Posts categorized “«MITOS E HISTORIAS» POR JOSÉ MANUEL COLUBI FALCÓ”.

LA GALLINA DE HONORIO. Por José Manuel Colubi Falcó

 

EL EMPERADOR HONORIO por Jean-Paul Laurens 1880

El emperador bizantino Honorio
(384-423)
Jean-Paul Laurens
(1838-1921)

 

«Después de haber engrandecido tan brillantemente a la iglesia, moría Teodosio Máximo dejando como sucesores a sus dos hijos. Y determinaba que el mayor de los cuales [i. e. Arcadio] ejerciera el mando sobre los pueblos que miran a la Aurora, y en manos del menor, Honorio, puso el imperio de los de los del Véspero. Ambos fueron concordes con el padre por lo que toca a la religión, pues éste, al morir, no les hacía otra exhortación que la de guardar cumplidamente la piedad, por medio de la cual —les exponía— sobreviene la paz, se pone fin a la guerra, se levantan trofeos y preside la victoria, todo de parte de Dios.»

   Así resume Nicéforo, historiador de la iglesia (floruit 1320), la última voluntad de Teodosio. Sus hijos heredan, pues, un Imperio Romano dividido definitivamente en dos, mas sin méritos; del mayor se ha escrito que era un auténtico zote, y del menor nos da una idea la historia que cuentan el cronista bizantino Cedreno (siglo XI) y el historiador Zonaras (fl. 1130).

   Cedreno dice: «… y la tan grande Roma, que había abundado en fuerza y en la mayores delicias, y esclavizado, por así decir, a toda la ecúmene, […] había quedado desierta. Sufrió tal conquista en el mes de agosto, día vigesimosexto, indicción novena, en el año de la fundación del mundo cinco mil novecientos sesenta y cinco. Habiéndose oído esto en Ravena, uno dio la noticia a Honorio, entre lágrimas y suplicante: “Oh, señor, Roma ha sido tomada por Alarico, el caudillo de los vándalos.” Éste, contraído por el dolor y dándose golpes con las manos, dijo: “Aquí estaba esta mañana, ¿cómo pudo ser capturada por los godos?” Mas aquél, entre lamentos, añadió: “No digo el ave, señor, sino la ciudad.” Y éste, a su vez, contestó: “Hombre, me pusiste fuera de mí. ¡Yo creía que decías el ave!” Y es que tenía una gallina de la que estaba muy orgulloso y a la que precisamente llamaba «Roma». Tanta necedad había, a rebosar, en él, por no decir indicio de imbecilidad. Y no es extraño que, siendo así, fuera basileo, pues también otros tales estuvieron al frente de Roma, cuyas prácticas e impulsos irracionales es imposible ofrecer al oído; piensa en los nerones, los avitos, los galbas y todo el enjambre de esa ralea.» Y Honorio muere de hidropesía, después de haber vivido cuarenta años y sido basileo treinta y uno, dejando una memoria infame e indecorosa (Zonaras).

 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de mayo de 2017, año XXVI nº 453]

 

JESÚS CONDUCIDO ANTE PILATO (IV). Por José Manuel Colubi Falcó

 
El sueño de la esposa de Pilato. Alphonse François

El Sueño de la esposa de Pilato
(Grabado)
Alphonse François
(1814-1888)

 

Las Actas de Pilato (parte primera, II, 1-2) dicen así:

   «1. Habiéndolo visto Pilato, lleno de temor trató de levantarse de la tribuna, pero mientras él todavía se hallaba pensando en levantarse, su mujer le envió un mensaje diciéndole: “Nada tengas que ver con éste, que es un hombre justo, pues mucho he sufrido por su causa esta noche.” Y Pilato, habiendo llamado a su presencia a todos los judíos, les dice: “Sabéis que mi mujer es piadosa y que más bien tiende a seguir los ritos judíos junto con vosotros.” Le dicen: “Sí, lo sabemos.” Pilato sigue diciéndoles: “He aquí que mi mujer me ha enviado un mensaje diciendo: Nada tengas que ver con éste, que es un hombre justo, pues mucho he sufrido por su causa esta noche.” Como respuesta los judíos dicen a Pilato: “¿No te hemos dicho que es un impostor? Mira, él le ha enviado un sueño fantástico a tu mujer.”

   »2. Pilato, habiendo mandado llamar a Jesús, le dice: “¿Qué es eso que testimonian contra ti? ¿Nada dices?” Jesús dijo: “Si no hubieran tenido posibilidad, nada hubiesen dicho, pues cada uno tiene poder sobre su boca para decir cosas buenas y cosas malas. Ellos verán.”

