Ramón y Cajal, capitán médico en Cuba
Izquierdo Vives
1874
«Elpidio, ponedle Elpidio», le repito a mi hija y a mi yerno, sobre el nombre del nieto que está en camino. Que tenga el nombre de un héroe moderno, de un mártir de nuestros días. Eso quiero. También saber cómo el presidente de Caja Madrid pudo, entre otras lindezas, comprar un banco en quiebra del estado de Florida, a sabiendas y con el dinero de los impositores y quedar impune, tanto judicial como económicamente. Gracias, no me expliquen, lo sé. Quien no lo sepa es que es…
Para herrumbre, la de José María Carrascal, el simpático octogenario que no ha mucho ha publicado un libro titulado El mundo visto a los ochenta años. Es exactamente el mismo título del libro de don Santiago Ramón y Cajal (editado al poco de su fallecimiento), aquel navarro-aragonés merecedor de más de un Nóbel, además del de Fisiología en 1906, porque don Santiago tenía infinitamente más valores humanos que cualquier otro humano que ponga a su libro el mismo título que el del sabio. Una de dos: o el señor Carrascal no conoce la obra literaria de Ramón y Cajal, lo que es imperdonable (¿o es increíble?), o es un oportunista de esos que tanto abundan y sobran en esta España de nuestros sufrimientos. Además, quien lea el libro del señor Carrascal no va a encontrar nada, pero que nada, comparable a las excelentes enseñanzas que don Santiago nos dejó en su libro.
Sobre lo del Ébola… ¿Para qué hablar?
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