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«PENSAMIENTO CRÍTICO Y POESÍA EN LUIS CERNUDA» POR VICENTE NÚÑEZ, Y TRES CARTAS. Homenaje de «CARMINA» en el 110º aniversario del nacimiento de Luis Cernuda 1902-2012

Luis Cernuda por Gregorio Prieto
Fuente: Cuestiones de literatura española (siglo XX)

Re

Alude Luis Cernuda al frente de su importante libro Poesía y Literatura,(1) a la intencionalidad diversa de los capítulos que lo informan, aunque lo cierto sea que, por encima de esta o aquella coyuntura de ocasión o de fechas en el momento de su redacción, su carácter aparece ahora como inscrito en el pensamiento más voluntario y determinante del autor. No de otro modo tendrían estos trabajos de Cernuda, que abarcan en el tiempo (1935-1959) las tres cuartas partes de su vida poética, una trabazón tan profunda y una tal homogeneidad de concepto; lo que de por sí constituye algo de la mayor importancia en la historia última de nuestra poesía.

…………Y lo que admira no es tanto la penetración y conocimiento críticos con que Cernuda estudia a Garcilaso, San Juan de la Cruz o Aldana —páginas que alumbran nuevos ángulos de la sensibilidad clásica y de sus modos perceptivos— o sus agudos apuntes a Galdós y André Gide o a cuestiones ya cardinales de la poesía europea —como los que le inspiran las relaciones entre Goethe y Hölderlin y entre Rilke y la princesa de Thurn und Taxis—, cuando la experiencia misma que de ese trato y análisis se conforma en el espíritu del poeta, y que es lo que, líneas más arriba, me hizo aludir al curso de la historia de la poesía española, considerando que dichos resultados caerían por entero dentro de su problemática y fronteras.

…………La poesía española no ha sido dada, sino hasta época reciente, a confesiones o teorizaciones —y en esto la francesa le es, aunque con fortuna no más favorable, inversamente paralela— respecto de sus propósitos y esencia, como tampoco acerca de la función en que quedarían orientadas, dentro de la estructura del espíritu, sus consecuencias ético-históricas. Y esto por razones que no es del caso indicar, aunque sí quepa dar aquí por válido en ella ese su secular y crónico desentendimiento de un modo de trascendencia que, aun ignorándose, pretendiera suplirse sin otra alternativa a fuerza de laboriosos cuidados de escuela. Pero incluso en las ocasiones en que nuestros poetas llegaron a la formulación de una más o menos expresa doctrina de la poesía, el dogmatismo angosto y el desconocimiento de la realidad interior priváronla no ya sólo de contenido, sino de ese germen mediante el cual una tradición queda asegurada, y que constituye el verdadero órgano de una evolución integral de la misma.

…………Ni que decir tiene que nada más ajeno al propósito de Cernuda que la idea de una expresión sistemática de pensamiento poético, ya que lo que él debe ofrecernos, desde el círculo de su experiencia, son los resultados inmediatos de su acción coherente sobre el destino de una vivencia personal de la poesía. Y ese rasgo confiere a sus palabras, donde quiera que éstas aparezcan, la rectitud de un testimonio insuperable.

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Homenaje a Luis Cernuda por
Aleixandre, Lorca, Alberti, Neruda, Bergamín y otros
Madrid
1936
Fuente: Cuestiones de literatura española (siglo XX)

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…………Todavía resultan inusitados, después de veinticinco años, el enfoque y estilo de las Palabras antes de una lectura (1935), pertenecientes a un tiempo, de franco estertor superrealista, en que las «experiencias personales» a que ahí se hace referencia se detraían poéticamente del término de su verdadera vinculación esencial, dato que en la conciencia crítica de Luis Cernuda actuaría entonces como otra «tiniebla» más para el poeta, «fatal estorbo a la grandeza humana», en verso de Herrera no del todo ajeno para su propia época a la intención significativa con que lo cito aquí.

…………Aun a pesar de la concisa circunstancialidad de esas Palabras, el problema de la esencia de la poesía queda allí suficientemente apuntado, y no en la forma harto teórica y despersonalizada en que, desde Herder y Humboldt, lo vino haciendo la casi generalidad de la crítica oficial de la literatura, sino en la tensión de las fuerzas que para su obra futura se hacía inevitable como conflicto entre realidad y deseo, polaridad que así determina el carácter propio a la tarea del poeta, ya que, en el ámbito de su trabajo, deseo y realidad constituyen aspectos de una más profunda sustancia del mundo que abarca a ambos, como va implícito en el pensamiento de Fichte que Cernuda menciona. A esa realidad sustantiva en que consiste el fondo de la apariencia corresponderían los fundamentos de la actividad del poeta, a quien sostienen en su lucha por conciliar la «unión de los extemos», dentro de una «armonía superior a los poderes de la comprensión humana», la fuerza y el peligro de una asistencia «daimónica» que opera desde el misterio, aunque pueda asentirse a que, como en el Patmos de Hölderlin, «con el peligro aumenta lo salvador también».

…………¿Cuándo en España un poeta había intentado pensar o escribir de poesía dentro de un engranaje —más que de ideas— de vivencias de tal rango? Véase si no el carácter apriorístico de las doctrinas estéticas posrománticas o el pensamiento, incluso, de un Machado, que, pese a su densidad o importancia indiscutibles, adolece tan a menudo de inconcreción experiencial y de locuacidad petulante.

