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«ABRAZARSE A SU DOLOR COMO ÚNICO CONSUELO» (SONETOS XXXII Y XX). Garcilaso de la Vega (1501-1536)

 
edwardHopper-Vidanocturna

Trasnochadores

Edward Hopper

(1882–1967)

 

«Hacia 1529 contrajo matrimonio Dª Isabel Freyre con D. Antonio de Fonseca (…) La boda de Dª Isabel dejó un amargo eco en los versos de Sá de Miranda; el efecto producido por dicho acontecimiento en el ánimo de Garcilaso parece manifestarse (…) en el desaliento con que el poeta alude a la pérdida de sus esperanzas (Son. XXXII, 12-14), y en la tristeza con que habla de abrazarse a su dolor como único consuelo (Son. XX, 9-14)»

 

[Obras de Garcilaso.

Edición de Tomás Navarro Tomás (1884-1979).

Editorial Espasa-Calpe, S.A. Madrid 1970]

 

SONETO XXXII

 

   Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con sospiros;
y más me duele nunca osar deciros
que he llegado por vos a tal estado,

   que viéndome do estoy y lo que he andado
por el camino estrecho de seguiros,
si me quiero tornar para huiros,
desmayo viendo atrás lo que he dejado;

   si a subir pruebo, en la difícil cumbre,
a cada paso espántanme en la vía
ejemplos tristes de los que han caído.

   Y sobre todo, fáltame la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por la escura región de vuestro olvido.

 

SONETO XX

 

   Con tal fuerza y vigor son concertados
para mi perdición los duros vientos,
que cortaron mis tiernos pensamientos
luego que sobre mí fueron mostrados.

   El mal es que me quedan los cuidados
en salvo de estos acontecimientos,
que son duros, y tienen fundamentos
en todos mis sentidos bien echados.

   Aunque por otra parte no me duelo,
ya que el bien me dejó con su partida,
del grave mal que en mí está de contino;

   antes con él me abrazo y me consuelo;
porque en proceso de tan dura vida
atajaré la guerra del camino.

 
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Garcilaso de la Vega en «CARMINA»:

 

SONETO V. Garcilaso de la Vega (1501-1536)
APROXIMACIONES A LA POESÍA HUNGÁRICA (Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2008)
«CERCA EL DANUBIO UNA ISLA…» (CANCIÓN III). Garcilaso de la Vega (1501-1536)
 

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SONETOS DE DIVERSOS AUTORES EN «CARMINA»

 

«CERCA EL DANUBIO UNA ISLA…» (CANCIÓN III). Garcilaso de la Vega (1501-1536)

 

RO TransfagarasPresaArges 2004

[Foto: Cuenca danubiana LGV (Rumanía 2004)]

 

   «Al llegar a Ratisbona, en marzo de 1532, el Emperador, informado del asunto de Garcilaso por cartas de la Emperatriz, confinó al poeta en una isla del Danubio, sin que el memorial presentado por Garcilaso en su defensa ni las gestiones de sus amigos pudiesen evitarlo.

   »El confinamiento de Garcilaso debió durar hasta julio o agosto de 1532 en que el duque de Alba logró que se le concediese, en concepto de destierro, trasladarse a Nápoles a las órdenes del virrey D. Pedro de Toledo. Durante su permanencia en la isla del Danubio Garcilaso escribió la canción III y, probablemente, algunos de sus sonetos (…) En dicha canción, hábilmente ajustada al estilo del Petrarca, el sentimiento de la Naturaleza se manifiesta de una manera más perceptible que en las composiciones de Garcilaso de fecha anterior. El rasgo más saliente de esta poesía es, sin embargo, el abatimiento del poeta ante los reveses de su fortuna y ante el fracaso de su vida sentimental.»

   «Pero en la canción del Danubio, Garcilaso, hecho ya a sus desventuras, apoya amargamente su resistencia en sus propias desilusiones y espera sin temor su porvenir no obstante haber caído en desgracia con el Emperador y verse “preso y forzado y solo en tierra ajena”.»

   «Supuso Navarrete que la isla del Danubio a que Garcilaso se refiere debió ser la de Schut, cerca de Presbourg (actual Bratislava, capital de Eslovaquia), donde Carlos V había establecido contra los turcos una posición militar. Más probable parece, como indica Keniston, que se trate de alguna de las varias islas que forma el Danubio cerca de Ratisbona, donde el Emperador, con la plana mayor de sus fuerzas, se encontraba en aquella fecha. La isla de Schut se halla a una distancia de más de 600 kilómetros de Ratisbona.»

   «Garcilaso, en su destierro, lamenta haber perdido el favor del Emperador, en cuyo servicio había empleado toda su vida.»

   «Parece entenderse que la desesperanza del poeta respecto a sus relaciones con Dª Isabel de Freyre, casada desde algún tiempo antes con D. Antonio de Fonseca, lo tenía en un estado de ánimo insensible a cualquier otra desgracia.»

 

[Obras de Garcilaso.