   »3. Respondiendo, los ancianos de los judíos dicen a Jesús: “¿Qué es lo que hemos de ver nosotros? Primero, que has nacido de adulterio; segundo, que tu nacimiento en Belén se tornó en una matanza de niños; tercero, que tu padre, José, y tu madre, María, huyeron a Egipto por no tener libertad para expresarse entre el pueblo.”

   »4. Algunos de los que se hallaban presentes, temerosos de Dios, del grupo de los judíos, dicen: “Nosotros no decimos que él es fruto de adulterio, sino que sabemos que José desposó a María, y que no ha nacido de adulterio.” Y Pilato dice a los judíos que decían ser aquél fruto de un adulterio: “Ese relato vuestro no es verdad, porque hubo donaciones esponsalicias, según dicen vuestros congéneres.” Responden a Pilato Anás y Caifás: “Toda esta multitud a gritos decimos, y no se nos cree, que ha nacido de adulterio. Ésos son prosélitos y discípulos suyos.”»
 

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JESUS CONDUCIDO ANTE PILATO (I). Por José Manuel Colubi Falcó

JESÚS CONDUCIDO ANTE PILATO (II). Por José Manuel Colubi Falcó

LA SUERTE DE PILATO. Por José Manuel Colubi Falcó

RELACIÓN DE PILATO SOBRE JESÚS REMITIDA A AUGUSTO. Por José Manuel Colubi Falcó

«ECCE HOMO» (POEMA SACRO) [3]. Por Lauro Gandul Verdún

PRODIGIOS DE LA CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

INJURIAS A JESÚS. Por José Manuel Colubi Falcó

 

FUNERALES DE ATILA, EL AZOTE DE DIOS. Por José Manuel Colubi Falcó

Atila se encuentra con el Papa León

Atila  (395-453) y el papa San León I el Magno (390-461)

[Crónica ilustrada húngara (c. 1360)]

«El cual [Atila], según cuenta el historiador Prisco […], como asociara en matrimonio a una joven muy hermosa, de nombre Ildico, después de haber tenido innumerables mujeres según era costumbre de aquella gente, y en sus nupcias, suelto por una excesiva hilaridad, pesado por el vino y el sueño, yaciera boca arriba, un abundante flujo de sangre, la que a menudo fluía de su nariz, al ser impedido su paso por los conductos acostumbrados, se precipitó por su garganta […] y lo mató. […] Con la siguiente luz, cuando ya había pasado parte del día, los ministros del rey, […] rompen las puertas y hallan el cadáver de Atila sin una herida, […] y a la muchacha, llorosa, cabizbaja, cubierta por el velo. Entonces, según es costumbre de aquella gente, cortada parte de su cabellera, desfiguraron sus caras con hondas heridas, para que un eximio guerrero no fuera llorado con lamentaciones y lágrimas femeninas, sino con sangre viril.

   »Colocado el cadáver en medio del campo, dentro de una tienda de seda, […] los más selectos jinetes […], dando vueltas a la carrera, […] contaban sus hechos en un canto fúnebre: “Singular rey de los hunos, Atila, engendrado por Mudzuco, señor de las más bravas gentes, que con poder inaudito antes posee él solo los reinos escíticos y germánicos, y con la conquista de ciudades aterró a uno y otro imperio de la Urbe de Roma, y para que no fueran sometidas las demás a botín, aplacado por preces, recibió tributo anual; y cuando hubo hecho todo esto con resultados felices, no por herida de enemigos, no por insidias de los suyos, sino con su gente incólume, entre gozos, feliz, sin sentir dolor, murió”.

   »Después, sobre su túmulo celebran la que ellos llaman estrava, con un gran festín, y, uniéndose alternativamente en sentido contrario, se desplegaban con un luto fúnebre mezclado con alegría. Y de noche, en secreto, protegen con coberteras el cadáver escondido en la tierra, primero con oro, segundo con plata, tercero con el rigor del hierro, significando así que todo ello convenía a un rey potentísimo: el hierro, que fue señor de pueblos; el oro y la plata, que recibió el ornato de una y otra república (Roma y Bizancio).» (Jordanes, Getica 49, 254-258).

