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«33». Poema de Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001). Moscú 1994-1997

Revisando el diario de Sandra Dugan, para extraer otro fragmento que pudiéramos publicar en esta revista[ESCAPARATE], encontramos una fotografía junto a una hoja suelta con el poema. Justo en las páginas donde están guardados aparece el relato de su estancia en Moscú. Sabemos que permaneció allí por tres años, desde 1994 a 1997, trabajando en la biblioteca del departamento de español de la universidad de Lomonósov.

«En el mes de agosto se empezaron a vender los libros de la biblioteca. Las autoridades universitarias habían anunciado que no tenían fondos y pretendían hacer dinero poniendo en  venta los libros con los que los distintos departamentos habían ido formando sus bibliotecas.

»Recibí una llamada telefónica para que fuera seleccionando aquellos que podían incluirse en lotes y sacarse a subasta. También los que pudieran venderse a los interesados que se acercaran por allí. Esa tarde salí de la universidad disgustada. Al pie de la escalinata una vieja me ofreció una matrioska, que por unos rublos compré. Me pareció hermoso el color azul que la decoraba y los trazos blancos que la dibujaban. Cuando la abrí vi que sólo tenía tres piezas, faltando el resto. Presentí que esas tres piezas eran los tres años que yo ya había pasado en Moscú.

»La avenida tan rectilínea que siempre me conduce a mi casa hoy se hunde bajo mis pies. Siento que Moscú se acaba para mí.»

Este apunte está escrito detrás del poema no datado. Intuimos que al estar junto a la foto podemos pensar que fue escrito en ese verano último de Sandra Dugan en Moscú. Algún lector avezado en poesía podría pensar que no parece el texto propio de una escritora de cincuenta y cinco años, pero ha de indicarse que la obra poética de nuestra autora, además de breve, casi toda ella consistió en poesía experimental, más propia de la vanguardia de la primera mitad del siglo pasado cuando los jóvenes poetas europeos ocupaban su tiempo tratando de encontrar nuevas formas para la expresión de la literatura, en contraposición con los postulados métricos y estéticos de la tradición clásica. Sandra Dugan siguió la tradición vanguardista.

Olga Duarte y
Lauro Gandul

1

VAN a entrar en sus avenidas

Muchos vehículos como desde hace muchos años

Muchos vehículos van a entrar en una ciudad

Cualquiera

Muchos vehículos han salido


Es de noche mas la autovía está bajo las luces

De sus focos alumbrada

Veloces pasan miles de vehículos

Por cada carril miles

Es de noche

Regresan cansados los conductores

A algunos los acompañan pasajeros

Quisieran dormir

Están fatigados del día

Pero aceleran pisando el pedal correspondiente

Aceleran fascinados como ciegos

Proyectados hacia la gran curva

Que se los traga a todos

En la ciudad cualquiera se distribuyen


Van a dormir

Rápido rápido rápido

Van a parar

Van ciegamente rápido rápido

La curva se los traga a todos

En la ciudad arde oscura la llama del viejo carbón.


2

FUEGO que quema

Sol

Fuego de carbón

Arde el carbón

Llama

Quema la hoja del sol

La hoja del uno

Rápido rápido rápido

Arde la hoja del sol

Arde la hoja del uno


Aceleradamente arden

Rápido rápido rápido

La curva se traga sin atragantarse

Como una enorme tráquea capaz

Los vehículos

Rápido rápido rápido


El viejo carbón vegetal como donde se cruzan las avenidas

Húmedos los transeúntes

El asfalto

Los vehículos ardientes

Rápido rápido rápido


Arde la hoja de las estrellas

Arde la hoja del ojo

Arde la hoja de la llave

Rápido rápido rápido


Arde la hoja de la ventana

Arde la hoja del árbol

Arde la hoja de la mano

Arde la hoja del ave

Arde la hoja del muñeco

Arde la A

Arde la hoja del coche

Arde la hoja de la mujer desnuda


Arde la hoja de la boca

Arde la hoja de la espiral

Arde la hoja del corazón

Arde la hoja del libro abierto


Arden arden arden

La hoja de la hoja

La hoja del cálculo imposible

La hoja del limón

La hoja de la botella y el vaso

Rápido rápido rápido


Arde la hoja de un dios

Arde la hoja de un garabato

Arden las avenidas húmedas


Arde el pie su hoja

Arde la música su hoja

Arde la rueda su hoja

El teléfono


Arden el león

El mar

La margarita

El 33

El 33

El 33

El 33

Rápido rápido rápido

Tan rápido como lento el pálpito de la ceniza del infinito


Noche espectralmente eléctrica

Rápido rápido rápido

Otra vez el 33

Otra vez el 33

Otra vez el 33


Arde la luz de los semáforos

De los rótulos

De los focos que alumbran desde…

***

A PROPÓSITO DE SANDRA DUGAN (1942-2001). Por Lauro Gandul Verdún y Olga Duarte Piña