Edición de Tomás Navarro Tomás (1884-1979).

Editorial Espasa-Calpe, S.A. Madrid 1970]

 

CANCIÓN III

 

   Con un manso ruido
de agua corriente y clara,
cerca el Danubio una isla, que pudiera
ser lugar escogido
para que descansara
quien como yo estó agora, no estuviera;
do siempre primavera
parece en la verdura
sembrada de las flores;
hacen los ruiseñores
renovar el placer o la tristura
con sus blandas querellas,
que nunca día ni noche cesan dellas.

   Aquí estuve yo puesto,
o por mejor decillo,
preso y forzado y solo en tierra ajena;
bien pueden hacer esto
en quien puede sufrillo
y en quien él a sí mismo se condena.
Tengo sólo una pena,
si muero desterrado
y en tanta desventura,
que piensen por ventura
que juntos tantos males me han llevado;
y sé yo bien que muero
por sólo aquello que morir espero.

   El cuerpo está en poder
y en manos de quien puede
hacer a su placer lo que quisiere;
mas no podrá hacer
que mal librado quede,
mientras de mí otra prenda no tuviere.
Cuando ya el mal viniere,
y la postrera suerte,
aquí me ha de hallar,
en el mismo lugar,
que otra cosa más dura que la muerte
me halla y ha hallado;
y esto sabe muy bien quien lo ha probado.

   No es necesario agora
hablar más sin provecho,
que es mi necesidad muy apretada;
pues ha sido en un hora
todo aquello deshecho
en que toda mi vida fue gastada.
¿Y al fin de tal jornada
presumen espantarme?
Sepan que ya no puedo
Morir sino sin miedo;
que aun nunca qué temer quiso dejarme
la desventura mía,
que el bien y el miedo me quitó en un día.

   Danubio, río divino,
que por fieras naciones
vas con tus claras ondas discurriendo,
pues no hay otro camino
por donde mis razones
vayan fuera de aquí, sino corriendo
por tus aguas y siendo
en ellas anegadas;
si en tierra tan ajena
en la desierta arena
fueren de alguno acaso en fin halladas,
entiérrelas, siquiera,
porque su error se acabe en tu ribera.

   Aunque en el agua mueras,
canción, no has de quejarte;
que yo he mirado bien lo que te toca.
Menos vida tuvieras
si hubieras de igualarte
con otras que se me han muerto en la boca.
Quién tiene culpa desto,
allá lo entenderás de mí muy presto.

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Garcilaso de la Vega en «CARMINA»:

SONETO V. Garcilaso de la Vega (1501-1536)

APROXIMACIONES A LA POESÍA HUNGÁRICA (Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2008)

APROXIMACIONES A LA POESÍA HUNGÁRICA (Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2008)

 

Padre e Hijo en el Danubio, Braila, 2001

Pescadores en el Danubio (Foto L.G.V., Braila, 2001)

 

El Danubio es, después del Volga, el mayor río del continente europeo. Nace en la Selva Negra (Alemania) y va a fluir 2860 kms. hasta su desembocadura en el mar Negro (Rumanía). Atraviesa ciudades como Viena, Bratislava, Budapest o Belgrado. El primer poema en español que canta al gran río fue escrito durante el verano de 1532 por Garcilaso de la Vega. El poema supone también, según Tomás Navarro Tomás, el primero del autor en que el sentimiento de la naturaleza se manifiesta “francamente”. Por orden del emperador Carlos V el poeta soportará ese verano pena de confinacíón en una incierta isla que

 

Con un manso ruido

de agua corriente y clara,

cerca el Danubio (…)

 

 

Donde va a escribir su “Canción III” como alabanza al río, y dejará claro, además, que no es mayor la desgracia de estar “preso y forzado y sólo en tierra ajena” que el sufrimiento de saberse en la definitiva desesperanza de conquistar el corazón de D.ª Isabel Freyre, quien se había casado con D. Antonio de Fonseca, algún tiempo antes del destierro del caballero renacentista:

 

Sepan que ya no puedo

morir sino sin miedo;

que aun nunca qué temer quiso dejarme

la desventura mía,

que el bien y el miedo me quitó en un día.

 

Sin su amada el poeta español sólo tiene al Danubio. Personifica al río al invocarlo por su nombre propio, de esta suerte le entona un canto, que es también un exhorto o una oración que se lee así:

 

Danubio, río divino,

que por fieras naciones

vas con tus claras ondas discurriendo,

pues no hay otro camino

por donde mis razones

vayan fuera de aquí, sino corriendo

por tus aguas y siendo

en ellas anegadas;

si en tierra tan ajena

en la desierta arena

fueren de alguno acaso en fin halladas,

entiérrelas, siquiera,

porque su error se acabe en tu ribera.

 

 

Aunque en el agua mueras,

canción, no has de quejarte;

que yo he mirado bien lo que te toca.

Menos vida tuvieras

si hubieras de igualarte

con otras que se me han muerto en la boca.

Quién tiene culpa desto,

allá lo entenderás de mí muy presto.