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FANTASMAS. María del Águila Barrios

 
 
 

Cartel  para un acto de Poemar
Guillermo Bermudo
[2015]

 
 
 

Se ha ido llenando Alcalá de fantasmas, pero no es cosa reciente que ahora vivamos con ellos entre nosotros, por encima y por debajo de todos nosotros. No. La historia de nuestro pueblo podría ser contada con un interminable lamento cuajado de demoliciones, una tragedia de demoliciones, un mundo continuo lleno de derribos, y adefesios erigidos sobre sus solares.

   Hubo edificios, plazas, paisajes, aromas, corrales, aire, árboles…, que fueron tangibles, existían, hacían amena la vida de los alcalareños y que, en este presente,  ya sólo son fantasmas.

   Se malogró esa espina dorsal de plazas desde el Peregil  a la Almazara (pasando por la placita del Cabildo, la plaza de Cervantes, la Plazuela y el Barrero). Desaparecieron las tapias, los almacenes de aceitunas, sus  portadas, las panaderías (no ha quedado ni una sola), el tren, las pequeñas estaciones (Gandul y San Francisco). Y las avenidas, todas (¡ay, las avenidas alcalareñas!, ¡con todo lo que de ellas pretendían sus pretendientes!), también malogradas, inutilizadas, feísimas, falsas (por no haber tenido en cuenta las capas de convivencia, vecindad, uso; que las trazaron con esa naturalidad de los pueblos, que los tecnocratoides consistoriales se vienen encargando de deshacer, desechar, destruir, demoler, derribar…). Las pocas construcciones históricas que aún quedan en pie -o que lo parecen-, por abandono están apuntaladas, o fueron arrumbadas, también expoliadas, y, finalmente, arruinadas (casa de Ibarra, casa de Moya, villa Rosario, Hospitalillo de Los Pobres,…).

   Fuera, en el campo,  las canteras salvajes se autorizan, o da lo mismo, porque el error luego nadie lo paga, ni la línea delicada de las Majadillas volveremos a contemplar jamás.

   ¿Han notado una densidad mayor en el aire, a veces, que súbitamente se hace visual, que parece empujar el resultado de tanto estropicio con una fuerza venida de un pasado, nada remoto aunque lo parezca, y que en un momento borra la desmesura de tanta megalomanía pacata y carísima? Son los fantasmas que vienen a ocupar sus antiguos sitios, donde fue desalojada su materia.

   Cuando coloquen las farolas de diseño en El Duque (Rf. ABC, de hace unos días en la sección de publirreportajes), y los quioscos psiquedélicos, y lo enlosen todo con ese pavimento gris plomo, y coloquen en los determinados rincones, de acuerdo a una estrategia secreta, las cámaras con las que nos espiarán; sólo me consuela que, con tanta vigilancia videográfica, se hagan visibles los fantasmas: la cerámica de Campitos (arrebatada de los bancos de la plaza por orden de intendentes), la casa de Paulita, el Corral de la Pacheca…

   ¿Será la soberbia de estos políticos municipales? ¿Será la ignorancia, la incapacidad, la arrogancia, etc.,  de éstos, los de ahora y los de antes…, y los por venir? ¿Será posible que este sucesivo puñado de tipos disfruten con la disolución de la cultura de miles de alcalareños muertos y vivos? ¡Y que encima se crean que nos están dejando un legado histórico -mucho antes de serlo-! ¿Será el sistema, o lo que sea? ¿O será todo junto, y más? ¡Qué desazón!

 

[La voz de Alcalá, 15 al 30 de abril de 2010, año XVIII nº 290]

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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.
 
 
 

«84, CHARING CROSS ROAD» O LAS AMISTADES BENEFICIOSAS. De la serie «LIBER BREVIS, VITA LONGA» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

 
 

Cadenas de la catedral de Sevilla LGV 2014

Catedral de Sevilla
[Foto: Manuel Verpi (2014)]

 
 

Hay una categoría de libros o, más bien una fraternidad, que es la de los libros breves. Pero su brevedad,  o más bien debido a ella, hace que todos ellos contengan la semilla de una vida larga en sus lectores. Michel de Montaigne en sus Ensayos (1595) dejó escrito que:

   «En los libros busco solamente deleitarme con una honesta ocupación; o si estudio, no busco otra cosa que la ciencia que trata del conocimiento de mí mismo y que me enseña a morir bien y a vivir bien.»

   En esta cofradía de libros breves creo encontrar eso que nos dice Montaigne:  conocimiento de uno mismo y cómo sobrellevar mejor la vida y su reverso. Y eso mismo me lleva al primero de los que voy a referirme: 84, Charing Cross Road, escrito por Helene Hanff en 1970 y que en España ha publicado Anagrama (la edición que he leído es la Decimosexta, 2013).

   Helene Hanff  (1916-1997) fue una escritora estadounidense que no alcanzó  la fama nobiliaria, ni tuvo una gran producción literaria, dedicándose sobre todo a guiones de televisión y a libros didácticos para niños. No obstante, con una sola obra de apenas 120 páginas consiguió lo que otros soñarían: ser una escritora de culto.

   Todo se debió a un pequeño libro epistolar que nos cuenta la relación entre una escritora americana pobre y amante de los libros y los empleados (y sobre todo uno de ellos) de una librería londinense de segunda mano. Una relación que transcurrió durante 20 años, entre 1949 y 1969. Lo que comenzó como un trato de tipo comercial pasó a ser algo personal. Los pedidos de libros, que no  podía encontrar en EEUU, dieron paso al envío de regalos, comida y sobre todo, de amistad. Un tipo de amistad de la que decía Montaigne que «el alma se purifica con el uso». Los libros como cordón umbilical entre personas que los aman y que hacen de ellos casi la razón de su existencia. Libros ya leídos que unen a personas que nunca llegaron a conocerse pero sí a reconocerse al ver sus anotaciones, subrayados o cuáles han sido las páginas preferidas por su anterior dueño y que han dejado las marcas, como los anillos de los árboles, en su lomo. Libros, artefactos que enseñan a morir bien y a vivir bien y que en esta obra lo veamos reflejado como algo cotidiano y que hoy nos parece tan exótico, como leer la prensa en papel a los millenials newyorkinos. Libros, libros…, como dice el poeta Luis Alberto de Cuenca:

 
 

   Qué sería de mí sin vosotros,
tiranos y a la vez, embajadores
de la imaginación,
verdugos del deseo
y, al mismo tiempo, mensajeros suyos,
libros llenos de cosas deplorables
y de cosas sublimes,
a los que odiar
o por los que morir.
[1]

 
 

   Unido a todo lo anterior , Helene Hanff  nos ofrece de primera mano, a través de sus cartas, el escenario histórico de la postguerra mundial con un imperio en alza, orgulloso de su poderío económico y militar y con otro en decadencia, pobre y que hasta los años 50 mantenía el racionamiento de los bienes de consumo. Y eso a pesar de ser una de las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial. Esto hace a la  norteamericana lamentarse de la situación de Gran Bretaña; y es que  allí tampoco llegó Mr. Marshall.  Pero aún así, Gran Bretaña mantenía intacto su prestigio literario entre los norteamericanos, tal como le ocurrió al gran poeta T.S. Eliot que acabaría sus días como británico y anglicano. A medida que avanzamos páginas vamos viendo como, por diferentes razones, la escritora no puede llevar a cabo su tan querido viaje  a la Isla, recordándonos al personaje de George Bailey de Qué bello es vivir (1946) de Frank Capra, aunque no del todo…

   Lo cierto es que cuando comencé a leer el libro no me imaginaba que acabaría cayendo en aquello tan manido de que la vida imita al arte, pero tengo que reconocerlo, lo es, y tan poderoso, que tengo que rendirme a las evidencias que Helene Hanff  nos deja y cómo su propio final está escrito en el de uno de los ¿personajes? que aparecen en su libro.

   En el post scriptum del libro, escrito por Thomas Simonnet,  se reproduce la reseña que un periodista hizo del libro cuando se estrenó su adaptación cinematográfica:

   «84, Charing Cross Road es uno de esos libros de culto que los amigos se prestan unos a otros y que transforman a sus lectores en otros tantos miembros de una misma sociedad secreta.»

   Y tanto es así que escribo esto gracias a que un amigo benéfico una mañana me dijo «tienes que leerte este libro».

 
 

   [1] El poeta y gran erudito Luis Alberto de Cuenca fue nombrado por el presidente José María Aznar Director de la Biblioteca Nacional. Y fue a éste quien dedicó este poema «Libros» (en Los mundos y los días. Poesía 1970-2002, Madrid, 2007, pág. 321)

 
 

LA LIBRERÍA ‘TÉRMINO’ DE ALCALÁ DE GUADAÍRA (UNA HISTORIA DE DOS LIBREROS): ANTONIO GARCÍA CALDERÓN Y MARIANO CRUZ GARCÍA. De la serie «Historias de vidas» por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2017

 
 
 
Mariano y Antonio. LIBRERÍA TÉRMINO 2017

Los libreros de ‘Término’ Mariano Cruz y Antonio García
[Foto: ODP 2017]

 
 
 

Fue en otoño de 2015 en un taller de literatura que Mariano daba en la Biblioteca Pública. Antonio llegó tarde al edificio del antiguo matadero municipal y vio el cartelito, que lo anunciaba, colgado en la puerta de la biblioteca con el título de Vísperas y el nombre del escritor. Por esta denominación supo que lo había leído en internet en una revista literaria así llamada, y que el tal Mariano de la revista era el mismo que el del taller. A éste le costó admitirlo porque ya había pasado el plazo de inscripción. No se conocían personalmente, aunque pronto comprobaron que tenían muchos amigos comunes pero jamás antes habían coincidido en ningún lugar.

