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EL SILENCIO. María del Águila Barrios

 
 
 

Seráfica Arrábida [Foto: ODP Portugal 2016]

 
 
 

Unos versos del portugués Cristovam Pavia (1933-1968) para empezar a tratar el tema de hoy: Canción del silencio / En las gotas de rocío / Dentro de la neblina… / Un balido, a lo lejos, /  Viene en la brisa fría… / El día termina… Casi estaría todo dicho. Tal vez habría que callar después de esta canción del poeta. Pero continúo, porque este pequeño artículo tiene que escribirse. Continuo con tres frases o expresiones latinas. La primera de Séneca: «El silencio parece una confesión». La segunda de Cicerón: «Mientras dura la guerra callan las leyes». Y la última es un dicho romano: «El silencio contiene todo lo bueno, la charlatanería todo lo malo».

   Callo y hago elocuente mi silencio. Mi queja es de silencio. No me guardo nada cuando callo porque ya he dicho lo que tenía que decir. ¡Qué elegancia la del que sabe guardar silencio y qué humano saber cuándo, dónde y ante quién! La voz cierra su chorro para que fluya el silencio. Éste en la quietud de la noche se significa. También nos es arrancado por la belleza, la muerte o el dolor. En el reposo, en la calma, se hace fuerte. Es también luz que nos protege con su aura en la oscuridad. Dejo suelto al silencio para que me ampare. Más palabras se contienen en lo que callo que en lo que digo. Es expresión pura mi silencio conquistado con un sacrificio infinito.

   El verdadero sabe a firmamento. Su color se me antoja como el de una acuarela sobre papel del alcalareño Luis Contreras Muñoz (1879-1938) donde vemos la Ermita de Nuestra Señora del Águila pintada hace un siglo. Es visible y ¡audible! Silenciosamente la semilla se abre y al cabo de los decenios un silencioso bosque abriga las laderas de los cerros de Oromana.

   El poeta español Vicente Núñez (1926-2002), que nació, vivió y escribió en la misma tierra que el Séneca que antes cité, fue un hombre de silencios. Como nadie supo callar durante lustros. Por lo que era capaz de escribir que «El silencio se impone como un paréntesis olvidado.». Y nos explica que «Ese paréntesis no está vacío, está lleno de un texto. Y hay un paréntesis sin duda, y de qué calibre; quizá irrepetible…»

   Quisiera ser capaz de seguir en la vida la verdadera propuesta de la auténtica Literatura. Habrá que ir madurando. Sí: madurar es callar sin reservas de ninguna naturaleza. Tal vez no exista una manera más eficaz de adentrarnos en nosotros mismos para llegar a los demás con la plenitud que merecen, que merecemos. Silenciosamente. Chssssss.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2020]

 
 
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CÓMO VAN A QUERER LA CULTURA SI NO AMAN LA VIDA. María del Águila Barrios

     

Parque de San Francisco
[Foto: LGV Alcalá 2014]

     

Gobernar es conocer y no se conoce lo que no se ama. Para amar hay que tener corazón y no se tiene corazón si éste ha sido sustituido por un sillón. Así, es muy difícil conservar un corazón. Los niños lo tienen radiante y tan natural como las montañas en el paisaje. Los años, con todo lo que viene con ellos, suelen acabar con el pálpito del corazón de muchos al poco de dejar de ser un niño. No en todos. En aquellos que tiraron su corazón a la cuneta en la primera curva se produjo un hecho curioso, de consecuencias terribles, como veremos: comprobaron que en el lugar donde tenían el corazón les cabía un sillón. No un sillón cualquiera, sino un sillón para que en él se siente quien manda. ¿Y para qué quiere mandar quien se quedó sin corazón y ahora está bien apoltronado en el sillón? ¿A qué aspira? ¿Qué respira? Pero estas preguntas no se las hace quien gobierna. Sobre todo en los pueblos donde ha surgido una forma de ganarse la vida sin hacer nada y sin saber en absoluto qué es lo que hacer con tanto gobierno. Sus mentores les dicen que tienen que mandar y gastar el presupuesto. Y como saben ser agradecidos se dedican a la molicie y a los medios de propaganda que para ellos trabajan. Pero, volvamos al corazón. ¿Por qué vengo hoy a escribir sobre el amor? La respuesta está en los árboles. Un huracán arboricida sopla desde el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra y tiene ya arrancados los árboles de muchos lugares donde ofrecían grata sombra y cobijo al que a ellos se acercaba para pararse o para pasearse entre sus generosos troncos. Quitaron los árboles, los únicos que callan y aguantan, pero no se callaron los vecinos. En unos y otros hay un corazón que palpita, un corazón herido para el que no tienen misericordia quien en el lugar del corazón pusieron un enorme sillón. Pero, ¡ah!, ¡qué desvencijados están esos sillones! Y no se sonrían los ediles que han denunciado las talas porque es una farsa que pone la cara de tragedia en el teatro que día a día representan.

   Señoras y señores ediles, ¡paren de talar y mutilar árboles en nuestro pueblo! ¡Tenéis el corazón hecho de estacas secas y muertas! ¡Cómo le vais a hablar a nadie de libertad y democracia si nos estáis arrebatando la vida, el frescor, el color, la umbría de nuestros árboles! ¡Convertid vuestro teatro diario en verdadera cultura!, que es lo que falta, desde hace años, por parte de vosotros que regís un municipio que habéis convertido en un barco a la deriva.

     

[La voz de Alcalá, 2019]

     

 
 
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DESDE LOS ÁRBOLES. María del Águila Barrios

 
 
 

Parque de San Francisco
[Foto: LGV Alcalá 2014]

 
 
 

Cada primavera se me muestra con el florecimiento de dos jacarandas que hay en la Plaza de España, delante del colegio Pedro Gutiérrez. Este año ha sido imposible recibir ese regalo de la naturaleza, porque la tala a la que las sometieron en febrero ha mutilado su crecimiento natural, las flores han tenido que nacer en la corteza porque no había ramas que las sostuvieran. Yo diría que este año más que poda en el arbolado urbano se ha cometido un auténtico arboricidio.

   Los árboles de esta antigua plaza son una muestra del abandono de muchos elementos de nuestro pueblo, se han perdido palmeras, otras afortunadamente se han conseguido salvar in extremis, hay un olmo que creció desmesuradamente sin que nadie lo atendiera y este año han recibido un descomunal castigo, al igual que las jacarandas que recibieron la tala inmerecida. Este parque muestra los vaivenes, los altibajos, la desidia y, cuando no queda más remedio, la actuación de última hora de nuestro ayuntamiento. Mirándolo bien, se ha convertido en un observatorio municipal.

   El patrimonio también es un buen observatorio ya no sólo de los vaivenes sino de la propaganda porque se pueden servir de él para mostrar la hipócrita preocupación por Alcalá. ¡Cuántas campañas! Hasta en 2011 llegó a aparecer nuestro castillo en Fitur como una Alhambra por descubrir. Ahora llegan las gafas 3D para ver los molinos en su actividad de molienda cuando ni si quiera se puede acceder para visitarlos. Todo muy impactante y visual pero nunca con proyectos estructurales.

   Y las nuevas obras también nos muestran la despreocupación urbanística y estética. En ninguna ciudad francesa se hubiera consentido la construcción de una mole que, en nuestro pueblo, ha herido definitivamente el espacio de Beca donde antaño hermoseaba un almacén de aceitunas y el edificio de la empresa Radio Luz. Muchas empresas locales han sido sustituidas por firmas extranjeras sin ningún complejo ni reconocimiento de lo que aquí se crea y se ha creado. Quienes nos han gobernado y gobiernan van vendiendo el alma de nuestro pueblo al primero que aparece y poco importa el daño estético, urbanístico y patrimonial.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2018]

 
 
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EL PAISAJE. María del Águila Barrios

 
 
 

anónimo rumano (s XX)

El bosque sin hojas
Grabado rumano de autor anónimo
(S. XX)

 
 
 

Mirar por el agujero de la cerradura de un viejo portalón y en un punto de fuga que inmediatamente aparece, se ve el campo, como si lo viera entrecerrando los ojos. No es un campo cualquiera, parece ya un sueño de lejanía, es el campo abierto siempre misterioso. El paisaje no es un espacio cualquiera porque se nos aparece siempre como un descubrimiento que no es un hallazgo de la Geografía o de la Geología, sino de lo escondido del espíritu humano. El paisaje es siempre limpio, claro y alto, que es como sólo el alma puede contemplarlo.