 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de enero de 2017, año XXV nº 445]

 

MARAVILLAS DE JESÚS NIÑO. Por José Manuel Colubi Falcó

 

belendetriana19-2008

Belén alcalareño

[Foto: LGV 2008 Alcalá]

 

El texto latino que ahora traduzco pertenece también al manuscrito mencionado en la colaboración correspondiente a diciembre del año pasado. Es el penúltimo del «Libro sobre la infancia del Salvador», publicado dentro de los apócrifos de la infancia. Y repito que es uno más de los muchos relatos fantásticos sobre la vida de Jesús, cuyo origen hay que buscarlo en el medievo.

   El texto en versión española dice así:

   «6. Un día, en la estación invernal, como el sol luciera radiante en toda su virtud, un rayo del mismo entró por una ventana y se extendió desde ésta hasta la pared, en la casa de José. Allí estaban jugando con Jesús unos niños de su misma tribu, hijos de los vecinos, corriendo de un lado para otro, y Jesús se sube a un rayo de sol, pone sobre él sus vestidos y se sienta como si se tratara de una viga muy firme. Habiendo visto tal (maravilla) los niños que con él jugaban, compañeros de su misma edad, pensaban que ellos también podían hacer de modo semejante. E intentaron subir, para sentarse con Jesús, en el juego, siguiendo su ejemplo, pero “[…] nos hacemos trizas.” Mas Jesús, a instancias de María y de José, soplando con suavidad sobre el lugar doliente, curaba todas las lesiones de todos los que se habían lastimado, y dijo: “El Espíritu sopla donde quiere y sana a los que quiere.” Y fueron sanados. Y contaron todas estas maravillas a nuestros padres. Y esta historia se hizo manifiesta en Jerusalén y en los remotos confines de Judá. Y la fama de Jesús se multiplicó en el círculo de las provincias. Y vinieron para darle la bendición y para que fueran bendecidos por Él. Y le dijeron: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos de los que mamaste.”

   »José y María dieron gracias a Dios por todas aquellas maravillas que habían oído y visto.»

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de diciembre de 2016, año XXV nº 443]

 

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LAS ABARCAS DESIERTAS. Cuando la víspera de los Reyes Magos, a propósito de un homenaje de «CARMINA» al poeta MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)

AL PRINCIPIO ERA EL VERBO. Juan 1, 1-18

DE LA INFANCIA DE JESÚS. Por José Manuel Colubi Falcó

LA ANUNCIACIÓN DE JESÚS. Lucas 1, 26-38

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS. Mateo 2, 1-12

FICCIÓN DE NAVIDAD. De la serie «RECORTES», Nº 103. Por Pablo Romero Gabella

ZAGALEJOS, VENID AL PORTAL. Poema de autor anónimo del siglo XVII con fotografía de Manuel Verpi 2014

PORTALICO DIVINO (1606). Francisco de Ávila

ERES NIÑO Y HAS AMOR. Fray Íñigo de Mendoza (1425-1507)

NAVIDAD, 2014. Antonio Luis Albás y de Langa

NAVIDAD. 100 AÑOS DE «PLATERO Y YO». Homenaje de «CARMINA» al poeta Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

AL NACIMIENTO DE CRISTO NUESTRO SEÑOR. Luis de Góngora y Argote (1561-1627)

LA PALMERA. Gerardo Diego (1896-1987)

NATIVIDAD. Vicente Núñez

PALIQUES DE LA VIRGEN EN LA MAÑANA DEL NIÑO (AÑO DE 1954). Vicente Núñez

NACIMIENTO DE MARÍA. Por José Manuel Colubi Falcó

LA GRAVIDEZ DE MARÍA. Por José Manuel Colubi Falcó

JOSÉ VA A EMPADRONAR A SU FAMILIA. Por José Manuel Colubi Falcó

LA ANUNCIACIÓN (1472-1475). Pintura de Leonardo da Vinci (1452-1519)

NAVIDAD 2013, Antonio Luis Albás

LA ANUNCIACIÓN DE MARÍA. Por José Manuel Colubi Falcó

 

UN HOMBRE SE ENFRENTA AL VESUBIO. Por José Manuel Colubi Falcó

 

9 Nubes

Nubes sobre un cerro

[Foto: LGV Alcalá 2008]

 

Año 79 d.C., día 24 de agosto, siendo Tito emperador, casi a la hora séptima, no mucho después del mediodía, una mujer indica a su hermano que a lo lejos aparece una nube inusitada por su magnitud y aspecto. El hombre, almirante de la flota romana anclada frente al cabo Miseno, al norte de la bahía de Nápoles, se dedica a sus libros tumbado en un lecho, y ante tal indicación pide las sandalias y sube a un lugar desde donde puede contemplar mejor el portento: un nubarrón sale de no se sabe qué monte —después se supo: el Vesubio—, de la forma del pino, de tronco muy largo que allá en las alturas despliégase en diversas ramas, blanco o lleno de manchas y sucio por tierra y cenizas.

