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EL RITO DE LA JUDEA DE ALCALÁ. Fotografías de «Cuerpo de Cámara» y Texto de la Asociación Cultural Amigos de la Historia «Padre Flores», 2007

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LA JUDEA DE ALCALÁ

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En el imaginario de los alcalareños, los judíos gozan de un protagonismo excepcional.

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Los orígenes de los judíos no están claros. Diversas fuentes demuestran su existencia en el siglo XIX. Pero no se citan en ningún documento de los siglos anteriores. Por su composición la judea recuerda a las milicias reclutadas en las ciudades y pueblos del reino de Castilla durante la Baja Edad Moderna y acaso el revoleo de la bandera puede ser una derivación de los alardes militares, tan del gusto de la soldadesca del Antiguo Régimen. Tradicionalmente la judea la componían ocho hombres y un niño. Vestidos de soldados romanos: cuatro hombres, que forman la soldadesca, el capitán y el pajineta -que es un niño judío-. Y vestidos de judíos: el abanderao y dos músicos, el calamillo y el tambor. En la actualidad la soldadesca ha aumentado a nueve miembros, que con el capitán constituyen una decuria completa. La soldadesca tiene su momento de mayor protagonismo en el Puente cuando prenden a Jesús, para custodiar el paso desde ese momento.    

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El abanderao, es el portador de la bandera, se encarga del revoleo de la bandera, al son del calamillo y el tambor, y después de recogerla en torno a su cuerpo (la recogía)deja la bandera en el suelo extendida (la bandera tirá)mientras el pajineta hace sonar una música tocando con un palillo la tablilla (la sentencia) que lleva, la que supuestamente será clavada en la cruz con la inscripción Iesus NazarenusRexIudaeorum, mientras danza. El vocablo pajineta posiblemente sea una contracción de la expresión paje de jineta, que en el Antiguo Régimen aludía al paje que llevaba la lancilla del capitán.

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A principios del siglo XIX el Padre Flores alude en sus Memorias históricas (1833-1834) a jóvenes vestidos de armados que custodiaban el Monumento (el Cuerpo de Cristo expuesto en los sagrarios) los Jueves y los Viernes Santo. La existencia de piquetes o centurias de armados en la Semana Santa de Sevilla o de otras localidades de nuestro entorno está ampliamente documentada. Pero en Alcalá a los soldados romanos que custodiaron a Jesús durante la Pasión y dieron guardia al Santo Sepulcro se les denomina judíos. Esta curiosa confusión tal vez se deba al antisemitismo popular que identificaría a los judíos como responsables no sólo de la condena sino también del escarnio y las vejaciones sufridas por Jesús. Los judíos representan una burla: el revoleo lo es y la tirá de la bandera un desprecio a Jesús.

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Los judíos, por su carácter profano, siempre han estado vinculados a la calle, desfilando la mayor parte del tiempo a una distancia prudencial del cortejo procesional. Inician su jornada la mañana del Jueves Santo tras vestirse y salir de la Casa de Hermandad. El rito establece la búsqueda de Jesús, al que tienen que detener. Se dirigen a la puerta de la parroquia de Santiago donde hacen su primera parada (una pará). Allí un saetero canta a los judíos (“Decir cuánto vais ganando/ judíos de mala fe/ que tanto vais disfrutando/ por hacerlo paesé/ que en pura sangre va manando”)y el bandera hace el primer revoleo al son del calamillo y el tambor. Desde allí emprenden un recorrido por las principales calles de Alcalá: La Cañada, La Mina, Mairena, El Barrero, El Bajondillo, la calle San Sebastián, El Paraíso… De cuando en cuando, sobre todo delante de la casa de alguna persona vinculada a la Hermandad o a la judea,hacen una pará para un revoleo. Se forma entonces un corrillo de curiosos que contemplan el vuelo de la bandera al viento. A principios del siglo XX, una de las parás que no podía faltar era la de la Casa de los Negros.

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Ya de madrugada, poco antes de las dos, un piquete de la judea llama a la puerta de la iglesia de Santiago, dando comienzo la procesión de Jesús Nazareno, San Juan Evangelista y María Santísima del Socorro. Desde entonces y hasta llegar al Puente, poco antes del amanecer, los judíos marchan delante de la cruz de guía de la cofradía. En el Perejil, el abanderao espera el paso de Jesús para mofarse de él haciendo un movimiento horizontal y bajo de la bandera. Poco después, ya en el Puente, se lleva a cabo el prendimiento, al grito de “¡Prenderlo ahí!”,repetido tres veces. A partir de este momento, los judíos van a escoltar a Jesús hasta la entrada del paso en el templo.

