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GENEAOLOGÍA DEL SER PROGRESISTA ESPAÑOL. De la serie «APUNTES HISTÓRICOS PARA LA INTERINIDAD POLÍTICA ESPAÑOLA» (IV). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 
el abrazo (Foto Cañas)

El abrazo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
[Foto: Cañas 2019]

 
 
 

PUNTO DE PARTIDA: EL ABRAZO PROGRESISTA

 

El martes 12 de noviembre de 2019, dos días después de las elecciones generales, la historia de la actual interinidad política española pareció dar un vuelco tras meses de estancamiento. El líder del PSOE y vencedor de las elecciones, Pedro Sánchez, y el de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, firmaban un preacuerdo para formar gobierno aunque no contaran con la mayoría suficiente de diputados. Y no fue solo un pacto firmado, sino también abrazado ya que lo rubricaron con un abrazo, un abrazo progresista. Parecía comenzar una nueva era política según se desprendía de las palabras del presidente en funciones:

   «España tendrá un Gobierno progresista porque las dos fuerzas que lo componen son progresistas: el PSOE y Unidas Podemos. Y en España se llevará a cabo una política progresista porque el Gobierno será progresista».

   Por si no quedaba claro: España será progresista.

   La importancia de llamarse progresista es el reverso beatífico de la importancia de llamar al contrario fascista [1].  Pero ¿qué es ser progresista? Parece fácil en principio. Según la RAE en su primera acepción: «de ideas y actitudes avanzadas». ¿Y qué es una actitud «avanzada»? Para muchos y muchas, esto quiere decir de ideas y actitudes de izquierda. Por tanto, ¿ser progresista es ser de izquierdas? Demasiadas preguntas quizás. Veamos la tercera acepción de este término que nos da la RAE: «dicho de un liberal español: del sector más radical de liberalismo, que se constituyó en partido político». Dicho así, ¿ser progresista es una forma de ser liberal? ¿y ser liberal es ser de izquierdas? De nuevo más preguntas. Lo mejor será que vayamos al origen del término, al origen de partido radical del liberalismo.

 
 
 

Picture 011

María Cristina de Borbón-Dos Sicilias  
(1806-1878)
Vicente López Portaña
(1772-1850)
[Museo del Prado]

 
 
 

LA PRIMERA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA

 

El término progresista en la política española apareció durante otra gran interinidad: la Regencia de María Cristina de Borbón (1833-1840). En ese trascendental período histórico se pasó jurídicamente del absolutismo al régimen liberal y constitucional, no sin problemas y con una guerra civil por medio: la primera guerra carlista. Fue en esa época cuando se desarrolló el liberalismo en España [2], que había nacido en las Cortes de Cádiz de 1812. Hasta la Regencia de María Cristina, madre de la reina niña Isabel, el liberalismo se había mantenido más o menos unido frente a los absolutistas reaccionarios. Obviamente existían tendencias dentro de la familia liberal debido a las diferentes maneras de entender  cómo pasar de un régimen absolutista a un régimen liberal-constitucional. Esto se evidenció en el Trienio Liberal (1820-1823), efímera experiencia liberal dentro del reinado de Fernando VII. Aquí ya vemos la existencia de dos tendencias: la moderada defensora de cambios paulatinos y reformistas  y la exaltada que predicaba la ruptura con el Antiguo Régimen. Sí, habrán advertido los paralelismos con la Transición postfranquista, madre de todos los males o de todas las bonanzas actuales. La cesura entre ambas tendencias fue creciendo cuando la Regente los llamaría al poder a la muerte del «rey felón», ya que los necesitaba para ganarle la guerra a Don Carlos, su cuñado ultramontano. Primero llamó a los moderados con Martínez de la Rosa al frente que dio el primer paso con el Estatuto Real (1834), una semi-constitución o Carta Otorgada para ser más precisos. Sin embargo, la otra sensibilidad liberal, la exaltada, vio este cambio insuficiente y acusó a los moderados de «pasteleros» al negociar con nobles y eclesiásticos, los privilegiados del Antiguo Régimen, una hoja de ruta hacia la monarquía constitucional alejada de los principios del verdadero liberalismo que se basaba en la sacrosanta soberanía nacional.

   Así las cosas, en septiembre de 1835 se produjo una sublevación de los liberales exaltados por todo el país,  que contando con importantes apoyos en las clases populares urbanas, organizaron juntas revolucionarias. Estos organismos insurreccionales, que luego serían tan queridos por los progresistas, presionaron de tal modo a la Regente que ésta se vio impelida a nombrar un nuevo gobierno liderado por Juan Álvarez Mendizábal. Y es aquí donde de verdad comienza nuestra historia.

 
 
 
Juan_Álvarez_Mendizábal

Juan Álvarez Mendizábal
(1790-1853)
Grabado según dibujo de José Balaca
(1810-1869)
(Biblioteca Nacional de España)

 
 
 

MENDIZÁBAL Y EL MOVIMIENTO NACIONAL

 

Juan de Dios Álvarez Méndez (1790-1853) provenía de una familia de comerciantes gaditanos de origen judío, por esto último se cambió su apellido por el de Mendizábal para darle una patina de cristiano viejo vasco. Durante la Guerra de la Independencia y comienzos del reinado de Fernando VII se dedicó a negocios mercantiles y financieros exitosos que le llevaron a relacionarse con la élite liberal. Con la vuelta del absolutismo en 1823 se exilió en Londres, donde gracias a sus contactos mercantiles,  se hizo un floreciente businessman. Esto hizo acrecentar su compromiso político con el liberalismo y acentuó su papel como conspirador que le llevaría a financiar al bando liberal en la guerra civil portuguesa. El éxito financiero y político en Portugal le llevaría a ser llamado como Ministro de Hacienda en el gobierno de los moderados, cargo que no llegaría a ejercer de forma plena. Tras la insurrección de las juntas, fue llamado a liderar un nuevo gobierno liberal. En un principio no llegaba como líder de la tendencia exaltada, sino como el hombre de compromiso entre las familias liberales que consiguiera formar un gobierno fuerte, asentar la nueva monarquía constitucional y ganar la guerra a los carlistas.

   Una vez en el poder Mendizábal comenzó a ganarse adeptos de la tendencia defensora del movimiento o progreso frente a los sectores más conservadores que vieron en su idea de crear un gobierno fuerte  un intento de concentrar todo el poder en sus manos. Sus proyectos de desamortización eclesiástica definitivamente supusieron la división del liberalismo y su abierta apuesta por medidas rupturistas. Reabrió el pseudoparlamento del Estatuto Real y luego, a principios de 1836, lo cerró para convocar elecciones en febrero de ese año. Es entonces, en ese momento, cuando nació el calificativo de progresista.

 
 
 

ELECCIONES, PARTIDISMO Y EMPLEOMANÍA

 

   La convocatoria de elecciones hizo que las familias liberales tomaran partido, nunca mejor dicho, pasando de ser «partidos de opinión» a ser «partidos electorales». En esto los progresistas tomaron la iniciativa. Mendizábal, demostrando su experiencia como hombre de negocios, vio en la naciente prensa política un instrumento fundamental para su propaganda. Así contaría con el apoyo de El Eco del Comercio,  La Revista española o El Español como sus valedores ante el exiguo cuerpo electoral con derecho al voto según lo establecido por el Estatuto Real.  Con la cámara legislativa cerrada (Estamento de los procuradores) dictaría su famoso decreto de desamortización eclesiástica lo que haría ganarse definitivamente la animadversión de aristócratas, liberales moderados, eclesiásticos y por último, la propia Regente. Pero no había vuelta atrás, para Mendizábal era necesario un poder liberal fuerte bien financiado (de nuevo el hombre de negocios) para acabar con la guerra contra los facciosos reaccionarios que se atrincheraban en la zonas rurales de Navarra, País Vasco y Cataluña.