…………La realidad y el Deseo quedaba adscrita desde ese momento a un orden de preocupaciones de las que ni siquiera había aún indicios en la Europa de aquellos años, adelantándose, por su modo de actualizar y renovar la tradición del pensamiento romántico y metafísico alemán de finales del siglo XVIII no sólo a su época, sino a la nuestra también.(2) Resultado de ello sería la magnitud alcanzada por La Realidad y el Deseo en el cuerpo de su última edición, y el balance que de su vida y propia experiencia poéticas (Historial de un libro) hizo Cernuda en 1958, género sin equivalente en nuestra literatura y acaso la más profunda tentativa de autognosis poética llevada a cabo entre nosotros.

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La escritora María Dolores Aranda y Luis Cernuda
México
(principios años 60)
Fuente: La piedra de Sísifo

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…………La prolongada ausencia física de Cernuda del panorama de la literatura española había creado en torno a su obra un estado de socorrida y crédula indiferencia hacia ella, al considerarla fuera de su geografía espiritual y del horizonte, por tanto, de sus problemas. Mas los años han demostrado, con lo insostenible de la postura, justo todo lo contrario. De una parte, por el riguroso proceso formativo del poeta a lo largo de su peregrinaje, soslayando todo riesgo de disolución y ruina en la azorosidad del extrañamiento y el olvido, y que ahora, ya manifiesto, podemos seguir paso a paso en ese documento impresionante que es el Historial de un libro. Y de otra, porque, desde 1957 en que Cernuda publica en España sus Estudios sobre poesía española contemporánea, se incorpora in extenso al panorama crítico de su literatura, siguiéndole muy de cerca, en contrapunto al vasto acervo de su experiencia personal de la poesía, Pensamiento poético en la lírica inglesa, que apareció en Méjico en 1958 y que revelaría cuánta era su deuda para con uno y otra.

…………El pensamiento crítico en Luis Cernuda representa el proceso y la plenitud de una experiencia consustancial a la dialéctica del fenómeno poético. Sus elementos constituyen la historia de un acontecer personal de la materia de las formas cognoscitivas inherentes a la esencia de la poesía. De ahí su concentración intuitiva y el carácter intermitente y no siempre unívoco de sus conclusiones, ya que éstas, en la medida en que se pliegan o ensanchan de cara a los resultados de otras poesías a ella próximas en el tiempo, se asignan a sí mismas las posibilidades de su curso futuro.

…………En los años en que la poesía de Cernuda iniciara el difícil itinerario de las vicisitudes que le cupieron en suerte, la poesía europea cerraba el capítulo de una amarga experiencia: el de la putrefacción paulatina de las formas que habían intentado edificar sobre la imagen los principios de un nuevo positivismo inmanentista. Era natural y lógico que el mundo que de ellas quedaba así desalojado se apareciese de pronto en toda su desnudez acusadora y como siendo razón irrecusable de un destino mejor. La evidencia entonces de que sólo al contenido popular que permanecería intacto en la base de ese mundo recién recuperado corresponderían los cuidados y triunfos futuros, se desviaba ya desde sus comienzos hacia una acción de partido, coincidiendo con una época en que la literatura veíase proyectada sobre un área social de amplitud incalculable.

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Luis Cernuda
por Gregorio Prieto
1937
Fuente: Literatura española alternativa

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…………El problema de los públicos en el destino social de la poesía constituía un capítulo más del problema económico de la participación global de los individuos en la dialéctica de los medios de producción. Sólo que un error de principio disipaba para aquél toda esperanza de éxito, ya que, en el terreno de la práctica, lo que se imponía no era un arte para el pueblo  —vaga entidad esgrimida por quienes o habían perdido toda conciencia del mismo o teníanla en extremo irritada—, sino, en todo caso, la preformación de un público —popular, si se quiere— en orden a las imprescriptibles exigencias del arte, sin que importara demasiado su filiación clasista, ya que, desde el punto de vista de su detentación, cualquiera sociedad resultaría enteramente «anónima», como ha escrito Roland Barthes refiriéndose a la burguesía.

…………A la amplitud y urgencia de tales problemas corresponde en Cernuda el contenido de su artículo «Poesía popular» (1941), escrito en un tiempo, téngase en cuenta, en que su repercusión aún tardaría en hacerse sensible entre nosotros, bien que, como esas páginas tan agudamente ponen de manifiesto, pocas literaturas podían como la nuestra ofrecer una base histórico-social de tantas posibilidades para la recta comprensión de su alcance, a poco que con objetividad se meditase sobre ella. Y no deja de ser significativa la cita allí de Wordsworth con su doctrina de la dicción poética, dando matiz propio a los anhelos de Cernuda, no sólo porque denotara la orientación entonces inglesa de su poesía —que hizo posible, entre otras cosas, su traducción del Troilus and Cressida, de Shakespeare, y que constituiría la revelación inestimable de un lenguaje de precisión inusitada entre nosotros—, sino porque además expresa la síntesis de pensamiento que se verificaba en el poeta y el camino a seguir, por tanto, en el seno de la misma.

