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JESÚS CONDUCIDO ANTE PILATO (VI). Por José Manuel Colubi Falcó

 
 
 

Mazzolin_Cristo_ante_Pilato_1525

Cristo ante Pilato
Ludovico Mazzolino
(1480-1528)

 
 
 

La narración de las Actas de Pilato (parte primera), que dejamos en 15-III-2018, continúa en III, 1-2. Dice así: 

   «1. Presa de la ira, Pilato salió del pretorio y les dice: «Tengo por testigo al sol de que no hallo culpa ninguna en este hombre». Respondieron los judíos y dijeron al gobernador: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado» Y Pilato dijo: «Tomadlo vosotros y juzgadlo según la ley vuestra». Los judíos respondieron a Pilato: «A nosotros no nos es lícito matar a nadie» Y Pilato dijo: «A vosotros Dios os dijo que no matarais, pero ¿y a mí?»

   »2. Y Pilato entró nuevamente en el pretorio y llamó a Jesús aparte y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió a Pilato: «¿Tú dices eso por ti mismo o te lo dijeron otros acerca de mí?» Pilato respondió a Jesús: «¿No soy yo también judío? Tu pueblo y los archisacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho?» Respondió Jesús: «Mi reino no es de este mundo. Porque si fuera de este mundo mi reino, mis servidores habrían combatido para que no fuera yo entregado a los judíos. Mas mi reino no es de aquí». Y Pilato dijo: «¿Entonces, tú eres rey?» Respondióle Jesús: «Tú estás diciendo que soy rey; pues he nacido y venido para esto: para que todo el que es de la verdad escuche mi voz» Pilato le dice: «¿Qué es la verdad?» Y Jesús le dice: «La verdad viene del cielo» Y Pilato dice: «Sobre la tierra no hay verdad?» Jesús dice a Pilato: «Estás viendo cómo los que dicen la verdad son juzgados por quienes tienen el poder sobre la tierra».
 

 

[La voz de Alcalá, 12 al 30 de abril de 2019, año XXVII nº 497]

 
 
 

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JESUS CONDUCIDO ANTE PILATO (I). Por José Manuel Colubi Falcó

JESÚS CONDUCIDO ANTE PILATO (II). Por José Manuel Colubi Falcó

LA SUERTE DE PILATO. Por José Manuel Colubi Falcó

RELACIÓN DE PILATO SOBRE JESÚS REMITIDA A AUGUSTO. Por José Manuel Colubi Falcó

«ECCE HOMO» (POEMA SACRO) [3]. Por Lauro Gandul Verdún

PRODIGIOS DE LA CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

INJURIAS A JESÚS. Por José Manuel Colubi Falcó

 
 
 

CESÁREO ESTÉBANEZ. De la serie «Historias de vidas» por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún

 
 
 

El actor Cesáreo Estébanez y el guitarrista Niño Elías en el último ensayo de LA CEGUERA 
(Foto: José Miguel Hermosín Martínez. Hacienda de los Ángeles, 2006)

 
 
 

Cesáreo Estébanez en su casa de Alcalá de Guadaira
(Foto: Olga Duarte Piña 2004)

 
 
 

   Respiramos un aire nutrido por los aromas que emanan las maderas y las tapias encaladas de este recinto, convento íntimo y laico orillado al borde mismo de una curva, al pie mismo de un escarpe, al que se agazapan higueras silvestres, cuyo perfume milenario y sagrado también nutre el ser de este aire que respiramos. Mientras la voz de Cesáreo va, también, con su aire, nutriendo esta atmósfera atravesada de luces muy antiguas y muy sabias.
Hemos venido a que nos hable de teatro, de él y el teatro. Le hemos dicho que con sus palabras queremos pergeñar una muy humilde didáctica sobre el arte dramático, principalmente para los lectores de estos textos y, también, para nosotros mismos.

   Aunque nació en Palazuelo, provincia de Valladolid, circunstancia de la que no tiene la culpa, según él mismo dice, sus primeros pasos, su primera novia, su primera juventud fueron en Palencia. Sus primeros recuerdos entrañables son de un río, afluente del Pisuerga y de la calle Mayor de Palencia.

   Cuenta que en su familia no hay ninguna relación con el teatro, sin embargo ello no ha impedido que a él le haya gustado el teatro desde que era un niño. -Desde que en un grupo, de estos de mayores, hice el niño de una obra de Miller, a los 9 años. Me cogieron, no sé porqué-. Luego hizo teatro durante el bachillerato y en la universidad de Salamanca y, finalmente, se fue a Madrid un año, a probarlo -porque no quiero que me den los sesenta, que ya tengo, y me haya quedado el gusanillo-, y ya no volvió. Cesáreo marchó a Madrid para convertirse en actor dramático después de haber casi concluido la licenciatura de Medicina, carrera de la que sólo le faltan por aprobar algunas asignaturas -Tengo la orla pero no terminé-. Se fue a la capital con el consentimiento de su padre, que siempre lo apoyó en aquella decisión suya, no así su madre que nunca aceptó que su primogénito, que iba para premio extraordinario, rompiera con siete generaciones de médicos en la familia. -Mi padre fue a Madrid a verme encantado, varias veces, como si yo fuera Lawrence Olivier. Yo les digo a mis sobrinos lo que me dijo él: Si eliges un trabajo, vas a tener que estar un tercio de tu vida en él: ¡que te guste, por favor!-

   En la Universidad de Salamanca, cada quince días, durante los primeros años de la década de los sesenta, Cesáreo Estébanez, leía y recitaba textos y poemas de los autores en aquella época comprometidos políticamente y otros, ya muertos, cuya palabra literaria era considerada contraria al régimen dictatorial instaurado por Franco en aquella España: León Felipe, Blas de Otero, Pablo Neruda, Gabriel Celaya, Miguel Hernández, César Vallejo… Pues Cesáreo precisamente perseguía como fin difundir la literatura comprometida en aquellos actos sucesivos llamados “Una hora con…” ante un nutrido público de estudiantes y profesores universitarios. Entonces conoció a don Fernando Lázaro Carreter que era rector de la Universidad de Salamanca y con quien tenía que mantener frecuentes contactos, por razón de la organización del programa:

   -Lázaro iba a todos los recitales míos. Después de hacer “Una hora con León Felipe” un señor del público me regaló la colección entera de León Felipe, para mí un regalo maravilloso. Lo tuve yo en mi habitación del colegio mayor un tiempo, y un día vino la policía, me la quitó, y hasta hoy, sin decirme nada eh!, cogieron la colección y se la llevaron-.