   Un portento digno de ser conocido, y el hombre manda que le preparen una nave ligera e invita, sin éxito, a su sobrino, otro estudioso, a que lo acompañe, y cuando está a punto de salir recibe una nota de una mujer en demanda de auxilio. Aquél combina su afán de saber con la magnanimidad: unas naves de guerra parten hacia la zona de la que todos huyen, para socorrer a la mujer y a cuantos puedan, y él, embarcado, , libre de miedo y con espíritu científico, va dictando, según perciben sus ojos, los movimientos y figuras del fenómeno y hace que el notario tome nota.

   La ceniza ya cae en las naves, más caliente y densa a medida que se acercan a tierra —fragmentos de piedra pómez, de rocas quebradas por el fuego, negras, quemadas—, hasta que aquéllas corren riesgo de encallar. El hombre duda, mas como «Fortuna ayuda a los fuertes», pone rumbo a Estabias, al sur de la bahía, donde puede abrazar, calmar, consolar a su amigo, donde se da un baño y cena con alegría, infundiendo tranquilidad a los temerosos mientras el Vesubio ruge y un mar de llamas refulge en medio de las tinieblas nocturnas: hogueras abandonadas por los paisanos, dirá, y se sumerge en profundísimo sueño. La lava, las piedras ardientes llegan, se oyen los bramidos del volcán, hay temblores de tierra continuos, las casas se tambalean arrancadas de sus cimientos, y el grupo delibera: en nuestro hombre es cosa de razones, en los demás, de temores.

   Es ya de día, pero allí reina la noche más negra y densa de todas, aliviada por intermitentes fulgores, y deciden dirigirse al mar en busca de cobijo: es imposible. Él, recostado sobre una colcha, pide una y otra vez agua fría, y duerme; las llamas y el olor de azufre ponen en fuga a los otros, lo despiertan y, puesto en pie, apoyado en dos siervos, cae y muere asfixiado. Al tercer día hallan su cuerpo, sin daño alguno, con sus vestidos, más parecido a un durmiente que a un muerto.

   Fue Gayo Plinio Secundo, Plinio el Viejo, militar, político, escrupuloso, hombre de ciencia, en cuyas aras sacrificó su vida, capaz de «hacer cosas dignas de ser escritas y de escribir cosas dignas de ser leídas» —su Historia natural—, y el autor de esta narración, el hijo de su hermana, Plinio el Joven, el que no quiso acompañarlo, en la carta 16 del libro VI de su epistolario.

   Pero la historia sigue. Hacia 1740, siendo rey de Nápoles el futuro Carlos III de España, se inician las excavaciones regulares de Herculano y Pompeya, el rescate de sus monumentos —teatro, templos, odeón, biblioteca, villas, estatuas, frescos— y de los moldes de muchos desdichados a quienes sepultó la lava.

 

[La voz de Alcalá, octubre de 1996, año VI, segunda etapa, nº 2]

 

Baño en Pompeya

Giuseppe Barbaglia

1872

(Fuente: The Archeology)

 

LA AMBICIÓN DEL PODER. Por José Manuel Colubi Falcó

 

5 xopi chao chao

Trasunto del Poder

Xopi

2008

 

Alrededor del 410 a.C. se representa el drama Las fenicias, de Eurípides (480-405 a.C.): guerra, desequilibrio entre los intereses individuales y los colectivos, separación entre elocuencia y moral…, éstas son algunas constantes del momento. En la tragedia, Etéocles y Polínices, hijos de Edipo, se enfrentan a muerte: ambos han pactado el ejercicio del poder en Tebas por turno, pero el primero, consumido el suyo, no quiere ceder. Inútiles resultan los ruegos y consejos de la madre. He aquí las palabras del primero en su diálogo con Yocasta (vv. 499-525):