   Con las lluvias de enero se ha puesto verde la Vega. La naturaleza renace. El Guadaíra más salvajemente caudaloso. Bastan unas gotas para que el río que cruza Alcalá se torne bravío y brame.

   Es el paisaje línea tenue pero llena de significado, historia y sensibilidad. Línea ondulada del alcor por Gandul, línea recta en la Vega, línea quebrada de San Roque, el Águila y el Castillo. El paisaje es tiempo inmortal hecho de lo mortal humano, es nostalgia y deseo, alegría y afecto. Como escribe Azorín: «El paisaje somos nosotros; el paisaje es nuestro espíritu, sus melancolías, sus placideces, sus anhelos». Es frágil como el cristal y acoge en su seno la sensibilidad humana. Cuando ésta estalla, estalla la línea del paisaje.

   Hay muchas maneras de matar la belleza. En nombre del progreso se han perpetrado ignominiosas acciones contra nuestro paisaje. Lo que hondamente me preocupa es la ignorancia de los que tienen el poder de actuar sobre el paisaje porque, en su simplicidad, sólo ven él un espacio cualquiera y no precaven el daño, ni el peligro que causan ni tienen la capacidad de evitar luego la destrucción que sigue y que es irreversible. Éstos, que quizá me lean, quien sabe siquiera si piensan en lo perdido porque nunca lo aprehendieron, nunca lo vivieron ni lo vieron, pero se lo voy a poner fácil esta vez, ahora me refiero a las placas solares que ya son plaga en la Vega.

   Vengo a tratar hoy del paisaje porque siendo Alcalá también conocida como la de los paisajes no es tema baladí para mí. A veces, tal vez demasiadas, me encuentro con el paisaje que vi y, que encontrándome con él ahora, no lo reconozco. Recuerdo, hace años, una viñeta de Máximo San Juan en El País donde un personaje decía a otro: «Nos han robado hasta la línea del paisaje».

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2020]

 
 
 

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EN ESTE 28 DE FEBRERO DE 2020 EN QUE SE CELEBRA EL DÍA DE ANDALUCÍA LA REVISTA «CARMINA» HOMENAJEA A JOSÉ BENÍTEZ GUILLÉN, INVENTOR Y EMPRESARIO ALCALAREÑO. De la serie «Historias de vidas» por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún [artículo publicado en «Escaparate» en 2014]

 
 
 

José Benítez Guillén
(Foto: ODP)

 
 
 

En aquellos almacenes de aceitunas, donde se escogía, aderezaba, deshuesaba o rellenaba de pepinillos o de pimientos y se envasaban las aceitunas de mesa, trabajaban, normalmente, más de doscientas mujeres y no pocos hombres. Después de cocidas las aceitunas en la nave, cubo a cubo, los faeneros llenaban el bocoy, los toneleros lo tapaban con el fondo y era volcado entre tres o cuatro hombres que lo rodaban durante un largo trecho de varios cientos de metros hasta la puerta de la nave donde lo estibaban, es decir, los ponían derechos con la boca para arriba. El bocoy tenía mucha mano de obra. De tanto rodarlos por el patio de labor del almacén las duelas se quebraban y había que sustituirlas. El viento de solano, cuando soplaba frecuentemente en Alcalá, además, secaba y resquebrajaba la madera, por lo que había que tapar los salideros con anea. Además, había que requerirlos todos los días uno por uno, es decir, con una regadera había que colmarlos de salmuera por la boca hasta que rebosara. Todos los días incluía sábados, domingos y festivos. Si no se hacía, la aceituna de la boca se ponía negra, se estropeaba. La sustitución de los bocoyes de madera por las bombonas de plástico mejoró la conservación del continente, pero rellenarlos de la aceituna cocida, volcarlos, rodarlos y requerirlos seguían siendo tareas necesarias. Ya fuera el bocoy de madera o la bombona de plástico –que en Sevilla se comercializaba por la empresa Reyembas– la manipulación de los cuatrocientos o quinientos kilos que pesaban necesitaba mucha mano de obra. La industria del aderezo y envasado de aceitunas estaba muy desarrollada en Alcalá. Iba a ser un alcalareño quien adaptase el carro hidráulico transportador y elevador de palés a la manipulación de bocoyes y bombonas, para trasladarlos y para voltearlos, sin daño alguno. José Benítez Guillén inventó la carretilla hidráulica para bocoyes y bombonas.

 
 
 

Su padre Eduardo Benítez Moreno

 
 
 

            Sus padres, Concha y Eduardo tuvieron siete hijos. José fue el penúltimo y el más pequeño de los varones: Concepción, Manuela, Eduardo, Joaquín, Dolores, José y Feliciana. Él nació en la calle Ancha (hoy San Fernando) en 1928. Su padre tenía un camión y se dedicaba a dar portes. Además, era concejal por el Partido Republicano Democrático Federal y amigo de Cristóbal Moreno Soto, a quien ayudó para que fuera Secretario del ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. A por éste y otros fueron un día cuando la rebelión de los militares contra la República y ya no volvieron a verlos, aunque a Eduardo Benítez Moreno se lo llevó de esta vida una apendicitis mal curada, cuando José sólo contaba con seis años. Su tía Eloísa se hizo cargo del pequeño José y se lo llevó a vivir a la casa que había nada más empezar los escalones de la Cuesta del Águila, debajo de la torre de Santiago. Como su tío era panadero y por aquel entonces lo ganaba bien, José no pasó hambre, pero sus hermanos tuvieron más dificultades.

            Estuvo muy poco tiempo en el colegio. Su primera clase estuvo en la parte alta del hospital, hoy ayuntamiento, con don Matías que era el maestro y luego en la plaza del Duque, donde está hoy la Casa de Socorro. José dejó pronto la escuela y, con trece años, entró como aprendiz en el Corralón de Matías, años antes de que éste levantara el conocido almacén de aceitunas. Su hermano Eduardo, que tenía diez años más que él, trabajaba como mecánico y conductor de camiones para el empresario Matías Casado.