…………Puede afirmarse que los ideales de un cierto arcadismo conceptual que se advierten despiertos en el transcurso de la lírica inglesa —constantes, cuando menos, en los poetas del período romántico— hallaron su correlato en los afanes de perennidad que para la exaltación de la hermosura de los seres del mundo alimentaba la fantasía de Cernuda, aunque el sustrato ideológico de esos sentimientos sobrepasara con mucho el esquema lírico de aquéllos. De tal modo que esto, más que el resultado de una influencia, constituía un fenómeno ocasional de comunidad de intenciones, como el propio Cernuda ha reconocido y se deduce de la trayectoria seguida luego por su obra poética, que tenía asumidos, como consecuencia del conocimiento y estudio de la poesía de Federico Hölderlin, los enunciados de un problema más vasto: el del espíritu de la tradición del romanticismo europeo y de sus posibilidades dentro del sentido general de la vida. Hecho al que Cernuda ha podido referirse como a una de sus mayores experiencias de poeta.

…………Es así que su poesía —cuando, por razón de temperamento, no es mera coincidencia— habría asimilado, de una parte, la precisión y reticencia de la lírica inglesa, dentro de la reposada armonía de una métrica que apura todos sus confines expresivos; y, de otra, el ritmo interno que no disloca el fluir emotivo de la frase, sino que lo sostiene a nivel de los sentimientos con un doble eco de melancolía y de entusiasmo, como se produce en la poesía romántica alemana posterior a Schiller.

…………El ideal griego de los héroes y los dioses, en el marco de la naciente ética de la personalidad y en contraste con la miseria de la vida alemana a finales del siglo XVIII, alecciona, con la venerable antigüedad de sus formas morales y su contenido tan rico en situaciones últimas, a una poesía como la de Cernuda, situada desde sus comienzos en el llamamiento de una superación del paganismo inmediato y anónimo de los sentidos.

…………Las prescripciones de la cultura, en ésta como en aquella época, contravienen el desarrollo de esos ideales tras lo que alienta un concepto más comprensivo del hombre y una idea más esencialista de sus postulados. Y si bien es cierto que en la presente hora el horizonte de ese humanismo se ha visto entenebrecido hasta más allá de su límite, no lo es menos que sus virtualidades permanecen aún erguidas, como punto inflexivo de un momento histórico en que —con expresión de Zubiri— Europa alcanza su madurez. Los esfuerzos que sobre él se dirijan habrán de ser medidos por la conversión de sus fracasos en un canto que, por encima de los dispersos materiales del hombre de nuestros días, advierta con humildad y pureza el advenimiento del hombre futuro.

…………Las energías de nuestro tiempo dedicaron gran parte de sus ímpetus al desarrollo, todavía, de aquel esquema del mundo que en los años juveniles  de Hölderlin íbase edificando en el espíritu de un pequeño grupo de muchachos de la Fundación de Tubinga, donde Hegel desempeñaba la primacía del pensamiento. Sus resultados han sido amargos muchas veces y funestos casi siempre. Pero cuando la más profunda metafísica de nuestro siglo aborda la defensa del ser y la lucha contra el nihilismo, descubre en Hölderlin, en la poesía, la ascendencia de un hogar favorable.

…………Me he referido a cuestiones de esta índole porque considero que el espíritu de la poesía de Luis Cernuda participa, en última instancia, de la naturaleza de los problemas allí congregados, y porque su obra, con singulares dones, aporta un testimonio considerable en los anhelos del porvenir.

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[Vicente Núñez, «Pensamiento crítico y poesía en Luis Cernuda».

Revista Ínsula, núm. 170, Madrid, 1961]

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1 Col. Biblioteca Breve, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1960.

2 En un libro reciente veo citado a Cernuda como encarnando una tradición europea que habría perdido vigencia en la tercera década de ese siglo, cuando es lo cierto que ni jamás perteneció a ella ni, como parece, llegó aún la hora de discernir la verdadera importancia y carácter de su obra.

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Tres Cruces, 11
Coyoacán
México, D.F.
México
Enero 2, 1961

Querido Vicente Núñez:

…………Feliz año nuevo. Gracias por sus buenos deseos para mí en éste que comienza.

…………Por el tono con que me entera de su cambio de residencia supongo que no le satisface mucho. Esperaba que, según me dijo Sebastián Kerr, hubiera usted tenido ocasión de salir de España, al menos por unas semanas. Pero también sé por el mismo que no pudo usted obtener su pasaporte a tiempo.

…………Le agradezco, aun sin conocerlo todavía, ese trabajo de que me entera acerca de Poesía y literatura. Pero su noticia me ha planteado unas cuantas dudas, aunque usted no tiene la menor noticia de la causa de las mismas.

…………No sé si sabe que Ínsula no ha hablado nunca, con pocas excepciones, de la aparición de mis libros. Creía que era por razones «políticas», pero luego comprendí que eran otras razones las que tenía para dicho silencio.

…………Por eso me extraña mucho que vayan a publicar, según usted me dice, ese trabajo suyo.

…………Tan convencido estaba de que también guardarían silencio sobre mi último libro, que pedí expresamente a Carlos Barral que no lo enviara a Ínsula ni a Cano. Y ahora usted me dice que ha recibido ejemplar, pidiéndolo para usted al editor nada menos que el mismísimo Cano.

…………Claro, se lo publiquen a usted o no, eso no hará, aun en el caso de que se lo publiquen, que mi repugnancia a la ruindad de Canito, Cano y Canoso, y a la Ínsula, disminuya en nada.

…………Saludos de su amigo

Luis Cernuda

…………¿Qué novedades puede decirme  de su propio trabajo?

…………Le enviaré ese libro que quiere.

