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REALIDAD DESPERDIGADA. Por Urbano Uribe de Urvando

 

Buceando en el maremágnum de papeles de Alberto González Cáceres he tropezado con un segundo relatillo de su gran amigo Urbano. Yo, después de leer varias veces el texto, no he dado con la realidad, «desperdigada» o no, que se supone contiene. Será que la torpeza es ya en mí lo preponderante. (Mario Cortés)

 

La ronda de noche
Rembrandt
1606-1669

 

Dábamos otra vuelta por donde tantas veces. Joaquín, como siempre, cabizbajo y con gesto compungido. Moreno, con carreras y piruetas impropias de nuestra edad según me decía mi abuelo. Gómez tentándolo todo, plantas, árboles, rocas, como si reuniera en sí una horda de ciegos inquietos queriendo reconocerlo todo a su paso. Vicente andando como si lo hiciera en solitario, como si no oyera lo que decíamos los demás, como si los demás fuésemos no más que hojas que cayeran levemente a su lado. Para mí era tan cargante pero yo conseguía, o casi, que él también se convirtiera para mí en hojarasca, mientras me divertía con los otros. Y Ricardo, con su lengua imparable, gracioso las más de las veces.

   Ya entrábamos en el trecho en que árboles, arbustos y matas altas y bajas y espesas nos hacían imaginar –por lo menos a Joaquín, a Moreno y a mí- que nos internábamos en una selva que nunca habíamos visto pero que no nos producía miedo. Tan sólo Vicente seguía su marcha tan derecho como una baqueta, sin observar a su alrededor, con la mirada puesta en un punto que yo imaginaba albergaría una gran selección de espejos de todas clases, también de los cóncavos y convexos, donde contemplarse él, el gran Vicente. ¡Bah!.

   Fue entonces cuando aquello apareció ante nosotros. También cabría decir nosotros ante aquello. Paramos en seco, las bocas abiertas salvo para tragar saliva. Yo, he de reconocerlo, era el más dotado para la observación, así que fui el único en darme cuenta de cuanto hacían los demás, de la actitud que tomaban, y todo eso en instantes de segundo y sin perder detalle de lo que nos habíamos encontrado. Todos dimos media vuelta, ya sin que Gómez lo tocara todo, Moreno sin correr pero andando que se las volaba, sin que Ricardo pronunciara palabra alguna, Joaquín con gesto también como siempre triste pero de una tristeza digamos que angustiada. Y Vicente marchando como si algo le quemara el trasero, aunque ni así abandonase su pose engallada, esta vez de pollo amenazado de cazuela.

   La abuela Araceli se quitó el delantal, se sacudió la ropa para no dejar ni una pelusilla sobre ella y salió. Su hija y el yerno la siguieron con la vista a través de la ventana, hasta que la esquina lo impidió, pasando inmediatamente a que si para qué, que si por qué, a cuento de qué y demás qués. Cuando la abuela Araceli volvió no dijo nada, se puso el delantal y se fué a la cocina, de donde salió enseguida para meterse en su cuarto. Su hija y el yerno movían las cabezas como peleles, mientras hablaban de lo caro que era el coche y todo lo demás y mirándome de vez en cuando, mientras yo fingía estar embobado con el televisor, con Franz Johan y Herta Frankel.

   La moto se le vino encima a Gaspar y los ay y los Dios mío se fundieron en el desvanecimiento aunque antes llegó a oír a alguien esto es grave, esto es grave, vamos a ver, y ya entonces Gaspar no veía nada.

   El padre de Gómez, Gómez padre, como le decía Moreno, fue un día a casa de Joaquín. Gómez padre mandó a Gómez a casa de su tía Rosa, a pedirle unas facturas. Cuando Gómez volvió encontró a su madre llorando y a Gómez padre que iba al cuarto de baño a lavarse la cara, en la que Gómez y Joaquín, que le había acompañado, advirtieron algo de sangre. Gómez cogió de nuevo los papeles que había soltado y se fue a casa de su tía Rosa a devolverlos, diciéndole que no eran esos los que quería su padre.

