Posts from agosto 2021.

VERANO. María del Águila Barrios

 

Carrera del Darro

[Foto: LGV Granada 2021]

 

Es el tiempo de los jazmines, de su perfume finísimo, blanco y leve. Olores a higuera, a mirto, a rosas, a lantana. Las tapias encaladas refulgen en la mañana ardiente. Se escuchan susurros en los interiores umbríos. Cotidianeidad sonora que sólo es en el verano. En una calle desierta un gato pasa. Tanto esplendor y derroche luminoso para nadie. Más tarde, por la noche, se atreven a salir buscando el fresco. Se forman algunos pequeños corros en las aceras, sonríen, y se han de estar diciendo cosas agradables. Tejidos ligeros de colores alegres y camisas blancas. La juventud es acariciada, al fin, por la brisa que viene del río. Los vecinos se citan a las puertas de sus casas para charlar sobre cómo ha ido el día mientras aprovechan esa brisa que viene del río. Algunas familias sacan sillas a la acera. Los niños corretean por la calle y juegan. En las casas se han abierto las ventanas para refrescar los cuartos. Suena el eco de una radio. El campo no queda muy lejos, pero está muy oscuro, es otro su verano, allí hay otra vida. En el pueblo se está viviendo como en la víspera de un día festivo. Las voces se levantan para hacerse oír sobre las risas. Aunque alguien prefiere el silencio del que contempla. Silencio y calma, risas y brisas, palabras fraternales. Las campanas anuncian desde una torre la madrugada. Las despedidas y el regreso, las calles poco a poco otra vez desiertas, ahora nocturnas.

   Pensando en el verano, he encontrado unos versos del poeta cordobés Pablo García Baena (1923-2018) dedicados a esta estación. Los ofrezco aquí para que los lean, demorándose en las palabras. Recorran con sus ojos las certeras líneas que los versos trazan, sus quiebras cuando los encabalgamientos. La escena que el poema presenta es bellamente simple: una mujer desnuda, una playa, un anciano, unos gemelos, un amanecer de verano y una conclusión dichosa para todos.

 

   Una mujer pasea desnuda por la playa

Solitaria. Amanece.

Su cabello rojizo, al grana de la aurora

Dora y despierta al paso oleajes dormidos.

Desde la residencia, en alto mechinal,

El anciano acogido la acerca y la vigila

Con los viejos gemelos de teatro y de nácar

-tal vez vieron a Xirgu-

Y algo que ya no siente, le engaña

En el recuerdo.

El nuevo día vibra como un violín de luz

En el pulso de la arritmia.

Hasta para el que mira, encerrado en sus años,

El verano será el tiempo de la dicha.

[La voz de Alcalá, 2021]

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DÍGAME EN QUÉ PUEDO SERVIRLE. María del Águila Barrios

 

Limpiabotas de Estambul

[Foto: LGV Estambul 2007]

 

Con esta frase comienzo hoy. Servir a los demás. Darnos como servidores. Ser servidos por otros. Servir. «¿Qué puedo hacer por ti?» Escuchar esto de otro, ¡cómo me consuela! O más bien, ¡cómo me concilia con el mundo del otro! El que se me ofrece para servirme, sin ser servil, sin servidumbre, sino todo lo contrario: en libertad me sirve, me dedica su tiempo, sus habilidades, su asistencia… me enseña a servir a los demás.

   Lo mejor que llevamos dentro aflora. Si se quiere, por cualquiera se puede ver cómo luce en el gesto, en la mirada, lo misterioso y profundo de un ser cuando aloja la bondad, que es siempre humildad. No sentirse más que nadie. Y lo contrario: qué triste aquel que lleva en ristre su soberbia, su vanidad. Éste piensa poco en servir, porque, sobre todo, se dedica a servirse de los demás, a arrancarles a los demás una esclavitud, una servidumbre.

   Creo que pocas actitudes en la vida son más revolucionarias que ponerse a disposición de los demás. Cambiaría todo. Para muchos sería el cataclismo de sus dictaduras. Los explotadores de toda laya se suicidarían o, tal vez, se convirtieran al talante del servicio. Quien con esta manera se levanta por la mañana no concibe dañar a los demás. ¿Cómo voy a herir al vecino si lo que quiero es servirle? Es imposible. Una en la calle escucha a alguien que dice: «Fui a verle porque tenía un problema enorme que me tenía angustiada. Nunca le agradeceré lo suficiente el servicio que me prestó entonces.» Pienso que si el servidor de esta señora escuchara lo que le dice a la otra le daría tal soplo de ilusión y esperanza que procuraría en el futuro hacer con todos lo que hizo con ella.

   No soporto a quien trata mal a los que trabajan para él. No soporto la arrogancia, la suficiencia. Sé que hay muchos trabajadores que no son bien tratados, y ocurre que a pesar de ello son capaces de mantener la sonrisa verdadera mientras me dicen: «¿en qué puedo servirle?»

   Como ningún otro, la política sería el ámbito del servicio a los demás, pero hoy en día, y desde hace demasiados días o décadas, no encontramos políticos servidores. No son serviciales. Antes y sobre todo son serviles ante sus mandos y mandones ante los débiles que andan sometidos a su imperio. ¡Pobrecitos, esclavos del capitalismo salvaje, que desgracian sus existencia cotidianas y se llevan por delante a los desgraciados de la vida!

 

[La voz de Alcalá, 2021]

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