            El Corralón de Matías estaba al final de la que hoy conocemos como calle Rafael Beca, a un lado y otro de la calle, en él clasificaban y envasaban garbanzos y alpiste. Un poco más arriba del Barrero, tenía Matías Casado un molino de aceite donde el aceite se envasaba en bidones de chapa. En la empresa había varios camiones para traer la aceituna al molino, desde fincas de Alcalá como Quintillo y Cartuja, y llevar los sacos de garbanzos a la estación de El Punto para su transporte, desde Sevilla, a Madrid o Bilbao. Su hermano Eduardo era el encargado de la reparación de los camiones que, al utilizar gasógeno como combustible, siempre tenían dos o tres motores en reparación porque se desgastaban y estropeaban frecuentemente. Fue de Eduardo de quien José aprendió los primeros conocimientos sobre mecánica de vehículos y quien le enseñó a conducirlos. José lampaba por conducir los camiones y para que Eduardo le dejara algunos días, la pringá que su tía Eloísa le preparaba dentro de un bollo prefería dársela, y éste le permitía coger los camiones, siendo apenas un adolescente. José aprendía rápido y pronto se ganó el afecto de Matías Casado. A José entonces lo conocían como el «niño de Matías». Sin carné de conducir y con catorce o quince años era capaz de coger el camión, acarreando muchas veces materiales para la construcción de la casa de Matías en la calle de la Mina, e ir al Arahal para traerse el camión cargado de aceitunas. Él ponía sacos sobre el asiento para poder llegar al volante. Lo multaban siempre que lo veían, unos motoristas que todavía no eran de la guardia civil, por no llevar carné, aunque no le preguntaban ni por la edad. Matías pagaba las multas, y más tarde también le pagó el carné de segunda, de primera y el especial.Para la clasificación de los garbanzos tenían, en el corralón de Matías, unas máquinas formadas por unos rulos que daban vueltas en un sentido. Los operarios debían estar pendientes de la máquina en funcionamiento porque se atascaba y tenían que pararla, quitar el tablero, darle con la tablilla al cilindro, poner el tablero y arrancar de nuevo la máquina. Y él pensó que si la máquina daba vueltas en el sentido contrario no había que parar la máquina, ni quitar el tablero consiguiendo que no se salieran los garbanzos. Matías comunicó a los fabricantes de la máquina que «el niño» ya había solucionado el problema, y éstos hicieron la mejora. Cuando José fue a Bilbao conduciendo un camión para traerse dos máquinas más, que había comprado Matías con la mejora incorporada, querían que se quedara con ellos, pero José les dijo que ni hablar y se vino para Alcalá.

            También, en Matías había una lavadora de aceitunas de molino que se rompía mucho. José modificó el cojinete de la lavadora que era muy pequeño para el tamaño de la máquina y por ello se inclinaba, habiéndose de parar en medio de la faena. Alargó el cojinete y consiguió que no se detuviera durante la limpieza de las aceitunas. Por aquel entonces, de Córdoba vinieron unos ingenieros de la empresa La Cordobesa donde se fabricaban piezas para los molinos (rulos, prensas, …), venían a visitar la fábrica de Aceites y Cereales de Matías Casado y cuando vieron la mejora de la lavadora de aceitunas, le preguntaron a Matías en qué fábrica se había hecho tal arreglo. Matías contestó que había sido «el niño» y los ingenieros tomaron sus notas y también modificaron sus lavadoras de aceitunas.

            En los almacenes las mujeres tenían que cortar los pepinillos en una tablilla para luego rellenar las aceitunas. José ideó una máquina para cortar el pepinillo. Entraba el pepinillo y la máquina tenía unos discos que lo cortaba a la medida que se necesitase.

            Con su hermano Eduardo tocaba en bodas y bautizos, en los parabienes, Eduardo el acordeón y él la batería. Tenían los dos una jazz band. Eduardo, al mismo tiempo, fue músico de la banda municipal donde tocaba el clarinete.

            Cuando a su hermano Eduardo le salió una colocación en Florencio Ordóñez se fue de Matías, y éste le preguntó a José si se sentía capaz de quedarse a cargo de la mecánica de los 6 u 8 camiones que había en la empresa, y claro que se sentía capaz. Tendría 16 ó 17 años y el oficio aprendido. Trabajaba muchas horas en Matías Casado, tanto en el Corralón como en la fábrica de Aceites y Cereales y después en el almacén de aceitunas que Matías Casado construyó en lo que se conocía como la huerta de la Tapada, hoy Radio Luz. Nos dice con humor que trabajaba más que un mulo arrendado. Cuando era aprendiz ganaba en Matías 3 ó 4 pesetas, y cuando se casó 5 duros –con los que se aviaba uno mejor entonces que hoy con mucho más, nos asegura– aunque cuando terminaba su jornada se ponía a otras cosas, como hacer, a mano, un motor de cuatro tiempos con válvulas en cabeza y que instaló en una bicicleta. Tenía un amigo, Ramón Casal, que trabajaba en Maestranza de Aviación y le consiguió una magneto y el carburador de un motorino, que servía de puesta en marcha para arrancar el motor de un avión. El mosquito que luego vino de Italia, ya lo había inventado él en Alcalá y andaba estupendamente.

            En una empresa de Sevilla, adonde él llevaba mucho trabajo de Matías para rectificar cigüeñales, fue en una ocasión para ver la máquina deshuesadora de aceitunas que habían inventado. José dijo a Matías que la máquina no servía porque aunque la máquina deshuesara muy bien no podía hacerlo más rápido que una mujer, que lo hacía muy rápido, no necesitaba ni mirar, harían falta doscientas máquinas para hacer el trabajo de las doscientas mujeres que Matías tenía en el almacén.

 
 
 

En 1960 se constituye MOBESÁN, S.L., y se instalan en la calle Rosita nº 6, esquina con la calle Bailén (Tléf. 541) como estación de servicios para engrase y reparaciones de vehículos (agencia oficial de Mercedes, D.K.W. y Land Rover) aunque en la publicidad de 1966 ya aparece en la fotografía del local, en la puerta, un carro transportador y elevador de bocoyes, hasta la revista de 1969 no aparece en la publicidad que además de estación de servicios se dedicaban a fabricar «transportadores y elevadores de bocoyes y mercancias», y las siglas TYE (Transportador y Elevador).
[Revistas de Feria de Alcalá de Guadaira de 1966 a 1969]

 
 
 

                Cuando a Matías Casado el infarto le dio un aviso, tenía seis o siete chóferes y dejó parados a la mitad. Y José aspiraba a algo más. Su compadre el panadero José Mora tenía una panadería en la calle Herreros y acababa de comprar la huerta de Barneto con la idea de trasladar allí la panadería. Mora le propuso hacer un taller en la esquina que quedaba de la calle Rosita con Bailén. José pidió una excedencia en Matías Casado. Empezaron con el taller primero los dos, José Mora y José Benítez. Como tenían amistad con José Santaella que estaba en Caracas, y de cuando en cuando venía por el taller, Santaella se interesó en entrar como socio.

            En 1960 en la calle Rosita nº 6 se estableció José Benítez regentando un taller para la reparación, engrase y lavado de vehículos. Eran agencia oficial de Mercedes, D.K.W. y Land Rover aunque hasta 1962 no se ideó y fabricó el primer transportador y elevador de bocoyes y mercancías. Por entonces las carretillas elevadoras que existían eran de pala para transportar y elevar palés, pero no estaba creada la específica para bocoyes. Para éstos las uñas habían de entrar por debajo del bocoy, que tenía que ser cogido derecho, y portar un garfio de tal manera que asegurase el bocoy para que no se cayera. Las otras carretillas no valían para bocoyes.

 
 
 

 
 
 

            José inventa la adaptación de la carretilla elevadora de palas, al transporte, y elevación de bocoyes. Él adapta la máquina a las necesidades materiales existentes en los almacenes de aceitunas. Antes no existía ni en España ni en ningún país. Ellos patentaron en su momento el invento pero a éste han seguido otros adaptados a los tiempos como el volteador, que permitía girar 360º el bocoy y la bombona, la transpaleta que es una máquina independiente de la carretilla que se usa para el agrarre y transportes de bombonas en espacios más reducidos. A partir de 1995, se adaptaron las carretillas a los nuevos sistemas electrónicos.

            Había un gerente en ATECO, conocido como el almacén del Cuerno por estar al lado de la popular Venta de «El Cuerno», que era muy amigo de Matías y tenía una DKW, una furgoneta de dos tiempos. Estando todavía José con Matías, cuando le pasaba algo a la furgoneta no quería que nadie le arreglara la DKW como no fuera José. El gerente era un malagueño llamado Félix Gómez de la Cruz y cuando José se estableció en la calle Rosita, le daba mucho trabajo y no le faltaba la faena gracias a don Félix que tuvo ver con la idea de construir una máquina elevadora para bocoyes pues José tenía que ir mucho al almacén de ATECO y veía las necesidades. Así que pensó: «yo voy a hacer una máquina para esto». De noche ideaba la carretilla, la iba construyendo en su imaginación y en el taller por la mañana la fabricaba. No tenía que dibujarla. Ni croquis, ni esquema, ni nada. En el taller se ponía directamente a montarla según lo que había pensado.