   A partir de enero-febrero de 1836 comenzó a aparecer abiertamente en la prensa adicta al gobierno el término “progresista” para definir a los que apoyaban al jefe del consejo de ministros. Comenzaba también una polarización de la vida diaria que la prensa reflejaba. Por ejemplo El Eco del Comercio (20 de febrero de 1836) al referir a los nombres de los 12 representares por Madrid como electores para el Estamento de Procuradores decía que:

   «Nos complacemos en ver que la mayoría de los electores tienen ideas de progreso, porque este nos anuncia que serán también progresivos los procuradores que elijan»

   Había nacido el término político progresista en España, aunque no fue aceptado como nombre oficial del partido hasta 1839 con Olózaga. En el verano de 1836 el mencionado periódico se refería a Mendizábal como «un hombre honrado que vds. suponen simboliza un partido político progresista» (29 de julio de 1836).

   La campaña de opinión se vio acompañada desde el Gobierno con el nombramiento de nuevos empleados públicos afines a sus intereses y que daría lugar a la polémica de la llamada «empleomanía» que tanto recorrido histórico tendría en el siglo XIX español. Véase para ello la novela de Galdós Miau (1888).

   Los términos «mendizabalista» y «progresista» se consideraron como sinónimos queriendo representar al verdadero liberalismo nacido en Cádiz. Quedaban excluidos los liberales moderados que se les situaba en el campo de la reacción, de los que se oponían al «progreso» o al «movimiento» hacia la verdadera monarquía constitucional basada en la soberanía nacional del pueblo español. El periódico El Español (que no fue siempre «mendizabalista») criticaría esto al manifestar que:

   «Cuando un partido llega a creer a su favor la presunción de que tiene la razón, pronto se hace dueño de la sociedad y la conduce donde quiere» (8 de febrero de 1836).

   Las elecciones organizadas por el Gobierno dieron como resultado una victoria indiscutible de sus candidatos lo que provocaría acusaciones de manipulación electoral por parte de sus contrarios. Comenzaba el partidismo. Un año después, ese mismo periódico recordaba aquellos días de la siguiente manera:

   «Dos partidos débiles, porque poderosos ya no los hay, pero firmes y enconados, sostenían poco hace encontrados principios en presencia de las urnas electorales. Mutuamente acusabánse se ineptitud e hipocresía, y tal vez en cuanto a partidarios a ninguno faltaba razón…» (22 de agosto de 1837).

 
 
 

Espartero

Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro
(1783-1879)
José Casado del Alisal
(1832-1886)
(Palacio de las Cortes)

 
 
 

REBELIÓN EN LA GRANJA Y UNA NUEVA CONSTITUCIÓN DE CONSENSO

 

El gobierno de Mendizábal se centró en aunar esfuerzos para la derrota de los carlistas y en desarrollar la desamortización eclesiástica a la que unió la supresión de las instituciones del clero regular. Estas medias chocaron con la Reina y los elementos conservadores (que aún no constituían partido alguno) pero a la vez, y es curioso, con el ala izquierda del progresismo que veía sus medidas insuficientes. Así las cosas, en mayo de 1836 la Regente, haciendo uso de sus prerrogativas reales y legales, hizo caer a Mendizábal y nombró un nuevo gobierno presidido por  Francisco Javier Istúriz, un ex liberal exaltado que había sido colaborador del cesado y que también provenía de la burguesía gaditana. Para legitimar su poder convocó elecciones en julio de 1836, que, como ya era costumbre, ganarían los gubernamentales. En estas elecciones se organizaría por  vez primera el partido liberal contrario a los progresistas: el moderado o monárquico-constitucional.

   Sin embargo, Mendizábal y los progresistas no aceptaron el estado de cosas y organizaron una nueva insurrección en agosto de 1836 que tuvo como momento estelar la sublevación de los sargentos de la Guardia Real en el Palacio de verano de La Granja, donde pasaba esos días la familia real.  La Regente volvió a llamar a los progresistas y se formó un gobierno liderado por el viejo liberal José María Calatrava y que tenía como ministro de Hacienda a Mendizábal. Aunque se siguió con la desamortización de los bienes de la Iglesia (llamados «bienes nacionales») se produjo un cambio en los progresistas. Éste consistió en un acercamiento a los moderados para estabilizar a la monarquía en unos momentos complicados en la guerra carlista. Dentro del progresismo tuvieron mayor predicamento políticos conciliadores como Agustín de Argüelles o Salustiano Olózaga. Fruto de ello sería la Constitución de 1837, una ley fundamental que pretendía un consenso liberal, a partir de la reforma de la de 1812. De esta forma lo expresaba el periódico El Español:

   «…todos los partidos (…) y toda la opinión liberal unánime y francamente acepta la Constitución como bandera común» (22-8-1837).

   En realidad, no eran tantas las diferencias con el partido moderado, ya que ambos eran partidos de notables, de burgueses y aristócratas. Ambos defendieron el sufragio censitario y rechazaban la democracia, a pesar de que los progresistas siempre apelaban al pueblo y las clases populares, pero nunca postularon el sufragio universal,  a lo sumo a la ampliación del censo de electores.

   Los progresistas constitucionales defendieron desde entonces que no representaban la agitación ni la anarquía, sino que se declaraban firmes defensores de la monarquía, la Constitución y la soberanía nacional. Como ejemplo tenemos  un manifiesto de los progresistas de Barcelona de 1839 que decía lo siguiente:

   «…el progreso se reduce al cumplimiento estricto de la ley, a las reformas que disminuyan los pagos, y  a la igualdad legal, pone freno al orgullo y sinrazón de los que aspiran a dominar por la sangre o las riquezas, cuyo toda forma lo que llamamos libertad.»

   Frente al progresista bullangero y de barricada, los de Barcelona decían que «el progresista discute con la entereza de una convicción robusta, sin apelar más que a razones y que su sistema práctico es observar religiosamente la Constitución sin intentar ni pensar nada que pueda alarmar la seguridad individual y la propiedad».

   Estas palabras las recogía el antaño «muy progresista» Eco del comercio, en su número de 30 de diciembre de 1839.  Este progresismo conciliador, liberal y defensor del orden legal, sin embargo acabó al año siguiente cuando, tras la presentación por parte del gobierno moderado de una ley municipal que consideraban “reaccionaria”, se produjo otra sublevación que supuso la llegada al poder de su nuevo líder: el general Espartero. Con ello no solo terminaba esta fase «conciliadora» sino que también terminaba la Regencia de María Cristina, pero no la interinidad política. Para el historiador Jorge Vilches esto demostraba que «el progresismo se aprovechaba de los movimientos violentos de aquella facción para ejercer más presión sobre el adversario político y la Corona, con el objetivo de alcanzar y monopolizar el poder» [3]

 
 
 

Juan-Prim-atentado-1871

Asesinato de Juan Prim y Prats la noche del 27 de diciembre de 1870
Fernando Miranda
(Dibujante e ilustrador, siglo XIX)
La ilustración española y americana
5 de enero de 1871
pag.17

 
 
 

CODA PARADÓJICA

 
 
 

El progresismo gobernó España durante la Regencia de Espartero (1840-1843) y volvió efímeramente con el mismo general en el Bienio Progresista (1854-1856) tras la «revolución de julio». Otra revolución, la «Gloriosa» de 1868, les encumbró al poder tras destronar a la reina Isabel II, a la que tanto defendieron en su minoría de edad, hasta que su líder, el general Juan Prim y Prats, fue asesinado en diciembre de 1870. A partir de ahí, el partido se dividió en facciones personalistas que fueron recogidas en el seno del Partido Liberal-Fusionista de Sagasta en la Restauración (1875-1931). El fin del turno pacífico con los conservadores de Cánovas, le llevó a su definitiva desaparición cuando cayó Alfonso XIII. Durante la II República el término «progresista» sólo lo mantuvo el Partido Republicano Progresista de Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura que antes se llamó Derecha Liberal Republicana.

