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AQUEL RAFAEL QUE CONOCÍ UNA TARDE EN MOSCÚ. Por Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001)

 

Sombra de nubes sobre la fachada de los Almacenes Gum

(Foto: Sandra Dugan. Moscú 1994)

 

Del Diario de Sandra Dugan rescatamos otro relato de su estancia en la Universidad Estatal M. V.  Lomonósov  de Moscú entre 1994 y 1997. Algunas páginas de su diario personal ya han sido publicadas en esta revista [Escaparate] en los años 2011 y 2012.

Olga Duarte y Lauro Gandul

 

Llegué a Moscú en enero de 1994, con cincuenta y un años recién cumplidos el 4 de diciembre pasado, en un día que me dejó helada. Por mucho frío que creyera que allí hiciese, mucho más hacía. Helada me quedé, aunque no era la temperatura, no, pues iba bien abrigada. Era la fría luz de bienvenida que me daba la avenida, donde tomé conciencia de encontrarme en Moscú, cuando miraba distraídamente por la ventana del taxi que me llevaba desde el aeropuerto a la Plaza Roja.

   Mientras el taxista me esperaba en una calle cercana con todo mi equipaje y mis libros para los próximos años, corrí hacia aquella plaza soñada sólo para asomarme a ella. Eran suficientes unos minutos para abarcar con la mirada sus casi tres hectáreas: San Basilio, el Kremlin, los almacenes Gum; y pisar sus adoquines… Aquella plaza era en sí lo que yo necesitaba ver pues aquella Plaza Roja era para mí Moscú: bastaba ella sola para serlo.

   El taxista me llevó a Lomonósov: mi destino, mi trabajo y el pequeño apartamento donde viviría en el corazón, muy agotado como pude pronto comprobar, del campus más prestigioso de Rusia, cuya arquitectura estalinista sobrecogía como un panteón. Soberbios edificios, esculturas gigantes, mármoles, escaleras, bibliotecas, departamentos, aulas… que me hacían sentir pequeña, muy diferente en todos los sentidos de la Salamanca de los sesenta donde estudié, aunque en cuanto a las dimensiones ciclópeas de la urbe y de su Universidad más importante, no me eran ajenas cuando las comparo con el Buenos Aires donde me crié. No digamos del contraste, no menos espectacular, entre la Gibraltar de mi exilio juvenil con la enormidad de Moscú. Pero ninguna luz, que en mi vida hubiese hallado alguna vez en alguna ciudad, había sido tan gélida como la de Moscú aquella mañana en que llegué por primera vez. Me dejó helado el corazón sin alcanzar a comprender porqué, aún hoy cuando escribo estas líneas en mi pequeño despacho de la Biblioteca del Departamento de Español de Lomonósov.

   Acrecentaba esta pequeñez sentida mi ignorancia del ruso. Aunque en cuanto a lenguas puedo decir que contaba con mi español cosmopolita bonaerense, más el decir porteño cuando quería, y el de mi bendita Salamanca, junto con el inglés decimonónico heredado de mi familia –contaminado por la jerga de los llanitos− y de las historias que me contaban aquellas inglesas con las que a veces regresaban casados nuestros marineros gallegos después de recorrer los mares del norte. No obstante todo mi cosmopolitismo, me sentía gallega por el doble vínculo que mis familiares –no sólo mis padres− me transmitieron como lengua vernácula sino por la divina Rosalía y el portugués de allende el Miño. Pero con los funcionarios de frontera en la terminal del aeropuerto no tuve que hablar nada. Examinados mi pasaporte, mi visado especial para trabajar en la universidad, mis papeles de Residente-Doctora por tiempo indefinido y mis maletas, en las distintas cabinas, nada tenían que decirme, sino estampar los correspondientes sellos y con un gesto indicarme que podía continuar. No tuve que hablar nada. El silencio en la terminal era casi absoluto. Al taxista bastó decirle Lomonósov. Cuando tuve que pedirle que me dejara lo más cerca de la Plaza Roja para bajar y verla, y que me esperara, fue distinto, aunque tampoco había problema porque el taxista sabía inglés.

   Ya en la puerta de la universidad, el bedel de uniforme gris que me atendió sólo hablaba ruso. Yo le hablaba en español. Nada impidió que me dejara ante la puerta en la biblioteca, y con una sonrisa se despidiera. Abrí la puerta y entré. Afortunadamente no había nadie. Eran tres habitaciones cuadradas unidas por dos huecos adintelados. Doce paredes repletas de libros desde el suelo al techo, sin ventanas. Un escritorio en un rincón de cada habitación con sus lámparas de mesa y escribanía. La luz del techo era muy endeble. Para trabajar con los libros de las estanterías iba a necesitar una linterna. Dejé mis maletas junto al primer escritorio y me dispuse a ver los libros más cercanos. Todos estaban en español. Había miles. Me entró un entusiasmo enorme al pensar lo lejos que me había venido para estar en una biblioteca en español a miles de kilómetros de España, donde conocía cientos de bibliotecas en las que habría podido trabajar. Al fondo otra puerta. Al abrirla un fanal de luz entró desde la plaza a la que daba iluminando los libros de las tres habitaciones, sin que para recorrerlos hicieran falta las luces de los techos. Era fantástica, ahora, esta luz.

   Salí a la plaza. Recorrí sus aceras, perímetro de los hastiales de los edificios que la acotaban. Uno de sus lados se abría a un parque. No había nadie en la plaza, pero al fondo del parque se veían unos quioscos, y allí sí había gente. Y humareda de fritangas. Hacia allí me encaminé porque también tenía hambre. Llevaba algunos rublos y no fue difícil conseguir un perrito caliente con una salsa picante y una cerveza. Dentro del quiosco se estaba bien pero no me quité el abrigo. Comí sentada a una mesita junto a otros que llenaban el espacio disponible. El ambiente estaba cargado de los olores de la comida pero parecía que no hubiera nadie de lo silenciosos e inexpresivos que estaban mis acompañantes. Nadie  miraba a nadie. Ni siquiera los que estaban frente a frente cruzaban entre sí sus miradas, ni por casualidad. Tal vez fuera porque nadie se conociera y todos estuvieran de paso como yo misma, aunque probablemente este lugar pronto pasara a formar parte de mi vida cotidiana. Quizá por esto yo sí miraba –con el disimulo que me era posible, en un lugar tan pequeño−.