   «Si para todos la misma cosa fuera bella y sabia a un tiempo, no existiría entre los humanos la discordia suscitadora de disputas. Mas nada hay semejante ni igual para los mortales, salvo en los nombres. Esa realidad no existe. Así que, madre, hablaré sin ocultar nada. Al oriente de los astros, del sol, iría yo, y bajo tierra, si capaz fuese de hacerlo, con tal de tener la más excelsa de las deidades: el Poder. Así, pues, madre, ese bien no quiero cederlo a otro más que guardarlo para mí, que cobardía es que quien ha perdido lo más tome lo menos. Además vergüenza siento de que éste, que llegó con armas y devastando la tierra, alcance lo que pretende. También para Tebas sería oprobio que por temor a la lanza micénica permitiese yo a éste tener mis cetros. Debiera él, madre, llegar a una reconciliación no con armas, pues la palabra conquista todo lo que también el hierro de los enemigos podría hacer. Con que, si quiere habitar esta tierra con otra condición, lícito le es, pues voluntariamente no consentiré en aquello: en ser su servidor, siéndome posible mandar. Ante ello, ¡venga el fuego, vengan las espadas, uncid los caballos, los llanos llenadlos de carros!, que no cederé a éste mi poder. Porque si hay que cometer injusticia, por el Poder bellísimo es cometerla, aunque en lo demás haya que ser pío.»

   Y las de la madre (vv. 528-558):
«¡Hijo, Etéocles!, no todo son males en la vejez, sino que la experiencia puede decir algo más sabio que la juventud. ¿Por qué te entregas, hijo, a la peor de las divinidades, a la Ambición?…  Injusta diosa: En muchas casas y ciudades felices entra, y sale sobre la ruina de quienes se abandonan a ella, por la que tú estás loco. Más bello es, hijo, honrar la Equidad, que siempre une a amigos con amigos, ciudades con ciudades, aliados con aliados. Pues lo equitativo es duradero para los humanos, mientras que frente al Más levántase siempre enemigo el Menos e inicia el día odioso… El ojo sombrío de la noche y la luz del sol recorren por igual el ciclo del año y ni uno ni otro siente envidia cuando es vencido… ¿Por qué al Poder, injusticia espléndida, honras sobrenaturalmente y lo consideras grande? ¿Para ser visto colmado de honores? Cosa vana. ¿Es que quieres sufrir mucho guardando mucho en palacio? ¿Qué es lo más? Nombre sólo tiene, pues lo bastante es suficiente para los sensatos. No, ciertamente, no poseen los mortales como propias las riquezas, sino que conservando las de los dioses velamos por ellas, y cuando quieren nos las quitan de nuevo. El Poder no es firme, sino efímero.»

 

[El Alca, año I – nº 5, octubre de 1991]

 

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LA ERÓTICA DEL PODER (EURÍPIDES, FENICIAS 503-558). Por José Manuel Colubi Falcó

 

SANIDAD E INSTRUCCIÓN PÚBLICA. Por José Manuel Colubi Falcó

 

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Naturaleza muerta

[Foto: LGV Sevilla 2012]

 

Sanidad, instrucción pública, administración de justicia, los tres pilares fundamentales del edificio estatal. Mas no siempre han sido atendidas por el poder con la debida diligencia: la Historia, maestra de la vida, ha ofrecido, ofrece —y temo que siga ofreciendo— innumerables ejemplos de negativas o, lo que es peor, de simulacros de concesión de esos derechos inalienables e irrenunciables de toda persona humana.

   La Antigüedad, fuente inagotable de ideas, nos cuenta casos paradigmáticos de cómo sus legisladores atendieron esos derechos. Así, Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.), en su Biblioteca histórica XII, 12, 4-13, 1-4, atribuye a Carondas de Catana, legislador del siglo VI a.C., una ley de instrucción pública y refiere también la adopción de medidas similares en el campo de la sanidad en otras ciudades griegas. Dice así:

   «Escribió también otra ley mucho mejor que ésta y que había sido descuidada por los legisladores más antiguos que él. En efecto, legisló que todos los hijos de los ciudadanos aprendieran las letras, proporcionando el Estado las pagas a los maestros. Pues supuso que los pobres en recursos, como particularmente no podían darle los salarios, se verían privados de las más hermosas prácticas. En efecto, el legislador juzgó la gramática más importante que las otras enseñanzas; y con mucha razón pues gracias a ésta se lleva a cabo las más y más útiles actividades para la vida: votaciones, cartas, testamentos, leyes, y otras cosas que mejoran mucho la existencia. Porque, ¿quién no compondría un digno encomio del aprendizaje de las letras? Pues sólo a través de éstas los muertos son recordados por los vivos; los que se hallan en lugares lejanos gracias a las letras se reúnen, como si estuvieran cerca, con quienes distan muchísimo de ellos; para los pactos en tiempo de guerra entre pueblos o reyes la firmeza de las letras contiene la más segura fe en lo tocante a la permanencia de los acuerdos; en general, sólo las letras guardan las más hermosas manifestaciones de los hombres prudentes, los oráculos de los dioses, y además la filosofía y toda la cultura, y las transmiten siempre a los futuros por toda la eternidad. Por ello hay que entender que, si bien la naturaleza es la causa de la vida, de una buena vida lo es la educación basada en el conocimiento de las letras. A partir de esa idea con esta legislación mejoró a los analfabetos, como hombres privados de algunos grandes bienes, y los juzgó acreedores de público cuidado y gasto, y tanto superó a quienes antaño habían legislado que los particulares enfermos fueran curados por médicos a expensas del Estado, que, mientras éstos consideraron dignos de cuidado los cuerpos, él curó las almas turbadas por la incultura, y en tanto suplicamos no tener nunca necesidad de aquellos médicos, anhelamos pasar todo el tiempo con los maestros del saber.»