 
 
 

Modelo 500, con volteador, cargado con un bocoy de madera en vertical

 
 
 

            Los materiales con los que se hacían las primeras máquinas, sobre todo las cajas de cambio, eran de Ford 17 caballos y los diferenciales eran de los coches sin uso de los americanos que había en Morón. Se compraba lo que había, porque no entraban materiales de fuera. Cuando se acababan las cajas de cambio por aquí, José se iba al rastro de Madrid y cuando encontraba cajas de cambios las compraba todas. Y, nos cuenta, que había una chatarrería muy importante antes de llegar al aeropuerto de Barajas donde había muchísimos coches de los americanos y allí buscaba los diferenciales que necesitaba y todos los que había los compraba, contratando un camión cargado para traerlos a Alcalá. Para estos negocios él tomaba aviones. El conocimiento de la existencia de materiales en Madrid lo tenía de los propios chatarreros sevillanos. Cuando notó que la carretilla se estaba quedando antigua diseñó la actual, este diseño es de mediados de los años 80, en el que se cambia el chasis y otros elementos.

            Los empresarios de los almacenes de aceituna se van enterando de la invención por los camioneros. El primer almacén que le compra una carretilla es ATECO. Las máquinas se fabricaban generalmente por encargo, aunque también se fabricaban para ponerlas a la venta. Llegaban a fabricarse hasta cinco o seis al mes.

 
 
 

Modelo 502 cargado con bocoy de madera en horizontal. En la publicidad de MOBESÁN en la Revista de Feria de 1973 sólo se hace mención a la «Construcción del Carro Montacarga Hidráulico (TYE)»

 
 
 

            Como a ellos se les quedó chico el taller de calle Rosita, en 1970, adquieren el local que dejaba Juan Alarcón en la calle Arahal donde, hasta hoy, continúan. Y aunque instalaron el primer túnel de lavado automático de Alcalá ya dejaron de dedicarse a taller de coches, aunque el túnel de lavado estuvo alquilado un tiempo a terceros.

            Actualmente los socios son los hijos de José (Eduardo y José) y un hijo de Mora (José Antonio). No sabe contestarnos quién hizo el diseño del logo de MOBESAN (creemos que fue en la Imprenta Guadaira). Los asientos de los carros, al principio, los tapizaban los Piñas, sobre un molde de madera que se hacía en MOBESAN y los techos de los carros de lona también. El máximo de trabajadores que MOBESAN ha tenido han sido 12 ó 13. Actualmente hay 7. En la provincia de Sevilla, casi todos los almacenes de aceituna tienen carretillas elevadoras de MOBESAN. Han distribuido tradicionalmente en Andalucía, Extremadura, Murcia y Valencia. Las carretillas las hacen actualmente de acero inoxidable para evitar la corrosión de la salmuera. El país más lejano donde han llegado carretillas ha sido en Argentina, aunque también se envió una a Mauritania. En Francia y Portugal también hay carretillas de MOBESAN.

            Su especialización en un sector, el de la aceituna de mesa, y su continua evolución, les ayuda a seguir siendo reconocidos como una marca de prestigio y calidad. Y ahí continua MOBESAN fabricando carretillas elevadoras y transportadoras, diesel y electrónicas, después de más de medio siglo.

 
 
 

ANTONIO LÓPEZ RODRÍGUEZ, PELUQUERO. De la serie «Historias de vidas» por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún [artículo publicado en «Escaparate» en 2019]

 
 
 

Antonio quiere que dediquemos esta semblanza a todas las mujeres de su vida:
a su madre y hermanas,
además a sus amigas y clientas
y, especialmente, a María del Carmen Miranda.

 
 
 

Antonio López

(Foto: ODP 2018)

 
 
 

«Lo peor de la señora Oliver era que cambiaba a cada paso de estilo de peinado. Ella reconocía esta debilidad suya. Los había probado todos, por riguroso turno. Al severo estilo “pompadour” de cierto momento había seguido otro basado en el desorden, como trazado por una fugaz ráfaga de viento, que daba lugar a una expresión del rostro más bien intelectual. (Bueno, ella esperaba que resultase intelectual, al menos.) A los rizos geométricos había seguido el artístico desarreglo. Al final, tuvo que admitir que aquel día su peinado era lo menos importante, un detalle accesorio, puesto que iba a usar lo que en raras ocasiones usaba: un sombrero.»

 

[AGATHA CHRISTIE. Los elefantes pueden recordar.
Ed. Ediciones Orbis, S.A. Barcelona, 1987, pág. 11.]

 
 
 

(1968)
 
 
 

Cuando se le pregunta sobre su infancia lo primero que se le viene a la cabeza desde la más remota y profunda memoria, como recuerdo imborrable, es la casa del barrio de San José donde nació un día de Reyes de 1967, hijo de Virginia y Antonio, sus jovencísimos padres, de dieciocho y veinte años. Es el primero de seis hermanos. En esa casa transcurrió su infancia y una parte fundamental de su vida. La casa estaba en una calle de albero donde había una sola bombilla en El Palomar, que es el nombre del jardín oculto y bella residencia que aún hoy sobrevive como un lugar de ensueño. Son también imborrables en su memoria los amigos del barrio, el colegio de los Salesianos…

   Recuerda que fue un niño que tuvo una infancia muy feliz y también evoca aquel período de su vida lleno de contrastes entre su mundo fantástico, del que él era muy consciente, y el mundo de aquella casa y el barrio de San José entonces. En la misma casa vivían cuatro familias, todas parientes entre sí, cada una viviendo en sus correspondientes habitaciones y un patio de niños jugando dando un espectáculo diario de alegría. Se le vienen a la cabeza espontáneamente los nombres de sus tías Rafaela, Joaquina o los sus primos Julito, Miguelín y Mari… Y aquellos tíos albañiles en los que abundaba el buen humor cuando en la casa se explayaban con su buen vivir, su mucha gracia, y su mucha guasa. Hay que decir aquí que pertenece a una legendaria familia de albañiles alcalareños. Un bisabuelo fue el que consiguió levantar la más alta de las chimeneas de la antigua fábrica de Idogra, después de varios intentos por otros alarifes a los que la chimenea se les derrumbaba a partir de una altura determinada. Ahí sigue en pie, esa torre labrada de ladrillos de barro, en el actual Parque Centro.

   No era el fútbol lo que más le gustaba, aunque no se quedaba atrás cuando había que tirarse por las cuestas en las bicicletas o jugar a una guerra de piedras en el Cerro del Moro. Seguía del ritmo de los chiquillos de su edad pero el niño que fue tenía un mundo propio dentro de sí: el de un niño que es sensible a lo delicado y a lo frágil. Este mundo íntimo afloraba en su afición a hacer cofradías. Con la cabeza y las manos de una muñeca Nancy hacía una Dolorosa, moldeando con barro la figura y vistiéndola, luego preparando y ornando los pequeños pasos. Con sus amigos se ponían manos a la obra para mejorar cada año aquellos palios, también se inventaban ferias y tómbolas. Siempre estaba ideando. Esta actividad venía de su mundo aparte, y se mostraba en la mucha creatividad que requería, creando un puente con el mundo de fuera de sí que le venía regalado por la vida de su familia y sus vecinos. Para el niño Antonio era armónicamente compatible su mundo de adentro con el brillo y la fiesta del patio en aquella casa y en aquel barrio que hizo que su infancia sólo pueda evocarla como maravillosa. Él sentía que lo que le surgía le venía de su mundo propio. Era muy consciente de ello aunque esto no significaba cerrarse sobre sí mismo, sino todo lo contrario, en él era darse. Y todos le querían. Hoy así continúa, largo de corazón y corto de tacañería.