   La noche pasó. La mañana, la media mañana, el mediodía. Conrado se puso su único terno y fue al entierro, solo. Si la gente le miraba más o menos le importaba un pito. Y lo mismo a los otros no implicados. Toda la vida siguió naturalmente, corrientemente, con episodios fuera de lo corriente de tarde en tarde.

   Vi en el cine a Alfonso y González; pero no por eso, sino porque la película era malísima me salí al poco tiempo de haber empezado. El portero me dijo es malilla ¿eh?, o sea que no se extrañó de que a mi edad alguien se saliera del cine sin acabar la película porque no le gustara, y no porque tuviera que volver a su casa porque le apretara una necesidad y en el cine no se podía por las obras.

   Gómez padre, que iba con Gómez, paró en la calle a Gaspar y le preguntó sobre un montón de cosas que no pude oír; pero sí recuerdo que me puse terriblemente colorado, mientras observaba a Gómez que había logrado soltar su hombro de la mano de su padre e intentaba escurrirse sin que lo lograse porque en seguida Gómez padre le dio una voz llamándole, y Gaspar se fue y yo le seguí a cierta distancia.

   ¡La ocurrencia de Moreno de seguir por la derecha, sabiendo que podía ocurrir lo que fuera! Yo no, yo no, yo no. Pero al pobre hay que perdonárselo todo.

   ¿Qué es este sabor tan malo, tan amargo? Me estoy ahogando, me duele mucho entre la nariz por dentro y la garganta y veo corpúsculos rojos y azules y quiero que todo esto pase enseguida, enseguida.

 

 

Fragmento de Calle Mayor(1956)
Juan Antonio Bardem
1922-2002

 

COLOQUIOS (8). Gabi Mendoza Ugalde

 
 
 

Rota un uno de noviembre de dos mil once

[Foto: LGV 2011]

 
 
 

—Suele considerarse a la muerte como un ente y no como un hecho.

—Es por el miedo.

—¿A qué?

—A la muerte como hecho.

 
 
 

COLOQUIOS (7). Gabi Mendoza Ugalde

 

 – La literatura es acción.

– Sí. Es teatro.

– Sí. Todo es palabra y, claramente, cine.

TOROS Y CINE. Las imágenes toman movimiento. Por Antonio García Mora

 

Los hermanos Auguste (1862-1954) y Louis (1864-1948) Lumière

 

La relación que ha mantenido el séptimo arte y la tauromaquia no puede considerarse fácil. En principio, la plasticidad y dinamismo de las corridas de toros parecen apropiados para los principios artísticos que rigen la cinematografía. No obstante, han sido en contadas ocasiones en el que una película ha reflejado con acierto el mundo taurino y ha desarrollado un historia con interés dramático.

            La primera sesión del cinematógrafo acaeció en París, a finales de 1895. Por aquel entonces los hermanos Lumière tal vez no eran conscientes de las consecuencias que para la cultura contemporánea traería su invención. En la primavera del año siguiente, Madrid contempló asombrada cómo las imágenes fijas adquirían movimiento y mostraban escenas de la vida cotidiana.   Tal hazaña corría a cargo del operador de cámara  Albert Promio, empleado de la empresa de Louis y Auguste Lumière, desplazado a la capital española para una doble misión, mostrar las posibilidades el nuevo invento y tomar escenas de España.

            Desde el primer momento, la fiesta de los toros ocupó un lugar preeminente en el catálogo de filmaciones del camarógrafo galo. Como informa Carlos Fernández Cuenca, en el Cossío, el método de trabajo de estas primeras películas consistía en colocar la cámara en un lugar determinado, en el que transcurriera alguna actividad destacada o llamativa, y girar la manivela hasta agotar la película. Dicha técnica se denominaba «escenas naturales». De esta forma, entre mayo y junio de 1896, se realizaron doce «vistas españolas». Entre ellas se encuentra la primera vinculada a los toros llamada «Arrivée de toréadors», en la que se muestra la llegada de los matadores a las puertas de una plaza de toros en Madrid, probablemente durante la feria de San Isidro. En aquellos tiempos tan primitivos la filmación se medía por los metros de película impresionada, en este caso apenas 17 metros. Poco después apareció por primera vez una escena de la lidia en la cinta titulada  «Espagne: courses de taureaux». En este caso, se habían impresionado dos rollos con los consabidos 17 metros. Esto apenas permitía un resumen esquemático de la lidia de un astado.

