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LECTURA DE POEMAS DE «VIAJE» EL JUEVES 17 DE MAYO DE 2018 A LAS OCHO Y MEDIA DE LA TARDE EN LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’ DE ALCALÁ DE GUADAÍRA. Por Lauro Gandul Verdún (con presentación y comentarios de Olga Duarte Piña)

 
 
 
LauroGandulViaje
 
 
 

CRISTO DEL AMOR DEL JUEVES SANTO. Fotografía con música [Lauro Gandul Verdún (Alcalá de Guadaíra, 2018)]

 
 
 

Cristo del Amor
Cristo del Amor
(Jueves Santo)
[Foto: LGV 2018]
(PINCHE EN LA FOTO PARA ESCUCHAR LA MÚSICA)
 
 
 

VIRGEN DE LA ESPERANZA DEL MIÉRCOLES SANTO. Fotografía de Lauro Gandul Verdún (Alcalá de Guadaíra, 2018)

 
 
 
virgen de la Esperanza

Virgen de la Esperanza
(Miércoles Santo)
[Foto: LGV 2018]

 
 
 

LA JUDEA AYER Y HOY, CON DOS SAETAS. Fotografías de Olga Duarte Piña [Jueves Santo en Alcalá de Guadaíra de 2018]

 
 
 
1. Beni y Porti

Porti y Beni

[PINCHE EN LA FOTO PARA ESCUCHAR LA SAETA PRIMERA]
 
 
 
2. Eloy

Eloy

[PINCHE EN LA FOTO PARA ESCUCHAR LA SAETA SEGUNDA]
 
 
 
3. lancero
Lancero
 
 
 
4. Lanceros
Lanceros
 
 
 
5. lanzas
Lanzas
 
 
 
5. Pechuga, Benjamin e hijo
Pechuga, Benjamín e hijo
 
 
 
6. Capitán
Capitán
 
 
 
7. Bandera
Bandera
 
 
 
9. Pajineta
Pajineta
 
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EL RITO DE LA JUDEA DE ALCALÁ EN «CARMINA»
 
 
 

DECENARIO DE «CARMINA» (II). DONDE CANTAR ANDALUCÍA EN LUSITANO. Acto de presentación de la revista «CARMINA» TEXTOS PARA UNA LECTURA Nº 3 (Hacienda de los Ángeles Viejos de Alcalá de Guadaíra (23 de noviembre de 2007)

 
 
 

 
 
 

 
 
 

RAP EN LA LIBRERÍA ‘TERMINO’. Fotografía y audio de Olga Duarte y Lauro Gandul [Alcalá de Guadaíra, 8 de febrero de 2018]

 
 
 

UN RÁPIDO
los tres LGV 2018 4

 
 
 

MEGAS
los cuatro LGV 2018 3
 
 
 

PSICOSIS
el rápido LGV 2018 1
 
 
 

PERRO VIEJO DEL TÉRMINO
los cuatro LGV 2018 4
 
 
 

[PINCHE EN LAS FOTOS PARA ESCUCHAR LOS POEMAS]

 
 
 

LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’ DE ALCALÁ DE GUADAÍRA (UNA HISTORIA DE DOS LIBREROS): ANTONIO GARCÍA CALDERÓN Y MARIANO CRUZ GARCÍA. De la serie «Historias de vidas» por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2017

 
 
 
Mariano y Antonio. LIBRERÍA TÉRMINO 2017

Los libreros de ‘Término’ Mariano Cruz y Antonio García
[Foto: ODP 2017]

 
 
 

Fue en otoño de 2015 en un taller de literatura que Mariano daba en la Biblioteca Pública. Antonio llegó tarde al edificio del antiguo matadero municipal y vio el cartelito, que lo anunciaba, colgado en la puerta de la biblioteca con el título de Vísperas y el nombre del escritor. Por esta denominación supo que lo había leído en internet en una revista literaria así llamada, y que el tal Mariano de la revista era el mismo que el del taller. A éste le costó admitirlo porque ya había pasado el plazo de inscripción. No se conocían personalmente, aunque pronto comprobaron que tenían muchos amigos comunes pero jamás antes habían coincidido en ningún lugar.

   Aquel taller constituyó propiamente un curso por su duración, realmente fueron dos talleres, alargándose el programa hasta mayo del año siguiente. En una primera fase se trataba todo el proceso de elaboración de una obra literaria, desde los aspectos puramente creativos a los editoriales, pretendiendo abarcar el mundo del libro desde el preciso momento en que un escritor concibe una idea hasta que esa idea va paulatinamente evolucionando para convertirse en un libro, físicamente considerado. Se abordaban también los ámbitos de la crítica y de la vida editorial. Luego, en una segunda parte, las enseñanzas se centraron en las técnicas narrativas en general, aunque especialmente enfocadas hacia el relato breve.

   Vísperas es una revista de reseñas bibliográficas, y crítica literaria en general, fundada por Mariano en 2013 cuando vivía en Inglaterra. La dirigió hasta no hace mucho, coordinó a los autores que en ella publicaban y procuró que los textos que se editaban ofrecieran a sus lectores noticia de la creación literaria en general. Desde que se apartó de la revista ésta se ha venido dedicando más a la literatura española, habiendo dejado de ocuparse de la extranjera.

   Antonio es arquitecto. Ha sido siempre un curioso de las letras y por éstas se ha entusiasmado y, al mismo tiempo por ese interés, le han gustado los libros: poseerlos, leerlos, ordenarlos, buscarlos… en las bibliotecas familiares, en las de los amigos, en las públicas y, claro está, en las librerías. Ha sido un visitante asiduo de librerías, un tipo cada vez más exótico por serle cada vez más difícil encontrar una librería de verdad. El taller literario le estaba animando a explorar la posibilidad de encontrar la oportunidad de hacer realidad ese deseo de ser librero. Estuvo atento a un cierto movimiento, que venía ocurriendo en Sevilla, tratando de recuperar una forma de librería que, además de vender libros, desempeñase otras funciones atinentes a la acción cultural y, por tanto, social. La librería como espacio público donde los aficionados a los libros además de comprarlos pudieran establecer lazos entre ellos, con el propio librero y con los protagonistas de los sucesivos actos que se celebraran. Esto no era nuevo. Las vanguardias literarias no sólo se hicieron visibles en los cafés legendarios de Madrid, Lisboa, París o Bruselas del pasado siglo. También en legendarias librerías de ésas y otras ciudades. Joyce presentó su Ulises en la Shakespeare & Company de París. En Lisboa los poetas de Orfeo pasaban sus iluminados días entre el café A Brasileira y la librería Bertrand. Pero lo que sí aparecía como nuevo era precisamente esa actualización de la librería como centro cultural y social, regentar una librería de esta guisa aquí en nuestra tierra y hoy en día. Y así, por ejemplo, lo estaba haciendo la librería sevillana La Extravagante (hoy Caótica).