   Aquel taller constituyó propiamente un curso por su duración, realmente fueron dos talleres, alargándose el programa hasta mayo del año siguiente. En una primera fase se trataba todo el proceso de elaboración de una obra literaria, desde los aspectos puramente creativos a los editoriales, pretendiendo abarcar el mundo del libro desde el preciso momento en que un escritor concibe una idea hasta que esa idea va paulatinamente evolucionando para convertirse en un libro, físicamente considerado. Se abordaban también los ámbitos de la crítica y de la vida editorial. Luego, en una segunda parte, las enseñanzas se centraron en las técnicas narrativas en general, aunque especialmente enfocadas hacia el relato breve.

   Vísperas es una revista de reseñas bibliográficas, y crítica literaria en general, fundada por Mariano en 2013 cuando vivía en Inglaterra. La dirigió hasta no hace mucho, coordinó a los autores que en ella publicaban y procuró que los textos que se editaban ofrecieran a sus lectores noticia de la creación literaria en general. Desde que se apartó de la revista ésta se ha venido dedicando más a la literatura española, habiendo dejado de ocuparse de la extranjera.

   Antonio es arquitecto. Ha sido siempre un curioso de las letras y por éstas se ha entusiasmado y, al mismo tiempo por ese interés, le han gustado los libros: poseerlos, leerlos, ordenarlos, buscarlos… en las bibliotecas familiares, en las de los amigos, en las públicas y, claro está, en las librerías. Ha sido un visitante asiduo de librerías, un tipo cada vez más exótico por serle cada vez más difícil encontrar una librería de verdad. El taller literario le estaba animando a explorar la posibilidad de encontrar la oportunidad de hacer realidad ese deseo de ser librero. Estuvo atento a un cierto movimiento, que venía ocurriendo en Sevilla, tratando de recuperar una forma de librería que, además de vender libros, desempeñase otras funciones atinentes a la acción cultural y, por tanto, social. La librería como espacio público donde los aficionados a los libros además de comprarlos pudieran establecer lazos entre ellos, con el propio librero y con los protagonistas de los sucesivos actos que se celebraran. Esto no era nuevo. Las vanguardias literarias no sólo se hicieron visibles en los cafés legendarios de Madrid, Lisboa, París o Bruselas del pasado siglo. También en legendarias librerías de ésas y otras ciudades. Joyce presentó su Ulises en la Shakespeare & Company de París. En Lisboa los poetas de Orfeo pasaban sus iluminados días entre el café A Brasileira y la librería Bertrand. Pero lo que sí aparecía como nuevo era precisamente esa actualización de la librería como centro cultural y social, regentar una librería de esta guisa aquí en nuestra tierra y hoy en día. Y así, por ejemplo, lo estaba haciendo la librería sevillana La Extravagante (hoy Caótica).

 
 
 
Mafra (biblioteca) Lorenzo del Término 2017

Biblioteca del Convento de Mafra
[Foto: Lorenzo del Término (Portugal, 2017)]
 
 
 

   Antonio colocó en las redes sociales una noticia de futura apertura de una librería en Alcalá para comprobar qué reacción tenía la gente. Una librería con esa forma de organismo vivo y creativo alimentado por una humana voluntad sólida, dirigida a suscitar una suerte de corporeidad de las palabras, un espacio abierto a la participación del público, generoso con éste y con sus necesidades espirituales, intelectuales o artísticas en aras de procurar dar una satisfacción a éstas. No habían pasado ni dos días y recibió un mensaje de Mariano quejándose porque no encontraba la librería y pidiendo la dirección exacta. No era torpeza de Mariano, que no sabía aún que Antonio estaba detrás de la noticia, porque éste había incluido un plano de ubicación de la librería… inexistente, en pleno centro de La Plazuela, ¡cómo la iba a encontrar Mariano, ni nadie! Cuando había leído que una librería de tales características existía en Alcalá lo primero que hizo fue irse para La Plazuela a buscarla. Antonio le contestó que la librería no la iba a encontrar, pero sí que era un proyecto. El taller sirvió ahora, también, para que los dos continuaran madurando las ideas. Mariano se entusiasmó con el proyecto de una librería así. Le puso de manifiesto a Antonio que estaría dispuesto a embarcarse en esa singladura. Hablaban y hablaban, y consultaban, iban de aquí para allá estableciendo contactos con libreros, con editoriales…, iban percibiendo que el proyecto cuajaba, que se sentían cada vez más capaces de dar el paso adelante.

   Hay varias librerías como referentes, que en los últimos cinco años han revolucionado el concepto de librería clásico. Son librerías que se han convertido en centro de animación cultural del sitio donde están e irradian su dinámica literaria y de proyectos. La ya citada Caótica en la calle José Gestoso en Sevilla. En Madrid, la librería-vinoteca Tipos Infames les sirvió de modelo, visitaron La República de las Letras en Córdoba, y sobre todo se detienen en detalles cuando mencionan La Puerta de Tannhauser ubicada en Plasencia. Han viajado para conocer estas librerías, inspirarse, y así concebir Término.

   Después de que el taller Vísperas finalizara en mayo de 2016, Mariano se fue a trabajar en una novela a la oficina de trabajos compartidos que coordinaba Antonio en la calle Pescadería. Allí pasó todo ese verano lo que supuso que no hubiera solución de continuidad al proceso de conformación del proyecto de su propia librería.

   Todo se precipitó desde ese verano y el día quince de septiembre se pre-inauguró Término, aún con los estantes vacíos. Fue invitada Marina Perezagua que vino a presentar su libro Don quijote en Manhattan, luego fue la inauguración oficial y a partir de aquí, con un «terreno virgen» como ellos mismos han calificado este lugar libresco de Término, se han ido sucediendo presentaciones de libros, conferencias, veladas musicales, charlas, encuentros literarios, todos los jueves y algunos viernes más algunas catas de vinos. Han generado «una corriente de simpatía» como les dijo José Antonio Francés, en la cultura alcalareña, también llega mucha gente que les dice: −«¡me han alegrado la vida!». Más allá de todo este repertorio se han convertido, también, en una librería de barrio porque llegan a hacerles encargos. El primero fue una Biblia.

   Tienen un fondo literario que los caracteriza, basado en editoriales relevantes e innovadoras en sus ediciones. Pero, principalmente, tienen en cuenta lo que a ellos les gusta. Aun así, este fondo se ha ido ampliando por la demanda de los clientes y ha aumentado la colección de libros de Historia, por ejemplo. Desde este verano, se ha ido incorporando el fondo de libros de segunda mano.

   La agenda de programación ya está cubierta hasta la primavera del año próximo. Y ya no son ellos los que proponen actos culturales sino que llegan propuestas desde muy variopintas perspectivas de la cultura. A todas le dan acogida y siempre con una gran calidad en las presentaciones y los invitados.

   Esperamos que el Dios Término siga alumbrando las lindes de este centro cultural, inimaginable pero necesario, para arar la tierra literaria alcalareña que durante muchos años ha estado en barbecho.

 
 
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Librería Al Andalus 2017 1

Librería Al Andalus de Sevilla en abril de 2014
 
 
 

A modo de estrambote fotográfico, por gentileza de Lorenzo del Término (autor de estas instantáneas) nos permitimos aprovechar este espacio para hacer un homenaje a la librería sevillana Al Andalus, auténtico paradigma de muchas de las cuestiones tratadas en esta semblanza de nuestros dos libreros, que en la Sevilla de hace medio siglo llegaron a hacer realidad lo que aún hoy está vivo. LAUS LIBRIS
 
 
 
Firmas en Al Andalus 1

Firmas en vigas y muros de la librería Al Andalus de Sevilla (1)
 
 
 
Firmas en Al Andalus 2

Firmas en vigas y muros de la librería Al Andalus de Sevilla (2)
 
 
 
Firmas en Al Andalus 3

Firmas en vigas y muros de la librería Al Andalus de Sevilla (3)
 
 
 
Librería Al Andalus 2017 2
 
 
 

EL VALS INFINITO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 11). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

Gustav Klimt (el beso)

El beso
Gustav Klimt
1862-1918

 
 
 

Para mi el vals combina vida y muerte, sonrisas y lágrimas. Tiene la nostalgia y la melancolía característica del final de un imperio. Estas  palabras pertenecen a Riccardo Muti, director del Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena de 2018 (recogidas en El País, 30 diciembre de 2017). Un Concierto que celebraba el centenario del fin del Imperio austro-húngaro, que a la vez fue el del artista símbolo de aquella Viena: Gustav Klimt. Y dentro de ese imaginario que estamos explorando en Noticias de un imperio no podía faltar la referencia al vals, quintaesencia musical de un mundo que se derrumbaba pero que no dejaba ni por un minuto de bailar.

   «Vals» proviene de la palabra alemana «walzen» que significa «dar vueltas»  tiene su origen en las danzas populares de los pueblos del sur de Alemania y el Tirol («deutscher Tanz» y «laender») que tomaron plaza en Viena desde la segunda mitad del siglo XVIII y  ejercieron su soberanía absolutista durante todo el siglo XIX [1]. Algo tuvo que ver en esta transformación de baile social a baile de salón el también vienés Franz Schubert. Dando vueltas y vueltas, el vals ha quedado para simulacros (a veces patéticos):  desde ser el comienzo del baile nupcial hasta ser carne de cañón de certámenes, que cuando mutan en programas televisivos con  bailarines famosos son, además de patéticos, risibles. Por tanto, poco queda de esa vida y muerte o de esa nostalgia y melancolía a las que Muti se refería.