            Dos años más tarde, se habían rodado en España 37 películas por cámaras franceses y de las mismas 12 estaban vinculada a la tauromaquia, es decir casi un tercio, lo que muestra la curiosidad que despertaba dentro y fuera de nuestras fronteras. Su denominación genérica era  «Courses de taureaux» y mostraban la mayor parte de las fases de una corrida, desde el «Traslado de los cajones» [de toros] a la «Salida de las cuadrillas», la «Estocada» y el «Arrastre de un cababllo y de un toro». No queda constancia documental de los toreros que aparecen en las imágenes y los mismos no se pueden identificar dado que las tomas son generales y a gran distancia, dado que el objetivo consistía en mostrar el ambiente de la plaza.

            En la vecina Portugal habría que esperar a 1901 para encontrar la primera película taurina, titulada «Tourada a antiga portuguesa», de Manoel Maria da Costa Veiga.

            A partir de este momento la difusión del cinematógrafo permitió registrar todo de tipo de eventos y, sobre todo, la aparición de los primeros intentos de crear un género que con el tiempo acabará por ser denominado documental. En este ámbito destaca Antonio Cuesta, emprendedor droguero y vendedor de equipo fotográfico valenciano que, en 1906, estableció un negocio consistente en filmar corridas y venderlas a los distribuidores. No obstante, el primer documental con guión data de 1911. Titulado «Historia del toro de lidia» fue realizado por Enrique Blanco, con financiación de Iberia Cines y reflejaba de la vida de una ganadería extremeña de Olea. Para entonces el metraje de la película se había extendido hasta unos increíbles 500 metros.

            El salto al cine de ficción no se hizo esperar. La primera película con argumento dramático data de 1909 y su título fue «Tragedia torera». Realizada por Narciso Cuyás y producida por Iris Film de Barcelona, por desgracia, se encuentra perdida y se carece de otra  información que la mencionada. Un año más tarde se realizó «La lucha por la divisa»,  producida por José María Codina y fotografíada por Antonio Cuesta. De tema costumbrista y folletinesco, muy del gusto de la época, relata la disputa entre dos mozos por el amor de una mujer, con final trágico.

          En próximas entregas se desgranará cómo apareció un género cinematográfico relacionado con el toro en los distintos países dónde la lidia tiene presencia.

  

 

Ricardo Torres Reina «Bombita»

(1879-1936)

protagonista de esta, según reza su publicidad,

una de las más antiguas películas sobre toros en España

(rodada en la Plaza de Toros de Valencia antes de 1913, pues éste es el año en que se retira el torero)

COLOQUIOS (4). Gabi Mendoza Ugalde

           -Si no hay políticos, ni, desde luego, los profesionales que usurpan los gobiernos por doquier lo son; ni se hace política, ni éstos, de ninguna de las maneras la van a permitir; ¿cómo, cuando tratas de la cosa pública te atreves a hablar de progresismo?

            -Si te hablo de progresismo es porque ya no sabría hablarte de otra cosa.

            -El problema es que estás alucinado. Te dejas drogar demasiado.

            -Si las drogas están prohibidas.

            -Pero no los drogados.