 
 
 
Mafra (biblioteca) Lorenzo del Término 2017

Biblioteca del Convento de Mafra
[Foto: Lorenzo del Término (Portugal, 2017)]
 
 
 

   Antonio colocó en las redes sociales una noticia de futura apertura de una librería en Alcalá para comprobar qué reacción tenía la gente. Una librería con esa forma de organismo vivo y creativo alimentado por una humana voluntad sólida, dirigida a suscitar una suerte de corporeidad de las palabras, un espacio abierto a la participación del público, generoso con éste y con sus necesidades espirituales, intelectuales o artísticas en aras de procurar dar una satisfacción a éstas. No habían pasado ni dos días y recibió un mensaje de Mariano quejándose porque no encontraba la librería y pidiendo la dirección exacta. No era torpeza de Mariano, que no sabía aún que Antonio estaba detrás de la noticia, porque éste había incluido un plano de ubicación de la librería… inexistente, en pleno centro de La Plazuela, ¡cómo la iba a encontrar Mariano, ni nadie! Cuando había leído que una librería de tales características existía en Alcalá lo primero que hizo fue irse para La Plazuela a buscarla. Antonio le contestó que la librería no la iba a encontrar, pero sí que era un proyecto. El taller sirvió ahora, también, para que los dos continuaran madurando las ideas. Mariano se entusiasmó con el proyecto de una librería así. Le puso de manifiesto a Antonio que estaría dispuesto a embarcarse en esa singladura. Hablaban y hablaban, y consultaban, iban de aquí para allá estableciendo contactos con libreros, con editoriales…, iban percibiendo que el proyecto cuajaba, que se sentían cada vez más capaces de dar el paso adelante.

   Hay varias librerías como referentes, que en los últimos cinco años han revolucionado el concepto de librería clásico. Son librerías que se han convertido en centro de animación cultural del sitio donde están e irradian su dinámica literaria y de proyectos. La ya citada Caótica en la calle José Gestoso en Sevilla. En Madrid, la librería-vinoteca Tipos Infames les sirvió de modelo, visitaron La República de las Letras en Córdoba, y sobre todo se detienen en detalles cuando mencionan La Puerta de Tannhauser ubicada en Plasencia. Han viajado para conocer estas librerías, inspirarse, y así concebir Término.

   Después de que el taller Vísperas finalizara en mayo de 2016, Mariano se fue a trabajar en una novela a la oficina de trabajos compartidos que coordinaba Antonio en la calle Pescadería. Allí pasó todo ese verano lo que supuso que no hubiera solución de continuidad al proceso de conformación del proyecto de su propia librería.

   Todo se precipitó desde ese verano y el día quince de septiembre se pre-inauguró Término, aún con los estantes vacíos. Fue invitada Marina Perezagua que vino a presentar su libro Don quijote en Manhattan, luego fue la inauguración oficial y a partir de aquí, con un «terreno virgen» como ellos mismos han calificado este lugar libresco de Término, se han ido sucediendo presentaciones de libros, conferencias, veladas musicales, charlas, encuentros literarios, todos los jueves y algunos viernes más algunas catas de vinos. Han generado «una corriente de simpatía» como les dijo José Antonio Francés, en la cultura alcalareña, también llega mucha gente que les dice: −«¡me han alegrado la vida!». Más allá de todo este repertorio se han convertido, también, en una librería de barrio porque llegan a hacerles encargos. El primero fue una Biblia.

   Tienen un fondo literario que los caracteriza, basado en editoriales relevantes e innovadoras en sus ediciones. Pero, principalmente, tienen en cuenta lo que a ellos les gusta. Aun así, este fondo se ha ido ampliando por la demanda de los clientes y ha aumentado la colección de libros de Historia, por ejemplo. Desde este verano, se ha ido incorporando el fondo de libros de segunda mano.

   La agenda de programación ya está cubierta hasta la primavera del año próximo. Y ya no son ellos los que proponen actos culturales sino que llegan propuestas desde muy variopintas perspectivas de la cultura. A todas le dan acogida y siempre con una gran calidad en las presentaciones y los invitados.

   Esperamos que el Dios Término siga alumbrando las lindes de este centro cultural, inimaginable pero necesario, para arar la tierra literaria alcalareña que durante muchos años ha estado en barbecho.

 
 
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Librería Al Andalus 2017 1

Librería Al Andalus de Sevilla en abril de 2014
 
 
 

A modo de estrambote fotográfico, por gentileza de Lorenzo del Término (autor de estas instantáneas) nos permitimos aprovechar este espacio para hacer un homenaje a la librería sevillana Al Andalus, auténtico paradigma de muchas de las cuestiones tratadas en esta semblanza de nuestros dos libreros, que en la Sevilla de hace medio siglo llegaron a hacer realidad lo que aún hoy está vivo. LAUS LIBRIS
 
 
 
Firmas en Al Andalus 1

Firmas en vigas y muros de la librería Al Andalus de Sevilla (1)
 
 
 
Firmas en Al Andalus 2

Firmas en vigas y muros de la librería Al Andalus de Sevilla (2)
 
 
 
Firmas en Al Andalus 3

Firmas en vigas y muros de la librería Al Andalus de Sevilla (3)
 
 
 
Librería Al Andalus 2017 2
 
 
 

DEL MIÑO AL GUADAÍRA. LOS INMIGRANTES GALLEGOS Y PORTUGUESES DE ALCALÁ DE GUADAÍRA EN EL SIGLO XVIII. Javier Jiménez Rodríguez (IES Ángel Ganivet de Granada)

 
 

igrexa-santa-maria-tomino

Iglesia de Santa María en Tomiño
Mancomunidade do Baixo Miño
(Pontevedra)

 
 

La España actual es el resultado de los distintos movimientos migratorios que se han sucedido a lo largo de la Historia. Las migraciones de los mozárabes del sur a los reinos cristianos del norte durante los primeros siglos de la Reconquista, las repoblaciones cristianas de las tierras reconquistadas durante los siglos XII y XIII o el éxodo rural y la emigración a las provincias más industrializadas durante el siglo XX son fenómenos fundamentales para comprender la evolución histórica de nuestro país. Los desplazamientos de población constituyen una realidad recurrente y sus consecuencias han sido tan profundas que afirmar que España es una nación de naciones es un disparate carente de base histórica y solo puede responder a tácticas oportunistas cortoplacistas de políticos mediocres. Este artículo tiene como objetivo aproximarnos al estudio de la emigración gallega y portuguesa a Alcalá de Guadaíra durante el siglo XVIII. La mayor parte de los datos ofrecidos provienen de tres series documentales: los testamentos y poderes para testar, los expedientes de matrimonios apostólicos conservados en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla y los contratos de compraventa y alquiler celebrados en las cuatro escribanías de Alcalá durante el siglo XVIII.

   Para completar la información ofrecida por estas fuentes hemos recurrido también al catastro de Ensenada, a los repartimientos fiscales de la época y a expedientes notariales de diversa naturaleza.

   Desde el siglo XVII hasta el tercer cuarto del siglo XX, en torno a tres millones de gallegos emigraron a otras tierras con la esperanza de mejorar su situación. Este fenómeno fue el resultado de numerosas causas demográficas, económicas, sociales e, incluso, sicológicas.