 

 

 

 

 

[1] Esta idea ya la hemos tratado en la revista «CARMINA»  con la entrada de «La importancia de llamarlo fascismo»: http://revistacarmina.es/?p=41095

[2]Sobre este período fundamental de nuestra historia contamos con una interesantísima monografía de Vladimiro Adame de Heu: Sobre los orígenes del liberalismo histórico consolidado en España (1835-1840), Sevilla, 1997.

[3] Jorge Vilches, Progreso y libertad. El partido progresista en la revolución liberal española, Madrid, 2001, pág. 28.
 
 
 

JOSÉ MANUEL PADILLA: «LAVS LIBRIS». Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún

 
 
 

He dejado amablemente a mis amigos Olga y Lauro, encargados de enviar mis crónicas a este periódico [La Voz de Alcalá], los renglones de esta quincena para dedicárselos a José Manuel Padilla con quien tanto querían.

 
 
 

María del Águila Barrios

 
 
 
José Manuel Padilla (1943-2019)

José Manuel Padilla
(1943-2019)

 
 
 

Cuando Antonio Luis Albás supo por nosotros de la muerte de José Manuel Padilla nos escribió: «Vaya!!!! Y cómo comprendía la exigencia de todas nuestras bandejas estéticas y literarias!», a propósito de los tres números de la revista ilustrada de poesía «CARMINA Textos para una Lectura» (2005-2007). Pero tenemos que irnos mucho más atrás, a 1985, cuando se publicó el número 4 de POEMAR. Cuaderno de poesía de los que vendió un buen puñado de ejemplares en su librería de la calle Imagen y así hizo con el resto de los números hasta el 8, que fue el último (1992).

   Tuvieron que pasar doce años para que volviéramos a encontrarnos con José Manuel y Pilar, entonces ya estaba su hijo Manuel en el taller. Recordamos aquella mañana de verano, atravesando La Alameda y acompañados por Antonio García Mora, camino de la calle Feria, donde estaba la imprenta y librería en ese momento. Fue Antonio, cuando preguntado por quién podría hacerse cargo de una revista de gran formato en la que pensábamos, el que nos dijo que sólo podría hacerla Padilla. La Asociación Padre Flores, en su colección «Biblioteca de textos alcalareños», ya había publicado varias obras bajo el sello de Padilla Libros Editores & Libreros, entre ellas títulos como Nombres antiguos y modernos de las calles de Alcalá de Guadaira (1997) del historiador Javier Jiménez Rodríguez, Los alcalareños y sus nombres (años 1426-1444: Edición y estudios lingüístico de la antroponimia bajomedieval de Alcalá de Guadaíra (Sevilla) (2002) del filólogo José Javier Rodríguez Toro; también el libro colectivo Ecos de la Historia de Alcalá de Guadaíra (2000) con textos de quince historiadores alcalareños, al cuidado de Antonio García Mora como editor; y ese mismo año de 2004 acababan de sacar a la luz Gandul en el horizonte de Francisco López Pérez.

   El último trabajo que le encargamos a Padilla Libros fue la segunda edición de Crónica de Paris (2017) de la «Serie Libretos de la Lectura». Para nuestros libretos siempre escribía un colofón, siendo el de esta edición el siguiente: «Acabose de imprimir el VIII de marzo del año del Señor MMXVII, jornada en la que se conmemora el martirio de los santos Ariano, Presidente, Teótico, y otros tres, quienes fueron ahogados en el mar por orden del juez: sus cuerpos los sacaron a la playa los delfines. LAVS LIBRIS»

   Acabose de imprimir el libro de una vida, el I de noviembre del año del Señor de MMXIX, jornada en la que se conmemoran los difuntos que han obtenido visión beatífica y tendrán vida eterna en presencia de Dios. LAVS PADILLA.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2017]

 
 
 
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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.
 
 
 

¿TODOS CORRUPTOS? De la serie «APUNTES HISTÓRICOS PARA LA INTERINIDAD POLÍTICA ESPAÑOLA» (III). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 
Alejandro_Lerroux_García

Alejandro Lerroux Garcia
(1864-1949)

 
 
 

La interinidad política del sanchismo comenzó el 1 de junio de 2018 cuando triunfó la moción de censura contra el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy. El motivo:  la Sentencia 20/2018  de la Sala Penal de la Audiencia Nacional sobre el caso Gürtel de 24 de mayo de 2018. En dicha sentencia (página 1078) se decía que Rajoy (junto a otros políticos del PP) carecía de «credibilidad» al negar la existencia de la famosa caja B, con B de Bárcenas.

   Cinco años antes, concretamente el 6 de febrero de 2013, envié un articulo al periódico La Voz de Alcalá (que fue publicado en la segunda quincena de febrero, creo) titulado «El estraperlo de Rajoy». En éste me refería al problema que la corrupción le podría suponer al por entonces  presidente del Gobierno y por extensión a su propio partido. Luego llegaría Vox.

   Reproducimos íntegro el citado artículo:

 

   En el debate de investidura como presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en respuesta a la diputada Rosa Díez, afirmó ufano entre aplausos de los suyos que «no acepto  de ninguna de las maneras que se diga que hay una corrupción generalizada en la política (…) en absoluto voy a aceptar ese tipo de afirmaciones porque no son verdad». Esto ocurría el 19 de diciembre de 2011; un año después los hechos parecen desmentir sus palabras: el caso Blanco, los ERES, Urdangarin, las corruptelas de los nacionalistas catalanes, el caso Gürtel  y por último (por ahora) los supuestos sobresueldos a políticos del PP que ensucian la imagen de honestidad del presidente del gobierno. Un gobierno que salió de las urnas con el propósito de sacar a España de la peor crisis económica de una democracia con 6 millones de parados. Un gobierno que pide día sí y día no esfuerzos a una población cada día más empobrecida y desmoralizada. Si ya la confianza de la ciudadanía en sus políticos estaba bajo mínimos, esto parece darle la puntilla. Porque la base de la democracia no es otra que la confianza que los ciudadanos han dado a sus representantes de forma provisional. Como bien dice el filósofo Javier Gomá  en su obra  Ejemplariedad pública (de obligada lectura para todos, especialmente para los políticos): «La confianza no se compra, no se impone, no se fabrica: la confianza se inspira». Y es que este gobierno ya no inspira confianza, porque como dice el mencionado filósofo lo que cuenta en el político «es que predique con el ejemplo, puesto que en el ámbito moral, sólo el ejemplo, predica, de modo convincente, no las promesas ni los discursos, los cuales sin el ejemplo, carecen de convicción y aún un mínimo de verdad». Es desalentador escuchar al presidente, ante Angela Merkel en Berlín , decir que “«lo referido a mí y mis compañeros no es cierto. Sólo algunas cosas». Aunque los papeles de Bárcenas, ese Moriarty de la contabilidad negra, fueran  apócrifos la confianza en los políticos, y en concreto en este gobierno, ha caído por los suelos. La idea que se han hecho en el PP de ser un partido honesto, liderados por profesionales bien remunerados en la esfera privada y que actúan por servicio a la nación se ha desdibujado. Su respuesta ante el escándalo ha roto definitivamente la imagen de pijos-pero-honestos. Parece demostrarse que no son ni lo uno ni lo otro, porque no puede ser nada más chusco y cutre que la visión de una contabilidad de usurero con manguitos y dedos manchados de tinta y de unos sobres que van de mano en mano. Realmente patético. Y es que se me viene a la memoria otro caso patético y cutril, la del estraperlo en la II República. En 1935 un negociante holandés llamado Strauss intentó introducir en España, donde estaba prohibido el juego, una especie de ruleta: el «straperlo» (que provenía de los nombres de sus inventores: Strauss y Perl). Para ello inició gestiones para untar a diversos políticos de todos los colores, incluyendo a personalidades del partido gobernante: el PRR (Partido Republicano Radical) liderado por el viejo republicano Alejando Lerroux.  Al fracasar, intentó hacerle chantaje y como tampoco dio resultado pasó a enviar una carta de denuncia al principal enemigo político de Lerroux:  el presidente de la República Alcalá de Zamora. Este no dudo en pasarlo a la Fiscalía y promover una Comisión de investigación en las Cortes que juzgara la posible corrupción. En octubre de 1935 se filtraron a la prensa fotocopias de documentos, telegramas, recibos, cheques y facturas que apuntaban al pago de sobornos a los líderes del PRR. Antes que esto ocurriera (ojo al dato) Lerroux había abandonado su cargo como presidente (luego también lo haría como ministro de Estado del siguiente gobierno). Tras agrios debates Lerroux resultó exonerado de culpa y solo quedo como posible «coecho impropio» un reloj de pulsera regalado al ministro de Gobernación. Todo este escándalo provocó el fin del PRR como partido, para muchos historiadores el único partido de centro-derecha realmente republicano y democrático. Su puesto sería ocupado por la CEDA de Gil Robles, una formación reaccionaria y autoritaria. Lo que ocurriría a partir de las elecciones de febrero de 1936 lo conocemos todos. En estos momentos críticos no necesitamos políticos que defiendan antes a su partido (tanto para defenderse de la acusación de corruptos como para atacar de forma irresponsable al contrario) que a España,  ya que fuera de la democracia y sus reglas no queda nada, bueno sí queda algo y lo sabemos. ¿Queremos realmente eso? Terminemos como comenzamos, con las palabras de Rajoy en aquel  debate de investidura: “la clase política representa a la soberanía nacional, hay gente que no da la talla”. Pues eso.