   No hacía mucho que se habían mudado a un piso de la calle Vegueta cuando un 28 de diciembre de 1978 su padre falleció a los treinta años, contando Antonio con tan sólo 11. Toda la familia se fue a vivir con el abuelo paterno a Hospitalet de Llobregat durante seis meses. Luego regresaron a Alcalá, pero de nuevo a la casa del barrio de San José. Todo este tiempo casi ni lo recuerda, como si se hubiera borrado. Aunque sí le ha quedado una imagen amarga de aquella etapa dura en la que está su madre, a la que él ve sufrir tanto y trabajar tanto para sacarlos adelante… Se convirtió de pronto en el hijo mayor de una mujer viuda con cinco hermanos más pequeños. Todo cambió. El duelo de su madre, tan joven, fue muy largo. Cada vez que llegaba el día de los Santos Inocentes era muy triste… Pasaron muchos años antes de que la Navidad, la Noche Vieja o los Reyes Magos volvieran a tener sentido. La madre, con el firme propósito de que a sus hijos no les faltase nada de lo verdaderamente necesario, cosía noche y día y quien quiso estudiar estudió.

   El primer año de la escuela lo cursó en el Pedro Gutiérrez con la señorita Amparo. Como a su padre lo destinaron a Isla Cristina perdió un curso y al regresar entró en los Salesianos con un año de retraso. Tuvo como tutor a José Reina al que tanto quiso como maestro, y tiene la fortuna de seguir compartiendo su amistad. También quiere destacar a otros dos maestros de escuela: Francisco Hermosín y María del Carmen Miranda. Ellos tuvieron mucho que ver en su historia de peluquero.

 
 
 

 

El Arzobispo Carlos Amigo Vallejo

entre Antonio y su amigo Pedro (con gafas)

 
 
 

   Cuando acabó la EGB se matriculó en San Juan de Dios en un curso de formación profesional en Artes Gráficas e Imprenta. ¿Quién le iba a decir a él que a unos kilómetros de Alcalá iba a toparse con su primera experiencia con la modernidad? Al menos con la modernidad de los que tenían catorce o quince años que allí conoció y que iban vestidos de punkis, o mejor dicho, que por tal indumenta a sí mismos se consideraban punkis. De tal guisa con su amigo Pedro se los encuentra el arzobispo Amigo Vallejo en una visita a la Ciudad de San Juan de Dios, entonces recién llegado a Sevilla. Monseñor les preguntó: «¿de qué vais vestidos?, ¿qué sois?» Ellos respondieron: «Pues de punkis. Somos punkis», no exenta la contestación de mucha inocencia e ingenuidad. «¿Y qué son los punkis?», continuó Carlos Amigo. «¿No lo ve: la chapita, los pelos?»

   Si no tenían dinero para pintarse los pelos, cogían una barra de labios, la estrujaban y se coloreaban el pelo de rojo; si se llevaban los zapatos de charol y no podían comprarlos, compraban pintura de aceite y con los zapatos pintados se iban al Zalima. Cuando salían estaban ya los zapatos escalichaos.

   Pedro es otra de las personas que tuvo que ver en su vocación peluquera porque a él le encantaba el corte de pelo que llevaba y una vez le preguntó quién se lo había hecho. Así es como conoció a Sema, el día que lo peló a lo garçon, aunque su madre por la noche, mientras dormía, le cortara aquel flequillo, que tan raro le resultaba. Fueron unos años inolvidables, en aquella Alcalá donde se inauguraron el Buy, el Pololo, el Zoom,  el Mogambo, se abrieron las tiendas del Cotán. A Alcalá venían jóvenes de otros pueblos y de Sevilla atraídos por la diversidad de locales que, aún siendo pocos eran originales, porque sonaba la música que en ese momento se escuchaba en los bares modernos de Madrid a Vigo y porque había gente creativa, simpática, generosa, inquieta…

   El verano que siguió a su segundo curso de Artes Gráficas, Sema le pidió que le echase una mano en la peluquería por las tardes. Su misión era lavar cabezas, pero él aprovechaba para ver cómo se ponían los tintes y moldeadores. Veía como entraba una señora y tras pasar por las manos de Sema, que eran mágicas y auténticamente creativas, aquella misma mujer salía bellamente transformada. Ahora no se nota tanto la labor de peluquería porque la gente se arregla mucho y hay mucha técnica. Entonces sólo iban a las peluquerías personas que podían permitírselo porque en su mayoría las mujeres se arreglaban el pelo en sus casas o se lo cortaban ellas mismas, a lo más pagaban a alguna chica que peinaba por las casas. Con Sema tuvo y sigue manteniendo una gran amistad y fue para él un gran referente, con él además compartió viajes a Nueva York, París y Londres. En esta última ciudad, en un campeonato mundial de peluquería, conocieron a Patrick Cameron y Toni&Guy que no eran tan famosos entonces, y a un Vidal Sassoon ya muy reconocido. Siempre le inspiraron de este último su estilo y la rectitud de los cortes.

   Sus inicios como peluquero se remontan a 1985 y empieza peinando por las casas, sólo con los conocimientos que había aprendido de su experiencia ayudando a Sema. Empezó a correrse la voz y el teléfono de la casa de su madre no paraba de sonar. Cobraba cinco duros por un corte. Remedios, amiga y clienta de su madre, le aconseja que Antonio haga estudios de peluquería. Su madre era reacia pero viendo la ilusión y el tesón de su hijo, le dio todo su aliento y su ayuda desde que empezó hasta hoy mismo.

   En una habitación del patio interior de la casa familiar en la calle Reina Victoria, sus tíos Manolo y Julián hacen una pequeña obra para instalar ahí la primera peluquería. Un espejo verde con un cristal redondo y algo picado, cuatro sillas y una estantería de madera. «Aquello era un chuleo», nos dice Antonio, porque como no tenía lavacabeza, el cuarto de baño familiar era el lugar de los lavados de cabeza. Virginia, su madre, se afanaba para que las clientas de su hijo estuvieran lo mejor posible, hacía café, preparaba el patio para que se sentaran allí mientras el tinte cuajaba, todo esto daba lugar a tertulias y divertimentos y muchas anécdotas. Y dos hermosas historias de amor: una señora valenciana, le compró un lavacabeza que costó 27.000 pesetas y que se fue pagando con los trabajos de costura que su madre le hacía; y María del Carmen Miranda y Francisco Hermosín le regalaron un grandísimo espejo de dos metros de ancho por uno de alto, cogidos con grapas y flotando respecto de la pared, éste sustituyó al pequeño ovalado en el que apenas se veían las clientas por la pequeñez y vejez del objeto.

   En la Academia tuvo un profesor llamado Álvaro Alcaide que había estado trabajando en Carita París y que había sido técnico de tintes en L´Oréal. La capacidad que tenía este profesor de hacer mezclas, de combinar colores y sacar las tonalidades de tintes fue un aprendizaje fundamental para él. Todos los días viajaba en un Dyanne 6 con una señora y su hija que tenían una tienda en el barrio San José y que cuando cerraba lo esperaba para dejarlo en la Cruz del Campo, a donde ella vivía, pero la academia estaba en Amador de los Ríos así que le quedaba un buen trecho aún para llegar a la academia de peluquería. La vuelta la hacía con Valle, tía de la modelo Eva González, que estudiaba con él y a quien su novio la recogía cada tarde para regresar a Mairena. Empezaron las colas de las señoras que se peinaban en la academia y que querían que le peinara el chico de Alcalá, lo caracterizaba el manejo del secador. Al año y medio concluyó el curso de peluquería.

   En 1990 coincidiendo con la Guerra de Irak, gracias a un tío suyo, le salió trabajo en la Base de Morón. Trabajaba de 9 de la noche a 6 de la mañana empaquetando la comida que llevaban los aviones que partían para avituallar a los soldados norteamericanos en Irak. Por primera vez en su vida ganaba un bien salario y, además, con visos de quedarse fijo en la Base. Esta situación lo puso en una complicada tesitura: decidir entre quedarse en la Base o mantener su peluquería.

