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DIARIO FOTOGRÁFICO (II). Por Lauro Gandul Verdún (Lisboa, 10 DE FEBRERO A 1 DE MAYO 2017)

 
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18 de febrero

 
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19 de febrero

 
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24 de febrero

 
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10 de marzo

 

DIARIO FOTOGRÁFICO (I). Por Lauro Gandul Verdún (Lisboa, 10 DE FEBRERO A 1 DE MAYO 2017)

 
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10 de febrero

 

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11 de febrero

 

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17 de febrero

 

É PROIBIDO AFIXAR ANÚNCIOS NESTA PROPRIEDADE. Fotografía de Lauro Gandul Verdún (Lisboa, 2017)

 
AZULEJOS LISBOA 22
 

LISBOA. Por Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001)

 

Parque Florestal de Monsanto

Monsanto

 

Aquí dejamos otro fragmento del diario de Sandra Dugan. Cuenta su estadía en Lisboa que sería durante los primeros meses de 1971. Dentro del diario hemos encontrado una foto con la pintura del puerto de Macao que según nos cuenta colgaba del salón de la pensión de Castelo Branco. Aprovechando un reciente viaje a Lisboa hemos visitado el parque de Monsanto y localizado la pensión, ahora en estado de abandono. Hemos fotografiado los lugares mencionados en este fragmento para que el lector tenga viva imagen de lo que se relata. 

Olga Duarte y Lauro Gandul

 

Muchas veces me había perdido, queriendo, en Monsanto. Pero a partir de que me contaran que aquella sierra no había criado durante siglos sino pastos y matojos hasta que hace unos treinta años, semilla a semilla, fueron sembrados los árboles que forman el espeso bosque que la cubre, ya no me era posible visitar el lugar desde las perspectivas, más o menos bucólicas, más o menos impresionistas, que me habían servido para abordar aquel majestuoso espacio. Las colinas que habían sido calvarios, por la mano del hombre venían a ser suelo de una intrincada y extensa espesura. Ya no iba a ser nunca igual. Ahora que vuelvo a Monsanto y que llevo un tiempo largo caminando bajo lo que parece una única copa, un techo vegetal interminable, me paro a descansar un poco sentándome bajo una  encina y vuelvo a considerar que esta selva no ha venido a ser aquí por el azar de la naturaleza, sino por la tenaz voluntad humana. Ésta es la doble cuestión, entrecruzada, por la que ahora vengo a escribir sobre Monsanto: la voluntad humana como azar de la naturaleza.

   Hubo que arar y en los surcos, en los lomos, sembrar. Agricultura efímera, mas como puerta sólo concebida para abrirse. Cultivar el tiempo justo para que los troncos fueran ascendiendo y engordando hasta anular lo rugoso provocado por el arado, por la roturación de miles de jóvenes entusiasmados por conquistar la generación de una masa forestal. Y así fue. Las multitudes soñaron los árboles y por ello pudieron sembrarlos. Ahora la sierra es además un bosque.

   Caminar y escribir. Bajo una encina, como venía diciendo, estaba sentada descansando de un largo paseo. Llevaba conmigo una libreta que abrí al azar y encontré este apunte:

   «En un extremo ella. A su derecha dos hermanos. El marido de la hermana a la derecha del hermano. Y a la derecha de éste y en el otro extremo él. A su izquierda la mujer del hermano y más a la izquierda los niños de todos. He aquí una reunión.

   »Los niños beben refrescos y abandonan con sus vasos de colores la mesa. El marido de la hermana habla con su cuñado. La hermana con ella. Con la mujer del hermano él. Vamos a saber de qué charlan. ¿Vamos a saberlo?

   —No es tiempo de alúas.

   —No. A las hormigas con alas sólo se las ve por noviembre. Éstos son otros bichos.

   —Uno ha caído en mi caña.