   Sin embargo para nuestros propósitos el vals es un elemento central en la sociabilidad de aquel mundo de ayer que fue el Imperio. El musicólogo francés Roland de Candé (1923-2013) dice algo al respecto:

   Las danzas y las canciones no se crean para durar. Cada generación suscita otras nuevas. Sin embargo los dos Johann Strauss, padre e hijo, dieron al vals vienés tal encanto y tal calidad que nunca han pasado de modaPero, a pesar de todo, el vals resulta hoy un poco anacrónico. Es inseparable de las criolinas, de las cinturas de avispa, de la luz de las bujías; tiene un perfume de sensualidad hipócrita y de galantería caduca; nos hace soñar en una vida anterior (Invitación a la música. Pequeño manual de iniciación, Madrid, 1997, págs. 224-225, 1ª edición en francés de 1980).

   El vals es parte fundamental del esteticismo vienés que algunos denominaron «edelkitsch» o cursilería aristocratizante, algo que también achacan muchos, comenzando por Claudio Magris, a la literatura del fin del Imperio. Pero como bien explicó Stefan Zweig en su obra capital El mundo de ayer (y que traeremos como uno de los platos principales a este festín de decadencias) Viena estaba marcada por el fanatismo por el arte, que no era exclusivo de los aristócratas. De tal forma interpretar música, bailar, actuar en el escenario, conversar, exhibir modales elegantes y obsequiosos en el comportamiento, todo eso se cultivaba como un arte especial En Viena  y por extensión en toda Austria el vals y la opereta, por su origen popular ya citado, hacían de este Imperio, devenido luego a pequeña república, en una democracia con estilo, en palabras del escritor vienés Hermann Broch (1886-1951). Estos géneros musicales hacían de la frivolidad un arma política, tal como dejó escrito el historiador William Johnson en su vademécum austrohúngaro  titulado The Austrian mind (1972). Aunque pueda parecer superficial esta última afirmación, no se puede negar el papel aculturador del vals vienés, como agente cohesionador del Imperio multiétnico y que se imponía sobre otras variantes nacionales de vals. Para ilustrarlo podemos volver a una obra ya reseñada por nosotros: Los días contados del húngaro Miklos Banffy. En ella uno de sus personajes nos dice: ¡Al buen húngaro le gusta el juego húngaro, no el vals austríaco!.

   Pero también tiene su lado oscuro el vals , ese narcótico placentero que tomado en exceso podía llevar a la muerte. Algo de ello lo reflejaría nuestro poeta Federico García Lorca en su poema «Pequeño vals vienés» (Poeta  en Nueva York, 1929). Unos versos cargados de melancolía, amor, desamor, deseo y muerte.

   En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

   Mortal y rosa es el vals, como ya vimos en aquel baile espectral de El Barón Bagge de Alexander Lernet-Holenia. Lo mórbido, algo muy querido por la cultura austríaca, va unido a lo erótico o lo sensual de esos cuerpos que enlazados giran y giran. Volviendo a la novela de Banffy, éste nos ofrece un catálogo completo de escenas de baile donde, como en la película de Sidney Pollack Danzad, danzad, malditos (1969,) los personajes no dejan de bailar un vals infinito que los acerca, consciente o inconscientemente, al inexorable final.  En sus páginas nos deja múltiples ejemplos de esa voluptuosidad mistérica del vals. Tomemos esta descripción del baile de una de las protagonistas:

   Se deslizaba inclinada hacia delante, volaba por el hielo en espiral, movida por un vértigo voluptuoso que lanzaba de una mano masculina a otra, riendo, con el cabello suelto. No, no era el baile de la diosa virgen. Se dejaba llevar por una ferocidad inconsciente, por una locura que anhelaba amor, parecía más bien una ménade que bailara la danza de la pasión y embriagara su cuerpo en un frenética bacanal. Sus labios bebían el filtro milagroso de la velocidad, sus miembros jóvenes y fuertes rebosaban alegría. Era un espectáculo encantador que, debido a la poca luz, tenía un aire misterioso.

   Este fragmento nos transporta a  la famosa danza de los velos de la ópera Salomé de Richard Strauss, de otra estirpe de Strauss, que tanto éxito tuvo en Austria, como su también célebre El caballero de la rosa donde los valses se multiplicaban para glosar una visión nostálgica y «edelkisch» del Imperio. Siguiendo la máxima marxiana, el opio del pueblo no era la religión para los súbditos del Emperador, sino el arte en general y la música en particular y dentro de ella, en un lugar preeminente, el vals. Los sones de los Strauss, al contrario de lo nos pudiera parecer, eran un elemento democratizador y a la vez aristocrático que marcaba la vida de ese Imperio de burgueses que jugaban a ser aristócratas y viceversa. Claudio Magris, en su enmienda a la totalidad del mito habsbúrgico que escribió en 1963, dijo que todo esto suponía una evasión al pasado que no era más que producto de la insatisfacción por el presente. No obstante, años después en su maravilloso libro El Danubio (1986) nos explica que en la sede que IBM tiene en Viena hay una placa donde dice que fue allí donde se interpretó por primera vez El Danubio azul de Johan Strauss; la misma música que Kubrick utilizó en su película 2001, una odisea en el espacio (1968) y donde un ordenador, HAL (acrónimo juguetón, ya que no pudo utilizar el de IBM) se rebelaba contra sus creadores. Y esto le sirve para reflexionar con la levedad del ser:

   En el eterno retorno del vals hay algo eterno, no sólo el eco el pasado-de la era de Francisco José, que acabó, según una vieja ocurrencia, con la muerte de Strauss- sino la continua proyección de aquel pasado en el futuro, como las imágenes de acontecimientos remotos que viajan por el espacio y que son ya, para alguien que las recibirá quién sabe dónde y quién sabe cuándo, el futuro.

   El vals se inserta en nuestro mundo a través de una cultura popular y masiva que tiene muchos actores: Kubrick y sus naves danzando en el espacio exterior o Leonard Cohen con su versión de los ya citados versos de Lorca en Take this vals y sobre todo en el Concierto de Año Nuevo. Terminemos donde empezamos, con Riccardo Muti cuando concluye diciendo que el vals entra naturalmente en tantos hogares, pues encaja perfectamente en la atmósfera de la mañana del 1 de enero; hay esperanza hacia lo que viene, pero también nostalgia por lo que fue.

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[1]  Estos datos no son de procedencia wikipedíca sino del Diccionario de la Música de Alberto González Lapuente (Madrid, 2011).
 
 
 

concierto-de-ano-nuevo-de-vienaConcierto de Año Nuevo en Viena

 
 
 
EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

SIEMPRE NOS QUEDARÁ VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 8). Por Pablo Romero Gabella

GEORG TRAKL: LA DECADENCIA DE UN IMPERIO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 9). Por José Miguel Ridao

«FUGA SIN FIN» O EL JUDÍO ERRANTE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 10). Por Pablo Romero Gabella

 
 
 

DEL MIÑO AL GUADAÍRA. LOS INMIGRANTES GALLEGOS Y PORTUGUESES DE ALCALÁ DE GUADAÍRA EN EL SIGLO XVIII. Javier Jiménez Rodríguez (IES Ángel Ganivet de Granada)

 
 

igrexa-santa-maria-tomino

Iglesia de Santa María en Tomiño
Mancomunidade do Baixo Miño
(Pontevedra)

 
 

La España actual es el resultado de los distintos movimientos migratorios que se han sucedido a lo largo de la Historia. Las migraciones de los mozárabes del sur a los reinos cristianos del norte durante los primeros siglos de la Reconquista, las repoblaciones cristianas de las tierras reconquistadas durante los siglos XII y XIII o el éxodo rural y la emigración a las provincias más industrializadas durante el siglo XX son fenómenos fundamentales para comprender la evolución histórica de nuestro país. Los desplazamientos de población constituyen una realidad recurrente y sus consecuencias han sido tan profundas que afirmar que España es una nación de naciones es un disparate carente de base histórica y solo puede responder a tácticas oportunistas cortoplacistas de políticos mediocres. Este artículo tiene como objetivo aproximarnos al estudio de la emigración gallega y portuguesa a Alcalá de Guadaíra durante el siglo XVIII. La mayor parte de los datos ofrecidos provienen de tres series documentales: los testamentos y poderes para testar, los expedientes de matrimonios apostólicos conservados en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla y los contratos de compraventa y alquiler celebrados en las cuatro escribanías de Alcalá durante el siglo XVIII.

   Para completar la información ofrecida por estas fuentes hemos recurrido también al catastro de Ensenada, a los repartimientos fiscales de la época y a expedientes notariales de diversa naturaleza.

   Desde el siglo XVII hasta el tercer cuarto del siglo XX, en torno a tres millones de gallegos emigraron a otras tierras con la esperanza de mejorar su situación. Este fenómeno fue el resultado de numerosas causas demográficas, económicas, sociales e, incluso, sicológicas.

   Durante la Edad Moderna y buena parte de la Edad Contemporánea, algunas comarcas de Galicia soportaron las densidades de población más elevadas de España. Sin embargo, la principal causa de los movimientos migratorios fue siempre la existencia de una estructura económica arcaica, basada en la agricultura minifundista de subsistencia. La primera etapa de la emigración gallega comenzó en el siglo XVII y se prolongó hasta mediados del XIX. Los principales destinos eran Castilla, Andalucía y Portugal. En una segunda etapa, que se extendió de 1860 a 1936, los emigrantes gallegos se establecieron sobre todo en Cuba, Argentina, Uruguay, México y Brasil. En la última etapa, que coincidió con el tercer cuarto del siglo XX, se reanudó la emigración hacia Argentina y surgieron nuevos destinos como Venezuela, Centroeuropa (Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda, Bélgica y Suiza) y las regiones españolas más industrializadas (Cataluña, País Vasco y Madrid). Solo esta última fase afectó a un millón de personas. Las migraciones gallegas a gran escala finalizaron definitivamente a mediados de la década de 1970.

