Posts categorized “«CARMINA» EN EL ANIVERSARIO IX DE VICENTE NÚÑEZ”.

DESDE QUE MURIÓ AZORÍN. Vicente Núñez

No, no necesito los periódicos. Desde que murió Azorín, que escribía en la tercera de Abc ya no he vuelto a leerlos. No los necesito. Además, yo ya no leo; desleo. Ahora, para mí, mirar es leer y escribir es olvidar.

CALEIDOSCOPIO ÍNTIMO. Vicente Núñez

Hay muchos yoes. El concepto yoísta de Freud  o el de Adler no, no me interesa, pero el yo dividido y partido y vulnerable de Laing, ése sí. El yo sólo sirve para dividirlo, partirlo, descuartizarlo, averiguar qué hay en su caleidoscopio íntimo…

             El yo no esconde nada. Reflejos, luces, cine. El yo es cine (…). El pañuelo, el reflejo del sol… le quitas el pañuelo a tu caleidoscopio y ves tu propio corral.

             Todo pasa, como el río, somos fluviáticos y, yo, aparte de fluvial, vivo en un pueblo de frontera.

              Un carruaje es un borraje, es un borrar el ser. Hoy la gente va a borrar el ser y yo me empeñaba en defender mi ser. Todavía no he conseguido matricularme en el ser, pero sí es verdad que he conseguido defenderme del borraje. A la muerte ha de llegarse sin nombre; para gastarlo en vida. En ser. 

«RIMA SACRA XVIII» DE LOPE DE VEGA. Un poema de la predilección de Vicente Núñez (y 2)

 

 

   Félix Lope de Vega y Carpio

 

   ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

   ¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

   ¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

   ¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

 

TODO LO QUE HABLARA COMO YO EN OTRA TESITURA. Vicente Núñez

Cuando los Baños del Carmen eran los Baños de Carmen… Había extranjeras que me enseñaron el sentido inicial y prematuro del lenguaje. Una señora inglesa muy provecta, que se bañaba con un turbante –y me conturbaba-, y ella, que era muy educada con sus cremas, sus mantequillas y su turbante, me decía: «Visente, has una fogtificasión». Y yo construía castillos con las chinitas que nos daba el bañero… Aquella yuxtaposición de la fogtificasión me extasiaba, me subvertía…

            Mi infancia está marcada por aquella señora. Siempre he procurado desde entonces hacer una fogtificasión con un lenguaje que no sea el mío. Escribir con otro lenguaje lo aprendí de la inglesa provecta de los Baños del Carmen. Por eso Rilke, y Rimbaud… Todo lo que hablara como yo en otra tesitura.           

«UNOS CABALLOS» DE JORGE GUILLÉN. Un poema de la predilección de Vicente Núñez (1)

Jorge Guillén
1893-1984

Peludos, tristemente naturales,

En inmovilidad de largas crines

Desgarbadas, sumisos a confines

Abalanzados por los herbazales,

 

Unos caballos hay. No dan señales

De asombro, pero van creciendo afines

A la hierba. Ni bridas ni trajines.

Se atienen a su paz: son vegetales.

 

Tanta acción de un destino acaba en alma.

Velan soñando sombras las pupilas,

Y asisten, contribuyen a la calma

 

De los cielos –si a todo ser cercanos,

Al cuadrúpedo ocultos- las tranquilas

Orejas. Ahí están: ya sobrehumanos.

POEMAS DE RAINER MARIA RILKE Y VICENTE NÚÑEZ EN RONDA. Con fotografías de Gabi Mendoza Ugalde (de la colección «RONDA»)

ELEGÍA VI

Higuera, cuánto tiempo hace ya que significa algo para mí

que tú, casi del todo, saltes por encima de la floración

y empujes al interior de tu fruto, decidido antes de tiempo, sin gloria, tu puro secreto.

Al igual que el caño de la fuente, tu curvado ramaje empuja

hacia abajo la savia y hacia arriba: y ella salta del sueño,

sin despertarse casi, hacia la dicha de su más bello logro.

Mira: como el dios entró en el cisne.

…Nosotros en cambio nos demoramos,

ay, ponemos nuestra gloria en florecer y entramos traicionados

en el retrasado interior de nuestro fruto finito.