   »Esto los dos hombres se dicen. Las mujeres otros temas tratan…»

   No deja de ser curioso que la lectura de este fragmento me evoque el lugar donde estoy. Una fuerza atractiva del espacio que me rodea transmuta el escenario donde transcurre la escena del texto. Aunque tengo que reconocer que es una opinión demasiado personal. Lo he puesto para constancia de este trozo de vida inventado. El lector puede desechar las líneas precedentes, sin merma para la lectura de lo que escribo, e incluso desechar leer que la escena familiar me resulta perfectamente posible incrustarla frente a mí ahora mismo, con toda su realidad bien perfilada, más como cine u holograma que como pintura o fotografía. Por tanto, tridimensional como los hechos protagonizados, aparentemente casuales, causados por las palabras que la correspondiente página de la libreta contiene. Realidad pura aquí mismo. Me ha bastado leer.

 

Perspectiva de la fachada de la casona de los Texeira y pensión de doña Mariana

Perspectiva de la fachada de la casona de los Teixeira y pensión de doña Mariana

 

   La pensión es una vieja casona de estilo arte nova construida en 1904. Está en el número 25 de la calle Camilo Castelo Branco frente a una iglesia en construcción y al lado de una estación de bomberos. La casa tiene su historia. Cuando se había decidido levantarla allí todavía la estatua del Marqués de Pombal desde su alto pedestal no contemplaba la avenida de la Libertad. Una gran laguna ocupaba lo que luego sería el Parque Eduardo VII, y el aroma de las huertas cercanas llegaba con el aire. El matrimonio que la mandó construir se había conocido en Macao aunque ambos eran de Lisboa. Ella había viajado a Macao para estudiar los diseños de los estampados de la seda. La familia de él llevaba instalada en la colonia casi cuarenta años dedicada al comercio de tejidos, aunque en cada uno de esos años habían residido en la metrópoli no menos de tres meses. Eran de la Baixa. En una esquina con la calle Áurea frente a la Plaza de D. Pedro IV los bisabuelos de él compraron un edificio de dos plantas y sótano y lo adecuaron para servir como almacén de ventas al por mayor y menor de tejidos. Sólo entre el sótano y la planta baja disponían de casi mil metros cuadrados de almacén. La planta alta suponía otros quinientos metros más pero estaba repartida entre una parte dedicada a tienda y otra, especialmente iluminada por ventanales, la reservaron para vivienda. Allí se había fundado la empresa familiar en 1837 a la que dieron el nombre comercial de Companhia Teixeira de Tecidos. El comercio fue próspero desde el principio y muy reputado por sus sedas exclusivas. Fue precisamente la seda lo que llevó a la familia de él a Macao. Y fue su padre, quien nació en el mismo año de fundación de la empresa, el que decide instalar en Macao un negocio para la compra y la fabricación de sedas lisas y estampadas. A Macao se traslada en 1863 con esa continua discontinuidad de nueve meses en China y tres en Portugal. Sus dos hijos nacen en la Baixa pombalina. José nació en 1867 y llevaba toda su vida entre Lisboa y Macao. Inés Catarina era la primera vez que viajaba tan lejos y conoció a José cuando estaba a punto de concluir sus investigaciones, con ocasión de una visita que como parte de su trabajo realizó a los talleres de estampado de sedas. Él fue muy atento con ella y estaba encantado de poderle explicar lo que sabía y le presentó a los maestros y empleados chinos que realizaban el trabajo. Ella no se iba a imaginar nunca que, meses después, lo volvería a ver una tarde que bajaba del Chiado por el Largo do Carmo. Se casaron pronto. José se hizo cargo del almacén en la Baixa y el resto de la familia siguió en Macao. Ella logró entrar como profesora asistente en la Facultad de Bellas Artes donde había estudiado. Vivieron en el piso de la planta alta habilitada como vivienda por la familia Teixeira hasta que decidieron construir su propia casa.

   Por doña Mariana he sabido la historia de la casa y que la profesora diseñó toda la herrería: el hierro forjado del atrio de entrada a la vivienda, del pórtico elevado sobre el piso de la calle, del balcón principal y de la terraza sobre el pórtico… Esta herrería repintada de blanco llamó mi atención desde el primer momento que pasé por allí y pregunté a la señora que se asomaba por una ventana, en el gallego que mi madre me enseñó siendo niña. No olvidaré la graciosa reacción de doña Mariana al escucharme preguntar: ¿Dónde hay un alojamiento en este barrio? Y con una agradable sonrisa dijo: ¡Aquí mismo!