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De antiguo los judíos eran gente muy humilde, que residía en las cuevas del Castillo o en las casas de vecinos del Duque o del Bajondillo. Dado el origen social de sus componentes, la judea tuvo siempre una impronta castiza, vinculada al aguardiente y a la picadura de tabaco. A finales del siglo XIX, la Hermandad de Jesús pagaba tres pesetas a cada uno de los judíos y un duro al capitán. Esta gratificación se completaba con las monedas que los espectadores arrojaban sobre la bandera tirá tras ver el revoleo. Con este dinero en el bolsillo, no tardaban en entrar en la taberna más cercana para refrescarse si esa Semana Santa era cálida o calentarse si había venido con frío. No pocos miembros de la Junta de Gobierno de la Hermandad consideraban que el comportamiento de la judea era escandaloso y, por ello, debía ser suprimida. Sin embargo, hoy en día, a la actual judea, refundada en el año 1992, sus miembros no llegan de ningún barrio alcalareño en particular, sino que la compone un grupo de hombres comprometidos con esta tradición, sin los cuales probablemente se habría perdido. El compromiso es también social porque destinan el dinero que se recauda de la bandera para un fin benéfico.

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Partiendo de su origen impreciso, como le ocurre a las tradiciones sólidamente arraigadas, que van ganando en riqueza de contenido con el paso de una generación a otra, los judíos de la Hermandad de Jesús Nazareno han venido a formar parte del más genuino patrimonio cultural de esta localidad. Para los alcalareños de comienzos del siglo XXI son una ventana abierta de par en par, que les hace llegar el aire fresco de un pasado con el que nuestra ciudad no conserva demasiado buenas relaciones.

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Esa es la razón por la que, desde la mañana del Jueves Santo, familias o grupos de amigos recorren las calles del centro siguiendo el rastro de los judíos. Lo hacen como si buscaran un encuentro franco y emotivo con lo que fuimos y ya hemos dejado de ser, aunque no se haya borrado completamente la huella. Las gentes de Alcalá se identifican a sí mismas como miembros de la comunidad local, cuando contemplan los rostros y los gestos de los que encarnan a los populares personajes.

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Un dato definitivo, para hablar con propiedad de la nueva carga simbólica que han experimentado los judíos en tiempos recientes, lo constituye el reconocimiento del público que le arroja monedas y el destino de las mismas. No hace tanto, nadie podía imaginarse el caso de que un joven médico alcalareño tuviera a gala haber formado parte de la cohorte que busca a Jesús callejeando por la ciudad y lo prende en el Puente al rayar el día de la parasceve.  

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UNA FOTO DEL “PAJINETA” POR JOSÉ ANTONIO GARCÍA CORDERO (2013) CON «POEMA A LA JUDEA» DE LAURO GANDUL VERDÚN (2003)

 

A LA LUZ. Rafael Alberti (con fotografía de Miguel Hermosín)

 

 

A ti, temblor y halo del paisaje,

recortadora del perfil y ciega

para el pincel abierto que disgrega

la mancha de la mar y del celaje.

 

A ti, lavado, líquido lenguaje;

dura al color que su color restriega

contra el árbol preciso que doblega

a imprecisión la copa del ramaje.

 

A ti, mano del sol, cono perfecto,

denunciadora, igualadora, efecto

desvanecente de la línea pura.

 

El ala de la sombra en ti se afila.

Te quema el ser que tu cristal destila.

A ti, espejo y fanal de la Pintura.

 

[Rafael Alberti, A la pintura, 1945-1952.

 Editorial Losada, S.A. Pág. 97. Buenos Aires, 1976]

 

A CRISTO CRUCIFICADO (UNA PINTURA, UN POEMA, UNA MÚSICA Y UNA FOTOGRAFÍA). El pintor Velázquez, un poeta anónimo, el músico José Espinosa y el fotógrafo Miguel Hermosín

 

A 4158
Cristo crucificado

Velázquez

1599-1660

 

   No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido:

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

   Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido;

muéveme ver tu cuerpo tan herido;

muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

   Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

   No tienes que me dar porque te quiera;

pues aunque cuanto espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

 

[Anónimo, «Soneto a cristo crucificado», (s. XVII).