LOS HOMBRES HABLAN. Antonio Medina de Haro (1936-1997)

 

René Aubry
Quintette
Théâtre de La Reine Blanche
Paris, 2008

 

Leyendo un comentario de texto sobre Azorín y su gusto por las montañas, hay una frase de Humboldt que dice: «El hombre sólo es hombre mediante su lenguaje». Parece que he visto el cielo abierto, como se suele decir, cuando recibimos un consuelo de cualquier tipo.

            Yo, llevo casi sesenta años viviendo un enamoramiento apasionado por la palabra. Me he encontrado mil defensores de la misma, pero en su mayoría con una óptica estilística. Yo soy un predicador de este valor del nivel léxico, pero lo que yo verdaderamente sentía es la necesidad de que alguien tuviera la misma valoración de la palabra, del lenguaje como sistema vital más que como medio o código exhaustivo de comunicación. Hablar es muy bueno. A mí se me dice con frecuencia: «¡No te callas ni debajo de agua!» Pues bien, desde hoy voy a hablar hasta debajo de agua…, si puedo.

            He sentido, al leer esta frase del viejo Humboldt, la alegría de una parturienta que contempla el fruto de sus dolores. Cuando yo leía las historias del «Gigante Gargantúa y Pantagruel» de Rabelais, me encontré con que este francés decía: «La parole c´est la chair» (La palabra es la carne). Yo sentí un tirón profundo y ahondé en la semántica, en la historia de la lengua, en la gramática histórica, en la dialectología y me iba de un campo a otro, buscando el tuétano, la sustancia, el sabor de esa carne, porque intuía que se trataba de lo humano, la hombría, la tolerancia y el secreto de que para triunfar, para vivir en superficie y en profundidad, lo más hermoso es: hablar, hablar y hablar.

            ¡Gracias por dejarme ser hombre!

DESPUÉS DE GARDEL YA NO ME SORPRENDIÓ NADA. Vicente Núñez

 

Me gustan los tangos con locura. Cuando yo los oía, de niño, en los años treinta, adquirí el sentido futuro de la poesía. Son poemáticos, por el ambiente, la atmósfera, los abandonos, el romanticismo, la modernidad… Qué palabras tan inasibles para un niño español de provincias como fané o descangayada… A mí, después de Gardel ya no me sorprendió nada… Ni Rubén Darío, ni Bécquer, ni nada. Tanto le debo al tango que una vez vino a verme a Aguilar Ernesto Cardenal y entonces estaba yo obsesionado con un descubrimiento: le había aplicado a una rima, la 33* de Bécquer, la música de «Silencio en la noche» de Gardel. Y encajaba perfectamente.

            Me hubiera gustado, y sé que no lo he conseguido, ser un poema. La vida es lo que importa. Ser un poema, no escribirlo. Yo no necesito escribir más que en tanto me aparto de la plenitud del amor, de la existencia. La literatura sólo es fruto del fracaso y, por eso, es más humana que el hombre.

            La plenitud es plenitud y sólo plenitud. No se sabe lo que es. Si la describiera, ya sería otra vez literatura. Cuando uno vive en la plenitud, entonces el lenguaje brilla por su ausencia, que es cuando de verdad debe brillar el lenguaje.

            La literatura nos hunde, porque nos salva. Sin hundimiento no hay renovación. Bienaventurados los hundidos porque de ellos surgirá la luz. 

________

*RIMA XXXIII,  DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

   Es cuestión de palabras, y, no obstante,

       ni tú ni yo jamás

después de lo pasado convendremos

       en quién la culpa está.

   ¡Lástima que el Amor un diccionario

       no tenga dónde hallar

cuándo el orgullo es simplemente orgullo

       y cuándo es dignidad!      

«VOLVER A LOS 17». MERCEDES SOSA, CAETANO VELOSO, GAL COSTA, CHICO BUARQUE Y MILTON NASCIMENTO. Músicas que le gustan a María Raquel Andrade (1)

«CHIMES OF FREEDOM» POR YOUSSOU N’DOUR. Músicas que le gustan a Paulino García Donas (1)

 

 Chimes of Freedom (Campanadas de libertad)
 compuesta por Bob Dylan en 1963
interpretada por Youssou N´Dour en 1995