   Terminando ya con esta intempestiva cena, porque eran las cinco de la tarde y ya intuía que al regresar de nuevo al apartamento no saldría porque la noche estaba al caer, vi llegar a un grupo de jóvenes charlatanes y sonrientes que se acercaban al quiosco. Demoré los últimos tragos de la cerveza para, al menos, tener algún sentir de las gentes. Entre ellos hablaban portugués y podía entender toda su conversación de gratas disquisiciones intelectuales. Hablaban de Moscú como un mito siendo ya para mí una entelequia. De entre todos ellos destacaba uno con gafas gruesas y pelo anillado que apenas llevaba ropa de abrigo y no parecía tener frío. Éste callaba mientras hablaba el grupo pero cuando algo decía dejaba a los demás pensativos y, de nuevo, la conversación se encendía. No he sido nunca dada a entrometerme en conversaciones ajenas pero era mi primer día en un Moscú frío, sordo, y decidí interpelarlos rescatando mi portugués. Extrañados me miraron y más profunda e inquisitiva fue la mirada, tras los gruesos cristales, del joven que me llamó la atención al llegar el grupo. Menos él, que no habló hasta el final, los demás me contaron que eran estudiantes mozambiqueños becados por su gobierno para estudiar en Moscú. Justo en 1994 se habían celebrado en su país las primeras elecciones libres tras una guerra civil de quince años y ese era todo el debate que traían. El de las gafas era español y aunque no me dijo la edad supuse que mayor que el resto, tendría unos treinta y tantos años. Él ya conocía lo que había sido una guerra civil y unas primeras elecciones democráticas por eso callaba e intervenía certeramente siempre.

   Al final llegó la noche y el quiosco fue vaciándose de sus gentes y por la plaza ya merodeaban vodkataris y gentes extrañas en una ciudad con nombre pero sin futuro. Tuve miedo de regresar sola aunque sólo fuera cruzar de nuevo la plaza. Los estudiantes querían regresar también y este de las gafas, que percibió mi inquietud por la hora y la desolación de la plaza, me preguntó si estaba muy lejos el lugar al que tenía que regresar. –Tendría que cruzar la plaza, le dije. –¡Pues venga!, yo te acompaño que estos me esperan aquí. Pareció su tono tan obligado que no quise pero él insistió. Secamente me dijo mientras me acompañaba: −Te has colado en nuestras conversaciones pero yo no sé quién eres. –Yo tampoco sé quién eres tú, le contesté con cierta aspereza. Empezó a reírse burlonamente y esto me fastidió. Cuando llegué a la escalinata de la biblioteca por donde tenía que acceder para entrar hacia mi apartamento me dijo: Soy Rafael Rodríguez, he venido desde Alcalá de Guadaíra y quizá esto no era lo que buscaba del comunismo. Me marcharé en unos días. Mañana si quieres nos vemos en el quiosco y seguimos hablando. Con voz entrecortada le dije: −Yo me llamo Sandra Dugan.

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A PROPÓSITO DE SANDRA DUGAN (1942-2001). Por Lauro Gandul Verdún y Olga Duarte Piña

«33». Poema de Sandra Dugan (Gibraltar 1942-Madrid 2001). Moscú 1994-1997

CACAREAN LAS GALLINAS EN EL CORRAL. Por Sandra Dugan (1942-2001)

 

EL ÓRGANO DE LA IGLESIA DE SANTIAGO EL MAYOR DE ALCALÁ DE GUADAÍRA (CRÓNICA DE UN VIAJE). Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún (2015)

 

La Riverside Methodist Church de Blairgowrie La Riverside Methodist Church de Blairgowrie

 

…y maese Pérez puso sus crispadas manos sobre las teclas del órgano.

 

   Las cien voces de sus tubos de metal resonaron en un acorde majestuoso y prolongado, que se perdió poco a poco, como si una ráfaga de aire hubiese arrebatado sus últimos ecos.

 

   A este primer acorde, que parecía una voz que se elevaba desde la tierra al cielo, respondió otro lejano y suave, que fue creciendo, creciendo, hasta convertirse en un torrente de atronadora armonía. Era la voz de los ángeles que, atravesando los espacios, llegaba al mundo.

 

   Después comenzaron a oírse como unos himnos distantes que entonaban las jerarquías de serafines. Mil himnos a la vez, que al confundirse formaban uno solo que, no obstante, sólo era el acompañamiento de una extraña melodía, que parecía flotar sobre aquel océano de acordes misteriosos, como un jirón de niebla sobre las olas del mar.

«Maese Pérez el organista»

Leyendas

Gustavo Adolfo Bécquer

(1836-1870)

 

El órgano en la Riverside Methodist Church de BlairgowrieEl órgano en la Riverside Methodist Church de Blairgowrie

 

La crónica empieza en Alcalá de Guadaíra a fines del invierno pasado. Fue en el mes de febrero cuando Joaquín Bono Caraballo tuvo noticia de un órgano que se vendía en una iglesia metodista de Escocia, al norte de Edimburgo. Antes había intentado la compra de uno cerca de París pero no se hallaba en buen estado y su restauración la suponía muy costosa. Fue en Blairgowrie, en el condado de Perth, donde la iglesia metodista de Riverside vendía el edificio y el órgano instalado en su presbiterio. Contactó con el reverendo, pues parecía una buena oportunidad para conseguir un órgano para Alcalá, teniendo en cuenta su tamaño, características y su aparente buen estado de conservación. Preguntó por el precio y considerándolo muy asequible inmediatamente señaló la compra para asegurarse de no perder esta oportunidad única, aun a riesgo de que cuando fuera a inspeccionarlo realmente no estuviera tan bien conservado como parecía.