A pocos les sube tan fuerte el impulso de obrar

que ya se apresten y ardan cual brasa en la plenitud del corazón,

cuando la seducción del florecer, cual aire en calma de noche,

la juventud de la boca les toca, les toca los párpados:

a los héroes tal vez y a los destinados pronto a partir,

a quienes la muerte jardinera tuerce de otro modo la venas.

Éstos se lanzan allí: se adelantan

a  su propia sonrisa, como el tronco de caballos al rey victorioso

en las imágenes de suave relieve de Karnak.

Extrañamente cercano a los que murieron jóvenes es el héroe. Durar

no le acosa. Su aurora es existencia; constantemente

se lleva a sí mismo a otra parte y entra en la constelación cambiada

de su continuo peligro. Allí le encontrarían pocos. Pero,

el que nos silencia oscuramente, el destino súbitamente exaltado

le mete con su canto en la tempestad de su mundo, que se abre en rumores.

Pero a nadie oigo como a él. De repente me atraviesa,

con el flujo de aire, su oscurecido sonido.

Entonces, cómo me gustaría esconderme de la nostalgia: Oh si yo fuera,

si yo fuera un muchacho y pudiera aún llegar a serlo y estuviera sentado

apoyado en los brazos futuros y leyera la historia de Sansón,

cómo su madre primero nada paría y luego le parió todo.

¿No era ya héroe en ti, oh madre?, ¿no comenzó

ya allí, en ti, su elección soberana?

Miles fermentaban en tu seno y querían ser él,

pero mira: él tomó y dejó, escogió y pudo.

Y si derribó columnas, era que, rompiendo la envoltura, salía

del mundo de tu cuerpo e irrumpía en el mundo más angosto donde él siguió

escogiendo y pudiendo. ¡Oh madres de héroes!, ¡oh origen

de torrentes arrebatadores! Vosotras, barrancos a los que, quejándose,

desde lo alto del borde del corazón

se precipitan ya las muchachas, futuras víctimas del hijo.

Porque el héroe se lanzó a través de estancias del amor,

Cada latido le sacaba de ellas y le llevaba hacia arriba, cada latido que se refiriera a él,

ya vuelto de espaldas se erguía en el límite de las sonrisas,  diferente.

RAINER MARIA RILKE

(Traducción Eustaquio Barjau)

IN MEMORIAM

A Ronda

Cuando alcancé un tiempo el planeta, Ronda,

era mi corazón igual a una joven grosella con su cofia de días

que suspiró temiendo la llamada del Tajo;

así, imperiosa, la voz a su servicio,

a tan temprana edad, me reclamaba.

Era inmenso el camino y borroso cada mañana

en sus nubes de piedra;

allí regían abiertas las botellas de mi aflicción.

Pues nunca supe

cuánto el hombre castiga el freno de su locura

arrojando inocente sus ojos al paisaje.

Y tú, Ronda,

baranda y consuelo,

mortal medida pusiste a los míos:

quien ha tanteado una vez esa cuerda

ya a su grave destino marcha.

La polvorienta soga sentí barrer parroquial la tarde;

el cornetín distante resumiendo

los intactos patíbulos del amor -¡para mí!-,

el rojo arañazo que descolgó la cabeza suya…

Ronda, yo vi cortinas;

la sal del mundo quisiera arrancarme con ellas,

la oscura bandera esculpida en lo alto del cerro,

el águila neutra de amor y de muerte que a ti me encadena.

Y si un día supiera

que ahí,

en la susurrante capilla del agua me aguarda el martirio,

Ronda, da tú suelta a esos galgos entonces:

a mi pecho, tan grises, traerían de nuevo el hachón del incendio y la muerte.

Porque tú, en la aparente y grácil tarea de los comercios,

calle de los bazares en que azules toldos se deshilachan al viento,

acogiste en un hoyo al amor de mi vida.

Muerto conservado por ti,

vida mía extremando lo que está más allá de la vida.

Y si otro día supiera,

Ronda de las banderas,

si otro día supiera que todavía vive,

calla, porque ésa es mi duración:

acumular las esquelas en el triste giro despierto.

VICENTE NÚÑEZ

EL EFLUVIO PERMANENTE DE LO INCAPTABLE VIVO (CON AUTORRETRATO). Vicente Núñez

 

Su falta de raíces profundas, su larvario concepto del diálogo, lo desvaído y blancuzco de su discurso vital, lo estúpido de su conexión interpersonal, su mala literatura, en definitiva. Yo estaba cargado de lecturas filosóficas, de tentativas, quizá exageradas, de buscar vidas que me sonara a Hölderlin, Rilke, Rimbaud… Pero Madrid era un pueblo entregado a tintorros que no producían sino aburrimiento y dolor de cabeza.