 
 
 

«ESPAÑOLES ANTE TODO».  BESTEIRO Y EL PSOE. De la serie «APUNTES HISTÓRICOS PARA LA INTERINIDAD POLÍTICA ESPAÑOLA» (II). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

   El texto que sigue se publicó en un digital local [1] tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015, a los comienzos de lo que llamamos aquí interinidad política. Sin embargo, creo que, tras elecciones del 10 de noviembre de 2019, sigue siendo útil en la actual situación.

 
 
 

Julián_Besteiro

Julián Besteiro
(1870-1940)

 
 
 

En el  histórico Mensaje de Navidad de 2015, S.M. el Rey  Felipe VI comenzaba refiriéndose a la Historia «porque nos ayuda a entender nuestro presente y orientar nuestro futuro y nos permite también apreciar nuestros aciertos y nuestros errores».  En el acertar o en el errar en el convulso panorama político, resultante de las históricas elecciones generales del 20D, nos jugamos mucho.  En estos momentos algo es evidente en todos los niveles políticos. (…) Esta evidencia de la que hablamos no es otra que la necesidad de pactos, de acuerdos que supongan la preeminencia de los intereses generales sobre los particulares (tanto territoriales como partidistas). Volviendo al Mensaje del Rey: «porque ahora lo que nos debe importar a todos, ante todo, es España y el interés general de los españoles».

   Esta idea es especialmente importante para un partido político que la evolución electoral  lo ha hecho situarse (puede que sin quererlo) en el centro político. Me refiero al PSOE que al ser superado por su izquierda por Podemos y todos sus satélites, tiene (por mor de la matemática electoral) una posición de centralidad. La disyuntiva a la que se enfrenta el candidato socialista a la Presidencia al Gobierno, Pedro Sánchez, es también histórica (¡otra vez!): pactar con Podemos, pactar con el PP o ir a nuevas elecciones.

   El PSOE  ha vivido situaciones parecidas o incluso peores a lo largo de su ya más que centenaria historia. Una de ellas llevó a decir las siguientes palabras inspiradas por uno de sus líderes históricos:

   «Pues bien: recalquemos en la actual emergencia trágica que para nosotros, los afiliados al PSOE vale la última de estas cuatro letras tanto como las dos que la anteceden. Y aún más: si precisara sobreponer un matiz a los otros dos, nos afirmaríamos hoy españoles antes que nada, porque vemos con claridad aterradora, a la luz del incendio en que arde nuestra patria, que tan sólo por la reafirmación  y consolidación de la hispanidad podemos aspirar a instaurar algún día un régimen socialista sobre la base de una España independiente.»

   Estas líneas proceden del editorial titulado «Ni Roma ni Moscú. Españoles antes que nada» de El Socialista del 10 de marzo de 1939, y se deben a Julián Besteiro (1870-1940). Considerado una de las máximas figuras del socialismo españo. Fue catedrático de Lógica, además de presidente del PSOE, de la UGT y de las Cortes Constituyentes de la II República. (…) Fue un político más admirado por sus adversarios que por muchos de sus compañeros de partido, comenzando por Largo Caballero, el Lenin español. El monárquico ABC  «alabó su rectitud, su ecuanimidad, su palabra cálida, su ciencia y esa inclinación romántica que he hacía defender, sin dejarse llevar por la ira…, una justicia social más humana» (15 de julio de 1931).

   Palabras estas que en la España actual pueden chocarnos tanto por el elogio del contrario como por la defensa de España por parte de los socialistas. Palabras estas que muchos socialistas podrían suscribir y otros execrar por su «exaltación patriota y patriotera», en palabras del historiador Ángel Viñas.

   Sin embargo, tenemos que decir que estas palabras escritas o inspiradas por Besteiro llegaron tarde y mal; tarde porque la guerra estaba ya perdida y mal porque supusieron la legitimación del golpe de Estado que el 5 de marzo de 1939 ejecutó el coronel Casado y los mandos militares, con el apoyo de los anarquistas y de un sector del PSOE, contra el legítimo gobierno de Negrín (también del PSOE) y que sería el último de la II República. Para muchos, Besteiro acabó siendo un traidor a la República al facilitar la victoria de Franco debido a su odio contra el comunismo, al que acusaba de haber llevado a la República a la derrota por convertirla en una marioneta de la URSS. (…) Murió en la cárcel de Carmona, a los 70 años, enfermo y tras realizar duros trabajos físicos para su edad que incluían limpiar las letrinas. En su alegato ante el consejo de guerra dijo que no huyó del país (como la mayoría de los líderes republicanos) al tener «el convencimiento de que me podría presentar ante los jueces más severos con la frente alta y la conciencia tranquila».

   Nuestra historia, nuestra «Mari Clío», como decía el gran Galdós, nos ofrece, como ya hemos dicho, aciertos y errores. Uno de estos  últimos es el partidismo, que sobrepone los intereses particulares sobre los intereses de la Nación, o lo que es lo mismo, sobre el conjunto de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones. El partidismo excluyente trata  al adversario político como al enemigo que debe ser aniquilado del cuerpo social. Por tanto,  en lo posible aprendamos de todos nuestros errores y aciertos históricos. Y hagámoslo todos, gobernados y gobernantes, y antes de tomar cualquier decisión importante para la Nación,  pensemos que no lo hagamos ni tarde ni mal.

 
 
 
[1] http://www.guadairainformacion.com/opinion/3898/ante-todo-espanoles-pablo-romero-gabella.
 
 
 

LA UNIÓN NACIONAL Y EL FRACASO ENDÉMICO DEL CENTRO. De la serie «APUNTES HISTÓRICOS PARA LA INTERINIDAD POLÍTICA ESPAÑOLA» (I). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 
LA UNIÓN NACIONAL

Caricatura de Basilio Paraíso (1949-1930) y Joaquín Costa (1846-1911)
[1900]

 
 
 

¿EL CENTRO HA MUERTO?

 

«¡Cuántas espinas de cuidados ha de rodearos, Señor, si habéis de mantener vuestros Estados en justicia, en paz y en abundancia!». Así advertía el historiador Ildefonso Antonio Bermejo al joven rey Alfonso XII en el comienzo del tomo primero de su Historia de la interinidad y guerra civil de España desde 1868 (Madrid, 1875). Esto mismo se los podríamos decir a Felipe VI y a la Princesa Leonor en estos tiempos de interinidad política que vive nuestra nación. Y en esa interinidad que podríamos llamar sanchismo  podemos  ver el fin de una etapa política, la del Régimen del 78, o simplemente un accidente, en exceso cansino, en nuestra democracia nacida de la Transición. Los hechos futuros nos lo dirán y los hechos pasados podrían servirnos si no como  guía al menos como pasatiempo ilustrado para esta épocas de memes.

