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MÁSCARAS, MASCARILLAS, MASCARADAS Y CARETAS. María del Águila Barrios

     

1 Lagoa 2003

Molde de la escultura del poeta Alves Redol
en el estudio del Maestro Lagoa Henriques
[Foto: LGV. Lisboa, 2003]

     

¿Son sólo mascarillas, o son algo más? ¿son máscaras en toda regla, o su diminutivo? Desde luego hay que ponérselas por imperativos de la Salud Pública… Pero, ¿nos sirve para protegernos y proteger? Resulta evidente que no sólo las empleamos por creer así que no vamos a infectar a otras personas y para no ser infectados, sino que también con ellas nos embozamos, y nos disfrazamos. Basta destacar la variedad de signos que se imprimen en ellas, y los variadísimos colores, escudos, emblemas, etc., para comprender a qué me vengo refiriendo.

   Las caras se han trocado en caretas, aunque muchos no pretendan burlarse de nadie, algunos pueden burlarse de otros, o ejercer de bufón para divertirlos. Al mismo tiempo, nos desnudan, en lugar de arroparnos, aunque sean parte de la ropa, del vestido, y nos simplifican, en lugar de añadir variedad a nosotros mismos, con lo que es muy fácil para tantos creer que se expresa mucho sin tener que decir una sola palabra ahorrándoselas todas.

   Lo que me preocupa es que no sólo nos colocamos las mascarillas en la cara sino que también se han trocado en fantasmales los procedimientos para poder vivir. Una sociedad como la nuestra donde la Seguridad Social desempeña funciones capitales para la subsistencia cotidiana ha cerrado sus puertas…, no sin colocarse las correspondientes mascarillas telemáticas. Y así la mayoría de las instituciones. Ha sido la excusa perfecta para la desidia y la incomunicación.

   Pareciera que la pandemia del coronavirus hubiera supuesto una oportunidad histórica de apartar todo lo bueno de la convivencia, el contacto humano que conlleva la comunicación y la fraternidad, dejando vivo y coleando el fiestorro vacuo. No debería dudarse que la multitud anda desorientada en un mundo mucho más lleno de disimulo y de simulación.

   Vivimos cada vez más como espectros, obligados no sólo por las normas sanitarias sino por una variedad de otras nuevas normas casi incompresibles y que nada tienen que ver con la salud sino más bien con la incapacidad de gestionar dignas alternativas que salvaguarden las capacidades de todas las personas y las posibilidades materiales de la gente.

   También se ha conseguido fácilmente, en este tiempo, que quienes quieran puedan crearse máscaras nuevas. Casi sin darnos cuenta, como en una pesadilla. No sólo nos topamos con que la realidad ya es irreal y que la biografía, de los padres y madres de la patria de cada cual, se reescribe por los herederos de los sucesivos regímenes políticos y culturales. Es curioso cómo se autovampirizan y nos hacen ver nueva su más rancia historia.

   Lo que llevo escrito lleva algo de espanto y de honda preocupación. Lo cotidiano, de lo público y de lo íntimo, en todo el planeta se ha metamorfoseado en una quimera.

[La voz de Alcalá, 2021]

     

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CARTA A RAFAEL LUNA (con fotos de 1988 y 1989). Poema de Lauro Gandul Verdún (Museo de Alcalá de Guadaíra, 1 de octubre de 2020)

 
 
 

 

 
 
 

  Te escribo mientras sobre mí se alza un cielo azul limpio,

En la planetaria bóveda,

Lleno de aire tierno y fresco, traído al día por brisas de otoño.

 

   Aire en los pulmones para poder fumar lentamente en los bosques,

En las riberas de un río fantástico, o desde el alcor contemplar la vega.

Fumar, porque el humo es de la misma materia que el aliento que inspira,

De la materia de las formas intangibles,

Aquellas que adoptan la consistencia de los sueños

Y la de la fantasía que brota durante la duermevela,

O desde lo entornado de los ojos,

De las puertas encajadas o entreabiertas, de una ventana,

La baranda pequeña de un balcón. Trozos de interiores. Un viejo ropero,

Un suelo de cuarto con geometrías simpáticas.

Y la memoria del ojo de un alma de espejo e imán.