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Tres Cruces, 11
Coyoacán
México, D.F.
México
Abril 7, 1961

Querido Vicente Núñez:

…………Por una inadvertencia mía he perdido su nueva dirección, así que estas líneas las envío a Bernabé, en Málaga, para que haga el favor de reexpedírselas a Córdoba. Por la misma causa aquí tengo, a la espera de su dirección, ejemplar de Pensamiento poético, etc., que enviaré también por conducto de Bernabé si no recibo sus noticias y dirección. Perdone la distracción y la demora.

…………Ayer vi en el Fondo de Cultura, adonde reciben Ínsula, su trabajo publicado en el número de enero. Se lo agradezco mucho, su amabilidad y generosidad para conmigo, y me ha interesado mucho su lectura. No se moleste en enviármelo, porque aquí puedo comprarlo en varias librerías donde reciben el periódico.

…………Lo que siento es el truco que le ha jugado el Cano. Me figuro el argumento de la gentuza «insular»: «¿que nosotros no hablamos de los libros de L.C.? Pues ahora hemos hablado de él, y bien elogiosamente, de un libro cuya circulación no se permite aquí. Vean si somos “generosos” y “valientes”.»

…………No le diría esto si otros no hubiesen comentado ahí, en público, ese silencio tan raro, cuyas causas me figuro.

…………Es posible que en agosto me vaya a Estados Unidos otra vez. Digo otra vez porque el verano pasado estuve en Los Ángeles, invitado al curso de verano de la Universidad de California. De irme, iría a San Francisco como profesor visitante para el curso próximo, y estaría allí de septiembre a junio, con probabilidad de quedarme, si me agrada. Ya le avisaría, si el asunto se arregla satisfactoriamente.

…………¿Y de su trabajo poético? Déme noticias del mismo y de usted. Ya sabe cómo me interesa lo que escribe.

…………Tengo casi acabada la sección XI de La realidad y el deseo, aquella sección «sin título, inacabada» de la tercera edición. Se llama Desolación de la quimera y llevo escritos unos veintitantos poemas, además de los ocho que conoce.

…………Un abrazo, con el agradecimiento por su muy generoso e inteligente comentario, de su amigo.


Luis Cernuda

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Tres Cruces, 11
Coyoacán
México, D.F.
México
Mayo 31, 1961

Querido Vicente Núñez:

…………No sabe cuánto siento lo que de usted mismo me escribe. Creo que necesitaría salir de ese infecto país; es verdad que, al decirle esto, pienso en mi estado y sentimientos de cuando vivía ahí, y propongo para usted una solución que fue efectiva para mí, pero que acaso no lo sea en su caso.

…………Además, tener que vivir en un pueblo español, donde toda barbarie tiene su asiento —sin aludir ahora a las ciudades españolas, no menos bárbaras—. Siempre releo con mucho encanto las novelas de Valera, pero me figuro que él veía los pueblos cordobeses, donde aquéllas ocurren, desde Viena, Washington, etc.; es decir, poetizando a distancia el ambiente pueblerino andaluz.

…………Hablé con un señor Andújar (escritor él), del Fondo de Cultura, sobre lo que usted me decía en su carta. Me dijo que iba a escribirle, y me parece haber acogido con interés la petición. Veremos resultados.

…………Ya tengo mi visado para Estados Unidos, así que espero irme a San Francisco (al San Francisco State College) a fines de agosto probablemente. Ya le avisaré de mi dirección, que le ruego guarde y no comunique.

…………En Papeles [de Son Armadans]aparecieron varias cosas, después del límite que me indica, pero siempre pedí al señor Cela que no me enviara separatas, que detesto.

…………Kerr me escribe, y fue él quien me dio recientemente la dirección de usted. Por cierto, el libro sobre poesía inglesa se lo envié por correo ordinario con fecha de mayo 3. Supongo que no le llegará hasta julio.

…………Que su salud, tanto de ánimo como de cuerpo, mejore.

…………Amistosamente suyo

Luis Cernuda

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[De «Epistolario inédito», recopilado por Fernando Ortiz

Sevilla

1981]

«RIMA LXVI» Y «DONDE HABITE EL OLVIDO». Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y Luis Cernuda (1902-1963 [Fotos: ODP 2012]

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¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero

…………de los senderos busca.

Las huellas de unos pies ensangrentados

…………sobre la roca dura;

los despojos de un alma hecha jirones

…………en las zarzas agudas,

…………te dirán el camino

…………que conduce a mi cuna.

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¿A dónde voy? El más sombrío y triste

…………de los páramos cruza:

valle de eternas nieves y de eternas

…………melancólicas brumas.

En donde esté una piedra solitaria

…………sin inscripción alguna,

…………donde habite el olvido,

…………allí estará mi tumba.

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[Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas, 1868.

Edición de José Luis Cano.

Ediciones Cátedra, S.A. Pág. 85. Madrid, 1980]

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Donde habite el olvido,

En los vastos jardines sin aurora;

Donde yo sólo sea

Memoria de una piedra sepultada entre ortigas

Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

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Donde mi nombre deje

Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,

Donde el deseo no exista.

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En esa gran región donde el amor, ángel terrible,

No esconda como acero

En mi pecho su ala,

Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

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Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,

Sometiendo a otra vida su vida,

Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

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Donde penas y dichas no sean más que nombres,

Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;

Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,

Disuelto en niebla, ausencia,

Ausencia leve como carne de niño.