   -Con Manuel Dicenta, que fue actor y profesor, primero, fui alumno de la Escuela de Arte de Madrid, y luego, compañero, porque trabajé con él en el María Guerrero, en el Reina Victoria… En el teatro español del siglo XX para atrás se ha perdido. De los carros de los pueblos se pasó a los corrales de comedia, y de éstos se pasó a los teatros del XIX, a la italiana. En los años que siguieron a la Guerra Civil la tradición se perdió. Llegamos los modernos y nos cargamos la tradición anterior, de lo cual ahora estamos muy arrepentidos todos porque no supimos valorar lo nuestro. Cuando los de los Teatros Universitarios ingresaron en el teatro, digamos comercial, profesional, la época de Adolfo Marsillach, para entendernos, de Juanjo Menéndez, Fernando Delgado, Jesús Puente…, formaban una promoción que toda vino de la universidad, ocuparon el teatro. Y, entonces, como yo digo, sabían leer y escribir, y sabían literatura, cosa que no solían saber los actores… Y ocuparon sus puestos. Los de la generación siguiente, que fue la nuestra, les creímos más a ellos que a los otros y renunciamos a los otros. De hecho rompimos el sistema de tradición. Es así y algunos lo escribirán. A nosotros nos gustaba el teatro que se hacía en el Berliner alemán, en Paris o en Nueva York y considerábamos no ya viejo, sino estúpido el que teníamos, también vivía Franco, y todo lo que era luchar contra los establecido era luchar contra Franco, lo cual era favorecedor. Entonces, yo no valoré a Manolo Dicenta, aunque era de izquierdas, yo no le valoré porque representaba a esa época, sin embargo, yo le imitaba recitando hasta tal punto que él mismo no sabía si algunas grabaciones eran suyas o eran mías. No supimos ver lo que tenían de bueno. Eran los cómicos que venían de los cómicos de la lengua, eran ruines como personas, eran muy peseteros, tenían miedo a vivir. Nosotros no teníamos hijos que alimentar. En mi generación nos giraba papá si teníamos problemas económicos: ¡teníamos más pasta, joder! Si algo no nos gustaba por estética no íbamos, eso era impensable para aquellos actores. Debimos de haber guardado una espita para que salieran los de la época anterior porque no pudimos aprender todo lo que debíamos, ellos no pudieron enseñarnos todo lo que sabían; y lo digo yo que soy quizás de los que han mamado de ahí. Todo ese teatro hoy es irrecuperable.

   -El teatro es lo que más me gusta a mí en el mundo, sin discusión… O me gustaba. A medida que pasa el tiempo vas viendo que lo que más te gustaba en el mundo ya no te gusta tanto, a lo mejor ahora, en un momento determinado lo que más te gusta en el mundo es dar un paseo, o leer, o hacer otra cosa. El año pasado me llamaron para hacer “Luces de Bohemia”, lo del don Latino, y me fuí nueve meses de gira, o sea… aún me tira. Pero este año me han hablado de ir a Madrid a hacer otra cosa, y he dicho que no-.

   -Cuando me preguntan qué hay que hacer para ser actor, yo digo currar. La improvisación es contraria al teatro. El teatro es exactamente ensayo-.

   -Cuando interpretas piensas en lo que te da la gana: no hay ningún ensimismamiento. Te metes en situación relativamente: yo sé que no soy don Latino, yo sé que no soy Hamlet ¡qué voy a ser Hamlet yo! Si fuera yo Hamlet…-

 
 
 

El actor Cesáreo Estébanez, al centro,
hablando con el pintor Xopi
y el guitarrista Niño Elías,
un poco antes de que empezara «La ceguera»
(Foto: Enrique Sánchez Díaz. Hacienda de los Ángeles, 2006)

 
 
 

De derecha a izquierda, Antonio de la Torre,
Lauro Gandul, Cesáreo Estébanez y Niño Elías
(Foto: Enrique Sánchez Díaz. Hacienda de los Ángeles, 2006)

 
 
 


Cesáreo Estébanez con acompañamiento de la guitarra de Antonio Contreras
declamó poemas de Vicente Núñez
y de Antonio Medina de Haro

 
 
 

ÁNGEL MONGE PÉREZ Y LA HACIENDA DE LOS ÁNGELES VIEJOS. De la serie «Historias de vidas» por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2006

 
 
 

Espadaña y torre

Espadaña y torre de la Hacienda de los Ángeles
(Foto: Olga Duarte Piña 2006)

 
 
 

Leyendo al Padre Flores parece que el origen de esta Hacienda de Los Ángeles Viejos está en un suceso extraordinario que aconteció a Fernando III el Santo: «a distancia de una milla» de Alcalá «fue arrebatado en éxtasis, apareciéndosele la Virgen María Madre de Dios, acompañada de coros Angélicos y de Santos, animándolo y prometiéndole su favor y auxilio». Por este hecho el Santo Rey en 1249 funda en el lugar «un convento de San Francisco con advocación de los Ángeles».