   Durante la Edad Moderna y buena parte de la Edad Contemporánea, algunas comarcas de Galicia soportaron las densidades de población más elevadas de España. Sin embargo, la principal causa de los movimientos migratorios fue siempre la existencia de una estructura económica arcaica, basada en la agricultura minifundista de subsistencia. La primera etapa de la emigración gallega comenzó en el siglo XVII y se prolongó hasta mediados del XIX. Los principales destinos eran Castilla, Andalucía y Portugal. En una segunda etapa, que se extendió de 1860 a 1936, los emigrantes gallegos se establecieron sobre todo en Cuba, Argentina, Uruguay, México y Brasil. En la última etapa, que coincidió con el tercer cuarto del siglo XX, se reanudó la emigración hacia Argentina y surgieron nuevos destinos como Venezuela, Centroeuropa (Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda, Bélgica y Suiza) y las regiones españolas más industrializadas (Cataluña, País Vasco y Madrid). Solo esta última fase afectó a un millón de personas. Las migraciones gallegas a gran escala finalizaron definitivamente a mediados de la década de 1970.

 
 

Iglesia de Santiago el Mayor
Alcalá de Guadaira
(Sevilla)
[Foto: M. Verpi 2014]

 
 

   La gran emigración gallega y portuguesa a Alcalá y, en general, al reino de Sevilla se enmarca en la primera de las tres etapas citadas, en concreto durante las dos últimas décadas del siglo XVII y la mayor parte del XVIII, época en la que la Baja Andalucía seguía siendo una de las zonas más dinámicas de la Península Ibérica. Durante esos años, el predominio del minifundio, la elevada presión tributaria, la baja productividad y la falta de alternativas laborales fuera del sector primario empujaron a los más emprendedores a buscar nuevas oportunidades fuera de su tierra natal.

   La llegada de miles de gallegos y portugueses al reino de Sevilla compensó la disminución de la población causada por las tres grandes epidemias de peste que asolaron el valle del Guadalquivir durante el siglo XVII y contribuyó al crecimiento económico y demográfico de la primera mitad del XVIII. Según los repartimientos fiscales que se custodian en el Archivo Municipal, la población de Alcalá debió de crecer en torno a un 8,3% entre 1715 y 1755, pasando de 808 a 875 vecinos. Este incremento demográfico no solo fue posible gracias a un crecimiento vegetativo positivo, sino sobre todo a un saldo migratorio igualmente positivo (véase el cuadro II)

   Entre 1644 y 1681, el noroeste peninsular vivió una época de relativa prosperidad gracias a la introducción del maíz. Sin embargo, desde entonces y hasta principios del siglo XIX, la economía de Galicia sufriría un estancamiento económico que no impidió que su población siguiera creciendo. De 1691 a 1780 la región vivió su momento de mayor desequilibrio entre los efectivos demográficos y los recursos. Esta situación provocó un aumento de las migraciones que alcanzaron sus cotas más elevadas entre 1751 y 1780, cuando algo más del 40% de los hombres nacidos en el sur de la actual provincia de Pontevedra falleció fuera del reino de Galicia (1).

   El historiador José Manuel Pérez García, tras consultar los archivos de diez parroquias del obispado de Tuy que suponían el 40% de la población de la comarca del Bajo Miño, ha llegado a la conclusión de que entre 1691 y 1780, el 10% de los nacidos en el sur de la actual provincia de Pontevedra que murieron lejos de su tierra fueron enterrados en el reino de Sevilla (2). A partir de estos datos, podemos extrapolar que uno de cada veinticinco hombres nacidos en el obispado de Tuy en esos años se establecería definitivamente en las actuales provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla.

 
 

Tuy (antigua foto)

Antigua fotografía del Paseo de la Corredera
Tuy
(Pontevedra)
[Fuente: Album de prensa de alberto estévez piña]

 
 

   José Manuel Pérez García ha demostrado también cómo, durante el siglo XVIII, los movimientos migratorios del Bajo Miño siguieron tres modelos principales. La mayoría de los emigrantes (en torno al 57%) se desplazaban estacionalmente a Castilla y León donde permanecían durante períodos de seis a siete meses, aunque a veces sus estancias podían prolongarse de uno a tres años. Se trataba de una migración pendular practicada sobre todo por hombres casados o viudos (un 60% del total) que abandonaban temporalmente su hogar cada vez que las cosas venían mal dadas y regresaban a casa cuando habían ganado el dinero necesario para equilibrar las cuentas familiares. En cambio, los gallegos que se decidían a probar fortuna en Andalucía (aproximadamente un 23%) solían permanecer como mínimo dos años y en muchos casos nunca regresaban. Dos de cada tres inmigrantes llegados al sur eran hombres solteros jóvenes que trataban de ahorrar el dinero suficiente para formar una familia o buscaban nuevas posibilidades vitales. Por su parte, la emigración a Portugal, que afectó aproximadamente al 8%, combinaba las estancias cortas cuando el destino era el norte del país con las estancias plurianuales cuando se establecían en Lisboa. En general, las fuentes parroquiales gallegas y portuguesas atestiguan que la mayoría de los emigrantes del Antiguo Régimen abandonaron su aldea por primera vez a edades muy tempranas, en muchos casos, con once ó doce años, y que no pocos seguían pasando estancias fuera de casa tras cumplir los 50 años.

 
 

seriepastelesLuisCaro2014 7

La Retama de Alcalá de Guadaíra
(Pastel)
Luis Caro
2014

 
 

   Aunque los movimientos migratorios suelen estar motivados por causas demográficas, económicas, sociales y sicológicas, no se pueden comprender sin tener en cuenta las cadenas migratorias o relaciones humanas que los propician y suavizan los sacrificios personales que conlleva siempre la emigración. Para el emigrante conocer a alguien en el lugar de destino supone reducir gastos y riesgos. Los familiares y amigos que han emigrado con anterioridad pueden proporcionar alojamiento temporal, suministrar información útil, ofrecer empleo o contactos para encontrarlo, dar apoyo afectivo en los momentos de nostalgia…y, en definitiva, facilitar la integración en la tierra de acogida. Siempre es más fácil decidirse a abandonar la tierra natal cuando se dispone de una red social en el lugar de destino. Por ello, los emigrantes de una zona determinada tienden a establecerse en el mismo lugar. La mayoría de los gallegos y portugueses que residían en la Alcalá de siglo XVIII provenía de un área muy concreta de la ribera baja del Miño que formaba parte de los obispados de Tuy y Braga. Actualmente esas tierras constituyen el sur de la provincia de Pontevedra y el norte del distrito portugués de Viana do Castelo (Véase el cuadro I)

   Los primeros gallegos asentados en Alcalá debieron de llegar en el siglo XVII. Con toda seguridad serían personas audaces, con recursos y cualidades suficientes para emprender una nueva vida en tierra extraña. Sin embargo, a medida que la cadena migratoria se fue consolidando, los costos y las incertidumbres de la emigración se irían reduciendo y ampliando el perfil del inmigrante.