MAN RAY, 1930

OTROS TEXTOS DE RODRIGO GÓMEZ REINA (2008)

 

1

EL EPICENTRO DEL VERANO

 

Desde que se anunció el cartel, pasadas las ferias de Sevilla y Madrid, y emborronando un poco el Sanfermín por llegar y cualquier otra feria, el 10-8-08 se convertía, no solo en el epicentro de este verano, sino en la fecha clave de lo que llevamos de siglo taurino. Un hecho clave para nuestra cultura, mal que le pese a alguien, y pese a la alianza en contra de unos dioses, tan enojados con los hijos de Gerión al parecer, que volcaron todos sus favores con ese estigma cultural, fruto de lo más funesto de la cultura anglosajona para «buenos chicos y responsables ciudadanos», llamado deporte. Así, mientras la España de cartón, no parecía dar tregua a su festín (giro, tour, tenis, más tenis y fútbol para más inri), el hispanismo verdadero, apoyado en su firme escudero francés en estas lides, de los hijos legítimos, y algún bastardo, de Gerión, se limitaba a esperar. Ya que el arte sí mata y sacrifica, el deporte sólo lastima o provoca penosos accidentes. Sangre y arte han empezado duro su mortal alianza tras ese anuncio, y no para de crecer conforme aumentan las calores del verano, pues el mero anuncio de una batalla Morante-arte/Tomás-valor ha hecho que nadie quiera quedar a cubierto del fuego, y bien que lo están demostrando y pagando. Todavía queda mucho hule de hospital por limpiar, y ya ha habido la primera víctima seria, un modesto banderillero, padre de dos hijos, ha quedado tetrapléjico tras salvar milagrosamente la vida. A buen seguro que, conocida su desgracia, como el Papa Negro, ya se estará planteando si podrá enseñar a torear a su descendencia desde la silla de ruedas. Parafraseando al futuro premio Nobel Corman Macarthy, este Planeta taurino, esta vieja Hispania profunda y fecunda, «no es país para blandos», mientras sigan brillando al sol las espadas, y a la luna las navajas.

             Su anuncio, personalmente, sólo supuso al principio, una cita más con Morante (para mí estas guerras siempre las gana el mismo, ya que pasado lo sociológico e ido el público, los aficionados seguiremos pasando las de caín un 15 de agosto en Sevilla, o cualquier tarde en una becerrada de julio) y la oportunidad de redimir el pecado de la entrada adeudada a un amigo. Cuando ya parece seguro que no podré ir, despues de haber apelado a todas las influencias de la tierra, el cielo, y hasta del infierno, me quedo tranquilo, ya que la gran corrida va a ser el 10-10-08 en Zafra, seis toros para Perera, de la que sólo hablan, por ahora unos pocos, porque al final el arte es para inmensas minorías. Respecto al Puerto de Sta. María, me alegra saber que la plaza se volverá a llenar tras cuarenta años de «casi llenos», y se hará mas universal aquel dicho del más grande «quien no ha visto una tarde de toros en El Puerto, no ha visto toros». Aquel torero tan grande que, al morir soltero a los 25 años, vistieron a la Macarena de luto por, no se sabe bien, si su otro hijo o quizás algo peor en alguna cabeza … De lo que no me sorprendo, es en pensar que, rota la barrera psicológica de los 1800€ por una entrada de 60, parece que se va a pasar incluso de los 3.000, y ya se habla de si se llegará o no al número mágico: 6.000. Un kilo de billetes por una tarde de toros, la cosa sería incluso simpática si ello no supusiese futuros pesares para los que seguiremos acudiendo muchas tardes, se repita o no este cartel. Y que se va a volver a dar más de una vez en los próximos 15 años s.D.l.q..

 

2

DEL ARREBATO ZULUETA AL ROCKABILLI TRASH

 

Una buena peli produce un efecto evidente: dejas de interesarte por las insustanciales. Pero, para los colgados de esto, hay otro: tienes que ver las de ese nivel. Me levanto el domingo a las tres de la tarde (se me cambió el sueño con el resfriado), me bebo un litro de té, para no perder el tiempo yendo al bar por café, y nada más despejarme elijo… <<Arrebato>>, de Iván Zulueta: un verdadero banderín de enganche para hacer cine, al menos para mi generación. Monstruos, memoria, infancia, alienación, drogas, sexo, y… cine. ¡Joder, lo que se ha perdido el cine español por culpa de los demonios personales de este hombre. Pero al menos ha dejado esa joya, aparte de otras cosas nada desdeñables.