 
 

Iglesia de Santiago el Mayor
Alcalá de Guadaira
(Sevilla)
[Foto: M. Verpi 2014]

 
 

   La gran emigración gallega y portuguesa a Alcalá y, en general, al reino de Sevilla se enmarca en la primera de las tres etapas citadas, en concreto durante las dos últimas décadas del siglo XVII y la mayor parte del XVIII, época en la que la Baja Andalucía seguía siendo una de las zonas más dinámicas de la Península Ibérica. Durante esos años, el predominio del minifundio, la elevada presión tributaria, la baja productividad y la falta de alternativas laborales fuera del sector primario empujaron a los más emprendedores a buscar nuevas oportunidades fuera de su tierra natal.

   La llegada de miles de gallegos y portugueses al reino de Sevilla compensó la disminución de la población causada por las tres grandes epidemias de peste que asolaron el valle del Guadalquivir durante el siglo XVII y contribuyó al crecimiento económico y demográfico de la primera mitad del XVIII. Según los repartimientos fiscales que se custodian en el Archivo Municipal, la población de Alcalá debió de crecer en torno a un 8,3% entre 1715 y 1755, pasando de 808 a 875 vecinos. Este incremento demográfico no solo fue posible gracias a un crecimiento vegetativo positivo, sino sobre todo a un saldo migratorio igualmente positivo (véase el cuadro II)

   Entre 1644 y 1681, el noroeste peninsular vivió una época de relativa prosperidad gracias a la introducción del maíz. Sin embargo, desde entonces y hasta principios del siglo XIX, la economía de Galicia sufriría un estancamiento económico que no impidió que su población siguiera creciendo. De 1691 a 1780 la región vivió su momento de mayor desequilibrio entre los efectivos demográficos y los recursos. Esta situación provocó un aumento de las migraciones que alcanzaron sus cotas más elevadas entre 1751 y 1780, cuando algo más del 40% de los hombres nacidos en el sur de la actual provincia de Pontevedra falleció fuera del reino de Galicia (1).

   El historiador José Manuel Pérez García, tras consultar los archivos de diez parroquias del obispado de Tuy que suponían el 40% de la población de la comarca del Bajo Miño, ha llegado a la conclusión de que entre 1691 y 1780, el 10% de los nacidos en el sur de la actual provincia de Pontevedra que murieron lejos de su tierra fueron enterrados en el reino de Sevilla (2). A partir de estos datos, podemos extrapolar que uno de cada veinticinco hombres nacidos en el obispado de Tuy en esos años se establecería definitivamente en las actuales provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla.

 
 

Tuy (antigua foto)

Antigua fotografía del Paseo de la Corredera
Tuy
(Pontevedra)
[Fuente: Album de prensa de alberto estévez piña]

 
 

   José Manuel Pérez García ha demostrado también cómo, durante el siglo XVIII, los movimientos migratorios del Bajo Miño siguieron tres modelos principales. La mayoría de los emigrantes (en torno al 57%) se desplazaban estacionalmente a Castilla y León donde permanecían durante períodos de seis a siete meses, aunque a veces sus estancias podían prolongarse de uno a tres años. Se trataba de una migración pendular practicada sobre todo por hombres casados o viudos (un 60% del total) que abandonaban temporalmente su hogar cada vez que las cosas venían mal dadas y regresaban a casa cuando habían ganado el dinero necesario para equilibrar las cuentas familiares. En cambio, los gallegos que se decidían a probar fortuna en Andalucía (aproximadamente un 23%) solían permanecer como mínimo dos años y en muchos casos nunca regresaban. Dos de cada tres inmigrantes llegados al sur eran hombres solteros jóvenes que trataban de ahorrar el dinero suficiente para formar una familia o buscaban nuevas posibilidades vitales. Por su parte, la emigración a Portugal, que afectó aproximadamente al 8%, combinaba las estancias cortas cuando el destino era el norte del país con las estancias plurianuales cuando se establecían en Lisboa. En general, las fuentes parroquiales gallegas y portuguesas atestiguan que la mayoría de los emigrantes del Antiguo Régimen abandonaron su aldea por primera vez a edades muy tempranas, en muchos casos, con once ó doce años, y que no pocos seguían pasando estancias fuera de casa tras cumplir los 50 años.

 
 

seriepastelesLuisCaro2014 7

La Retama de Alcalá de Guadaíra
(Pastel)
Luis Caro
2014

 
 

   Aunque los movimientos migratorios suelen estar motivados por causas demográficas, económicas, sociales y sicológicas, no se pueden comprender sin tener en cuenta las cadenas migratorias o relaciones humanas que los propician y suavizan los sacrificios personales que conlleva siempre la emigración. Para el emigrante conocer a alguien en el lugar de destino supone reducir gastos y riesgos. Los familiares y amigos que han emigrado con anterioridad pueden proporcionar alojamiento temporal, suministrar información útil, ofrecer empleo o contactos para encontrarlo, dar apoyo afectivo en los momentos de nostalgia…y, en definitiva, facilitar la integración en la tierra de acogida. Siempre es más fácil decidirse a abandonar la tierra natal cuando se dispone de una red social en el lugar de destino. Por ello, los emigrantes de una zona determinada tienden a establecerse en el mismo lugar. La mayoría de los gallegos y portugueses que residían en la Alcalá de siglo XVIII provenía de un área muy concreta de la ribera baja del Miño que formaba parte de los obispados de Tuy y Braga. Actualmente esas tierras constituyen el sur de la provincia de Pontevedra y el norte del distrito portugués de Viana do Castelo (Véase el cuadro I)

   Los primeros gallegos asentados en Alcalá debieron de llegar en el siglo XVII. Con toda seguridad serían personas audaces, con recursos y cualidades suficientes para emprender una nueva vida en tierra extraña. Sin embargo, a medida que la cadena migratoria se fue consolidando, los costos y las incertidumbres de la emigración se irían reduciendo y ampliando el perfil del inmigrante.

 
 

CUADRO I

 
 

Procedencia de los portugueses y gallegos que otorgaron testamento en Alcalá

entre 1745 y 1754

Reino Obispado Municipio Parroquia Número de inmigrantes
Portugal Braga Monçao Moreira          1
Santiago de Pías          1
Monçao          1
Vila Nova          1
Lisboa Lisboa          1
No se indica el municipio          1
Galicia Tuy Caldelas San Martín          1
Mos San Pedro de Cela          1
Nieves Santa Eugenia de Setados          3
Santa María de Taboexa          1
Salvatierra          1
Tomiño San Miguel de Taborda          1
Santa María de Tebra          1
Santa María de Tomiño          2
Tuy          2
Vigo Santiago de Bembrive          1
Orense Castiñeira          1
Santiago Brión San Félix          1

 
 

   Entre 1745 y 1754 hicieron testamento o concedieron poderes para testar en Alcalá 307 personas. Como se aprecia en el cuadro II, veintidós de estas personas eran varones de origen galaico-portugués: dieciséis procedían de Galicia y seis de Portugal. Dado que en esta época era habitual que la mayoría de los alcalareños otorgasen algún tipo de documento de últimas voluntades, podríamos afirmar que, al menos el 14% de los hombres adultos residentes en Alcalá a mediados del siglo XVIII habían nacido en Galicia o Portugal. Por otra parte, se confirma que todos los inmigrantes provenientes de ambos reinos eran varones y que la mayoría (como mínimo dieciocho de los veintidós) eran oriundos de la ribera del Bajo Miño.

 
 

CUADRO II

 
 

Procedencia de las personas que otorgaron testamentos o poderes para testar en Alcalá entre 1745 y 1754
Lugar de nacimiento Mujeres Hombres Total
No consta

Alcalá de Guadaíra

Sevilla capital

Pueblos del entorno

Resto del Reino de Sevilla

Galicia

Portugal

Otros lugares

22 (14,2%)

110 (70,9%)

5 (3,22%)

7 (4,51%)

10 (6,45%)

1 (0,64%)

14 (9,21%)

84 (55,3%)

11 (7,23%)

9 (5,92%)

7 (4.61%)

16 (10,5%)

6 (3,94%)

5 (3,29%)

36 (11,7%)

194 (63,2%)

16 (5,21%)

16 (5,21%)

17 (5,55%)

16 (5,21%)

6 (1,96%)

6 (1,96%)

TOTAL: 155 152 307

 
 

   Los seis expedientes de gallegos y portugueses residentes en Alcalá que contrajeron matrimonio apostólico entre 1712 y 1764 confirman que habían abandonado su tierra natal muy jóvenes, a veces a edades sorprendentemente tempranas (3). Dos de ellos llegaron con 18 años, pero el resto aún no había cumplido los catorce. El más joven de todos, Antonio Álvarez, natural de la parroquia portuguesa de Santiago de Pías (obispado de Braga), solamente tenía ocho años cuando, en 1699, emprendió su viaje sin retorno a Andalucía. Ello fue posible porque estos emigrantes se desplazaban acompañados de familiares y vecinos de su aldea o de las parroquias cercanas. Ir en grupo hacía el viaje menos pesado y más seguro. Los riesgos de sufrir algún robo en el camino o de verse solo ante un posible accidente eran menos probables viajando en compañía de gente conocida, aunque desplazarse a pie desde la ribera del Miño hasta el valle del Guadalquivir cruzando Portugal no dejó nunca de ser una aventura llena de peligros. Las fuentes parroquiales nos informan de que a más de uno le sobrevino la muerte en el camino de ida o a la vuelta.