   El Sábado de Pasión viajó al pueblo escocés a orillas del río Ericht acompañado de un experimentado organero. Una vez allí había dos posibilidades, o daba marcha atrás a la compra, aunque perdiera la señal, o seguía para adelante con el proyecto, como así fue, al comprobar que el órgano se encontraba en un magnífico estado de conservación, ya que se había mantenido en uso diario hasta el tiempo de la inspección. Sólo hacía falta desmontarlo y traérselo para Alcalá. Con tal fin, organizó un viaje que hizo coincidir con un permiso laboral por los días de feria de Sevilla y se fue a Escocia con sus hermanos Francisco y Antonio, su primo Rogelio Caraballo, su buen amigo José Antonio Rico y, de nuevo el mismo organero. Previamente había construido unas cajas de madera que sirvieran para guardar las distintas piezas, que tenían que embalarse cuidadosamente para el viaje del órgano desde Blairgowrie, y para llevar las no pocas herramientas necesarias que no podían portar consigo como pasajeros del avión. Gracias al desinteresado ofrecimiento de Jesús Mª Hermosín, antiguo colaborador de AFAR, se pudo enviar  un tráiler desde Alcalá con las cajas y las herramientas que utilizarían para desmontar el órgano y preparar su transporte a la iglesia de Santiago el Mayor, donde su párroco y en especial su coadjutor Manuel Ángel Cano habían acogido con entusiasmo el proyecto y ya los estaban esperando, rezando por ellos.

   En Málaga tomaron el avión que los llevó a Edimburgo, donde llegaron a las tantas de la madrugada por lo que hicieron noche en un hotel cercano al propio aeropuerto. Ya el miércoles, desde muy temprano, estaban en Blairgowrie para iniciar el desmontaje del órgano. En la iglesia se había ofrecido el sábado anterior a la llegada de los alcalareños un último concierto para despedir a su órgano, después de cien años con ellos, durante el cual, su organista titular Christine Aston y Austin Wilkie interpretaron un programa musical con distintas piezas que se cerró con ¡…qué viva España!

 

Sacando piezas de la iglesia para su carga en el trailerSacando piezas de la iglesia metodista para su carga en el camión

 

   La historia del órgano empieza en el propio Blairgowrie, un municipio del condado de Perth, a orillas del río Ericht y para cuyo templo de Hill Church, Peter Conacher afamado organero, construyó en 1870 un órgano romántico que en 1915 fue restaurado y trasladado  por Albert Keates a la Riverside Church de la misma localidad. Cien años después ha llegado a Alcalá de Guadaíra.

   «En latín, organum, designa cualquier instrumento; como nombre propio señala el instrumento por excelencia de la música, en el cual, mediante un mecanismo que los ponga en la mano de un solo hombre, se reúnen o tratan de reunirse todos los instrumentos (órganos) ó su imitación. En ese sentido, el órgano es un instrumento sintético en el que el hombre ha tenido y tiene siempre por fin acumular, en cuanto le es posible, el timbre y extensión de todos los instrumentos, ó sea el número y variedad de todos los conocidos, según la época. Su construcción no tiene otra limitación que la posibilidad dicha de abarcar todos los instrumentos, quedando fuera de su alcance los de percusión, y no todos, y los de punteo.

[…]

   »Es, pues, el órgano una reunión de muchos y variados sistemas de tubos sonoros de diversa materia, extensión y timbre que se hacen sonar por la impulsión del aire en ellos y que mediante un mecanismo adecuado coloca en las manos de un solo ejecutante la facultad de hacerlo sonar.» (Espasa Calpe, tomo XL, 1985, 326)

   En el órgano de la iglesia metodista de Riverside todo estaba atornillado y nuestros viajeros alcalareños fueron desmontando y embalando tubo por tubo, uno a uno, y todas las muchas y muy variadas piezas, en una tarea muy delicada que incluía la clasificación y numeración de los componentes del instrumento. Desmontar la fachada fue especialmente complicado porque los tornillos estaban oxidados y hubo que romperlos para sacarlos. Todo se fue embalando cuidadosamente y cargando en el tráiler de acuerdo con un orden de colocación muy preciso para que el transporte no perjudicara ningún elemento. Fueron cuatro días desde las siete de la mañana a la una de la madrugada pues el camión tenía que salir el sábado por la noche. Y ocurrió que el tráiler partió de Blairgowrie a las nueve de la noche del sábado 25 de abril con destino a Alcalá de Guadaíra a donde llegó a última hora del martes 28.

   En la mañana del segundo día del mes de mayo, sábado, se descargó el contenido del tráiler y se dejó todo almacenado en el coro bajo de la iglesia de Santiago. A partir de entonces, se fue llevando toda la mecánica y la estructura a la antigua fábrica de harinas de la calle Mairena, para poder restaurar los mecanismos y montar los componentes esenciales del instrumento. Las piezas que estaban oxidadas (ejes y tornillos) hubo que sustituirlas y una parte de la transmisión neumática hubo que repararla, ya que el cuero de las válvulas se encontraba resquebrajado. Todo esto ha sido renovado. Para ello, en Alemania, consiguió piel de un tipo de canguro llamado ualabí, muy fina y flexible, ideal para la fabricación de estas válvulas neumáticas.

 

Llegada del trailer a la parroquia para la descarga

Llegada del trailer a la parroquia para la descarga

 

   A la carpintería de los hermanos Pineda se le encargó una tarima con estructura de pino recubierta de madera de iroko con una doble función: por un lado, aislar el instrumento de la humedad del suelo y, por otro, repartir uniformemente la carga de todo el órgano sobre el suelo del coro alto. En el mes de agosto se instaló la tarima y desde primeros de septiembre se ha venido montando la estructura del instrumento, caja expresiva, fuelles, secretos, mecánicas, tubos, etc.… y se ha barnizado la carpintería exterior, contando para ello con la entusiasta colaboración de Antonio Pineda, trabajando los fines de semana de viernes a domingo con sus hermanos y otros incondicionales del órgano alcalareño. Dado que no se disponía de fondos para poder hacer frente al coste de mano de obra profesional especializada optaron por acometer ellos mismos los trabajos como única manera para que el proyecto pudiera llegar a término.

   Para Joaquín Bono los conciertos en la catedral de Sevilla, en la de México D.F. y en otros templos han sido acontecimientos maravillosos en su vida y en su condición de ingeniero siempre le ha atraído la componente tecnológica del órgano, y por ello quiso conocer por dentro el funcionamiento de este instrumento. Coincide con don Manuel Ángel Cano en la pasión por la música, pues éste estudió música en Córdoba y Santa Cecilia de Roma, fue organista en el santuario de Ntra. Sra. de la Cabeza y dirige la Coral Polifónica de Ntro. Padre Jesús Nazareno que él mismo fundó hace ya más de veinticinco años, y un buen día del  pasado año, se preguntaron: ¿Por qué no un órgano en Santiago?