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Allá, allá lejos;

Donde habite el olvido.

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__________________

[Luis Cernuda, Donde habite el olvido, 1934.

Poema incluido en la antología de Ángel González El grupo poético de 1927.

Taurus Ediciones, Págs. 154 y 155. Madrid 1976]

A LAS ESTATUAS DE LOS DIOSES. Luis Cernuda

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Estatua de Ovidio en Constanza
(43 a. C.-17 d. C)
Foto: LGV Rumanía 2001

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Hermosas y vencidas soñáis,

Vueltos los ciegos ojos hacia el cielo,

Mirando las remotas edades

De titánicos hombres,

Cuyo amor os daba ligeras guirnaldas

Y la olorosa llama se alzaba

Hacia la luz divina, su hermana celeste.

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Reflejo de vuestra verdad, las criaturas

Adictas y libres como el agua iban;

Aún no había mordido la brillante maldad

Sus cuerpos llenos de majestad y gracia.

En vosotros creían y vosotros existíais;

La vida no era un delirio sombrío.

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La miseria y la muerte futuras,

No pensadas aún, en vuestras manos

Bajo un inofensivo sueño adormecían

Sus venenosas flores bellas,

Y una y otra vez el mismo amor tornaba

Al pecho de los hombres,

Como ave fiel que vuelve al nido

Cuando el día, entre las altas ramas,

Con apacible risa va entornando los ojos.

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Eran tiempos heroicos y frágiles,

Deshechos con vuestro poder como un sueño feliz.

Hoy yacéis, mutiladas y oscuras,

Entre los grises jardines de las ciudades,

Piedra inútil que el soplo celeste no anima,

Abandonadas de la súplica y la humana esperanza.

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La lluvia con la luz resbalan

Sobre tanta muerte memorable,

Mientras desfilan a lo lejos muchedumbres

Que antaño impíamente desertaron

Vuestros marmóreos altares,

Santificados en la memoria del poeta.

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Tal vez su fe os devuelva el cielo.

Mas no juzguéis por el rayo, la guerra o la plaga

Una triste humanidad decaída;

Impasibles reinad en el divino espacio.

Distraiga con su gracia el copero solícito

La cólera de vuestro poder que despierta.

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En tanto el poeta, en la noche otoñal,

Bajo el blanco embeleso lunático,

Mira las ramas que el verdor abandona

Nevarse de luz beatamente,

Y sueña con vuestro trono de oro

Y vuestra faz cegadora,

Lejos de los hombres,

Allá en la altura impenetrable.

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Estatua de Antero de Quental
(1842-1891)
Jardim da Estrella, Lisboa
Foto: LGV 2012

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[Del libro de Luis Cernuda Invocaciones, 1934-1935. Poema incluido en la antología de Ángel González El grupo poético de 1927.  Taurus Ediciones, Págs. 156 y 157. Madrid 1976.]

A LUIS CERNUDA, AIRE DEL SUR BUSCADO EN INGLATERRA *. Por Rafael Alberti (1902-1999)

Si el aire se dijera un día:

…………………………………—Estoy cansado,

rendido de mi nombre… Ya no quiero

ni mi inicial para firmar el bucle

del clavel, el rizado de la rosa,

el plieguecillo fino del arroyo,

el gracioso volante de la mar y el hoyuelo

que ríe en la mejilla de la vela…

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Desorientado, subo de las blandas,

dormidas superficies

que dan casa a mi sueño.

Fluyo de las paradas enredaderas, calo

los ciegos ajimeces de las torres;

tuerzo, ya pura delgadez las calles

de afiladas esquinas, penetrando

roto y herido de los quicios, hondos

zaguanes que se van a verdes patios

donde el agua elevada me recuerda,

dulce y desesperada, mi deseo…

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Busco y busco llamarme

¿con qué nueva palabra, de qué modo?

¿No hay soplo, no hay aliento,

respiración capaz de poner alas

a esa desconocida voz que me domine?

.

Desalentado, busco y busco un signo,

un algo o alguien que me sustituya,

que sea como yo y en la memoria

fresca de todo aquello, susceptible

de tenue cuna y cálido susurro,

perdure con el mismo

temblor, el mismo hálito

que tuve la primera

mañana en que al nacer, la luz de mijo:

—Vuela, tú eres el aire.

.

Si el aire se dijera un día eso…

,

(*) De Pleamar, 1942-1944

EL PRISIONERO. Luis Cernuda

6

……………………………Foto: ODP (Condeixa 2009)

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ATRÁS quedan los muros

Y las rejas, respira

La libertad ahora,

A solas con tu vida.

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Como nube en el aire,

Como luz en el alba,

Mira la tierra toda

Abierta ante tu planta.

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Mas libertad sin nadie

Ganaste, y te parece

Victoria desolada,

Figura de la muerte.

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RAFAEL SOBRE LUIS (FRAGMENTOS DE «LA ARBOLEDA PERDIDA»). Por Rafael Alberti (1902-1999)

Bergamín, Alberti, NerudaCernuda y Altolaguirre
Madrid
1935
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«Durante aquella breve estancia en Sevilla, conocí a los jóvenes poetas agrupados alrededor de la revista Mediodía. Entusiastas, heroicos, en medio de la indiferencia frívola y jaranera de la capital andaluza. Recuerdo ahora a Collantes de Terán, a Rafael Porlán y Merlo, a Juan Sierra, a Rafael Laffón, a Romero Murube… Todos ellos con aire de torerillos sevillanos, de cuadrilla poética, ya lidiadores del mejor estilo en mitad de aquel ruedo literario español, cada día más amplio y hermoso. Por allí andaba también Adriano del Valle, poeta náufrago del ultraísmo, cambiado en cultor de brillantes jardines churriguerescos.