   De nuevo la casa familiar de Reina Victoria se obró para dar cabida a una nueva peluquería, esta vez el patio exterior, de tipo sevillano, se techó haciéndose una habitación de 18 m2. Pudo decorarla a su gusto y sentir que su proyecto de peluquería empezaba a tener un vuelo, tuvo que contratar personal porque se corrió la voz de forma definitiva y había fechas tan señaladas que las clientas se iban a las seis de la mañana a su puerta para coger la vez y hacerse el moño para Noche Vieja.

 
 
 

Con Ainoha Arteta

 
 
 

   Desde 1995 a 2003 fue miembro del equipo de peluquería del Teatro de la Ópera de la Maestranza. Su primera ópera fue Sanson y Dalila, nos dice que ese día se conmovió tanto que comenzó su pasión musical por este género. En Lucia de Lammermoor conoció a Alfredo Kraus en su última actuación pública. Y durante todo este tiempo trató con Plácido Domingo, Teresa Berganza, Juan Diego Flórez, Leo Nucci, Ainoha Arteta y ‎a Franca Squarciapino, directora de vestuario de la película Cyrano de Bergerac (1990) y galardonada por esta película con un Óscar y un premio César. También estuvo en los equipos de peluquería de las películas Volavérunt de Bigas Luna estrenada en 1999 y Carmen (2003) de Vicente Aranda. En 1998 trabajó para la inolvidable representación de El barbero de Sevilla que se hizo en el Maestranza con un brillante trabajo escenográfico de Carmen Laffón y Juan Suárez. La pintora también se ocupó de los figurines junto a Ana María Abascal.

   Viajar alrededor del mundo ha sido otra de sus grandes pasiones. Ha visitado los cinco continentes. Ha puesto sus pies en el Polo Norte y el Amazonas, en Islas Maldivas, Egipto, Nepal, Tibet, India, Perú, Costa Rica y en casi toda Europa. Su último viaje ha sido a Tierra Santa. Pareciera que a Antonio le fuera posible recorrer el mundo como si lo peinara. Tal vez sea ésta la explicación de por qué viaja como lo más natural de la existencia, aunque los aviones o los barcos le lleven a miles de kilómetros, porque ¿no es el mundo como una gran cabeza, a la que hay que consagrar un cuidado especial? La cabellera es un adorno precioso del cuerpo humano. Peines, horquillas, navajas son objetos empleados desde la Prehistoria para convertir el arreglo de los cabellos en una labor de artistas y a los peluqueros en seres de los que estamos necesitados, hasta el más humilde de nosotros. Y para poder hacer arte con los cabellos no bastan sólo la técnica, los recursos o las habilidades del peluquero sino que éste alcanza la inspiración cuando ha comprendido la personalidad de quien se pone en sus manos.

 
 
 

Su primer viaje a Nueva York

 
 
 

«DEL SALÓN EN EL ÁNGULO OSCURO». ACTO LITERARIO Y MUSICAL CON MOTIVO DEL 150 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER (1836-1870). Una acción de la revista literaria «CARMINA» en la Iglesia del Mártir San Sebastián de Alcalá de Guadaira el 22 de enero de 2020. Narradora: Olga Duarte Piña; Declamación: Lauro Gandul Verdún; Clarinetes: José Manuel Iglesias Moreno y Joaquín y Pedro Iglesias Bravo

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ACCIONES DE LA REVISTA LITERARIA «CARMINA»
 
 
 

RAFAEL LUNA «SERIES PARA UNA VIDA». Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún (Lisboa 2019)

«PADRE NUESTRO [GLOSADO]» DE FRANCISCO DE QUEVEDO Y OTROS POEMAS SACROS DE LA POESÍA ESPAÑOLA: UNA ACCIÓN LITERARIA Y MUSICAL POR LAURO GANDUL VERDÚN, JOSÉ MANUEL IGLESIAS MORENO, PEDRO IGLESIAS BRAVO Y JOAQUÍN IGLESIAS BRAVO. Iglesia del Mártir San Sebastián (Alcalá de Guadaira, 24 de enero de 2019)

«POEMA A LOS REYES MAGOS»: UNA ACCIÓN LITERARIA Y MUSICAL POR LAURO GANDUL VERDÚN Y ALFREDO OLÍAS ARAGÓN. Revista literaria «CARMINA» y librería ‘TÉRMINO’, 28 de diciembre de 2018

DECENARIO DE «CARMINA» (II). DONDE CANTAR ANDALUCÍA EN LUSITANO. Acto de presentación de la revista «CARMINA» TEXTOS PARA UNA LECTURA Nº 3 (Hacienda de los Ángeles Viejos de Alcalá de Guadaíra (23 de noviembre de 2007)

HOMENAJE A GLORIA FUERTES (1917-1998) EN LA LIBRERÍA «TÉRMINO». Fue en Alcalá de Guadaíra, un jueves 29 de junio de 2017 por Olga Duarte, José Antonio Francés, Reyes Bernal y Lauro Gandul

EN LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’ LA REVISTA «CARMINA» CON «CRÓNICA DE PARÍS»: LECTURA DE POEMAS CON SAXO. Por Lauro Gandul Verdún y César Herrera Serrada (Alcalá, 18 de mayo de 2017)

«CRÓNICA DE PARÍS/CHRONIQUE DE PARIS» EN LA LIBRERÍA «TÉRMINO»: LECTURA DE POEMAS CON SAXO. Por Lauro Gandul Verdún y César Herrera Serrada (Alcalá, 18 de mayo de 2017)

CARMINA Nº 1. Una revista de poesía. Presentación en «Los Ángeles Viejos» de Alcalá de Guadaíra el 4 de noviembre de 2005

GENEAOLOGÍA DEL SER PROGRESISTA ESPAÑOL. De la serie «APUNTES HISTÓRICOS PARA LA INTERINIDAD POLÍTICA ESPAÑOLA» (IV). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 
el abrazo (Foto Cañas)

El abrazo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
[Foto: Cañas 2019]

 
 
 

PUNTO DE PARTIDA: EL ABRAZO PROGRESISTA

 

El martes 12 de noviembre de 2019, dos días después de las elecciones generales, la historia de la actual interinidad política española pareció dar un vuelco tras meses de estancamiento. El líder del PSOE y vencedor de las elecciones, Pedro Sánchez, y el de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, firmaban un preacuerdo para formar gobierno aunque no contaran con la mayoría suficiente de diputados. Y no fue solo un pacto firmado, sino también abrazado ya que lo rubricaron con un abrazo, un abrazo progresista. Parecía comenzar una nueva era política según se desprendía de las palabras del presidente en funciones:

   «España tendrá un Gobierno progresista porque las dos fuerzas que lo componen son progresistas: el PSOE y Unidas Podemos. Y en España se llevará a cabo una política progresista porque el Gobierno será progresista».

   Por si no quedaba claro: España será progresista.

   La importancia de llamarse progresista es el reverso beatífico de la importancia de llamar al contrario fascista [1].  Pero ¿qué es ser progresista? Parece fácil en principio. Según la RAE en su primera acepción: «de ideas y actitudes avanzadas». ¿Y qué es una actitud «avanzada»? Para muchos y muchas, esto quiere decir de ideas y actitudes de izquierda. Por tanto, ¿ser progresista es ser de izquierdas? Demasiadas preguntas quizás. Veamos la tercera acepción de este término que nos da la RAE: «dicho de un liberal español: del sector más radical de liberalismo, que se constituyó en partido político». Dicho así, ¿ser progresista es una forma de ser liberal? ¿y ser liberal es ser de izquierdas? De nuevo más preguntas. Lo mejor será que vayamos al origen del término, al origen de partido radical del liberalismo.