 
 

Puente sobre el Cavado (Braga)

Puente sobre el río Cávado
(Postal antigua)
Braga
(Portugal)

 
 

   Como ya se ha apuntado, la estancia de los inmigrantes gallegos en el reino de Sevilla podía ser temporal o definitiva. La mayoría permanecía en Andalucía solamente hasta ahorrar el dinero necesario para casarse o comprar alguna propiedad en su tierra natal. Según José Manuel Pérez García, estas estancias solían prolongarse de dos a ocho años. Sin embargo, no pocos acabaron echando raíces en el sur por lo que no regresarían jamás. La inmigración temporal tal vez sea la causa del alto porcentaje de solteros que caracterizaba a este colectivo. Según los datos ofrecidos por los documentos de últimas voluntades de la Alcalá de mediados del siglo XVIII, mientras que la soltería sólo afectaba al 3,5% de los varones adultos nacidos en la villa que no pertenecían al clero, el porcentaje de gallegos solteros casi se elevaba al 23%. Seguramente muchos de estos gallegos permanecerían solteros porque pensaban volver algún día a su aldea, aunque finalmente no regresasen jamás. Sirva de prueba que, en sus testamentos, con frecuencia encontramos que conservaban los bienes heredados de sus antepasados en su tierra natal. El propósito de regresar a Galicia algún día podría ser también la causa por la que algunos se casaban a una edad relativamente provecta para la época y, en muchos caso, tras dejar embarazada a su compañera sentimental que generalmente solía ser la viuda de algún compadre o amigo. Los casados o viudos, en cambio, vendían los bienes legados por sus padres tan pronto como podían y no solían encargar misas ni funerales en su aldea de nacimiento.

   La mayor parte de los inmigrantes que no regresaron jamás a Galicia acabaron contrayendo matrimonio y teniendo hijos. Un caso excepcional fue el de Domingo Acosta que se casó en 1720 con la alcalareña Isabel Bravo Verdejo. Pese a haber tenido una hija, Teresa de Acosta Bravo, el gallego abandonó a su familia solo tres años después de contraer matrimonio para regresar a su tierra. Nunca regresó (4). El caso contrario fue el de Joseph Costas, natural de Santiago de Bembrive (parroquia situada a 5 km de Vigo), que desveló en su testamento, otorgado en 1745, haber dejado en Galicia dos hijos naturales. Tras fallecer su mujer alcalareña sin haberle dado descendencia legítima, los reconoció y los nombró únicos herederos (5).

 
 

CUADRO III

 
 

Estado civil y vecindad de los gallegos y portugueses que otorgaron testamentos o poderes para testar en Alcalá entre 1745 y 1754
Estado civil Vecinos de Santiago Vecinos de San Sebastián Total
Casados:

Viudos:

Solteros:

7

4

4

4

2

1

11 (50,0%)

6 (27,3%)

5 (22,7%)

Total: 15 (68,2%) 7 (31,8%) 22

 
 

   Como ya se ha apuntado, el relativamente elevado nivel de soltería de los inmigrantes no quiere decir que no mantuvieran relaciones sentimentales sin estar casados o, incluso, que tuvieran hijos, aunque normalmente si ella quedaba embarazada la relación solía acabar en boda. Un ejemplo fue el de Gregorio Gallego que en 1726 pidió dispensa para casarse con Luisa Gálvez, viuda de su compadre Pedro Galván. Gregorio Gallego era oriundo del arzobispado de Santiago y había salido de su tierra con 11 años. Fue padrino del hijo del matrimonio. Tras el asesinato de su compadre en 1719 en el Puerto de Santa María, mantuvo una relación con la viuda. Al quedar embarazada y dar a luz una niña, acabó casándose con ella para evitar las habladurías (6).

   Diecisiete de los veintidós gallegos y portugueses estudiados contrajeron matrimonio en Alcalá. Cuatro de ellos se casaron más de una vez y trece tuvieron hijos (una media de 3,6 hijos cada uno). Por lo común sus esposas eran mujeres pobres, en la mayoría de los casos hijas o viudas de jornaleros del campo o, ya bien entrado el siglo XVIII, hija de otro inmigrante. Casi todas carecían de dote o aportaron al matrimonio solamente su ropa de vestir y algo de menaje. Ninguno de los veintidós hombres estudiados contrajo matrimonio con mujeres de las clases acomodadas, tal vez por la desconfianza que los forasteros suscitan en las sociedades rurales. Incluso Baltasar Agranda, natural de Santa María de Cardelas, cuyo caudal poco antes de su boda ascendía a 19.000 reales, no dudó en desposar a una viuda con hijo que no pudo aportar ningún bien material al matrimonio (7). Muchas mujeres humildes a las que, al carecer de dote o ser viudas con hijos, les hubiese resultado muy improbable casarse con un hombre joven con cualidades reconocibles, lograron prosperar gracias a contraer matrimonio con algún mozo venido de la ribera del Miño con ganas de comerse el mundo y dispuesto a echar raíces en Alcalá.

 
 

callegandulRAFAELLUNA

La calle Gandul de Alcalá de Guadaíra
(Acrílico sobre lienzo)
Rafael Luna

 
 

   Gracias al trabajo constante y al ahorro, la mayoría de los inmigrantes galaico-portugueses consiguieron mejorar poco a poco su situación economía e, incluso, adquirir bienes. La lectura de las fuentes nos induce a pensar que, en general, era gente trabajadora, con ganas de mejorar y gran capacidad de sacrificio. Estas cualidades hacían posible que se abriesen camino en una tierra que no era la suya, pero que ofrecía más oportunidades que su tierra de nacimiento. Aunque ninguno de los veintidós hombres estudiados logró hacerse rico, muchos prosperaron más que los jornaleros nativos e, incluso, llegaron a acceder a la propiedad o a explotar una huerta en régimen de alquiler. Jacinto de la Villa constituye un ejemplo revelador de la capacidad para abrirse camino manifestada por muchos de estos inmigrantes. Había nacido en Santa Eugenia de Setados y debió de llegar a Utrera a principios del siglo XVIII, siendo aún un niño. En 1722 contrajo matrimonio con su primera esposa, María Sánchez, que le dio dos hijos y dos hijas. Ante la imposibilidad de ocuparse de ellos, poco después de quedar viudo, en 1740, se volvió a casar. Aunque en un primer momento debió de trabajar en lo que le salía, acabó siendo capataz de la Hacienda de Doña Flor, propiedad de Don Francisco Amat. Gracias a trabajar incansablemente y a vivir con austeridad, tras casarse con su primera mujer compró una casa en Utrera y un manchón de ocho aranzadas en el pago de la Novenera, en el que plantó estacas de olivar, incrementando así su valor y su rendimiento. Su segunda esposa Juana Montes aportó al matrimonio otra casa también en Utrera. Con el tiempo, llegaría a ser uno de los cuatro obligados de panillas de Alcalá. En su testamento Jacinto de la Villa se ufanaba de haber tratado a sus hijos varones como a dos trabajadores más de la hacienda: yo le pagava los hornales a el dicho mi hijo de lo que travajava en la dicha hacienda donde soy capataz como si fuera un estraño… No obstante, se lamentaba de que siendo mozos solteros se ausentasen de su casa y se fuesen a vivir a Utrera a casa de su tía materna… Tal vez, la actitud de Jacinto de la Villa les resultase demasiado adusta a sus hijos… Pero cuando enfermaban o les surgían algún gasto inesperado, su padre no dudaba en socorrerles (8).

   Una vez en Andalucía, los gallegos y portugueses tendían, al menos inicialmente, a relacionarse preferentemente con gente de su mismo origen. Cuando tenían hijos el padrino era por lo común otro inmigrante y cuando iban al escribano a otorgar testamento o unas escrituras de compra-venta solían ir acompañados de algún compañero que actuaba de testigo. Incluso no pocos contrajeron matrimonio con la hija o con la viuda de otro inmigrante de la misma aldea. También era habitual que se prestasen dinero entre ellos. El compañerismo a veces les llevaba a ayudar a las viudas e hijos de sus compadres y finalmente a casarse con ellas, no pocas veces, tras mantener una relación sentimental. En 1764, por ejemplo, Juan Alonso de Acosta, soltero de unos 36 años y natural de Santa María de Tebra (obispado de Tuy), tuvo que casarse con María del Rosario Ramos, viuda de su compadre Alonso Moreno, al haberse quedado embarazada y estar a punto tener un hijo (9).

   Incluso los que habían abandonado sus aldeas muy jóvenes y no habían regresado nunca conservaban cierta conciencia de sus orígenes. Así en los documentos de últimas voluntades siempre citan el nombre de sus padres y normalmente también el lugar de nacimiento. Algunos, sobre todo los solteros, disponían en sus testamentos que se les hiciese un funeral o se dijesen misas por su alma en la parroquia de su aldea. No obstante, en estos documentos se observa que buena parte de ellos hacía tiempo que había perdido el contacto con los familiares que dejaron en Galicia y, por consiguiente, no sabían si sus padres y hermanos seguían con vida.

 
 

carnicería (Sobreiro) LGV 2017

Açougue
Aldeia-Museu José Franco de Sobreiro
Mafra
(Portugal)

 
 

   Casi todos los inmigrantes galaico-portugueses establecidos en Alcalá eran campesinos avezados en las técnicas de la horticultura y el cultivo de la vid. Aunque la mayoría comenzó trabajando como jornaleros, con el tiempo, muchos llegaron a ser capataces o caseros de cortijo o arrendatarios de huertas. No pocos combinaron distintas ocupaciones pues, al mismo tiempo que trabajaban como jornaleros, sembraban pegujales o, incluso, eventualmente podían vender pan en Sevilla. Lo extraño era verles desocupados. De los veintidós casos estudiados tan solo hemos encontrado dos gallegos que no se dedicaron a las labores del campo: Isidro Francisco Novoa que ejerció durante años como maestro de primeras letras en su casa de la calle de la Mina y Juan de Castro, natural de San Félix de Brión, que fue ventero. La mayoría de los hortelanos de la Alcalá de los siglos XIX y XX serían descendientes de los gallegos y portugueses llegados en la Edad Moderna.