   Se tiene noticia documentada de que en 1732 se construyó un nuevo órgano para la parroquia de Santiago y referencia a que antes existió otro cuyos materiales se aprovecharon para el nuevo. También se tiene noticia de que en 1936 había un órgano en la iglesia, sin que pueda afirmarse que este fuese aquél del XVIII, aunque probablemente lo fuera, pero desde luego sí sabemos que lo había y que ardió cuando el templo fue incendiado en julio de aquel aciago año.

 

Las piezas ya están en Santiago

Las piezas en la iglesia de Santiago el Mayor de Alcalá de Guadaíra

 

   El nuevo órgano para Santiago supone una forma de recuperación de parte del patrimonio perdido en Alcalá y es un acontecimiento cultural importantísimo para nuestro pueblo, para su futuro y su Historia. Va a ser, en primer lugar, instrumento de apoyo musical a la Liturgia, pero también de difusión cultural. Se trata de un órgano singular y único en Sevilla porque es un instrumento romántico británico, muy distinto de los órganos barrocos ibéricos, los cuales normalmente carecen de pedal. El órgano de Santiago tiene doble teclado (Gran órgano y Expresivo) de cincuenta y seis notas y un pedal con treinta. Dispone de un total de veinte registros, siendo el principal de ocho pies. Las maderas del órgano son roble, cedro, caoba y principalmente pino para la estructura y la fachada. Los tubos metálicos son de una aleación de estaño y plomo. Otros son de madera de pino o cedro. En la fachada son de zinc aunque no todos suenan y tienen una función meramente ornamental. Son los conocidos como tubos «canónigos».

   Francisco Miguel Ruiz Cabello organista, oriundo de Pilas y casado con una alcalareña, se ha ofrecido para tocar el órgano en actos litúrgicos de la parroquia. Además, el espacio del coro alto se ha preparado para acoger también a la Coral Polifónica. Sólo falta que la feligresía y los alcalareños en general empiecen a sentir y oír el órgano y para este fin, la crónica del viaje, que concluimos pretende ser, particularmente, una invitación a formar parte de la «Asociación de amigos del órgano de Alcalá de Guadaíra» que acaba de constituirse bajo la presidencia de don Manuel Ángel Cano y que, necesitada de fondos precisa de la contribución económica del mayor número de instituciones y vecinos, pues hasta el momento los numerosos costes incurridos (los billetes de avión, el alojamiento y los coches de alquiler en Escocia, el transporte de cajas y herramientas, la tarima de iroko, la compra de materiales y repuestos, etc.) han sido financiados privadamente por particulares, siendo la Fundación Virgen del Águila la primera institución que ha apoyado económicamente este ilusionante proyecto.

   El órgano ha sido cedido gratuitamente a la parroquia para su uso por tiempo indefinido, siendo la asociación quien se encargará del mantenimiento de dicho elemento patrimonial, instalado ya en el coro de la iglesia de Santiago el Mayor, que con tenacidad y entusiasmo ha llegado hasta nosotros desde Escocia.

 

IN MEMORIAM, RAFAEL BALTANÁS. «Historias de vidas» por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2003

 

El escritor Rafael Baltanás

(Foto Olga Duarte, 2003)

 

Como lectores de Rafael Rodríguez González nos sorprendemos a nosotros mismos inquietos después de la lectura de cualquiera de sus artículos. Nos sirven para comprender la realidad humana: son útiles, despabilan, arrancan una sonrisa, las más de las veces agridulce. También, cuando tiene que ser, duelen porque denuncian, no sólo a otros, sino a los propios lectores, a cualquiera de nosotros. Ponen el dedo en la llaga, llaman a las cosas por su nombre, en ese estilo austero, denso y lúcido que Rafael Rodríguez González ha ido pergeñando a lo largo de los años. El público de esta ciudad de barrios y cerros que haya querido, habrá tenido la enorme fortuna de seguir paso a paso la conformación de ese arte suyo, porque su generosidad impagable le ha llevado a ir vertiendo su literatura esclarecedora en diferentes publicaciones.

   Rafael Baltanás es un escritor comprometido con la vida, sobre todo con esa parte de la vida sobre la que caen todos los palos, ese triste lomo de la vida que machacan algunos, o muchos, sobre un resto de millones de seres. Lo que nutre a esa, verdaderamente infame, turba de canallas, ese alimento podrido, su cultivo, la siniestra ciencia que permite los herbazales donde pastan las bestias de los inicuos, constituyen el blanco que pretende pinchar el escritor con sus dardos certeros.

   Pertenece a esa noble casta de Goytisolos, Ferlosios, Celayas, Oteros, que sólo son verdadera literatura cuando involucran su retórica, su discurso, sus visiones, su existencia, en el compromiso con el ser humano, iluminados y manchados por la fluencia de la condición humana. Nosotros estamos de acuerdo con él. Si las palabras alojan la idea y el sentimiento, que sean concebidas para las personas, que queden incorporadas en los mensajes que reivindican y procuran la verdad.

   Se trata de la memoria y también se trata del futuro, pero del futuro justo que es el único que no puede brotar del olvido. Se trata del presente al que sólo podemos asomarnos desde la responsabilidad de nuestros actos y desde la exigencia a los otros que sigan igual responsabilidad, sobre todo a aquellos otros que detentan cualquiera de las formas que reviste el poder. El poder suele revestir una forma fantasmal, casi informe, contorneado ambiguamente por esos cultos malvados, sibilinos, alevosos que también lo integran. Los artículos de Rafael Baltanás de los últimos años en la contraportada de este periódico los firma un muerto, al que de alguna manera el periodista devuelve una suerte de vida varias décadas después de que cayera abatido, injustamente arrebatado de ella, por las balas de unos sicarios que nunca delataron a sus jefes ni éstos a aquéllos.

   «He leído mucho, mucho para mí, porque para cualquiera no es tanto», nos dice. No es hombre de academia, aunque no considera el autodidactismo una categoría distinta de lo académico, porque al final -y al principio- de toda ilustración están los libros que son los que marcan los caminos a seguir para llegar al tesoro que contienen sus páginas.

   Su sentido de la libertad, su humildad intelectual o su timidez, le han llevado a firmar con pseudónimos e incluso a no firmar sus propios textos, como aquellos cronistas de la prensa decimonónica. Pseudónimos o anónimos, sus textos le han comprometido siempre. Ya desde antes de la muerte de Franco, cuando compromiso no era sólo una categoría espiritual, y así a lo largo de veinticinco años de militancia política, de la que desde hace algunos se encuentra alejado, según declara, por no querer estar en sitio alguno en que los medios y los pasos no estén impregnados del fin al que se aspira.

