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CUANDO LAS CENIZAS DEL MUNDO. Poema de Lauro Gandul Verdún

 

cara

Madame
(Técnica mixta)
Xopi
2009

 

   Cuando las cenizas del mundo
sucumban en el ocaso de las rocas
y sólo quede en el suelo
un océano de lirios alados,
bordaré la mortaja de mi cárcel,
ahogaré el aullido de mi atardecer.
 

CUANDO LAS CARACOLAS ROJAS DEL MAR. Poema de Lauro Gandul Verdún

 

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 Laocoonte y sus hijos
(Conjunto)
Yeso de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa
[Foto: Lorenzo del Término (Lisboa, 2015]

 

   Cuando las caracolas rojas del mar
no vomiten el estiércol de sus aguas
en la ribera de mis ojos
y el rastro lejano de sus olas
no descuartice la luz remota de mis hombros,
arañaré el panal azul de tu noche,
remontaré el esplendor tibio de tu luna.

 

CUANDO EL AIRE NO SOCAVE. Poema de Lauro Gandul Verdún

 

XOPI-La ceguera 4 2006

La ceguera 4
(óleo sobre tabla)
Xopi
2006

 

   Cuando el aire no socave
el rumor trenzado de mi frente
y la espuma sucia de las nubes
no me aseste la agria cuchillada de la muerte,
destrozaré con mis manos
el río turbulento que me atraviesa,
estrellaré en tus labios amarillos
el vendaval enloquecido de mis besos.

 

EPÍGRAFE. Mário de Sá-Carneiro (1890-1916)

 

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Eremitorio arrábido

[Foto: Lorenzo del Término (Portugal 2016)]

 

A sala do castelo é deserta e espelhada.

Tenho medo de Mim. Quem sou? De onde cheguei?…
Aqui, tudo já foi… Em sombra estilizada,
A cor morreu —e até o ar é uma ruína…
Vem de Outro tempo a luz que me ilumina—
Um som opaco me dilui em Rei…

 

[MÁRIO DE SÁ-CARNEIRO (1890-1916)

Poesías.

Editorial Nova Ática. Lisboa 2004.

Pág. 83]

 

«OH HADO ESECUTIVO EN MIS DOLORES». Garcilaso de la Vega (1501-1536)

 
NOCTURNO EN LUGARES SANTOS 2

Nocturno en lugares santos

[Foto: Olga Duarte Piña (Alcalá 2012)]

 

«El soneto XXV, notable por su emoción, pudo ser escrito (…) después de una probable visita del poeta a la sepultura de su dama. Esta visita pudo tener lugar en el viaje que Garcilaso hizo a España, con una comisión del Virrey de Nápoles, en 1534, poco después de la fecha en que debió morir Dª Isabel.»

 

[Obras de Garcilaso.

Edición de Tomás Navarro Tomás (1884-1979).

Editorial Espasa-Calpe, S.A. Madrid 1970]

 

SONETO XXV

 

   ¡Oh hado esecutivo en mis dolores,
cómo sentí tus leyes rigurosas!
Cortaste el árbol con manos dañosas,
y esparciste por tierra fruta y flores.

   En poco espacio yacen mis amores
y toda la esperanza de mis cosas,
tornadas en cenizas desdeñosas,
y sordas a mis quejas y clamores.

   Las lágrimas que en esta sepultura
se vierten hoy en día y se vertieron
recibe, aunque sin fruto allá te sean,

   hasta que aquella eterna noche oscura
me cierre aquestos ojos que te vieron,
dejándome con otros que te vean.

 
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Garcilaso de la Vega en «CARMINA»:

«OH DULCES PRENDAS, POR MÍ MAL HALLADAS» (SONETO X). Garcilaso de la Vega (1501-1536)

SONETO V. Garcilaso de la Vega (1501-1536)
«ABRAZARSE A SU DOLOR COMO ÚNICO CONSUELO» (SONETOS XXXII Y XX). Garcilaso de la Vega (1501-1536)
APROXIMACIONES A LA POESÍA HUNGÁRICA (Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2008)
«CERCA EL DANUBIO UNA ISLA…» (CANCIÓN III). Garcilaso de la Vega (1501-1536)
 
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SONETOS EN «CARMINA»
 

«OH DULCES PRENDAS, POR MÍ MAL HALLADAS» (SONETO X). Garcilaso de la Vega (1501-1536)

 

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Fuego 1

[Foto: LGV 2009]

 

«La muerte de Dª Isabel Freyre, ocurrida, al parecer, entre 1533 y 1534, hallándose Garcilaso en Italia, le inspiró sus dos composiciones más famosas : la égloga I, “el dulce lamentar de dos pastores”, y el soneto X.»

