Posts categorized “Vicente Núñez”.

Epílogo. PICASSO O LA MIRADA DE POLIFEMO. Vicente Núñez. Antonio Luis Albás (2018)


55baee0c0c852f0a789cdcafefbc79c7

PICASSO O LA MIRADA DE POLIFEMO

 

Je ne crois pas avoir employé des éléments
radicalement differents dans mes différents
manièrs.

Pablo Picasso.

.

Indiferente y no obstante inmerso en los avatares de la contemplación y de la captación, su enorme ojo de cíclope hirsuto lo ha triturado todo a fuerza de reconstruirlo con materiales de cualquier procedencia, pero siempre rumiados y roídos desde todas las animalias y todas las metamorfosis. Los centauros y el yeso, el grafito y el raso eran de igual carne en sus manos de pezuña chamuscada por las proximidades de lo demoníaco. Lo cegador en él se transmutaba en la evidencia misma del mundo, al modo de fulminantes batidas que aspiraran, como quijadas de bucráneos, a revestirse del hueso esencial de lo caínico, de la venosa hebra donde Velázquez y Goya ya habían depositado la desolación de los colores yuxtapuestos a las tramas del saco, previas al asalto pictórico. Colores trepanados de sus vainas, colores como sangres vertidas en la ceremonia de un duelo cruento con la dócil piara de lo cotidiano. La belleza no existe si no es trágica como el vientre destripado de un buitre. Los mitos sólo pueden consumarse desde el pellejo sumiso y graso de los sacrificios.

.

Cuando la propia insulsez de los acontecimientos irrelevantes se interpone a las inapelables urgencias del arte, las uñas se afilan y reflexionan desde su arañazo innato, hasta que ahondan en las llamas satánicas de los cipreses y los girasoles, o hasta vaciarse íntegras como artesas en el azul diabólico de las maternidades y los arlequines de papel y de trapo. Todas las linealidades se han disuelto ya en un hervor circular y hermético. Hierve el mundo en una maceración macabra, y pintar consistiría entonces en una faena devastadora desde la suculenta caldera de las salsas y los barnices, trinchando y trufando a destajo la materia con una maestría de taxidermia. Delicada, hendidamente, con el bisturí cerebral e infalible de la caligrafía picassiana.

 

La realidad es constitutivamente amorfa porque jamás podrá ser convenida o negociada, pero la mirada pictórica sí organiza el caos y cataloga la fealdad en el orden nuevo de belleza intrínsecas. Les demoiselles d´Avignon (1907), y sus múltiples variantes en los bocetos precursores, son el resultado de una jerarquía implacable de la mirada aterrada y dispersa en los episodios rutinarios de la retina convencional, que se constituye desde los rechazos y los tanteos, que se preforma desde la inquietud que la hace evidente, anticipándose al arte negro y a las, en el momento, exigencias estimativas del Petit Palais y de la Galería Seligman.

 

Pero, de otra parte, una renovación radical del dibujo y las masas necesariamente se entrecruzaría con las estimaciones del deterioro mágico acaecido en las piezas de las artes arcaicas, mordidas como monedas por el transcurso de los siglos en una secreta y votiva alianza con la naturaleza, que las vomita luego rehechas en toda su terrible endeblez de esqueléticos amuletos, semejantes a la caterva inagotable del Cerro de los Santos. Son, pues, dos miradas de una sola ojeada, dos procesos convergentes que unifican la teoría animista de Jung sobre los azules del artista y la rasa visión pragmática de Geltrude Stein sobre el mirar picassiano: “sólo lo visto es conocimiento”.

 

Hasta tal punto ese brutal proceso de constante síntesis evolutiva se hace perverso que el Guernica no es más que una interiorización panorámica de todas las obsesiones de Picasso, un autorretrato estilístico donde las voracidades y las fauces del artista exhiben y atacan en la secuencia de un desplome total cualquier alternativa transcendente de realidad ya definitivamente a espadas del color y la carne. El destino paralelo de las minotauromaquias y las damas torturadas por la deformación de sus órganos descoyuntados, sacude de polifemia sádica el universo femenino del genio malacitano, que al fin se acepta a sí mismo como caverna de la ceguera y como calidoscopio de la lucidez.

.

V.N. Fundación Pablo Ruiz Picasso;
Casa Natal, 30 de Abril de 1991, Málaga.

VICENTE NÚÑEZ. 2017.

HOMENAJE A VICENTE NÚÑEZ. COSMOPOÉTICA 2006. (I). Antonio Luis Albás, (2015)

 

 

BUENAS MUJERES PARA SER CABALLOS (ACRÍLICO SOBRE TABLA) Y CINCO DETALLES. PINTURA DE GINÉS LIÉBANA 1979. Homenaje del fotógrafo Lorenzo del Término al poeta Vicente Núñez (2015)

 

ginésliébana1980 3

 Buenas mujeres para ser caballos

Ginés Liébana

1979

[Museo de Bellas Artes de la ciudad de Córdoba]

 

Det. 1

ginésliébana1980 4

 

Det. 2

ginésliébana1980 10

 

Det. 3

ginésliébana1980 9

 

Det. 4

ginésliébana1980 8

 

Y det. 5

ginésliébana1980 7

 

VICENTE NÚÑEZ XIX: Llueve. Antonio Luis Albás, (2014)

LluviaFotografía A.L. (2013)

Hoy que la lluvia vuelve
a la plaza ochavada,
me pierdo en aquel niño
que malversó sus lágrimas.