   Una de las más relevantes consecuencias de las elecciones del 10 de noviembre de 2019 ha sido la laminación del centro político representado por el partido Ciudadanos que había sido liderado, hasta el día siguiente al desastre, por Albert Rivera. Como si de una maldición bíblica se tratara, Ciudadanos ha pasado a compartir la suerte histórica de UCD, CDS y UPyD. Todos ellos partidos de centro (hacia izquierda o hacia la derecha) de nuestra actual democracia. Su adversa suerte le ha llevado a unirse a los esqueletos del PRR y DLR que lo fueron en la Segunda República. Ciudadanos nació en la periferia política de Madrid, en Cataluña, como partido defensor de la unidad nacional y a la vez como partido regenerador. Una idea que no era nueva en España y que la encontramos a comienzos del siglo XX en el efímero experimento de la Unión Nacional.

 
 
 

LOS PROTAGONISTAS

 

El proyecto de partido, porque realmente nunca llegó a formalizarse como tal, nació de las consecuencias del Desastre del 98 que no sólo parió a una generación de escritores excelsamente pesimistas pero a la vez sublimes (algunos). También alumbró  (al igual que Ciudadanos al comienzo del siglo XXI) a unos políticos que decían ser regeneradores de un sistema, el de la Restauración, al que había que reformar antes que destruir. Este «partido apolítico», como lo llegó a definir el profesor José Luis Comellas, nació como Ciudadanos fuera de la  política madrileña. En concreto se alumbraron en las tierras aragonesas y castellanas a partir de tres personalidades regeneracionistas que llegaron a formar un verdadero triunvirato: el zamorano Santiago Alba (1872-1949) y los oscenses Basilio Paraíso (1849-1930) y Joaquín Costa (1846-1911). Al igual que los de Rivera nacieron de una burguesía intelectual y económica que se consideraba despreciada por el poder los partidos dinásticos liberal y conservador. Si miramos al hoy: los actuales (por ahora) PSOE y PP. Los triunviros decían representar a esa «masa neutra» de la que hablaría más tarde el regeneracionista conservador Antonio Maura y que no se veía reconocida ni en  los «amigos políticos» de Madrid ni en los caciques de sus terruños. Movilizar a esa España del trabajo, de los negocios y del intelecto fue el objetivo de estos próceres del regeneracionismo.

   Tal como Rivera, Alba era el más joven y provenía de la abogacía y del periodismo político de provincias ligado a los intereses agrarios. Paraíso, en su juventud republicano zorrillista, era el empresario exitoso que presidía la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Zaragoza y además editor de El Heraldo de Aragón. Por último, Costa era la personalidad más arrolladora y venerada. Padre del Regeneracionismo patrio representaba al intelectual  proveniente del interior de la España que es hoy llamada vaciada o vacía.  Ligado al krausismo y a la Institución Libre de Enseñanza de su amigo Giner de los Ríos, fue doctor y profesor de Derecho y desarrolló más tarde su trabajo como abogado y notario en Madrid. A él debemos el lema regeneracionista de «escuela y despensa». Sin embargo, las contradicciones no le eran ajenas ya que aunque liberal social (¿hoy podríamos decir socialdemócrata?) defendió la necesidad de un «cirujano de hierro» que extirpara el mal de España. Esta figura sería reivindicada posteriormente por dictadores de dispar fortuna como fueron Primo de Rivera y Franco.

 
 
 
Santiago_Alba (1872-1949)

Santiago Alba Bonifaz
(1872-1949)

 
 
 

LOS HECHOS

 

En 1899, aún bajo el trauma del 98, los triunviros regeneradores crearon la Liga Nacional de Productores a partir de las cámaras de comercio y de asociaciones agrarias que fueron aglutinando. A comienzos de 1900 la Liga pasaría a ser la Unión Nacional. Su objetivo político: derribar el proyecto de la reforma hacendística del gobierno conservador de Francisco Silvela. Curiosa paradoja porque Silvela era un político que se declaraba regenerador, pero desde dentro del sistema de la Restauración canovista-sagastino, y que escribió el famoso artículo «España sin pulso» dos años antes.

   La Unión Nacional planteaba liderar un movimiento ciudadano (así se llamó también el proyecto para toda España de Ciudadanos tras su éxito en Cataluña) que mediante una movilización de burgueses, intelectuales y trabajadores hiciera caer el sistema corrupto de la Restauración. Sin embargo, el Gobierno Silvela no dudó en prohibirlo y meter en cintura a los díscolos triunviros. Tal como hicieron los cartistas en la Inglaterra victoriana, la UN pretendía llevar sus reclamaciones democratizadoras al presidente del Congreso de los Diputados y al no lograrlo, publicaron un extenso manifiesto publicado por la prensa el 1 de abril de 1900. Paraíso y Alba propusieron radicalizar el movimiento a través de la resistencia pasiva  que postulaba la insumisión fiscal. «No taxs without Representation», venían a decir, tal como los revolucionarios norteamericanos de 1776 y su método sería algo parecido al que Gandhi utilizaría en su legendaria «marcha de la sal» de 1930 que hizo doblegarse al imperio británico en la India. Costa en cambio defendía una táctica gradualista y apegada a la legalidad que supondría la creación de un verdadero partido político de «centro incluyente» (Norberto Bobbio dixit) que acabara desplazando a los partidos del turno. Las divergencias ideológicas  y  personales estallaron y en septiembre de 1900 Costa se desligó del proyecto. Sin embargo, cosa harto curiosa, Paraíso y Alba acabarían aceptando las tesis de Costa al proponer que la UN se presentara a las elecciones de 1901 como partido político. De tal manera prepararon un congreso en Cádiz (guiño quizá a la cuna del liberalismo hispano) donde esto se formalizara. Alba llegaría a escribir una especie de manifiesto fundacional que publicaría El Liberal el 18 de octubre de 1900. No obstante, las luchas internas y las contradicciones de un movimiento tan heterogéneo (¿les suena?) hicieron imposible su proyecto político. Todo quedó en el papel.

   Tras lo efímero del experimento, Alba y Paraíso llegaron a ser diputados en 1901, pero de la mano del político liberal gaditano Segismundo Moret. Paraíso ya plenamente inserto en el sistema turnista llegaría a ser nombrado más tarde senador vitalicio. Alba comenzaría una dilatada carrera política como líder de la «izquierda liberal», siendo ministro en diferentes carteras en los últimos gobiernos de Alfonso XIII.  Durante la Segunda República, dentro del PRR de Lerroux, llegaría a ser presidente de las Cortes entre 1933 y 1936. Por su parte Costa agrandaría su leyenda como santón del regeneracionismo, acercándose al republicanismo, y publicando su famoso libro Oligarquía y caciquismo como forma actual de gobierno en España: urgencia y modo de cambiarlo (1901).

 
 
 

LAS PALABRAS

 

¿Qué quedó de todo ello? Quedaron las palabras.  Palabras en las que estos hombres confiaron, tal como hizo ingenuamente más tarde Manuel Azaña , y en las cuales depositaban sus esperanzas para poner «España en marcha» (lema de Ciudadanos en la elecciones del 10-N). Rescatemos dichas palabras de los dos manifiestos principales de lo que fue la U.N.

   En el «Manifiesto del 1 de abril de 1900» (utilizo la edición de ese día de El Liberal) exponían los triunviros que ellos representaban a la España viva que se levantaba cada mañana para trabajar. La España que creaba empresas y daba trabajo a pesar de un gobierno corrupto:

   «Mientras nosotros trabajamos para nosotros y para el Estado, el Estado no ha trabajado más que para sí».

   Por ello era necesario reconciliar el «Poder público y el país». Lo que es lo mismo que fundir la España real y la oficial. Era por tanto la hora de hacer una «nueva política» que frente a la «vieja política» (Ortega y Gasset dixit) acabara con las corruptelas de caciques y  políticos de Madrid que:

   «Cierran a las masas el acceso a las urnas y hacen que el voto público no sea sincero ni verdadero en ninguna parte».

