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«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

 

El Castillo de Buda

Budapest

[Foto: LGV 2004]

 

Bálint y Lazslo, los dos primos protagonistas, responden a la dualidad que podríamos titular como conde rico, conde pobre. El primero es huérfano de padre, un respetado noble de añeja estirpe, e hijo único de una madre consagrada a la continuación del linaje y de las grandes propiedades del difunto conde. Bien educado y cosmopolita (trasunto del autor) vuelve a sus tierras (y a su madre) tras recorrer varias cortes europeas como diplomático. Además será elegido como diputado al Parlamento húngaro por un burgo podrido de su condado. Joven, atlético, culto y respetado; ése es Bálint.

   Al contrario, Lazslo no tiene nada excepto un hiperbólico orgullo y  el título que heredó de un padre suicida tras la huida de la madre con un músico. A cargo de diversos tutores de la familia el joven Laszlo se siente marginado, ya que la sociedad aristocrática lo admite por compasión y porque es un excelente violonchelista que anima las fiestas de alcurnia. Su deseo de ser un gran músico es producto del deseo de demostrar su valía ante un mundo que lo acoge como el cachorro débil de la camada.

   Sin embargo, a ambos personajes les unirá algo: las amadas y las amantes, que les harán tambalear sus vidas. Bálint buscará el amor imposible de su infancia: Adrienne Miloth, ya casada con un déspota que la maltrata y degrada sexualmente. Convertida en un ser infeliz le repugna toda relación sensual entre un hombre y una mujer. Contra esto se rebelará Bálint, sumido entre el deseo y el idealismo que desprende su amada y que le hará sufrir una serie de aventuras y sobre todo, desventuras que culminarán en el paisaje imposible (en palabras del autor) de la Venecia de Thomas Mann.

   Laszlo, el conde pobre, verá truncada su carrera como músico en Budapest por otro amor imposible: el de su prima Klara.  Su condición social le supondrá el rechazo de la familia de su amada. Esto le conducirá a un abismo de alcohol, fiestas (será el primer bailarín de los bailes de la nobleza de Budapest) y sobre todo de ludopatía, que le llevará a su total ruina económica y moral.

   En lo que respecta a sus amantes, Dionora y Fanny, compartirán  el papel de mujeres aburridas de sus matrimonios con hombres mayores que ellas y que buscarán los placeres de una juventud que están perdiendo en los brazos de sus jóvenes amantes.

   Pero como dijimos en la anterior entrega, la novela está construida en base a dicotomías no solo en lo que se refiere a los personajes, sino también en los espacios geográficos, que Banffy magistralmente retrata. Pero de ello daremos cuenta en el próximo episodio de Noticias de un imperio.

 

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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

 

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

 

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

 
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Hotel Gellért

[Foto: LGV Budapest, 2003]

 

Cuando Hitler asentaba su nuevo régimen nazi en Alemania, y en Hungría su imitadores de la Cruz Flechada crecían, el Conde de Losoncz, Miklos Banffy, comenzaba una titánica gesta literaria: rescatar un mundo perdido, el mismo mundo de ayer de Zweig (del cual ya hablaremos en esta serie).

   Entre 1934 y 1940 Banffy escribiría su Trilogía transilvana, que constaba de Los días contados (1934), Las almas perdidas (1937) y El reino dividido (1940). Banffy era el representante perfecto de ese mundo que terminó con la Primera Guerra Mundial. Aristócrata, político, diplomático (llegaría a ser Ministro de Asuntos Exteriores de Hungría durante el Tratado de Trianón de 1920), dramaturgo, pintor, diletante artístico y cosmopolita…todo ello contenía la vida y obra de Banffy.

   Ya alejado de la política y retirado en sus posesiones de Transilvania (integrada en Rumanía tras la Paz de París) se dedicaría, además de fomentar la cultura húngara en dicha región, a fomentar el mundo que vivió de joven: la Hungría del Imperio del mítico Francisco José. Para ello, en su primera novela (Los días contados) que transcurre entre 1904 y 1905, organiza la historia de forma binaria. Así, sus protagonistas son dos: el conde Balint Abady y su primo,  también conde, Lazslo Gyerffy. En cuanto a los escenarios se reparten entre la Transilvania de la que proceden todos los personajes y la capital Budapest.

   La trama gira en torno a esos dos personajes principales, pero también tienen una importancia básica la pléyade de aristócratas transilvanos, la mayoría relacionados por lazos familiares debido a la gran endogamia de esta nobleza húngara fronteriza. Una aristocracia que se nos parece mucho  a esa otra decadente y rural que tan bien retrató Margaret Mitchell en Lo que el viento se llevó publicada dos años después de la novela que aquí reseñamos.