 

   Escucho la música sostenida por unas guitarras eléctricas, los platillos de la batería

Y la trompeta en un tema de los Beatles.

Estos ecuménicos himnos.

Sí, universales, eran de tu gusto, de tu afición.

 
 
 

 
 
 

   Querido amigo Rafael:

Después de estos muchos años que no te vemos con los ojos habituales,

Los que nos corresponden por seguir vivos,

Biológicamente hablando,

Me atrevo a dirigirme al ángel,

Que desde que faltas aquí

Seguro que eres en esta bóveda celestial que a todos nos cubre,

Donde no sé si seguirás pintando,

O preferirás volar por los espacios y por los tiempos,

O transfigurarte a tu antojo y asomar tu figura,

Que sería irradiante y,

Realmente incorpórea pero visible, aunque sea atravesando muros.

La aparición tuya el día menos pensado…

¡Querido amigo, que un milagro así ocurriera, me haría llorar,

Y dando un salto abriría los brazos como para un vuelo contigo!

¡Y tú con tus alas!…

¡Qué acontecimiento!…

Yo podría decirte, aquí en la Tierra:

¡Hombre, Rafael!, ¡cuánto tiempo!, ¡qué buen aspecto tienes!…

 

   Mientras se te ocurre un buen día ese regreso tuyo,

Tendré que ponerte al tanto, aunque no sea fácil,

Con esta carta al que eres, Rafael,

En Álvarez, o en Luna.

Fafi de los amigos que los hacías entrañables

Desde tu ternura urbana y cosmopolita.

 

   Querido amigo, demasiadas veces parece que ocurre mucho

Pero suelen ser fútiles ocurrencias,

Mientras lo importante pasa más lentamente,

Con ese tiempo lento que no todos captan…

 
 
 

 
 
 

   Ningún miembro de la familia de Carlos IV se ha bajado

De su silla roja ni ha soltado su paraguas azul.

La monja de tus Meninas aún no ha descendido de su ascensión.

Todavía no se ha dado cuenta Baltasar Carlos de que ése no es su cuadro.

Los acrobáticos monos que trepan por tus giraldas no se han despeñado.

Los mensajes dentro de tus botellas siguen flotando en las aguas del tiempo.

Un Papa espera a que le afeiten sentado en su silla de barbería.

Las máquinas de escribir no paran o en su estática, son imparables.

Las teclas percuten sobre papeles oníricos

Mientras el viento de la noche entra y sale en la doble habitación,

Arrastrando las hojas aún no escritas, llevándoselas no se sabe adónde,

En blanco, sin que haya habido tiempo de escribir sobre ellas nada.

¿Acaso sea la única claridad inmaculada?

 

   Sin embargo, como dijiste una vez,

«…Continuará.»

La vida, los mundos en dos dimensiones que sacaste de éste,

Que era el tuyo, que estaban en éste mientras estuviste,

Aunque sólo tú fuiste quien nos los dibujaste y nos los diste en las formas y sus colores

Para que nosotros aprendiéramos a descubrirlos.

 

   Tu busca, tus lápices y pinceles, los tubos de acrílico, tus laboratorios,

Tus papeles, lienzos, mosaicos, poemas visuales,

Carteles…

Todo esto nos dejaste, y también la vida de tus sueños

En la materia de tus cuadros visibles y tangibles.

Tu vida misma a la que hoy nos invitas,

Colgada de las paredes de un museo.

 
 
 

 
 
 

[Fotos: Lauro Gandul Verdún 1988-89]

 
 
 

«DE SOL A SOL» UN LIBRO DE POEMAS DE JOSÉ ANTONIO FRANCÉS, ILUSTRADO POR ROCÍO LEPE. UN POEMA POR UN LIBRO. Lauro Gandul Verdún (19 de diciembre de 2020)

El escritor José Antonio Francés

[Foto: LGV Alcalá 1989]

