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EL ESTANDARTE O EL IMPERIO CONTRAATACA. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 1). Por Pablo Romero Gabella

 

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Concierto de Año Nuevo en Viena

 

La literatura sobre el fin del Imperio austro-húngaro no solo es un campo fértil para nostálgicos del mundo de ayer, para fans postmortem de Sisi Emperatriz o para intelectualoides que buscan algo que les dé elegancia; es además de todo eso un mundo en sí mismo, un mundo de eterna decadencia que ha dado grandes joyas literarias, tales como La marcha de Radetzky o la Cripta de los Capuchinos, ambas de Joseph Roth, sino también obras menores pero no por ello despreciables.  En nuestra comienzo de «Noticias de un Imperio» comenzaremos con la novela El Estandarte, del austríaco Alexander Lernet-Holenia. Publicada en 1934 alcanzaría una cierta popularidad, que en el caso de España le llevaría a formar parte de la Colección Reno de Plaza & Janés junto a títulos tan dispares como Kapput de Curzio Malaparte. Aunque todos compartían el mismo futuro de amarillear de hojas y de cuartear de pastas, esas mismas donde en las portadas se imitaban los grandes carteles que anunciaban en los cines las películas de las décadas de los 50,60 y 70.

   Esta novela «pulp» imperial tiene algo que nos sigue (y me refiero sobre todo a los que militamos en la Cofradía de la Cripta de los Capuchinos) atrayendo. Es de celebrar en estos tiempos que fuera reeditado en España en 2013 por Libros del Asteroide.

   El tema no es otro que la nostalgia del fin de un mundo que daba sentido a toda una pléyade de tipos que no encajarían en la Europa de entreguerras o que mal encajarían en un mundo que se preparaba para una guerra que ya sería la suya. El protagonista es el capitán Menis, un verdadero «yonki» del Imperio, un enganchado a los trajes de gala, los valses y polkas hasta el amanecer y los impertinentes para la ópera. Pero no todo era superficialidad, también estaba el honor, el cumplimiento a la palabra dada al Emperador y a la bandera.

   El ex oficial de caballería Menis, que vive en la placidez burguesa de la Viena de los años 20, se considera un muerto viviente, un «zombi» austro-húngaro, porque piensa que debiera haber muerto en el cruce del río Danubio en el Belgrado de noviembre de 1918. Aún así,  compadecido por los excombatientes que malviven como mendigos en las «strasse» de Viena, recuerda que él creyó salvar el honor del Imperio, o al menos, salvar una parte de su honor: el estandarte imperial de su regimiento.

   La novela transcurre en los últimos días de la 1ª Guerra Mundial y como tal en los últimos días del Imperio. El oficial Menis recuerda cómo, sirviendo en Belgrado, es testigo y a la vez protagonista de la sublevación de sus soldados polacos que se niegan a seguir luchando bajo las banderas del Imperio y de cómo los oficiales austríacos intentan hacerlos entrar en razón utilizando las ametralladoras. Tras la masacre, la derrota, el desastre; la huida de Menis con el estandarte, escondido en su guerrera, acompañado por una extensa «troupe» (incluida su amada) es una «road movie» por las nuevas repúblicas que nacieron del despojo habsbúrgico.

   Después de pasar variopintas aventuras (incluido en ellas el elemento sobrenatural) nuestro héroe llega a una Viena sumida en la indiferencia y en una pseudo-revolución republicana que era lo que quedaba cuando todo lo demás había desaparecido.

   En mi opinión, las mejores escenas transcurren en el fantasmagórico palacio imperial de Viena, donde un remedo de emperador, el joven Carlos I, se dispone a abandonar para siempre el Imperio, dejando huérfanos a sus servidores palaciegos que deambulan como espectros por las regias estancias. El último Habsburgo imperial acabará siendo un perjuro, deshonrando a los que habían muerto defendiendo su «Kakania»: el emperador…no tenía derecho…a anular el juramento que los muertos habían prestado.

   El Imperio seguiría viviendo en los muertos, un imposible necrófilo que magistralmente Claudio Magris calificó como el mito habsbúrgico y que millones de personas celebran todos los primeros de enero al sentarse ante sus televisores para ver el Concierto de Año Nuevo desde Viena.