   En lo que respecta a la presentación de los personajes ambas obras son bastantes similares; así se nos aparece una plebe de primos, primas, tíos, tías, sobrinos y demás genealogía endogámica que nos llega, por momentos, a confundir,

   También podemos ver en esta obra (para muchos de estirpe «gatopardesca», cosa con la que no coincido) elementos propios de otra gran novela norteamericana de las llamadas «de época»: La edad de la inocencia de Edith Wharton, publicada en 1920. La descripción de la alta sociedad neoyorkina del último cuarto del siglo XIX tiene muchos puntos en común con la sociedad aristocrática húngara: sus códigos morales, del honor, de la decencia y la indecencia, amén de la rigurosa etiqueta y de las abundantes reuniones sociales que daban sentido a ese mundo. Un ejemplo lo tenemos en el personaje de la tía Sarmasághy, hacedora de chismes, matrimonios, divorcios y a la que se respetaba como a una matriarca ajada.

   En la próxima entrega hablaremos de los dos protagonistas: el conde rico y el conde pobre.

 

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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

 

EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

 

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Concierto de Año Nuevo en Viena

 

La literatura sobre el fin del Imperio austro-húngaro no solo es un campo fértil para nostálgicos del mundo de ayer, para fans postmortem de Sisi Emperatriz o para intelectualoides que buscan algo que les dé elegancia; es además de todo eso un mundo en sí mismo, un mundo de eterna decadencia que ha dado grandes joyas literarias, tales como La marcha de Radetzky o la Cripta de los Capuchinos, ambas de Joseph Roth, sino también obras menores pero no por ello despreciables.  En nuestra comienzo de «Noticias de un Imperio» comenzaremos con la novela El Estandarte, del austríaco Alexander Lernet-Holenia. Publicada en 1934 alcanzaría una cierta popularidad, que en el caso de España le llevaría a formar parte de la Colección Reno de Plaza & Janés junto a títulos tan dispares como Kapput de Curzio Malaparte. Aunque todos compartían el mismo futuro de amarillear de hojas y de cuartear de pastas, esas mismas donde en las portadas se imitaban los grandes carteles que anunciaban en los cines las películas de las décadas de los 50,60 y 70.

   Esta novela «pulp» imperial tiene algo que nos sigue (y me refiero sobre todo a los que militamos en la Cofradía de la Cripta de los Capuchinos) atrayendo. Es de celebrar en estos tiempos que fuera reeditado en España en 2013 por Libros del Asteroide.

   El tema no es otro que la nostalgia del fin de un mundo que daba sentido a toda una pléyade de tipos que no encajarían en la Europa de entreguerras o que mal encajarían en un mundo que se preparaba para una guerra que ya sería la suya. El protagonista es el capitán Menis, un verdadero «yonki» del Imperio, un enganchado a los trajes de gala, los valses y polkas hasta el amanecer y los impertinentes para la ópera. Pero no todo era superficialidad, también estaba el honor, el cumplimiento a la palabra dada al Emperador y a la bandera.

   El ex oficial de caballería Menis, que vive en la placidez burguesa de la Viena de los años 20, se considera un muerto viviente, un «zombi» austro-húngaro, porque piensa que debiera haber muerto en el cruce del río Danubio en el Belgrado de noviembre de 1918. Aún así,  compadecido por los excombatientes que malviven como mendigos en las «strasse» de Viena, recuerda que él creyó salvar el honor del Imperio, o al menos, salvar una parte de su honor: el estandarte imperial de su regimiento.

   La novela transcurre en los últimos días de la 1ª Guerra Mundial y como tal en los últimos días del Imperio. El oficial Menis recuerda cómo, sirviendo en Belgrado, es testigo y a la vez protagonista de la sublevación de sus soldados polacos que se niegan a seguir luchando bajo las banderas del Imperio y de cómo los oficiales austríacos intentan hacerlos entrar en razón utilizando las ametralladoras. Tras la masacre, la derrota, el desastre; la huida de Menis con el estandarte, escondido en su guerrera, acompañado por una extensa «troupe» (incluida su amada) es una «road movie» por las nuevas repúblicas que nacieron del despojo habsbúrgico.

   Después de pasar variopintas aventuras (incluido en ellas el elemento sobrenatural) nuestro héroe llega a una Viena sumida en la indiferencia y en una pseudo-revolución republicana que era lo que quedaba cuando todo lo demás había desaparecido.

   En mi opinión, las mejores escenas transcurren en el fantasmagórico palacio imperial de Viena, donde un remedo de emperador, el joven Carlos I, se dispone a abandonar para siempre el Imperio, dejando huérfanos a sus servidores palaciegos que deambulan como espectros por las regias estancias. El último Habsburgo imperial acabará siendo un perjuro, deshonrando a los que habían muerto defendiendo su «Kakania»: el emperador…no tenía derecho…a anular el juramento que los muertos habían prestado.

   El Imperio seguiría viviendo en los muertos, un imposible necrófilo que magistralmente Claudio Magris calificó como el mito habsbúrgico y que millones de personas celebran todos los primeros de enero al sentarse ante sus televisores para ver el Concierto de Año Nuevo desde Viena.

 
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«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella