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LAS MÁSCARAS DE ROMA SON CÓRDOBA, O ESTE TIPO DE RETRATO EN ESCULTURA. Fotografía Manuel Verpi 2015 [Museo Arqueológico de Córdoba IV]

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Para los fastos de Dionisos

 

 teatro1Personaje sorprendido ante la vida

 

ESCULTURAS ROMANAS DE UN TOGADO Y UN BARBUDO. Fotografía Manuel Verpi 2015 [Museo Arqueológico de Córdoba III]

 
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Togado

 

retrato.Córdoba. M. Verpi 2015

Busto de un barbudo

 

DOS DESNUDOS: ROMA ES CÓRDOBA, O CÓRDOBA ES «CARMINA» (ESCULTURA). Fotografía de Manuel Verpi 2015 [Museo Arqueológico de Córdoba II]

 

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RETRATO: CUATRO POR DOS. ROMA EN CÓRDOBA, O CÓRDOBA EN «CARMINA» (ESCULTURA). Fotografía de Manuel Verpi 2015 [Museo Arqueológico de Córdoba I]

 

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tándem

Tándem

 

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reflexión

Reflexión

 

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sátiros

Sátiros

 

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personajes

Anónimos personajes

 

700 AÑOS DE LA SINAGOGA DE CÓRDOBA: (1314/15-2015). Antonio Luis Albás.

VICENTE NÚÑEZ X: Plaza Octogonal, II,III,IV,V y Homenaje a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca y Fernández de Córdoba. Antonio Luis Albás, (2014)

 

II

LO sustancial no configura espacio.

Son las esquinas de la escocia quienes

proclaman el verdor del mundo.

Son los herrajes del segundo cuerpo;

espectral simetría que discurre

sobre el pretil de la borrosa impronta.

¿Puede acatarse así todo el desfile

de los remates antes desdeñados,

pero que se estimaron decisivos

en el trazado de la magna pieza?

Al fondo, un tenue emblema se insinúa

Como una arruga en medio del ocaso.

 

III

DECLINA ya la tarde. ¿Dónde

tendrán que hallar refugio las metopas,

dónde los lapiceros del triglifo amarillo

con su tableta endeble de nacela?

¡Lo azul, lo azul! Y el criptograma

de la salamanquesa y su cola de sigma

bajo los galletones del brutal arquitrabe.

Cruje el satén de una cartela,

y la inscripción latina

(…in fórum liberaliter convertit)

se desenreda de la sillería.

¡Un logaritmo llora por mis venas!

 

IV

LITERALES, las jambas,

siempre sumisas a severos

dictámenes, aportan

nueva maraña de sentidos.

Qué flanquean: lo oscuro,

los mil dinteles de la ya inminente

transformación rudimentaria,

la presencia de signos

no suscitados desde los albores

del compás y el escoplo.

Penetrabilidad de las edades

en el recinto mágico.

 

V

ABRÁZAME ahora mismo.

Vuelvo desnudo con un cesto de uvas

al lagar de tus padres.

No me preguntes nada.

Bajo los parasoles del mercado,

la mañana se abría

de codicia y sandalias.

Extiéndeme o exhíbeme

como un tul. En Corinto,

solían los ladrilleros

hablarme sin reparos

de asuntos ipagrenses.

Vengo a vender mi cuerpo.

 

 

[Vicente Núñez,  Poesía (1954-1990).

 Edita Excma. Diputación Provincial de Córdoba.

 Págs. 245 y 246.

Córdoba 1994]

VICENTE NÚÑEZ, III: De la Plaza Octogonal; Piedra y Cielo y Homenaje a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca y Fernández de Córdoba. Antonio Luis Albás, (2014)

   «Yo le llamo la ventana pero, claro, ten en cuenta que el cielo de la plaza, o la plaza misma, tiene dos cielos: el que está por encima del octógono y ese otro que se ve, que yo llamo la ventana desde el arco largo, que baja. Son dos cielos con dos tonalidades distintas: una en azules, el cielo propiamente dicho, el cielo de la plaza, el cielo plano, el cielo techo; y luego ya lo que se ve a través del arco, ese pedazo curvo de cielo no recortado en ochavas, ese pedazo en medio punto ya es incandescente, la bóveda queda azul como si fuera la magna lente de un observatorio astronómico, que es posible que tenga ese sentido.

»El constructor de esa plaza es posible que tuviera algún sentido esotérico, de una observación estelar porque, ten en cuenta que por el cielo de la plaza —yo lo he visto en múltiples veranos— pasan cosas, objetos incandescentes, nubes con formas extrañas de animales prediluvianos, segmentos de peces rotos, nudos y huesos pasan, pasan, siguen… Grandes melones de luz en agosto con bombardeos de meteoritos, que no lo parecen.

»Es un gran observatorio, es una gran lente. Es un espacio acotado: el espacio no es más espacio hasta tanto no está perfectamente acotado.

»El cielo a campo abierto no es tan cielo como el cielo acotado de la plaza.»

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IPAGRO EN «CARMINA»

VICENTE NÚÑEZ, II: Plaza Octogonal, I y Homenaje a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca y Fernández de Córdoba. Antonio Luis Albás, (2014)

 

                             I

 

A Carmen Romero

       NO definen sus formaciones

   sotabancos ni pináculos;

   no abarcan en la cal lo estricto.

   Se deliberan en sí mismos

   como inducidos por las tejas:

   última escoda antes de un cielo

   que los conmina a ser más ágiles.

   Surgen ya recurridos; burlan,

   en el carril del friso, un ralo

   jaramago que no se atiene

   al disoluto canon jónico.

   Manchas enfoscan mapas húmedos;

   arqueología y aporía

   en el mental plano de arranque.

   El recorrido se convierte

   ahora en recta y gruesa faja,

   por donde asoman como hebras

   de leve gasa las cornisas:

   ramal que los dispersa y hunde

   hasta los dovelajes bajos.

   ¿Enuncian un patrón, se rinden

   al propio desarrollo entero?

   ¿Saltan a otro despliegue, logran

   cualquier formulación de esquema

   y se entreabren, pugnan, muerden

   el escuadrón de las barandas?

   Ya sólo apuntan a un exceso,

   a una febril idea métrica.

   Ya sólo tienen una insólita

   meta radial: equivocarse.

 

[Vicente Núñez, Poesía (1954-1990).

Edita Excma. Diputación Provincial de Córdoba.

Pág. 244.

Córdoba 1994]

 

REENTERRAMIENTO DE LOS RESTOS HUMANOS EN LA NECRÓPOLIS JUDIA DE LUCENA (CÓRDOBA); S. XI. Ritual. Antonio Luis Albás, (2013)

 

LO FUNDAMENTAL DE CÓRDOBA ES SU DETERIORO (CON DIBUJO DEL AUTOR). Vicente Núñez

La poesía en Córdoba no es un quehacer, es un destino. Y esto por dos razones aparentemente contradictorias: la atracción del pasado y la repulsión del futuro. Ni hay, ni ha habido, ni habrá literatura cordobesa. Lo fundamental de Córdoba es su deterioro, su humedad, sus calles rotas, nunca habitada, su circulación endeble –y, sin embargo, misteriosa-, su sinsentido de nada, su piña de religiones y culturas, su estrechez urbana. Córdoba es la poesía del futuro. Cernuda creía, el pobrecito, que el espacio de la carne era el espacio de la poematicidad. Leve error: en las ciudades está el cuerpo de nuestro ser, el deterioro de nuestra existencia, el estercolero de nuestra poesía.