[El Alcalá, año I – nº 8, enero de 1992]

 

LAS CARAS DE TALES. Por José Manuel Colubi Falcó

 

Mercado romano de Mileto (Museo Pergamo-Berlín)

Mercado romano de Mileto

Museo de Pérgamo

Berlín

 

Entre los numerosos nombres de leyenda que nos ha legado el Mundo Antiguo, pocos hay equiparables al de Tales. Iniciador del saber racional, ha nacido en una ciudad marinera, Mileto, que es metrópoli de colonias, lonja de mercaderes… y lo será de físicos, estudiosos de la physis, de la naturaleza.

   La cuna de la filosofía no es un remanso de paz, la celda de un monje, ni tampoco un eremita el fundador. Tales, un viajero más, ha visitado Egipto, Babilonia… y entrado en contacto con los sacerdotes. Fruto de sus viajes, relaciones y estudios, es hombre preparado, que predice eclipses (el del 28 de mayo del 585 a. C., cuando en batalla lidios y medos «el día se hizo noche»), que mide la altura de las pirámides (por la sombra que proyectan), que ve un alma inmortal en todo, incluso en las cosas inanimadas, según la piedra magnética y el ámbar (élektron, en griego, el lector deduzca); que saca de apuros a Creso desviando el curso del río mediante un nuevo álveo que abraza al ejército por la retaguardia («y así lo pasa a la otra orilla»).

   Un hombre de clara visión política que aconseja a los jonios que formen una federación con centro en Teos, para, así, defender su independencia frente a los persas, y que, en el futuro, causará más de un trauma a los estudiantes con su teorema y su incansable búsqueda del arkhé, el principio, la fuente y substancia de todo lo existente, que él halla en el agua.

   Faceta científica ésta, otras, más atractivas, presentan un Tales cotidiano, un sabio despistado que cae en un pozo mientras observa los astros, provocando las risas de la criada, quien le reprende su afán por conocer lo de arriba cuando ignora lo de abajo, lo que hay cabe sus pies; o comerciante, que, como se le echara en cara que la filosofía no servía para nada (nada nuevo bajo el sol, pero hoy somos más sufridos: forman su séquito de trastos inútiles el griego, el latín, el francés, la lengua, la literatura, la historia, etc., etc., etc.) y él hubiese previsto una gran cosecha de aceitunas, toma en arriendo todos los molinos de aceite, y, a su honra, ejerce de monopolista; un Tales comerciante, que, al preguntarle un discípulo que debe pagar por su enseñanza, contesta: «Si reconoces haberlo aprendido de mí, pagarás la paga justa.»

   O el Tales hijo, quien, cuando su madre a diario le insta a que se case, responde con un «Todavía no es hora», hasta que un día, ante tanta matraca, tan femenina y maternal, resuelve el problema y dice: «Ya ha pasado la hora». O que, al preguntársele por qué no procrea hijos, replica: «Por amor a los hijos». Ni vida ni muerte le quitan el sueño, pues no se diferencian en nada, y por eso, cuando uno le espeta: «¿Y tú por qué no mueres?, responde: «Porque no hay diferencia».

   Es, además, varón agradecido, al Hado, por tres razones: ha nacido hombre y no bestia, varón y no mujer, griego y no bárbaro. Y muere en el estadio, viejo ya, y sobre su sepulcro se lee: «Sí, pequeña es esta tumba, pero su gloria llega al cielo. Mírala, es la del prudentísimo Tales».