…………»Y Luis Cernuda.

…………»Moreno, delgado, finísimo, cuidadísimo. Pocas palabras aquel día. (Muy pocas, después, en muchos años de amistad). Me enteré que habitaba en la calle del Aire. ¡Qué extraordinario para el poeta que ya era y para el que llegaría a ser! La imprenta Sur, de Málaga, preparaba su primer libro. ¿El título? Perfil del Aire. Nadie podría autorretratarse mejor. Conocíamos ya algunos de sus poemas. Décimas o estrofas heptosílabas de una rara perfección lineal. Nitidez. Transparencia. Se pretendió, al principio, relacionar esta poesía con la de Jorge Guillén. Pero pronto los buscadores de parecidos se llevaron el chasco. Cernuda había abierto los ojos en la calle del Aire, y el suyo, aun enjaulado en los finos alambres de unas décimas, levantaba en su vuelo temblor y música del sur, muy diferentes de los del poeta castellano. Cernuda era el cristal, capaz, en un instante, de romperse. Guillén, el mármol sólido, elevado a columna. Por el aire aquel de su grieta del Aire, el sevillano iba a salir un día al corazón del sueño, encontrándose allí con el delgado y melancólico de otro poeta de su tierra: Gustavo Aldolfo Bécquer, instalándose un tiempo, desvelado habitante del olvido, en su morada. Poeta más «andaluz y universal» —como quería Juan Ramón Jiménez— nunca lo hubo en Sevilla.»

La arboleda perdida

***

«Ahora miras al techo y ves algunas diminutas estrellas luminosas pegadas en él. Pasaron muchos otros cumpleaños sin poder celebrarlos, anodinos, sin día ni noche propios, no como aquellos 16 de diciembre de nuestra guerra civil, ya en el frente de El Pardo, en su palacio, aquel mismo que después fue vivienda de Franco, o en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, disfrazados con los muchos fantásticos trajes que guardaban los marqueses de Heredia Spínola en unos viejos armarios arrumbados en el tercer piso. ¿Quién podrá olvidar a Luis Cernuda, vestido de caballero calatravo; al poeta negro Langston Hughes, con traje y colorida capa de rey negro; a León Felipe con gorro y uniforme de Gran Duque Nicolás, etcétera? Mientras, llovían los obuses sobre el Madrid a oscuras de una noche cualquiera de su tenaz defensa.»

La arboleda perdida, segunda parte

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LUIS CERNUDA, EN LA CIUDAD. Por Vicente Aleixandre (*)


Una muchedumbre festeja en la plaza de Cibeles, de Madrid, la proclamación de la República, tras saberse los resultados de las elecciones municipales celebradas el día 12, mayoritariamente favorables a los republicanos

No he conocido a Luis Cernuda en su primerísima juventud. Alguna vez me lo he imaginado, en su tierra sevillana, paseando por aquellas calles estrechas, justo como el mismo aire de su libro inicial. Luis tenía veintiséis años cuando le vi por primera vez: en otro sitio lo he contado. Mas en alguna ocasión, en Sevilla, he pensado que me hubiera gustado pasear con él y sorprenderle acorde con su ciudad. En Madrid, Luis Cernuda era sevillano. Lo decía su acento, quizá esa implícita sabiduría con que, joven, pasaba junto a las cosas, sin adhesión exterior, pero con aprecio que era conocimiento, creciente ante lo natural, levemente desdeñoso, ignorador, ante el múltiple artificio o la convención.

Recuerdo haberle visto gustoso en un movimiento humano exaltado: masa madrileña, la ciudad hervidora en un trance decisivo para el destino nacional. Era un día de abril y las gentes corrían, con banderas alegres, por improvisadas. Enormes letreros frescos, cándidos, con toda la seducción de lo vivo espontáneo, ondeaban en el aire de Madrid. Mujeres, jóvenes, hombres maduros, muchachos, niños. En los coches abiertos iban las risas. Cruzaban camiones llevando racimos de gentes, mejor habría que decir de alegría, gritos, exclamaciones. Pocas veces he visto a la ciudad tan hermanada, tan unificada: la ciudad era una voz, una circulación y, afluyendo toda la sangre, un corazón mismo palpitador. Por aquella calle de Fuencarral, estrecha como una arteria, bajaba el curso caliente, e íbamos Luis y yo rumbo a la Puerta del Sol, de donde partía la sístole y diástole de aquel día multiplicador. Luis, con su traje bien hecho, su sombrero, su corbata precisa, todo aquel cuidado sobre el que no había que engañarse, y rodeándonos, la ciudad exclamada, la ciudad agolpada y abierta, exhalada, prorrumpida habría que decir, como un brote de sangre que no agota ni se agora, pero que se irguiese. La alegría de la ciudad es más que la de cada uno de los cuerpos que la levantan, y parece alzarse sobre la vida de todos, con todos, como prometiéndoles, y cumpliéndoles, más duración. Así, cuando unas gargantas enronquecían, otras frescas surgían, y era un techo, mejor un cielo de griterío, de júbilo popular en que la ciudad cobraba conciencia de su existencia, en verdad de su mismo poder. Ella se sentía voz e hito, como un ademán que se desplegase en la historia.