 
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«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [1ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 2). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [2ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 3). Por Pablo Romero Gabella

«LOS DÍAS CONTADOS» O LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN TRANSILVANIA [3ª PARTE]. De la serie «NOTICIAS DE UN IMPERIO» (Núm. 4). Por Pablo Romero Gabella

 

OTELO, ¿EL MORISCO? Por Pablo Romero Gabella

 
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Perfumeros

[Foto: LGV Arcila, Marruecos 2007]

 

Existe una fina línea que no todo el mundo ve y que une realidad con ficción. A ese nexo llamamos arte, en este caso unimos historia y literatura. Y lo que aquí expongo es lo siguiente: ¿y si el personaje de Otelo fuera de origen español? ¿Otelo un morisco, un español?

   Empecemos por responder a una primera pregunta: ¿Qué era ser un morisco? Por moriscos se conocían a los musulmanes que se convirtieron al catolicismo, o más bien fueron convertidos, en la España de los siglos XVI-XVII. Todo comenzó en Granada en 1492 tras su conquista por los Reyes Católicos. Aunque en las Capitulaciones firmadas  entre el último rey nazarí Boabdil y sus católicas majestades, a finales de 1491, se establecía que tras las conquista de Granada se respetarían las propiedades y religión islámicas, en 1501 se obligó legalmente a ser cristianizados los musulmanes que habitaran el Reino de Castilla. En 1526 lo serían los de la Corona de Aragón. Los que quedaron, dedicados principalmente a la agricultura, sufrieron una presión constante de las autoridades (sobre todo de la Inquisición) que derivó en una manifiesta discriminación, impidiéndoles, por ejemplo, ejercer profesiones ni tener cargos en el ejército ni en la administración. A la acción del poder se unieron la de sus mismos convecinos cristianos como dejó constancia Cervantes en El coloquio de los perros. Todo ello provocaría la sangrienta sublevación de las Alpujarras granadinas en 1568. Esta rebelión morisca degeneró en una guerra feroz donde se mató sin compasión a hombres, mujeres y niños. Felipe II pensaba que los moriscos eran la quinta columna de su principal enemigo: el imperio turco otomano, que había aprovechado el conflicto de las Alpujarras para conquistar la isla de Chipre, a pesar de que fueron derrotados en Lepanto en 1570. Un año después la guerra de las Alpujarras también terminó con la victoria cristiana.

   No obstante, el problema continuó ya que la convivencia entre cristianos viejos y moriscos estaba rota; el rechazo, la incomprensión y la exclusión aumentaron. A los moriscos ya no se les consideraba ni españoles ni cristianos, más bien traidores al servicio del Gran Turco. A aquellos españoles se «les heló el corazón», tal como lo diría siglos más tarde el poeta Antonio Machado. Muchos moriscos eligieron el exilio, la mayoría al Norte de África y otros al imperio turco. Miles de personas cruzaron el Mediterráneo de oeste a este, justamente al contrario de lo que hoy ocurre. Este proceso de exclusión culminaría, como en 1492 ocurrió con los judíos, con su definitiva expulsión por real orden de Felipe III en 1609. Salieron de España unos 300.000 moriscos (representaban el 4% de la población española) con destino principal al  mundo musulmán, aunque otros se decidieron por el sur de Francia, la costa del Livorno italiano, Venecia e Inglaterra.

   Es interesante destacar que las relaciones entre el mundo musulmán y la Inglaterra isabelina (la época de Shakespeare) fueron más intensas de lo que podríamos pensar. Por ejemplo, se firmaron importantes acuerdos comerciales entre la «Reina virgen» y el rey de Marruecos, e incluso, su embajador en Londres, Ahmad al-Mansur, llegó a proponer a la reina Isabel, en 1600, el proyecto de una alianza militar contra el enemigo común: España. Dicho plan consistía en arrebatar a España sus colonias americanas y recuperar Al-Andalus para el Islam. Sin embargo todo quedó en el aire y al poco tiempo Isabel I decretó la expulsión (anticipándose 8 años a Felipe III) de los «negars and black-mores», muchos de los cuales eran moriscos que llegaron de España buscando asilo en la anglicana Inglaterra. Como en España, se les consideraba una minoría étnico-religiosa cuanto menos incómoda, cuanto más peligrosa e indeseable para sus propósitos de forjar una monarquía fuerte basada en la unidad religiosa. Esta política sería reafirmada por su sucesor Jacobo I (o Yago) cuando firmó el Tratado de Londres con España en 1604.

