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GENTE INFRECUENTE (y III). Por Rafael Rodríguez González

 

 

Mi tía Guadalupe, hermana de mi padre y de dos hermanos más, nos contó a tres de sus sobrinos las andanzas de Francisco. Yo creo que al que principalmente dirigía el relato era a mí, porque era el más chico de los tres, y quizás también porque fuera su preferido, tal vez por aquello de que al más raro se le quiere más, o algo así, no recuerdo bien el dicho o el refrán. Es lo mismo que me pasaba con mis abuelas y demás parientes mayores, tanto de primero como de segundo grado, y eso que yo era un poquito arisco. Lo de raro ya lo he dicho.

 

         Todo sucedió en Aracena, donde mi tía vivía desde pocos años antes, al  haberse desposado con José Porrino, una persona de la que decir que era excelentísima sería casi no decir nada. Ya habían tenido dos hijos, José Rafael e Isabela, muy pocos años menores que yo. No sé si su madre, mi tía, les llegaría a contar la historia de Francisco. Es difícil asegurarlo, porque las madres, y las tías, a veces parece que actúan dentro de un desorden al que no se le encuentra una explicación razonable.

 

         De haber sido sevillano, o de cualquiera de los pueblos que alimentan a la ciudad de Sevilla, tan sevillana ella, Francisco hubiera sido Currito, o Frasquito, o Paquito, o Francisquín, e incluso Currichi o Currón. Pero en la sierra la gente es más seria y adusta, sin que eso sea impedimento, yo creo que más bien lo contrario, para que la bonhomía sea, o al menos fuese en aquellos tiempos, característica principal de la inmensa mayoría de los habitantes.

 

         Francisco siempre llevaba una gran talega, e incluso dos, con frutos del tiempo: si en agosto, uvas e higos; membrillos en septiembre; en noviembre, diciembre y enero, nueces, castañas y bellotas. Todo para su propio consumo, que Francisco era voraz en extremo, pero los chiquillos siempre se veían beneficiados a su paso. Los que se quedaban con tres palmos de narices, o de hocico, eran los perros y los gatos que se acercaban a lo que Francisco tiraba al suelo, que eran cáscaras sin provecho. Pero eso era hasta que Francisco salía de Confitería Rufino: al rato había perros y gatos que se esforzaban por espantar a otros para poder aprovechar, a lametazo limpio y duro, cuando no engulliéndolos directamente, los papeles de las magdalenas que Francisco iba deglutiendo. A mí me resultaba chocante que Francisco tirara los papeles de las magdalenas, aunque cuando mi tía dijo que eran docenas comprendí que los papeles no les resultaban imprescindibles a Francisco. Hasta los más ansiosos tienen la posibilidad de llegar al hartazgo, salvo, por lo que se ve, en cuestiones de dinero.

 

         Para que Francisco se sintiera ahíto se requerían, en conjunción podríamos decir que simbiótica, horas y kilos. Era raro cruzarse con Francisco sin que estuviera comiendo: frutos del campo, bocadillos y magdalenas se le juntaban en el estómago de tal manera que, al menos cuatro o cinco veces al día se le veía bebiendo en la hermosa fuente de la hermosa plaza de la hermosa Aracena. Muchas veces, cuando ya el agua había cumplido sus funciones, se le veía irse, casi corriendo, a su pobre domicilio: los intestinos necesitaban hacerle sitio a la carga que Francisco iba a tardar bien poco en suministrarles.

 

         Decía la madre de mis primos que un día comió tanto, tanto, que pidió  ayuda para llegar a su choza, porque le resultaba casi imposible moverse. Pero no se piense que Francisco estaba gordo, sino que aquella mañana se hallaba repleto y la comida, estancada, ni iba para abajo ni para arriba. Por algún sitio rompería, qué duda cabe. Pero no hubo testigos de si por abajo, si por arriba o por ambos sitios a la vez. Era más bien delgado, de estatura media y muy ágil. Si no hubiera sido porque Francisco tenía un metabolismo a prueba de atracones quizás hubiera llegado a rodar por las cuestas de Aracena. Y por el valle sevillano le habrían podido llamar el Bola.   