             En el desajuste violento que tuve con respecto a mis vivencias en Madrid parecería que me decantaba por una opción negativa, por una huida. Y hallé que no, que la textura estaba en la huida, pues así ya lo había presentido en la narrativa de los norteamericanos, en Pepis y en la prosa de Proust, a quien tanto debo.

             Mi vida ha sido la historia de una decepción, salvo cuando he conectado con el efluvio permanente de lo incaptable vivo. 

DESPUÉS DE GARDEL YA NO ME SORPRENDIÓ NADA. Vicente Núñez

 

Me gustan los tangos con locura. Cuando yo los oía, de niño, en los años treinta, adquirí el sentido futuro de la poesía. Son poemáticos, por el ambiente, la atmósfera, los abandonos, el romanticismo, la modernidad… Qué palabras tan inasibles para un niño español de provincias como fané o descangayada… A mí, después de Gardel ya no me sorprendió nada… Ni Rubén Darío, ni Bécquer, ni nada. Tanto le debo al tango que una vez vino a verme a Aguilar Ernesto Cardenal y entonces estaba yo obsesionado con un descubrimiento: le había aplicado a una rima, la 33* de Bécquer, la música de «Silencio en la noche» de Gardel. Y encajaba perfectamente.

            Me hubiera gustado, y sé que no lo he conseguido, ser un poema. La vida es lo que importa. Ser un poema, no escribirlo. Yo no necesito escribir más que en tanto me aparto de la plenitud del amor, de la existencia. La literatura sólo es fruto del fracaso y, por eso, es más humana que el hombre.

            La plenitud es plenitud y sólo plenitud. No se sabe lo que es. Si la describiera, ya sería otra vez literatura. Cuando uno vive en la plenitud, entonces el lenguaje brilla por su ausencia, que es cuando de verdad debe brillar el lenguaje.

            La literatura nos hunde, porque nos salva. Sin hundimiento no hay renovación. Bienaventurados los hundidos porque de ellos surgirá la luz. 

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*RIMA XXXIII,  DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

   Es cuestión de palabras, y, no obstante,

       ni tú ni yo jamás

después de lo pasado convendremos

       en quién la culpa está.

   ¡Lástima que el Amor un diccionario

       no tenga dónde hallar

cuándo el orgullo es simplemente orgullo

       y cuándo es dignidad!      

SOY HETERODOXO PORQUE ME GUSTA PROFUNDIZAR EN LOS ABRAZOS. Vicente Núñez (con dibujo del autor)

 

En toda ortodoxia siempre reside, muy al fondo, esa tentación, magnífica, eclosiva, de poder tocar algo de la heterodoxia que toda ortodoxia lleva dentro y, en ese sentido, sí: soy heterodoxo, porque me gusta profundizar en los abrazos. Los abrazos son siempre ortodoxia pero hay un momento en el que se pierde el concepto y surge el perfume nuevo de lo heterodoxo. Los perfumes son heterodoxos como los amaneceres, como las tardes o como el Peñón del Cuervo, como la literatura ¡qué sería de la literatura sin esa instancia, sin ese horizonte presuntamente próximo de lo heterodoxo, de lo avieso, de lo inesperado!

             La heterodoxia interrumpe y prodiga, manipula y prolonga nuestra inspiración, nuestra escritura, nuestro sentido del tren y del campo…

LO FUNDAMENTAL DE CÓRDOBA ES SU DETERIORO (CON DIBUJO DEL AUTOR). Vicente Núñez

La poesía en Córdoba no es un quehacer, es un destino. Y esto por dos razones aparentemente contradictorias: la atracción del pasado y la repulsión del futuro. Ni hay, ni ha habido, ni habrá literatura cordobesa. Lo fundamental de Córdoba es su deterioro, su humedad, sus calles rotas, nunca habitada, su circulación endeble –y, sin embargo, misteriosa-, su sinsentido de nada, su piña de religiones y culturas, su estrechez urbana. Córdoba es la poesía del futuro. Cernuda creía, el pobrecito, que el espacio de la carne era el espacio de la poematicidad. Leve error: en las ciudades está el cuerpo de nuestro ser, el deterioro de nuestra existencia, el estercolero de nuestra poesía.