 
 

CUADRO I

 
 

Procedencia de los portugueses y gallegos que otorgaron testamento en Alcalá

entre 1745 y 1754

Reino Obispado Municipio Parroquia Número de inmigrantes
Portugal Braga Monçao Moreira          1
Santiago de Pías          1
Monçao          1
Vila Nova          1
Lisboa Lisboa          1
No se indica el municipio          1
Galicia Tuy Caldelas San Martín          1
Mos San Pedro de Cela          1
Nieves Santa Eugenia de Setados          3
Santa María de Taboexa          1
Salvatierra          1
Tomiño San Miguel de Taborda          1
Santa María de Tebra          1
Santa María de Tomiño          2
Tuy          2
Vigo Santiago de Bembrive          1
Orense Castiñeira          1
Santiago Brión San Félix          1

 
 

   Entre 1745 y 1754 hicieron testamento o concedieron poderes para testar en Alcalá 307 personas. Como se aprecia en el cuadro II, veintidós de estas personas eran varones de origen galaico-portugués: dieciséis procedían de Galicia y seis de Portugal. Dado que en esta época era habitual que la mayoría de los alcalareños otorgasen algún tipo de documento de últimas voluntades, podríamos afirmar que, al menos el 14% de los hombres adultos residentes en Alcalá a mediados del siglo XVIII habían nacido en Galicia o Portugal. Por otra parte, se confirma que todos los inmigrantes provenientes de ambos reinos eran varones y que la mayoría (como mínimo dieciocho de los veintidós) eran oriundos de la ribera del Bajo Miño.

 
 

CUADRO II

 
 

Procedencia de las personas que otorgaron testamentos o poderes para testar en Alcalá entre 1745 y 1754
Lugar de nacimiento Mujeres Hombres Total
No consta

Alcalá de Guadaíra

Sevilla capital

Pueblos del entorno

Resto del Reino de Sevilla

Galicia

Portugal

Otros lugares

22 (14,2%)

110 (70,9%)

5 (3,22%)

7 (4,51%)

10 (6,45%)

1 (0,64%)

14 (9,21%)

84 (55,3%)

11 (7,23%)

9 (5,92%)

7 (4.61%)

16 (10,5%)

6 (3,94%)

5 (3,29%)

36 (11,7%)

194 (63,2%)

16 (5,21%)

16 (5,21%)

17 (5,55%)

16 (5,21%)

6 (1,96%)

6 (1,96%)

TOTAL: 155 152 307

 
 

   Los seis expedientes de gallegos y portugueses residentes en Alcalá que contrajeron matrimonio apostólico entre 1712 y 1764 confirman que habían abandonado su tierra natal muy jóvenes, a veces a edades sorprendentemente tempranas (3). Dos de ellos llegaron con 18 años, pero el resto aún no había cumplido los catorce. El más joven de todos, Antonio Álvarez, natural de la parroquia portuguesa de Santiago de Pías (obispado de Braga), solamente tenía ocho años cuando, en 1699, emprendió su viaje sin retorno a Andalucía. Ello fue posible porque estos emigrantes se desplazaban acompañados de familiares y vecinos de su aldea o de las parroquias cercanas. Ir en grupo hacía el viaje menos pesado y más seguro. Los riesgos de sufrir algún robo en el camino o de verse solo ante un posible accidente eran menos probables viajando en compañía de gente conocida, aunque desplazarse a pie desde la ribera del Miño hasta el valle del Guadalquivir cruzando Portugal no dejó nunca de ser una aventura llena de peligros. Las fuentes parroquiales nos informan de que a más de uno le sobrevino la muerte en el camino de ida o a la vuelta.

 
 

Puente sobre el Cavado (Braga)

Puente sobre el río Cávado
(Postal antigua)
Braga
(Portugal)

 
 

   Como ya se ha apuntado, la estancia de los inmigrantes gallegos en el reino de Sevilla podía ser temporal o definitiva. La mayoría permanecía en Andalucía solamente hasta ahorrar el dinero necesario para casarse o comprar alguna propiedad en su tierra natal. Según José Manuel Pérez García, estas estancias solían prolongarse de dos a ocho años. Sin embargo, no pocos acabaron echando raíces en el sur por lo que no regresarían jamás. La inmigración temporal tal vez sea la causa del alto porcentaje de solteros que caracterizaba a este colectivo. Según los datos ofrecidos por los documentos de últimas voluntades de la Alcalá de mediados del siglo XVIII, mientras que la soltería sólo afectaba al 3,5% de los varones adultos nacidos en la villa que no pertenecían al clero, el porcentaje de gallegos solteros casi se elevaba al 23%. Seguramente muchos de estos gallegos permanecerían solteros porque pensaban volver algún día a su aldea, aunque finalmente no regresasen jamás. Sirva de prueba que, en sus testamentos, con frecuencia encontramos que conservaban los bienes heredados de sus antepasados en su tierra natal. El propósito de regresar a Galicia algún día podría ser también la causa por la que algunos se casaban a una edad relativamente provecta para la época y, en muchos caso, tras dejar embarazada a su compañera sentimental que generalmente solía ser la viuda de algún compadre o amigo. Los casados o viudos, en cambio, vendían los bienes legados por sus padres tan pronto como podían y no solían encargar misas ni funerales en su aldea de nacimiento.

   La mayor parte de los inmigrantes que no regresaron jamás a Galicia acabaron contrayendo matrimonio y teniendo hijos. Un caso excepcional fue el de Domingo Acosta que se casó en 1720 con la alcalareña Isabel Bravo Verdejo. Pese a haber tenido una hija, Teresa de Acosta Bravo, el gallego abandonó a su familia solo tres años después de contraer matrimonio para regresar a su tierra. Nunca regresó (4). El caso contrario fue el de Joseph Costas, natural de Santiago de Bembrive (parroquia situada a 5 km de Vigo), que desveló en su testamento, otorgado en 1745, haber dejado en Galicia dos hijos naturales. Tras fallecer su mujer alcalareña sin haberle dado descendencia legítima, los reconoció y los nombró únicos herederos (5).

 
 

CUADRO III

 
 

Estado civil y vecindad de los gallegos y portugueses que otorgaron testamentos o poderes para testar en Alcalá entre 1745 y 1754
Estado civil Vecinos de Santiago Vecinos de San Sebastián Total
Casados:

Viudos:

Solteros:

7

4

4

4

2

1

11 (50,0%)

6 (27,3%)

5 (22,7%)

Total: 15 (68,2%) 7 (31,8%) 22

 
 

   Como ya se ha apuntado, el relativamente elevado nivel de soltería de los inmigrantes no quiere decir que no mantuvieran relaciones sentimentales sin estar casados o, incluso, que tuvieran hijos, aunque normalmente si ella quedaba embarazada la relación solía acabar en boda. Un ejemplo fue el de Gregorio Gallego que en 1726 pidió dispensa para casarse con Luisa Gálvez, viuda de su compadre Pedro Galván. Gregorio Gallego era oriundo del arzobispado de Santiago y había salido de su tierra con 11 años. Fue padrino del hijo del matrimonio. Tras el asesinato de su compadre en 1719 en el Puerto de Santa María, mantuvo una relación con la viuda. Al quedar embarazada y dar a luz una niña, acabó casándose con ella para evitar las habladurías (6).