   A parte de formar una familia, una de las acciones que revela la intención de los inmigrantes de asentarse definitivamente en Alcalá es la venta de los bienes heredados de sus familias que poseían en Galicia o Portugal. Normalmente se trataba de algún minifundio. Estos predios eran vendidos por lo general a otro inmigrante de la misma aldea que sí tenía la intención de regresar o a algún familiar. Las cantidades obtenidas no eran elevadas pues, como no compensaba ir a Galicia a venderlos, no tenían más remedio que conformarse con lo que les quisiesen dar por ellos. Con frecuencia solo recibían unos cientos de reales. No pocas veces ese dinero se invertía en el casamiento o en la compra de alguna propiedad en Alcalá. Según el Catastro de Ensenada y los propios testamentos, la mitad de los 22 gallegos y portugueses que otorgaron testamento entre 1745 y 1754 poseían al menos una casa y ocho de ellos habían adquirido alguna pequeña finca o cultivan algún pegujal para completar sus ingresos. A los gallegos y portugueses que decidían volver a su tierra natal les resultaba muy lucrativo invertir parte del dinero ganado en Andalucía en la compra de las propiedades gallegas de otros inmigrantes que habían decidido no regresar. Suponía un negocio ventajoso porque solían comprarlas a un precio bastante bajo y además así evitaban llevar demasiado dinero encima. Era menos arriesgado llevar un par de escrituras de compra-venta que monedas de curso legal. Siempre cabía la posibilidad de sufrir algún robo en el camino de regreso.

   Otro indicador del grado de integración de los inmigrantes en la sociedad local es su participación en la vida corporativa de alguna hermandad. Hemos detectado la pertenencia de numerosos gallegos y portugueses en las hermandades sacramentales y de ánimas, pero donde tuvieron un papel más importante fue posiblemente en la Hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles, sita en la iglesia del convento de San Francisco (10). Francisco Roque Álvarez (natural de Santa María de Taboexa), por ejemplo, no solo fue hermano de la Hermandad Sacramental de Santiago, sino que además, durante años, desempeñó el cargo de mayordomo de la Hermandad de la Virgen de los Ángeles. En su testamento reconoció que la cofradía le debía nada más y nada menos que 1.023 reales y 7 maravedíes pues año tras año había cubierto el déficit presupuestario de la hermandad con su propio peculio como solían hacer habitualmente los mayordomos de su época. Se mantuvo siempre soltero por lo que nombró como única heredera a su hermana Ángela de la que no sabía si aún estaba viva o había fallecido (11).

 
 

Torre de Lapela de Monçao

 Torre de Lapela
Monção
(Portugal)

 
 

   Tal vez los dos inmigrantes galaico-portugueses que alcanzaron una mayor relevancia en la Alcalá de la primera mitad del siglo XVIII fueron Manuel Morales y Francisco de Novoa. Manuel Alonso Morales Manso nació en la freguesía portuguesa de Lara, perteneciente al concejo de Monçao, en el Bajo Miño (12). Debió de llegar a Alcalá a finales del siglo XVII. Se casó tres veces, pero la madre de todos sus hijos fue María del Águila Galindo, su tercera esposa. Tanto él como sus hijos Manuel y Leandro desempeñaron en varias ocasiones la alcaldía de la Santa Hermandad entre 1726 y 1738, e incluso ambos hijos llegaron a ser alcaldes ordinarios en 1743 y 1748 respectivamente. Su hijo Antonio era sacerdote y administrador de varias capellanías de la iglesia San Sebastián. Leandro, el único de sus vástagos que se casó, contrajo matrimonio con Francisca Benítez de la Milla, que descendía de una familia hidalga de Carmona venida a menos. Este enlace, aunque no aportó bienes materiales a la familia, debió de darle cierto brillo en una época en la que ser hidalgo daba prestigio. La familia Morales Manso llegó a adquirir diversas propiedades y disponer de sepultura propia en la parroquia de San Sebastián. En el repartimiento fiscal de 1755, su hija Mariana aparece como uno de los quince principales contribuyentes de Alcalá. Los Morales Manso llegaron incluso a perpetuar su memoria en la toponimia local. Como tuvieron en alquiler la huerta del Parralejos durante años, con el tiempo sería conocida como la huerta del Manso, por el segundo apellido familiar y, por evolución, en el siglo XX sería conocida como huerta de Almanzor.

   No menos ascendente fue la trayectoria de la familia Novoa. El gallego Francisco de Novoa, tras afincarse en Alcalá, se casó con Francisca Paula Rodríguez y llegó a ser mayordomo del Ayuntamiento entre 1707 y 1709. Su hijo Antonio también desempeñó diversos cargos municipales a partir de 1739 y su hijo Lorenzo fue presbítero carmelita y prior del convento del Carmen de Alhama de Granada. Por su parte, Sor Mariana de Novoa fue vicaria del convento de Santa Clara de Alcalá.

   Podemos concluir afirmando que los inmigrantes gallegos y portugueses, provenientes sobre todo de la ribera baja del río Miño, establecidos en la Alcalá de la segunda mitad de la Edad Moderna, compensaron las pérdidas de población provocadas por las epidemias de peste del siglo XVII y contribuyeron al crecimiento demográfico y económico experimentado por nuestro municipio durante la primera mitad del siglo XVIII. Aportaron mano de obra para las labores del campo, expandieron la huerta, se casaron con viudas y mujeres pobres con pocas perspectivas de contraer matrimonio, relanzaron algunas hermandades… Para valorar su impacto basta tener en cuenta que hacia 1800 posiblemente más de una cuarta parte de los alcalareños tenían al menos un abuelo o un bisabuelo de origen galaico-portugués. Todavía hoy somos muchos los que conservamos sus apellidos: Rodríguez, Cerqueira (actualmente, Cerquera), Araujo, de la Fuente, Álvarez, Villa, Otero, Morales, Bousada (actualmente, Bozada), Pinto, Estévez, Acosta, Pineda, Ferreira (actualmente, Herrera), Domínguez…

   En base a lo expuesto en este artículo sería oportuno que el Ayuntamiento de Alcalá promoviese el hermanamiento de nuestra ciudad con la comarca pontevedresa del Bajo Miño.

 
 

oromana 2013 LGV 2

Molino de Oromana
(Foto: LGV)
Alcalá de Guadaíra
(Sevilla)
2013

 
 

Notas

 
 

  • PÉREZ GARCÍA, José Manuel: “La intensa movilidad de la comarca del Bajo Miño y sus destinos (1600-1850)”, Minuius: Revista do Departamento de Historia, Arte e Xeografia, nº 19, 2011, pp. 231-253.
  • Ibídem.
  • Un matrimonio apostólico es el que se realiza entre dos personas con un grado de consanguinidad o afinidad espiritual. Están prohibidos por la Iglesia y solo se pueden realizar con dispensa papal. Los expedientes de matrimonios apostólicos de la Alcalá del siglo XVIII se custodian en el Archivo General de Arzobispado de Sevilla (en adelante AGAS), en los legajos 09179 y 09180.
  • Archivo Histórico Provincial de Sevilla (en adelante, AHPSE), Protocolos de Joseph Thomás Chamorro de Mora, leg. 21553, Testamento de Isabel Bravo Berdejo (3-VIII-1754), pp. 229r-230v.
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Rivero Delgado, leg. 21384, Testamento de Joseph Costas (22-VII-1745).
  • AGAS, Expedientes de matrimonios apostólicos, leg. 09180, expediente nº 99.
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Rivero Delgado, leg. 21384, Testamento de Balthasar Agranda (28-XII-1746).
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Thomás Chamorro de Mora, leg, 21553, Testamento de Jacinto de la Villa (24-IV-1754), pp. 106r-110v.
  • AGAS, Expedientes de matrimonios apostólicos, leg. 09180, expediente nº 145.
  • AHPSE, Protocolos de José Rivero Delgado, leg. 21384, Acta del cabildo de la Hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles celebrado el 31 de julio de 1646.
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Thomás Chamorro de Mora, leg. 21339, Testamento de Francisco Roque Álvarez (10-XII-1750), pp. 271r-272v.
  • AHPSE, Protocolos de Joseph Rivero Delgado, leg. 21383, Testamento de Manuel Alonso de Morales Manso (27-VIII-1742).

 
 

[Escaparate. Núm. de Navidad de 2017.
Ed. José Ordóñez Ruiz.
Alcalá de Guadaíra, 2017.
Págs. 40-44]

 
 
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LA FAMILIA MONROY DE ALCALÁ. Por Javier Jiménez Rodríguez
 
 

¿PODREMOS RENACER? María del Águila Barrios

 
 

Lisoba (nada existe...) LGV 09122017

¿Nada existe más allá del instante?
[Foto: LGV (Lisboa, 2017)]

 
 

Procuro estar informada, aunque con mayor intensidad me aplico a mi formación, atendiendo sobre todo a qué de la información puedo sumar a ésta. Esto lo digo porque siempre ha sido una intención esencial en mi vida estar al tanto de lo que ocurre en el espacio público, que habiendo sido conquistado por los ciudadanos a éstos corresponde, por ser personas con las otras personas. Es mi afán observar lo que acontece a los que me rodean y a cómo se tratan los espacios y ámbitos que son de todos. No hay libertad sin que su otra cara sea la responsabilidad. Tampoco podemos hablar de libertad si los poderes públicos no actúan ateniéndose al Derecho con voluntad de hacer Justicia. Nadie está legitimado para desposeernos de plazas, calles, campos, aires, aguas, paisaje, cultura, patrimonio, en fin, de los bienes humanos.