 

         Otro de los manjares para los que Francisco hacía trabajar sus jugos gástricos eran los huevos duros. No es que llegara a comerse de una vez tantos como Paul Newman en «La leyenda del indomable», pero, según mi tía, que afirmaba no conocer la procedencia de tantos huevos duros, no le andaba muy a la zaga. Ya en aquel tiempo, por arisco y raro que yo fuera, no se me escapaban algunos detalles. En el corral del molino de aceite del que José Porrino era propietario, había muchas gallinas y, por raro que parezca, muchos huevos. Yo siempre he pensado que los huevos duros que consumía  Francisco procedían de las gallinas de mi tía, y que incluso los cocía ella.

 

         Me hubiera gustado ver alguna vez a Francisco, pero no pudo ser, porque mi abuelo nos llevaba a la bella Aracena muy de tarde en tarde y eran visitas de ida y vuelta en un día. He de confesarlo: nunca he pasado una noche en Aracena. Con lo fresquito que se tiene que dormir. Es una de las grandes frustraciones de mi vida. Y no son pocas.

 

         Pero yo, tan raro y tan arisco, tuve la perspicacia de preguntar a mi tía sobre, como diríamos ahora, los ingresos de Francisco, porque tanto comer habría que pagarlo con algo, es decir, con dinero. Y entonces mi tía descubrió el misterio. Resulta que Francisco vendía papeletas de descuento para entrar a la Gruta de las Maravillas, y lo mismo para comer en el Restaurante Casas (donde ponían los mejores huevos a la flamenca que imaginarse pueda), comprar en la Confitería Rufino (la mejor de las mejores en cientos de kilómetros a la redonda) y beber y tapear en la taberna de Gómez, donde el mejor tinto de Badajoz dejaba la lengua como una lija para las uñas, ligero resquemor que las lascas de jamón aliviaban sublimemente (esto lo supe ya de más mayor).

 

         De manera que los turistas, tanto españoles como extranjeros, no todos, pero sí los que consultaban a los aracenences acerca del personaje, les daban a Francisco las pesetas que pedía por aquellos «bonos-descuentos» que, por supuestísimo, atesoraban la misma validez que una promesa electoral.

 

         Pero tenía que haber alguna explicación para el consentimiento de las actividades financistas de Francisco, porque ya sabíamos los sobrinos, incluso yo, el más chico y raro, que el proceder que linda o incurre en estafa está inmerso en la consideración de delito y por tanto es perseguible, imputable y condenable, y no sé cuántas cosas más. (Después supe que había que añadir a ese lío unas palabras: «según y conforme»).

 

         Preguntamos (en realidad fui yo quien pregunté), y mi tía lo aclaró todo.

 

         Si Francisco gozaba de tanta permisividad (no sólo para «engañar» a los turistas, sino también para disponer de frutos campestres con dueño) ello se debía a la realización de un hecho heroico.

 

         Fue que una niña, descuidada por sus padres mientras visitaban Las Grutas, cayó al mayor de los lagos que allí se hallan. Francisco, al que como otras veces uno de sus tíos (uno de los porteros y cicerones, el único normal de la familia) había dejado entrar, no dudó en tirarse al agua y rescatar a la chiquilla.

 

         Desde aquel día, Francisco gozó del respeto y admiración de los aracenences, y tuvo las puertas abiertas (aunque el campo no tenga puertas) en todas las fincas del término, así como lograba obsequios de distintos establecimientos, o, por lo menos, abaratamiento en sus compras.

 

         Francisco se moriría, como todo el mundo, pero, por lo que contaba mi tía, yo deduzco que harto de comer. Y bien merecido se lo tenía.