   Sin dejar las Memorias Históricas de don Leandro nos encontramos con que  cuenta que los franciscanos «claustrados» allá por 1534 estaban próximos a su expulsión, y habían de entregar a los «observantes», de la misma orden, los conventos que aún conservaban, todo ello por mandato de Carlos V, «mas para que tuviesen algunos domicilios hasta que se fuesen acabando con el tiempo, les concedió para su morada entre otros este convento de Los Ángeles de Alcalá en el que se quedaron». Tal vez aquellos franciscanos viejos y seráficos, precaristas en sus moradas, sabedores de que no los desahuciaban porque no era mucho el tiempo que les restaba, parecieran a quien puso el nombre del sitio unos ángeles viejos.

   El edificio pasó de convento a hacienda de aceite, de los franciscanos a los jesuitas, y a la Casa de Alba tras la desamortización de Mendizábal. A principios de los noventa la Hacienda de Los Ángeles Viejos llevaba décadas abandonada y en ruinas, pero siete siglos y medio de historia no habían conseguido acabar con ella definitivamente. Quizá los restos inmateriales de tanta vida ocurrida entre sus nobles muros la mantuvieron lo suficientemente en pie como para que alguien que entró en su patio de labor, por primera vez, un cuatro de noviembre de 1992 todavía pudiera salvarla de su destrucción absoluta, de su desaparición, del olvido.

   Ángel Monge Pérez nace en el municipio aragonés de Jaraba, a orillas del río Mesa, a pocos kilómetros de Zaragoza, adonde se traslada con siete años. Con veintitrés se viene a Sevilla. En 1992 vive en Nervión, que muchos consideran un buen barrio residencial «pero que a mí me ahoga porque han instalado El Corte Inglés y cambia el barrio que tenía una belleza peculiar. Me ahogan los sesenta mil socios del Sevilla todos los fines de semana; me ahoga la EXPO´92 y veo una transformación de la ciudad que no me gusta. La ciudad para mí empieza a ser muy incómoda. Se va configurando como un lugar que no me aporta sino que me resta, fundamentalmente, vivencia interior. En este año yo decido huir de la ciudad. Y busco, busco desesperadamente, un espacio en el campo».

   «Alguien me ha dicho que esta hacienda está en venta. Después de perderme durante horas por los caminos llego aquí un día frío. Un sábado. Nada más entrar en ese patio de labor, yo, inmediatamente, me enamoro del lugar sin necesidad de ver nada más. Ese patio me atrae con un magnetismo brutal. En él me planto y contemplo a mi alrededor las construcciones, su disposición, sus elementos, sus líneas… Siento muchas cosas: el paso de los siglos, el peso de la historia; siento de una manera inmediata lo que este lugar había significado durante mucho tiempo. Percibo almas de gentes, emociones, esfuerzo, sufrimiento, trabajo… Capto de una manera absoluta lo que este espacio ha representado y esa noche ya no duermo, no descanso, tampoco la siguiente; sólo espero a que llegue el lunes para confirmar que el precio que me dicen es el real. Como en ningún momento disimulo mi especial interés por la hacienda ante el vendedor, el precio sube un poco el día del trato. Pero la compro. Ese mismo lunes pongo en venta mi casa, pido ayuda económica a la familia y voy disponiéndolo todo para abandonar la ciudad como lugar de residencia. Me vengo aquí un cuatro de febrero de 1993, justo tres meses después de haber llegado por primera vez, un día muy frío también».

   Aunque a la vista estaba que la instalación eléctrica no funcionaba, que había goteras por todos lados, que todo estaba muy arruinado, que en verdad la hacienda estaba semihundida, que se encontraba en un estado lamentable; a Ángel Monge no le preocupa lo más mínimo. Es la relación con el espacio lo que le importa, pero había que recuperarlo y mantenerlo. En ningún momento se plantea alguna finalidad de naturaleza lucrativa: simplemente quiere conquistar el lugar para poder estar en él. Consiste en un deseo superior, propio de un artista. No en balde, él dice que ésta es su obra, que al no saber pintar, ni apenas ser un buen literato o un compositor de música, su capacidad y su deseo de crear se han concretado en Los Ángeles. Una  pregunta que se hace y a la que no halló, ni halla, respuesta es la siguiente: «¿Cómo es posible que estos sitios con esta belleza y esta armonía tan extraordinarias estén tan abandonados?». La Andalucía rural le había atraído desde la infancia. Cuando viene del norte, viene seducido, sobre todo por esa connotación agraria específica que tiene Andalucía y su repercusión en el conjunto de la cultura propiamente andaluza. A Ángel Monge no le encaja que los andaluces, los sevillanos, no tengan querencia por todo este patrimonio histórico rural, cuyos hitos se encuentran -tarea cada vez más difícil- rodeados además de parajes naturales de una belleza inseparable no sólo de lo puramente biológico o geológico, sino también de unas manos andaluzas que lo han creado generación tras generación.

   «Lo primero que me compro es una  hormigonera y un andamio, son las primeras adquisiciones. Yo solo empiezo a derribar las cosas que están en muy mal estado y a retirar los escombros los fines de semana, y así pasan dos o tres años. En un momento determinado aparece por aquí una persona, una psicóloga suiza, de setenta años de edad, muy culta, que se queda atrapada también por el patio de labor. Desea alquilar un pequeño espacio para quedarse a vivir. Ella vivió aquí seis años, hasta que ya no podía subir las escaleras. Así puede tener un jardinero un día o dos a la semana que, además, me ayuda en los trabajos de restauración. Al poco tiempo aparece otra persona que también quiere venirse a vivir aquí y me alquila otro pequeño espacio. Con ese dinero ya consigo tener a un ayudante fijo que además conoce algo de construcción y empezamos a trabajar. Luego me entero que las haciendas están empezando a ser demandadas para celebraciones y encuentros, y consigo que se empiecen a celebrar en la finca. Ello me permite tener a otra persona fija más y luego vienen los marroquíes. A partir de ese momento llegamos a una recuperación potente de la hacienda, pues eran conocedores de sus propias técnicas tradicionales de construcción, que se mantienen aún en Marruecos y aquí ya no, aunque sí son probablemente muy parecidas a las que aplicaban los albañiles que levantaron este edificio. Recuperamos forjados, cubiertas. Quitamos. Pusimos. Durante más de diez años continúa aquel proceso. Ellos son fundamentales y su contribución esencial. Una buena relación de convivencia y un interés recíproco entre dos culturas posibilita que diariamente salvemos este espacio».