   De sol a sol

Empedrado de versos entre flores

Y simples hojas verdes

   Este libro está lleno de pájaros

De puros papeles de colores

Y tiene mariposas en el arcoíris

   Pinturas esmaltadas en las palabras

Palabras teñidas para canciones

Paisajes de tintas vivas

Siempre todo en papeles de colores

   En papeles de colores el caballo

La mañana y la noche

Porque

El espantapájaros

La granjera

Algún burro

O el perro

Y las ovejitas

Hasta un ternero o una chicharra

A los versos se encadenan

   Entre gallos y gallinas

Cigüeñas y hormigas

Una vaca

Una cabra

En papeles de colores

Nos asombran la lectura

Nos dibujan las pupilas

   De sol a sol

Donde nunca cesa el cantar del poeta

Poemas que se recitan

Como cuentos que ocurren en verso

Igual que en los sueños

Inocentes de la infancia

Cuando cruzábamos los espejos

Y éramos alegres en las palabras y los actos

   De sol a sol

De la onomatopeya a la oda

De la mañana a la luna

El mediodía es un madrigal

   Este libro

Él solo

Forma una biblioteca y suscita cuadros

Para una exposición

Para un bolsillo pequeño

Donde caben las grandes obras

Porque son muchas las lecturas

Porque  hojaldrada es su profunda realidad

   Venid a leer

Echadme cuenta

Y lean este libro jaspeado

Ánfora de metáforas

Caleidoscopio de fábulas

Donde hondos los murmullos se escuchan

Voces múltiples corales

Dulces como el silencio

O secretas como el rumor que pasa por debajo de los asuntos

   Venid a este libro

De versos y dibujos

De voces y colores

De papel y de jornada

Para leer y cantar

Para estar y ser en él

De sol a sol.

LA CASA. María del Águila Barrios

 
 
 

Museu da marioneta

[Foto: LGV (Lisboa 2018)]

 
 
 

Celebro las Pascuas felizmente con mi pequeña familia en mi casa, pero no tienen porqué ser las fiestas los momentos únicos, también la cotidianeidad puede resarcirse de la rutina en cualquier rincón donde puede hallarse un Aleph. Tengo la fortuna de vivir en una casa y por ello me siento privilegiada. En ella estoy a gusto y disfruto de una biblioteca bien abastecida, especialmente en los últimos años gracias a los libros que voy adquiriendo a buen precio en la librería Término, sin tener que salir de Alcalá, ahorrándome no pocos viajes a Sevilla buscando las pocas librerías que sobrevivían. En nuestro pueblo tenemos una llena de vida y de libros nuevos y usados.

   Hago mío el refrán español «mientras en mi casa me estoy, rey me soy». ¿Habrá algo más agradable que la propia casa? Por estos lares desde tiempo inmemorial hemos sabido aprender del corazón del pueblo, del que formamos parte, que aunque la casa sea pequeña, grande es la tranquilidad. En nuestras casas nuestro deseo profundo es ofrecer al visitante, no opulencia ni exhibiciones suntuarias, sino paz. Pienso que esto último es lo que, en definitiva, más nos ha debido ocupar la vida casera: acumular toda la paz, toda la serenidad que hayamos sabido encontrar. A la casa llevamos todo lo mejor que vamos hallando en el mundo, porque la casa es la parte pequeña del planeta donde habitamos. No podemos nunca descuidar la casa, porque habitar en todas partes nos condena a vivir en ninguna. Aunque huyamos, no podemos olvidar la casa.

   También me gusta este otro proverbio, esta vez alemán: «Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa». Es en la casa, cuando además es taller, donde la virtud se manifiesta en la cotidiana sencillez de cumplir con el deber de crear, construir, preparar, coser, surcar la vida, zurcirla, soñar… como lo que tenemos que hacer; así encontraremos caminos para alcanzar la alegría vital sin salir de nuestra casa.