Luis marchaba sin impaciencia. Todo había sido repentino. El encrespamiento de la ciudad, en la alegría resolutoria, la marcha o el hervor común, el regocijo sin daño, la punta de sol dando sobre las frentes: todo, una esperanza descorredora y, en el fondo, el ámbito nacional. Pero Madrid es chiquito y cada hombre un Madrid como un pecho con su porción de corazón compartido. Luis y yo habíamos marchado como un día cualquiera, porque aún no se esperaba del todo aquello, ignorado de cada cual. Recuerdo aquel movimiento súbito por aquella calle, como por tantas calles que no se veían. ¿De qué hablaba Luis Cernuda? En aquel instante, quién sabe; quizá de un tema literario. Cada uno de los transeúntes se hizo de pronto espuma del curso atropellador: curso mismo o su parte y él su coronante expresión. Luis y yo, flotadores, remejidos, urgidos, batidos y batidores, aguas hondas y salpicadas crestas, todo a instantes y todo en la comunión. Bajaba el río por la calle de Fuencarral y desembocaba en la Red de San Luis. Por la Gran Vía descendía otra masa humana, no apretada propiamente, sino suelta y fresca, con sus banderas y sus cantos, sus chistes públicos, sus risas primeras, una multitud niña, lavada, con lienzos blancos levantados a los rayos del sol. Y en medio los grandes camiones como pesados elefantes que llevasen gentes iguales, reidoras, bailadoras, saludadoras con los ojos, con las manos, con las miradas salutíferas que eran propiamente una invitación a vivir. Porque era vida, vida del todo la ciudad, con los ojos puestos en su mismo esperanzado crecimiento natural.

Luis Cernuda y yo, inmersos, no disueltos, bajábamos casi a oleadas, arriba, abajo, tan pronto claros, tan pronto hondos, sostenidos o sostenedores, hacia la desembocadura o hacia la reunión, si la había, de las aguas, final. Un instante, en atención a él, al ser pasados en el movimiento de las aguas de la calzada a la acera, le dije: «¿Quieres que nos vayamos por esta bocacalle ahora, al pasar? Se puede» «No», oí su respuesta. «No», dijo sonriendo;  «no», asintiendo, casi diría extendiendo sus brazos en el movimiento natural. Un momento le miré como nadador. Pero en seguida pensé; no, agua mejor, curso mejor. Y le vi a gusto. Sonrió y se dejó llevar.

Vicente Aleixandre y Luis Cernuda en Madrid

________

(*) Escrito en 1962. Incluido en el libro «Los encuentros», edición aumentada y definitiva. Colecciones Austral, de Espasa-Calpe. 1985.

LUNA LLENA EN SEMANA SANTA. Poema de Luis Cernuda

EN «CARMINA» EL 28 DE FEBRERO DE 2012 CON «LOS DÍAS TERRESTRES» DE VICENTE NÚÑEZ Y UNA CARTA DE LUIS CERNUDA (110º ANIVERSARIO 1902-2012)

Emilio Prados, José Moreno Villa y Luis Cernuda en la década de los cincuenta

Tres Cruces, 11

Coyoacán

México, D.F.

México

Abril 8, 1959

Querido Vicente Núñez:

Le ruego acepte el testimonio de mi pesar por la muerte de su madre. No supe nada de su desgracia hasta que usted mismo me enteró de ella en su carta del 2. Lamento su mala salud y confío se vaya restableciendo como me indica.

Sí recibí hace tiempo Los días terrestres y me disculpo por no habérselo dicho antes, como dice usted en su carta; creo que a veces las circunstancias aparecen demasiado entre estos versos, restándoles entonces algo de la energía que la experiencia poética, nacida de aquellas circunstancias, debe darles. Pero eso, si es que ocurre como le digo, no impide que en no pocos poemas del libro éstos escapen a sus circunstancias, imponiéndose al lector por sí mismos, como fruto de una experiencia poética y humana. Así ocurre, por ejemplo, en el poema «La casa vacía» o «Hora del llanto», «Bajo el palio secreto», «El capitán Calandria», entre otros a citarle.

Le digo eso con bastante temor y recelo, porque sé que los veintitantos años de edad, por lo menos, que nos separan, son un obstáculo grave: el poeta joven puede apreciar al poeta viejo, si éste se conserva vivo como poeta; pero el poeta viejo, por vivo que se conserve como tal poeta, raramente puede apreciar la novedad que aporta el poeta joven. No sé si le aludí alguna vez a mi experiencia desastrosa con J.R.J., quien no se daba cuenta de eso y, lo que es peor, hacía política de sus elogios o censuras para con los jóvenes de mi tiempo.

Ayer le envié certificado, por correo ordinario (tardará en llegarle unas ocho semanas), su ejemplar de La realidad y el deseo.

«El Tiempo» de Bogotá dedicó una página a la publicación de mi libro, y en ella había un largo extracto de su estudio publicado en aquel número de «Cántico». Yo le había regalado ejemplar del mismo a un amigo colombiano y le dije que el trabajo de usted era el que más satisfacción me daba.

Saludos afectuosos de

Luis Cernuda

Perdone la mecanografía poco limpia de esta carta.