   «Hay una ignorancia de la importancia histórica de estas haciendas y del territorio rural que las rodea. Además hay una dejadez absoluta, una insensibilidad de nuestros gobernantes en general por conocer o querer implicarse en la historia de los pueblos. Yo creo que el gran patrimonio de Alcalá está en el territorio del término municipal de 27.000 hectáreas rústicas y apenas 500 urbanas. Dependiendo de lo que se haga con esas 27.000 hectáreas, de ahí nacerá, una Alcalá diferente, o seguirá esa evolución de reproducción o copia de patrones urbanos, que no responden a modelos concebidos para los seres humanos, que hoy son un fracaso y que ya prácticamente en Europa nadie continúa aplicando».

 
 
 

PEPE ORDÓÑEZ, EDITOR DE «ESCAPARATE». De la serie «Historias de vidas» por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2005

 
 
 
Pepe

Pepe Ordóñez
[Foto: ODP Alcalá 2005]

 
 
 

José Antonio Mallado, Javier Jiménez Rodríguez, Vicente Romero Muñoz, Vicente Romero Gutiérrez, José Luis Pérez Moreno, Antonio García Mora, José Manuel Benítez Díaz, Joaquín González Moreno, Rafael Rodríguez González, Mª del Águila Boge, José Rubio Álvarez, Antonio Claret García Martínez, José Antonio Sánchez Araújo, Isabel Asensio, Javier Caraballo, Juan Pérez Mercader, Ignacio Díaz Pérez, Luis Caro, Francisco Mantecón Campos, Mónica Gata, Antonio Bulnes Al-guadaíra, Luis Romera, Pepe Recacha, Javier Hermida, Pablo Romero Gabella, Ramón Núñez Vaces, Marcos Fernández Gómez, Francisco López Pérez, Juan Portillo y muchos más son sujetos u objetos de textos que desde hace más de diez años aparecen editados en las páginas de papel satinado de Escaparate: historiadores, poetas, escritores, pintores, científicos, diletantes, humanistas, archiveros, periodistas, heterónimos, pseudónimos, políticos, ecologistas, cronistas, etc., alcalareños, o vinculados de alguna u otra manera con este pueblo derramado (o desparramado, desde hace unos años) entre estos cerros vetustos y, a veces, duros, donde la hermosura al menos de las ideas, los sueños y los deseos consigue hacerse visible en la revista que Pepe Ordóñez dirige, compone, distribuye y gestiona, moviéndose de aquí para allá como sea, o a pie o motorizado; aunque lo feo vaya dominando, a impulsos de recalificación urbanística y de enmiendas a las normas públicas, por encargo de los oligarcas de la promoción inmobiliaria, verdaderos titulares del poder en este inmenso poblado de la periferia sevillana, en que algunos han convertido lo que era una hermosa villa y que, tal vez, algún día sólo nos sea posible encontrarla en los contenidos de las escasas publicaciones alcalareñas que, como Escaparate, se proponen la titánica tarea de impedir el olvido.

   Pepe Ordóñez es una persona que sabe escuchar, que es la mejor manera de aprender; que sabe ver, que sabe esperar y nadie nunca le va a ganar en perseverancia y pugna por conseguir una foto, un texto, un nombre, para sus ediciones, sin subvención municipal, sin adulaciones, sin protocolos banales, con la enorme dignidad del autodidacta. Si se le pregunta quién fue la persona primera en su vida que le ayudó a entrar en los ámbitos del periodismo alcalareño responde sin dudarlo que su padre, José Ordóñez Romero, hijo de un alguacil conocido como El Manco, nacido en 1917, que sirvió como funcionario durante más de cuatro décadas en el departamento de Intervención del Ayuntamiento de Alcalá, transcriptor al Libro de Actas de los acuerdos municipales, por su bella caligrafía que, además, para poder mantener a cinco hijos se pluriempleó como representante de las máquinas de escribir de la Hispano-Olivetti, como agente de la casa de seguros Mutua General de Seguros, o como delegado de la firma de la mantequilla asturiana La Vaquita que le remitía por correo paquetes de mantequilla sin sal que llegaban a la callejuela del Carmen, ¡sin derretirse!, desde Oviedo. Pero, además, José Ordóñez Romero era corresponsal en Alcalá de los diarios ABC y El Correo de Andalucía, y de las emisoras La Voz del Guadalquivir y Radio Sevilla. Pepe Ordóñez no olvidará nunca a su padre trabajando en su casa con un bolígrafo largo de dos tintas, en rojo y azul, que le servía para distinguir los titulares del resto del artículo que, o bien mandaba por correo a los periódicos, o bien leía por teléfono a cobro revertido. También daba la crónica en directo telefónicamente para las radios. En su casa había una biblioteca con muchos libros sobre temas de Alcalá y sobre todo diccionarios y enciclopedias ilustradas. Él ayudaba a su padre cuando era niño si tenía que pasar alguna cosa a máquina o buscarle algún libro. El padre le hacía partícipe de todo; así, recuerda cuando lo llevó al hotel de Oromana a fines de los sesenta, con siete u ocho años, porque la selección española de fútbol estaba allí alojada y le presentó a todos los jugadores, que le estrechaban la mano a aquel pequeño ayudante de corresponsal, que aprovechaba para pedir autógrafos a los futbolistas y que, también, pudo conocer a un joven periodista deportivo llamado José María García, que se había desplazado a Sevilla para cubrir el partido España-Rusia y que se hospedaba con los deportistas en el hotel alcalareño.