 
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RAFAEL BALTANÁS (1955-2015)

 

DESDE EL SAGRADO CORAZÓN DE LISBOA REGRESO A ESPAÑA ATRAVESANDO EL PUENTE 25 DE ABRIL. Fotografía de Olga Duarte Piña (11 de octubre de 2015)

 

ponte25deabril 11 10 2015 1 ODP

[1]

 

ponte25deabril 11 10 2015 2 ODP

[2]

 

GUILLERMO BERMUDO, PINTOR («HISTORIAS DE VIDAS»). Por Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún (2015)

 
GUILLEPOROLGA2015

El pintor

[Foto: O.D.P. (Alcalá, 2015)]

 

«Hay un don que el artista tiene. Hay una facilidad para la mímesis…

   »Cuando me pongo frente al paisaje, éste puede más que yo. Nada puedo inventar frente al paisaje. Soy panteísta, pero al contrario que Juan Ramón Jiménez en cuyo panteísmo él era el dios, unificado todo bajo su concepto: yo sería el panteísta que se pone delante del paisaje y no puede hacerlo suyo porque le subyuga; o intento imitar la belleza del paisaje aunque no sé qué decir de su belleza. Otra cosa son mis muñecos que tratan sobre la cuestión humana, y ante esta naturaleza sí que puedo decir más. Ante el paisaje nada puedo inventar, pero sí puedo representarlo y puedo también adentrarme en el paisaje o el retrato. En lo figurativo la idea no prima porque está en la propia alteridad. Tal o cual aspecto de la realidad visto, es tomado y puesto en la representación y el pintor toma, estimulado por la realidad que contempla a la que tiene que responder, y a la que tiene que atenerse, al mismo tiempo, ante la que no puede tomar todas las decisiones porque la idea es el otro.»

 

Autorretrato

 

   Ante la realidad la idea está fuera de la mente, no hay que sacarla de dentro, sino incorporarla (aunque quepa interpretarla) para representarla. Cuando buscando ese fin de realizar esta representación descubre, por ejemplo, un determinado color azulado verdoso que nunca habría usado en su pintura menos figurativa pero en un paisaje, sin embargo, sacar ese color le reta y el proceso para conseguirlo le divierte. Cuando lo que prima es la idea y el desenvolvimiento creativo se realiza alejado de la alteridad, no queda excluido el artesanado que requiere cualquier buena idea para realizarse en un cuadro. Frente a lo conceptual este artista opone lo fenoménico.

 

Intantánea de amor en el panteón de los monstruos

Instantánea de amor en el panteón de los monstruos

(óleo sobre lienzo)

1995

 

   Además, hay una relación directa con la materia que va conformando el oficio sin el cual, en verdad, no se materializa el arte. La imagen es evocadora, tanto para el propio artista como para el espectador, y es precisamente el oficio el que permite al artista plástico presentar o representar con sus cuadros, de manera no excluyente, las imágenes por él percibidas e interpretadas, de las  ideas que infiere de la alteridad o ha concebido en su mente, con el fin de no agotar las percepciones e interpretaciones de las mismas en un conceptualismo inane que no tiene en cuenta la participación hermenéutica del público.

   Siempre ha dibujado. Para tenerlo vigilado, su madre sabía que bastaba tirarle unos papeles al suelo con lápices o rotuladores para que él se pasara las horas pintando. No sabría decir cuándo tuvo conciencia de artista. Hasta los doce años vivió en Alemania. Allí leyó infinidad de comics y garabateó infinidad de libretas. Del kindergarden recuerda a Frau Bremen, una maestra que, circundada por los alumnos, les leía cuentos, y a Arnold, que era su maestro de dibujo. Cuando llegó a España se recuerda también garabateando libretas… En el colegio los amigos le pedían que hiciera dibujos. Siempre dibujando, así que no hay un hecho o momento a partir del cual le nazca una gana de ser pintor sino que sencillamente él dibujaba…, y así sigue.

   Tenía su infancia hasta hace poco como olvidada, tal vez por haber quedado encapsulada en el país donde nació y transcurrió toda ella. Luego muere su padre, y, a pesar de tan funesta falta, su madre fue capaz de criarlos y educarlos a él y a su hermano. Hace unos años estuvo en Fráncfort, aunque tiempo atrás había pensado que no volvería hasta que no fuera viejo, y visitó el patio de la casa donde jugaba y allí estaban el árbol, las cosas que servían de portería…, aunque todo mucho más pequeño de como había quedado en su memoria. Al cabo del tiempo no puede decir que su infancia haya sido desgraciada, sino todo lo contrario.

   En el Instituto Cristóbal de Monroy fue alumno de Manuel Almansa y Juan Llamas, dos profesores de dibujo, y pintores, de quienes conseguía las más altas calificaciones en dibujo artístico, no así en el técnico… Y en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla sus profesores Arcenegui o Losada le abrieron puertas en su concepción del dibujo, y Baíllo, en cuyo taller aprendió a grabar y a conocer de tramas y ácidos, aguatintas y aguafuertes, y se habilitó en el manejo de la presión del tórculo, en cómo doblar, cortar o humedecer el papel, y cuándo levantar la manta. Una botella y un vaso fue su primer grabado después de haber seguido las enseñanzas del maestro grabador, que se regía por la más estricta tradición para la ejecución material de la obra gráfica, dejando poco margen a la improvisación y mucho más al control del grabado por su autor.

 

El loco del metro

El loco del metro

(óleo sobre lienzo)

1994

 

   En Berlín, estando de Erasmus, en la Escuela Superior de Bellas Artes, el profesor Marvan aparece y observa su cuadro El loco del metro. En lugar de decirle «oye, ¿por qué no metes aquí una vibración roja o por qué no haces un azul en este otro sitio?», que es a lo que estaba acostumbrado de los profesores de Bellas Artes en Sevilla, a bocajarro le pregunta «¿tú eres comunista?». La pregunta no fue procedimental, sino que ante un cuadro suyo era la primera vez que le hacían esa pregunta; después le advierte que tuviera cuidado en no hacer de un cuadro un cartel, una propaganda. Luego supo que Elías Canetti preguntó algo similar a George Grosz: «…Cuando tú representas el mundo del mendigo o el viejo, ¿realmente quieres cambiar la situación política de tales, o te gustan esos harapos porque los consideras estéticos?»