   Lo morisco fascinaba y a la vez repelía a los ingleses de la época de Shakespeare. Fue en ese contexto, entre 1602 y 1604, cuando el «bardo de Avon» escribiría su obra Otelo. Utilizó como inspiración un relato del escritor italiano del siglo XVI, y discípulo de Bocaccio, de nombre Giraldo Cinthio. Dicho relato se titulaba Il capitano Moro o Il Moro de Venecia.

   Pero en opinión de algunos especialistas (*), Shakespeare también se dejó influir por la corriente de simpatía y admiración que existía entre la clase culta inglesa sobre la obra de un morisco español. La historia lo conoce como León el Africano (su nombre originario era Hassan Ben Muhammad).  A dicho personaje histórico dedicó una magnífica novela histórica, de título homónimo, el escritor libanés Amin Maaluf en 1986. La familia de John Leo Africanus (así era conocido en Inglaterra) era originaria de Granada y se exilió en tiempos los Reyes Católicos en el Norte de África. Al poco tiempo nuestro protagonista fue hecho prisionero, en 1517, por unos corsarios cristianos. Llevado a Roma, acabo siendo el protegido del Papa León X. En la corte papal escribió varias obras de diversas temáticas (destacando la de viajes) que le hicieron famoso en toda la Europa culta. A la muerte de su protector huyó de nuevo al Norte de África donde se convertiría de nuevo al Islam. Su obra fue ampliamente conocida en los círculos literarios que frecuentaba Shakespeare junto a John Webster o Ben Johnson. Todos ellos eran conocedores de la obra de León el Africano a través de las traducciones de John Pory. Todo lo expuesto ha llevado a decir a algún especialista que fue este personaje morisco quién fue la inspiración principal para que Shakespeare construyera su Otelo. Sin embargo, advertimos diferencias. Uno es un intelectual (León) otro es un guerrero (Otelo). Pero ambos les unía ser hombres de frontera, que era en aquel tiempo ese Mediterráneo que magníficamente historió Fernand Braudel en su obra capital El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe (México, 1953). También compartían ser servidores de altas instancias de poder (Roma y Venecia) y a la vez, a pesar de sus valías, fueron rechazados por el mero hecho de ser moriscos. ¿Se inspiró Shakespeare en nuestro morisco granadino para su inmortal Otelo? No lo sabemos a ciencia cierta, pero en absoluto parece descabellado  que estas palabras puestas por Maaluf en boca de su León el Africano pudiera haberlas dicho otro moro, el Moro de Venecia:

«Mis muñecas han sabido a veces de las caricias de seda y a veces de las injurias de la lana, del oro, de los príncipes y de las cadenas de los esclavos. Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios.

   »Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano.»

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(*) Jesús López Peláez, «Othello y los moriscos: hacia una nueva lectura de Othello de William Shakespeare», XIV Congreso Internacional de Estudios Moriscos, Túnez, 20-23 mayo de 2009 (consultable en internet).

 

MARX RELOADED. De la serie «RECORTES», Nº 114. Por Pablo Romero Gabella

 
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Serie: Miradas de paranavayenses

(Foto: LGV Brasil 2005)

 