   Diecisiete de los veintidós gallegos y portugueses estudiados contrajeron matrimonio en Alcalá. Cuatro de ellos se casaron más de una vez y trece tuvieron hijos (una media de 3,6 hijos cada uno). Por lo común sus esposas eran mujeres pobres, en la mayoría de los casos hijas o viudas de jornaleros del campo o, ya bien entrado el siglo XVIII, hija de otro inmigrante. Casi todas carecían de dote o aportaron al matrimonio solamente su ropa de vestir y algo de menaje. Ninguno de los veintidós hombres estudiados contrajo matrimonio con mujeres de las clases acomodadas, tal vez por la desconfianza que los forasteros suscitan en las sociedades rurales. Incluso Baltasar Agranda, natural de Santa María de Cardelas, cuyo caudal poco antes de su boda ascendía a 19.000 reales, no dudó en desposar a una viuda con hijo que no pudo aportar ningún bien material al matrimonio (7). Muchas mujeres humildes a las que, al carecer de dote o ser viudas con hijos, les hubiese resultado muy improbable casarse con un hombre joven con cualidades reconocibles, lograron prosperar gracias a contraer matrimonio con algún mozo venido de la ribera del Miño con ganas de comerse el mundo y dispuesto a echar raíces en Alcalá.

 
 

callegandulRAFAELLUNA

La calle Gandul de Alcalá de Guadaíra
(Acrílico sobre lienzo)
Rafael Luna

 
 

   Gracias al trabajo constante y al ahorro, la mayoría de los inmigrantes galaico-portugueses consiguieron mejorar poco a poco su situación economía e, incluso, adquirir bienes. La lectura de las fuentes nos induce a pensar que, en general, era gente trabajadora, con ganas de mejorar y gran capacidad de sacrificio. Estas cualidades hacían posible que se abriesen camino en una tierra que no era la suya, pero que ofrecía más oportunidades que su tierra de nacimiento. Aunque ninguno de los veintidós hombres estudiados logró hacerse rico, muchos prosperaron más que los jornaleros nativos e, incluso, llegaron a acceder a la propiedad o a explotar una huerta en régimen de alquiler. Jacinto de la Villa constituye un ejemplo revelador de la capacidad para abrirse camino manifestada por muchos de estos inmigrantes. Había nacido en Santa Eugenia de Setados y debió de llegar a Utrera a principios del siglo XVIII, siendo aún un niño. En 1722 contrajo matrimonio con su primera esposa, María Sánchez, que le dio dos hijos y dos hijas. Ante la imposibilidad de ocuparse de ellos, poco después de quedar viudo, en 1740, se volvió a casar. Aunque en un primer momento debió de trabajar en lo que le salía, acabó siendo capataz de la Hacienda de Doña Flor, propiedad de Don Francisco Amat. Gracias a trabajar incansablemente y a vivir con austeridad, tras casarse con su primera mujer compró una casa en Utrera y un manchón de ocho aranzadas en el pago de la Novenera, en el que plantó estacas de olivar, incrementando así su valor y su rendimiento. Su segunda esposa Juana Montes aportó al matrimonio otra casa también en Utrera. Con el tiempo, llegaría a ser uno de los cuatro obligados de panillas de Alcalá. En su testamento Jacinto de la Villa se ufanaba de haber tratado a sus hijos varones como a dos trabajadores más de la hacienda: yo le pagava los hornales a el dicho mi hijo de lo que travajava en la dicha hacienda donde soy capataz como si fuera un estraño… No obstante, se lamentaba de que siendo mozos solteros se ausentasen de su casa y se fuesen a vivir a Utrera a casa de su tía materna… Tal vez, la actitud de Jacinto de la Villa les resultase demasiado adusta a sus hijos… Pero cuando enfermaban o les surgían algún gasto inesperado, su padre no dudaba en socorrerles (8).

   Una vez en Andalucía, los gallegos y portugueses tendían, al menos inicialmente, a relacionarse preferentemente con gente de su mismo origen. Cuando tenían hijos el padrino era por lo común otro inmigrante y cuando iban al escribano a otorgar testamento o unas escrituras de compra-venta solían ir acompañados de algún compañero que actuaba de testigo. Incluso no pocos contrajeron matrimonio con la hija o con la viuda de otro inmigrante de la misma aldea. También era habitual que se prestasen dinero entre ellos. El compañerismo a veces les llevaba a ayudar a las viudas e hijos de sus compadres y finalmente a casarse con ellas, no pocas veces, tras mantener una relación sentimental. En 1764, por ejemplo, Juan Alonso de Acosta, soltero de unos 36 años y natural de Santa María de Tebra (obispado de Tuy), tuvo que casarse con María del Rosario Ramos, viuda de su compadre Alonso Moreno, al haberse quedado embarazada y estar a punto tener un hijo (9).

   Incluso los que habían abandonado sus aldeas muy jóvenes y no habían regresado nunca conservaban cierta conciencia de sus orígenes. Así en los documentos de últimas voluntades siempre citan el nombre de sus padres y normalmente también el lugar de nacimiento. Algunos, sobre todo los solteros, disponían en sus testamentos que se les hiciese un funeral o se dijesen misas por su alma en la parroquia de su aldea. No obstante, en estos documentos se observa que buena parte de ellos hacía tiempo que había perdido el contacto con los familiares que dejaron en Galicia y, por consiguiente, no sabían si sus padres y hermanos seguían con vida.

 
 

carnicería (Sobreiro) LGV 2017

Açougue
Aldeia-Museu José Franco de Sobreiro
Mafra
(Portugal)

 
 

   Casi todos los inmigrantes galaico-portugueses establecidos en Alcalá eran campesinos avezados en las técnicas de la horticultura y el cultivo de la vid. Aunque la mayoría comenzó trabajando como jornaleros, con el tiempo, muchos llegaron a ser capataces o caseros de cortijo o arrendatarios de huertas. No pocos combinaron distintas ocupaciones pues, al mismo tiempo que trabajaban como jornaleros, sembraban pegujales o, incluso, eventualmente podían vender pan en Sevilla. Lo extraño era verles desocupados. De los veintidós casos estudiados tan solo hemos encontrado dos gallegos que no se dedicaron a las labores del campo: Isidro Francisco Novoa que ejerció durante años como maestro de primeras letras en su casa de la calle de la Mina y Juan de Castro, natural de San Félix de Brión, que fue ventero. La mayoría de los hortelanos de la Alcalá de los siglos XIX y XX serían descendientes de los gallegos y portugueses llegados en la Edad Moderna.

   A parte de formar una familia, una de las acciones que revela la intención de los inmigrantes de asentarse definitivamente en Alcalá es la venta de los bienes heredados de sus familias que poseían en Galicia o Portugal. Normalmente se trataba de algún minifundio. Estos predios eran vendidos por lo general a otro inmigrante de la misma aldea que sí tenía la intención de regresar o a algún familiar. Las cantidades obtenidas no eran elevadas pues, como no compensaba ir a Galicia a venderlos, no tenían más remedio que conformarse con lo que les quisiesen dar por ellos. Con frecuencia solo recibían unos cientos de reales. No pocas veces ese dinero se invertía en el casamiento o en la compra de alguna propiedad en Alcalá. Según el Catastro de Ensenada y los propios testamentos, la mitad de los 22 gallegos y portugueses que otorgaron testamento entre 1745 y 1754 poseían al menos una casa y ocho de ellos habían adquirido alguna pequeña finca o cultivan algún pegujal para completar sus ingresos. A los gallegos y portugueses que decidían volver a su tierra natal les resultaba muy lucrativo invertir parte del dinero ganado en Andalucía en la compra de las propiedades gallegas de otros inmigrantes que habían decidido no regresar. Suponía un negocio ventajoso porque solían comprarlas a un precio bastante bajo y además así evitaban llevar demasiado dinero encima. Era menos arriesgado llevar un par de escrituras de compra-venta que monedas de curso legal. Siempre cabía la posibilidad de sufrir algún robo en el camino de regreso.