 

grutadelasmaravillasaracena

Gruta de las maravillas

Aracena

 

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GENTE INFRECUENTE (I). Por Rafael Rodríguez González

GENTE INFRECUENTE (II). Por Rafael Rodríguez González, con una pintura de Rafael Luna sin título (acrílico sobre lienzo)

 

CINE NEVERÍA, 1988. Acrílico sobre lienzo de Rafael Luna

 

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CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

«¿QUÉ COLOR?» POR NICOLÁS GUILLÉN (1902-1989). HOMENAJE DE «CARMINA» A MARTÍN LUTERO KING (1929-1968) EN EL 45º ANIVERSARIO DE SU ASESINATO

 

Martin_Luther_King,_Jr._and_Lyndon_Johnson

Martin L. King con el presidente Johnson al fondo de la imagen, en 1966

[Foto: Yoichi R. Okamoto, White House Press Office (WHPO)]

 

Su piel era negra, pero con el alma purí-

sima como la nieve blanca…

 

EVTUCHENKO (según el cable), ante

 el asesinato de Lutero King.

 

Qué alma tan blanca, dicen,

la de aquel noble pastor.

Su piel tan negra, dicen,

su piel tan negra de color,

era por dentro nieve,

azucena,

leche fresca,

algodón.

Qué candor.

No había ni una mancha

en su blanquísimo interior.

 

(En fin, valiente hallazgo:

El negro que tenía el alma blanca,

aquel novelón.)

 

Pero podría decirse de otro modo:

Qué alma tan poderosa negra

la del dulcísimo pastor.

Qué alta pasión negra

ardía en su ancho corazón.

Qué pensamientos puros negros

su grávido cerebro alimentó.

Qué negro amor,

tan repartido

sin color.

 

¿Por qué no,

por qué no iba a tener el alma negra

aquel heroico pastor?

 

Negra como el carbón.

 

 

(La rueda dentada, 1972)

 

 

[Nicolás Guillén, Sóngoro cosongo y otros poemas

(Selección del autor).

Alianza Editorial, S.A. Págs. 45 y 46. Madrid, 1991]

 
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TRES POEMAS DE NICOLÁS GUILLÉN TOMADOS AL AZAR *, EN EL 110º ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO. Homenaje de «CARMINA» al poeta cubano (1902-1989)

 

NADA ES PARA CHIPRE. De la serie «RECORTES», Nº 66. Por Pablo Romero Gabella

«—¿Qué impuesto se decretó para la provincia de Chipre?

—Dos mil medidas de trigo, mil odres de aceite y ochocientas cabezas de ganado.

—¿Qué has traído?

—Nada mi gran señor, he venido yo en vez del tributo.

—¿Por qué?

—Mi país es pobre y para pagarlo muchos de nosotros pasaríamos hambre?

—¿Hambre? Tu aspecto no es precisamente de estar hambrienta.

—Si es que no soy de tu agrado hazme volver a Chipre aunque represente una gran carga para mi país se te pagará ese tributo, si es eso lo que quieres.

—Quiero ambas cosas.

—No mi señor eso no es posible. Tendrás que elegir mi persona o el tributo de mi padre.

—He dicho que quiero ambas cosas… Tienes mucho que aprender aún princesa y ahora mismo vas a iniciar tu educación. Encargate de que la encierren en lugar seguro y reclama a su padre el pago de lo exigido.

—Europa ya violó a los griegos y ahora viene por nosotros.»

[Diálogo entre el faraón Keops y la princesa chipriota Nélifer, de la película Tierra de faraones (1955)/Declaraciones de un ciudadano chipriota recogidas en Luis Doncel, «Chipre rectifica y renegocia el rescate», El País, 19 de marzo de 2013]

MARÍA DOLORES EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS. De la serie «RECORTES», Nº 64. Por Pablo Romero Gabella

«La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido en forma efectivamente de simulación de lo que hubiera sido en partes de lo que antes era una retribución… Aquí se quiso hacer como hay que hacerlo, es decir con la retención a la Seguridad Social. Si yo hiciera mi mundo todo sería un disparate porque todo sería lo que no es y entonces al revés, lo que es no sería y lo que no podría ser sí sería ¿entiendes?»

