabinete y los conserva en su colección particular. Nunca se ha quejado de su suerte. Lo ha vendido todo porque ha tenido muchos clientes. Jamás ha organizado una exposición y siempre los galeristas que han expuesto obra suya, previamente le han comprado las pinturas. Ha vivido de la pintura desde fines de los sesenta. Con su siempre recordada y amada Antonia Goncer ha criado y educado a siete hijos. Si tuviera que repetir lo ya vivido desearía dedicarse a la misma tradición pictórica a la que se ha consagrado y en la que sustenta una vida gozosa y creativa.

 

M. FDEZ. GARCÍA 2

Grazalema

(óleo sobre lienzo)

 

…Y todo en ti, Carmona, por ti, poso hojaldrado del tiempo y Arcadia del pintor. Donde la mano, la retina, la paleta, el lienzo, la línea, la perspectiva, la composición, el pincel y el color se aúnan para darte existencia otra vez más allá de ti misma.

 

MISERICORDIA. Fotografía de Olga Duarte Piña 2013

 

Misericordia 1 ODP 2013

 

Misericordia  ODP 2013

 

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Misericordia 4 ODP 2013

 

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PERFILES DE VIERNES SANTO. Fotografía de Olga Duarte Piña

 

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Perfiles de Viernes Santo ODP 3 2013

 

Perfiles de Viernes Santo ODP 4 2013

 

Perfiles de Viernes Santo ODP 5 2013

 

PERSPECTIVAS DE JUEVES SANTO. Fotografía de Olga Duarte Piña

 

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NOCTURNO EN LUGARES SANTOS. Fotografías de Olga Duarte Piña 2012

NOCTURNO EN LUGARES SANTOS 1

 

NOCTURNO EN LUGARES SANTOS 2

NOCTURNO EN LUGARES SANTOS 3

 

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NOCTURNO CON LUNA LLENA EN ROSENLAUI. Fotografías de Olga Duarte Piña, 2008

NOCTURNO A CÁDIZ DESDE ROTA. Lauro Gandul Verdún

 

 

«LA CASA DEL PUEBLO» Y UNOS BUCARESTÍES. De «Un cuaderno rumano de fotografías (1999-2005)» Lauro Gandul Verdún y Olga Duarte Piña

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Bucarest
2004

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