   Las casas son la naturaleza dentro de la naturaleza, con la esencial diferencia de que bajo sus techos y entre sus muros el genio de esa naturaleza es el ser de su dueño, de quienes la poseen como morada, de quienes la habitan. Se construye y se viaja a cualquier lugar desde ellas, a cualquier tiempo y desde la casa se proyecta hacia el exterior aquello que internamente se ha concebido. En la casa, en el taller, están las herramientas de la creación que necesita su morador. Herramientas que se alegran de su uso. Así desde un adentro generador, el mundo entra y sale de las casas y los talleres a través de las almas humanas.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2021]

 
 
 

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LIBRERÍA ‘TÉRMINO’ (2019-2020)

«ÉGLOGA», DE JUAN ÁVAREZ: EL POEMA DE UN RÍO. Por Lauro Gandul Verdún (Alcalá, 30 de julio de 2020)

 
 
 

Buen atardecer tengamos mientras suenen los versos del río del poema que Juan Álvarez nos va a leer. Estamos con suerte porque vamos a gozar de la Literatura con mayúscula. Ésta, la Literatura, es un paraje infinito de espejos que se dejan cruzar, si el escritor es ser de conocimiento, memoria y voluntad. El otro lado también tiene espejos, y así sucesivamente.

   Un escritor cuenta lo que ha descubierto. Su vida es el experimento continuo, su biblioteca el laboratorio estático. Su inspiración un motor inmóvil que nos puede llevar por el universo sin salir de la habitación. No hay nada más científico que la Literatura, porque que sea infinita no implica ilimitada. Sintaxis, Semántica, Morfología…, ¿habrá algo más estrictamente científico que escribir ficciones? Y su autenticidad está asegurada cuando un escritor lo es de verdad.

   ¿Dónde están los pastores de esta égloga? No los hay ni en el río ni en la vida que se representa el autor «Tu camino y el mío,/ descalabrado río sin pastores,/ ¿no son acaso el mismo?» Trágicamente, la visión del poeta comprende que la ignorancia del mar lo condena a no conocerlo nunca («No conoces el mar. No lo conocerás»). En aparente contradicción con «las vidas que van a dar a la mar, que es el morir» de Jorge Manrique. Paradoja que se salva con la certeza de que el río tiene madre de sus aguas y en poesía el mar no tiene porqué coincidir con el mar.

   Si Garcilaso de la Vega cantó al Danubio desde una de sus islas y Dámaso Alonso a un río llamado Carlos, ¿junto a qué río se ha sentado Juan Álvarez para esta égloga fluvial?, ¿en qué tiempo fluye el río de Juan? Nos responde desde el primer verso «en un tiempo sin tiempo» llevando en su corriente aguas claras y profundas de Luis Cernuda, o «aquel olmo hendido por el rayo» de Antonio Machado, que siguen fluyendo cuando se leen en el poema que presento, gracias a que Juan Álvarez nos trae junto a sus versos, forjados y amorosos, los otros sembrados en los surcos de la Historia literaria, renovados e intangibles, a la par.

   Todos los versos de esta égloga nos llegan desde muy lejos, y están muy cerca, junto a esta orilla ribereña, sus bosques, sus huertas…, y sus ahogados, como escribe Juan Álvarez («unas pocas palabras desgastadas / con que contar la historia de todos tus ahogados»).

   El poeta ha descubierto un territorio, que se ha hecho nuevo por su acción, y ha dibujado un mapa… Pero ha llegado tarde, cuando todo el tiempo y los seres han sido, y ahora sólo se les puede recordar o inventar. Desde esa suerte de aparente nada un mundo crea el poeta y por él nos lleva en un cántico de amor y muerte, de contemplación y acontecimiento, de dolor y nostalgia. De esta última nos da una enseñanza, que la acerca a la saudade de Fernando Pessoa, cuando se refiere a lo que dejó de existir, por haberse perdido para siempre hace tanto tiempo, es causa de que el poeta dude de que hubiera existido nunca («de un tren que ya no existe, que tal vez no existió»).  

 
 
 

LA INSPIRACIÓN. María del Águila Barrios

 
 
 

Bosque de Almeces [Foto: LGV Alcalá 2020]

 
 
 

En un soplo, la inspiración nos agita. Dentro de nosotros, de pronto hace una cabriola y, aunque por nosotros mismos fuéramos incapaces de dar un simple salto, nuestra alma da la cabriola en un poema, o en un beso, o en un buenos días. Es inconsciente, como el viento, el silencio y el paisaje. Inspiración y entusiasmo son lo mismo. ¿De dónde nos viene? ¿La buscamos, o nos llegó súbitamente? Desde luego es como un hálito divino, suave vapor, o ruge con furor, aunque no es caprichosa sino intuitiva, celestial. En cualquier caso, sin ella, sin la concurrencia de su voluntad, pues es ente -algo o alguien-, el crear es empeñarnos en un contrasentido. Cuando su aliento lo sentimos cerca nos arde el temperamento, alcanzamos una grandeza humana: esa tensión del arco provoca que la flecha parta. ¿Hacia dónde? Pregunten a los pájaros, sabrán deciros que las nubes cobijan todo el blanco de los ángeles.