[Declaraciones de la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal sobre la situación  laboral de su ex Tesorero Luis Bárcenas, El País, 26 de febrero 2013, pág. 32 /Película Alicia en el país de las maravillas, 1951]

MINISTROS Y ENCUESTAS. Por Parco Lacónico

La Paz , BoliviaLa Paz

(Bolivia)

En aras de fomentar las buenas relaciones entre España y Bolivia —y en general con las Américas— el ministro español de Exteriores ha dicho que «cada vez que en Bolivia hay algún problema interno se expropian empresas españolas». Y así, con tan contundente como vacía explicación, se queda tan campante este ancianete miembro del Gobierno de España. (Yo sé que andan temblando en los hogares de pensionistas, no vaya a ser que les coloquen de presidentes a este García-Margallo y a Fernández Díaz, el actual de Interior). ¡Ay, si los sucesivos gobiernos de esta sedicente democracia no hubiesen privatizado las compañías españolas más rentables, muchas de las cuales andan ahora por ahí expoliando todo lo que pueden y le dejan, además de hacerlo en el territorio original! Y no digamos si hubiesen nacionalizado las extranjeras que tanto han extraído y siguen extrayendo de nuestras riquezas naturales, incluidas las humanas. Venga ya, García Margallo, que estáis todos más vistos que Blancanieves, Escarlata O’Hara y Duran i  Lleida.

            Cada vez que interesa a alguna empresa periodística y a cuantos viven del rollo de la politiquería, sale por ahí tal o cual encuesta sobre valoración de los políticos y, sobre todo, acerca de la intención de voto. ¿Quién y cómo hace las encuestas? ¿Qué grado de veracidad tienen en todos los sentidos y aspectos? Por otra parte, ¿a quién le interesa verdaderamente «lo que nos revelan» las encuestas? Pues a nadie, salvo a quienes tienen necesidad de creérselas y a quienes tienen la psiquis bollada.

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Si quiere leer más del escritor Parco Lacónico en «CARMINA» pinche en su nombre

OSADOS. De la serie «RECORTES», Nº 59. Por Pablo Romero Gabella

OSO POLAR

«Mire usted, si quieren, cuando ya tengamos nuestro Estado, les asesoraremos sobre cómo lo tienen que hacer para dejar de hundirse en la miseria. Cuando ya los catalanes seamos libres, el Estado español, que ya no podrá tener la obsesión de asfixiarnos, tal vez se centre en hacer las cosas bien.»

   Esto pasa cuando a los monigotes se les deja pensar.»

[Entrevista con Oriol Junqueras, presidente de ERC en El Mundo, 22 de febrero de 2013/ Lotso, el oso-abrazos, en la película Toy Story 3 (2010]

ALCALDES, O ZOQUETES. Por Rafael Rodríguez González

En Paraguay llaman zoquete al cargo público. Ignoro si con la misma exactitud guasona que aquí lo haríamos.

            El alcalde de Sabadell, el de X, el de Y, el de K —nos faltarían letras en el alfabeto—, están imputados como presuntos culpables de prevaricación en distintos grados, siendo la sirvengonzonería en grado superlativo el denominador común. Enjuiciados judicialmente no están todos los alcaldes de España, es cierto, pero en el discernimiento popular se salvan poquísimos.

            El de Sabadell, uno de los alcaldes más cursis de España, dijo, al dejar en suspenso su cargo: «Me aparto unos centímetros», como el que va a freír un huevo y no quiere que le manche el aceite. El que no manchó su honor fue un antecesor suyo, que echó a empujones de su despacho a un empresario que intentó sobornarlo. «Me aparto unos centímetros», dice el relamido. Lo que tienes que hacer es irte al infierno, mamarracho.

            «El mejor alcalde, el rey». Pues ya ni eso.

            Un amigo, tan exagerado como casi todos los que tengo, jura que iría a comer con un alcalde sólo si este devolviera todo lo que se haya comido. Y puntualiza: «Antes, antes».

            Otro dice que, en un futuro, la sociedad habrá alcanzado tal nivel de equidad y conciencia que los encargados de ejercer el mínimo control necesario lo serán por rotación. Vale, pero no creo que a la Humanidad le quede tanto tiempo.