   Otro indicador del grado de integración de los inmigrantes en la sociedad local es su participación en la vida corporativa de alguna hermandad. Hemos detectado la pertenencia de numerosos gallegos y portugueses en las hermandades sacramentales y de ánimas, pero donde tuvieron un papel más importante fue posiblemente en la Hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles, sita en la iglesia del convento de San Francisco (10). Francisco Roque Álvarez (natural de Santa María de Taboexa), por ejemplo, no solo fue hermano de la Hermandad Sacramental de Santiago, sino que además, durante años, desempeñó el cargo de mayordomo de la Hermandad de la Virgen de los Ángeles. En su testamento reconoció que la cofradía le debía nada más y nada menos que 1.023 reales y 7 maravedíes pues año tras año había cubierto el déficit presupuestario de la hermandad con su propio peculio como solían hacer habitualmente los mayordomos de su época. Se mantuvo siempre soltero por lo que nombró como única heredera a su hermana Ángela de la que no sabía si aún estaba viva o había fallecido (11).

 
 

Torre de Lapela de Monçao

 Torre de Lapela
Monção
(Portugal)

 
 

   Tal vez los dos inmigrantes galaico-portugueses que alcanzaron una mayor relevancia en la Alcalá de la primera mitad del siglo XVIII fueron Manuel Morales y Francisco de Novoa. Manuel Alonso Morales Manso nació en la freguesía portuguesa de Lara, perteneciente al concejo de Monçao, en el Bajo Miño (12). Debió de llegar a Alcalá a finales del siglo XVII. Se casó tres veces, pero la madre de todos sus hijos fue María del Águila Galindo, su tercera esposa. Tanto él como sus hijos Manuel y Leandro desempeñaron en varias ocasiones la alcaldía de la Santa Hermandad entre 1726 y 1738, e incluso ambos hijos llegaron a ser alcaldes ordinarios en 1743 y 1748 respectivamente. Su hijo Antonio era sacerdote y administrador de varias capellanías de la iglesia San Sebastián. Leandro, el único de sus vástagos que se casó, contrajo matrimonio con Francisca Benítez de la Milla, que descendía de una familia hidalga de Carmona venida a menos. Este enlace, aunque no aportó bienes materiales a la familia, debió de darle cierto brillo en una época en la que ser hidalgo daba prestigio. La familia Morales Manso llegó a adquirir diversas propiedades y disponer de sepultura propia en la parroquia de San Sebastián. En el repartimiento fiscal de 1755, su hija Mariana aparece como uno de los quince principales contribuyentes de Alcalá. Los Morales Manso llegaron incluso a perpetuar su memoria en la toponimia local. Como tuvieron en alquiler la huerta del Parralejos durante años, con el tiempo sería conocida como la huerta del Manso, por el segundo apellido familiar y, por evolución, en el siglo XX sería conocida como huerta de Almanzor.

   No menos ascendente fue la trayectoria de la familia Novoa. El gallego Francisco de Novoa, tras afincarse en Alcalá, se casó con Francisca Paula Rodríguez y llegó a ser mayordomo del Ayuntamiento entre 1707 y 1709. Su hijo Antonio también desempeñó diversos cargos municipales a partir de 1739 y su hijo Lorenzo fue presbítero carmelita y prior del convento del Carmen de Alhama de Granada. Por su parte, Sor Mariana de Novoa fue vicaria del convento de Santa Clara de Alcalá.

   Podemos concluir afirmando que los inmigrantes gallegos y portugueses, provenientes sobre todo de la ribera baja del río Miño, establecidos en la Alcalá de la segunda mitad de la Edad Moderna, compensaron las pérdidas de población provocadas por las epidemias de peste del siglo XVII y contribuyeron al crecimiento demográfico y económico experimentado por nuestro municipio durante la primera mitad del siglo XVIII. Aportaron mano de obra para las labores del campo, expandieron la huerta, se casaron con viudas y mujeres pobres con pocas perspectivas de contraer matrimonio, relanzaron algunas hermandades… Para valorar su impacto basta tener en cuenta que hacia 1800 posiblemente más de una cuarta parte de los alcalareños tenían al menos un abuelo o un bisabuelo de origen galaico-portugués. Todavía hoy somos muchos los que conservamos sus apellidos: Rodríguez, Cerqueira (actualmente, Cerquera), Araujo, de la Fuente, Álvarez, Villa, Otero, Morales, Bousada (actualmente, Bozada), Pinto, Estévez, Acosta, Pineda, Ferreira (actualmente, Herrera), Domínguez…

   En base a lo expuesto en este artículo sería oportuno que el Ayuntamiento de Alcalá promoviese el hermanamiento de nuestra ciudad con la comarca pontevedresa del Bajo Miño.

 
 

oromana 2013 LGV 2

Molino de Oromana
(Foto: LGV)
Alcalá de Guadaíra
(Sevilla)
2013

 
 

Notas

 
 

  • PÉREZ GARCÍA, José Manuel: “La intensa movilidad de la comarca del Bajo Miño y sus destinos (1600-1850)”, Minuius: Revista do Departamento de Historia, Arte e Xeografia, nº 19, 2011, pp. 231-253.
  • Ibídem.
  • Un matrimonio apostólico es el que se realiza entre dos personas con un grado de consanguinidad o afinidad espiritual. Están prohibidos por la Iglesia y solo se pueden realizar con dispensa papal. Los expedientes de matrimonios apostólicos de la Alcalá del siglo XVIII se custodian en el Archivo General de Arzobispado de Sevilla (en adelante AGAS), en los legajos 09179 y 09180.
  • Archivo Histórico Provincial de Sevilla (en adelante, AHPSE), Protocolos de Joseph Thomás Chamorro de Mora, leg. 21553, Testamento de Isabel Bravo Berdejo (3-VIII-1754), pp. 229r-230v.
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Rivero Delgado, leg. 21384, Testamento de Joseph Costas (22-VII-1745).
  • AGAS, Expedientes de matrimonios apostólicos, leg. 09180, expediente nº 99.
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Rivero Delgado, leg. 21384, Testamento de Balthasar Agranda (28-XII-1746).
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Thomás Chamorro de Mora, leg, 21553, Testamento de Jacinto de la Villa (24-IV-1754), pp. 106r-110v.
  • AGAS, Expedientes de matrimonios apostólicos, leg. 09180, expediente nº 145.
  • AHPSE, Protocolos de José Rivero Delgado, leg. 21384, Acta del cabildo de la Hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles celebrado el 31 de julio de 1646.
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Thomás Chamorro de Mora, leg. 21339, Testamento de Francisco Roque Álvarez (10-XII-1750), pp. 271r-272v.
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Rivero Delgado, leg. 21383, Testamento de Manuel Alonso de Morales Manso (27-VIII-1742).