«Nos hemos quedado estancados en un modelo cultural generado  a mediados del siglo XIX. Todavía el marxismo sigue dominando el discurso cultural, lo cual resulta extraordinario si pensamos que casi nadie se declara abiertamente marxista. Pero esa forma sórdida y prosaica, puramente mental y utilitaria de ver la vida, parece ejercer una extraña atracción negativa en muchos de nosotros. En un momento de la historia se construyó una Gran Descripción de las Cosas (que la emoción es irracional, que el romanticismo es reaccionario, que le mundo interior es una fantasía, que sólo existen el cerebro y la economía, que el ser humano es una bestia, que la belleza es fascista, etcétera) que por estúpida y arbitraria que sea se ha quedado enquistada en una visión oficial del mundo que nadie se atreve a cuestionar, en parte por miedo y en parte por simple desidia. La izquierda era moralidad. Para mí, Marx representa una narrativa liberadora emancipadora. Cree en el individuo lo quiere liberar del capitalismo.  En los años treinta del pasado siglo la izquierda abandonó para siempre el concepto de libertad para abrazar el de igualdad. Marx odiaba que el individuo sólo será sí mismo cuando el capitalismo sea vencido. Mientras tanto, los que no necesitan la cultura para nada, es decir, los banqueros y la grandes fortunas, se van apoderando poco a poco del mundo.»

[Andrés Ibañez, «Yoga nidra», ABC Cultural, 26 diciembre de 2015, pág. 2/ Yanis Varoufakis, entrevistado por Xavi Sancho en Icon, nº 23, enero de 2016, pág. 79]

 

PETROGRADO-CARACAS, ENERO 1918-2015. De la serie «RECORTES», Nº 113. Por Pablo Romero Gabella

 

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Gafas

Xopi

2008

 

«El próximo lunes, 4 de enero de 2015, iniciará sus funciones el inédito Parlamento Comunal, un organismo que el oficialismo ha rescatado de la chistera de las leyes comunales que Hugo Chávez hizo aprobar en 2010. El Gobierno de Maduro no ha escondido su intención de utilizar este Parlamento paralelo conformado en su totalidad por representantes de comunas chavistas— como contrapeso a la asamblea burguesa, así como de destinarle recursos y competencias. En estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. El socialismo era un ideal del futuro, afirmó Lenin. Cuando los diputados de la Asamblea Constituyente se reunieron en enero de 1918, el Gobierno Obrero y Campesino estaba firmemente establecido en Petrogrado, y era improbable que abdicara a favor de un cuerpo que representaba los confusos sentimientos de las áreas rurales dos meses antes. La asamblea escuchó mucha oratoria poco concluyente. Avanzada la noche se levantó la sesión; y el Gobierno impidió por la fuerza que volviera a reanudarse. Este fue un momento decisivo. La revolución había dado la espalda a las convenciones de la democracia burguesa. Hegel dice en algún parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.»

[Ewald Scharfenberg, «La oposición de Venezuela desafía el intento de golpe encubierto de Maduro», El País, 2 de enero de 2016, pág. 3 / Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Madrid, 2003, pág. 13, publicado por primera vez en 1852/E.H. Carr, La Revolución Rusa. De Lenin a Stalin, 1917-1929, Madrid, 1988, págs. 18-19, traducción de Ludolfo Paramio, 1ª edición inglesa en 1979]

 

EL VIEJO LEÓN LITERARIO. De la serie «RECORTES», Nº 112. Por Pablo Romero Gabella

 

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Diógenes buscando hombres honestos

Johann Heinrich Wilhelm Tischbein

1751-1829

 

«Mauricio Wisenthal, escritor nacido en Barcelona en 1943 y que hasta no hace mucho era un misterio. Vive en un piso de alquiler en la parte alta de Barcelona, un museo de su vida. Portero de sí mismo, escribe junto a la puerta de la casa, en una butaca que fue de su madre, rodeado de libros. Su obra es la de un nostálgico de la gran cultura occidental, de lo sagrado. De él se ha dicho que es un adalid de la vida inútil que no busca la rentabilidad contante y sonante, sino espiritual, y que la compasión es su forma de estar en el mundo.