 

El gorilla cojo

El gorrilla cojo

 

   Piensa que con el tiempo, uno se va descreyendo y brota una suerte de ironía. En sus muñequitos hay una cierta actitud irónica, «un análisis un tanto risueño de la situación social». Siempre ha hecho muñequitos, que es como llama el pintor a esas características figuras que siempre ha dibujado en cuadernos, papeles y telas. Convierte en muñecos los personajes que ve o crea, y los mezcla, y hasta diríase que se mezclan ellos solos. Del gris paleta pasa a los colores fuertes. Los muñecos empiezan a desmembrarse y a moverse, y se van abandonando de la realidad y haciéndose más abstractos, sin dejar el sentido político como ciudadanía, no como ideología.

 

guillermobermudoyamigos 1993

El pintor con su grupo de amigos en 1993

(De pie y de izquierda a derecha:

Guillermo Bermudo, Jesús Morillo,

Jesús Correa, Daniel Hermosín,

Manuel María Reina y Curro Sánchez Oliva.

Sentados:

Carlos Romero y Sergio Gandul)

 

   Si hay un valor grande en el mundo, dice Guille, éste es la amistad. Fueron fundamentales los amigos de los años del instituto. Jamás hubiera escuchado música sin la melomanía de Morillo. Si a sus amigos no les hubiera dado por leer a determinados autores, no habría conocido la obra de Camus, a quien considera un paradigma, o la de Bowles, cuyos libros prefiere a las de Burroughs o Kerouac de la Beat generation. La música influye y lo que lee uno lo leen los demás. Todos los libros pasando de unos a otros abrían diálogos cuyas causas venían de esas lecturas, y también se enfrascaban en discusiones políticas durante noctámbulas jornadas aquellos amigos.

   Si hay algo peor que la maldad es la mediocridad. Siempre le han gustado los ópticos Velázquez, Rembrandt, pero también Klee, Grosz, todos los expresionistas alemanes; La Californie, Niza y el buen vivir de Duffy o Matisse. Compone a raíz de mirar. Él se considera muy narrativo. Le gusta más Brueguel que El Bosco. Puede ser literario pero no tiene por qué tener una referencia en la literatura. Le ha interesado más la figura humana y en los animales su antropomorfismo. Leyendo El Quijote no se ha reído más en su vida. Lee ensayos. No tanto la poesía, aunque haya leído mucho a Juan Ramón Jiménez o a Antonio Machado. En todo caso considera común a las artes el procurar siempre la ficción, y cita de memoria del Libro del Eclesiastés «Nunca es el simulacro el que oculta la verdad; es la verdad la que oculta que no hay ninguna verdadEl simulacro es verdadero». No es la verdad sino lo verosímil. Qué más da que un discurso no sea verdad si es verosímil. Y ello está en el fundamento del arte y resulta extraordinario que el espectador crea en esa ficción.

 
OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Lo único que oculta la verdad es que no existe ninguna verdad

o los hombres masa

(aguafuerte y aguatinta)

2005

 

   No está de acuerdo con que el arte tenga que ver con la política. Aunque haga política con su pintura, entendida ésta como ciudadanía. Se trata de mostrar lo que hay desde un punto de vista entomológico, no panóptico; sí fabulístico, no moralizante; sí moral: mostrar, como en La condecoración de la urraca, que a veces los ladrones son aplaudidos. No hace propaganda. No sabe si su discurso va o no a ser seguido por el público, pero no por ello deja de pintar. Y desde luego su pintura la concibe y ejecuta para los demás: es pública. El acto de dibujar se realiza en principio sin plan. No se sabe qué será de ese dibujo que empieza. Con la idea suscitándose del título, ve cosas, y las que le llaman la atención las traduce. Y ante sus cuadros el espectador, a quien ni quiere ni debe controlar, verá o no verá según desee.

 

La condecoración de la urrada

(aguafuerte)

2012

 

   Es profesor de dibujo y de grabado en la Escuela de Arte de Jerez de la Frontera, donde es Jefe de Estudios. Tiene un planteamiento de comunidad didáctica, es un emocionado de su materia, y lo transmite a sus alumnos, con los que está y a los que ayuda. Dieciséis años como profesor. «En las clases hacemos acuarelas y conversamos en torno a Cézanne». Personalmente cree que seguir pintando le enriquece su condición de profesor.

 

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 Conversaciones en torno a Cézanne

(óleo sobre tabla)

1999

 

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GUILLERMO BERMUDO EN «CARMINA»:
 

TRES INSTANTÁNEAS DEL TALLER DEL PINTOR GUILLERMO BERMUDO. Fotografías de Lauro Gandul Verdún 2014

MÁSCARAS, ¿SIMÉTRICAS? Esculturas de Antonio Cerero fotografiadas por Lorenzo del Término en el taller del pintor Guillermo Bermudo (2014)

DAFNIS Y CLOE. Longo (siglo II d. Cristo). Traducido al español por Juan Valera (1824-1905) y con un Dionisos de Guillermo Bermudo

«VINO Y DIOSES; FLORA Y FAUNA DE JEREZ» Y «TRASUNTOS DEL VINO». Pintura de Guillermo Bermudo (grabado 1/35) 2013 y poema de Lauro Gandul Verdún (Montilla, 2005)

AUTORRETRATO Y RETRATO. Pintura de Guillermo Bermudo y fotografía de Lauro Gandul Verdún

PERSPECTIVAS DE LA MESA-PALETA DEL PINTOR GUILLERMO BERMUDO. Fotografías de Lauro Gandul Verdún 2012

LA CONDECORACIÓN DE LA URRACA. Guillermo Bermudo 2012

DIÁLOGO ANTE UN CARTEL. A propósito de un cartel del pintor Guillermo Bermudo. Compilaciones de Rafael Rodríguez González

PLÁTICAS MÍNIMAS. Por Rafael Rodríguez González

COLOQUIOS (194): «CONVERSACIONES EN TORNO A CEZANNE (SERIE “TRES CUADROS”)». Gabi Mendoza Ugalde

COLOQUIOS (190). Gabi Mendoza Ugalde

 

EL ENCUENTRO EN EL BOSQUE DE ALMECES. Pintura de Rafael Luna (de la serie «Aquellos niños del río» 2005 para un cuento de Olga Duarte Piña)