 
 

[Escaparate. Núm. de Navidad de 2017.
Ed. José Ordóñez Ruiz.
Alcalá de Guadaíra, 2017.
Págs. 40-44]

 
 
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LA FAMILIA MONROY DE ALCALÁ. Por Javier Jiménez Rodríguez
 
 

LIBRERÍA TÉRMINO (2016-2017). Muestra fotográfica con música de un año de acciones en TÉRMINO, una librería de Alcalá de Guadaíra

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MÁS POEMAS DE GLORIA FUERTES QUE JOSÉ ANTONIO FRANCÉS RECITÓ EN LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’. Homenajes de «CARMINA » a la poeta Gloria Fuertes (1917-1998) en el año del centenario de su nacimiento

MÁS POEMAS DE GLORIA FUERTES QUE OLGA DUARTE RECITÓ EN LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’. Homenajes de «CARMINA » a la poeta Gloria Fuertes (1917-1998) en el año del centenario de su nacimiento

MÁS POEMAS DE GLORIA FUERTES QUE REYES BERNAL RECITÓ EN LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’. Homenajes de «CARMINA » a la poeta Gloria Fuertes (1917-1998) en el año del centenario de su nacimiento

HOMENAJE A GLORIA FUERTES (1917-1998) EN LA LIBRERÍA «TÉRMINO». Fue en Alcalá de Guadaíra, un jueves 29 de junio de 2017 por Olga Duarte, José Antonio Francés, Reyes Bernal y Lauro Gandul

EN LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’ LA REVISTA «CARMINA» CON «CRÓNICA DE PARÍS»: LECTURA DE POEMAS CON SAXO. Por Lauro Gandul Verdún y César Herrera Serrada (Alcalá, 18 de mayo de 2017)

«CRÓNICA DE PARÍS/CHRONIQUE DE PARIS» EN LA LIBRERÍA «TÉRMINO»: LECTURA DE POEMAS CON SAXO. Por Lauro Gandul Verdún y César Herrera Serrada (Alcalá, 18 de mayo de 2017)

 

HOMENAJE A GLORIA FUERTES (1917-1998) EN LA LIBRERÍA «TÉRMINO». Fue en Alcalá de Guadaíra, un jueves 29 de junio de 2017 por Olga Duarte, José Antonio Francés, Reyes Bernal y Lauro Gandul

(Vídeo: Alberto Mallado)

 

ORACIÓN

 

Que estás en la tierra Padre nuestro,
que te siento en la púa del pino,
en el torso azul del obrero,
en la niña que borda curvada
la espalda mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
en el surco,
en el huerto,
en la mina,
en el puerto,
en el cine,
en el vino,
en la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
donde tienes tu gloria y tu infierno
y tu limbo que está en los cafés
donde los burgueses beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la escuela de gratis,
y en el verdulero,
y en el que pasa hambre,
y en el poeta, —¡nunca en el usurero!—
Padre nuestro que estás en la tierra,
en un banco del Prado leyendo,
eres ese Viejo que da migas de pan a los pájaros del paseo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
en el cigarro, en el beso,
en la espiga, en el pecho
de todos los que son buenos.
Padre que habitas en cualquier sitio.
Dios que penetras en cualquier hueco,
tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro que sí que te vemos,
los que luego te hemos de ver,
donde sea, o ahí en el cielo.

 

[Obras incompletas.
Editorial Ediciones Cátedra, S.A.
Madrid 1980.
Págs. 47 y 48]

 

NIÑOS DE SOMALIA

 

Yo como
Tú comes
Él come
Nosotros comemos
Vosotros coméis
¡Ellos no!

 

[1996]

 

LA SIRENITA QUE QUISO IR AL “COLE”

 

La sirenita saltando por la arena,
llegó a la escuela de la playa.

Niños, libros, mapas y pizarras.

La sirenita apoyó su cara en el cristal,
la maestra la invitó a pasar.

La sirenita asustada voló hacia el mar, sola,
y se escondió en la ola.

Con algas y con algo,
se hizo un vestido largo largo
—para que le tapara la cola
y los pies que nos tenía—.

Saltando por la arena,
tocando dos conchas castañuelas,
la sirenita entró en la escuela.

—La “nueva” anda muy rara
—dijeron sus compañeras—.

—¡Cómo no voy a andar rara
si soy una sirena!

 

[Versos fritos.
Editorial Susaeta Ediciones, S.A.
Madrdid 1995. Pág. 60]

 

CUANDO TE NOMBRAN

 

Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.

Mi locura sería deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo me asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.

Mi locura sería,
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada
como volverse loco y repetir tu nombre.

Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
—Siempre dice lo mismo—, dirían a mi paso,
y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.
Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
—los jueces y los santos no van a entender nada—
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.

 

[Obras incompletas.
Págs. 187 y 188]

 

Gloria Fuertes (años 40)

En vespa cargada de libros
para repartir entre los niños
de los pueblos de Madrid

(años 40)

 

A MODO DE MANIFIESTO CON FUNDAMENTO EN LA OBRA DE LA POETA GLORIA FUERTES

 

Por Lauro Gandul Verdún
(Junio de 2017)

 

Ahora sí encontramos las librerías llenas de títulos de nuestra autora. Aunque casi siempre sólo aquella parte —importante, por supuesto— de su literatura incardinable en la llamada literatura infantil o para niños. No es mucho lo que tenemos de Gloria Fuertes (1917-1998) en nuestras bibliotecas. Lo decimos por nosotros mismos: en los anaqueles de nuestras estanterías es insólito encontrar un número suficiente de libros, de los muchos que dejó escritos, a la altura literaria de una autora como ella cuya obra poética constituye una de las más importantes del siglo XX español. Y esa ignorancia de su verdadera significación literaria choca con el amplio ámbito en el que la protagonista es precisamente Gloria Fuertes en el imaginario de los españoles de los últimos cincuenta años: ¿quién no sabe tararear en el recuerdo la melodía de Un globo, dos globos, tres globos?, ¿quién ha olvidado a aquella oronda señora, de pelo corto y canosa, feota pero con una franca y cordial sonrisa perennemente en su ancha cara de cuya boca salía una voz grave y algo rota, y a la que veíamos frecuentemente en la televisión en blanco y negro, o en color, de los años setenta y ochenta?

   Pero hemos tenido la suerte de que una antología o compilación de sus libros de poesía haya caído en nuestras manos. Un solo libro, aunque con la fortuna de comprobar que quizá sea su obra mayor. Tenemos su libro, titulado Obras incompletas en una edición de la propia autora, que era la sexta que Ediciones Cátedra, S.A. de Madrid publicaba, siendo ésta en 1980 y que es a la que se corresponde nuestro ejemplar del libro. Gloria Fuertes es autora de la selección de sus textos y del prólogo que titula «Medio siglo de poesía de Gloria Fuertes o vida de mi obra». De éste vamos a extraer tres fragmentos:

   «En los primeros años de nuestra postguerra, al palparnos vivos a pesar y todavía, necesitábamos gritar —como todo superviviente— que estábamos aquí, que nos llamábamos así, que sentíamos de aquella manera. Por aquel entonces, sin ponernos de acuerdo, Blas de Otero, Celaya, Hierro, Alcántara —y tantos nombres que añadirán a esta relación los estudiosos—, escribíamos poemas declarando incluso nuestra filiación, dirección y profesión para llamar la atención a los transeúntes que luego iban o no a pasear por nuestras páginas.»