   Aquella casa del matrimonio Teixeira era ahora la pensión de Castelo Branco donde me iba a alojar por un tiempo indefinido. Era sencilla pero muy luminosa y con solo seis habitaciones. En ese momento tenía disponibilidad. Doña Mariana, menuda y de ojos vivaces, me mostró cuatro de las habitaciones libres. Elegí una en la planta superior sobre el espacio del atrio pues desde esa habitación veía toda la fachada de la casa, las copas de los árboles y el largo de la calle.

 
Macao_fines s. XVIII

Macao a fines del siglo XVIII

 

   Me parece hermoso que doña Mariana haya conservado el mobiliario originario de la casa así que me encuentro durmiendo en una habitación modernista. En el salón y comedor quedan tres grandes cuadros y uno pequeño con una vista del puerto de Macao que pertenecieron al taller de Inés Catarina.

   Con mucha curiosidad por este contraste sorpresivo en mi vida, no dejo de preguntar a doña Mariana en cada momento del día que la encuentro disponible. Me ha enseñado, las tiene guardadas en un arcón, las antiguas cortinas de brocados de seda que habían adornado los ventanales.

   ―Pero, doña Mariana, ¿por qué ha conservado usted todo esto?

   ―Mi madre fue muy amiga de la señora Inés. Vivía aquí al lado y siendo niña se venía a esta casa a verla dibujar. Decía mi madre que el primer círculo que hizo se lo enseñó ella.

   Como doña Mariana no quiere que me vaya sola hacia Monsanto, la iglesia del Sagrado Corazón se ha convertido en otro de mis espacios de observación. Por las mañanas me acerco a ver la gran obra. Así pasan mis días en Lisboa.
 
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AQUEL RAFAEL QUE CONOCÍ UNA TARDE EN MOSCÚ. Por Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001)

A PROPÓSITO DE SANDRA DUGAN (1942-2001). Por Lauro Gandul Verdún y Olga Duarte Piña

«33». Poema de Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001). Moscú 1994-1997

CACAREAN LAS GALLINAS EN EL CORRAL. Por Sandra Dugan (1942-2001)

 

AMIGO SOUSA MARTINS, OBRIGADO PELO MEU CORACÃO NOVO. Fotografía de Lorenzo del Término (Lisboa, 2017)

 

José Tomás de Sousa Martins (1843-1897)

Retrato de José Tomás de Sousa Martins
Médico y Profesor
(1843-1897)
Grabado
Francisco Pastor
(1850-1922)

 
 

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EL GATO QUE ESTÁ EN LA VENTANA. Fotografía de Lorenzo del Término (Lisboa 2017)

 

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NÃO FALTA AMOR, FALTA AMAR. Poesía visual lisboeta por Lauro Gandul Verdún (2017)

 

POESÍA VISUAL LISBOA 1

 

POESÍA VISUAL LISBOA 2

 

FERNANDO PESSOA, AUTOR DEL AUTOR: FRAGMENTO 1 DE «LIVRO DO DESASSOSSEGO (COMPOSTO POR BERNARDO SOARES, AJUDANTE DE GUARDA-LIVROS NA CIDADE DE LISBOA)». Con fotos de Lorenzo del Término

 

LISBOA (2008) 1

Alrededores de Lisboa
2008

 

Nasci em um tempo em que a maioria dos jovens haviam perdido a crença em Deus, pela mesma razão que os seus maiores a haviam tido —sem saber porquê. E então, porque o espírito humano tende naturalmente para criticar porque sente, e não porque pensa, a maioria desses jovens escolheu a Humanidade para sucedâneo de Deus. Pertenço, porém, àquela espécie de homens que estão sempre na margem daquilo a que pertencem, nem veem só a multidão de que são, senão também os grandes espaços que há ao lado. Por isso nem abandonei Deus tão amplamente como eles, nem aceitei nunca a Humanidade. Considerei que Deus, sendo improvável, poderia ser, podendo pois dever ser adorado; mas que a Humanidade, sendo uma mera ideia biológica, e não significado mais que a espécie animal humana, não era mais digna de adoração do que qualquer outra espécie animal. Este culto da Humanidade, com seus ritos de Liberdade e Igualdade, pareceu-me sempre uma revivesçência dos cultos antigos, em que animais eram como deuses, ou os deuses tinham cabeças de animais.