   El poder público está formado por personas cuyas voluntades deciden lo que hacer sobre la lista anterior de bienes. A esas personas del poder público vengo en este artículo postrero a continuar denunciando porque la injusticia de su actuar tiene su causa en la desmemoria de que adolecen. No obran, omiten. En lugar de actuar se envuelven de ideología y abrazan dogmas caducos. Porque si actuaran de verdad y se consagraran a saber cuáles son las verdaderas necesidades del Pueblo, para así servirlo socorriendo a cada persona que tenga un derecho auténtico, con los medios de que se disponga, guiados por la razón, el sentido común; si así fuera otro gallo sería el que cantaría. En lugar de echar luz sobre la oscuridad de la crisis política, económica y social en la que el mundo está sumido en la actualidad, la sociedad de los profesionales de la política se ha convertido en un dragón loco por hacer más profundas las simas de la pobreza, la contaminación, el terrorismo… Ahora, además, globalizados.

   Los nacionalismos del siglo XX nos dejaron millones de muertos. En el siglo XXI perseveran entreverados de radicalismo islámico. Una humanidad con su pasado olvidándose, porque las personas que integran el poder público ya lo han olvidado, es el verdadero problema de nuestro mundo. Por supuesto, el poder político hace ya demasiado tiempo que vendió su alma a multinacionales nacionales o a gigantes chinos. Habría que repensarlo todo a la luz de la medida de esos seres tristes que deambulan en barrios olvidados, afeados o sometidos. ¿Podremos renacer?

 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de diciembre de 2017, año XXVI nº 466]

 
 
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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.

 
 

LA LEYENDA DEL LABERINTO DE CRETA. MINOS. Por José Manuel Colubi Falcó

 
 

Minos mordido por una serpiente. MIGUEL ÁNGEL

Minos mordido por una serpiente
(Detalle del Juicio Final en la Capilla Sixtina)
Miguel Ángel
(1475-1564)

 
 

Es ya verano y los viajes, en acto o en proyecto, abundan; el Mediterráneo, mar de las civilizaciones eternas, ofrece al viajero destinos que en otro tiempo pudieron ser fantasías o quimeras, pero que hoy son realidades al alcance de la mano. Uno de ellos es Creta, cuna de nuestra cultura –recuérdese la cretense o minoica-, escuela jurídica de la Hélade, isla a la que arriba el toro blanco -Zeus metamorfoseado- con Europa sobre su lomo y en donde -en Gortina, célebre por sus leyes- aquél se une a la joven, cabe una fuente, en un platanar. Frutos de estos amores serán Minos, Radamantis y Sarpedón; los dos primeros, junto con Éaco, formarán el tribunal que juzgue a los muertos en los infiernos o moradas subterráneas.

   Criado por el rey Asterión, Minos fue su sucesor gracias a un prodigio de los cielos. Pretendía serlo porque, según decía, así lo habían decidido los dioses, y para demostrarlo hizo una promesa a Posidón: si desde los mares la deidad le enviaba un toro –siempre presente este animal en la cultura cretense-, se lo ofrecería en sacrificio. Y así sucedió, y Minos sentóse en el trono sin que sus hermanos se opusieran, pero, incumpliendo su promesa, quiso hacer a la bestia semental de la vacada. Y ése fue el origen de sus desdichas. Casado Minos con Pasífae, ésta se enamoró del toro y la maldición empezó a cumplirse. Monarca mujeriego, se le atribuyen innumerables aventuras amorosas que provocaron las iras de Pasífae, maga ella, quien con sus artes consiguió que todas las mujeres que con él yacían murieran comidas por las serpientes y escorpiones que salían de su cuerpo, hasta que Procris le hizo libre. Y también civilizador, dicta a los cretenses unas leyes que le son inspiradas por Zeus en el monte Ida cada nueve años (nótese el paralelismo con las de tantos pueblos de la Antigüedad). E igualmente conquistador, que extendió sus dominios por todo el Mediterráneo, especialmente el oriental, la llamada talasocracia (dominio de los mares) cretense: Atenas, Mégara, Sicilia y otras islas, y numerosas ciudades que en su honor llevan el nombre de Minoa. Y también fue él quien ordenó a Dédalo construir el famoso laberinto.

 
 

[La voz de Alcalá, 15 al 31 de julio de 2007, año XVI nº 227]

 
 

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LA LEYENDA DEL LABERINTO DE CRETA: DÉDALO E ÍCARO. Por José Manuel Colubi Falcó

LA LEYENDA DEL LABERINTO DE CRETA: EL MINOTAURO. Por José Manuel Colubi Falcó

 
 

«FUGA SIN FIN» O EL JUDÍO ERRANTE. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 10). Por Pablo Romero Gabella

 
 

Joseph Roth, Autorretrato

Joseph Roth
(Autorretrato)
3 de noviembre de 1938
París

 
 

Joseph Roth (1894-1939) es uno de los escritores fundamentales del «mito habsbúrgico»; si se hiciera un panteón literario del águila bicéfala él ocuparía el lugar de honor debido a dos de sus obras: La marcha de Radetzky (1932) y su continuación, La cripta de los Capuchinos (1938).

   Roth nació en la Galitzia austrohúngara (hoy repartida entre Polonia y Ucrania) en una familia judía que le permitió terminar sus estudios universitarios de Humanidades en Viena. Durante la 1ª Guerra Mundial estuvo alistado en el ejército austro-húngaro y tras la contienda comenzó una notabilísima carrera de periodista, primero en Viena y luego en Berlín. La llegada de la peste del nazismo le hizo huir a París, donde continuó sus trabajos periodísticos  y literarios. Sin embargo, las penurias personales, económicas y el alcoholismo le llevarían a una degradación que acabaría con su vida el mismo año en que comenzara la Segunda Guerra Mundial y que se publicara su novela La leyenda del santo bebedor.

   En su novela Fuga sin fin, publicada en 1927, vemos un anticipo de la que sería su propia vida de judío errante por una Europa que aún con las heridas abiertas de la Gran Guerra se precipitaba a otra guerra, la cual se ahorraría sufrir. Al final de su vida se convertiría al catolicismo, según dicen, como último homenaje al Imperio austro-húngaro al que sirvió como combatiente y como rapsoda en una Europa de las naciones donde no acababa de encajar. Como otros de nuestros héroes postimperiales literarios, su alter ego literario en esta novela, el teniente austríaco Joseph Tunda, se sentía como un muerto en vida, como un «hombre joven sin nombre, sin importancia, sin título, sin dinero y sin profesión, apátrida y sin derechos».

   La novela es una Odisea de entreguerras que llevará al joven Tunda desde un campo de prisioneros en Siberia hasta el mismo París que vio morir al autor, pasando por la primigenia Unión Soviética, la Alemania de Weimar y la insulsa Viena republicana. Como el Odiseo homérico iba en busca de su patria que tenía nombre de mujer, en este caso Irene Hartman. Buscaba reencontrarse con su prometida («bonita, inteligente, rica y rubia») pero ésta, al contrario que Penélope, terminó casándose con un rico pariente propietario de una fábrica de figuras de yeso. Buscaba el imposible de retomar el que parecía ser su futuro si la guerra y el imperio no se hubieran perdido: reencontrarse con Irene y desfilar por la Ringstrasse «todo rodeado por el suave toque de tambores de la marcha de Radetzky».

   Sin embargo, el único desfile que encontró fue el de «hombres jóvenes, armados con bastones [que] marchaban en doble fila detrás de pífanos y tambores[…] Los jóvenes marchaban con rostros serios, nadie decía una palabra, marchan hacia un ideal». Ese ideal de cruces gamadas no era el suyo, es más, no sabía realmente si lo que buscaba era un ideal. Era un héroe perdido que lo que se encontró fue una Europa burguesa que miraba asustada a la Revolución. Una palabra que asociaba a «débiles imágenes de barricadas, populacho y [al] profesor de historia de la escuela militar». Y bien que vivió la Revolución, ya que llegaría participar en la sangrienta Guerra Civil rusa (1919-1920) por el amor a la camarada Natacha, una bolchevique fanática que lo llevó por los campos de batalla de Ucrania, el Cáucaso, el Volga y los Urales. Sin embargo, pronto descubrió que el amor de su Circe era un espejismo que acabó en hartazgo por la revolución y el nuevo orden soviético, donde «no existía la vida privada», en palabras de Strelnikov, otro fanático bolchevique, que era uno de los personajes de la película Doctor Zhivago (1965). Tunda acabaría descubriendo que la Revolución no se hacía contra la pérfida burguesía sino «contra los panaderos, contra los camareros, contra los pequeño vendedores, los ínfimos carniceros y los criados de hotel sin ningún poder».

   El autor nos dice que Tunda descubrió que ante todo era un hombre libre, «en el fondo era un europeo, un “individualista”, como dice la gente culta. Para vivir plenamente, necesitaba situaciones complicadas». Un europeo como su amigo Zweig, otro judío errante que sólo le sobreviviría unos años más.

   Tunda era un héroe crepuscular que sin pretenderlo buscaba a una mujer que simbolizaba todo lo que él entendía por hogar. Era como el personaje que interpretaba John Wayne en la película de John Ford Centauros del desierto (The Searchers, 1956). Como el austríaco, era un excombatiente de una causa derrotada que buscaba a su sobrina, la joven Natalie Wood, que había sido raptada por los indios. Esta búsqueda de lo femenino es la misma que retrataría el novelista Charles Freizer en Could Montain (1997) y que el cine también hizo popular en una película homónima.

   Pero en nuestro caso, el joven Tunda se dio cuenta que su mundo no estaba en aquella Europa de superviviente. «En ese mundo no se sentía en su lugar. ¿Dónde estaba su lugar? En las fosas comunes». Si recuerdan, es lo mismo que pensaba otro héroe postimperial, el exoficial Menis (El Estandarte, 1934). Frente a la tumba al soldado desconocido en París, bajo el Arco del Triunfo, se dio cuenta que ésta no se hizo para honrar a los muertos sino para tranquilizar a los supervivientes. Roth anticiparía el que sería su estado de ánimo alcoholizado en el París que le vio morir al decir que su personaje se sentía como «si todos estuviéramos allí abajo, todos los que salimos un día de nuestra tierra, los que cayeron y fueron enterrados y los que volvimos pero nunca regresamos a ella, pues da lo mismo que estemos vivos o enterrados. Somos extraños a este mundo, venimos del reino de las sombras».