            Capítulo aparte en mi Historia Universal de la Causalidad: un jueves me levanté y, no se el porqué, tenía ganas de ir a Bilbao. Allí estaba 20 horas después. Al llegar me entero de que coincide con el Festival de San Sebastián, y que se le da un homenaje a él y a Win Wenders. Ante el miedo de que el Nosferatu del cine alemán vampirizase al inefable españolito, tiro para allá con mi miniDV. Garrapateo un guión en el periódico y llamo a mi amigo filósofo que trabajaba de escolta allí. Para lo que yo iba a hacer no necesitaba pistolas, asi que era insufrible oir el ruido que armaban sus dos cacharras cada vez que se sentaba en un bar. Siempre con la espalda contra la pared y la yesca dispuesta para encenderla. Y yo sin querer salir del casco viejo. Me canso, me despido y me voy al Kursaal. Nadie sabe cuando aparecerán los monstruos. La alfombra roja vacia. Me vuelvo a mi pensión española en Bilbo, y acabo la madrugada en una Comisaría después de un intercambio de opiniones con un súbdito del reino de Marruecos que, en su hora tonta, me quiso quitar la cartera. Fin de la peli, que no hice, y de esta historia.

            Pero para perderse, el crimen cometido con los dos más grandes, muerto Buñuel y jubilado Berlanga, Borau condenado al silencio. Y Erice humillado y ofendido. De Borau me llegan noticias de que le dan un homenaje este año no sé dónde. Eso me suena a requien y lavatorio de pies, porque conciencia no tienen, de los mangantes que nos… ¡sí!… (gobiernan, rodean, exprimen el capitalismo y forman lobbis tipo …. Dejémoslo que se me calienta la sangre y no quiero acabar a trompazos con esta puta maquinita). Sólo una pregunta ¿qué peli oscarizada española puede compararse en algo con «Hay que matar a B». Y si nos ponemos social-demócrata-pedagógico, digamos ¿De qué peli oscarizada o no, pero española de estos tiempos, pueden sacar mayor provecho nuestros buenos chicos-votantes-subvencionables-pesebristas para hacer esas loas a la liberación de los oprimidos que deben realizar?. Problema de Borau, que no dijo que B era un ministro republicano-bueno-santo-bienpensante que iba a morir a manos de los facciosos. Como dice un amigo mío, cirujano cardiovascular de Madrid, en España como una peli no sea de la Guerra Civil, malo para el director. Lo de Erice peor, porque el hecho de que su cuarta película, destinada a ser como las otras tres, la mejor española de su década, se la merendó un señor muy progre, oscarizado (por una pli-pre-guerra-civil) y siervo de su señor (productor). Otro que tal cual, un progre que blandió el más grosero esputo procapitalista para justificar lo que no tiene nombre, o sí: traición a los ideales. Erice se ha refugiado en las posibilidades del vídeo, pasando así de los cines a los museos sin más transición. Y aquí, cerrando el bucle, recuerdo a Godard, que en su film no respondía a la pregunta de si el vídeo podía salvar al cine. Si él no lo sabe, yo menos, pero lo que sí es seguro es que a ellos dos, Godard y Erice, sí los ha salvado.

            ¿Y el rockabilli trash?… Pues, he llegado a casa y he encontrado un email de la líder de «The Rarest», y he decidido compartir con vosotros www.myspace.com./hispanicgirls, lugar desde el que podéis informaros bien de toda esa música. Y, queridos hermanos, os preguntaréis ¿Por qué si a vosotros esa música no os gusta o no la conocéis siquiera?. Pues, y cierro el bucle totalmente, con otra historieta de la causalidad, porque es <<Arrebato>>, siguiendo a Buñuel, Zulueta sigue optando por Wagner como banda sonora. O sea, que faltaba ¡Rock!. Que como haber, había de todos los demás pecados en su cinta menos ése. Por cierto, que aparece una Alaska con catorce añitos portando una tarta, antes de haber tocado ninguna guitarra eléctrica, ¿o sí?.