 

[Obras de Garcilaso.

Edición de Tomás Navarro Tomás (1884-1979).

Editorial Espasa-Calpe, S.A. Madrid 1970]

 

  SONETO X

 

   ¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas,
dulces y alegres, cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas.

   ¿Quién me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

   Pues en un hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto el mal que me dejastes.

   Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

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Garcilaso de la Vega en «CARMINA»:

SONETO V. Garcilaso de la Vega (1501-1536)

«ABRAZARSE A SU DOLOR COMO ÚNICO CONSUELO» (SONETOS XXXII Y XX). Garcilaso de la Vega (1501-1536)

APROXIMACIONES A LA POESÍA HUNGÁRICA (Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2008)

«CERCA EL DANUBIO UNA ISLA…» (CANCIÓN III). Garcilaso de la Vega (1501-1536)

 

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SONETOS EN «CARMINA»

 

LA VIRGEN DEL ÁGUILA Y ALCALÁ. Poema de Lauro Gandul Verdún (2016)

 
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La virgen del Águila

15 de agosto de 2008

(Foto: LGV)

 

   Saben que María, la madre de Dios, está aquí,
en esta cima del Águila.
Que aquí, si suben, llegan a Ella,
la virgen del Águila.
Saben que se trata de subir como sea:
con el brío de la juventud
o las fatigas de la vejez.
Los alcalareños saben que han de subir al Águila
para poder pisar el suelo de su patria verdadera,
la que está aquí,
muy por encima de la que caduca en sus estrechos términos.
En este monte santo para ellos está
lo más alto y lo más hondo.

   Así llevan siglos.
Con sus vidas cotidianas a cuestas
suben la cuesta del Águila
para encontrarse con el nombre libre y propio
de Santa María del Águila,
Señora de los que buscan su nombre.

   Con sus familias vienen, desde hace siglos.
También están los que han venido solos,
los sanos y los enfermos…
Basta que hayan llegado
para que ni se sientan perdidos
ni nada los asuste.
Sea cual fuere su condición,
sin que haya importado el linaje,
todos han buscado su nombre de cuerpo entero:
¡Virgen del Águila!

   ¡Muchos vienen a vos, Santa María del Águila,
a respirar,
a resucitar!
¡Cuán dulce les parece la existencia a vuestro lado
cuando llegan a veros!
Vienen a vos desde todos los barrios del pueblo,
como hijos que llegan a su Madre,
la que todo lo que ofrece cumple,
la que siembra de certezas las vidas afligidas.
Santa María del Águila,
Luz divina, Virgen Celeste,
cuando entorna la tarde los ojos
en vuestros dominios vivir
nunca será un delirio sombrío.
Reináis con pasión en vuestro primoroso espacio,
y las alturas acercáis a los labios de los que rezan.

  Descalzo llego a vuestra vera,
a alzar este cántico me atrevo.
Alumbrado de dicha por vos
pido que me escuchéis desde vuestro corazón inagotable,
no sé si yo lo mereciera,
aunque sí sé por mis hermanos,
que siempre sois hallada
dispuesta para la misericordia.
Así hoy vengo con muchas cosas que deciros,
tantas que no me caben en el decir.
Por eso hoy vengo cantándoos con verso nuevo y viejo a la par.
Vengo a tejer estos misterios
y nunca de perderos temo.
Tanteo en el abismo cuando la sombra cae de plano,
pero por mi afán, y por vos misma, a vos me asomo.
Os percibo como un pozo invertido,
un pozo,
porque lo que escucho y veo
de vuestro arriba
se me aparece como si viniera de lo profundo,
de lo hondo que tienen los pozos.
Subir es ahondar y el eco viene de un cielo
entrañado en el vientre de la tierra.
El agua siempre responde desde abajo
con un fervoroso frescor.

