VIENA O LO QUE HA QUEDADO DE EUROPA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 16). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

concierto-de-ano-nuevo-de-vienaConcierto de Año Nuevo en Viena

 
 
 

Leemos la crónica del Concierto de año nuevo celebrado en el Teatro de la Maestranza de Sevilla el 3 de enero de 2020:

   «Austria lo ha sabido vender con tanto éxito que se ha convertido en el más visto y oído del planeta,  gracias a las incontables transmisiones  televisivas y radiofónicas, que nos muestran sonidos, paisajes y danzas de un mundo feliz. Ese mundo que no existe (ni ha existido nunca) ni en Viena ni en ninguna parte.»[1]

   El crítico se refería, ya lo habrán adivinado, al Concierto de año nuevo original, el de la Filarmónica de Viena (Neujanhrskonzert) del cual, por cierto, ya hemos hablado en nuestras Noticias de un imperio[2]. Pero centrémonos en la idea expuesta de vender un mundo feliz pero falso.

   Comencemos por algo ya sabido por nosotros: es ya un lugar común señalar la imagen de Viena como ciudad-relicario de una grandeza imperial perdida. Una ciudad, en el fondo, vacía o vaciada de contenido real y superlativa en el deslumbrante envoltorio. Ya hemos visto aquí algo de esto, en esta ocasión fijémonos en lo que vio el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en 1928.

 
 
 

Manuel Chaves Nogales

(1897-1944)

 
 
 

  En el número anterior de Noticias de un imperio nos referimos a su libro La vuelta a Europa en avión cuando el autor recaló en Praga.  Tras dejar la «república de profesores», donde la germanización sólo quedaba en sus zonas industriales, Chaves Nogales llega a una nueva república, la austríaca, y lo primero que advierte es su tamaño.  «Toda Austria es su capital, toda Austria es ciudad», nos dice. Viena se le aparece como una cabeza a la que le faltara un cuerpo, pero ¿cuál? La solución más evidente sería el ya señalado Anschluss con Alemania. Pero, según el autor, los vieneses prefieren más que a los alemanes a los ingleses, ya que «Austria es hoy una colonia espiritual de Inglaterra». Sorprende esa idea ya que no todos los austríacos fueron fervientes pangermanos como su paisano Hitler. Habría muchas resistencias a formar parte del III Reich y nuestro periodista sevillano advirtió, diez años antes, que lo germano no era lo fetén entre los vieneses (sobre este tema se estrena estos días la última película de ese particular director norteamericano que es Terence Malick y cuyo título es Una vida oculta).

   Al comparar Praga con Viena, nuestro autor señala que la «vida amable de la gran ciudad imperial (…) lo ha perdido todo menos este señoreo de sí misma, este goce sensual de la existencia que Praga, por ejemplo, la vieja capital de provincia, no sabrá sentir jamás».  Ese señorío hace que Viena estuviera «viviendo a costa del pasado», del pasado imperial se entiende.

 
 
 

Viena

 
 
 

   Ese vivir de lo pasado hace que el ritmo de la vida vienesa sea «un ritmo viejo, un ritmo que ya no se usa». Un ritmo de otra época, de la Belle Epoque o si lo prefieren del «mundo de ayer» de Stefan Zweig al que tanto nos referimos. Ese ritmo viejo o anticuado lo podemos percibir en el segundo movimiento de la Sexta Sinfonía de Mahler, toda una crítica a que él vivía y sufría en la Viena de principios del siglo XX.[3]

   La persistencia de este ritmo, según el autor, explica el éxito de los valses y de la opereta en Viena.  Dando a la ciudad un «tono frívolo y sentimental» que tan bien reflejó Zweig en algunas de sus novelas cortas como Carta a una desconocida (1922), que no sabemos si el propio Chaves Nogales ya conocía. Y es que hay algo de esa historia cuando nuestro sevillano nos contrapone a las robustas deportistas alemanas con  «las madamitas vienesas arrebujadas en sedas, con sus coqueterías y sus resabios vagamente sentimentales, son la supervivencia del viejo sentido europeo del amor.»

   Frente al naturismo y nudismos triunfantes, a las ordalías de placer moderno a lo Josefine Baker o al ritmo trepidante del jazz que triunfan en la no muy lejana Babilonia berlinesa, Viena es un lugar extraño…

 
 
 

Palacio imperial de Viena

 
 
 

   «Viena es inexplicable (…) A pesar de la grandeza de los palacios, de la escrupulosa municipalización de los comercios suntuosos, la vida cara, las frivolidades, las joyas, las sedas, las mujeres, se advierte en seguida que todo aquello se mantiene milagrosamente, acaso por la inercia, quien sabe a costa de qué íntimas catástrofes.»

   Una ciudad perdida en el  tiempo como una Shangri-La  romántica y decadente  donde convive la grandeza y la miseria, donde el parque del Práter acoge a una multitud de la cual no sabemos cómo se gana la vida pero que no renuncia a disfrutarla.[4]

   «No hay modo de explicarse lógicamente sus contradicciones, su apariencia fastuosa y su miseria íntima, sus palacios, sus museos, sus porcelanas y su orfebrería al lado de estas gentes mal alimentadas y estas muchachitas graciosas con las piernas desnudas porque no hay medias (…) Viena ciudad imperial y mendicante es hoy el gran enigma de Europa».

   Para Chaves Nogales Viena «es lo único europeo que queda en Europa» tras la guerra mundial, el ascenso del comunismo y la arrolladora cultura y economía consumista norteamericana que es a la vez quien, con sus dólares, reconstruye la maltratada vieja Europa. La misma que fue el reducto de aquella época de seguridades, la misma que buscaba el protagonista de Huida sin fin de Roth y que ya no encontró jamás.[5]

   Parafraseando a otro de los mejores libros de Manuel Chaves Nogales podemos decir que Viena fue lo que había quedado de Europa. Si hoy un periodista hiciera el mismo periplo que nuestro autor, ¿podría decir algo similar? ¿podría decir que algo ha quedado de Europa?

 
 
 [1] José Luis López, “Rapsodias, danzas…y Viena”, ABC Sevilla, 4 de enero de 2020.

[2] Noticias de un imperio, nº 11, “El vals infinito”, http://revistacarmina.es/?p=40239.

[3] Sobre esta sinfonía en Carmina: http://revistacarmina.es/?p=40518.

[4] Recordemos lo que el escritor norteamericano John Dos Passos escribió: “Viena es una vieja reina de la comedia musical que agoniza en un asilo de pobres…» (Cita que aparece en Noticias de un imperio, nº 12, “Requiem alemán o algo huele a podrido en Viena”, http://revistacarmina.es/?p=40583)

[5] Noticias de un imperio, nº 10, “Huida sin fin o el judío errante”, http://revistacarmina.es/?p=40095

 
 
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