   Era necesario acabar con la «vieja política» del turno que gobernaba «contra el país» y que lo sumía en un «estado de atraso, de inferioridad, incultura, desgobierno, vasallaje y opresión feudal». La «nueva política», y aquí se veía claramente la influencia de las ideas costistas, debía sustentarse en:

   «Tres bases poderosas (…): la escuela, la despensa, la justicia; hemos pedido luz, pan, libertad: la libertad que nos quitan los caciques, con el brazo complaciente de la Administración y de la Justicia; el pan que la Administración nos sustrae o que no nos ayuda a producir, la luz que nos interceptan o de que no nos proveen las escuelas.»

   Cambiemos hoy «caciques» por «nacionalistas» y veremos mejor las similitudes.

   Por todo ello, pedían o más bien exigían al Gobierno el fin de la pasividad de años, de siglos, y que promoviera las infraestructuras (destacando la política hidráulica) y la escuela pública por todo el país como elementos cohesionadores. Así pensaban que España se convertiría en «miembro vivo de la comunidad europea». ¿Les vuelve a sonar la copla?

   Y al final una advertencia, tal como hizo por aquellos años Maeztu, si no se hace esta «revolución» desde arriba, las masas la acabarían haciendo por la fuerza desde abajo. Y para ello terminaban citando al historiador y político francés Thiers (liquidador a sangre y fuego de la Comuna de París en 1871) sobre la situación de Francia de antes de la revolución de 1789.

   En la «Declaración de principios» escrita por Santiago Alba de 18 de octubre de 1900,  publicada en El Liberal, se establecían los principios por los cuales debería regirse el nuevo partido. Éste tenía el imperativo de una realidad que los vetustos partidos turnistas se negaban a ver:

   «Toda España siente ya el vacío de nuevas manifestaciones de la opinión pública».

   La U.N. representa a esas «fuerzas sanas» que deben «imponer las grandes reformas que demanda la opinión pública». Y para llevar a cabo tales reformas era necesario utilizar una acción gradualista, pedagógica, moderada y legal tal como predicaba Costa:

   «Es preciso hacer una labor prudente, modesta y perseverante (…) Se impone el procedimiento inglés: solicitar seis u ocho reformas concretas e imponerlas, y después pedir otras tantas.»

   Alba reconocía que con el actual gobierno de Silvela (que caería 5 días después ocupando su lugar el sempiterno Sagasta) era imposible llegar a un entendimiento:

   «Al actual ministerio nada le podemos pedir, ni nada queremos de él.»

   Pero si se formara otro distinto que «…no esté incapacitado y que ofrezca garantías sólidas y públicas, se le podrá prestar concurso, se le podrá dar de buena fe nuestra labor a la gestión del Gobierno, sin perder jamás su independencia la Unión Nacional».

   Léanse las anteriores líneas en clave de la actual interinidad y se comprenderán oportunidades que podrían haber sido pero que no fueron…

   Por todo ello, Alba y los suyos defendían su «política nueva, sumando la tradición y el progreso.». Esto suponía desterrar experimentos revolucionarios ya que «La crítica negativa de los revolucionarios retóricos no conduce a nada práctico».

   En conclusión, proponían un partido que hoy llamaríamos de centro y alejado de peligrosas excursiones al radicalismo:

   «Hay que ejecutar el programa de la Unión Nacional o ayudar a quienes los ejecuten, sumando a la obra de la regeneración el concurso de todos. Será esto menos gallardo y menos populachero; pero es lo único posible y patriótico.»

   Cambiemos hoy «populachero» por «populista» y «revolucionarios retóricos» por «progresistas». Preguntémonos:

   ¿Estamos bajo su férula?

 
 
 

Basilio_Paraíso (1849-1930)
Basilio Paraíso
(1849-1930)

 
 
 

ES LA MODA DE LA DESUNIÓN. María del Águila Barrios

 
 
 

MACACO_LISBOA_2019_3

Macaco
(Foto: LGV Lisboa 2019)

 
 
 

Nos desunimos, es evidentísimo. Nos desunimos de los que no comparten lo nuestro, los que comparten se desunen también, en todo lugar y hora hay una discrepancia, todo aparece en las redes y los medios como una gran parranda de verborrea acompañada de los anuncios correspondientes, como neones que brillan para deslumbrar, y todo atruena para acallar.

   Es la hora de las manifestaciones, es la moda de salir a la calle a protestar, es la hora de la desunión, es la moda de estar enfrentado. Es el cabreo perenne sin autocrítica, sin conocimiento de causa, sólo de sumarse a la causa que mejor venga para no quedarse fuera, que está muy mal visto.

   Están los independentistas y dentro de ellos una amplia gama de variedades para dar su particular espectáculo, están los patrioteros sin idea de la patria, están los antipatriotas, los desarraigados que hacen gala de ello, los afines al Padre Mas, los afines a los Mossos, los antisistema, los antipartidos, los anticristianos, los nostálgicos de Felipe y Adolfo, los nostálgicos de Padre Paco, los continuadores, los hablemos, los buenistas, los de mala leche, los oportunistas que sacan tajada propia de cada uno de los clasificados anteriormente, están, están… ¿pero dónde nos ubicamos los que no estamos? Lo tenemos muy difícil pues parece que no existimos. ¿Qué podemos hacer: callarnos, manifestarnos, ocultarnos? ¡Uff, qué difícil panorama…!

   Lo que vivimos es el resultado de años y años de democracia traicionada, de vida pública intervenida, de cultura vampirizada, de educación condicionada, de economía dependiente, en definitiva, de falta de verdadera libertad democrática, una libertad con la que respire el pueblo en las escuelas, en los oficios, en las profesiones, en los comercios, en las calles, en los teatros…, pero esto no podía ser, es demasiada libertad.

   Hace mucho que dejó de vivir la libertad porque apareció el vasallaje político, económico, cultural… Y el esperpento de esta situación lo estamos viviendo estos días. Los vasallos de la CUP piden la independencia y a los señores del gobierno catalán se les ha ido de las manos la farsa que han creado. Han desatado todos los demonios, pasados y presentes, y esto está que arde. Y encima el 12 de octubre a la vuelta de la esquina.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2017]

 
 
 
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CULTURAR. María del Águila Barrios

 
 
 

Árbol de Lisboa
(7 de diciembre de 2017)
[Foto: LGV]

 
 
 

Culturar significa cultivar, en el sentido de «Dar las labores necesarias», para que algo y alguien fructifiquen, según leemos en el DRAE. Cuando esas labores necesarias se realizan sobre la tierra y las plantas para que den frutos, cultivamos y colmamos los campos de vida, y la vida nos colma a nosotros. Cuando la tierra que se cultiva es nuestra propia alma humana ahondamos en ella, y la esclarecemos, y procuramos que sea lámpara de los otros cuando vamos allegando la ciencia, los conocimientos que nos abren el espíritu a la capacidad de enjuiciar críticamente las realidades entre las que transcurre nuestra existencia. Ese alumbrar a los otros resulta sencillamente porque llegar a uno mismo sólo tiene sentido pleno si así, cultivándonos, culturándonos, somos capaces de llegar a los demás.

   La pintura, la literatura, la música, las matemáticas, la física, la industria, la lengua, la religión…, son las moradas de la cultura en una época, en un país, cuando y donde quienes siguen unos modos de vida, unas normas, y aspiran al sencillo goce de descubrir, verifican que la cultura dota sus biografías de un rebullir de versos, sinfonías, películas, acueductos o trenes, o cancioncillas, o romances, o letras que se cantan y recitan…, y que hay mucho en común entre el sonreír de una persona, cuando hay algo que ocurre como causa de alegría, y los inventos del genio humano. Un entusiasmo viene a penetrarnos y ensartarnos a unos con otros y nos conforma en metáforas de constelaciones.