 
 
 

Picture 011

María Cristina de Borbón-Dos Sicilias  
(1806-1878)
Vicente López Portaña
(1772-1850)
[Museo del Prado]

 
 
 

LA PRIMERA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA

 

El término progresista en la política española apareció durante otra gran interinidad: la Regencia de María Cristina de Borbón (1833-1840). En ese trascendental período histórico se pasó jurídicamente del absolutismo al régimen liberal y constitucional, no sin problemas y con una guerra civil por medio: la primera guerra carlista. Fue en esa época cuando se desarrolló el liberalismo en España [2], que había nacido en las Cortes de Cádiz de 1812. Hasta la Regencia de María Cristina, madre de la reina niña Isabel, el liberalismo se había mantenido más o menos unido frente a los absolutistas reaccionarios. Obviamente existían tendencias dentro de la familia liberal debido a las diferentes maneras de entender  cómo pasar de un régimen absolutista a un régimen liberal-constitucional. Esto se evidenció en el Trienio Liberal (1820-1823), efímera experiencia liberal dentro del reinado de Fernando VII. Aquí ya vemos la existencia de dos tendencias: la moderada defensora de cambios paulatinos y reformistas  y la exaltada que predicaba la ruptura con el Antiguo Régimen. Sí, habrán advertido los paralelismos con la Transición postfranquista, madre de todos los males o de todas las bonanzas actuales. La cesura entre ambas tendencias fue creciendo cuando la Regente los llamaría al poder a la muerte del «rey felón», ya que los necesitaba para ganarle la guerra a Don Carlos, su cuñado ultramontano. Primero llamó a los moderados con Martínez de la Rosa al frente que dio el primer paso con el Estatuto Real (1834), una semi-constitución o Carta Otorgada para ser más precisos. Sin embargo, la otra sensibilidad liberal, la exaltada, vio este cambio insuficiente y acusó a los moderados de «pasteleros» al negociar con nobles y eclesiásticos, los privilegiados del Antiguo Régimen, una hoja de ruta hacia la monarquía constitucional alejada de los principios del verdadero liberalismo que se basaba en la sacrosanta soberanía nacional.

   Así las cosas, en septiembre de 1835 se produjo una sublevación de los liberales exaltados por todo el país,  que contando con importantes apoyos en las clases populares urbanas, organizaron juntas revolucionarias. Estos organismos insurreccionales, que luego serían tan queridos por los progresistas, presionaron de tal modo a la Regente que ésta se vio impelida a nombrar un nuevo gobierno liderado por Juan Álvarez Mendizábal. Y es aquí donde de verdad comienza nuestra historia.

 
 
 
Juan_Álvarez_Mendizábal

Juan Álvarez Mendizábal
(1790-1853)
Grabado según dibujo de José Balaca
(1810-1869)
(Biblioteca Nacional de España)

 
 
 

MENDIZÁBAL Y EL MOVIMIENTO NACIONAL

 

Juan de Dios Álvarez Méndez (1790-1853) provenía de una familia de comerciantes gaditanos de origen judío, por esto último se cambió su apellido por el de Mendizábal para darle una patina de cristiano viejo vasco. Durante la Guerra de la Independencia y comienzos del reinado de Fernando VII se dedicó a negocios mercantiles y financieros exitosos que le llevaron a relacionarse con la élite liberal. Con la vuelta del absolutismo en 1823 se exilió en Londres, donde gracias a sus contactos mercantiles,  se hizo un floreciente businessman. Esto hizo acrecentar su compromiso político con el liberalismo y acentuó su papel como conspirador que le llevaría a financiar al bando liberal en la guerra civil portuguesa. El éxito financiero y político en Portugal le llevaría a ser llamado como Ministro de Hacienda en el gobierno de los moderados, cargo que no llegaría a ejercer de forma plena. Tras la insurrección de las juntas, fue llamado a liderar un nuevo gobierno liberal. En un principio no llegaba como líder de la tendencia exaltada, sino como el hombre de compromiso entre las familias liberales que consiguiera formar un gobierno fuerte, asentar la nueva monarquía constitucional y ganar la guerra a los carlistas.

   Una vez en el poder Mendizábal comenzó a ganarse adeptos de la tendencia defensora del movimiento o progreso frente a los sectores más conservadores que vieron en su idea de crear un gobierno fuerte  un intento de concentrar todo el poder en sus manos. Sus proyectos de desamortización eclesiástica definitivamente supusieron la división del liberalismo y su abierta apuesta por medidas rupturistas. Reabrió el pseudoparlamento del Estatuto Real y luego, a principios de 1836, lo cerró para convocar elecciones en febrero de ese año. Es entonces, en ese momento, cuando nació el calificativo de progresista.

 
 
 

ELECCIONES, PARTIDISMO Y EMPLEOMANÍA

 

   La convocatoria de elecciones hizo que las familias liberales tomaran partido, nunca mejor dicho, pasando de ser «partidos de opinión» a ser «partidos electorales». En esto los progresistas tomaron la iniciativa. Mendizábal, demostrando su experiencia como hombre de negocios, vio en la naciente prensa política un instrumento fundamental para su propaganda. Así contaría con el apoyo de El Eco del Comercio,  La Revista española o El Español como sus valedores ante el exiguo cuerpo electoral con derecho al voto según lo establecido por el Estatuto Real.  Con la cámara legislativa cerrada (Estamento de los procuradores) dictaría su famoso decreto de desamortización eclesiástica lo que haría ganarse definitivamente la animadversión de aristócratas, liberales moderados, eclesiásticos y por último, la propia Regente. Pero no había vuelta atrás, para Mendizábal era necesario un poder liberal fuerte bien financiado (de nuevo el hombre de negocios) para acabar con la guerra contra los facciosos reaccionarios que se atrincheraban en la zonas rurales de Navarra, País Vasco y Cataluña.

   A partir de enero-febrero de 1836 comenzó a aparecer abiertamente en la prensa adicta al gobierno el término “progresista” para definir a los que apoyaban al jefe del consejo de ministros. Comenzaba también una polarización de la vida diaria que la prensa reflejaba. Por ejemplo El Eco del Comercio (20 de febrero de 1836) al referir a los nombres de los 12 representares por Madrid como electores para el Estamento de Procuradores decía que:

   «Nos complacemos en ver que la mayoría de los electores tienen ideas de progreso, porque este nos anuncia que serán también progresivos los procuradores que elijan»

   Había nacido el término político progresista en España, aunque no fue aceptado como nombre oficial del partido hasta 1839 con Olózaga. En el verano de 1836 el mencionado periódico se refería a Mendizábal como «un hombre honrado que vds. suponen simboliza un partido político progresista» (29 de julio de 1836).

   La campaña de opinión se vio acompañada desde el Gobierno con el nombramiento de nuevos empleados públicos afines a sus intereses y que daría lugar a la polémica de la llamada «empleomanía» que tanto recorrido histórico tendría en el siglo XIX español. Véase para ello la novela de Galdós Miau (1888).

   Los términos «mendizabalista» y «progresista» se consideraron como sinónimos queriendo representar al verdadero liberalismo nacido en Cádiz. Quedaban excluidos los liberales moderados que se les situaba en el campo de la reacción, de los que se oponían al «progreso» o al «movimiento» hacia la verdadera monarquía constitucional basada en la soberanía nacional del pueblo español. El periódico El Español (que no fue siempre «mendizabalista») criticaría esto al manifestar que:

   «Cuando un partido llega a creer a su favor la presunción de que tiene la razón, pronto se hace dueño de la sociedad y la conduce donde quiere» (8 de febrero de 1836).