   Claro que la inspiración no escribe todo el poema, no da todas las pinceladas del cuadro, no acaba atisbando todos los planos que se tomaron en las fotos. La inspiración del matemático no despejó todas las incógnitas de la ecuación…, aunque sí, tal vez, abrió de par en par la primera ventana al campo, donde ya con ciencia y con conciencia fuimos resolviendo otros enigmas. Se dice que fue Picasso quien afirmó que a él cuando le llegaba la inspiración siempre le sorprendía trabajando. Probablemente en un genio como él trabajar y soñar son lo mismo, porque no debe entenderse aquí la palabra trabajo como imposición alienante, sino como vocación del corazón y de la inteligencia. Cuando nos aquietamos a tales exigencias de lo entrañablemente sentido y pensado, nos vemos conducidos por senderos de auténtica gloria. Suscita la persona así regida irradiante seducción. Provoca luz en la oscuridad de otros.

   Pero antes hay que caminar mucho oscuramente entre las sombras. Cada día han debido sucederse las páginas ante unos ojos inquietos de lector, como para provocar un llamamiento, una convocatoria a iluminar, colmado de relatos y de imaginaciones. Busquen las musas porque son generosas. Búsquenlas sin preocuparos de otra cosa que no sea una suerte de enajenamiento.

   Nuestro gran Bécquer en su rima III nos dejó varias estrofas donde define desde la poesía lo que para él era la inspiración. Elijo unos versos que me van a servir para concluir mi artículo de hoy y, también, como un último homenaje que le brindo en este 2020 en el que hemos celebrado los ciento cincuenta años transcurridos desde que en una fría tarde de diciembre de 1870 moría en Madrid el poeta: «memorias y deseos / de cosas que no existen; / accesos de alegría, / impulsos de llorar; […] locura que el espíritu / exalta y desfallece; / embriaguez divina / del genio creador… // ¡Tal es la inspiración!»

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2020]

 
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DIARIO FOTOGRÁFICO DE LISBOA (L). UN VEINTINUEVE DE AGOSTO DE 2018. Por Lauro Gandul Verdún

     

(1)

     

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LA EXPOSICIÓN DE RAFAEL LUNA (1952-2010) EN EL MUSEO DE ALCALÁ. María del Águila Barrios

 
 
 acrílicosobrepapelFAFI

Sin título
(Acrílico sobre papel)
Rafael Luna

 
 
 

He encontrado en mi archivo una foto de un cuadro sin título y sin fecha (e incluso sin firma) pero, inconfundible, de Rafael Luna. El Melville de Moby Dick , la Voz Humana de Cocteau, botellas con mensaje, un buque zozobrando en medio de un océano embravecido. No sabemos si nuestra ballena Perla fue un cetáceo tan terrorífico.

   Tenemos al pintor en el Museo de Alcalá hasta el 2 de noviembre próximo. Muerto en 2010, su familia promovió en Sevilla una gran exposición de su obra en 2013. Desde entonces ningún acontecimiento. Ninguno. Ahora tenemos la oportunidad histórica de contemplar una obra enorme, variada, original, innovadora, generadora, creativa, humana…, ¡y mil adjetivos más!. Una obra que es una jungla, y, a la vez, una tierra fecundada por él, que suscita fertilidad, y un efecto multiplicador en el alma de quien a ella se acerque  y respire el aire, el agua, el fuego, la tierra y el mundo que brotan de sus composiciones, de sus series, de sus relatos pictóricos…

   Permitidme que haya pedido a mis íntimos amigos, Olga y Lauro, para que me presten algunas de las palabras, frases y versos a los que pusieron voz en el acto de presentación de la exposición el pasado 1 de octubre en la explanada delante del Museo.