   La tradición nos ha transmitido muchos apotegmas suyos: «Las muchas palabras no muestran opinión prudente»; «Afámate por una sola cosa: la sabiduría»; «Elige una cosa sola: el bien»; «No hermosees tu aspecto, si no eres honesto en tus ocupaciones».

   Pobre Tales, desde chico con estas manías…

[El Alcalá, Año V, número 56, mayo de 1996]

 
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ANACARSIS ESCITA. Por José Manuel Colubi Falcó

DEMÉTER Y KORE. Por José Manuel Colubi Falcó

 

«CARMINA». Por José Manuel Colubi Falcó

 

 

El pasado día 4 [de noviembre de 2005] tuvo lugar, en la hacienda Los Ángeles, de Alcalá de Guadaíra, la presentación de una revista literaria nueva, Carmina, consagrada a la poesía. Su primer número —y espero que desafíe a la serie infinita de los numerales— da acogida a un conjunto de composiciones inéditas de poetas, entre los que se cuentan el que fuera compañero mío y amigo Antonio Medina de Haro, ya fallecido, y Lauro Gandul, adalid, junto con Olga, de la revista.

   El título, Carmina, que debe pronunciarse como esdrújula (en latín no se representa gráficamente el acento) y no confundirse con el hipocorístico de ese hermoso nombre de mujer que es Carmen, nos introduce en el vasto mundo de la lírica latina. Según nos dicen A. Ernout y A. Meillet, carmen —cuyo plural es carmina— no es, en su origen, más que una fórmula rítmica, de carácter mágico, que se manifiesta primero en el lenguaje religioso, jurídico y didáctico (no se olvide que en los inicios religión y derecho, norma religiosa y ley, forman una unidad, siempre en relación con el canto), idea que pervive en toda la historia del latín. Así, la Ley de las XII Tablas (450 a. C.) castiga a quien compone un carmen, poema cantado, para infamar o denigrar a otro o hacerle daño; Cicerón (siglo I a. C) dice de una ley que es de horrible carmen (muy severa), y los emperadores Graciano, Valentiniano y Teodosio sancionan, en 381 d. C., a los encantadores y consultores de hechos inciertos que pretenden hacer sus sacrificios en los templos, pues «Dios debe ser adorado con preces castas y no con cármenes siniestros.»

   Pero es en la poesía lírica donde carmen alcanza mayor y mejor fortuna: Cicerón habla de los cármenes que se cantan en los banquetes; Lucrecio, del fluido carmen de la cítara; Ovidio, del cisne que, al morir, canta sus cantos exequiales; Quintiliano, de la historia como Carmen libre de trabas métricas. Los hay variados: carmen lastimero (miserabile), nupcial (nuptiale, el epitalamio), erótico o lascivo (lasciuum), amoroso (amabile), etc. El mismo fenómeno hallamos en el latín medieval, e. gr., en los Carmina Burana, conjunto de composiciones amorosas, tabernarias, de primavera, de camino, etc. ¿Por qué? Porque el carmen vive en lo más profundo del alma humana.

 

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NOTAS ETIMOLÓGICAS SOBRE «CARMINA» POR JOSÉ MANUEL COLUBI FALCÓ CON SILLONES DE ZSOLT TIBOR

«CARMINA LUSITANA». Por José Manuel Colubi Falcó

EL CIRCO DE TARQUINIO. Por José Manuel Colubi Falcó

«CVRSVS PVBLICVS». Por José Manuel Colubi Falcó

SÉNECA Y LOS ESCLAVOS. Por José Manuel Colubi Falcó

LA ALGARABÍA DE LAS TERMAS NO TURBA A SÉNECA. Por José Manuel Colubi Falcó

MARCO AURELIO. Por José Manuel Colubi Falcó

JANO. Por José Manuel Colubi Falcó

«PANEM ET CIRCENSES». Por José Manuel Colubi Falcó

MARCO ATILIO RÉGULO. Por José Manuel Colubi Falcó

KALENDAS. Por José Manuel Colubi Falcó

ANDROCLO Y EL LEÓN. Por José Manuel Colubi Falcó

 

MARCO AURELIO. Por José Manuel Colubi Falcó

 

Marco Aurelio (museos capitolinos) Roma

Estatua ecuestre de Marco Aurelio

Museos Capitolinos

Roma

 

Nacido en Roma el 26 de abril del 121 p. C., hijo de A. Vero y de Domicia Lucila, de ascendencia hispana, el emperador Marco Elio Aurelio Antonino forma, junto con el cordobés Seneca y Epicteto de Hiérapolis, la tríada, gloriosa, del estoicismo tardío, cuyos escritos han sido leídos —lo son y lo serán— con gran deleite y provecho.