Cuando lloré, reían
las rosas. Solo, erraba
en el festín esquivo
de una alegría bárbara.

¿Durará esta hermosura
que se va con el agua
hacia otras sombras, como
el poema a su página?

Llueve, pero qué estéril
es ser por la palabra.
Mi corazón suspira
mientras la lluvia canta.

¿Y si un día el ensueño
de interrogar callara?
¿Y si un día…? Las nubes,
como los días, pasan.

VICENTE NÚÑEZ XVIII: Fragmentos y Puesta del Sol. Antonio Luis Albás, (2014)

 

 

En tanto que de rosas

hacemos una piña…

 SAN JUAN DE LA CRUZ

 

La cueva sin nadie que conocía el agua

y las espátulas de pizarra del mar contra las rocas

no eran una música más arriba,

o que provocasen siquiera frente a barcas de palo.

El frío del Altísimo,

tras la solar hoguera de los montes,

un silbido espeso derramó y palpitábamos.

«Ángeles son, y no contadas naves».

Y cuando lo decías,

sin ese esfuerzo que inutiliza el recuerdo,

un pecho tierno me brotó de repente:

ángeles son, dejados a su avío;

en tanto que de gozo se me apiñó la dicha.

Carmelitas Descalzas Aguilar Vicente%2009

VICENTE NÚÑEZ XVII: Fragmentos. Antonio Luis Albás, (2014)

 

Por afinidad de estilo y por amistad está cerca de Cántico; es de su estirpe; una especie de hermano menor de este Grupo Poético; la riqueza verbal y expresiva distinguió a esta generación de polígrafos que surgió en Córdoba en los años cuarenta; también el humor, la ironía y el sarcasmo…

…Es fundamental el humor en la poesía de Pablo, de Ricardo, pero en su vida muchísimos más, pero además el humor también en los dos pintores que forman parte de Cántico, Ginés Liébana y Miguel del Moral. Y continúa siéndolo; el sentido rápido, eminentemente andaluz; el chispazo, las formas, incluso métricas, aplicadas a lo raso de cada momento; eso es de un manejo exclusivamente de Cántico… En este sentido, un andaluz es la cosa más limpia, más proyectiva que hay, en el mundo.

Somos hondos, reflexivos, graciosos, concentrados, leales; habladores, ensimismados, fieles, amistosos, largos de corazón; cortos de tacañerías…

VICENTE NÚÑEZ XVI: Fragmentos. Antonio Luis Albás, (2014)

 

   Pero me llama la atención que todo este mundo pueda convivir junto con el de las tabernas, con las mesas de juego del dominó… con el mundo de tu pueblo…

Sí, es curioso lo que dices, pero eso también revela que los textos existenciales tienen una pesantez y una sintaxis no del todo conocida, ni sabida, ni asumida, ni estudiada; se impone por el espíritu sintáctico ordenador, ordenativo, que era el sujeto, el verbo y el predicado…

Una sintaxis no es mas que una voluntad de orden, eso se revela en una taberna… se impone; la voluntad de sintaxis, la desorganización de los elementos que están dispersos en cualquier ámbito pueden ser ordenados con una expresión superior a los de la literatura. La literatura ahí ya no tiene ahí nada que decir; se revela otro orden, otro lenguaje, otro discurso, otra lectura del texto de la vida. Las faltas garrafales pueden ser, en ese contexto, grandes éxitos de lenguaje, de expresión, de cinematografía, de posibilidad, de frescor, de comunicación.

Ahora mismo lo estoy yo percibiendo, qué duda cabe, no a través del silencio que se impone como un paréntesis obligado, sino de lo que intuyo y entreveo que hay dentro de ese paréntesis… que quizá tú no percibas porque no vives aquí, no frecuentas este bar. Ése paréntesis no está vacío, está lleno de un texto. Y hay un paréntesis sin duda, y de qué calibre; quizá irrepetible, quizá único o por lo menos irrepetible. Las irrepetibilidades imponen textos. Luego se ensueñan. Y el sueño lo borra todo. No. No lo borra, ¿del todo no… verdad?; ¿tú qué opinas?. Lo recrea. ¿Lo recrea…?