   El padre muere en 1978 y la madre en 1985. Con 23 años, sin sus padres, recuerda que le costó trabajo, que sufrió, a la hora de tener que tomar decisiones sobre qué formas seguir, qué caminos, para ganarse la vida que fueran compatibles con lo que a él le tiraba con tanta fuerza: ser periodista; y aunque Pepe Ordóñez quería serlo, tuvo que trabajar en lo que caía, de camarero en bares, como en el café Roberto o en el bar del Instituto, el que llevaba María. Unos años antes, y en el contexto de los valores del movimiento católico obrero que regían en los Salesianos de entonces, se vinculó a una asociación pionera en la Alcalá de la transición más pura, que era conocida, sin el calificativo previo de asociación, como el CUPO (Cultura Popular), donde germinaron análisis de la realidad social y económica desde el punto de vista marxista y de la cultura, en general, de izquierdas. Recuerda Pepe Ordóñez aquella experiencia como su iniciación en la incipiente democracia española, escuchando mucho, repitamos sus palabras, que es la mejor manera de aprender, y trabando amistades, echándose amigos para toda la vida, porque el CUPO, aunque fuera el lugar por donde pasaron todos los partidos de la transición, para dar su programa mediático, fue para Pepe Ordóñez, sobre todo, el lugar donde conoció a José Luis García, el Cuqui; al Villa , Rafael Villa Fuentes; al Pato, Carlos Burgos Gil; a Juan Carlos Ortiz García Donas, a Francisco Pérez Moreno, antes conocido como el Quico y hoy como Paquito, a Paco García Cordero o a Javier Hermida. Pepe Ordóñez pertenece a una fértil y pública generación de alcalareños.

   A principios de los ochenta, con 17 o 18 años gestiona él solo su primer encargo para obtener la publicidad suficiente para una emisión de radio. Durante los años que siguen va a trabajar como publicista en los primeros canales de radio y televisión locales, y en Alcalá Semanal, periódico fundado en 1984. A fines de esta década se queda sin trabajo en Alcalá y aprovecha su cartera de clientes para ofertar publicidad en Sevilla a través de distintos medios como Los 40 principales, Cadena Dial o Antena 3.

   En 1990 sale el primer Escaparate, con cuatro páginas y todas de publicidad. No pasó demasiado tiempo para que empezara a introducir otras con textos ya vinculados a la Semana Santa, ya a la feria, o a la Navidad, cuando iban llegando esas fechas, con lo que aumentó su número. También añade una agenda cultural y una guía de teléfonos para que no fueran páginas de usar y tirar, para que se quedara unos días más en las casas. Los anunciantes le pedían más contenidos y, en un principio, era él mismo quien los redactaba. Hasta que llegó el momento de pensar en hacer una revista al estilo de las de feria de Alcalá, reanudando y combinando la labor de Fernando de los Ríos Guzmán y la de Curro Cariño, para lo que se documentó en números de las antiguas revistas de feria, sobre todo los de 1919 y 1923, y las de los años sesenta y setenta, añadiendo su propio estilo y dando nombre a secciones que se han convertido en fijas y que las toma, en realidad, de las tradicionales que se seguían en aquellas revistas. Desde el año 96 a este 2005 no ha faltado en Alcalá Escaparate, un auténtico fenómeno editorial, que Pepe Ordóñez nos ha servido en una contribución impagable a la memoria de nuestro pueblo.

 

[La voz de Alcalá, 1 al 14 de julio de 2005, año XIV, nº 180]

 
 
 

RELIGIOSIDAD POPULAR Y CONTROL ECLESIÁSTICO (GENIO Y FIGURA II). Por Pablo Romero Gabella (2002)

 
 
 

La Judea de Alcalá a paso rápido por Duquesa de Talavera
[Foto: LGV (2012)]

 
 
 

Como vimos en el artículo precedente en 1816 se produjo una controversia sobre cómo realizar su estación de penitencia de la Hermandad de Jesús. Según el trabajo de Francisco Javier Gutiérrez Núñez el problema se centraba en las actuaciones, poco decorosas, de los armaos de la Hermandad. Pues bien, los curas de la Iglesia de Santiago denunciaron ante las autoridades judiciales y eclesiásticas la falta de compostura de dichos armados, que denunciaban como «prácticas ridículas y teatrales». Sobre todo destacó la labor de uno de los curas, don José María Suárez y Gutiérrez, que envió sendos comunicados a la Audiencia de Sevilla y al Provisor y Vicario General del Arzobispo de Sevilla. Éste ordenó que «dentro del Templo (no) se haga revoleo de banderas ni se tengan las caras cubiertas por los Nazarenos (sic)». En la tarde y noche del Jueves Santo los armados parece que no respetaron del todo lo dicho, aunque el notario don Francisco Jerónimo de Flores (el padre de nuestro cronista) certificase que no hubo tumultos ni desórdenes en la salida profesional.

   Sin embargo, el cura José María Suárez volvió a protestar ante el Arzobispado. Sin duda, dicho eclesiástico ocupa un lugar singular en nuestra historia, ya que dejó constancia de su labor y mentalidad en la convulsa Alcalá de principios del siglo XIX, cuando las costumbres, mentalidades, política y sociedad estaban en el profundo cambio del fin del Antiguo Régimen. El profesor Moreno Alonso en su ponencia en las IV Jornadas de Historia (1991) señaló su denuncia ante el Arzobispado de las actitudes del cura interino que cubría su plaza, Macario Sánchez Bravo, en 1806. Acusaba a dicho cura de dar la misa sin hábito, y de no obedecer sus órdenes, teniendo como resultado, según él, que se «invirtiera el buen orden que debe reinar en una Iglesia». Para el profesor Moreno Alonso de lo que se trataba era de un conflicto «generacional» entre el cura «petimetre» o afrancesado y el cura tradicional. Pero este incidente sólo fue el prólogo de lo que tenía que sufrir, ya que la ocupación francesa hizo que sólo quedara él como único eclesiástico secular. Esto hizo que tuviera que acudir a los servicios de ex religiosos regulares para que le auxiliaran en sus deberes. Pero aún así, don José María levantó en plena ocupación (1811) una «Academia de Moral» para instruir al clero y a la población en tan difíciles momentos.