   Sombrío final que le llevaría a vivir en hoteles ya que su hogar  desapareció un 28 de junio de 1914 y fue enterrado definitivamente un 30 de enero de 1933. En palabras del Antonio Muñoz Molina, Roth-Tunda «perteneció a la primera generación sometida a la burocracia patriótica de las fronteras, y por eso añoró más la benévola libertad de movimientos del imperio austro-húngaro. Perdido aquel país, ya no se asentó en ningún otro. Decía que ya solo los hoteles despertaban su lealtad patriótica».

 
 
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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [4ª PARTE, Y ÚLTIMA]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 5). Por Pablo Romero Gabella

EL BARON BAGGE O EL VÉRTIGO DE SER LOS OTROS. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 6). Por Pablo Romero Gabella

EL ÚLTIMO ENCUENTRO O EL CREPÚSCULO DE LOS ADIOSES. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 7). Por Pablo Romero Gabella

SIEMPRE NOS QUEDARÁ VIENA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 8). Por Pablo Romero Gabella

GEORG TRAKL: LA DECADENCIA DE UN IMPERIO. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 9). Por José Miguel Ridao

 
 

COSAS DE LA ALCALÁ DE HOY: SOLILOQUIO DE UN EXTRAVIADO. Por Juan Delatorre Facal (2010)

 
 

TÉGULAS DE GANDUL

Tégulas de Gandul
[Foto: LGV Alcalá 2014]

 
 

«Están ciegos; y, lo peor de todo, seguros de ser videntes.»
León Tolstoi

 
 

DICEN que sobre gustos no hay nada escrito. Hoy me propongo escribir sobre gustos, y sobre gastos. El gusto público alcalareño es muy particular, pero que muy particular, y no menos que el gasto público: que unos jarroncitos en Silos y un descomunal bicharraco (de diez millones de euros –cuando un puente normal hubiera costado tres veces menos-) para cruzar el río, más feo que la espuma de la sosa cáustica sobre la ultrajada lámina del Guadaíra; que unas rotondillas y unas rotondonas, a rebosar tantas de ellas de matojos y hierbajos, a toro pasado de Dos Hermanas, la de las Rotondas (aunque más estudiadas que las alcalareñas, -miméticas y de copia que no de proyecto las nuestras-), que muy viejos olivos en lugares muy nuevos y, en general, muchos arbolitos, por doquier, mucho césped formando lomitos de un verde muy plástico, pronto matizado de marroncitos; que marbellíes cascaditas para fachada de una Nueva Rabesa del futuro en el presente… Y muchos jardineros con sus maquinillas de afeitar céspedes y setos y floreros. Vaya, vaya… Todo muy particular, muy privado, prácticamente pijo. ¡Qué guay el decorado! ¡Qué mono el jardín! Desde El Duque al Parque-Centro sufrimos el meollo del bodrio. Si no, no se explica que Pescuezo sea hoy la autopista del casco urbano, por Histórico y por Centro. En los barrios, como tanto tiempo dura la ocupación de las poltronas de las distintas sedes consistoriales, neopijos de tercera generación psocialística o pepeística, lo mismo da que da lo mismo, suscitan un gasto a la frívola manera de: «Chiqui, no me gustan los accesorios del toilette: que los quiten de mi vista inmediatamente.»

  A mí me parece que mantener en condiciones todo este decorado después de las inauguraciones no va a haber fondo municipal que lo aguante, ni en el fondo del mar (matarile, rile, rile, rile/ matarile, rile, rile, ra…). O lo que es lo mismo, no lo cuidarán, las malas yerbas crecerán, las buenas y caras se secarán y no volverán, las lindas flores se marchitarán y tampoco volverán, y ni las oscuras golondrinas, y colorín, colorado este cuento no se ha acabado, todavía.

   Paso por Bailén, por Antonio Mairena, por Duquesa de Talavera… ¡Por Dios! ¡¿Por qué estas obras se han reiterado?! Es mucho peor que una pesadilla para los que tienen oficios, para los peatones (apeados de las aceras, que cuando no sirven para los coches sirven para la maquinaria pesada -pesada maquinaria-), los chóferes de coches o motos, camionetas, furgonas o isocarros, los viejos, los niños: Es una pesadilla para todos. ¡¿Qué hemos hecho para merecer esto?!

   Entre rotaflexes atacando losas, del cemento que ya recubre el viejo solar alcalareño, dúmperes, cubas, hormigoneras…, pasamos, a veces hasta tropezamos, recibimos órdenes de los albañiles… Nos señalan que por aquí o por allí; rotulan las señalizaciones artesanalmente, se enfadan si no cumplimos con agrado sus instrucciones de tráfico; nos persiguen y gritan y, cuando nos alcanzan, pegan en la ventanilla del conductor su irritada y congestionada cara si nos atrevemos a ser antipáticos en algún tramo anterior del atasco. Creo que son la verdadera policía del llamado régimen por las derechas en las comunidades gobernadas por la autoproclamada izquierda y por las izquierdas en las comunidades gobernadas por la autoproclamada derecha, y así, sucesivamente, tralarí, tralará… Bueno, más bien los empleados de la verdadera policía del régimen. ¡Hasta aquí hemos llegado! ¿policías los albañiles? Se me pueden rebrincar los sindicalistas, aunque no todos. No sólo ellos están llamados a ejercer de policías: también los taxistas, los taberneros, los estanqueros, los gasolineros, los guardacoches, los profesores de universidad…: ¿continúo?. Todos usurpando los nobles funciones de las policías de España: vigilancia, potestad de denuncia, lealtad a los políticos del Estado, detención, cumplimiento de órdenes, recaudación de tributos, colaboración con los redactores de los atestados, y muchas más competencias que están por redactar.

   ¿Y el ruido? Durante toda la jornada laboral de ellos. Alcalá del Ruido, nada de Guadaíra, ni de los Panaderos, ni de los pintores de paisajes, sino Alcalá del Ruido. El ruido terremoto, el temblor de los martillos por compresión, las excavadoras. El ruido del progreso y del desarrollo. El ruido como seña de identidad. Las obras públicas como emblema, como ejemplo para Europa. ¡Alcalá, ciudad de Referencia! El alcalareño como el ejemplo en toda la Europa Unida de individuo que es capaz de sobrevivir a todo el extravío imaginable…

   Y al humo: efluvios de gasoil, polvos diversos, gasolina ecológica que de las públicas e impúdicas obras emana cotidianamente y que también se enriquece con el hermoso tránsito de tecnológicos vehículos de todas las altas y bajas gamas, pagándose a cómodos plazos, que también son solidarios para los garantes del crédito, por los jóvenes alcalareños hijos del progreso y la democracia. ¿Quién puede subir sin asfixia la calle Gandul o quién se atreve a pasar a pie por Pescuezo?

 
 

«LOCUS AMOENUS». María del Águila Barrios

 
 

oromana 2013 LGV-1

Pato nadando en el Guadaíra
[Foto: LGV Alcalá 2013]

 
 

Aunque parezca que casi todo ha sido destruido, que ya nada queda o, más bien, sólo queden algunos espacios intocados, principalmente Oromana que habiendo sufrido lo suyo parece ya reconocido como espacio ameno, es posible aun encontrar otros lugares amenos en este pueblo, en un simple paseo matutino o al caer la tarde cuando el estrés cotidiano del tráfico no se ha iniciado o empieza a cesar, cuando muy temprano huele a pinar en la calle Nuestra Señora del Águila o se levanta una brisa vespertina que sabemos nos viene del Guadaíra y entra por la calle de La Marea.

   Estos espacios amenos perviven en el trazado de sus calles, en sus plazuelas y por el caserío que, aunque muy variado, son sus azoteas las que alegran la vista. Son espacios donde aún los vecinos tienen los zaguanes abiertos y entra el sol del amanecer o se enciende en ellos la lucecita al atardecer. Hay calles amenas en este pueblo por las que se puede pasear gratamente y sentir que no todo está perdido y que no teniendo un centro histórico en el que embelesarse sí hay una tradición popular en barrios no tan céntricos.

   El paseo desde Malasmañas al Paraíso atravesando Dulce Nombre y bajando por Cuesta del Rosario en una mañana de sábado es agradable. También recorrer el laberinto de callecitas en Pablo VI y acabar en la Plaza de las Flores o estar una tarde por la barriada de los Toreros y parar en la plazoletita de Los Gallos. ¡Ojo! sin acercarse al desastre urbanístico que dejó desheredado al barrio del nombre. El cerro de los Locos también es un lugar ameno. Este año paseé por allí un domingo de Cuaresma y algún vecino había colocado un incensario en su ventana, en otra ventana oía el soniquete de una radio donde además sonaba la válvula de la olla exprés de alguna cocina en la que se estaría preparando algún puchero o cocido. Sonidos y olores de vida interior que son gratos para el paseante. Incluso agrada ver cómo alguna que otra casa tradicional ha sido arreglada conservando su fachada e interior originarios. La urbanización de Los Pinares menos dada a los interiores sonoros, sí es generosa en exteriores ajardinados.

   Y así, entre barrio y barrio, encuentro lo grato cotidiano que mitiga lo ingrato rutinario.

 
 

oromana 2013 LGV 2

Molino de Oromana
[Foto: LGV Alcalá 2013]

 
 

[La voz de Alcalá, 15 al 30 de junio de 2016, año XXV nº 432]

 
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Si quiere leer más textos de María del Águila Barrios en «CARMINA»,  pinche en su nombre.