 

3

DE VENECIA A CASA MORALES

El martes me siento como perseguido por el acento veneciano que hablan tantos turistas en Levíes. Una larga charla por el MSN no me salva de esa nostalgia, que nada tiene de postal. Cuando se van me sumerjo en el spritzs antes y durante el flamenco en La Carbonería. Jesús Flores, cuando está por la labor, vuelve locos a golpe de compás al guitarrista, que intenta una especie de bebop flamenco de lo mas interesante, y a la bailaora, puro almíbar gitano. La cosa debió ser fuerte, porque perdí hasta mi 6X6. Precisamente, el miércoles, en medio de la resaca nada aconsejable de campari, lo que no perdono es haber perdido el carrete que iba dentro de la máquina, pues ésta sí es reemplazable. A mediodía termino con Mario en Casa Morales, más de 150 años de historia de Sevilla, pero sin un Paul Morand para escribirla. Paso luego la tarde rodando vídeo en miniDV, quizás para hacer más lamentables todas estas pérdidas de tiempo. Por la noche vuelta a empezar; flamenco con Alfonso de Miguel, en vídeo ‘el viento que agita la cebada’ de Kent Loach, …..

 

4

MATEMÁTICAS DEL CAOS Y «THE WILD BUNCH»

El lunes voy al cine de verano, y, como la película es lo de menos en estos casos, un mero pretexto, me encuentro con una especulación sobre fractales y matemáticas del caos como soporte de una vulgarcita peli sobre crímenes en serie. Me evado pensando en los fractales, en su relación con el Arte, en la necesidad de volver a conciliar las humanidades y las ciencias, en el motivo por el que dejé esos estudios, y en el porqué nunca he abandonado del todo el mundo del Derecho. En una pregunta que desde que la formuló Navarrete Urrieta, a propósito de los juicios de Nurenberg, sigue siendo clave en todo esto. en Kelsen, Radbruch … Para salir de toda esa especulación vana en el vacio me meto de lleno en el filme de Sam Peckinpah. Pura poesia redentora. Buen final para un dia raro.

 

5

GODARD, WAGNER, DRIEU, HAMMERSHOI…

Nombres, nombres, demasíados nombres. Y si leyese más diarios, o comprase más CDs, o viese más cine… Más nombres habría. Un sobreesfuerzo para vencer un vacío que, al final, se impone.

            Una obsesión: llegar alguna vez a saber algo sobre los mecanismos que controlan mi memoria. Años de esfuerzo y numerosos intentos y procedimientos. La conclusión era ya sabida antes de comenzar. Imposible. Somos memoria, mas memoria descontrolada. Polvo al final. Reverteris.

            Como España es el único país del mundo donde existe una ley que regula la memoria de sus ciudadanos, me impongo la oblicación de recordar estos últimos días. La vuelta al día en ochenta mundos, que dijo Cortázar. Del miércoles me queda que fue una tarde frustrada por el sueño. Del jueves, algo más. Pasé la tarde con Hugo (mi hijo), oyendo dos CDs que habían quedado en un kiosko, descolgados de una colección. Los compro sólo por eso, sin mirar más. Y me encuentro con un nuevo golpe de una verdad indiscutible. La casualidad no existe. Todo es causal, basta a veces dejar a nuestra voluntad que actúe a su libre albedrío, al igual que la memoria, para que de ese descontrol surja orden en el caos. Toda sucesión matemática es posible, si se enuncia bien la proposición que la regula. Fractales y matemáticas del caos otra vez. Suena el «Adagiet» de la quinta de Mahler. Luego un Wagner, versionado por Uri Caine, y grabado en el Quadri. Demasiada Venecia. El mundo es una sucesión de máscaras que ocultan otras. Sevilla es una cebolla. Venecia la esencia de lo oculto. Por la noche conozco a Philomene en La Carbonería. Se marcha de Sevilla al día siguiente. Veo «Interview» de Buscemi. Recuerdo del viernes, únicamente, que me levanté pensando si existía todavía o era un sueño sobre mi mismo. Vi los diarios sólo por saber si era cierto que estábamos a 8-8-08. Parece ser que sí. Acabé el día a las seis de la mañana oyendo un recitativo inexplicable. Más inexplicable aún que, siendo casi lo que prefiero de esa artista, sea lo único que nunca le he comentado, creo. El resto de comentarios tampoco es de mayor interés. Las dos únicas artistas francesas con las que hablo no entienden nada de mí francés chapucero. Yo a ellas tampoco, casi.