 Desde este alcor sagrado hemos aprendido a comprender
el lejano fondo de la vega,
y también a contemplar que la plata de vuestro perfil
es el espejo de los arroyos y los veneros que la riegan.
Nos hemos adentrado en el tiempo sin tiempo del niño,
con el ritmo sin tiempo del viejo
-tiempo de origen, tiempo final-,
y hemos alcanzado a ver
por la luz de Nuestra Señora del Águila,
por Ella,
lo que siempre con gloria aquí ocurrió:
La vida venciendo a la muerte sin darle tregua.
Cómo, dónde y cuándo moriremos, claudican,
se hunden estériles.
La mente mortal se desconcierta.
El espanto de morir y estar muerto huye
horrorizado por la claridad de vuestros ojos.
Lo que se fue regresa para que lo aprovechemos de nuevo,
amando a quienes no amamos suficientemente,
alargándoles abarcándolos nuestro abrazo
para reconciliarnos con lo desgarrado.

   Aunque a vos lleguemos heridos,
casi vencidos por tanto sufrimiento,
siempre seréis nuestra esperanza,
y siempre nos ofreceréis amparo.
En la duda llegamos
y dádivas se nos allegan de vuestro mirar.
Vuestro vuelo nos lleva a las estrellas del cielo.

   Sabemos que María, la madre de Dios está
en esta cima del Águila.
Que si subimos aquí llegamos a Ella,
la virgen del Águila.
Con el brío de la juventud, o las fatigas de la vejez,
sólo si subimos la vieja cuesta, como sea,
podremos pisar el suelo de nuestra patria verdadera,
muy por encima de la que caduca en sus estrechos términos.
En este monte santo para los alcalareños está
lo más alto y lo más hondo.

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[Este poema fue recitado por el autor en el Concierto-Meditación en honor a Santa María del Águila celebrado en el Santuario de la Virgen, con motivo del 125 aniversario fundacional de la Hermandad de la Patrona de Alcalá de Guadaíra]

 

CREPUSCULAR (ITINERÁRIOS DA ARRÁBIDA). Sebastião da Gama (1924-1952)

 
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San Pedro de Alcántara (1499-1562) orando en el convento novo da Arrábida

(escultura)

[Foto: Lorenzo del Término (Portugal 2016)]

 

   Aqui onde estou só, não estou só.
—Estão comigo todos os que eu amo
e não sabem nem podem
viver em si a sua vida;
estão em mim, os meus, e é com minh’alma,
por todos irmãmente repartida,
que conseguem viver a sua vida.
E eu vivo agora mais, que os vivo a todos.
E eles todos deixaram
de apenas existir…
Ah mistério inefável!…
—São seus lamentos meus ou alegrias.
Todo vibro de Amor. Abraço e beijo.
Sou a fogueira rubra a que se aquecem
aqueles que eu amei só porque os vi.
Sou noite de Natal.
Sou as lembranças dos velhos;
os sonhos das raparigas;
os olhos encantados do menino
que se parece comigo
quando eu era pequenino,
e também se debruça na fogueira.
Sou a tristeza de alguns
e o seu conforto.
E sou eu
que dei sentido à su vida e à minha;
o que fugiu do povoado
e no ermo da Serra se isolou
……(ai a dor de ver todos sem viver!
……sem reparar no seu Amor mendigo!
……ai simulacros de almas que o levaram
……a retirar-se consigo,
……desgostado,
……lá no deserto monte
……aonde, perdoando, o invocou!)

   Até aonde estou
vieram,
pelos caminhos longos da minh’alma,
os que me não quiseram
e me fizeram
fugir.
E logo tudo se passou
como se eu estivesse lá como eles
e não aqui no ermo,
só.

 

[ITINERÁRIOS DA ARRÁBIDA (COLECÇÃO DE 16 POSTAIS).

Poemas de Sebastião da Gama (1924-1952).

Edição da Câmara Municipal de Setúbal.

Poema 7.

1987]

 

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DA SERRA DA ARRÁBIDA. Frei Agostinho da Cruz (1540-1619)

 

DA SERRA DA ARRÁBIDA. Frei Agostinho da Cruz (1540-1619)

 
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Convento de la Arrábida

[Foto: Lorenzo del Término]

 

«Escritor de cariz manierista, compuso una variada obra lírica que testimonia el dramático conflicto entre el pecador, afligido por el remordimiento, y el hombre guiado por una profunda saudade do céu, que más se aviva y consolida en contacto con la naturaleza exuberante de la Sierra de la Arrábida (encarnación terrena de lo divino), indisociable de su vida y de su poesía.