   La vuelta al absolutismo y al orden tradicional no significó la tan querida «regeneración moral» y el mencionado presbítero tuvo que lidiar como hemos visto con las costumbres de la madrugá alcalareña; y en 1825 con ciertos baños «indecentes» en el Algarrobo que ya comentamos en esta sección («Baños pecaminosos en la Alcalá de 1825», abril 1999). Todo esto nos hace ver que las relaciones entre las autoridades eclesiásticas y las formas de religiosidad popular nunca fueron del todo felices, sobre todo en las épocas de cambio social, como la que le tocó vivir a nuestro protagonista.

 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de marzo de 2002, año X, nº 104]

 
 
 

FENÓMENOS DE INMERSIÓN LINGÜÍSTICA. María del Águila Barrios

 
 
 
La Dama de Elche (Foto LGV Madrid 2009)

La Dama de Elche
Museo Arqueológico Nacional
[Foto: LGV Madrid 2009]

 
 
 

El denominado lenguaje inclusivo llevará al idioma hacia un absurdo, un ridículo sinsentido. Como el chiste en el que la podemita Irene Montero tiene que contestar a su conmilitón Pablo Iglesias cuando éste le dice «soy portavoz y como pollo» y ella le responde: «soy portavoza y como… ¡ah qué pillín eres, Pablo!»

   Muchas administraciones públicas de los distintos niveles estatales se han propuesto retorcer la lengua que hablamos. Con esa osadía que da una supina ignorancia en cuestiones lingüísticas, como en tantas otras, y con esa indolente prodigalidad cuando el dinero que se gasta es el de todos, y contaminados por un feminismo radical muy profesional, los políticos promueven en sus partidos y en sus feudos municipales o autonómicos que se desarrollen unas llamadas guías de lenguaje no sexista donde se recomiende utilizar, indiscriminadamente y siempre, los dobletes del sustantivo en su forma masculina y femenina. Aspiran a la plantilla de redactores y propagandistas, los expertos y expertas, alguno/a  ya precontratado/a.

   Para los audaces tiranuelos escribir y hablar el español se ha de hacer según como prescriban sus decretos, aunque ello vaya en contra del principio de economía del lenguaje, o en contra del de concordancia. Lo preocupante es, también, que confundan sexo con género gramatical. La lengua no es sexista, podrán serlo los discursos, pero para ello no hay que ponerse a cambiar nuestra lengua por la vía gubernativa. El lenguaje no sexista no evita el discurso sexista. Y pienso yo que no son, precisamente, los políticos los adecuados para combatirlo.

   El fondo no es una preocupación por hombres y mujeres, sino enfrentarnos, para que todos nos parezcamos cada vez más a ellos, que están siempre enfrentados, siempre en riña tumultuaria, parloteen donde parloteen. En lugar de ponerse a trabajar prefieren sus juegos de lenguaje. Abusar de las palabras malversándolas con la horma de su conveniencia. Claro, a ellos la lengua sólo les sirve para burlarse del Pueblo, como en el chiste Pablo se burla de Irene dejándola con dos palmos de narices.

 

[La voz de Alcalá, 15 al 28 de febrero de 2018, año XXVI nº 470]

 
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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.
 
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LA LENGUA. Por José Manuel Colubi Falcó

MI LENGUAJE. Poema de Vicente Núñez 1995

EL LENGUAJE DEL DOLOR I (fragmentos correspondientes a una conferencia pronunciada el 13 de febrero de 1997 en Sevilla) Antonio Medina de Haro (1936-1997)

EL LENGUAJE DEL DOLOR II (fragmentos correspondientes a una conferencia pronunciada el 13 de febrero de 1997 en Sevilla) Antonio Medina de Haro (1936-1997)

EL LENGUAJE DEL DOLOR III (fragmentos correspondientes a una conferencia pronunciada el 13 de febrero de 1997 en Sevilla) Antonio Medina de Haro (1936-1997)

EL LENGUAJE DEL DOLOR IV (fragmentos correspondientes a una conferencia pronunciada el 13 de febrero de 1997 en Sevilla) Antonio Medina de Haro (1936-1997)

CALÓ, CHELI Y ESPAÑOL (UNOS POCOS EJEMPLOS). Rafael Rodríguez González, 2008

COLOQUIOS (221). Gabi Mendoza Ugalde (con pintura de Rafael Luna)

EL LÁTIGO EN LOS LABIOS (UN DIÁLOGO REAL CON VICENTE NÚÑEZ). Texto de Jesús Ferrero y fotografía de Olga Duarte Piña
 
 
 

CONCORDIA/DISCORDIA. Por José Manuel Colubi Falcó

 
 
 

D. Quijote y Sancho (M. Verpi, Madrid 2016)

Don Quijote y Sancho
(Ejemplo universal de concordia)
Escultor Lorenzo Coullaut Valera (1876-1932)
[Foto: Manuel Verpi (Plaza de España, Madrid 2016]

 
 
 

En unos tiempos en que la lengua no es objeto de demasiados miramientos y el uso de preposiciones, prefijos, etc. deja mucho que desear, bueno será que dediquemos unas líneas a estos dos términos, que tan importantes son en las sociedades humanas, para bien y para mal.

   Las etimologías están claras. Concordia es voz latina, compuesta de cum-, que indica comunidad, conjunción, y un segundo elemento –cordia, que nos lleva hasta ­cor, corazón en latín (en valenciano, cor, igual); la significación, pues, no ofrece dudas: conjunción, comunidad de corazones. De discordia hay que decir lo contrario, como exige el prefijo di(s), que indica separación, dirección opuesta, negación.

   La literatura latina es rica en frases cuyos centros son uno u otro vocablo. Sirva como ejemplo la de Publilio Siro, de la colaboración anterior. Añadamos algunas más:

   «Concordia parvae res crescunt, discordia maxumae dilabuntur» (Salustio, Guerra de Jugurta, 10, 6). Con la concordia los estados pequeños crecen, con la discordia se arruinan los más grandes.