 


Foto nº7 El encuentro en el bosque de almeces

 
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HOJAS Y LÁPICES. Pintura de Rafael Luna (de la serie «Aquellos niños del río» 2005 para un cuento de Olga Duarte PIña)

AQUELLOS NIÑOS DEL RÍO (fragmento) (Olga Duarte Piña, 2005)

«VIDA NOCTURNA» (HOMENAJE DE RAFAEL LUNA A EDWARD HOPPER 2005). De la serie «Aquellos niños del río»

EL DESPERTADOR DORMIDO. Pintura de Rafael Luna (de la serie «Aquellos niños del río» 2005)

 

PÁJAROS, PINOS Y PERROS. Fotografía de Olga Duarte Piña 2014

 


pájaros, pinos y perros 1 ODP

 


pájaros, pinos y perros 2 ODP

 


pájaros, pinos y perros 3 ODP

 


pájaros, pinos y perros 4 ODP

 


pájaros, pinos y perros 5 ODP

 

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«TE ARM HOT TEL». Poema visual de Olga Duarte Piña 2013

INSTANTÁNEAS DESDE EL COCHE. Fotografía de Olga Duarte Piña 2013

MISERICORDIA. Fotografía de Olga Duarte Piña 2013

PERSPECTIVAS DE JUEVES SANTO. Fotografía de Olga Duarte Piña

REFLEJOS. Fotografías de Olga Duarte Piña 2012

AZULEJOS AL AZAR. Fotografías de Olga Duarte Piña (Lisboa 2012)

EL SOL EN LAS VENTANAS. Olga Duarte Piña 2012

ESQUELÉTICAS VENTANAS. Olga Duarte Piña 2011

VENTANAS EN LISBOA. Olga Duarte Piña

VICENTE NÚÑEZ. Fotografía de Olga Duarte Piña 2000

EL LÁTIGO EN LOS LABIOS (UN DIÁLOGO REAL CON VICENTE NÚÑEZ). Texto de Jesús Ferrero y fotografía de Olga Duarte Piña

JEUX DE LUMIÈRES. Serie París 15. 3 Fotografías de Olga Duarte Piña (2010)

 

HOJAS Y LÁPICES. Pintura de Rafael Luna (de la serie «Aquellos niños del río» 2005 para un cuento de Olga Duarte Piña)

 

Nº 9 Hojas y lápices

 

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AQUELLOS NIÑOS DEL RÍO (fragmento) (Olga Duarte Piña, 2005)

«VIDA NOCTURNA» (HOMENAJE DE RAFAEL LUNA A EDWARD HOPPER 2005). De la serie «Aquellos niños del río»

EL DESPERTADOR DORMIDO. Pintura de Rafael Luna (de la serie «Aquellos niños del río» 2005)

 

«DIÁLOGOS: CUERDA Y VERSO». Sobre poemas de Lauro Gandul Verdún y músicas de Niño Elías (Llerena, 31 de mayo de 2014)

 

CARTEL.pub[(*) PINCHAR EN LA FOTO PARA ESCUCHAR EL ACTO]

 
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UN POEMA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Y DOS CITAS QUE SE ANTOJAN,

PARA UN EVENTUAL

Y BREVE EXORDIO AL ACTO

 

   MUY buenas tardes, aldea.

Soy tu hijo Juan, el nostáljico.

Vengo a ver cómo florece

la primavera en tus campos.

 

   ¿Te acuerdas de mí? Yo soy

el novio de Blanca, el pálido

poeta que huyó de ti

una mañana de mayo.

 

   Y traigo en mi corazón

un tesoro que he encontrado

entre las rosas fragantes

del jardín de los románticos.

 

   Aldea con sol. ¿te digo

sentires viejos y lánguidos?,

¿o quieres coplas de abril,

llenas de sol y de pájaros?

 

   ¡Dímelo tú, y yo abriré

mi corazón y mis labios,

y volará sobre ti

una bandada de cánticos!

 

   Muy buenas tardes, aldea.

Soy tu hijo Juan, el nostáljico.

Dame con tu alegre sol

un beso sobre los labios.

 

[JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958).

De Pastorales (1903-1905)

Poema incluido en 300 Poemas.

 Ed. Plaza & Janés Editores, S.A.

Barcelona 1974.

 Pág. 42]

 

Cita 1

«Algunos de mis colegas siempre se molestan cuando les digo que, si una conclusión no está poéticamente equilibrada, no puede ser científicamente cierta. Me dicen que no saben lo que eso significa.»

(…)

«Para imitar un cerebro humano, cuando no sé casi nada del funcionamiento de un cerebro humano, se requiere un salto intuitivo… algo que a mí me parece poesía.»

 

[ISAAC ASIMOV (1920-1992).

The Robots of Dawn (Los robots del amanecer).

Traducción de María Teresa Segur y Hernán Sabaté.

Ed. Plaza & Janés Editores, S.A.

Barcelona 1994.

Pág. 121]

 

Cita 2

«Llegado un momento, la juventud no se alegra con el regocijo ni se entristece con el llanto de la vieja sociedad —“os hemos cantado himnos y no habéis reído, lamentaciones y no habéis llorado”—»

 

[JOSÉ LUIS MURGA GENER (1927-2005).

Rebeldes a la República (escrito antes de 1975).

 Ed. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla.

Sevilla 1994.

 Pág. 45]

 

EL RITO DE LA JUDEA DE ALCALÁ. Fotografías de «Cuerpo de Cámara» y Texto de la Asociación Cultural Amigos de la Historia «Padre Flores», 2007

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LA JUDEA DE ALCALÁ

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 1

En el imaginario de los alcalareños, los judíos gozan de un protagonismo excepcional.

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Los orígenes de los judíos no están claros. Diversas fuentes demuestran su existencia en el siglo XIX. Pero no se citan en ningún documento de los siglos anteriores. Por su composición la judea recuerda a las milicias reclutadas en las ciudades y pueblos del reino de Castilla durante la Baja Edad Moderna y acaso el revoleo de la bandera puede ser una derivación de los alardes militares, tan del gusto de la soldadesca del Antiguo Régimen. Tradicionalmente la judea la componían ocho hombres y un niño. Vestidos de soldados romanos: cuatro hombres, que forman la soldadesca, el capitán y el pajineta -que es un niño judío-. Y vestidos de judíos: el abanderao y dos músicos, el calamillo y el tambor. En la actualidad la soldadesca ha aumentado a nueve miembros, que con el capitán constituyen una decuria completa. La soldadesca tiene su momento de mayor protagonismo en el Puente cuando prenden a Jesús, para custodiar el paso desde ese momento.    