            Assim, não sabendo crer em Deus, e não podendo crer numa soma de animais, fiquei, como outros da orla das gentes, naquela distância de tudo a que comummente se chama a Decadência. A Decadência é a perda total da inconsciência; porque a inconsciência é o fundamento da vida. O coração, se pudesse pensar, pararia.

 

[Fernando Pessoa (1888-1935).
Fragmento de Livro do desassossego (composto por Bernardo Soares, ajudante de guarda-livros na cidade de Lisboa).
Edición de Richard Zenith.
Editorial Assírio & Alvim.
Lisboa 2011.
Pág. 39]

 

LISBOA 2008

Cabo del Espichel
2008

 

Nací en un tiempo en el que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que sus mayores la habían tenido —sin saber por qué—. Y entonces, porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de esos jóvenes escogió la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, no obstante, a aquella especie de hombres que están siempre en el margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no abandoné a Dios tan ampliamente como ellos, ni acepté nunca la Humanidad. Consideré que Dios, siendo improbable, podría ser, pudiendo pues ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración de la que cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una reviviscencia de los cultos antiguos, en los que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales.

            Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales, quedé, como otros de la orla de las gentes, en aquella distancia de todo lo que, comúnmente, se llama Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiese pensar, pararía.

 

[Traducción al español por Lauro Gandul Verdún
para «CARMINA» Blog Literario.
Alcalá de Guadaira

2017]

 

LISBOA (2008)

 

LISBOA COM SUAS CASAS DE VÁRIAS CORES. Álvaro de Campos (11-5-1934)

 

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Escultura de Fernando Pessoa en el Chiado 
Por Lagoa Henriques
(1923-2009)
[Foto: Lorenzo del Término (Lisboa 2017)]
 

Lisboa com suas casas
De várias cores,
Lisboa com suas casas
De várias cores,
Lisboa com suas casas
De várias cores…
À força de diferente, isto é monótono,
Como à força de sentir, fico só a pensar.

Se, de noite, deitado mas desperto
Na lucidez inútil de não poder dormir,
Quero imaginar qualquer coisa
E surge sempre outra (porque há sono,
E, porque há sono, um bocado de sonho),
Quero alongar a vista com que imagino
Por grandes palmares fantásticos,
Mas não vejo mais,
Contra uma espécie de lado de dentro de pálpebras,
Que Lisboa com suas casas
De várias cores.
Sorrio, porque, aqui, deitado, é outra cousa.
À força de monótono, é diferente.
E, à força de ser eu, durmo e esqueço que existo.

Fico só, sem mim, que esqueci porque durmo,
Lisboa com suas casas
De várias cores.

 

[Obra essencial de Fernando Pessoa (Poesia dos outros eus).
Editorial Assírio & Alvim.
Lisboa 2010.
Págs. 404-405]

 

EPÍGRAFE. Mário de Sá-Carneiro (1890-1916)

 

eremitoriodelaarrabida2016-lorenzo-del-termino

Eremitorio arrábido

[Foto: Lorenzo del Término (Portugal 2016)]

 

A sala do castelo é deserta e espelhada.

Tenho medo de Mim. Quem sou? De onde cheguei?…
Aqui, tudo já foi… Em sombra estilizada,
A cor morreu —e até o ar é uma ruína…
Vem de Outro tempo a luz que me ilumina—
Um som opaco me dilui em Rei…

 

[MÁRIO DE SÁ-CARNEIRO (1890-1916)

Poesías.

Editorial Nova Ática. Lisboa 2004.

Pág. 83]