   «Fui surrealista, sin haber leído a ningún surrealista; después, aposta, «postista» —la única mujer que pertenecía al efímero grupo de Carlos Edmundo de Ory, Chicharro y Sernesi. La postista que irremediablemente iba para modista, modista de un importante taller (mi madre se encargó de ello), modista o niñera, se reveló por primera vez; yo no quería servir a nadie, si acaso a todos.»

   «El primer poeta que conocí, fue en vivo, no en libro, y era Gabriel Celaya —debido a que me pisó el Premio Fémina de Poesía—. Gabriel y yo fuimos finalistas, yo quedé segundona. Celaya, en 1934 (¿), era alto y rubio como la cerveza, parecía un príncipe —lo que son las cosas…»

   Con estas coordenadas se nos antoja una breve investigación.  Sabemos que los cordobeses de Cántico dieron páginas en sus Hojas de poesía a los poetas de España, y del resto del mundo, mientras estuvo viva la revista desde 1947 a 1957.  Buscamos en todos sus números y, si bien comprobamos que a Otero (1916-1979), Celaya (1911-1991) y Ory (1923-2010) sí se les publicaron poemas en Cántico, ninguno se publica de Gloria Fuertes durante los diez años de existencia de aquella excelsa revista de poesía.

   De Ínsula,  Revista Bibliográfica de Ciencias y Letras,  fundada en Madrid en 1946 y que continúa viva, hemos consultado un poco al azar diez años, desde 1982 a 1992, un período de tiempo lo suficientemente largo como para que nuestra autora pudiera ser leída en alguna de sus páginas. Nos hemos puesto a buscar. De 1982 a 1988 nada. Al encontrar en los números 510 y 511 de 1989 sendos espacios especiales dedicados al postismo en la sección que la revista titula «El estado de la cuestión», supusimos que íbamos a encontrar textos de Gloria Fuertes, o al menos alguna referencia. Nada de nada. Como si no existiera. Hemos sabido que hay un número de la revista de 1969 donde José Luis Cano, uno de los principales responsables de Ínsula, dedica un artículo a la poeta de Madrid, a cuyo texto no hemos tenido acceso. No sólo es ignorada completamente cuando se trata del postismo, sino que tampoco existe en los ensayos sobre las generaciones de posguerra, ni en los que tratan la obra de los autores de la poesía arraigada ni en los que se ocupan de los poetas del desarraigo, ni cuando se ocupan del movimiento de la  poesía social, o sobre la generación del medio siglo.

   No obstante, ella sí está con los poetas mencionados y con los movimientos aludidos. Y si se predica que para el grupo de los postistas ya existía una tradición española en la literatura de Valle-Inclán o de Ramón Gómez de la Serna, o en las viñetas de La codorniz, en el dadaísmo de Tristán Tzara, o en el  surrealismo, o en el teatro del absurdo. En la poesía de Gloria Fuertes logra alto vuelo la greguería ramoniana en cordial y amorosa bandada. Onomatopeyas, aliteraciones, dobles sentidos, ambigüedades… Ciertamente una parte importante de la obra de nuestra autora encaja en esa tradición que además bebe de la popular en sentido estricto y que se anuda a las vanguardias, tan característica de la poesía del siglo XX (Lorca, Alberti, p.e.), y que sirve también para comprender con otras lecturas la importante parte de su obra más conocida dentro de la literatura infantil o para niños. Esas otras lecturas como poeta neorrealista, o surrealista, o postista, o poeta social, o del socialismo cristiano, o sencillamente cristiana, tantas veces, debería ensombrecer la etiqueta infantil. Fácilmente se comprueba que el adjetivo en este caso, no da vida, sino que mata (aunque sea muy útil para los mercadotécnicos e incluso a ella hubo de haberle reportado justos haberes), y que nos lleva a que su poesía infantil sea sencillamente poesía.

   Poesía transgresora la escrita por Gloria Fuertes, poesía de lo pequeño, reiteración de lo vital, lo cotidiano, lo divino, lo reivindicativo… Si bien, dentro de los postistas tal vez fuera la que menos se dedicó a los juegos de palabras sólo por jugar. Esta actitud estética supone un conjunto de recursos formales cuyo fin precisamente es acoger en sus poemas una vocación transformativa de la realidad social. Así se hace vocera en su poesía del dolor que le provocaban los débiles, los niños indefensos, los mendigos, los hambrientos, los parados, los mineros, y tantos de los que nadie se acuerda. Fue por tanto una auténtica poeta del movimiento que se denominó de la poesía social. Poesía social de la auténtica, de aquella escrita para «la inmensa mayoría» como la que quiso escribir Blas de Otero. Una poesía para nada pura, ni minoritaria. Una poesía como aquella a la que Gabriel Celaya  aspiraba cuando proclamaba que «la poesía no es un fin en sí, sino un instrumento para transformar el mundo.» A Gloria Fuertes lo que le interesó de la literatura era la emoción de sus contenidos, su potencia comunicativa, los recursos que en ella estaban para reflejar la situación y circunstancia del hombre del tiempo en que le tocó vivir. E incluso no dudó en escribir padrenuestros y oraciones por los pobres de este mundo.

 

Gloria Fuertes (años 90)

 

LA POBRE CABRA
(Homenaje a Gloria Fuertes)

 

Por José Antonio Francés

 

La cabra no es que esté como una cabra
es sólo que confunde las palabras.

En vez de ropa se puso la sopa,
en vez de capa se puso la copa.

La pobre con las letras se hace un lío,
por eso a veces no dice ni pío.

A la pobre jaca la llamó vaca,
¡y eso que la jaca estaba muy flaca!

En vez de una tila se hizo una tela,
y se quitó una suela y no la muela.

Pobrecilla, no tiene mucho tino
pues se durmió en el vino y no el pino…

Pino, pena, pana, rana, ¡atenta…!
Cambias una letra y cambia la cuenta.

¡Menudo lío se forma la cabra!
Uf… ¡Se parecen tanto las palabras!

Y se parecen tanto, tinto y tonto
que la cabra se confunde muy pronto.

Y se parecen tanto, tonto y tinto
que hablar es andar por un laberinto.

Nata, gata, rata, bata, ¡qué lata!
¡Cuando abre la boca, mete la pata!

Nota, gota, rota, bota… ¡Atiende…!
¡Cambias una letra y nadie te entiende!

 
_________________________
 

PACIFISTA DE VERDAD. UN POEMA DE GLORIA FUERTES. Homenaje (2017-1) en «CARMINA» a una poeta universal en el año del Centenario de su nacimiento (1917-1998)

EL CAMELLO. Por Gloria Fuertes