Poema incluido por Francisco Rico en Mil años de poesía española.

Editorial Planeta, S. A. Pág. 394. Barcelona, 1997]

 

Jesús en el Calvario

Compositor: José Espinosa

Interpretación por: La Banda de Música de Alcalá de Guadaíra

Director: Sergio Jiménez Martín

jesus2012Jesús en el Calvario

Alcalá 2012

Foto: Miguel Hermosín

 

«LUNA, BAJA Y TRÁGAME». Fotografía de Miguel Hermosín (15 de octubre de 2010)

 

ENRIQUE DE LA MAR EN EL ALBATÁN, POCO DESPUÉS DE AMANECER UN VIERNES SANTO, CON DOS AMIGOS. «Para un cuaderno de fotografías» por Miguel Hermosín

Con un mendigo

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Con el Capitán de la Judea alcalareña

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VICENTE NÚÑEZ (DÍPTICO). Miguel Hermosín, 1991 («Para un cuaderno de fotografías»)

 

 

 

¿LA SIN HUELLAS?. Miguel Hermosín («Para un cuaderno de fotografías»)

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Estallidos de luz al crepúsculo

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El Águila.

Alcalá de Guadaíra

3


Puente de Triana.

Sevilla

CARMEN TRONCOSO DE ARCE, ACTRIZ. Miguel Hermosín, 1991 («Para un cuaderno de fotografías»)

En el camerino

En el otro lado

3 MANIQUÍES. Miguel Hermosín («Para un cuaderno de fotografías»)

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MIGUEL HERMOSÍN (fragmento)(«Historias de vidas» Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2005)

 

 

Miguel Hermosín
(Foto ODP, 2005)

 

Fíjense en aquel balcón. Allí está un niño de ocho o nueve años asomado a la baranda. Ese niño apunta a distintos lugares de la calle, e incluso a personas. Por allí pasan quienes deben ser amigos del niño que desde el balcón parece un pequeño cazador armado con una Kodak instamatic, que también usa para dispararla contra esos otros niños que quieren ser cazados por Miguel Hermosín, que hace fotos y que es el nombre del niño de vemos. Pasen cualquier otro día por la calle Goya, por la parte del Instituto, y lo verán, un niño de ocho o nueve años con la cámara siempre como si buscara, o solo, o probablemente en algún corro de otros niños donde su hermana también le pide una foto. Pasen otros días, lo verán también, y si no se lo encuentran es porque está en su casa mirando, como si buscara, una a una cada foto que guarda en una caja de zapatos sin fechas ni clasificación. Mira las fotos y a ese niño se le ve, si se fijan bien, deleitándose; a ese niño se le ve impregnado el gesto del gozo, que recibe quien se atrave con algo tan simple como ponerse a contemplar la belleza, en este caso, la belleza de unas fotos. A todo el que llega a la casa se las muestra o, si no ha venido a su casa le lleva la foto a la suya, para que la vea, para que nadie que haya salido en la foto se quede sin verse en ella. Aquel niño del balcón es hoy un hombre de cuarenta años que contesta que no puede explicar porqué hacía todo esto, aunque sí puede decir que la satisfacción que recuerda es idéntica a la que siente hoy entre fotografías. Nunca se ha planteado si la fotografía es difícil o fácil. Él siempre ha hecho fotos y nunca ha dejado de ser un fotógrafo: «La foto que yo quiero la veo antes de hacerla. Hay que saber ver. La veo en mi cabeza y luego la hago.»

            En un curso dirigido por el fotógrafo sevillano Emilio Saenz aprendió que no importa la cámara que se tenga para hacer buenas fotos: «Lo que vale es el ojo que ve esa foto. Lo que quieras decir en la foto es lo que importa: el contenido de la foto.»

            «No tengo preferencias temáticas. Llevo la cámara pero no siempre hago fotos y, además, a veces, como vaya con la intención de hacerlas, no las hago. Cuando estoy haciendo la foto no pienso en ningún público de esa foto cuando saque la primera copia. Cuando la veo en el papel, si me gusta, quiero que la vean otros. Me gusta también saber que otros aprecian esa foto.»