   Elijo del texto de Olga Duarte lo siguiente:

   «Era Fafi un buscador, un ser que amaba lo cotidiano, que se detenía a observar lo que le rodeaba, no despechaba nada, todo le importaba y le importaba porque veía vida en el objeto desechado, gracia en la sonrisa imprevista de quien se cruzaba con él. Adoraba el día a día porque le nutría su creatividad. (…) Fue un pintor que descubrió cómo hacernos observar el mundo con sus ojos, que dejaban de ser los nuestros ante un cuadro suyo. y planteaba enigmas, y acontecimientos, que sólo él podía ver y los traducía en sus obras para nuestro descubrimiento. La calle Bailén, el cine Nevería, las Meninas, las Giraldas, las máquinas de escribir, las bibliotecas, las sillas de barbero, sus versiones de obras históricas de Velázquez, Murillo o Goya. Todo transformado, deconstruido, convertido en otra tesitura, en multiplicadas realidades.»

   Y de Lauro Gandul:

   «(..) De las puertas encajadas o entreabiertas, de una ventana,/ La baranda pequeña de un balcón. Trozos de interiores. Un viejo ropero,/ Un suelo de cuarto con geometrías simpáticas./ Y la memoria del ojo de un alma de espejo e imán.» (…)

   »Mientras se te ocurre un buen día ese regreso tuyo,/  Tendré que ponerte al tanto, aunque no sea fácil (…)

   »(…) Ningún miembro de la familia de Carlos IV se ha bajado/ De su silla roja ni ha soltado su paraguas azul./ La monja de tus Meninas aún no ha descendido de su ascensión./ Todavía no se ha dado cuenta Baltasar Carlos que ese no es su cuadro.»

 
 
 [La voz de Alcalá, 2020]

 
 
  
 
  
 
  
 
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LA MUERTE. María del Águila Barrios

 
 
 

[Foto: LGV, Gandul 2009]

 
 
 

Tal vez, en un sentido estrictamente político, no haya nada más democrático que la muerte. Y, además, la tenemos en medio de la vida, por todos lados, por mucho que cada uno de nosotros se esfuerce vitalmente, incluso, en quererla apartar de sí y de los demás, en particular de los suyos (su familia, sus amigos, sus correligionarios, sus colegas…), la muerte se nos va colando por todos los intersticios de la vida. Aunque para vivir con alegría puede hacerse como si no existiera. «Ojalá vivamos de manera que no temamos a la muerte de aquí; y ojalá muramos de modo que no temamos la muerte de allí» (P.J. Bailey, 1816-1902).

   Pero la ley de la muerte es inexorable y todos los linajes, sin distinción, mueren. Preguntar qué es, sólo sirve para contestar que el final de todo. ¿La nada?, ¿el no ser? ¿la última línea del dibujo de las personas y de las cosas, en un lugar y un tiempo dados?

   La vida es el bien supremo donde se alojan el resto de los bienes, que sólo sea la muerte la que acabe con la vida no es posible, sólo es puerta a otra vida si la que concluye agotó la humana capacidad. La vida vence a la vejez y a la muerte porque la convierte en más vida, en otra vida. He encontrado estos versos de Juan Rufo (1547-1620): La vida es largo vivir,/ y el morir fin de la muerte./ Procura morir de suerte/ que comiences a vivir.

   Hay que saber que el valor que se ostenta, si está basado en el amor, nos hace valientes. Héroes de la odisea de la vida de cada cual, y no cobardes. Con afán enfrentar la existencia hasta el último momento. Y no huir de los combates.

   He querido, hoy, escribir sobre la muerte porque está muy presente con la pandemia que sufrimos. La muerte ha dejado de estar en el ámbito de las personas para pasar al de los políticos que hasta la muerte quieren controlar. A mí me preocupa que la hayan convertido en una estadística diaria, que la manipulen y que quieran legislarla. ¡Qué osadía! La muerte es un hecho muy serio y pertenece a cada persona y a nadie más. De este mundo nadie ha escapado vivo y todos los muertos están en este mundo, ninguno salió. Así que aprendamos de las enseñanzas de la muerte y soñemos con la hermosura de la vida.

 
 
 [La voz de Alcalá, 2020]

 
 
  
 
  
 
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