   Las elecciones organizadas por el Gobierno dieron como resultado una victoria indiscutible de sus candidatos lo que provocaría acusaciones de manipulación electoral por parte de sus contrarios. Comenzaba el partidismo. Un año después, ese mismo periódico recordaba aquellos días de la siguiente manera:

   «Dos partidos débiles, porque poderosos ya no los hay, pero firmes y enconados, sostenían poco hace encontrados principios en presencia de las urnas electorales. Mutuamente acusabánse se ineptitud e hipocresía, y tal vez en cuanto a partidarios a ninguno faltaba razón…» (22 de agosto de 1837).

 
 
 

Espartero

Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro
(1783-1879)
José Casado del Alisal
(1832-1886)
(Palacio de las Cortes)

 
 
 

REBELIÓN EN LA GRANJA Y UNA NUEVA CONSTITUCIÓN DE CONSENSO

 

El gobierno de Mendizábal se centró en aunar esfuerzos para la derrota de los carlistas y en desarrollar la desamortización eclesiástica a la que unió la supresión de las instituciones del clero regular. Estas medias chocaron con la Reina y los elementos conservadores (que aún no constituían partido alguno) pero a la vez, y es curioso, con el ala izquierda del progresismo que veía sus medidas insuficientes. Así las cosas, en mayo de 1836 la Regente, haciendo uso de sus prerrogativas reales y legales, hizo caer a Mendizábal y nombró un nuevo gobierno presidido por  Francisco Javier Istúriz, un ex liberal exaltado que había sido colaborador del cesado y que también provenía de la burguesía gaditana. Para legitimar su poder convocó elecciones en julio de 1836, que, como ya era costumbre, ganarían los gubernamentales. En estas elecciones se organizaría por  vez primera el partido liberal contrario a los progresistas: el moderado o monárquico-constitucional.

   Sin embargo, Mendizábal y los progresistas no aceptaron el estado de cosas y organizaron una nueva insurrección en agosto de 1836 que tuvo como momento estelar la sublevación de los sargentos de la Guardia Real en el Palacio de verano de La Granja, donde pasaba esos días la familia real.  La Regente volvió a llamar a los progresistas y se formó un gobierno liderado por el viejo liberal José María Calatrava y que tenía como ministro de Hacienda a Mendizábal. Aunque se siguió con la desamortización de los bienes de la Iglesia (llamados «bienes nacionales») se produjo un cambio en los progresistas. Éste consistió en un acercamiento a los moderados para estabilizar a la monarquía en unos momentos complicados en la guerra carlista. Dentro del progresismo tuvieron mayor predicamento políticos conciliadores como Agustín de Argüelles o Salustiano Olózaga. Fruto de ello sería la Constitución de 1837, una ley fundamental que pretendía un consenso liberal, a partir de la reforma de la de 1812. De esta forma lo expresaba el periódico El Español:

   «…todos los partidos (…) y toda la opinión liberal unánime y francamente acepta la Constitución como bandera común» (22-8-1837).

   En realidad, no eran tantas las diferencias con el partido moderado, ya que ambos eran partidos de notables, de burgueses y aristócratas. Ambos defendieron el sufragio censitario y rechazaban la democracia, a pesar de que los progresistas siempre apelaban al pueblo y las clases populares, pero nunca postularon el sufragio universal,  a lo sumo a la ampliación del censo de electores.

   Los progresistas constitucionales defendieron desde entonces que no representaban la agitación ni la anarquía, sino que se declaraban firmes defensores de la monarquía, la Constitución y la soberanía nacional. Como ejemplo tenemos  un manifiesto de los progresistas de Barcelona de 1839 que decía lo siguiente:

   «…el progreso se reduce al cumplimiento estricto de la ley, a las reformas que disminuyan los pagos, y  a la igualdad legal, pone freno al orgullo y sinrazón de los que aspiran a dominar por la sangre o las riquezas, cuyo toda forma lo que llamamos libertad.»

   Frente al progresista bullangero y de barricada, los de Barcelona decían que «el progresista discute con la entereza de una convicción robusta, sin apelar más que a razones y que su sistema práctico es observar religiosamente la Constitución sin intentar ni pensar nada que pueda alarmar la seguridad individual y la propiedad».

   Estas palabras las recogía el antaño «muy progresista» Eco del comercio, en su número de 30 de diciembre de 1839.  Este progresismo conciliador, liberal y defensor del orden legal, sin embargo acabó al año siguiente cuando, tras la presentación por parte del gobierno moderado de una ley municipal que consideraban “reaccionaria”, se produjo otra sublevación que supuso la llegada al poder de su nuevo líder: el general Espartero. Con ello no solo terminaba esta fase «conciliadora» sino que también terminaba la Regencia de María Cristina, pero no la interinidad política. Para el historiador Jorge Vilches esto demostraba que «el progresismo se aprovechaba de los movimientos violentos de aquella facción para ejercer más presión sobre el adversario político y la Corona, con el objetivo de alcanzar y monopolizar el poder» [3]

 
 
 

Juan-Prim-atentado-1871

Asesinato de Juan Prim y Prats la noche del 27 de diciembre de 1870
Fernando Miranda
(Dibujante e ilustrador, siglo XIX)
La ilustración española y americana
5 de enero de 1871
pag.17

 
 
 

CODA PARADÓJICA

 
 
 

El progresismo gobernó España durante la Regencia de Espartero (1840-1843) y volvió efímeramente con el mismo general en el Bienio Progresista (1854-1856) tras la «revolución de julio». Otra revolución, la «Gloriosa» de 1868, les encumbró al poder tras destronar a la reina Isabel II, a la que tanto defendieron en su minoría de edad, hasta que su líder, el general Juan Prim y Prats, fue asesinado en diciembre de 1870. A partir de ahí, el partido se dividió en facciones personalistas que fueron recogidas en el seno del Partido Liberal-Fusionista de Sagasta en la Restauración (1875-1931). El fin del turno pacífico con los conservadores de Cánovas, le llevó a su definitiva desaparición cuando cayó Alfonso XIII. Durante la II República el término «progresista» sólo lo mantuvo el Partido Republicano Progresista de Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura que antes se llamó Derecha Liberal Republicana.

 

 

 

 

 

[1] Esta idea ya la hemos tratado en la revista «CARMINA»  con la entrada de «La importancia de llamarlo fascismo»: http://revistacarmina.es/?p=41095

[2]Sobre este período fundamental de nuestra historia contamos con una interesantísima monografía de Vladimiro Adame de Heu: Sobre los orígenes del liberalismo histórico consolidado en España (1835-1840), Sevilla, 1997.

[3] Jorge Vilches, Progreso y libertad. El partido progresista en la revolución liberal española, Madrid, 2001, pág. 28.
 
 
 

«CARMINA» INVITA A LA «SEMANA CULTURAL PÁRROCO DON MANUEL GÓMEZ». Iglesia de San Sebastián de Alcalá de Guadaira (Del 20 al 24 de enero de 2020)

Semana Cultural 2020

NANAS DE LA CEBOLLA Y NANA DE LA LUZ. Poema de Miguel Hernández con música de Manuel Ángel Cano en el ‘Concierto de Navidad’ de la Coral Polifónica Hermandad de Jesús Nazareno. Declamación de Lauro Gandul y Grupo ‘Ars Nova’; violonchelo: Clara Montes; viola baja: Andrés Rubio; viola alta: Clara de Asís Ramírez; clarinete: Elena Montes. Iglesia de Santiago el Mayor de Alcalá de Guadaira (22 de diciembre de 2019)

(Dedicadas a su hijo,
a raíz de recibir una carta de su mujer,
en la que le decía que no comía más que pan y cebolla)

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.

Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.

Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

[MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942).
Cancionero y romancero de Ausencias.
Editorial Losada, S.A. Buenos Aires, 1976.
Págs, 118 a 121]

MIGUEL HERNÁNDEZ POR ANTONIO BUERO VALLEJO

Miguel Hernández
Dibujo por Antonio Buero Vallejo (1939 ó 1940)

Nanas de la cebolla del poeta Miguel Hernández Por Alberto Cortez y Joan Manuel Serrat