   —Yo he vivido una época en la que la palabra popular tenía infinita más fuerza que la palabra aristocracia, porque se malentendía la aristocracia como un mundo de cuatro señores más o menos privilegiados que no hacían nada en la vida, no sembraban nada y no producían nada. Pero lo que yo buscaba en ese mundo era el aristos, la idea griega de la educación, de la aristea, el combate individual, por el que tenemos la epopeya griega La Iliada. Es algo que se está perdiendo en la literatura donde los autores, llevados por las ventas y por la política comercial de los grandes entretenimientos. A veces me pregunto qué recursos tenemos hoy quienes creemos que los valores libres, en ideales y en proyectos humanistas para responder a las tormentas de terrorismo o fanatismo que nos amenazan y que serán cada día más frecuentes en las próximas décadas.»

[Entrevista de Alfonso Armada a Mauricio Wiesenthal en ABC Cultural, 26 diciembre de 2015, pág. 6/ Mauricio Wiesenthal, El viejo León. Tolstoi, un retrato literario, Barcelona, 2010, pág. 160-161]

 

RETRO-FICCIÓN. De la serie «RECORTES», Nº 111. Por Pablo Romero Gabella

 
Oedipus in Egypt *oil on canvas *60,3 x 93,4 cm *signed b.r.: J.L. GEROME *1886

Napoleón ante la Esfinge

Jean-Léon Gérôme

(1867-1868)

 

«El estreno global de la última entrega (primera de la trilogía anunciada por Disney) de La guerra de las galaxias, la mayor y más rentable franquicia de la ciencia-ficción desde la Epopeya de Gilgamesh (III Milenio antes de Cristo). Sabedor de este hecho, el señor Gilgamesh expuso la cuestión ante los ancianos de su ciudad y les solicitó su consejo:

   —No nos sometamos la casa de Kish. Me sorprende cómo la ciencia-ficción actual tiende a ser muy inquietante y especulativa desde el punto de vista formal, pero acompañada de una narrativa muy retrógrada. ¡Ataquémosla con la armas!»

[Manuel Rodríguez Rivero, «Algunas propuestas para evadirnos», Babelia (El País), 26 de diciembre de 2015, pág. 15 /Extracto adaptado de Gilgamesh y el Agga de Kish en Federico Lara Peinado, Leyendas de la Antigua Mesopotamia. Dioses, héroes y seres fantáticos, Madrid, 2002, pág. 147/Marina Núñez, artista, en entrevista de Javier Díaz-Guardiola en ABC Cultural, 26 de diciembre de 2015, pág. 25]

 

PÍO, HÉROE CONTRADICTORIO. De la serie «RECORTES», Nº 110. Por Pablo Romero Gabella

 

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Luna, baja y trágame 

(Ilustraciones para un libro de Tomás Valladolid Bueno)

Rafael Luna

2009

 

«¿Por qué se le sigue leyendo en una época en la que los lectores desfallecen? Porque lo ponen de lectura obligatoria en colegios o lo ponían, y por algo más. Por el lector adulto, que, en sus horas por fuerza solitarias, en el tiempo de la remembranza, que fue el de Baroja, se recuerda en el joven que buscaba refugio en la lectura y que por un momento se sintió Martín Zalacaín o Andrés Hurtado acogotado por el medio, buscando una salida, una puerta de escape: los rebeldes barojianos que crecían más en la imaginación de sus lectores que en las páginas que su generación concita. En los humano, como en toda la naturaleza, el individuo es lo único. Sólo lo individual existe en el campo de la vida  en el campo del espíritu. Lo individual no puede en absoluto entrar de lleno en un encasillado, y menos si este encasillado ha tenido por norma un principio ético. Las ideas de lo bueno, de lo lógico, de lo justo, de lo consecuente, son demasiado genéricas para representarse completas en la naturaleza. El individuo no es lógico, ni bueno, ni justo. Todo lo individual se presenta siempre mixto, con absurdos de perspectivas  y contradicciones pintorescas, contradicciones y absurdos que nos chocan, porque intentamos someter a los individuos a principios que no son los suyos. Baroja y sus rebeldías, Baroja anticomunista, antidemócrata, antirrepublicano confeso antes de la Guerra Civil, durante la guerra y después de ésta. Hombre de otro tiempo, del antiguo régimen, digamos. Inclasificable. Se nos escapa entre sus páginas, ahí creemos atraparlo y nos acaba enseñando nuestros propios fondillos.»