   «Neque enim ullus alius discordiarum solet esse exitus, inter claros et potentes viros, nisi aut universus interitus aut victoris dominatus et regnum» (Cicerón, Respuesta de los Harúspices, 25, 54). En efecto, ningún otro suele ser el resultado de las discordias entre varones preclaros y poderosos sino la ruina de todos o el dominado y reino del vencedor.

   «In dissensione civili cum boni plus quam multi valent, expendendos cives, non numerandos puto» (Cicerón, De la cosa pública, 6, 1). En la disensión civil, cuando los buenos valen más que los malos, creo que los ciudadanos deben ser sopesados, no contados. (Me recuerda una frase atribuida a Schiller: «Los votos deben pesarse, no contarse»).

 
 

[La voz de Alcalá, 15 al 28 de febrero de 2018, año XXVI nº 470]

 
 
 

LA BURBUJA CULTURAL. María del Águila Barrios

 
 
 
AntígonayPolinices

Antígona delante del cadáver de Polinices
Nikiphoros Lytras
1832-1904

 
 
 

Los artistas y asociados oficiales son los autorizados. Los grupos de poder para las distintas transversalidades se forman según un complejo cruce de individuos con origen en partidos políticos y cierto asociacionismo minoritario. Son como satélites muy capaces para detentar representatividades atomizadas de gustos y aficiones, cuantitativamente significativos, que se tienen por muchos en la población. Manifiestan tener vocación revolucionaria y, por tanto, contrarios a lo que denominan lo establecido, las festividades, la tradición, la religión, la Historia, la familia, la educación de los hijos, etc. Niegan las estructuras culturales heredadas como comunidad.

   Militan en el género, el animalismo, el laicismo, el sexualismo, el separatismo, el multilingüismo… Invocan ideologismos y así pretenden parecer que legitiman sus actitudes, que autocalifican de heroicas. Sus proclamas encuentran una propagación global para la mayoría, que es la conectada a las redes y a los medios de difusión que han asumido una función terrorífica: manipular a las masas según las distintas secciones y dirigirlas contra las personas, a cuyo conjunto llamamos pueblo. Además, descaradamente, detentan una facha profesional que presumen que los demás somos unos legos en política, en movimiento ciudadano: en la cosa pública, para ellos, los demás somos unos ignorantes.

   Los artistas y asociados oficiales son los autorizados y a los grupos de poder les complace porque ellos también aspiran al poder y ahí pueden hacer piña a costa de dividir y confundir. Sólo sus obras y discursos van a constituir la Cultura que se hace, que es revolucionaria porque está hecha por revolucionarios que son los que están establecidos en contra de lo establecido.  Ni siquiera se piensa que hay una cultura verdadera y no sumisa porque ésta no existe para ellos. Se niega o vilipendia. Así que si a alguien le urge el deber de criticar una obra de estos artistas autorizados por los grupos de poder y todo el aparato mediático referido, en el que asientan la evidencia de su poder, no le va a quedar otra que esconderse porque por doquier lo van a acusar de destripador, así lo van a apodar, como al famoso asesino.

   En definitiva, vivimos en una burbuja cultural al igual que hemos sufrido otras burbujas, que en su momento se consideraron buenas y resultado del progreso político, económico o social. Pasarán muchos años antes de que las desastrosas secuelas de la que explotó mundialmente hace un par de lustros agoten su potencia dañosa sobre el pueblo.

 
 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de enero de 2018, año XXVI nº 468]

 
 
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PATRIMONIO: CAPRICHO, ARBITRARIEDAD O INSENSATEZ. Olga Duarte Piña (2006)

 
 
 
San Joaquín (Alcalá 2014) LGV

San Joaquín, una confitería con patrimonio
[Foto: Manuel Verpi (Alcalá 2014)]

 
 
 

En cierta ocasión, José Manuel Colubi Falcó, colaborador de este periódico, nos habló que los griegos decían: «La palabra es el mayor don que los dioses regalaron a los humanos». Con posterioridad el evangelio de San Juan se inicia con la frase: «En el principio ya existía la palabra». La palabra, el logos, es la razón. Utilizo la afirmación de Colubi Falcó, en la que pienso muy a menudo, cuando se atiende poco a la palabra. No obstante, podríamos decir que el hombre actual está saturado de informaciones y sucesos que se transforman en aparentes palabras a través de la televisión, de la prensa, de internet,… ¿Qué está ocurriendo para que cada vez estemos más aislados, más incomunicados socialmente y a la vez presuntamente más informados? Escucho en la calle a la gente entretenida con los temas o esas cosas que tratan los medios de comunicación, puros vaniloquios, al igual que los falaces discursos políticos o económicos.

   Si la palabra es portadora de la idea y de los sentimientos, Colubi Falcó lo dice, en la actualidad pocas conversaciones o discursos alojan la idea o los sentimientos.

   Respecto del patrimonio histórico y medioambiental de nuestro pueblo hay mucho vaniloquio, pocas ideas y escasos sentimientos en quienes son responsables del mismo. Estamos ante unos concejales parvos en conocimientos históricos y ecológicos de Alcalá. Podrían ser ediles de cualquier ayuntamiento español y gobernarían igual que lo hacen aquí porque no tiene raíces echadas en los alcores, son fungibles. Por tanto, me pregunto qué les pasa por la cabeza cuando piensan en nuestro patrimonio, quizás sea para ellos un mero trámite que cubrir.