   La cultura, la que es verdadera cultura, se filtra entre las innumerables capas que la intemperie colocó sobre los seres. En el fondo del valle llega al pueblo que la convierte también en su acervo de tradiciones, que devinieron en tales porque sirvieron para estrechar las distancias que el desconocimiento marca. Culturar es cultivar la amistad. Los que se ignoran sólo perciben enemigos. Los ignorantes tratan a los demás desde sus deformantes lentes y sólo se satisfacen si ven a los más sometidos a sus delirios.

   Sí, desgraciada e infelizmente acontece que los ignorantes son hoy los que han usurpado las riendas. Las de unos caballos: ¡el Pueblo! Un pueblo se encarna en animales dóciles y fieros a un tiempo, que en su ser limitado tiende a no distinguir los matices delicados que caracterizan a los que creen en la cultura, y que a pesar de ser de él, de pertenecerle, sin embargo acaba siendo conducido al absurdo por los farsantes, ilegítimos detentadores ocasionales del poder, y no atiende a los que le aman, a los agricultores del campo del pueblo. En vez de caminar con la vista alta, agacha la cerviz y sucumbe a la estafa. La diabólica combinación de las normas que rigen la actual democracia le da cabalgadura a los gerifaltes falaces que nos estafan, que engañan al pueblo.

 
 
 

[La voz de Alcalá, 2019]

 
 
 
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BALDOMERO ROMERO RESSENDI. María del Águila Barrios

   El pasado 21 de septiembre se publicaba en ABC de Sevilla un artículo de Félix Machuca titulado «Baldomero Romero Ressendi, la vida loca». Salvo el título, no voy a transcribir nada del contenido de esa pamplina de texto que le dio por escribir al mencionado colaborador del periódico al que no le importó publicar sus maledicencias sobre el genial pintor.

   Ressendi vivió entre nosotros y fue en Alcalá donde concibió y ejecutó gran parte de su obra fundamental. El gran historiador del Arte, Enrique Valdivieso González escribe en su Historia de la pintura sevillana (1992) que «Puede considerarse a Ressendi como el último gran talento de la historia de la pintura sevillana (…)». Añade el crítico Valdivieso que «Desde sus inicios Ressendi se manifestó artísticamente dentro de los márgenes de un expresionismo de herencia barroca, al que aplicó sus extraordinarias facultades de dibujante y su desbordante imaginación. (…) Fue Ressendi admirador de Valdés Leal, Rembrandt y Goya».

   En el año 2000 se publica Ressendi, con la que su autor Juan Manuel Covelo nos ha dejado la más completa monografía dedicada, hasta el momento, a la biografía y a la vasta obra del artista (bodegones, retratos, temas religiosos, gitanos y personajes circenses…). En los últimos casi veinte años nada han hecho las instituciones, ya sean públicas o privadas, por promover y difundir el legado del creador. Salvo algunas exposiciones, con mayor o menor difusión, nada se ha hecho con el rigor y a la altura de quien verdaderamente fue Baldomero Romero Ressendi.

   Para Antonio Luis Albás (2013) «…lo que en Rembrandt sería la admisión y comprensión de su descendimiento, más evidente aún en el espejo de su autorretrato de principios de 1661, en Ressendi lo sería la explosión y escape de los suyos hacia la sombra. Sin dudarlo, el gran motivo de ambos es el tiempo. La memoria de todos sus esfuerzos; el trabajo compositivo, latente y secretamente corrosivo del tiempo.»

   Baldomero Romero Ressendi es uno más de los imprescindibles para conformar una auténtica arquitectura cultural de Alcalá de Guadaíra, pero al que incomprensiblemente se le relega al olvido en su propio pueblo. Como no se cuida su memoria y no se propaga el conocimiento de su inmensa obra, vienen mediocres escritores con renombre, como Machuca que se atreve a cotillear sobre el artista con la vulgaridad de un verdulero. Afortunadamente, hubo una carta al Director de ABC que fue publicada el día 29 de septiembre, escrita por Vicente Romero Muñoz para aclarar una de las muchas falacias que se utilizaron para componer este artículo de Félix Machuca que he querido denunciar.

 

[La voz de Alcalá, 1 al 14 de noviembre de 2019, año XXVIII nº 509]

 

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RESSENDI EN «CARMINA»:

BALDOMERO ROMERO RESSENDI (1922-1977) CON UNOS VERSOS DE RAFAEL ALBERTI (1902-1999)

PANEGÍRICO CONTRA EL DESALIENTO (A propósito de lo que prometía ser una exposición de Ressendi). Por Enrique Martín Ferrera. Octubre, 2008

«EL TENIENTE GUSTL» O LOOR A LA MUERTE Y A LA CARNE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 14). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

Cementerio de los personajes ilustres
(Kerepesi Temetö)
Budapest
2000
Foto: LGV

 
 
 

64 páginas 64. Ésta es la extensión de El teniente Gustl, pieza de aparente minimalismo de Arthur Schnitzler (1862-1931), médico y escritor vienés, ejemplo del intelectual judío finisecular del Imperio. Contemporáneo de Sigmund Freud (que lo admiraba), Mahler o Zweig, pero también del antisemitismo que se cernía sobre Austria y sobre Viena en particular gracias a personajes como Karl Lueger, alcalde de la capital imperial. Esta pequeña joya escrita en 1900  (editada primorosamente, como es usual, por Acantilado en 2006 con traducción de  Juan Villoro) es un monólogo interior (uno de los primeros de la literatura) que bulle en la mente de un joven oficial imperial durante el ocaso de un día primaveral y el orto del siguiente. Parte de una velada musical en un teatro de la capital y termina en un café, cómo no, pasando por una noche de duermevela en el parque del Práter, el mismo lugar que luego haría famoso El tercer  hombre[1]

   Tal como hemos visto en otras entradas de Noticias de un Imperio, en la literatura del final del imperio austro-húngaro ocupa un lugar muy destacado el ejército y dentro de este, los jóvenes oficiales. En las obras ya reseñadas de Lernet-Holenia [2], Marai [3] y Roth [4],  los protagonistas son jóvenes oficiales que educados en la tradición del imperio son testigos y a la vez actores de su desaparición. El ejército austro-húngaro es, junto al viejo emperador, el elemento cohesionador del imperio. Para William M. Johnston (en su imprescindible obra El genio austrohúngaro. Historia social e intelectual (1848-1918), Oviedo, 2009) los militares daban «lustre a la vida social» y proporcionaban la dosis de «patriotismo» imperial necesaria para los soldados de diferentes pueblos y nacionalidades. No obstante y así lo vemos al comienzo de esta obra, los militares austríacos se aferran a un código del honor anacrónico, son arrogantes con los civiles y rechazan la modernidad. Todas esas características las asume nuestro teniente Gustl, desprecia a los burgueses y a los judíos, así como a los socialistas (aunque los austromarxistas fueron paradójicamente defensores del Imperio). Esta forma del ver el mundo, anclada en los esquemas aristocráticos del Antiguo Régimen es el factor que hace que se produzca el hecho principal de la novela, que por supuesto no vamos a desvelar y donde jugará un papel destacado un panadero. Estas ideas, sin embargo, no son solo propias del Imperio austro-húngaro en los inicios del siglo XX, era una cultura común en toda Europa. Esto lo estudió Arno J. Mayer en su obra La persistencia del Antiguo Régimen (1981). Un mundo de valores que hoy nos resultan algo absurdos e incomprensibles y que también están recogidos en la novela de Ford Madox Ford titulada El buen soldado (1913), donde de nuevo, en un lugar central encontramos la figura del oficial. Gustl es un tipo que, como ya hemos dicho, es arrogante, pagado de sí mismo, conquistador de damas y damiselas además de refractario a judíos y socialistas. Schnitzler crea un personaje arquetípico: proviene de una buena familia de provincias y tras pasar un periodo de servicio en Galitzia es trasladado a Viena, al servicio de Dios y del Káiser. Su historia es la historia de muchos que más tarde acabarían sirviendo en las filas de la Werhmacht al  mando de otro austríaco de provincias: Adolf Hitler.