[Pío BarojaCésar o nada, Madrid, 2006, pág 7-8, 1ª edición 1910 / Miguel Sánchez-Ostiz, «Baroja no era barojiano», ABC Cultural, 7 de noviembre de 2015]

 

LITERATURA, MALA. De la serie «RECORTES», Nº 109. Por Pablo Romero Gabella

 

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Plansone Duty Free Project

Pascale Marthine Tayou

2006

[Foto: LGV 2015]

 

«La literatura y el mal me reveló un aspecto de la literatura que yo creo que existe y que Bataille vio maravillosamente: que en la literatura se expresa algo que sólo se puede expresar en la literatura. Él decía que esos fondos reprimidos que permiten la vida en sociedad, todo aquello que si tuviera derecho de ciudad provocaría hecatombes, catástrofes, haría que nos matáramos todos, ciertos instintos, deseos que están ahí y no podemos erradicar sumidos en el fondo de nuestra personalidad, encuentran en la literatura un camino privilegiado para expresarse. Sabiendo lo mucho que amo el Arte, el Demonio toma a veces la forma de la mujer más seductora, y con especiales e hipócritas pretextos, acostumbra mis labios a filtros degradantes.»

[Entrevista a Mario Vargas Llosa por Juan Cruz en Babelia, 24 de octubre de 2015/ Charles Baudelaire, «La Destrucción» en Las Flores del Mal, Madrid, 2009,pág. 219, traducción de Enrique López Castellón, 1ª edición en francés en 1857]

 

ROBESPIERRE EN LA MASÍA. De la serie «RECORTES», Nº 108. Por Pablo Romero Gabella

 

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(Foto: ODP. Portugal, 11 de octubre de 2015)

 

«¿Cuál es el objetivo hacia el que tendemos? Al gozo tranquilo de la libertad y de la igualdad. Al reino de esa justicia eterna, cuyas leyes han sido grabadas, no sobre mármol o piedras, sino en los corazones de todos los hombres, incluso en el del esclavo que los olvida y el del tirano que los niega.  Es decir, sustituir los vicios y las ridiculeces de la Monarquía por las virtudes y cualidades de la República. Queremos, en una palabra, realizar los deseos de la naturaleza, cumplir los destinos de la humanidad, mantener las promesas de la filosofía, absolver a la providencia del largo reinado del crimen y de la tiranía. Fundar una república es un pollo impresionante.»

[Maximilien Robespierre, «Acerca de los principios de moral política que deben conducir a la Convención Nacional», discurso del 5 de febrero de 1794, en Bernat Muniesa, El discurso jacobino en la Revolución francesa, Barcelona, 1987, págs. 89-80/ Declaraciones de Antonio Baños, diputado electo al Parlamento de Cataluña por las CUP, recogidas en Alex Gubern, «Los aliados de Mas, dispuestos a “montar un pollo político”», ABC, 17 de octubre de 2015]

 

EL RECORTE DE LA NOVELA. De la serie «RECORTES», Nº 107. Por Pablo Romero Gabella

 

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Laocoonte y sus hijos

(Detalle)

Yeso de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa

[Foto: Lorenzo del Término (Lisboa, 2015]

 

«En un ensayo titulado Tal vez soñar (1996), Franzen subraya la irrelevancia de la novela en el contexto de la cultura actual. En la era del entretenimiento, sometida al imperio de la imagen, los novelistas llevan todas las de perder. Buscando la manera de dar la vuelta a la situación, dio con una fórmula paradójica. “La única manera de avanzar es retroceder”, concluyó. La solución de los males de la novela contemporánea está en volver a los modelos insuperables de Tolstoi o Dickens. Conforme se adentra en el siglo XXI, su estilo va regresando al XIX. El narrador es el único ser totalmente libre de este mundo, el único que goza de un libre albedrío sin recortes que ejerce a voluntad.»

[Eduardo Lago, «Franzen, ¿el gran novelista americano?» y Santiago Roncagliolo, «El provocador jubilado», ambos en Babelia, 10 de octubre de 2015/ Mario Vargas Llosa, La tentación de lo imposible, Barcelona, 2005, pág. 122]