            El sábado ha sido una tormenta de ideas que, al final, han acabado en naufragio a fuerza de chocar unas con otras. La tormenta, más que desatarla, la azuza un magnífico Godard, el de «notre musique». <<Semper fidelis>>, como dicen los marines USA, a sí mismo. Ideas confusas e imágenes claras: de una serena belleza, propia de la genialidad de quien viene ya de vuelta, pero sabe que esa vuelta es parte de la obra. El guión, las frases, su estructura me encandilan. Más causalidad: La Divina Comedia espera desde hace una semana a ser releída junto a mi cama. Habla de imágenes anfibolentes, de máscaras que encubren otras. Un Godard que roza en cine a La Rochefaucauld. Habla de la memoria y la duda. Igual que las fotos de VB y LL. Antes de eso he tenido una charla sobre política con Elena. ¿Cómo es posible tanta confusión en lo que, se supone, es mi especialidad en Derecho?. Lo cierto es que sabré algo de estructuras políticas, de ideas… Elena, al menos, coincide conmigo en alguna cosa. No debo de andar tan perdido como a veces creo. Sigue el curso del río: política y me aclaro sobre mis refugios artificiales. Carezco de la fuerza suficiente como para afrontar el dolor externo de frente. El mío propio, o tal vez mi egoísmo, me impiden pensar en los grandes males. Me quedo en blanco y me entrarían ganas de llorar como un niño. Esos sentimentalismos no me los soporto. ¿Estoy cayendo en un cinismo estético también?. Me refugio en una página web de amistades ficticias todo el resto de la tarde. Elena se marcha. Ana baila muy bien flamenco, sin necesidad de tenerme como público. Me pongo a escribir todos estos sinsentidos a esta hora, después de haber visto unos cuadros de Hamershoi en una página de un periódico. El pintor del silencio enigmático. He olvidado a Drieu. Una frase sobre Celine me lo recordó esta tarde. Sólo diré una cosa. Sólo he tenido miedo a dos hombres en mi vida: a J.P. Witkin y a él.

BUÑUEL, NECROLÓGICA AL AIRE (Rodrigo Gómez Reina, 2008)

 BUÑUEL, NECROLÓGICA AL AIRE

Rodrigo Gómez Reina

Aquella madrugada del 28 al 29 de julio, sobre las 3, acabó el libro. Vio claro que habia tirado un año. Luego, esas pérdidas de meses y años, se repitirían cíclicamente. Como un rumor sordo, de una campana sin badajo, que recordaba que la vida sólo es un beve paréntesis entre la nada y la muerte. No hubo dolor entonces. Es más, creyó que había pasado. Tomo su decisión demorada un año. Lo primero escribir una carta. La escribió. Concluyó satisfecho, por primera vez en ese año. Sobre las 8 de la mañana, esa luz, asesina del color del verano en Sevilla, lo envió a dormir. Se levantó poco antes de las tres de la tarde. Bajaba las escaleras. El noticiario de televisión comunicaba la noticia: Luís Buñuel acababa de morir en México. ¿Dónde pueden morir mejor los españoles?. Dobló la carta, se dirigió a un campo cercano, y le prendió fuego. Vio el humo perderse en el aire. El debía estar alli ahora. No sabía entonces que, en el jardín de senderos que se bifurcan, tomaba sendas de pasos perdidos. No sabía nada. No sabía que 25 años después se encontraría a punto de llorar como un idiota. Vinieron más cartas sin destino, más caminos para pasos torpes. Días de sorpresa como hoy.