   En sus meditaciones Gustl reconoce que de todas las experiencias vitales echaba en falta una: la guerra. El relato escrito en 1900, nos revela ese ambiente de preguerra que aún no pasaba de mero deseo, de ensoñación entre romántica y salvaje que muchos europeos vivían. La guerra como solución al aburrimiento de la rutina diaria. Gustl es uno de aquellos «sonámbulos» que en palabras del historiador Christopher Clark se dejaron llevar por sus estados y monarcas a las trincheras de la Gran Guerra (Sonámbulos. Cómo fue Europa a la guerra de 1914, 2014). Esa idea de exaltación de las virtudes terapéuticas de la guerra, que tan bien nos la narró Joseph Roth en las páginas finales de La marcha de Radetzky [5], iba de la mano de esa moral aristocrática y aparentemente guerrera a la cual nos referimos antes (el ensayo de Arno J. Mayer tenía el esclarecedor subtítulo de Europa hacia la Gran Guerra).

   La guerra era una especie de gran duelo colectivo donde enjugar honores mancillados. En ella, como en el duelo (Gustl, como no podía ser de otra forma también es un duelista), la muerte es una opción y si uno no es capaz de aguantar la vergüenza, no queda otra que el suicidio. Guerra, duelo, honor, suicidio…. todo nos conduce a la muerte, otro gran tema de la novelita de Schnitzler, un autor que podríamos considerarlo parte del grupo de escritores impresionistas tal como lo incluye en su obra Johnston. Esta corriente impresionista de intelectuales fue así definida por el Arnold Hausser, famoso teórico del arte  nacido como súbdito del imperio en 1892 y muerto como ciudadano de la república socialista de Hungría en 1978. Schnitzler era uno de aquellos intelectuales que de alguna manera disfrutaron siendo notarios del «apocalipsis feliz» de un mundo. No eran creadores de algo nuevo, no ofrecían soluciones, al igual que sus contemporáneos de nuestra Generación del 98. Para ellos la vida era evanescencia, flujo de sensaciones, esteticismo y decadencia. En esta obra que reseñamos todo esto se encuentra a través de los pensamientos inmediatos, no tanto reflexiones, del teniente Gustl. Todo es ahora, no existe ni tanto el ayer ni el mañana, todo ocurre en el momento. Un mundo de impresiones donde no hay nada totalmente verdadero pero tampoco falso.  En palabras del autor «cada instante implica morir un poco y a la vez volver a nacer».

 
 
 

La muerte se lo lleva
Kerepesi Temetö
Budapest 
2000

(Foto: LGV)

 
 
 

   Volvemos a la muerte, ya que es el culmen de ese mundo de impresiones. La muerte «libera» a los vivos de sus represiones y miedos, tal como le ocurría al joven Gustl. El elemento psicológico es la gran novedad técnica de nuestro relato y  por esto lo hacía tan cercano a Freud, pero también a toda una corriente de pensamiento que podemos llamar austríaca, donde la muerte tiene un lugar especial. Para los austríacos la muerte era un motivo de creatividad y es conocida su querencia por todo lo que la rodea: funerales, cementerios, ceremonias, etc… Baste recordar el episodio sobre el cementerio de Viena que nos cuenta Claudio Magris en su odiséica obra El Danubio (1986) o esos «hermosos cadáveres» de la familia imperial en La Cripta de los Capuchinos. La muerte es el fin del hastío y por eso tiene un gran poder, tal como lo dejó por escrito Hugo Hofmannsthal, un escritor marcado especialmente por ella.  Es relativamente conocida la carta que Mozart escribió a su padre sobre este tema cuatro años antes de morir:

   «Al ser la muerte, pensándolo con detenimiento, el verdadero objetivo de nuestra existencia, en los últimos años he establecido con ella – la mejor y más fiel amiga de la humanidad- una relación tan estrecha que ahora su imagen, lejos de aterrorizarme, me tranquiliza y consuela».

   Los muertos «permanecen entre los vivos», escribió Schnitzer. Ya hemos visto esto en las obras ya comentadas de Alexander Lernet-Holenia [6], donde el mundo de los  muertos tiene tanta o más importancia que el de los vivos. Por esto, un vez muerto el Imperio siguió para muchos aún vivo y sobre todo en la literatura y el arte hasta nuestros días.

   Y por último, nuestro protagonista vive la unión del Eros y el Thanatos. El erotismo y el sexo van unidos a la muerte, integrantes todos de los paraísos artificiales que pontificó para la modernidad el poeta Charles Baudelaire. El sexo y la muerte nos alejan del mundo, como así lo vivía el joven teniente Gustl que mezclaba en sus pensamientos sus conquistas eróticas y la fantasía de su muerte. Un mundo de morbosidad que fue tan querido al modernismo literario español, comenzando por Juan Ramón Jiménez. Algo tiene esta corta novela de loor a la muerte y a sus cercanías, pero también de loor a la carne, la carne mortal, liberadora y a la vez esclavizadora.

   Loor a la Carne,
Que al arder mitiga los cruentos martirios de la Vida humana.

 
 
 

Juan Ramón Jiménez
(1881-1958)

 
 
 
[1] http://revistacarmina.es/?p=40583

[2] http://revistacarmina.es/?p=39376

[3] http://revistacarmina.es/?p=39553

[4] http://revistacarmina.es/?p=40095

[5] http://revistacarmina.es/?p=40854

[6] http://revistacarmina.es/?p=39541
 
 
 
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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

SIEMPRE NOS QUEDARÁ VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 8). Por Pablo Romero Gabella

GEORG TRAKL: LA DECADENCIA DE UN IMPERIO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 9). Por José Miguel Ridao

«FUGA SIN FIN» O EL JUDÍO ERRANTE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 10). Por Pablo Romero Gabella

EL VALS INFINITO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 11). Por Pablo Romero Gabella

«RÉQUIEM ALEMÁN» O ALGO HUELE A PODRIDO EN VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 12). Por Pablo Romero Gabella

LA SAGA DE LOS TROTTA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 13 – 1ª Parte). Por José Miguel Ridao

 
 
 

JESÚS CONDUCIDO ANTE PILATO (VI). Por José Manuel Colubi Falcó

 
 
 

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Cristo ante Pilato
Ludovico Mazzolino
(1480-1528)

 
 
 

La narración de las Actas de Pilato (parte primera), que dejamos en 15-III-2018, continúa en III, 1-2. Dice así: 

   «1. Presa de la ira, Pilato salió del pretorio y les dice: «Tengo por testigo al sol de que no hallo culpa ninguna en este hombre». Respondieron los judíos y dijeron al gobernador: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado» Y Pilato dijo: «Tomadlo vosotros y juzgadlo según la ley vuestra». Los judíos respondieron a Pilato: «A nosotros no nos es lícito matar a nadie» Y Pilato dijo: «A vosotros Dios os dijo que no matarais, pero ¿y a mí?»

   »2. Y Pilato entró nuevamente en el pretorio y llamó a Jesús aparte y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió a Pilato: «¿Tú dices eso por ti mismo o te lo dijeron otros acerca de mí?» Pilato respondió a Jesús: «¿No soy yo también judío? Tu pueblo y los archisacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho?» Respondió Jesús: «Mi reino no es de este mundo. Porque si fuera de este mundo mi reino, mis servidores habrían combatido para que no fuera yo entregado a los judíos. Mas mi reino no es de aquí». Y Pilato dijo: «¿Entonces, tú eres rey?» Respondióle Jesús: «Tú estás diciendo que soy rey; pues he nacido y venido para esto: para que todo el que es de la verdad escuche mi voz» Pilato le dice: «¿Qué es la verdad?» Y Jesús le dice: «La verdad viene del cielo» Y Pilato dice: «Sobre la tierra no hay verdad?» Jesús dice a Pilato: «Estás viendo cómo los que dicen la verdad son juzgados por quienes tienen el poder sobre la tierra».
 

 

[La voz de Alcalá, 12 al 30 de abril de 2019, año XXVII nº 497]

 
 
 

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