            A Pepe Isbert y a Manolo Morán, alcalde y conseguidor, respectivamente, en Bienvenido Míster Marshall, no se les puede achacar haber creado escuela de alcaldes y conseguidores (pobrecitos míos; digo Isbert y Morán). Además, éstos de ahora ni tienen gracia ni son buenos actores.

            Hay alcaldes a quienes les pierde el ego; a otros, la ambición pecuniaria; los hay que ambas cosas y otras más. Lo que es seguro es que para entonces el ego y la ambición ya habrán echado a perder sus municipios.

            «La gente es tonta, ¡un hombre honrado no puede ser alcalde!». Esto se lo oí, siendo yo un pollo, a un viejo que hablaba con otro acerca de la conveniencia de que fuese nombrada alcalde determinada persona (a la que conocí y traté muchísimo). Es una verdad que nunca tomé como absoluta.

            «¿De dónde vienes?», le pregunta un paisano a otro. «De pedir cita con el alcalde, ¡y vaya lo que me han dicho!». «¿El qué?». «Esto: ¿pero usted quién se ha creído que es?». Tal hecho, no se confundan, sucedió en Zamarra de Enmedio.

            Hay alcaldes que son muy sonados; otros hay que están más sonados que los rivales que le buscaban a Urtain. Se puede pertenecer a ambos grupos simultáneamente.

            Los zoquetes demostradamente corruptos, y también los sospechosos de serlo, son votados elección tras elección. La mayoría de esos votantes considera que hacen bien (los alcaldes), porque «yo haría los mismo». ¿No es para sentirse orgullosos de esos votos? En la democracia de los piratas, es decir, en la realmente existente, sí.

«REVULP FICTION». De la serie «RECORTES», Nº 42. Por Pablo Romero Gabella

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«Soledad Puértolas: Yo soy de ficción, es donde mejor me lo paso. La ficción alcanza un tipo de verdad que me interesa más. La realidad empobrece, no se sabe por qué.

Hugo Chávez:  Yo voy a pedir que hagamos telenovelas socialistas en lugar de capitalistas.

Delfina Catalá (directora de Teresa en tres estaciones): En ella nos vamos a ver nosotros mismos y nos hará tener motivos para seguir orgullosos de la Venezuela que estamos construyendo. Vamos a reflejar la épica que está viviendo este país que se mueve.

Soledad Puértolas:  La realidad empobrece, no se sabe por qué. En la fidelidad, pierdes. Vale más la libertad.»

[Entrevista de Jorge Herralde a Soledad Puértolas, El País Semanal, 28 de octubre de 2012/Daniel Lozano, «Nace el culebrón  “socialista” de la factoría Chávez», El Mundo, 5 de noviembre de 2012]

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COLOQUIOS (179): «LA HUELGA O EL SABOTAJE». Gabi Mendoza Ugalde

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Juguete en la tormenta LGV 2012

Juguete en la tormenta LGV 2012

—Griñán y Valderas también harán huelga.

—¡Qué capacidad para el camuflaje!

—Y para el sabotaje.

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LA REVOLUCIÓN DE 1956 (fragmento) («Para un cuaderno de fotografías»-Páginas de un diario húngaro- Olga Duarte Piña y Lauro Gandul Verdún, 2001)
COLOQUIOS (55). Gabi Mendoza Ugalde
COLOQUIOS (130): «TRILOGÍA PARA UNA HUELGA GENERAL, CON ESTRAMBOTE». Gabi Mendoza Ugalde
COLOQUIOS (137): «TRILOGÍA DE PIQUETES 2012». Gabi Mendoza Ugalde
CON CIENCIA OBRERA. De la serie «RECORTES», Nº 11. Por Pablo Romero Gabella
I+D+i. PRIMERA HUELGA GENERAL DE LA DEMOCRACIA EN LA ENSEÑANZA PÚBLICA. Antonio Luis Albás, (2012)
ASTURIAS PARIA QUERIDA. De la serie «RECORTES», Nº 23. Por Pablo Romero Gabella

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