   Como representante de la Asociación de Amigos de la Historia «Padre Flores» asisto a las reuniones del Consejo de Patrimonio Histórico y Natural. Acuden personas lúcidas, ilustradas y muy interesadas por dar soluciones sensatas a los problemas que en este ámbito concreto afectan a Alcalá de Guadaíra. La mayoría de las veces empleamos nuestros tiempo y nuestras ideas para nada. He de concluir que el patrimonio para los que nos gobiernan no interesa porque no saben ver ni encontrar su indudable rentabilidad, porque lo consideran viejo y porque no puede competir con los dineros que deja la construcción de miles de viviendas y el deseo que tienen de que aquí lleguen miles de habitantes para convertir Alcalá en la «ciudad más importante del sur de Europa». Sí les interesa la inauguración de nuevas obras como un auditorio u otra biblioteca que están realizando a marchas forzadas y sin escrúpulos sobre el sacro cerro del castillo.

   Quizás si nuestros ediles socialistas viajaran más y salieran de la futura ciudad más importante del sur de Europa y conocieran Atenas, Siracusa o Estambul o Carmona, Jerez o Ronda (todas en el sur de Europa) comprobarían cómo el valor principal de esas ciudades está en haber planeado su futuro sin renunciar a lo que del pasado quedó en ellas. Y comprobarían cómo el mayor atractivo de esas ciudades está en su patrimonio histórico y medio ambiental que las hace bellas y no en la cantidad de bloques de pisos y urbanizaciones que tengan ni en los miles de habitantes que las ocupan.

   Tengo la certeza de que ellos creen hallarse en el camino adecuado –la ignorancia es osada- pues consideran que nuestro pueblo debe cambiar y ponerse a la altura de los tiempos, idea a priori buena si no entramos en la manera en que la están llevando a cabo. En fin, escribo este artículo para expresar mi desencanto absoluto ante la incultura que evidencian al tener abandonado Gandul (ejemplo de yacimiento arqueológico de categoría europea), abandonado y sin proyectos futuros de actuación, escribo este artículo para denunciar la consentida y horrenda construcción de la calle Orellana, me quejo ante la falta de creatividad de los arquitectos que están construyendo la  nueva Alcalá; para denunciar que no se hayan tomado medidas al respecto del derribo del molino Nuevo, la ocupación del molino de la Aceña, el deterioro de la fuente de El Perejil o en el rebaje del alcor de Las Majadillas, expreso mi desencanto ante la falta de ánimo para con nuestro castillo a pesar de las inconclusas obras de rehabilitación, ante el abandono de los espacios naturales que no sean el Parque de Oromana, ante la incapacidad de solucionar los problemas de nuestro río y…

 
 
 

[La voz de Alcalá, 1 al 14 de noviembre de 2006, año XV nº 210]

 
 
 

FANTASMAS. María del Águila Barrios

 
 
 

Cartel  para un acto de Poemar
Guillermo Bermudo
[2015]

 
 
 

Se ha ido llenando Alcalá de fantasmas, pero no es cosa reciente que ahora vivamos con ellos entre nosotros, por encima y por debajo de todos nosotros. No. La historia de nuestro pueblo podría ser contada con un interminable lamento cuajado de demoliciones, una tragedia de demoliciones, un mundo continuo lleno de derribos, y adefesios erigidos sobre sus solares.

   Hubo edificios, plazas, paisajes, aromas, corrales, aire, árboles…, que fueron tangibles, existían, hacían amena la vida de los alcalareños y que, en este presente,  ya sólo son fantasmas.

   Se malogró esa espina dorsal de plazas desde el Peregil  a la Almazara (pasando por la placita del Cabildo, la plaza de Cervantes, la Plazuela y el Barrero). Desaparecieron las tapias, los almacenes de aceitunas, sus  portadas, las panaderías (no ha quedado ni una sola), el tren, las pequeñas estaciones (Gandul y San Francisco). Y las avenidas, todas (¡ay, las avenidas alcalareñas!, ¡con todo lo que de ellas pretendían sus pretendientes!), también malogradas, inutilizadas, feísimas, falsas (por no haber tenido en cuenta las capas de convivencia, vecindad, uso; que las trazaron con esa naturalidad de los pueblos, que los tecnocratoides consistoriales se vienen encargando de deshacer, desechar, destruir, demoler, derribar…). Las pocas construcciones históricas que aún quedan en pie -o que lo parecen-, por abandono están apuntaladas, o fueron arrumbadas, también expoliadas, y, finalmente, arruinadas (casa de Ibarra, casa de Moya, villa Rosario, Hospitalillo de Los Pobres,…).

   Fuera, en el campo,  las canteras salvajes se autorizan, o da lo mismo, porque el error luego nadie lo paga, ni la línea delicada de las Majadillas volveremos a contemplar jamás.

   ¿Han notado una densidad mayor en el aire, a veces, que súbitamente se hace visual, que parece empujar el resultado de tanto estropicio con una fuerza venida de un pasado, nada remoto aunque lo parezca, y que en un momento borra la desmesura de tanta megalomanía pacata y carísima? Son los fantasmas que vienen a ocupar sus antiguos sitios, donde fue desalojada su materia.

   Cuando coloquen las farolas de diseño en El Duque (Rf. ABC, de hace unos días en la sección de publirreportajes), y los quioscos psiquedélicos, y lo enlosen todo con ese pavimento gris plomo, y coloquen en los determinados rincones, de acuerdo a una estrategia secreta, las cámaras con las que nos espiarán; sólo me consuela que, con tanta vigilancia videográfica, se hagan visibles los fantasmas: la cerámica de Campitos (arrebatada de los bancos de la plaza por orden de intendentes), la casa de Paulita, el Corral de la Pacheca…

   ¿Será la soberbia de estos políticos municipales? ¿Será la ignorancia, la incapacidad, la arrogancia, etc.,  de éstos, los de ahora y los de antes…, y los por venir? ¿Será posible que este sucesivo puñado de tipos disfruten con la disolución de la cultura de miles de alcalareños muertos y vivos? ¡Y que encima se crean que nos están dejando un legado histórico -mucho antes de serlo-! ¿Será el sistema, o lo que sea? ¿O será todo junto, y más? ¡Qué desazón!

 

[La voz de Alcalá, 15 al 30 de abril de 2010, año XVIII nº 290]

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