De «Epistolario inédito», recopilado por Fernando Ortiz

Sevilla

1981

***

Dibujo de V. N.

LA CASA VACÍA

LA casa está vacía. Veintinueve de octubre.

Un mastín de abandono vigila sus estancias.

Quiero aspirar la vida que sollozó aquí un día,

sentir en los postigos del ventanal la lluvia,

adivinar las rotas atalayas del cerro

en la bruma uniforme del mar y de los árboles.

Quiero asir nuevamente esas lámparas ciegas,

encender esos tallos de luz asesinada,

rozar aquellas ropas, tendidas en los ángulos

más íntimos y claros de la gran azotea.

Quiero alzar un puñado de sol y desgranarlo

contra mustios espejos y tenues desamparos

desde los cuales todo lo que pasó regrese.

Quiero tocar y muero, palpándome tras ellos:

volver es como irse pudriendo de misterio

entre la lozanía pueril de la memoria.

Quiero su voz, no el eco de unos pasos caídos;

mi muerte, si es que puedo llegar por fin a ella.

La casa está vacía. Viento largo; ¿lo sientes?

Alguien debe morirse al compás de esta noche.

La cena se inaugura con la gentil ruina

de las flores, las copas y el grueso candelero.

«El sol de la mañana era suave y violeta;

veremos si progresa con él tu bronceado.»

Y todo continúa… Ahora distribuyo

el vino con sus aros de luz amortiguada.

Las sillas, por si vienen. Qué noche tan oscura,

qué nube en el magnolio como un globo apacible.

Desataré los perros si llaman a la puerta

(¿o estarán con el nudo del espanto y del sueño?);

no se puede turbar la mesa de un fantasma.

Las tres. Nada. La calle agoniza despacio

bajo el péndulo hiriente de los gallos lunares.

Una vela se funde sobre el mantel marchito

y se cierra el cuaderno vivo de las paredes.

Oh, sí; era cierto, he vuelto. La casa está vacía.

Nadie vendrá; un pájaro atusa con las alas

el inmenso y antiguo fleco de los estores.

Nadie vendrá; mi alma se arroja al vencimiento,

y el patio la recibe con sus deltas de fango

bajo un toldo mojado de ramas corroídas.

Oh, qué inútil viaje; oh tiempo recobrado

de golpe y con la vida manchada de los días.

No he de poner de nuevo mi ilusión en vosotras,

torres a cuyas cúspides la vanidad nos lleva.

Me quedaré en la noche baja que ven mis ojos,

hundido en las pisadas que han de volver seguras

cuando el último tramo del vivir desentierren.

La casa está vacía. Quizás no vine en vano.

Alguien llama a la puerta: vida o muerte, es lo mismo.

***

De Los días terrestres (1957)

Poesía. Ed. Diputación Provincial. Córdoba, 1986; págs. 61 y 62

***

CERNUDA EN «CARMINA»:
LUIS CERNUDA VA A CUMPLIR AÑOS. Rafael Rodríguez González
LUIS CERNUDA. Trenzando juncos para los asnos. Por Enrique Martín Ferrera (Junio, 2009)
CARTA DE LUIS CERNUDA A VICENTE NÚÑEZ ACERCA DE SU ARTÍCULO «SOBRE TRES TEMAS CERNUDIANOS». Homenaje de «CARMINA» en el 110º aniversario del nacimiento de Luis Cernuda 1902-2012
CARTA DE LUIS CERNUDA A VICENTE NÚÑEZ DONDE SE REFIERE A SU POEMA «ELEGÍA A UN AMIGO MUERTO»
TE QUEREMOS, LUIS. Alberto González Cáceres (1953-2009)
LUIS CERNUDA EN UNA FOTO DE JUAN GUERRERO. Leyenda por Enrique Martín Ferrera

LUIS CERNUDA EN UNA FOTO DE JUAN GUERRERO. Leyenda por Enrique Martín Ferrera

Luis Cernuda en la calle del Aire
Sevilla
1928

La foto está tomada por Juan Guerrero Ruiz, en una visita que hizo a Sevilla. Guerrero publicaba poemas de Cernuda en sus revistas literarias. El poeta vivió en una casa de la calle del Aire desde 1918 hasta julio de 1928. Tras la muerte de su madre, vende la casa y se muda unos meses a una pensión, antes de abandonar definitivamente Sevilla en septiembre de ese mismo año.

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CERNUDA EN «CARMINA»:
LUIS CERNUDA VA A CUMPLIR AÑOS. Rafael Rodríguez González
LUIS CERNUDA. Trenzando juncos para los asnos. Por Enrique Martín Ferrera (Junio, 2009)
Homenaje de «CARMINA» en el 110º aniversario del nacimiento de Luis Cernuda 1902-2012:
CARTA DE LUIS CERNUDA A VICENTE NÚÑEZ ACERCA DE SU ARTÍCULO «SOBRE TRES TEMAS CERNUDIANOS»
CARTA DE LUIS CERNUDA A VICENTE NÚÑEZ DONDE SE REFIERE A SU POEMA «ELEGÍA A UN AMIGO MUERTO»
TE QUEREMOS, LUIS. Alberto González Cáceres (1953-2009)
EN «CARMINA» EL 28 DE FEBRERO DE 2012 CON «LOS DÍAS TERRESTRES» DE VICENTE NÚÑEZ Y UNA CARTA DE LUIS CERNUDA (110º ANIVERSARIO 1902-2012)