   Casado con Faustina, que le dio trece hijos —sólo cinco sobrevivieron: cuatro hembras y Cómodo, cuyo nacimiento se ha dicho que fue el único daño causado por Marco Aurelio a Roma—, y sucesor, en el año 161, de Antonino Pío, por quien había sido adoptado para el cargo en el 138, nuestro emperador, conocido como el emperador filósofo, de natural apacible, hubo de afrontar numerosas guerras, primero en Oriente, al principio de su reinado, contra los partos, que habían invadido Armenia, y luego en la frontera, limes, marcada por los ríos Rin y Danubio, frente a marcomanos, cuados, sármatas.

   Esmeradamente educado en sus años juveniles, recibió de sus maestros lecciones de gramática y retórica y de filosofía, que son reflejo entonces —un tiempo de renacimiento, en Roma, del pensamiento griego— de las posturas antagónicas que adoptaron, en el siglo IV a. C., Platón (filosofía) e Isócrates (retórica) sobre las normas que habían de gobernar la vida humana. El resultado de todo ello y de sus experiencias vitales fue un hermoso librito escrito en griego, Tâ eis heautón, algo así como Máximas dirigidas a sí mismo, por la forma, aforismo, en que ha sido redactado y que suele traducirse por Meditaciones. Su contenido es concorde con el carácter de aquel hombre bueno que —ironía del destino— tantas guerra hubo de soportar.

   Al igual que los otros estoicos, Marco Aurelio ve una Providencia divina en un mundo sabiamente ordenado, y un ser humano tan estrechamente relacionado con Dios, que por naturaleza ha de seguir el precepto de amar a sus semejantes, incluso a los que tropiezan, y, más aún, a los enemigos. Nuestros afanes deben orientarse, nos dice, hacia la reflexión y el servicio a los otros, entendiendo por otros todos los demás, es decir, el común, y nuestra vida ha de estar presidida por la ataraxia (imperturbabilidad), que nos hace fuertes, contentos siempre con lo que nos sucede, sin el más leve atisbo de tristeza —o de cólera, que no es signo de poder o de fuerza, sino de debilidad—, justos, indulgentes, esforzados, perseverantes, regidos por una inteligencia libre de las pasiones.

   Murió en Vindóbona —la actual Viena—, el 17 de marzo del año 180.

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ROMA EN «CARMINA»:

RETRATO: CUATRO POR DOS. ROMA EN CÓRDOBA, O CÓRDOBA EN «CARMINA» (ESCULTURA). Fotografía de Manuel Verpi 2015 [Museo Arqueológico de Córdoba I]

DOS DESNUDOS: ROMA ES CÓRDOBA, O CÓRDOBA ES «CARMINA» (ESCULTURA). Fotografía de Manuel Verpi 2015 [Museo Arqueológico de Córdoba II]

ESCULTURAS ROMANAS DE UN TOGADO Y UN BARBUDO. Fotografía Manuel Verpi 2015 [Museo Arqueológico de Córdoba III]

LAS MÁSCARAS DE ROMA SON CÓRDOBA, O ESTE TIPO DE RETRATO EN ESCULTURA. Fotografía Manuel Verpi 2015 [Museo Arqueológico de Córdoba IV]

EL FALO EN BUSCA DE SENTIDO. De la serie «RECORTES», Nº 46. Por Pablo Romero Gabella

LA TERMAS ROMANAS. Por José Manuel Colubi Falcó

EPITAFIOS ROMANOS (I). Por José Manuel Colubi Falcó
DICHOS LATINOS (EL HOMBRE). Por José Manuel Colubi Falcó

DICHOS LATINOS (SOBRE LA LIBERTAD PARA LOS ROMANOS). Por José Manuel Colubi Falcó

UNA CASA ROMANA. Por José Manuel Colubi Falcó

«DE MEDICIS ET PROFESSORIBUS». Por José Manuel Colubi Falcó
TRIBONIANO. Por José Manuel Colubi Falcó
FOROFOS EN EL CIRCO. Por José Manuel Colubi Falcó
MARCHA ROMANA EN ALCALÁ UNA LLUVIOSA TARDE DE VIERNES SANTO. Lauro Gandul Verdún 2012
QUINTO FABIO MÁXIMO. Por José Manuel Colubi Falcó
LA BATALLA DE CANNAS. Por José Manuel Colubi Falcó
«CARMINA LUSITANA». Por José Manuel Colubi Falcó