»En el conjunto de ésta, merecen destacarse los sonetos y las elegías…»

 

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DA SERRA DA ARRÁBIDA

Frei Agostinho da Cruz

(1540-1619)

   Do meio desta Serra derramando
A saudosa vista nas salgadas
Águas humildes, quando e quando inchadas,
Conforme o vário vento vai soprando,

   Estou comigo só considerando,
Donde foram parar coisas pasadas,
E donde irão presentes mal fundadas,
Pois pelos mesmos passos vão pasando.

   Oh qual se representa nesta parte
Aquela derradeira hora de vida
Tão devida, tão certa e tão incerta!

   Em quantas tristes partes se reparte,
Dentro nest’alma minha entristecida,
A dor, que em tais extremos me desperta!

 

[ANTÓNIO MATEUS e DANIEL PIRES.

A Serra da Arrábida na Poesía Portuguesa.

Ed. Centro de Estudos Bocageanos.

Setúbal, 2014.

Págs. 21 y 23]

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Eremitorio arrábido

[Foto: L. del T. 2016]

 

DISPERSÃO. Mário de Sá-Carneiro (1890-1916)

 

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Lisboa 2016-1

[Foto: Manuel Verpi]

 

Perdi-me dentro de mim
Porque eu era labirinto,
E hoje, quando me sinto,
É com saudades de mim.

Passei pela minha vida
Um astro doido a sonhar.
Na ânsia de ultrapassar,
Nem dei pela minha vida…

Para mim é sempre ontem,
Não tenho amanhã nem hoje:
O tempo que aos outros foge
Cai sobre mim feito ontem.

(O Domingo de Paris
Lembra-me o desaparecido
Que sentía comovido
Os Domingos de Paris:

Porque um domingo é familia,
É bem-estar, é singeleza,
E os que olham a beleza
Não têm bem-estar nem familia)

O pobre moço das ânsias…
Tu, sim, tu eres alguém!
E foi por isso também
Que te abismaste nas ânsias.

A grande ave doirada
Bateu asas para os céus,
Mas fechou-as saciada
Ao ver que ganhava os céus.

Como se chora um amante,
Assim me choro a mim mesmo:
Eu fui amante inconstante
Que se traiu a si mesmo.

Não sinto o espaço que encerro
Nem as linhas que projecto:
Se me olho a um espelho, erro —
Não me acho no que projecto.

Regresso dentro de mim
Mas nada me fala, nada!
Tenho a alma amortalhada.
Sequinha, dentro de mim.

Não perdi a minha alma,
Fiquei con ela, perdida.
Assim eu choro, da vida,
A morte da minha alma.

Saudosamente recordo
Uma gentil companheira
Que na minha vida inteira
Eu nunca vi… mas recordo

A sua boca doirada
E o seu corpo esmaecido,
Em um hálito perdido
Que vem na tarde doirada.

(As minhas grandes saudades
São do que nunca enlacei.
Ai, como eu tenho saudades
Dos sonhos que não sonhei!…)

E sinto que a minha morte —
Minha dispersão total —
Existe lá longe, ao norte,
Numa grande capital.

Vejo o meu último dia
Pintado em rolos de fumo,
E todo azul-de-agonia
Em sombra e além me sumo.

Ternura feita saudade,
Eu beijo as minhas mãos brancas…
Sou amor e piedade
Em face dessas mãos brancas…

Tristes mãos longas e lindas
Que eran feitas pra se dar…
Ninguém mas quis apertar…
Tristes mãos longas e lindas…

Eu tenho pena de mim,
Pobre menino ideal…
Que me faltou afinal?
Um elo? Um rastro?… Ai de mim!…

Desceu-me n’alma o crepúsculo;
Eu fui alguém que passou.
Serei, mas já não me sou;
Não vivo, durmo o crepúsculo.

Álcool dum sono outonal
Me penetrou vagamente
A difundir-me dormente
Em uma bruma outonal.

Perdi a morte e a vida,
E, louco, não enlouqueço…
A hora foge vivida
Eu sigo-a, mas permaneço…

… … … … … … … … … … …

Castelos desmantelados,
Leões alados sem juba…

… … … … … … … … … … …

 

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Lisboa 2016-2

[Foto: Manuel Verpi]

 

[MÁRIO DE SÁ-CARNEIRO (1890-1916)

Poesías.

Editorial Nova Ática. Lisboa 2004.

Págs. 61 a 65.]