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El abanderao, es el portador de la bandera, se encarga del revoleo de la bandera, al son del calamillo y el tambor, y después de recogerla en torno a su cuerpo (la recogía)deja la bandera en el suelo extendida (la bandera tirá)mientras el pajineta hace sonar una música tocando con un palillo la tablilla (la sentencia) que lleva, la que supuestamente será clavada en la cruz con la inscripción Iesus NazarenusRexIudaeorum, mientras danza. El vocablo pajineta posiblemente sea una contracción de la expresión paje de jineta, que en el Antiguo Régimen aludía al paje que llevaba la lancilla del capitán.

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 2

A principios del siglo XIX el Padre Flores alude en sus Memorias históricas (1833-1834) a jóvenes vestidos de armados que custodiaban el Monumento (el Cuerpo de Cristo expuesto en los sagrarios) los Jueves y los Viernes Santo. La existencia de piquetes o centurias de armados en la Semana Santa de Sevilla o de otras localidades de nuestro entorno está ampliamente documentada. Pero en Alcalá a los soldados romanos que custodiaron a Jesús durante la Pasión y dieron guardia al Santo Sepulcro se les denomina judíos. Esta curiosa confusión tal vez se deba al antisemitismo popular que identificaría a los judíos como responsables no sólo de la condena sino también del escarnio y las vejaciones sufridas por Jesús. Los judíos representan una burla: el revoleo lo es y la tirá de la bandera un desprecio a Jesús.

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Los judíos, por su carácter profano, siempre han estado vinculados a la calle, desfilando la mayor parte del tiempo a una distancia prudencial del cortejo procesional. Inician su jornada la mañana del Jueves Santo tras vestirse y salir de la Casa de Hermandad. El rito establece la búsqueda de Jesús, al que tienen que detener. Se dirigen a la puerta de la parroquia de Santiago donde hacen su primera parada (una pará). Allí un saetero canta a los judíos (“Decir cuánto vais ganando/ judíos de mala fe/ que tanto vais disfrutando/ por hacerlo paesé/ que en pura sangre va manando”)y el bandera hace el primer revoleo al son del calamillo y el tambor. Desde allí emprenden un recorrido por las principales calles de Alcalá: La Cañada, La Mina, Mairena, El Barrero, El Bajondillo, la calle San Sebastián, El Paraíso… De cuando en cuando, sobre todo delante de la casa de alguna persona vinculada a la Hermandad o a la judea,hacen una pará para un revoleo. Se forma entonces un corrillo de curiosos que contemplan el vuelo de la bandera al viento. A principios del siglo XX, una de las parás que no podía faltar era la de la Casa de los Negros.

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 3

Ya de madrugada, poco antes de las dos, un piquete de la judea llama a la puerta de la iglesia de Santiago, dando comienzo la procesión de Jesús Nazareno, San Juan Evangelista y María Santísima del Socorro. Desde entonces y hasta llegar al Puente, poco antes del amanecer, los judíos marchan delante de la cruz de guía de la cofradía. En el Perejil, el abanderao espera el paso de Jesús para mofarse de él haciendo un movimiento horizontal y bajo de la bandera. Poco después, ya en el Puente, se lleva a cabo el prendimiento, al grito de “¡Prenderlo ahí!”,repetido tres veces. A partir de este momento, los judíos van a escoltar a Jesús hasta la entrada del paso en el templo.

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De antiguo los judíos eran gente muy humilde, que residía en las cuevas del Castillo o en las casas de vecinos del Duque o del Bajondillo. Dado el origen social de sus componentes, la judea tuvo siempre una impronta castiza, vinculada al aguardiente y a la picadura de tabaco. A finales del siglo XIX, la Hermandad de Jesús pagaba tres pesetas a cada uno de los judíos y un duro al capitán. Esta gratificación se completaba con las monedas que los espectadores arrojaban sobre la bandera tirá tras ver el revoleo. Con este dinero en el bolsillo, no tardaban en entrar en la taberna más cercana para refrescarse si esa Semana Santa era cálida o calentarse si había venido con frío. No pocos miembros de la Junta de Gobierno de la Hermandad consideraban que el comportamiento de la judea era escandaloso y, por ello, debía ser suprimida. Sin embargo, hoy en día, a la actual judea, refundada en el año 1992, sus miembros no llegan de ningún barrio alcalareño en particular, sino que la compone un grupo de hombres comprometidos con esta tradición, sin los cuales probablemente se habría perdido. El compromiso es también social porque destinan el dinero que se recauda de la bandera para un fin benéfico.

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 4

Partiendo de su origen impreciso, como le ocurre a las tradiciones sólidamente arraigadas, que van ganando en riqueza de contenido con el paso de una generación a otra, los judíos de la Hermandad de Jesús Nazareno han venido a formar parte del más genuino patrimonio cultural de esta localidad. Para los alcalareños de comienzos del siglo XXI son una ventana abierta de par en par, que les hace llegar el aire fresco de un pasado con el que nuestra ciudad no conserva demasiado buenas relaciones.

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Esa es la razón por la que, desde la mañana del Jueves Santo, familias o grupos de amigos recorren las calles del centro siguiendo el rastro de los judíos. Lo hacen como si buscaran un encuentro franco y emotivo con lo que fuimos y ya hemos dejado de ser, aunque no se haya borrado completamente la huella. Las gentes de Alcalá se identifican a sí mismas como miembros de la comunidad local, cuando contemplan los rostros y los gestos de los que encarnan a los populares personajes.

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Un dato definitivo, para hablar con propiedad de la nueva carga simbólica que han experimentado los judíos en tiempos recientes, lo constituye el reconocimiento del público que le arroja monedas y el destino de las mismas. No hace tanto, nadie podía imaginarse el caso de que un joven médico alcalareño tuviera a gala haber formado parte de la cohorte que busca a Jesús callejeando por la ciudad y lo prende en el Puente al rayar el día de la parasceve.  

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UNA FOTO DEL “PAJINETA” POR JOSÉ ANTONIO GARCÍA CORDERO (2013) CON «POEMA A LA JUDEA» DE LAURO GANDUL VERDÚN (2003)