VICENTE NÚÑEZ XV: Teoría de los Ángeles. (Jueves XXVI del TO, de los Ángeles Custodios). Antonio Luis Albás, (2014)

michelangelo_caravaggio_39_rest_on_the_flight_into_egypt

 Descanso en la Huida a Egipto. (Sagrada Familia con Ángel Músico). Caravaggio, (1597)

En los confines “fractales”, fronteras movedizas de lo que todavía no está del todo inmerso en el reino de lo caótico, cualquier tentativa angélica de vuelo sólo podría ser planeada desde la suspensión repentina de su pliegue evasor –volante évasé-, ya que un vuelo sostenible no se concibe sino en el desamarre de la caoticidad y sus fracturas, lo que presupone un alarde extremo en la ostentación angélica de los atributos innatos. Desplegarse es poner a salvo la forma amenazada, como nos sugieren los dantescos barros navideños, donde el ángel del In excelsis, aunque tan torpemente articulado y abandonado a la terrible anfractuosidad cinematográfica del corcho y las escorias de la fragua, del aserrín, el celofán y los algodones, todavía anhela protegerse y refugiarse en el edén ingenuo de las disposiciones artesanales. Los ángeles son pese a esa desoladora plataforma de despegue, especies de los espacios ya saturados de forma, instancias últimas de traslado y fuga, apoyos evasivos hacia lo despejado del ser.

Formas compactas de transcurso como se nos revelan enigmáticas aquellas otras –formas-posada- que ya habían alcanzado en lo aéreo de su voraz “angelofagia”, en ese corredor inagotable de pináculos, cúpula y cimborrios apresadores de la densa, de la atribulada tribu alada. O como en el espacio medieval de las vidrieras, embutidas luego en la luz acotada y emplomada por el devenir de los estilos arquitectónicos y de las ceremonias; en todo aquello que hace posible que las esquinas “fractales” –recortes muy apurados de enjutas y pechinas – se propugnen como sostenes arcangélicos de las basílicas y como depósitos doctrinales de reserva, continuamente sobresaltados por el espeso hervor de las liturgias. Lo angosto es el pulimento de lo angélico. Y así como en el derrame terminal de los cirios de la consunción se gradúa por el parpadeo depresor de la llama, lo angélico se encumbra y arde en el roce indefenso de lo humano, que lo convoca y lo funde, sometiéndolo a un decrecer mortecino o una eclosión de ráfaga.

Túneles y conductores, los ángeles hacen posible el decurso de la luz. Son lo soterrado de lo abierto. Peanas alucinantes de la luz, acróteras prestas a devastarse en la solicitudes de la ultimidad.

 

VICENTE NÚÑEZ XIV. La Ciudad. Antonio Luis Albás, (2014)

 

A Córdoba

QUIEN desde tanto tiempo aquí ha tomado

asiento y vigilancia entre los hombres

puede dejarse confundir oculto

tras la sospecha hostil de la asamblea.

De otra manera nadie

conservará los viejos atributos

y en la tarde templada,

por las estrechas calles solitarias

alguien apenas distinguir sabría

tu inconfundible traza de extranjero.

 

Mientras contemplas la ciudad que amas

en la noche festiva,

el corazón lo mismo que un fantasma

en la heredad, se pierde entre las sombras.

Tu pensamiento luego que dejaste

la plaza y el balcón, agua gloriosa

de la mañana, y diste

en las robustas filas de la obra

ejemplo urbano al brazo mercenario,

naufraga allí, oh hastío

sin término, tortura separada,

curso del hombre anclado en su demora.

Podrías fingirte ciego

o dejarte sangrar contra las garras

del tosco almotacén, en la concordia

altisonante de los mercaderes.

Todo proclama el lleno de la vida,

los oficios urdidos,

la lejanía aún de tu existencia.

Una disputa acaso entre los templos

altera el orden frío y la liturgia

del Dios que, como tú, discurre en las afueras.

Toma entonces la vida

bajo esa clara sombra de la fuente:

nadie vendrá contigo a compartirla

si no es el viento suavemente airado.

La esplendidez de la mañana, ésta

o aquella iguales en tu misma carne,

con cuanta disciplina distribuye

y recompensa al forastero, asido

con firmes lazos al trasiego urbano.

esos triunfos sólo son de olvido

que con su piel sucumbirán un día.

¡Levad, levad, que afluye

la llana comitiva de los pueblos!

Pasan del río al zoco o la aljama

bajo el boato de los sicomoros,

y al toque cenital, la hora dando

justa del ser que ordena

existencia y retales,

sólo el silencio, como un perro hambriento,

sus pasos con los tuyos acompasa.
 

Si en un orden así, por una suerte

más primitiva escapas

a la ciudad terrena y sus afanes,

teme que en otra libertad no encuentres

la esclavitud preciosa de la vida.

Y este ritmo, amurallado

en un designio grato a los mortales,

tú lo percibes yerto en otra instancia

como un rumor estéril de la sangre.
 

Aquéllos que creíste

en vecindad, cayeron.

Río y almunia parecían eternos

en una convivencia tan risueña;

pero esos dos pasajeros, siempre

ausente tú del premio de la tierra,

a ellos liberó hasta extinguirlos

en la paz victoriosa del olvido.
 

Y a ti, oh ciudad, si un día

a someterme al yugo de los tuyos te inclinas,

que un raso afán diario

de amor mortal me ocupe y me consuma.

Mas si otra vez no acudo

en una edad contigo,

toda piedad quítame piadosa,

al fin dormido bajo los cipreses.